Por último, se preguntó a los/las encuestados sobre el tipo de sociedad en la que desearían vivir. Como se muestra en la siguiente gráfica, la mayoría de los jóvenes colombianos quieren vivir en una sociedad con personas de diferente origen, cultura y religión, lo que contrasta con las respues- tas a las preguntas anteriores y que, en ultimas, reafirma la contradicción que se ha percibido a lo largo del capítulo. De las respuestas a esta pre- gunta, puede inferirse que los jóvenes tienen una
visión abierta de la sociedad y de la idea de país, asunto que puede estar influenciado por la canti- dad de migrantes que Colombia ha recibido en los últimos 5 años.
La diversidad, como condición y valor social, tam- bién ha sido un discurso que ha tomado fuerza en la ciudadanía, desde la Constitución política que declara a Colombia como país multicultural y plu- ri-étnico, hasta los discursos de inclusión y enfo-
que diferencial étnico, cultural y de género. Para las y los jóvenes, la diversidad hace parte de su vida diaria; sin embargo, llama la atención el recelo que se logra apreciar en los datos arrojados por la encuesta, respecto de la aceptación o rechazo hacia las comunidades inmigrantes en el país al apreciar que, tanto ellos/ellas como el resto de los colombianos-as, son más desconfiados que ambles y respetuosos con tales poblaciones. ¿Será
desconocimiento?; ¿pocos espacios de integra- ción e interacción con dichas poblaciones?; ¿o se trata de creencias e imaginarios, que se extienden sin mayor crítica y valor empírico? En todo caso, resulta significativa la añoranza de una sociedad diversa, tal vez donde todos quepamos y tenga- mos garantías y condiciones para vivir con digni- dad y oportunidades.
Gráfica 8.6 ¿En qué tipo de sociedad te gustaría vivir más?
No sabe
Una sociedad en la que la gran mayoría de la gente tenga el mismo origen, cultura y religión
Una sociedad con personas de diferente origen, cultura y religión
66%
31%
Las actitudes positivas, como la amabilidad o la disposición a compartir espacios comunes, como barrios, colegios o trabajos, pueden ser explicadas por la cercanía de los migrantes, especialmente provenientes de Venezuela, con el pueblo colom- biano y las similitudes en sus costumbres.
“En general la migración ha tenido un impacto limitado en las dinámicas sociales, ya que tiene lugar en un ambiente de empatía hacia los migrantes […]Esto podría ser posiblemente explicado por los lazos sociales, económicos e incluso familiares que han unido a las comu- nidades receptoras y al pueblo venezolano por generaciones[…]” (Banco Mundial, 2018, págs. 83-84).
Es decir, estas posturas positivas están alentadas por los lazos de compadrazgo y solidaridad que dan origen a una actitud más empática por parte de la juventud, de manera que el impacto de la migración no sea percibido de manera negativa sino como una cuestión de ayuda entre iguales. Así mismo, estas posturas llevan a que se facilite la integración de los migrantes en la sociedad colom- biana, y en la cotidianidad de la juventud es en estos escenarios que pueden traducirse en lugares para la cooperación o apoyo entre las comunida- des, como es el caso de Gwinnet (Estados Unidos) con los migrantes provenientes de México (Ames- cua, 2011).
La categoría indiferencia, puede ser catalogada como un aspecto positivo y negativo; en este sentido, puede decirse que esta postura hacia la migración acarrea consigo discursos como “Que vengan los que lo necesiten, pero con condicio- nes […] Está para quedarse y hay que adaptarse a ese cambio y sus conflictos” (OBERAXE & 21 GEA,
2019, pág. 40), los cuales no rechazan la entrada de migrantes al país, o no adoptan tratos abierta- mente en contra de las personas en esta situación, pero piden un control más estricto del fenómeno, a la vez que se plantean adaptarse al cambio social que este fenómeno genera.
Las posturas negativas frente a la migración, como desprecio y desconfianza, están basadas en una serie de factores; las experiencias recogidas en el barrio de Vallecas, en Madrid, indican que estas posturas y sentimientos, en ocasiones no concuer- dan con la realidad que han vivido los receptores con los migrantes y que, muchas veces, surgen por el mero deseo de sentir así la migración:
Sabemos que la información sola no tiene ape- nas peso cuando las personas quieren, por el motivo que sea, creer ciertas cosas. Ni siquiera la experiencia real de la convivencia con perso- nas de origen extranjero cambia las fantasías que sostienen el racismo y la xenofobia (OBE- RAXE & 21 GEA, 2019, pág. 39).
En ese orden de ideas, las posturas negativas de la juventud colombiana frente a la migración podrían estar basadas en conjeturas propias, a pesar de que las experiencias reales en la convivencia con migrantes demuestren lo contrario, incluso adop- tando actitudes que contradicen dichas posturas negativas.
Otro factor explicativo de la negativa ante la migra- ción, surge a partir de la condición de legalidad o ilegalidad de los migrantes; estudios han demos- trado que las personas, al referirse a los migran- tes, tienden a distinguir entre estas dos categorías, dejando en evidencia que aceptan la migración legal, pero que les resulta inconveniente el hecho de entrar y quedarse en los países receptores de
manera ilegal: “Es decir, al marcar esta diferencia, logran expresar ideas que de otra manera podrían parecer racistas y estereotipadas, pero al hacerlo, de alguna manera estereotipan también a los migrantes indocumentados” (Amescua, 2011, pág. 50).
Así pues, la juventud colombiana considera que los migrantes que ingresan al país y se mantienen en el bajo la legalidad, son bienvenidos mientras que, aquellos que ingresan sin registro, o que se dedi- can a actividades ilegales, no lo son; esto implica que la condición misma en la que sea percibido el migrante, impacta de manera directa en las posturas y actitudes que la juventud colombiana pueda tener frente a estos; si un migrante es per- cibido como un trabajador honesto, las actitudes negativas tenderían a disminuir; esta cuestión de la legalidad se encuentra ligada a la creencia de que los migrantes son los culpables de la insegu- ridad a pesar de que “[…]las condiciones de segu- ridad en Colombia no se han visto afectadas por la presencia de ciudadanos venezolanos” (Banco Mundial, 2018, pág. 85). Teniendo en cuenta lo anterior surge la pregunta sobre si, los y las jóve- nes, sienten rechazo frente a la migración ilegal, o frente a la migración de los y las pobres; esto, desde el análisis que propone Adela Cortina (2017)
en cuanto a que en la sociedades actuales existe, cada vez más, un rechazo a los pobres disfrazado de xenofobia, o rechazo al extranjero.
Otra explicación de estas posturas negativas reside en un tipo de revancha pues, fue Colom- bia el país de origen que aportó la mayor canti- dad de migrantes a Venezuela, en las décadas de los 60, 70 y 80 y que hoy, retornados, recuerden sus experiencias pasadas de xenofobia y racismo. Frente a ello, el Banco Mundial comenta: “La per- cepción negativa de los migrantes parece respon- der primordialmente a la expulsión de colombia- nos de Venezuela” (Banco Mundial, 2018, pág. 85). Por último, estas posturas parecen responder a las condiciones precarias en las que se puede obser- var a muchos migrantes en el país “[…]vulnerabi- lidades como la explotación sexual, la separación y desprotección de niños y la violencia intrafami- liar y de género aumentan los factores de riesgo de violencia, creando dinámicas favorables para el incremento de la inseguridad en el mediano plazo” (Banco Mundial, 2018, pág. 83); esto quiere decir que la juventud ve, en las y los migrantes, una población en riesgo lo que puede derivar en la frustración frente a la situación y un posible repu- dio a la misma.