luntad»
51.B.
Aunque los que fueron muertos eran los más condenables impostores, el acto fue cruel.A.
Lo fue. Pero ¿acaso no eran crueles los sacer dotes al hacer que sus reyes, a los que poco antes adoraban como a dioses, se eliminaran a sí mismos? El rey los mató por seguridad de su persona; ellos a él por ambición o por amor al cambio. El acto del rey45 En Ed. M., «a continuación» no está separado del cuerpo de la cita de Diodoro Sículo.
50 Es una traducción errónea. Hobbes lee como nombre propio
abaton, que en realidad significa «lugar inaccesible», «inviolable»
o «sagrado».
puede excusarse pretextando el bien de su pueblo; los sacerdotes no tenían queja alguna contra sus reyes, que ciertamente eran muy piadosos o de otro modo nunca habrían obedecido la orden de matarse que los sacerdotes les enviaban por medio de un mensajero desarmado. Bien sabéis que nuestro difunto rey, tal vez el mejor rey que nunca haya existido, fue asesi nado, habiendo sido primero perseguido por la guerra a incitación de los ministros presbiterianos; los cuales son por ello culpables de la muerte de todos los que cayeron en esa guerra, que fueron, según creo, cerca de cien mil personas en Inglaterra, Escocia e Irlanda. ¿No habría sido mucho mejor haber dado muerte a esos ministros sediciosos, que quizá no llegaran a mil, antes de que hubieran empezado a predicar? Ha bría sido una gran masacre, lo admito; pero matar a cien-mil lo es aún mayor.
B.
Me alegro de que los obispos estuvieran fuera de ese asunto. En ese asunto no pareció que fueran tan ambiciosos como algunos dicen que son, ya que eran enemigos de los que estaban envueltos en él52.A.
Pero con esas citas no pretendo recomendar ni la teología ni la filosofía de esos pueblos paganos; sino sólo mostrar cuál es el efecto que puede tener entre el pueblo la reputación de esas ciencias. Pues su teología no era sino idolatría; y su filosofía era muy escasa (si se exceptúa el conocimiento que mediante una larga observación y estudio adquirieron los sacer dotes egipcios y, tomándolo de ellos, los caldeos en astronomía, geometría y aritmética) y, en gran parte, malgastada en la astrología y en decir la buenaventu ra. Mientras que la teología del clero de esta nación,52 En este lugar F. T. inserta entre corchetes el siguiente pasaje, borrado del manuscrito: «Aunque pretendiesen un derecho divino (independiente de la licencia del rey) a gobernar la Iglesia, sin em bargo, siendo escasos en número y no gozando de un gran favor del pueblo, qué otra cosa podían hacer sino estar (¿del lado del rey?).»
dejando aparte la mezcla (introducida por la Iglesia de Roma, y que en parte se ha retenido aquí) de la chachara filosófica de Aristóteles y otros griegos, que no tiene afinidad alguna con la religión y sólo sirve para engendrar desafección, disensión y finalmente sedición y guerra civil (como recientemente hemos averiguado por costosa experiencia en las diferencias entre los presbiterianos y los episcopales), es la reli gión verdadera. Pero por esas diferencias uno y otro partido, cuando llegaron al poder, no sólo suprimie ron las doctrinas del otro, sino también cualquier doc trina que viera con malos ojos sus intereses, y en con secuencia toda verdadera filosofía, especialmente la civil y la moral, que nunca puede parecer propicia a la ambición o a eximirles de la obediencia que deben al poder soberano53.
Después de que el rey hubo acusado de alta trai ción a lord Kimbolton 54, miembro de la Cámara de
53 En este lugar F. T. inserta entre corchetes el siguiente pasaje borrado del manuscrito: «Esa reputación que tienen en las ciencias no ha procedido de algo que ellos hayan realizado mediante esas ciencias, sino de la debilidad del pueblo, que no entiende nada de ellas y no admira sino lo que no entiende. Recientemente se ha eri gido una compañía de caballeros para la promoción de la filosofía natural y las matemáticas. Qué producirán, todavía no lo sé; pero de lo que estoy seguro es de que la autoridad de otorgar licencia a los libros que se escriban sobre esa materia no la tienen ellos, sino algunos teólogos que tienen poco conocimiento de física y ninguno de matemáticas.» (Hay aquí una inequívoca referencia a la Royal
Sociely fundada por Carlos II en 1662; en él se percibe también,
creo yo, el resentimiento de Hobbes, que no consiguió ser admitido en elía, y cuyas teorías matemticas y físicas fueron duramente criti cadas por miembros prominentes de la misma.)
54 Edward Montagu conde de Manchester, vizconde de Mande- ville, barón de Kimbolton of Kimbolton (1602-1671), uno de los lí deres de la facción contraria al rey en la Cámara de los Lores y ge neral de las tropas parlamentarias. Se opuso, sin embargo, al proceso y ejecución de Carlos I. Ostentaba el mando supremo cuando la victoria de Marston Moor (1644). A causa de sus desa venencias con Cromwell, y apremiado por la «ordenanza de auto- exclusión», en 1645 dimitió de sus cargos. Con la restauración se ganó el favor de Carlos II.
los Lores, y a Hollis, Haslerigg55, Hampden56, Pym'1 y Stroud58, cinco miembros de la Camára Baja, y una vez que el Parlamento hubo votado la expulsión de los obispos de la Cámara de los Pares, en las peticio nes que dirigieron a su Majestad persiguieron dos co sas. Una era que el rey declarara quiénes eran las per sonas que le aconsejaron ir, como hizo, a la sede del Parlamento para aprehenderlos, y que las entregara al Parlamento para que recibieran castigo condigno. Y esto lo hicieron con el fin de colgar a su Majestad el sambenito de haber abandonado a sus amigos y ha berlos vendido a sus enemigos. La otra era que les concediera una guardia procedente de la ciudad de
55 Arthur Hesilrige, o Haselrigg (1601-1661), miembro del Par lamento Corlo y del Largo, tuvo una importante participación en el procesamiento de Thomas Wentworth, conde de Strafford. En la época del Protectorado se declaró en la oposición, aunque siguió formando parte de varios parlamentos. Tras la Restauración fue he cho prisionero y, como tal, murió en la Torre de Londres.
56 John Hampden (1594-1643), experto en Derecho fiscal, estu vo preso durante un año en 1627 por negarse a pagar un empréstito forzoso. Más adelante fue uno de los enemigos más pugnaces del pago del ship-money (como ya hemos visto, en 1635 se negó a pa gar veinte chelines en concepto de ship-money, originando un inci dente que levantó mucho ruido). Fue uno de los principales colabo radores de John Pym.
57 John Pym (1583/84-1643), parlamentario desde 1621, fue uno de los más hábiles parlamentarios y uno de los más eficaces orado res de la época. Ejerció tal influencia en el Parlamento que se ganó el sobrenombre de «rey Pym». Experto en finanzas y en asuntos coloniales, y enemigo de papistas y arminianos, en el Parlamento Largo lideró el llamado «grupo medio» del conde de Bedford, que buscaba un compromiso entre la corona y el Parlamento intentado forzar al rey a aceptar un gobierno que gozara de la confianza del Parlamento. En gran medida fue suya la iniciativa del procesa miento de Strafford por alta traición y a él se debe la base de la ar gumentación para su condena.
58 William Strode, o Stroud (1599-1645), uno de los líderes par lamentarios de la oposición puritana. Tras una larga prisión de once años (de 1629 a 1640), en el Parlamento Largo se reveló como uno de los más acérrimos enemigos del rey. Apoyó tanto el procesamiento de Strafford como la Granel Remonstrance.
Londres, para ponerla a las órdenes del conde de Es sex, pretextando que de lo contrario no podrían reu nirse con seguridad; cosa que no era sino una censura a su Majestad por dirigirse al Parlamento mejor acompañado que de ordinario para apresar a los cinco miembros sediciosos mencionados.
B.
No veo razón alguna para que, al solicitar una guardia, la refieran en particular a la ciudad de Lon dres y al mando del conde de Essex, a menos que quisieran dar a entender al rey que era una guardia contra él mismo.A.
Su intención era que el rey lo entendiera así, y realmente creo que querían que lo tomara como una afrenta. Y el mismo rey, entendiéndolo así, se negó a concederla, aunque, si no había otro modo de satisfa cerlos, se mostró dispuesto a ordenar que se pusiera a su servicio una guardia, de la que pudiera responder ante Dios Todopoderoso. Por otra parte, la ciudad de Londres (empujada, sin duda, por algunos miembros de la Cámara Baja) pidió al rey que pusiera la Torre de Londres en manos de personas de confianza, en tendiendo por tales aquellas que el Parlamento apro bara, y que señalara una guardia para la seguridad de su Majestad y del Parlamento. Este método de pre sentar peticiones de forma tumultuaria, por medio de grandes multitudes de gentes clamorosas, era corrien te en la Cámara de los Comunes, cuya ambición nun ca podría haberse visto servida por vía de súplica y solicitud, sin hacer uso de un extraordinario terror.Una vez que el rey renunció a la persecución de los cinco miembros, pero también se negó a dar a cono cer a quienes le habían aconsejado ir en persona a la Cámara de los Comunes, interrogaron al Fiscal Gene ral 59, que por orden del rey había presentado los car gos de la acusación formulada contra ellos, y median te votación le declararon infractor del privilegio del
Parlamento. Y sin duda le habrían hecho sentir su crueldad si no hubiera abandonado el país a toda prisa.
Hacia finales de enero60 elaboraron una orden de las dos Cámaras del Parlamento para impedir el envío de comandantes papistas a Irlanda; temiendo no tanto eso como que con ocasión de ello el mismo rey. al elegir a sus comandantes para ese servicio, pudiera obtener de Irlanda ayuda contra el Parlamento. Pero eso no fue gran cosa comparado con una petición que enviaron a su Majestad por la misma época, es decir, sobre el 27 o el 28 de enero de 164161, en la que de hecho reclamaban la soberanía absoluta de Inglaterra; aunque en vida del rey no la exigieron por ese nom bre. Pues a fin de que pudieran eliminarse los temo res y peligros de este reino, e impedirse los malvados designios de los enemigos de su paz, ruegan que su Majestad tenga a bien poner sin dilación en manos de aquellos que les fueran recomendados por las dos Cá maras del Parlamento, primero, la Torre de Londres, segundo, todos los demás fuertes, tercero, toda la mi licia del reino. Y a esto lo llaman una «petición nece saria».
60 De 1642.
61 En el margen de la Ed. M. figura la corrección: «2 de febrero de 1641». A pesar de todo, con arreglo a nuestro actual modo de fechar se trata de 1642.
Aprovecho la ocasión para aclarar un punto que puede causar perplejidad al lector desprevenido. En la época de Hobbes todavía estaba en vigor en Inglaterra el calendario juliano, que sólo en 1752 habría de ser sustituido por el gregoriano (el «nuevo estilo» para emplear la denominación corriente). Además de un desfase de diez días, desde el siglo xiv el año, con arreglo al «viejo estilo», empe zaba el 25 de marzo, día de la Anunciación. Eso explica algunas pe culiaridades del texto, como, por ejemplo, que Hobbes date a fina les de un determinado año un acontecimiento que, con arreglo al cómputo actual, habría tenido lugar a comienzos del siguente, o que (como en este caso) lo date con una cifra que, según el «nuevo esti lo», correspondería al año anterior. Añadiré que, para evitar compli caciones, en las notas siempre he seguido el actual modo de fechar.