5. PROBLEMA METODOLÓGICO DE ESTUDIO
5.3 Sujetos de Estudio
La población que habita la región de estudio, que se ha incorporado al trabajo en las maquiladoras y que sufrido los embates de las transformaciones globales nos permite entender de forma clara el fenómeno. Esta población, “sujeto de estudio” se
analiza en este apartado con la finalidad de entender quienes son las personas que viven el fenómeno y que son transformadas y afectadas, y en general moldeadas a través de las lógicas del capital. Estas personas fueron considerada en la década de los 90´s (año en que se insertan las maquilas textiles en la región) como mano de obra viable. Diversos autores afirman que en las maquilas de la industria de la
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confección, las mujeres representan el mayor porcentaje de la mano de obra (Martínez, 2005; Hernández de la Cruz 2006 y 2007; y Pelcastre et al, 2008.) y fueron ellas las más vulnerables a los problemas que se presentan con esta forma de empleo. Según diversos autores (Díaz, 2000; Martínez, 2005; Juárez, 2004; Hernández de la Cruz 2006, 2007, y 2008), las características de los trabajadores del vestido y la confección en Tehuacán son las siguientes: poco más de la mitad de los trabajadores de la maquila del vestido y la confección son mujeres, el decir el 52.8 por ciento. Las mujeres perciben un salario menor al que perciben los hombres, independientemente de la edad y la escolaridad de las primeras. La edad de incorporación al trabajo en las maquilas oscila entre los 14 y 16, es decir se trata de una población joven. Incorporarse a las maquilas implica el abandono de los estudios. La mayor parte de la población que labora en las maquilas es menor de 30 años. Los trabajadores que laboran en las maquilas presentan un bajo nivel de escolaridad. La mayoría de los trabajadores no tienen terminada la educación básica de primaria y secundaria. Los trabajadores de la industria del vestido tienen bajos salarios (menos de 2 salarios mínimos) y la mayoría carecen de las prestaciones de ley. Estos bajos salarios están determinados por la oferta y la demanda y por la gestión salarial que realiza el gobierno, lo anterior propicia una gran inestabilidad laboral, rotación e incertidumbre. La jornada laboral se caracteriza por la rudeza, la disciplina a la que es sometido el cuerpo y el esfuerzo físico. En algunos casos, y según datos de la Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán, se registran jornadas que van de las 49 horas hasta 56 horas semanales. Lo anterior se acompaña de una reducción ostensible de importantes conquistas sociales relacionadas con el bienestar y la calidad de vida (Caravaca, 1998). En la maquila además prevalece la vulnerabilidad social producto de la pobreza, esto es aun más grave en las empresas que laboran de forma clandestina a través de la subcontratación lo cual según Pelcastre et al. (2008) contribuye a la aparición de epidemias como la del SIDA. Todo lo anterior se presenta en la vida cotidiana de los trabajadores como desgaste, apatía, presión, estrés, generadas por las largas jornadas de trabajo dejan poco espacio para la vida fuera de la maquila lo cual afecta la calidad de vida de los trabajadores y sus familias. Esto aunado al bajo salario y a
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la falta de prestaciones como la seguridad medica, son factores que enajenan las formas de vida en la región.
Los sujetos de estudio son los obreros que trabajan en la industria de la confección radicados en los municipios que conforman la región de estudio, pero que trabajan en la ciudad de Tehuacán en maquiladoras industriales con más de 200 trabajadores, talleres registrados o talleres clandestinos y domiciliarios que emplean a un número reducido de trabajadores. En general, se trata de una población mayoritariamente de origen campesino e indígena (Martín Barrios, defensor de los derechos laborales en la región afirma que del 60 al 70 por ciento de trabajadores en las maquiladoras son de origen indígena). Una parte importante de los sujetos de estudio son originarios de regiones rurales de los estados de Puebla, Veracruz, y Oaxaca. Se trata de personas que han dejado el trabajo agrícola debido a la imposibilidad de sobrevivir con los ingresos que este aporta, para incorporarse al trabajo no agrícola. Son personas que han sido impactadas por los procesos económicos y por la expansión del capital en posición subalterna –de desventaja- y quienes no tienen otra opción más que insertarse en dicho sistema.
El sujeto de estudio se perfila como una persona de origen rural que vive en un ambiente social y regional afectado por el capital en su forma de sistema maquilador, y que es obligado a incorporarse a él no solo en posición de desventaja, también en condición de explotación, ya sea directamente como trabajador dentro del sistema o como familiar directo del trabajador (Muñiz, Ramírez y Juárez: 2010). Según su edad, género y condición de salud será determinada la participación que tenga en relación al sistema maquilador. Así, el trabajador directo de las maquiladoras se perfila como una persona joven, de entre 14 a 35 años, que recibe un salario de entre 250.00 a 700.00 pesos semanales, que no cuenta con prestaciones de ley, que trabaja en promedio 10 horas diarias de lunes a sábado (siendo este último día la jornada de medio tiempo de las 9 am a las 2 pm), que tiene en promedio 8 años de educación, que comúnmente habla una lengua originaria, y que se ha calificado y entrenado por si mismo durante años de trabajo en las maquiladoras, y que por tanto no se encuentra habilitado en otro tipo de oficios. Por
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su parte, las mujeres que están criando hijos pequeños, las personas enfermas, las personas mayores y los niños trabajan bajo el sistema de subcontratación ya sea en maquiladoras clandestinas, talleres domiciliarios o en sus hogares a través del llamado trabajo a domicilio (Muñiz et. al., 2013). Realizan las tareas más sencillas y por tanto las peor pagadas y no son reconocidos como trabajadores directos de las empresas, aunque agreguen valor a la mercancía. Su presencia dentro del sistema maquilador abarata los costos de los procesos de producción.
La presencia de la industria de la confección y el vestido en forma de sistema maquilador en la región de estudio, implica una forma de transformación económica supeditada al capital que trae profundas transformaciones. El carácter global de los circuitos industriales y su enorme capacidad para desplazar sus procesos productivos de una región a otra, y de un país a otro, llevan a que las regiones muestren incontrolables impactos. Dichos impactos se presentan en los momentos de crisis, como en las fases recesivas o de decrecimiento económico, y también en los momentos de auge (Barrios y Santiago: 2003). Diversos autores han señalado las consecuencias negativas generadas por el sistema maquilador, como Juárez (2004) y Pelcastre et. al., (2008) quienes analizan las condiciones de vulnerabilidad generadas por el sistema. Por su parte Martínez de Ita (2005), Díaz (2002), Barrios y Santiago (2003) concuerdan en que se trata de una industria que utiliza tecnologías sencillas y una mano de obra intensiva. Los obreros reciben bajos salarios, trabajan por más de 9 horas diarias y no cuenta con prestaciones de ley. Las condiciones de trabajo no difieren mucho entre un taller clandestino y una maquila industrial. Sin embargo, las condiciones de trabajo son peores en los talleres clandestinos.
La población indígena y rural nutre la mano de obra que las maquiladoras requieren. Esta mano de obra tiene poca experiencia en torno a la defensa de sus derechos laborales. Es una población que en su mayoría no experimentó el Fordismo en la región. Respecto al origen rural, han padecido de la falta de apoyo al campo posterior a la reforma del artículo 27 constitucional de 1991, por lo que se permitió la privatización de las tierras ejidales. La Reforma Agraria ha traído como consecuencias que las poblaciones rurales tengan que abandonar el campo, migrar
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dentro del país o al extranjero, e integrarse al trabajo no agrícola. Se trata de una población obrera pobre, en su gran mayoría sin prestaciones ni reconocimiento laboral y con mínimas posibilidades de abandonar el sistema maquilador o de superar su situación económica.
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CAPITULO I. DE CAMPESINO A OBRERO: CLASE, HEGEMONIA, VIDA