1.3.4 ¿P UEDEN LOS TESTIGOS TESTIMONIAR ? U NA MIRADA DESDE LA SUBALTERNIDAD
1.3.6 T ESTIMONIOS DE LA VIOLENCIA POLÍTICA EN P ERÚ
Al aproximarnos al caso peruano, concretamente al periodo histórico que interesa a la presente investigación, es inevitable la sorpresa que produce encontrar escasa información escrita en formato de testimonios que giren en torno a la violencia política producida durante las dos últimas décadas del siglo XX. Ello no significa la inexistencia de supervivientes del proceso sino el poco desarrollo o interés en producir escritos de primera mano que plasmen las experiencias vividas como relatos, como testimonios.
La evidente carencia de escritos testimoniales acerca de la etapa de la violencia política que analizamos puede llevar a pensar que los actores son subalternos en el sentido poscolonial del término, imposibilitados de hablar o simplemente se trata de un silenciamiento de determinadas voces.
La búsqueda de estos escritos testimoniales del periodo que interesa analizar trajo como primer resultado que hay muy poco material escrito al respecto. Quizás el libro pionero en ese sentido sea Para no Olvidar. Testimonios
sobre la violencia política en el Perú, compilado por Bracamonte, Duda y
Portocarrero (2003), publicación auspiciada por La Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú. Trabajo que reúne un conjunto de testimonios
cortos elaborados por jóvenes investigadores acerca de la violencia política de finales del siglo pasado.
Recientemente fue publicado Memorias de un soldado desconocido.
Autobiografía y antropología de la violencia de Lurgio Gavilán (2012), que da
cuenta del proceso de violencia en el Perú utilizando la primera persona singular para hablar de ella. Su autor da testimonio de sus experiencias vividas dentro del PCP- SL, luego las que tuvo en las fuerzas armadas peruanas y su paso por los claustros de un convento.
Gavilán se presenta como un testigo directo y ejemplar de los acontecimientos, pero, su lugar de enunciación es la academia; justamente, ésta es la mirada que vertebra todo su trabajo, recurso que le sirve para relatar sus recuerdos desde un presente académico cientificista. Produce un discurso ambiguo y especial que le permite dar cuenta de aquello que vio y escuchó, pero, donde su participación se muestra borrosa. Los silencios son válidos como recurso literario, siendo precisamente éstos los que terminan dando sentido a la idea de su título: se trata de memorias desconocidas, en tanto que silenciadas, de un soldado que militó en la vida. Lurgio Gavilán también entra en el grupo de los
Auctores.
Respecto a los testimonios que hemos elegido para elaborar esta parte del trabajo, debe quedar claro que aquí no hay lugar para presentarlos en su integridad, cada uno merece ser un texto independiente. Sin embargo, en cada uno de ellos haremos uso de sus argumentos centrales.
El primero de ellos es el que nos brinda Alberto Gálvez Olaechea, ex- miembro y dirigente del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), quien provenía del Movimiento de Izquierda Revolucionaria - Voz Rebelde (MIR-VR). Actualmente cumple condena por terrorismo en el penal de máxima seguridad Miguel Castro Castro, ciudad de Lima. En 1992 renunció a la organización terrorista y con ello a la opción de concebir la lucha armada como forma de tomar el poder. Su testimonio permite apreciar cómo una persona que en el pasado decidió tomar las armas y ser parte de un proyecto revolucionario, puede cambiar hasta hacerse otro ser. Hoy intenta dirigir algunas reflexiones a la juventud peruana afirmando lo siguiente:
“Yo creo que el deber, ¡mi deber!, así como el de muchos de mi generación, de aquellos que participaron en este proyecto o en otros, es decirle a una nueva generación que deben de pelear por las causas que crean justas, pero necesitan inventar sus medios de pelea, pueden cometer errores, pero que sean los suyos, no los nuestros. No deben seguir caminos que ya han sido trillados, precisan idear nuevas fórmulas. Quizás se equivoquen en hacerlo o quizás acierten, no lo sé; pero por lo menos,
por este lado [lucha armada] ya no, por esta vía no. Que busquen otras
rutas, novedosas, creativas, pero no por acá.”
En Gálvez es claro el cambio que ha dado en la prisión, se ha hecho otro ser, ha ejercido su derecho a poder cambiar y desde el presente cuestiona al que antes fue en un diálogo que sostiene con su yo anterior producto de la pregunta que le hiciéramos: ¿Qué le diría el Alberto Gálvez de hoy al que tomó las armas en el pasado? Su respuesta fue cuestionadora:
“[Le diría] Tú miraste la realidad desde el prisma de la ideología, desde tu condición de marxista - leninista - guevarista. La ideología es como un celofán con el cual ves el mundo y ello condiciona muchas cosas. […] también le diría: debiste estudiar más, no solamente en términos de cantidad, también dando prioridades de qué y cómo conocer.”
El siguiente testimonio es de un preso por terrorismo, ex dirigente del Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso (PCP-SL), también recluido en el Penal Castro Castro. Testimonio que para efectos de este trabajo será aludido bajo el pseudónimo de Justo Olvera, quien durante la década de 1970 fue estudiante en la Universidad Nacional de Ingeniería.
Inicialmente participó de Vanguardia Revolucionaria (VR) y el referente social inmediato de aquel momento fue el movimiento de toma de tierras en Andahuaylas (1974) con Lino Quintanilla como su principal protagonista. Pero fue en el PCP-SL donde recaló dada la afinidad entre sus concepciones políticas y las propuestas programáticas que presentaba Sendero Luminoso. Allí sus ideas revolucionarias, en palabras suyas, maduran y se convierte en un hombre de filas
con posición de clase, con espíritu de partido (ideología) donde los intereses
perspectiva de guerra popular como medio para alcanzar el poder se va a acrecentar.
En septiembre de 1992 Abimael Guzmán, líder máximo de Sendero Luminoso, fue capturado por el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN). Producto de su caída el PCP-SL atravesó por un proceso de fraccionamiento, dando origen a dos facciones que hoy se conocen como Acuerdo de paz y proseguir
respectivamente. Los acuerdistas, apoya el planteamiento de defender la continuidad de la organización política, la vida de Abimael Guzmán y la amnistía general que se tradujo inicialmente en el lema de Solución política a los
problemas derivados de la guerra; mientras que la agrupación conocida como
Proseguir sostiene la continuación de la guerra popular, para dicho propósito
establecieron un nuevo comité central de la organización, desconocieron la figura del histórico líder Abimael Guzmán basándose en el argumento que al encontrarse éste recluido en prisión no podía seguir dirigiendo la revolución popular.
En el fraccionamiento que se produjo al interior de Sendero Luminoso, aludido en el párrafo anterior, Justo Olvera quedó inicialmente ubicado en el grupo que decidió continuar con el desarrollo de la denominada guerra popular. Con posterioridad decidió –luego de hacer un proceso de autocrítica como nos comenta- integrarse a las filas de Acuerdo de paz. Reincorporado al grupo alineado en torno a Abimael Guzmán, se sumó a la demanda y asumió el lema de dicha facción. Hoy es partidario de la propuesta de una amnistía general en el Perú sostenida por su agrupación.
El testimonio de Justo Olvera deja en evidencia que él no ha renunciado a la ideología maoísta que llevó a Sendero Luminoso a emprender un proceso radical para conseguir el poder. Su testimonio muestra cómo la ideología radical a la que se encuentra vinculado no ha declinado en su argumentación, deja entrever cómo dentro de las prisiones, llamadas por ellos luminosas trincheras de
combate, los cuadros senderistas reafirman su sujeción a la jefatura del partido y
cierran filas en torno a su actual propuesta, denominada por su organización como Nueva gran estrategia cuyo principal objetivo es salvar la vida de su organización política y la de sus líderes.
El tercer testimonio es de Andrea Quicaño, comunera de Urihuana, Distrito de María Parado de Bellido, Cangallo. Su testimonio es narrado desde la condición de víctima de la violencia. Se trata de una mujer que luego del acontecimiento trágico que la marcó de por vida (el asesinato de su esposo) resume el resto de ella como un constante sufrimiento y una mutilación de toda esperanza futura. Para Andrea, la ausencia trágica de un ser querido se percibe como imposibilidad de lograr o dar mejores condiciones de vida para sus hijos. Ella se encuentra instalada en el pasado y desde allí enuncia.
Ella testimonia acerca del tiempo de la violencia desde una particular situación, una permanente condición de truncamiento que se manifiesta desde que Sendero Luminoso asesinó a su esposo Juan Martínez Cuadros. La siguiente frase resume su tragedia familiar “Me quedé sola y mis hijos se quedaron sin
destino”. Intenta comprender las razones, no busca justificarlas, de por qué el
PCP-SL dio muerte a su esposo y nos dice:
“[Él] era vara, por eso era autoridad acá, por eso lo odiaban, porque era autoridad, en eso habían ido a Cangallo a juramentar, él había ido diciendo
voy a juramentar y cuando regresabas, habían traído su bala [arma] que los
Sinchis [Grupo especial de la guardia civil de lucha contrasubversiva] le
hicieron llevar para descansar y cuando llegó al pueblo habían contado que había traído la bala. Por eso dijeron que era soplón, seguramente en este lugar habían terrucos. Por eso comenzaron a amenazar a mí también, diciéndome que va a morir. Como tenía hijitos, uno de mis hijitos se enfermó y había ido a Pampa Cangallo a llevar a la posta, me habían visto que había ido a Pampa Cangallo. Había un profesor en Pampa Cangallo que nos había colaborado, recién, un año en el colegio del pueblo. Ese profesor era de Llihuacucho y cada vez que pasaban por ahí, seguramente, su familia nos veía y como iba, seguramente, decían que era una soplona”.
Para Andrea la razón del hostigamiento a su esposo, y a su familia entera, puede resumirse bajo el siguiente argumento: él era autoridad tradicional, por eso no eran bien visto por la gente de la comunidad que apoyaba a Sendero Luminoso. En cierto momento ocurrió una serie de sucesos fortuitos: su esposo, volviendo de su juramentación como autoridad, había brindado ayuda a un
efectivo policial (Sinchi) a llevar su armamento. Aquella acción fue pública, por tanto vista por muchos pobladores, entre los cuales hubo algunos prosenderistas. Al poco tiempo su hijo enfermó y tuvieron que llevarlo al centro de salud del distrito vecino de Pampa Cangallo, lugar donde también se encontraba el puesto policial –posteriormente también se establecería en dicho distrito una base militar. En Pampa Cangallo se encontraba un profesor de colegio que recientemente había trabajado en el centro educativo de Urihuana (quien colabora o era parte activa del grupo de personas que desarrollaba trabajo de proselitismo para el PCP-SL). El referido docente los vio llegar y asumió que iban a informar al puesto policial de Pampa Cangallo acerca de los sucesos que venían produciéndose en su comunidad. Mal entendido que los convirtió en soplones del Estado. Condición que denodadamente intentaron revertir hasta con súplicas pero sin ningún éxito. Su relato continúa y nos acerca a la situación por la que atravesó su familia antes del asesinato de Juan Martínez Cuadros:
“Mi esposo se había emborrachado y había comenzado a gritar diciendo que a mi esposa no la maten sino mátenme a mí, ya desde ese momento ya sabíamos que íbamos a morir, porque la gente decía que íbamos a morir, que había una familia que tenía como poder porque estaba con los de Sendero y dijimos mejor vamos a rogar, suplicar a ellos para que no nos
mate.”
El día 18 de enero de 1982 una columna de Sendero Luminoso ingresó de madruga a la comunidad de Urihuana, fueron en busca de tres comuneros: Silvano Barbarán, Patricio Campos y Juan Martínez Cuadros. La señora Andrea narra aquel momento de la siguiente manera:
“Es así que entran a la una de la mañana a mi casa y mis hijos estaban chiquitos, preparando su biberoncito y hemos ido a dormir los dos, el dormía solamente con camisita, calato nada más. Yo le pedí que también me ayudara a cuidar al bebe porque yo también tenía sueño y en eso me ayudó y ahí nada más aparecen los senderos, bastante, como 20 personas, pero eran de acá. La Señora María Castro muy bien sabe, de esa señora su esposo era agente comunal, a él le han dejado y a mi esposo se lo han llevado, amarrando su mano se lo llevaron, al Río
Pampas se lo llevaron. También en la esquinita había uno que era Silvano Barbarán a él también se lo han llevado y acá al frentecito era Patricio Campos.”
De los tres capturados dos fueron asesinados y sólo Patricio Campos salvó de morir. Se cuenta que su señora se abrazó a una de sus piernas y por más que le pegaron no lograron hacer que soltara a su esposo. Dada esta particular situación los senderistas encargados de su captura decidieron eliminarlo. Allí mismo, le dispararon: una bala atravesó su pecho y salió por la espalda, dejándolo gravemente herido. Luego de varios meses de estar postrado, el señor Campos logró restablecer su salud. Los otros dos campesinos ahora cuentan entre las víctimas mortales de la violencia.
Hoy en día, la señora Andrea vive en Urihuana al igual que los asesinos de su esposo. Tiene que verlos a diario, incluso algunos de los perpetradores son familiares suyos. El silencio sabe de rencores, de nostalgias y de esperanzas futuras para los hijos; la vida continúa para su núcleo familiar, también para las familias de los que participaron al lado de Sendero Luminoso. La vida en la comunidad, su vida, con recuerdos silenciados y olvidos imposibles prosigue, nada se detiene. Pero queda también la muestra que los lazos familiares lograron ser trastocados fuertemente por la violencia política, la familia se volvió en contra de su propia sangre. Al respecto ella sostienen que:
“A veces yo miro con rencor a esa familia, pero no le digo nada, porque de repente me hacen algo y yo todavía tengo que ver a mis hijos. De repente me van a matar, no insulto, no digo nada, sólo callo. Pero no puedo olvidar lo que nos pasó, siempre mi mente vuelve a ese tiempo.”
El cuarto testimonio que se presenta aquí, nos muestra otro lado de la violencia política. Este último relato corresponde a la campesina de la comunidad de Chuschi, Provincia de Cangallo – Ayacucho, a la que denominaremos con el pseudónimo de China. Su relato presenta otra mirada del proceso violentista que se desató durante la década de 1980, nos ubica en el recuerdo de una niña que, con solo ocho años, pudo presenciar los sucesos que marcaron el inicio de la lucha armada (ILA) en el Perú. Acontecimientos que se produjeron en su comunidad. Quizás se trata de recuerdos construidos socialmente; pero es
precisamente su condición de niña la que le permitió un lugar privilegiado porque le otorgó cierta invisibilidad para presenciar, apreciar situaciones límites sucedidas en su comunidad. China iba creciendo en un mundo donde la violencia hacia lo propio.
Su testimonio permite ver cómo las comunidades campesinas comenzaron a transformar su cotidianidad, dada la polarización que iba generándose entre los propios comuneros. Su alegato también evidencia cómo la presencia de personajes externos a la vida comunal comenzó a influenciar en la cotidianidad de su comunidad a través de un discurso que les mostraba la posibilidad de cambio a través de las armas. Asimismo muestra la presencia constante e influencia que ejerció un docente del colegio local a favor del PCP-SL y cómo las instalaciones del referido centro educativo servían como escenario para impartir la ideología senderista. Sobre este punto en particular China recuerda:
“[…] algunos jóvenes salían incentivados así sobre el partido, como eran sus alumnos. A la última clase siempre daban esas clases, sobre senderismo, sobre la política de ellos”
Su testimonio nos muestra como el discurso senderista tomaba sentido de realidad en algunos jóvenes de la comunidad, mientras que en otros no lograba dicho efecto. De ello se desprende que un sector de la población hizo suya la propuesta del PCP-SL. Al respecto, ella sostiene que ‘algunos también entraron a
ese grupo’, por esa razón las matanzas que se produjeron eran contra la
población que no hacía caso a la propuesta de Sendero Luminoso. De uno y otro lado, dentro de la población campesina, se produjeron discordias y acusaciones. Ella nos muestra una cruda realidad, donde campesinos llevados por rencores personales, y hasta familiares, se acusaron unos a otros, indistintamente, ante las columnas de Sendero Luminoso o ante las patrullas de las Fuerzas Armadas que llegaban a su comunidad. Así los actores armados se convirtieron en el instrumento que permitió aliviar sus odios personales. Veamos lo que ella relató:
“Es que entre nosotros también nos hicimos matar, eso también ha
ocurrido, algunos ya por venganza también, le avisaba al otro [Sendero
Luminoso], le avisaba al otro [fuerzas policiales y militares], entonces, hubo así matanzas acá.”
Según China, antes de la presencia del PCP-SL en su comunidad también hubo discrepancias entre comuneros; pero ninguna terminaba resolviéndose con la muerte del otro. Lo nuevo en su comunidad, con la llegada de Sendero Luminoso, fue que las discrepancias empezaron a zanjarse a través de la eliminación de una de las partes confrontadas.
Cuando el Estado peruano autorizó el ingreso de las fuerzas armadas, desde 1983, al campo para combatir la presencia senderista, la violencia entró en una etapa de enfrentamientos armados y los cuadros foráneos del PCP-SL fueron retirándose de la comunidad, poco a poco, hasta que no volvieron más. Sin embargo, no sucedió lo mismo con aquellos comuneros que apoyaron a Sendero Luminoso, éstos muchas veces permanecieron en su comunidad.
Hoy muchos de aquellos siguen viviendo en Chuschi, los rencores no han desaparecido, afloran durante las festividades locales, el alcohol moviliza los recuerdos y en el proceso de convivencia posviolencia entre deudos de un asesinado y quienes participaron en el asesinato se cruzan en las calles de la comunidad, a veces de forma violenta. Acabada las festividades el silencio se convierte en una expresión rutinaria que dice mucho acerca de las comunidades que han sido marcadas por la presencia de Sendero Luminoso durante los años 1980 al 2000.
Los testimonios que aquí han sido presentados retratan una realidad vista desde ópticas distintas: una, ideológica y política; mientras que, la otra recoge la situación del poblador que, luego del proceso de violencia, tuvo que aprender a convivir con un pasado que no pasa, que está presente en su cotidianidad, que incluso lo confronta. Donde algunos actores locales se convirtieron en perpetradores y atentaron contra la vida de los pobladores y vecinos suyos. Empero, casi 30 años después, no han dejado de verse cada día, cara a cara, con los deudos de sus víctimas. Deudos y victimarios que en muchos casos, aunque pueda resultar extraño, resultan siendo familiares. La violencia tiene esa capacidad de trastocarlo todo. Incluidas las fibras parentales.
Sin duda, se trata de un drama cotidiano en la vida del campesinado que la