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INTRODUCCIÓN: GRUPOS Y ABUSO DE SUSTANCIAS

LA TDGM EN ACCIÓN

En el siguiente ejemplo de caso de un grupo de TDGM, el esfuerzo consistió en enfocar la manera característica en que participaba un miembro, el señor A, dentro del grupo y ayudarlo a ser consciente del modo en que negaba su necesidad de otros y la profundidad de sus propios sentimientos. La conducta aparentemente "buena" del señor A: siendo siempre útil para otros, mientras que nunca molestaba al grupo con sus problemas, desempeñando el papel de pacificador y manteniéndose en general al margen, condujo en esta reunión grupal en particular a una decepción notable en sus compañeros.

Caso 1

El señor A, un atractivo hombre joven, calladamente amistoso, que traba- jaba en una clínica de salud mental con pacientes esquizofrénicos, había sido un miembro firme del grupo durante muchos meses. Siempre llegaba a tiempo y no faltaba nunca a una reunión grupal. Su participación en el grupo implicaba por lo general una especie de informe poco emocional acerca del progreso en su separación de la mujer con la que había vivido por algún tiempo, afirmaciones frecuentes de que nunca experimentaba "ansias" de cocaína desde que se había vuelto abstemio (y que sabía que nunca volvería a utilizar de nuevo la droga) y gran atención a los problemas de los demás en el grupo. A pesar de que, con frecuencia, parecía detenerse de inicio antes de entrar en la discusión, su expresión traicionaba una fuerte respuesta emocional a medida que escuchaba; además, parecía sentirse más cómodo preguntándole a los demás acerca de sí mismos y ofreciendo consejo y apoyo. Su actitud ante el grupo ejemplificaba su conflictivo deseo de empatía y su temor a ella (el dilema del miembro narcisista del grupo, que describió Liebenberg (1990)).

Una tarde, al iniciar la sesión con muchas bromas y plática a la vez, otro miembro del grupo, el señor B, notó el silencio cada vez más incómodo del señor A: "[Señor A), parece como si estuvieras pensando en algo". El señor A respondió, "Bueno, pienso que es difícil decir esto, pero... He estado pensando en que hay demasiada competencia por hablar. Todo mundo habla a la vez... necesitamos acercarnos más unos con otros".

En este punto, los otros miembros del grupo, algo regañados, concordaron de manera precipitada y dijeron que les agradaba cuando "todos participan" y a todos "se les da una oportunidad". Entonces parecieron algo dispersos en cuanto a cómo continuar. El líder le preguntó al señor A si tenía algo que deseara sacar a relucir acerca de sí mismo. El señor A dijo, "Bueno, hoy es mi cumpleaños y estoy un poco decepcionado... ya sabe, medio desilusionado de que nadie que conozca lo haya recordado". Los otros respondieron, "¡Vaya hombre! ¡Feliz cumpleaños! ¡Podríamos haber hecho una fiesta!" Pero el señor A continuó, "No sé, yo siempre recuerdo los cumpleaños de los demás y al menos les mando una tarjeta o algo".

Era obvio que el señor A sentía compasión por sí mismo y varios miembros del grupo respondieron contándole sus propias historias de descuido y desconsideración. El señor C habló de provenir de una "familia grande y negligente", demasiado desorganizada como para reconocer a cada hijo individual. El señor D dijo que debido a que sus padres habían muerto, las fiestas y cumpleaños le eran especialmente dolorosos. El señor E dijo, que sus padres siempre lo habían tratado como "un adulto" y

que esto quería decir que nunca le celebraban su cumpleaños ("¡Creo que no recordaban cuándo era!".

A pesar de que estos miembros del grupo pudieron responder de manera empática a la angustia del señor A, sus propias referencias eran todas hacia sus padres y sus experiencias de la infancia y no a las realidades presentes de sus vidas. Con sus propios relatos conmovedores de infelicidad, ensombrecían la preocupación del señor A acerca de su cumpleaños y parecían aceptar su presentación de sí mismo como la víctima desventurada de la desconsideración de los demás. Quizás el comienzo del señor A con una crítica al proceso de grupo, su historia dentera del grupo de evitar cualquier cosa reveladora en términos emocionales acerca de sí mismo y su negación de problemas y su atención consistente hacia otros, contribuyó a esta falta de respuesta hacia él. De hecho, pareció bastante contento de escuchar las historias de los otros. Su leve expresión de insatisfacción con la competencia para hablar en el grupo y su afirmación

de que nunca olvidaba un cumpleaños eran sus únicos intentos por obtener cierta atención, y recibió muy poca.

Por último, el líder grupal, al reconocer que el grupo parecía compren- der e identificarse con la experiencia emocional del señor A, se preguntó en voz alta si se permitirían estar colocados en la, misma situación que

él, como adultos, y cuestionó al señor A en cuanto a cómo era posible que una persona tan cuidadosa y atenta no pudiera lograr que nadie lo recordara. La participación de la experiencia común, relacionada, no era suficiente para atender a la pasividad e incapacidad del señor A para pedir las cosas, lo cual con tanta frecuencia lo había hecho sentirse desilusionado, sólo y enojado con los demás, con la sensación de dar tanto y no obtener nada a cambio. Al servir únicamente cómo catalizador para una discusión acerca del descuido, el señor Á quedaba solo de nuevo. El grupo necesitaba avanzar para atender de manera directa el "escudo protector" que utilizaba de manera característica el señor A para negar su propia vulnerabilidad y su perspectiva limitada acerca de sí mismo como el "único que se lleva con todos", el pacificador que se autosacrifica, el "silencioso" al que se olvida.

En este punto, el señor A comenzó a comportarse de manera bastante animada y describió por primera vez a su familia y el papel que desempeña dentro de ella. Describió la tensión que sintió al tener que mediar entre sus padres, que se divorciaron cuando él era un adolescente, el sentido de responsabilidad por sus hermanos menores y la presión de ser "el único en la familia que le habla a todos los demás". Dentro de este delicado equilibrio, sentía que no podía tan siquiera experimentar, no digamos expresar, sus propios sentimientos, por temor a perturbar el equilibrio. Aislado, y atravesando él mismo una dolorosa separación, se sentía decepcionado y enojado de que nadie le respondiera como él lo habría hecho —su cumpleaños olvidado era sólo la punta del iceberg.

El grupo era mucho más capaz de responder a las revelaciones del señor A acerca de su experiencia que a su fachada enfurruñada, victimizada y santurrona. En esta reunión, pudo recibir parte del apoyo que deseaba con desesperación y que esperaba que le llegara si era "bueno" y aguardaba con paciencia. La reunión del grupo terminó con una discusión acerca de "permitirse que otros se acerquen a uno" y lo conozcan, al igual que acercarse hacia los otros. Se exploraron las experiencias pasadas en el contexto de las dificultades presentes y se identificaron los patrones característicos continuos de protección del sí mismo vulnerable.

Es importante señalar que en esta reunión se estableció el "terreno común" del grupo alrededor de otros problemas vitales diferentes del liso compulsivo de

drogas. La identificación de la manera en que las soluciones autoderrotantes a estos problemas vitales lo dejan a uno más susceptible a usar drogas siempre es una dimensión importante del proceso grupa!, porque el consumo de drogas es la "solución" primordial para la posición comprometida en un sentido narcisista del adicto a las sustancias.