Génon ha escrito que los lazos que vinculan a la Franc-Masonería con las organizaciones preexistentes, son de una extrema complejidad78. Además de las “herencias pitagóricas y templarias, que están atribuidas muy frecuentemente al orden masónico, existe otra que lo reivindica igualmente: la de los Rosa-Cruces. La realidad de esta herencia ha sido objeto de múltiples controversias. Y si la herencia templaria ha podido pasar a la Masonería, ha sido debido, en gran parte, por la intermediación del Rosacrucianismo auténtico; puesto que, según René Guénon, “después de la destrucción de la Orden del Templo, los iniciados del esoterismo cristiano, se reorganizaron, según las ideas del esoterismo islámico, para mantener, en la medida de lo posible, el lazo que aparentemente había sido roto por esta destrucción; pero, esta reorganización, debió hacerse de una forma muy oculta, invisible en cualquier forma, y sin tomar apoyo en ninguna institución conocida exteriormente, que, como tal, hubiera podido ser la causa de una nueva destrucción”79.
En un ya antiguo artículo80, uno de los mejores historiadores actuales de la Masonería, M.G.-H. Luquet, había abordado esta cuestión analizando los diversas textos sobre los que ha intentado probarse que, los Rosacrucienses, han jugado un papel en el paso de la Masonería operativa a la especulativa. Son diversos poemas, opúsculos, cartas y artículos de revistas, los que fueron seleccionados de 1638 a 173081. Si bien parece, como dice M. Luquet, que cada uno de estos escritos, tomado por sí sólo, no demuestra gran cosa, es extraño ver como en seis de los nueve textos analizados, el nombre de los Franc-Masones se acerca al de los Rosa-Cruces y, en un séptimo texto, al de los Cabalistas. Este conjunto de coincidencias es digno de examen, si se piensa en el hábito de ciertos rosacrucienses de proceder por alusiones, de atraer la atención para desviarla luego, de propagar, ellos mismos, el descrédito de sus propias obras.
El octavo de los nueve textos estudiados, que M. Luquet analiza profundamente, está titulado Long Livers (lo que podría traducirse por “Aquellos que están dotados de longevidad”), publicado en Londres en 1723, bajo el nombre de Eugñenius Philalethes junior. Es la traducción de un tratado hermético de Arnau de Vilanova, traducción dedicada a “los Grandes-Maestros, Maestros, Vigilantes y Hermanos de la muy antigua y honorable Fraternidad de Franc-Masones de Gran Bretaña e Irlanda”. Sobre la identidad de esta obra, por lo demás muy interesante, nos dice M. Luquet: “Llamándose Eugénius Philalethes el joven, tiene el aspecto de querer situarse bajo el patrón de un
78El Esoterismo de Dante, cap. IV, in fine.
79Apreciaciones sobre la Iniciación, cap. XXXVIII. 80El Simbolismo, Junio de 1951.
81Estos datos son interesantes. 1638, supone tres años después del “período francés” de la guerra de los Treinta años;
período, que debió ver la destrucción irreparable del Santo-Imperio; después de lo cual, los Rosa-Cruces dejaron Europa y se internaron en Asia. Cuando, en 1730, es 13 años después de la fundación de la Gran Logia del los “Modernos”.
Eugénius Philalethes más anciano. En fin, los libros impresos de 1650 a 1657, estaban firmados por Eugénius Philalethes. Su verdadero nombre fue Thomás Vaughan. Pero la cuestión se complica. Obras del mismo género que las de Eugenius Philalethes, fueron publicadas en Ámsterdam y en Londres, de 1664 a 1678, por un cierto Eirenaeus Philalethes, “Inglés de nacimiento y cosmopolita de residencia”, al que no hemos llegado a identificar. Varios autores han confundido a estos dos Philalethes, pero son más excusables de lo que ha llegade a decirse; Eirenaeus, él mismo, hubiera tomado por una de sus obras, el nombre de Eugénius. No sería, por tanto, nada sorprendente que ese Eugénius Philalethes el joven, haya cometido la misma confusión, y, situándose bajo el signo de Eugenius, se haya inspirado a la vez en Eugenius y en Eirenaeus”. En resumen, todo se ha hecho perfectamente, y muy perfectamente, para “quemar las pistas” y que no se encuentre nada. Los que quieran otros datos sobre los dos (o tres) Philalethes, “jóvenes” o no, y que aparecieron, por aquí y por allí, bajo los nombres de Georges Starkey, Dr. Zheil, Childe, Carnobius, pueden consultar ciertas obras de René Guénon82 y de Sédir83.
Sea lo que fuere, Long Livers, debió tener una cierta repercusión en el mundo masónico, pues M. Luquet nos enseña que, cinco años más tarde, un alto dignatario de la Masonería galesa, Edward Oakley, pronunció, ante la Logia londinense “En los tres Compases”, un discurso que fue impreso en un documento oficial, y en el que, no sólo tomaba las ideas de Long Livers, “sino hasta pasajes textuales entre-comillados”.
Señalaremos tres puntos de los que no se ha hablado en el artículos de M. Luquet, y que, nos parece, tienen cierta importancia. En primer lugar, está muy claro que Long Livers no hace ninguna mención de los Rosa-Cruces, y que esta obra no está “firmada” por ellos, pues en una parte del prefacio que precede a la de M. Luquet ha traducido, se habla de ciertas personas “cuyo nombre debe estar rayado (¿eliminado?) para siempre del libro M”. Se trata, evidentemente, del “Libro M” de los Rosa-Cruces, que se ha interpretado por Liber Mundi o incluso por Mutus Liber, y que es el único libro sobre el que consienten leer, ellos, que no escriben nada. Seguidamente, se hace mención del Long Livers y del “Hermano” Eugenius Philalethes, en una obra editada en Londres, en 1723 “para el uso de las Logias” y titulada Ebrietatis Enconium (“Elogio de
entusiasmo”). En fin, muchos autores han pensado que Eugenius Philalethes era un
cierto Robert Samber, que vivía en el entrono del duque de Montagu, sucesor de Désaguliers como Gran-Maestro de los “modernos”.
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Según Guénon, la doctrina profesada por los Rosa-Cruces auténticos, era reveladora del “hermetismo cristiano”84. Ahora bien, es remarcable que el grado masónico de Rosa-Cruz, que se encuentra en casi todos los sistemas de altos grados85. Es especialmente hermético y cristiano. Es tan así, que el signo de reconocimiento de
82Notablemente en El Teosofismo. En el capítulo IV, menciona que, en una organización rosacruciana del siglo
XVIII, y, por tanto, muy tardía, la “Rosa-Cruz de Oro”, aun prescribe que “cada hermano cambiará sus nombres y apellidos después de haber sido admitido, y hará lo mismo cada vez de cambie de país”. Sobre Eugénius Philalethes, ver la misma obra, pgs. 55 y 56.
83Historia y Doctrina de los Rosa-Cruces, capítulos VI y VII. 84Apreciaciones sobre la Iniciación, cap. XXXVIII y XLI.
85En el Rito Escocés, la denominación completa de este grado, es la siguiente: “Caballero del Águila y del Pelícano,
este grado, hace visiblemente alusión al adagio de la Tábula esmaradigna: “Lo que está arriba es como lo que está abajo y, lo que está abajo, es como lo que está arriba”. El carácter cristiano del grado viene marcado por el hecho de que, el “signo del orden” es llamado “Signo del Buen Pastor”, y que la “edad ritual de los Hermanos es de 33 años”. La palabra de paso es “Emmanuel” y, la palabra sagrada, que no se pronuncia, está constituida por las cuatro letras “I.N.R.I.”, cuyo evidente significado es a la vez cristiano (Jesús Nazarenus Rex Judeorum) y hermético (Igne Natura Renovatur
Integra)86.
Vayamos ahora al misterio casi insondable que rodea todo lo que concierne a los Rosa-Cruces. Guénón ha subrayado el hecho de que, el mismo nacimiento de este “Colegio de Invisibles”, debió ser cuidadosamente ocultado, a fin de evitar que se renovara el drama de 1314. Es, en efecto, la razón inmediata, y casi podríamos decir “histórica”, del secreto que concierne al origen de la Rosa-Cruz, y también de las diferentes actividades de las que ha podido ser la inspiradora. Luigi Valli, por trabajos destacables, ha llegado a descifrar el lenguaje secreto de los iniciados contemporáneos de Dante, para los cuales, por ejemplo, la palabra “llorar” significa, en realidad, “disimular”. Este disimulo podría llegar muy lejos, puesto que, en el Romance de la
Rosa, un papel, por así decirlo, benéfico, es atribuido al personaje de la Falsa-
Apariencia87. Pero hay que recordar que ésta es una razón puramente contingente del secreto iniciático; secreto, que tiene, ante todo, a su propia naturaleza, que lo hace inexpresable en la lengua profana.
Es evidente que, mientras la Masonería ha recibido en herencia88 el “depósito iniciático” de tal otra organización que desaparecía como tal, un secreto absoluto sobre el “transfert”, debía ser guardado por las dos razones que acabamos de indicar. En principio, una organización no desaparece, al menos generalmente, sino está acollada por una hostilidad exterior, y esta hostilidad, pudiera reportarse a una organización heredera, si ésta fuera conocida89. Además, una transformación tal, corresponde exactamente a una muerte seguida de un renacimiento, es decir, a un cambio de estado, que no puede cumplirse más que en la obscuridad.
86Los elementos cristianos vienen aun acentuados en el “ágape” del grado 18º, donde la mesa debe tener forma de
cruz griega y toma el nombre de “altar”, los vasos son designados bajo el nombre de “cáliz”, _ y, sobre todo, en la “cena mística de los Rosa-Cruces”, que se celebra en Jueves Santo. Las iniciaciones de los I.N.R.I., son aun interpretadas de una tercera forma en las “cuestiones de orden” del grado. He aquí las cuatro cuestiones: “¿De dónde venís?” De Jerusalén ._ ¿Dónde vais? A Nazaret._¿Quién es vuestro guía? El Arcángel Rafael._ ¿De qué tribu sois? De Judá”. Las dos primeras respuestas, tienen evidentemente un carácter cristiano pronunciado. La tercera, comporta un sentido hermético, pues Rafael (“Remedio de Dios”) hace alusión al elixir de larga vida, es decir, a la “verdadera medicina” (la veram medicinam del acróstico Vitriolum). En cuanto a Judá, era la tribu real de los Judíos.
87Los dos personajes evangélicos, que juegan un papel en las leyendas de la Mesa redonda y del Santo-Graal, son
José de Arimatea y Nicodemo, de quienes, en la Escritura, se dice haber sido discípulos de Jesús, pero en secreto por temor a los Judíos”. Esta mención de secreto, es evidente -ya que, en el contexto escritural, no puede decirse que sea elogiosa- que ha hecho escoger a los dos discípulos como depositarios de secretos esotéricos. Y, es por la misma razón, por lo que varios de los amores simbólicos de los caballeros del Graal, son amores secretos y, a veces, culpables. El ejemplo más típico es el amor de Lancelot del Lago por la reina Ginebra, amor cuyo carácter secreto, fue incluso conservado, en el episodio de “Ordalie”, por el artífice de una mentira particularmente grave, lo que, por otra parte, justifica las duras expiaciones en las que, los dos héroes, acabaron sus días. No es necesario decir que, tomar estas formas un poco particulares del simbolismo, -al igual que aquellas, tan análogas, que encontramos en Bocacio y en Rabelais, para los verdaderos elogios de embriaguez, de la mentira y del adulterio,_ sería simplemente mostrarse incapaz de romper el hueso y succionar la substanciosa médula”.
88En ciertos rituales los Hermanos del grado 18º, son llamados “Soberanos Príncipes de Heredom”, y aquí la palabra
Heredom hace alusión, no a los Harodim de la Masonería operativa, sino a la herencia (heirdom en inglés) y, en particular, a la herencia de los Templarios.
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Querríamos ahora fijar la atención sobre un punto importante. Guénon subraya el hecho de que, la institución de la Rosa-Cruz, fue el resultado de un acuerdo o alianza de los iniciados cristianos con los iniciados musulmanes. Esto es, por otra parte, totalmente natural, puesto que los Templarios -la cuestión es harto conocida- mantuvieron relaciones continuas con ciertas organizaciones islámicas90. Ahora bien, si la Rosa-Cruz se vincula al hermetismo cristiano, hay que acordarse que también hay un hermetismo musulmán, puesto que, según Guénon, el hermetismo es una ciencia de origen egipcio, revestida de una forma griega y que fue transmitida, a la vez, al mundo cristiano y al musulmán; y, en gran parte, al primero de estos dos mundos, por intermediación del segundo91. El hermetismo, como la Masonería, es el “Arte Real”, y no hay que extrañarse de las relaciones de la Rosa-Cruz con el “Santo-Imperio”. Es al final de la guerra de los treinta años, 333 años después de la ruina de los Templarios92, que los Rosa-Cruces desertan de Europa, donde el Santo-Imperio no es más, en adelante, que una “ficción diplomática”. En el siglo XVIII, la creación del Consejo de los Emperadores de Oriente y Occidente”, prepara las vías para lo que vendrá cuando Napoleón haya llevado el golpe de gracia al Imperio romano-germánico, los “Supremos Consejos del Santo-Imperio”, cuyo ritual lleva trazos evidentes de una inspiración marcada por el sello de la más alta espiritualidad93.
90Mientras que las relaciones de los Templarios con los musulmanes, jamás se han puesto en duda, ¿no es extraño
que no se haya hablado casi nunca de las relaciones que hubieran podido existir con los cristianos de las Iglesias “bizantinas”, sabiendo que el Emperador de Constantinopla era, al menos nominalmente, el soberano de los Estados fundados por las Cruzadas?
91Cf. Apreciaciones sobre la Iniciación, cap. XLI. Los lazos entre hermetismo cristiano y hermetismo islámico,
vienen simbolizados por una célebre “anécdota” en la historia de Carlomagno. Este fundador del Santo-Imperio recibe, justo después de su consagración, una embajada de Haroun al-Rachid, califa abbasside de Bagdad, que aportaba al soberano las “llaves del Santo Sepulcro”. Se sabe que el “poder de las llaves” es una noción específicamente hermética.
92Sobre el número 333, cf. Formas Tradicionales y Ciclos Cósmicos, pg. 168. Es como el 666, en relación (benéfica
o maléfica) con la figura de César, primer fundador del Imperio Romano. Muchas cosa también podrían decirse sobre el número 111 y sus diferentes múltiplos. La Predicción de los Papas, atribuida a San Malaquias, que es, con las Centurias de Nostradamus, la única predicción no escrituraria a la que Guénon ha dado cierta importancia; es una lista de 111 divisas. A propósito de las Centurias, es bastante distraído ver las actuales tentativas de interpretación. Aunque se exceptúe un pequeño número de coincidencias muy chocantes, como la relativa a la muerte de Enrique II y las cinco o seis estrofas que Napoleón evidentemente anotó, es posible que todo los demás no sea más que un puro “relleno”. En este caso Michel de Notre Dame, ha debido divertirse previendo los penosos esfuerzos de sus futuros comentadores; él, que no quería más que poner atención en las dos fechas sobre las que ha escrito “claro”: La fecha en prosa y la fecha en verso. En cuanto a la “predicción de los Papas”, las búsquedas recientes, parecen probar que se remonta a la misma época que San Malaquias. Sobre éste último, no debe considerarse inútil ofrecer algunos detalles. Era un monje cistercense, amigo íntimo de San Bernardo y que fue elevado a Arzobispo de Armagh, en Irlanda. Volviendo a Roma, paso por Clairvaux, donde murió en brazos de San Bernardo. Fue enterrado en el cementerio de la Abadía, donde Bernardo más tarde le acompañó. En la revolución, las sepulturas de los dos santos, fueron violadas, y sus huesos fueron mezclados. Hoy en día aun, las reliquias del legislador de los Templarios y las del autor, bajo cuyo patronazgo se han atribuido la predicción de los 111 lemas, son veneradas conjuntamente en una iglesia de Troyes. Recordemos en fin que Guénon reconocía que la labor de los Templarios no era extraña a la predicción atribuida a San Malaquias.
93Michel Valsan, en los Estudios Tradicionales de Junio, Julio-Agosto y Septiembre, de 1953 y bajo el título de Los
últimos altos grados del Escocismo y la realización descendente, ha ofrecido un destacable artículo sobre ciertos símbolos de este grado, que están en evidente relación con la Tradición primordial.
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Según Guénon, existe una distinción esencial entre los Rosa-Cruces y los Rosacrucenses. Los primeros han alcanzado un muy alto grado de realización espiritual, no escriben, y partieron de Occidente a mediados del siglo XVII, es decir, poco antes de que la Masonería operativa comenzase a devenir especulativa. En cuanto a los Rosacrucenses, han jugado un papel de mucha más “acción “, y fueron sin duda los “órganos” de los verdaderos Rosa-Cruces, que son los auténticos “Superiores Desconocidos”; y es por lo que, las tentativas hechas en el siglo XVIII para establecer un contacto con estos últimos, han fracasado lamentablemente, al igual que la Estricta Observancia, que fue el origen de estas tentativas, había cometido la insigne y casi sacrílega torpeza, de asignar, como fin de su actividad, el descubrimiento del tesoro de los Templarios. Tesoros “monetarios, bien entendido, y las manes de Phillepe le Bel, debieron estremecerse de envidia si llegare a conocer la ¡noticia! Pero es un tesoro de un alto “valor” y también de una muy alta “significación”, que a los iniciados, que velan en la Masonería, se les ha permitido recoger la herencia. En el momento en que esta Masonería estaba en el punto de perder su carácter operativo y de asumir su transformación “especulativa”, y como para comprender, en alguna medida, esta indudable degeneración, las numerosas organizaciones iniciáticas y, sobre todo, las organizaciones caballerescas aun subsistentes, iban a encontrar, en el seno de las Logias, un refugio seguro y definitivo.
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Recordábamos anteriormente, que la doctrina esotérica que existía en Occidente antes de la aparición de Rosacrucianismo, “presentaba características que permitían encuadrarla en lo que, generalmente, llamamos como hermetismo94. Guénon seguía así: “la historia de esta tradición hermética, está íntimamente ligada a la de las Órdenes Caballerescas, y era conservada por organizaciones iniciáticas como las de la Fede
Santa y los Files de Amor”, y de la Massenie del Santo-Graal.
M. Jean-Pierre Berger ha examinado en un largo artículo95, las relaciones entre las dos organizaciones que tienen lazos directos con la Franc-Masonería, a saber: los Fieles de Amor y los Templarios. Como todos los estudios de este autor, este artículo toca cuestiones de la más alta importancia. M. Berger conoce muy bien la Obra de Guénon; pero ha querido hacer búsquedas personales “a fin, dice, de confirmar y precisar la adhesión que se ha podido hacer a la palabra de un hombre, del que no sería, a pesar de todo, muy razonable tener una “fe” ciega, aunque sí digna de confianza en la casi totalidad de los casos”. Es cierto que una actitud “pasiva” no es del todo indicada para abordar una obra tal; y nadie ha reclamado jamás, para las verdades tradicionales, una “fe” ciega. Guénon dijo un día a Oswald Wirth: “En materia de metafísica, se
94El Esoterismo de Dante, cap. IV.
comprende o no se comprende”. La adhesión a los principios, que se traduce prácticamente por una cierta comprensión del simbolismo (que es “el idioma de la metafísica”), he aquí, en definitiva, la principal condición requerida para recoger