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La suerte de Nietzsche en el ámbito germánico, 1899-1914

CAPÍTULO II. ANTECEDENTES DE LA RECEPCIÓN: NIETZSCHE EN EUROPA

1. La suerte de Nietzsche en el ámbito germánico, 1899-1914

Para empezar, es importante saber que sobre la fecunda incidencia de la escritura nietzscheana en el ámbito germánico existe una inmensa producción literaria. Pues, desde hace bastantes décadas, contamos con notables libros, artículos y tesis que se han ido publicando sobre su huella y presencia en las diferentes áreas culturales, y sobre todo en el área de lengua alemana49. Toda esta cantidad de materiales sobre el tema, sin embargo, dificulta el poder tener una visión de conjunto que sea pertinente, aunque para ello solo nos limitemos al ámbito germánico y a un tiempo en concreto. Ante tal perspectiva pensamos que lo mejor es optar más por la precisión que por la casi imposible exhaustividad, y de ese modo ofrecer una síntesis de las interpretaciones más importantes de esta extraordinaria historia efectiva.

Si nos situamos en el interior de este recorrido histórico, deberíamos empezar diciendo que los numerosos estudios sobre Nietzsche, que aparecieron a partir de 1889, seguían en gran medida la senda abierta por el crítico literario G. Brandes, quien había calificado el pensamiento del filósofo alemán de “radicalismo aristocrático”. El acento de esta exegesis recaía tanto en el plano cultural como en su dimensión ética. Y por tal motivo no era una casualidad que Nietzsche en esos años empezara a ser visto como filósofo moral y también como crítico cultural. De hecho, Así habló Zaratustra, su obra más famosa en esa época, era entendida bajo esas dos dimensiones. Pues este libro, y en concreto su personaje Zaratustra, empezó a ser visto como el destructor de la ética burguesa, pero también como el predicador de nuevos valores creados para el hombre. He aquí, en efecto, la simbiosis entre ética y cultura.

49 Véase como ejemplos las obras de: R. F. Krummel (1974 y 1983); Bruno Hillebrand (1978); G. Penzo

(1981); Gianni Vattimo (1985); Steven E. Aschheim (1992); Enrique González de la Aleja Barberán (2001); Klaus Gauger (2007). En este epígrafe me baso sobre todo en las obras de G. Penzo y G. Vattimo.

Esta moda cultural que caracterizó estos primeros años de recepción puso en guardia, por un parte, a científicos, teólogos y filósofos, ya que las críticas de los nietzscheanos iban dirigidas contra los ejes de la cultura occidental. Y, por otra parte, alimentó el fenómeno que por esa época se describía como “el culto a Nietzsche”. Al contrario de lo que el filósofo alemán había dicho en repetidas ocasiones en relación a las lecturas de sus obras50, sus seguidores formaban un grupo de creyentes. Todo ello se puede observar en las novelas de la época, en donde aparecía reflejada la figura del superhombre. Por ejemplo: Über allen Gipfeln (1895), de Paul Heyse; Osterinsel (1895), del dramaturgo y novelista Adolf Wilbrandt, y In purpurner Finsternis (1895), de M. G. Conrad51. A todo ello debería añadirse el papel que desempeñó el Archivo- Nietzsche. En este caso se puede hablar de “culto a Nietzsche” en el sentido amplio de una campaña. Pues, Elisabeth Förster-Nietzsche, además de dirigir y controlar las obras de su hermano, desarrolló rituales y ceremonias en torno a la figura del filósofo alemán. También descubrimos, gracias a la información aportada por R. F. Krummel, que en el Diccionario enciclopédico de Meyer, de 1896, se presentaba la entrada de Nietzsche de la siguiente manera:

Las respuestas nietzscheanas han encontrado muchos opositores, como es natural por sus muchas paradojas y subversiones que presentan, pero también muchos seguidores en las generaciones jóvenes, en parte a causa de la descomposición de lo tradicional (Krummel I, 1974, p. 394).

Esta moda literaria, no obstante, empezó a ser criticada debido a que subvertía el estado de las cosas. En primera línea de ataque encontramos a P. Ernst, quien se lamentaba de que el filósofo alemán se hubiera convertido en una moda52. En una posición más dura se situaba el estudio del escritor L. Berg, puesto que en su caso equiparaba la historia del superhombre con la historia de la locura53. Otras críticas muy importantes, pero está vez en sentido positivo, fueron las de carácter filosófico. Estos estudios tenían como objetivo principal el distinguir entre el culto y la interpretación de 50 Cf. EH, p. 151. 51 Véase G. Penzo, 1981, p. 175. 52 Cf. P. Ernst, 1890. 53 Cf. L. Berg, 1897.

la obra de Nietzsche. En efecto, los autores K. Einser y J. Kaftan creían que el culto al filósofo alemán dificultaba una interpretación auténtica de su pensamiento54. La tesis de estos escritores consistía en explicar el fenómeno cultural en torno a Nietzsche, y más en concreto, a su libro sagrado Así habló Zaratustra. En una línea positiva también se encuadraba el estudio de A. Riehl, en donde el acento de su trabajo recaía en la dimensión cultural de la temática nietzscheana55. Sobre el aspecto psicológico del pensamiento del filósofo alemán, destacaron los estudios de W. Weigand y L. Stein, este último resaltaba la dimensión cínica de Nietzsche56. Un estudio negativo de la época fue también el del teólogo O. Ritschl. En este caso se trataba de una crítica del pensamiento del filósofo desde el punto de vista del protestantismo57. Mucho más severo fue el juicio de Max Nordau, tal vez una de las críticas negativas más famosas de la época. El médico, escritor y sionista Nordau había dedicado a Nietzsche un capítulo en su libro de 1892, Entartung [Degeneración], en donde manifestaba que sus ideas sobre la moral, la consciencia, sus críticas al progreso, al liberalismo y al positivismo, eran la expresión de un loco delirante, orgánicamente enfermo58.

En definitiva, como acabamos de ver, las interpretaciones en este período (1889-1900) se concentraron en el ámbito literario, teológico y filosófico, y en una línea ética y cultural. También se puede afirmar que esta temprana recepción de la obra de Nietzsche estuvo marcada por las controversias en las que seguidores y adversarios intentaban justificar o condenar las ideas del filósofo. En ese sentido, las referencias a su locura formaron parte central de las discusiones de ese fin de siglo, puesto que quienes valoraban su pensamiento argumentaban que Nietzsche fue llevado a la locura por la incomprensión de una sociedad que no estaba preparada para entenderlo. En cambio, sus detractores intentaban vincular, como Nordau, la obra con su locura, y de ese modo querían demostrar no sólo lo peligroso de sus ideas, sino también que los seguidores del filósofo estaban enfermos.

Al comienzo del siglo XX el nombre de Nietzsche ya se había consolidado en todas las ramas de la cultura del ámbito germánico. No obstante, las líneas interpretativas de los primeros años del siglo siguieron enmarcadas, en gran medida, 54 Cf. K. Eisner, 1892; J. Kaftan, 1897. 55 Cf. A. Riehl, 1897. 56 Cf. W. Weigand, 1893; L. Stein, 1893. 57 Cf. O. Ritschl, 1897. 58 Cf. Max Nordau, 1902.

dentro del fenómeno del culto a Nietzsche. Aunque en su gran mayoría todos admitían que este autor era un genio, ningún estudio filosófico de los publicados por esa época puede ser considerado fundamental, en el sentido de que haya abonado el terreno para situar a Nietzsche dentro de los grandes filósofos. En cambio, en el campo literario la incidencia del filósofo alemán fue muy fecunda. Los movimientos artísticos de los primeros decenios del siglo, tales como el simbolismo, el neorromanticismo y el expresionismo, giraron en el área germánica en torno a la rica temática nietzscheana59. Entre los numerosos literatos, poetas, dramaturgos y músicos que mantuvieron una constante inspiración con su obra, encontramos el nombre de Stefan George, poeta alemán de gran influencia, en quien las huellas del filósofo son muy visibles, por ejemplo en Blätter für Kunst 60[Hojas para el arte], órgano de su política literaria. También Nietzsche fue motivo de conversaciones en el círculo que este poeta mantenía [Georgekreis] con un grupo de escritores e intelectuales que se congregaban a su alrededor, en donde se exaltaba la dimensión mítica y heroica del filósofo alemán.

Otros autores importantes de esa época influenciados por la escritura nietzscheana fueron el dramaturgo y escritor austríaco Hugo von Hoffmannsthal, el escritor suizo de lengua alemana Carl Spitteler con quien Nietzsche tuvo correspondencia y el poeta Richard Dehmel61. Por otro lado, novelistas y poetas como Hermann Hesse, Rainer Maria Rilke y Stefan Zweig62, además de haber sido apasionados lectores de Nietzsche, enriquecieron sus escritos con las ineludibles expresiones y temáticas del filósofo. También los hermanos Heinrich y Thomas Mann, quienes siguieron la senda abierta por Nietzsche, expresaron una dimensión estética y moral de su temática63. Asimismo, de las novelas centrales de ese primer decenio del siglo veinte, destacó, sin duda, Die Verwirrungen des Zöglings Törless [Las tribulaciones del estudiante Törless] (1906), de Robert Musil, cuya temática era fuertemente nietzscheana, en el sentido de que reflejaba la actitud del “espíritu libre” y que básicamente se entendía como un desafío epocal de la generación joven respecto a

59

Véase G. Penzo, 1981, p. 178.

60 Ibid. 61 Ibid.

62 Cf. Hermann Hesse, 2012; Véase Herbert Reichert W., The impact of Nietzsche on Herman Hesse,

1972. Cf. Rainer Maria Rilke, 2004. Véase Fritz Dehn, “Rilke und Nietzsche”, 1936, pp. 1-22; Margot Fleischer, Nietzsche und Rilkes Duineser Elegien, 1985; Karl M. Abenheimer, “Rilke and Nietzsche”, 1967, pp. 95-106.

63 Véase, Georges Bataille, “Nietzsche et Thomas Mann”, 1951, pp. 288-301 ;Joan B. Llinares, Nietzsche y Thomas Mann, 2012, pp. 159-189.

sus predecesores. Otro gran escritor que descubrió muy pronto a Nietzsche y mantuvo una valoración crítica fue Alfred Döblin. En definitiva, se podría señalar que estos autores con sus poemas, ensayos y novelas inspiradas en Nietzsche contribuyeron a consolidar aún más su imagen en esos primeros años del siglo veinte.

Por lo demás, en esta primera década, e incluso hasta el inicio de la Gran Guerra, fueron apareciendo numerosos estudios dedicados a la presentación global del pensamiento nietzscheano. Pero, como decíamos anteriormente, ningún estudio filosófico de este tiempo fue lo suficientemente fuerte como para situar a Nietzsche en la palestra de los grandes pensadores. En algunos trabajos, como los de R. Richter, se vinculaba el pensamiento del filósofo alemán con el darwinismo, dando como resultado un cierto tipo de intelectualismo evolucionista64. Por otro lado, pensadores como A. Drews y G. Simmel, situaban la filosofía de Nietzsche en el ámbito moral y dentro de una problemática cultural65. H. Vahinger, en cambio, abordó en Nietzsche als Philosoph (1902) el pensamiento del filósofo alemán desde el punto de vista de la teoría del conocimiento.

De todo lo expuesto se podría inferir que las investigaciones sobre el pensamiento de Nietzsche en el tiempo indicado (1899-1914) en el ámbito germánico, sintetizaron una variedad temática que fundamentalmente giró en torno a cuestiones culturales y morales. De todo ello lo que nos interesa resaltar es el gran impacto que tuvo su obra en el campo de la literatura, puesto que, a falta de una auténtica interpretación filosófica de gran profundidad, los novelistas, los poetas y los dramaturgos fueron los únicos que en ese tiempo encendieron y mantuvieron viva la llama de la antorcha nietzscheana, los que con sus juicios codificaron el devenir de la historia efectiva de su obra en esa época66.

64 Cf. R. Richter, 1903.

65 Cf. A. Drews, 1904; G. Simmel, 1907.

66 Un importante estudio de esa época, pero que queda fuera del marco del tiempo indicado (1899-1914)

fue Die psychologischen Errungenschaften von F. Nietzsche (1926) de L. Klages, quien explicó el núcleo de la temática nietzscheana mediante un marco psicológico y a través de una dialéctica interna, que se basaba en una oposición radical entre dos fuerzas contrarias pero a la vez unidas: una representada por Dionisio y la otra por Yahvé, que era la fuerza sacerdotal. Ahora bien, la única forma de superar esta oposición consistía, según Klages, en el acto de toma de consciencia de la duda en un sentido psicológico, cuyo objetivo era la falsificación de la vida. En consecuencia, el filósofo alemán se había convertido, para este autor, en el más fino analista de los medios que tanto el individuo como los pueblos eligen para engañarse a sí mismos. Pero esto no era algo solamente negativo, porque quien haya considerado todos estos medios se encontrará en el camino del conocimiento de sí mismo. Este estudio