Con el objetivo de ahondar en esta aproximación a la salud y el bienestar, se presenta una breve recopilación sociohistórica del origen de este movimiento. Esto ayudará a comprender por qué hoy en día es necesario y útil un movimiento de Promoción de la Salud, especialmente en las situación de las personas inmigrantes, y a conocer con mayor detalle las implicaciones y potencialidades de este abordaje.
Bell (2003), agrupa en tres grandes momentos históricos, los elementos que llevan al origen del movimiento de Promoción de la Salud: el mundo pre-moderno, el moderno, y el posmoderno o actual.
3.2.2.1.- La salud en el mundo pre-moderno
La salud en este momento histórico, previo a la Ilustración, era un asunto relativamente sencillo, su presencia o ausencia eran objeto de la voluntad divina (Bell, 2003). Sin embargo, en algunos abordajes médicos de la época, se entrevé una concepción holística de la salud. Por ejemplo, en el siglo XVI, algunos médicos prescribían distintas medidas antes de llegar a la intervención (prevención): dónde ubicar una casa, cómo organizar el trabajo doméstico, qué ejercicio realizar o que (o no) comer y beber (Bell, 2003). Otro ejemplo es la concepción holística en las propias intervenciones médicas: en algunos contextos se entendía la morbilidad como el resultado de la pérdida del equilibro de los humores vitales, de tal modo que, la intervención, se centraba en recomponer ese equilibrio a través de la dieta, el ejercicio o el descanso (Bell, 2003).
3.2.2.2.- La salud en la modernidad
Sin embargo estas concepciones holísticas en la medicina caen en el olvido en la modernidad. La modernidad se corresponde al período que comienza con la Ilustración (S.XVIII) y se caracteriza por un movimiento filosófico que cuestionaba y criticaba las ideas existentes e instituciones sociales, a la luz de la razón. En este período nace la ciencia y una creencia incuestionable en el progreso. Este es el primer momento en el que la medicina se disocia de la concepción holística de la salud (Bell,
2003). Debido al empleo del método científico, la medicina se centra en la investigación sobre las enfermedades, moviéndose a un claro modelo biomédico y reduccionista (Bell, 2003; Carvalho & Buss, 2008; Restrepo, 2001a).
En esta época los adelantos en medicina son incuestionables: tanto en microbiología, fisiología, patología como en medicina preventiva. Algunas de las personas responsables de los hitos en los avances en esta rama son Bernard, Pasteur, Jenner, Finaly o Snow (Restrepo, 2001a).
Esta medicina, parecía ser la panacea, incuestionable. Sin embargo, paralelamente se mantuvo un movimiento que se interesaba por la interrelación de las condiciones de vida da las personas y/o grupos y su salud. Estos movimientos eran impulsados por otros sectores de la sociedad, alejados de las instituciones médicas. En esta línea destacan los trabajos de Edwin Chadwick y Engels en Inglaterra, René Villamaré en Francia o Ridolf Virchow en Alemania. (Bell, 2003; Carvalho & Buss, 2008; Restrepo,
2001a). Chadwick, jugó un papel principal en la revisión de las Leyes de los Pobres y
se colocó entre los pioneros de la salud pública inglesa. Su trabajo más conocido es el informe sobre las condiciones Sanitarias de la Clase Trabajadora (“Report on the sanitary conditions of Labouring Class”). De forma similar, Villamaré también denuncia los deterioros en la salud de los trabajadores de la industria textil en Francia, relacionados con las condiciones de vida y trabajo. Engels, escribió varias obras sobre las enfermedades y sufrimientos de los obreros, recogiendo las enfermedades ocupacionales, infecciosas, los efectos de las toxinas ambientales, el alcoholismo, etc., lo que se ha venido a llamar las “raíces de la enfermedad prematura de los trabajadores en Inglaterra” (Restrepo, 2001a, p. 21). Virchow, patólogo alemán, se convirtió en uno de los más célebres salubristas-políticos de la historia. Virchow fue elegido por el gobierno de Prusia para estudiar una gran epidemia de tifus en la provincia de Silesia. Virchow afirmó que las enfermedades estaban directamente
determinadas por las condiciones de vida de la gente. Comienza así una “toma de
conciencia sobre las relaciones entre el estado de salud de una población y sus condiciones de vida” (Restrepo, 2001a, p. 20).
Algunas de las acciones para mejorar la salud se centraban en la mejora de las condiciones de vida en los guetos de las ciudades europeas, en donde se consiguió reducir y/o eliminar las fuentes de muerte o enfermedades (p.ej. cólera, difteria, etc.) (Bell, 2003). Otras medidas, por ejemplo en Inglaterra, fueron las mejoras de las
condiciones de habitabilidad, el saneamiento, los llamados pulmones verdes (los parques victorianos) y los suministros de agua limpia (Bell, 2003; Carvalho & Buss, 2008). Sin embargo, en aquel momento, ante el crecimiento de la medicina y su efectividad, estas aproximaciones holísticas, comenzaron a enlentecerse y disminuir, quedando casi paralizadas durante un siglo (Carvalho & Buss, 2008).
3.2.2.3.- La salud en la posmodernidad
La posmodernidad, como período sociohistórico, comienza en el siglo XX, continúa hasta la actualidad, y engloba multitud de corrientes y movimientos artístico-filosóficos que superan aquellos de la modernidad. En el mundo sanitario, a partir de los años 60 del siglo pasado, y como consecuencia de las limitaciones de la biomedicina (al servicio de la industria médica y responsable de avances, pero también de daños) o de las limitaciones de la aplicación del modelo patogénico a enfermedades distintas a las causadas por un germen (Carvalho & Buss, 2008; Colomer-Revuelta & Álvarez- Dardet, 2000); surge un pensamiento crítico que responde a estas limitaciones revalorizando las dimensiones sociales y culturales del proceso salud-enfermedad (Carvalho & Buss, 2008), que ya habían sido estudiadas (apartado 3.2.2.2). De tal modo, que en este momento de cuestionamiento y búsqueda de nuevas respuestas, ya existía una amplia literatura sobre cómo las condiciones de vida y trabajo están relacionadas con la salud-enfermedad. Además, Mckeown & Lowe (1986) demostraron cómo la disminución de la mortalidad en Inglaterra durante el S. XIX y principios del XX, debía ser atribuida a las mejoras de las condiciones de vida (Carvalho & Buss, 2008) y en una menor proporción a las actuaciones médicas como vacunas y antibióticos, cuestionando las creencias existentes hasta el momento. Todos estos saberes, tanto los más positivistas centrados en la persona y en la biología como causantes de la enfermedad-salud, como aquellos más holísticos, se fueron conjugando para proponer distintos modelos que permitiesen superar las limitaciones de la medicina como se entendía hasta el momento, y que promoviesen una comprensión más completa y ecológica del funcionamiento salud-enfermedad. Para ello, fue clave el “Informe Lalonde”: “A new perspective on the health of Canadians” (Lalonde, 1974). Este documento supuso un hito en la aproximación a la salud, y diversos autores apuntan a este informe como el germen de las corrientes de
pensamiento de la Promoción de la Salud moderna (Bell, 2003). Lalonde, Ministro de Salud de Canadá en la década de los 70, cuestionó las políticas sanitarias de su país ya que dedicaban la mayor parte de los recursos a la actividad asistencial, a la cura de la enfermedad; mientras que se destinaban pocos recursos a lo que él consideraba los principales condicionantes o determinantes de las enfermedades: los ambientes y los comportamientos o estilos de vida (Bell, 2003; Carvalho & Buss, 2008; Restrepo, 2001a).
El Modelo del Campo de la Salud propuesto por Lalonde (1974), entiende que las
condiciones de salud dependen de: a) el patrimonio biológico, b) las condiciones sociales, económicas y ambientales en las que las personas crecen y viven, c) el estilo de vida y d) los resultados de las acciones médico-sanitarias (Carvalho & Buss, 2008). Además, propone que los gastos sanitarios pueden reducirse a través del empoderamiento de las personas en su comunidad. Este empoderamiento es necesario para identificar y actuar sobre sus necesidades de salud (Bell, 2003). Estos dos elementos, su modelo ecológico y la noción de empoderamiento, son clave para el desarrollo de la Promoción de la Salud.
Por otro lado, es necesario referirse a la teoría del sociólogo médico Aaron Antonovsky, si se hace mención a los pensamientos que nutren el origen del movimiento de Promoción de la Salud. Antonovsky, intrigado por las experiencias de supervivencia al Holocausto Nazi, desarrolló un modelo salutogénico, en lugar de patogénico, de la salud. Estaba interesado en aquello que hacía a las personas sobrevivir de una forma saludable. En su modelo, cuestiona las corrientes anteriores al plantear que no existe una dicotomía entre salud-enfermedad, sino que conviven en el día a día de una persona, y al entender que es necesario cambiar el foco de atención, de aquello que produce enfermedad a aquello que genera salud (salutogénesis). En este modelo de generación de la salud se interrelacionan de forma compleja, los elementos del entorno (físicos, sociales, culturales) y las características de la persona,
"Yo llamo modelo salutogénico. No es, sin embargo, una teoría que se centra en "mantener a la gente bien". Sino que deriva de estudiar las fortalezas y debilidades de las prácticas e ideas promotoras, preventivas, curativas y rehabilitadoras, es una teoría de la salud de un sistema complejo, el ser humano" (original en inglés)(Antonovsky, 1996, p. 13).
Estos nuevos entendimientos sobre la concepción de la salud, nutren el nacimiento del movimiento de promoción de la salud. Es, por tanto, en este período histórico, en el que por primera vez desde antes de la Ilustración, se acompasa, integra y explota el potencial de los conocimientos y corrientes más positivistas y los más holísticos, generando una nueva forma de entender la complejidad del fenómeno salud- bienestar.
“Si la modernidad podría ser caracterizada como la era de la ciencia y la medicina, la posmodernidad es la era de la promoción de la salud” (Bell, 2003, p. 22).