Así como a lo largo de la historia de la humanidad, la Belleza se ha asociado a distintos conceptos, se propone ahora la comprensión de la Belleza ligada a distintas nociones. De esta manera, se hará referencia al concepto de tensión, el cual que le apuesta al desarrollo psíquico al establecer un interjuego entre la integración y la desintegración; así, se propone cómo el encuentro con la Belleza permitiría el desarrollo psíquico. Adicionalmente, se expondrán las conclusiones al respecto de la importancia de los objetos y el contacto con la realidad para que el encuentro con la Belleza tenga lugar, ligando de este modo, la acepción de Belleza con la verdad. Finalmente se puntualizará la noción de Belleza como armonía, creatividad, vida y amor.
Hasta ahora se han revisado múltiples posturas de lo que es o no es la belleza, de este modo, se ha configurado un intento por desglosar los múltiples significados que se esconden tras tan cotidiana palabra. A partir de la revisión anterior se puede entender que la belleza, puede ser comprendida como categoría ontogenética, como construcción histórico- social o como elemento intrapsíquico individual. Sin embargo, la distinción entre distintas nociones de belleza debe ser abordada como un acto académico, que carecería de sentido, si estos no se logran articular, ya que esta misma se ha propuesto en esencia, como integración.
La belleza, de esta forma, es propuesta como una categoría compuesta de muchas otras, idea similar a la señalada por Calabrese (2008) expuesta en capítulos anteriores, en donde la noción de belleza solo puede ser entendida al estar articulada con juicios morales, estéticos, morfológicos y tímicos. Platón (1987) liga la belleza al amor y a la falta, e históricamente se ha asociado a distintos adjetivos, como bueno, divino o placentero.
La belleza no es un sustantivo estático, es por esta razón que se propuso a esta como un verbo. Los verbos infieren la interacción entre dos sujetos de forma pasiva o activa, en este sentido, el verbo vincula. La belleza como verbo que implica la integración, favorecería un tipo de vinculo positivo a manera de aquellos propuestos por Bion (1967) (y expuestos en el capitulo anterior); al mismo tiempo que la belleza permitiría trasformar los vínculos negativos en positivos al exigir para su presencia una relación apasionada que inherentemente sugiere la relación de contrarios.
Cuando se enuncia que la belleza implica tensión, se hace referencia al conflicto que supone la convergencia de contrarios. La tensión es el elemento que llena de fuerza a la belleza en tanto hace necesaria la relación de los opuestos bello-feo, los cuales vistos individualmente llevan a una relación escindida y empobrecida del mundo. El proceso de integración que conlleva la Belleza implica la ruptura de los límites establecidos por la escisión. De esta forma, la integración de elementos antagónicos implica la expansión o creación del espacio mental, es así como una relación atravesada por la Belleza –en mayúscula- implica desarrollo psíquico.
En términos de desarrollo, Belleza y bello no son sinónimos. Se propuso a partir de Bion (1967) y Meltzer (1990) la comprensión de lo bello como categoría que implica la escisión y la bidimensionalidad mental, mientras que la Belleza se relaciona con la integración, y la multidimensionalidad mental. De este modo se establece una relación entre la forma de ver al mundo y una estructura mental particular. En este sentido, la
relación con el mundo en términos de imágenes tendrá un carácter de bello o feo, más no implicará a la Belleza en su sentido integrado. Así, la imagen se convierte en el heraldo de aquello que no puede ser penetrado en tanto carece de profundidad. La imagen es plana y de esta forma conceptualiza al engaño de lo bello, el cual consiste en otorgarle a toda imagen una realidad interior análoga. Se presupone entonces, que las imágenes bellas están dotadas de Belleza; sin embargo, se obvia que se trata de cualidades distintas. De este modo la relación con lo bello o con la Belleza está determinada por formas particulares de pensamiento y consecuentemente, de desarrollo psíquico.
Los elementos que permiten categorizar a un objeto como bello han ido cambiando a lo largo de la historia, sin embargo los juicios estéticos, siempre están referidos a un objeto, bien sea este una persona, un animal o un articulo. En este sentido, el objeto se convierte en el vehículo de acceso a la experiencia de Belleza, más no es la Belleza en sí misma. Bajo este orden de ideas, no existen objetos bellos ni Bellos y la Belleza pertenece más a una cualidad del vínculo que una característica propia del objeto.
El primer el objeto que aparece en la vida del ser humano que el permite al sujeto contactarse con la belleza es la madre, al ser esta la que brinda al niño la posibilidad de tolerar la frustración que suponen los procesos de integración y el contacto con la realidad. El elemento que vincula a la madre con el bebé, el cual permite al niño el proceso de
iniciación y acceso al mundo real y por lo tanto, lo capacita para acceder a la belleza, es el amor. El vínculo amoroso se establece a partir de la búsqueda del bebé por la satisfacción de sus necesidades, de cierta forma, el amor está precedido por la falta, y al igual que en Platón (1987), para Winnicott (2008), la falta o necesidad, moviliza la búsqueda por el contacto con el objeto. En este sentido se concluye que la Belleza sustentada en el amor surge a partir de la falta.
La madre, permite entreteje a el amor, la tolerancia a la frustración, el contacto con lo real y el encuentro con la Belleza. No está demás sumar un eslabón a esta cadena, dicha pieza es la verdad. El enfrentamiento con la verdad, es producto del contacto con la realidad que conlleva la desilusión, así la Belleza como integración y aceptación de la realidad está íntimamente ligada con la verdad, de este mismo modo Keats señala que
“…la belleza es la verdad, la verdad es belleza” (Keats citado por Meltzer, 2009, p. 26)
La belleza pensada como verdad, permite establecer un puente entre esta y el contacto con la realidad. Dicho contacto, puede tener distintos niveles, en donde a mayor escisión entre el mundo interno y externo habrá menor contacto con la realidad, y correspondientemente, a mayor integración se presentará un mayor contacto con la realidad. Al igual que para el caso de la realidad, se podría platear la existencia de distintos estadios de profundidad de la Belleza, los cuales dependerán de la capacidad del individuo para tolerar la frustración y por lo tanto acceder a niveles de contacto más profundos con la realidad.
Se propone que el contacto con la Belleza implica un proceso semejante al desarrollo psíquico del infante, en donde la desintegración antecede a la integración (Klein, 1932/1994). Así, se expone que deben haber dos momentos distintos: en primera instancia aparece la búsqueda por aproximarse a objetos y personas según sus cualidades estéticas: bellas o feas; dicho elemento estaría implicando un acercamiento superficial y escindido. Sin embargo, es esperable que, con el tiempo, emerja la posibilidad de descubrir e integrar los aspectos buenos y malos de dicho objeto con el fin de darle lugar al vínculo atravesado por la Belleza.
Una pesquisa por la Belleza apalearía nuevamente a un funcionamiento mental capacitado para esta, la cual implicaría la presencia de un vinculo estable con el objeto Bello; en el cual el buscador está dotado de un espacio mental escrutable que permite
múltiples formas de exploración. El acercamiento en dicho sentido es profundo, sin embargo su precio sería alto al implicar la tolerancia a la frustración que exige el contacto con la realidad.
La relación que la Belleza y la verdad entablan y la cualidad impalpable de las mismas, se liga a la noción de verdadero self propuesto por Winnicott (1975). Winnicott comenta que existen desde el comienzo de la vida elementos inherentes de los sujetos los cuales constituyen el verdadero self, el cual corresponde a la estructura más autentica del ser.
El verdadero self no puede ser alterado, más si eclipsado por el falso self, el cual hace las veces de defensor y protector de los aspectos íntimos del sujeto, que a suerte de su entorno deben ocultarse a fin de ser salvaguardados. Este discernimiento teórico habla de aspectos inaprensibles e inmutables del ser. Una idea parecida desarrolla Platón sobre la
Belleza al comentar que “…la propia belleza en sí que siempre es consigo misma específicamente única…no aumenta ella en nada ni disminuye, ni padece nada en
absoluto.” (Platón, 1975 P.93). De este modo, podría concluirse que tanto la verdad, la
Belleza y el verdadero self componen partes intocables, infalseables y constitutivas del ser. La comprensión de un espacio verdadero ligado a la Belleza abre un terrero esperanzador para pensar la práctica clínica, en tanto, sin importar todos los espacios que haya invadido la enfermedad producto de la falsedad, aun continuarán custodiados en algún espacio del ser, aspectos verdaderos esenciales esperando a ser rescatados.
En el cuento de “la Bella y la Bestia”, aparece un elemento fundamental que permite
ilustrar las bondades del carácter esencial de ciertas partes del ser. En la historia, la trasformación de Bestia en príncipe es de carácter circular al implicar la vuelta a un estado original; es así como la bestia antes de ser transformada en Bestia fue un príncipe, forma a la que retorna al final de la historia. La reversibilidad del hechizo, es permitida por la presencia de elementos del príncipe que pudieron permanecer intactos en él. De este modo, gracias a la conservación partes íntimas que por sus cualidades pudieron ser protegidas, el movimiento regresivo tiene lugar, (haciendo que el príncipe/bestia vuelva a ser príncipe), a pesar de haber sido víctima del maleficio de la bruja. Así, el verdadero self hace las veces de centro que permite articular el movimiento circular de ida y vuelta, de hundimiento y emergencia de la Belleza y verdad del ser.
El cuento permite conceptualizar otro elemento ya tratado a manera de conclusión, en donde el objeto es un vehículo que permite o facilita la expresión de la verdad del ser (verdadero self) y consecuentemente de su Belleza. De esta manera, Bella, hizo las veces de objeto vehicular que posibilitó que el hechizo desapareciera. Al poder reconocer y tolerar aspectos del verdadero self de Bestia, provocó que la Belleza oculta por él mismo volviera a la superficie. En el cuento, los ojos de Bestia se convierten en el símbolo del verdadero self, al ser a través de estos como Bella reconoce a su amado, los cuales son la única parte de su cuerpo que no presentó alteración alguna. El momento de la trasformación en esencia más que una escena de alteración, implica un proceso de armonización, en donde el verdadero self Bello de Bestia se correlaciona con su Belleza exterior.
La presencia de un sujeto que se preste como objeto Bello, hace posible la emergencia de un sí mismo Bello/verdadero el cual implica la creatividad y la espontaneidad (Winnicott, 1975). La Belleza no solo implica, en este sentido, la integración de los aspectos malos y buenos del sujeto, sino también la armonización producto de la alineación entre el mundo interno y externo del sujeto. Consecuentemente, la creación de objetos que resulten intencionalmente Bellos, habla de la búsqueda del individuo por lograr modificar su entorno con el fin de que este coincida con el Bello y Verdadero self que posee -por más oculto que este se encuentre-.
La Belleza permite crear, en tanto implica la confluencia entre los procesos
propuestos por Winnicott (2008), de desilusión –que permite el contacto con la realidad-, y
de ilusión –aquel que dota al niño de fe en su capacidad creadora-. El acto creativo que impulsa la experiencia de Belleza, implica la movilidad y lo por tanto la vida. Así, una realidad que es susceptible de ser recreada, es una realidad móvil que rememora a la vida, de este modo, se ama a la belleza en tanto en esta es posible crear; elemento que solo es posible a través de una madre que le permita a su hijo la ilusión de creer que es posible crear.
El amor es el elemento que permite cohesionar la noción de Belleza como integración, verdad, creatividad, vida y encuentro, en tanto sus bases se cimentan en el vinculo vital que se establece entre la madre y su hijo. Así, si la Belleza está al servicio del amor y el amor a la supervivencia, la Belleza inevitablemente será ligada a la perpetuación
de amor. La belleza se vuelve así una cualidad del vínculo amor (propuesto por Bion, 1962) que sustenta la continuidad a la vida al permitir, a través de este, tolerar las experiencias dolorosas que supone el encarar la verdad y la realidad.