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La Teología de la Liberación en la Iglesia Chilena

En América Latina, la década de los sesenta es la época de la revolución. La triunfante Cuba de Fidel Castro despierta a miles de jóvenes en el continente y los empuja a buscar respuestas a los profundos problemas sociales del continente. Desde el diagnóstico de la miseria, surge la teoría del capitalismo atrasado, aquel que produce subdesarrollo y pobreza, el que se enfrenta a la teoría de la dependencia que reafirma la necesidad de destruir la máquina de desigualdades que funciona en el tercer mundo, especialmente en América Latina. Según esta última teoría, la miseria no se explica solamente por el subdesarrollo del aparato productivo, sino como consecuencia de la dependencia que durante siglos han sufrido los pueblos americanos por parte de los imperios coloniales y neocoloniales

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como España, Portugal, Inglaterra y los Estados Unidos.

Las relaciones económicas entre el norte y el sur implican la compra a bajo costo de las materias primas, las que son procesadas y manufacturadas en alta tecnología. Esto produce mayores procesos de empobrecimiento de los países y sus trabajadores, los que se ven obligados a buscar mecanismos de liberación para romper con el sistema de dependencia que no les permite alcanzar un pleno desarrollo.

En este marco, la conferencia de obispos efectuada en la ciudad colombiana de Medellín, en 1968, ve la injusticia en la institucionalidad política y cultural del continente. La conferencia episcopal observa una situación de violencia instalada en el continente, una situación de pecado social que requiere la acción de una iglesia comprometida y profética que promueva una teología liberadora para los cristianos.

Al decir del teólogo Lucio Gera: "…ser cristianos hoy día en América

Latina consiste en vivir en una óptica de fe el proceso que va de la

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dependencia a la liberación de nuestros pueblos…" .

20 Michael Lowy. “El Marxismo en América Latina” LOM Ediciones 2007.

21 Lucio Gera. “Religiosidad Popular, dependencia, liberación” Centro Editorial Dehoniano, Bolonia 1978, citado por Sergio Vuskovic en Cristianos y Marxistas en América Latina Revista Araucaria Nº 37, 1987.

En 1971, el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez publica el libro "Teología

de la Liberación, Perspectivas", donde recoge el trabajo y la experiencia

de muchos sacerdotes, laicos y religiosos que habían establecido una nueva relación entre evangelio y comunidad.

La Teología de la Liberación de Gutiérrez es profundamente bíblica, hace una lectura bíblica desde la fe de la Iglesia y desde las preocupaciones del pueblo. Accede a Dios desde el evangelio y lo redescubre revelado en la historia y en un sentido individual y comunitario. Se acerca a un Cristo que camina desde un pueblo pobre y dependiente, que tiene como misión central promover el Reino de Dios como un momento utópico de fraternidad y paz entre los humanos.

La Teología de la Liberación se hace cargo de uno de los principales desafíos de la Conferencia Episcopal de Medellín: la construcción de una iglesia con una opción preferente por los pobres. Esta nueva forma de vivir la Iglesia se estructura a partir de las comunidades cristianas de base, con un claro propósito de dar seguimiento del camino histórico de Jesús en nuestro mundo y la necesidad de ser su voz profética frente a las situaciones de injusticia y opresión:

"…la fe ayuda a entender los procesos sociales más allá de las apariencias. Estos procesos no sólo se desarrollan en un nivel económico, político o cultural. A la luz de la fe se percibe más profundamente la presencia o la ausencia de Dios. La Teología de la Liberación reflexiona desde el contexto histórico e impulsa a transformar la realidad de pecado en

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proyecto Reino de Dios…" .

La vida de esta teología abarca fundamentalmente los años 1959 a 1985, con un desarrollo permanente y creciente, reafirmada por las diferentes Conferencias Episcopales que ha vivido durante esos años América Latina (Medellín y Puebla) y por la huella que sus mártires han dejado en este compromiso con los pobres y por un Cristo liberador.

El desarrollo de las comunidades cristianas en el mundo de los pobres, a partir de las nuevas dimensiones teológicas, genera un nuevo impulso

22 Sergio Torres. “La Teología de la Liberación en Chile” en “Crónicas de una Iglesia Liberadora” Editorial LOM Santiago de Chile, Mayo de 2000.

político y social en el movimiento popular. Surge entonces un acercamiento natural al marxismo, que había sido a partir de la década del 20, el principal elemento teórico de los líderes sociales. El marxismo había impulsado con fuerza una política de acción social en todos los niveles de la sociedad. En el mundo obrero, principal conductor de las ideas de transformación social, había una influencia casi absoluta y cada vez más creciente de las ideas socialistas, las que se expresaban con fuerza en el mundo laico con un fuerte contenido anticlerical.

En Chile, la Teología de la Liberación alcanza su desarrollo durante los años 1971 y 1972. En aquellos años se consolida un movimiento que se había hecho visible en la Iglesia durante 1968 con la bullada toma de la catedral de Santiago y las acciones de rebeldía de sacerdotes en Valparaíso.

Sin embargo, la historia de la iglesia liberadora en Chile data de varias décadas atrás, con el trabajo social del sacerdote jesuita Alberto Hurtado Cruchaga. La acción social de la Iglesia que promovió Hurtado produjo un gran impacto en la elite cuando advierte al mundo católico que se requiere una nueva mirada para vincular lo espiritual con lo social en el Chile del siglo XX.

La constatación de la realidad nacional que realizó Hurtado fue impactante y se convirtió en el sustento de las posiciones más progresistas de la época:

"…la miseria que vive nuestro país es grande. Los salarios no bastan para llenar en muchas industrias y zonas agrícolas las necesidades de un individuo, menos de la familia, en forma humana. En 1938 se estimó en Santiago el salario mínimo individual de $16,37. El Salario medio pagado en la industria manufacturera en 1937 fue de 14,40 y nótese que estas industrias son las que pagan mejor salario, pero sus jornales no llegan al mínimo. La Inspección general del Trabajo estimaba a fines de 1938 en 828.000 el número de obreros que ganaban menos de diez pesos diarios, de los cuales 476.000, en su totalidad campesinos, tenían un salario

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inferior a cinco pesos diarios…".

23 Alberto Hurtado C. “ ¿Es Chile un País Católico?” en Obras Completas del Padre Hurtado citado por Carlos Huneeus en “La Guerra Fría Chilena” Ramdon House Mondadori Santiago de Chile 2009.

El trabajo del Padre Hurtado además permitió aumentar la influencia de la Iglesia en el mundo de los pobres a pesar que el clero tenía una postura concreta de alianzas con las clases altas de la sociedad chilena. El movimiento social católico impulsado por Alberto Hurtado está basado en una experiencia y una formación vinculada al medio oligárquico, donde el trabajo intelectual y operativo está desarrollado en espacios de poder como la Universidad Católica o en Colegios Jesuitas de la clase acomodada:

"…Culturalmente así, el movimiento católico social nace como un movimiento "universitario" de "intelectuales" neotomistas seguidores,

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lectores, del filósofo francés Jacques Maritain…".

El trabajo de la Juventud Acción Católica liderado por Hurtado tendrá gran influencia en la convicción democrática de los sectores católicos intelectuales, especialmente juveniles, quienes fundan la "Falange

Nacional" y posteriormente la Democracia Cristiana, con una visión

anticapitalista donde destacarían dirigentes como Eduardo Frei Montalva, Bernardo Leighton, Radomiro Tomic y Rafael Agustín Gumucio. Con la experiencia exitosa de la Acción Católica entre la década del 40 y 50, se inicia un destacado contrato y vinculo con el mundo popular. Este se expresó a través de liderazgos sociales como el de Clotario Blest, quien como líder de los trabajadores había ayudado a formar la principal central obrera de Chile, la CUT, donde además habían participado comunistas y

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socialistas en la directiva y en su originaria constitución.

La Democracia Cristiana se funda en 1957, por un destacado grupo de miembros de la Acción Católica, y se había convertido en la expresión política de la Doctrina Social de la Iglesia, impulsando, según su declaración de principios, el ascenso de las fuerzas populares tendiente a transformar las estructuras de la sociedad de nuestro tiempo. El Vaticano expresó su admiración y condescendencia con el proceso chileno luego del triunfo de Frei en 1964. La Iglesia Católica había comenzado a aceptar

24 Maximiliano Salinas C. “Historia del Pueblo de Dios en Chile” Ediciones Rehue. Santiago de Chile 1987.

25 Luis Vitale. “Interpretación Marxista de la Historia de Chile” Tomo VI Editorial LOM Santiago de Chile 1998.

al movimiento popular como un nuevo socio, pero no tranzaría en sus concepciones conservadoras provocando, a través del gobierno, una desaceleración del proceso en la mitad del gobierno de la Democracia Cristiana, específicamente en 1966, cuando se empezarán a mostrar evidentes señales de crisis, tanto a nivel de gobierno como en el mismo seno de la Iglesia.

A mediados de los años 60 comienza un dialogo entre los sectores cristianos y marxistas, fruto de las nuevas condiciones culturales, sociales y políticas que vivía el país. Con esto se recoge la dura experiencia surgida tanto en la Segunda Guerra Mundial en Europa, como la establecida en el marco de la distensión de la guerra fría tras la muerte de Pío XII y de Stalin. En Chile, sectores cristianos constituyen el MIR junto a socialistas y anarquistas, donde uno de sus principales fundadores fue el sindicalista cristiano Clotario Blest.

A partir de 1968, las concepciones de la Iglesia Liberadora tensionan al principal soporte político de la Iglesia, la Democracia Cristiana, que, estando en el poder, se resistía a avanzar hacia una verdadera transformación social que solicitaban los sectores más humildes de la población. Esta situación provocó que en 1968 se produjera la primera ruptura del PDC cuando se constituye un nuevo movimiento sustentado en los principales dirigentes de la juventud demócrata cristiana, su nombre fue Movimiento de Acción Popular Unitario, MAPU, que se definió como un partido de izquierda con inspiración cristiana cuyo objeto era la transformación radical de las estructuras. Los partidos de izquierda constituidos en la Unidad Popular pudieron decir luego de este hecho que su arco de influencia abarcaba todos los sectores y sensibilidades

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presentes en el país, incluso ahora formalmente, al mundo cristiano. En la Iglesia Católica, a su vez, se produjeron profundos cambios que también radicalizaron posiciones. El triunfo de Allende y de la Unidad Popular habían conmovido a Chile y también a sus Iglesias. El desafío establecido por el gobierno de construir el socialismo no ofrecía muchas

26 Sofía Correa, Consuelo Figueroa y otros. “Historia del Siglo XX Chileno” Editorial Sudamericana. Santiago de Chile 2001.

alternativas al mundo católico, una gran mayoría de cristianos tomó distancia del proceso, mientras que en muchos lugares fueron los mismos sacerdotes quienes entusiasmaron a sus comunidades para participar desde un cristianismo liberador y profético.

En abril de 1971, un grupo de 80 sacerdotes se reúne para reflexionar sobre la contingencia y su participación en el trabajo social y político en el Chile de Allende. Surge "La Declaración de los 80", donde se justificaba la cooperación de los cristianos en la construcción del socialismo. Este hecho tuvo gran repercusión en el país, y tanto la jerarquía de la Iglesia Católica como la prensa internacional destacaron el hecho, dando una

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significación distinta al proceso revolucionario que se vivía.

Luego de realizarse innumerables jornadas, seminarios y encuentros, en que el grupo de los 80 fue creciendo e involucrando no sólo a sacerdotes y religiosas sino también a laicos y cristianos de base, el 1º de septiembre de 1971 se constituirá en Santiago de Chile el Movimiento Cristianos por el Socialismo.

La constitución de este movimiento generó un proceso de internacionalización nunca antes visto de un hecho desarrollado y generado por la Iglesia en el país. En distintos lugares de América Latina y de Europa surgieron grupos que se vincularon con la expresión nacional, muchos de los cuales sobreviven hasta el día de hoy.

Los Cristianos por el Socialismo desarrollan a lo menos dos iniciativas significativas en el proceso de construcción del socialismo en el país. En primer lugar, el encuentro que sostuvieran con el Comandante Fidel Castro en su visita al país, el 29 de noviembre de 1971, y, en segundo lugar, el Primer Encuentro Internacional de Cristianos por el Socialismo, donde se destaca la presencia de 300 delegados internacionales, quienes reflexionaron profundamente sobre concepciones teológicas y la trascendencia política del mensaje cristiano.

Paralelamente con el surgimiento y desarrollo del grupo de los 80 y

27 Mario Amorós, “La Iglesia que Nace del Pueblo: Relevancia Histórica del Movimiento Cristianos por el Socialismo” en “Cuando Hicimos Historia” Editorial LOM 2005.

Cristianos por el Socialismo, otra iniciativa similar surge en el seno de la Iglesia Católica. Se le denomina el Grupo de los 200, y a diferencia de los grupos anteriormente señalados, no tenía como objetivo el apoyo político al gobierno de la Unidad Popular ni la construcción del socialismo, sino que desarrollan una línea eclesial y pastoral más acorde a los tiempos que se vivían en nuestro país.

La iniciativa del Grupo de los 200 había nacido en la diócesis de Talca por el interés de Sergio Torres, Alejandro Jiménez y Tomás Maney, y luego se les unirían en Santiago Ronaldo Muñoz y otros sacerdotes con intereses similares y preocupaciones por seguir apoyando los cambios que requería la Iglesia. Quienes estaban detrás del grupo de los 200 definían su trabajo como:

"… reuniones que no tienen carácter oficial. Jornadas privadas de reflexión y estudio de sacerdotes que no pretenden representar a

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nadie…".

En las jornadas de trabajo impulsadas por el grupo de los 200 surgieron iniciativas y propuestas como, por ejemplo, la no obligatoriedad del celibato de los presbíteros, la existencia de un clero célibe y otro casado; la recomendación del sacerdocio obrero, iniciativas que fueron aprobadas por los sacerdotes y religiosas participantes y que fueron presentadas para ser enviadas al Vaticano como solicitud de sacerdotes chilenos. En dichas jornadas y asambleas además participaban destacados obispos como Monseñor Carlos González, Bernardino Piñera y Fernando Ariztía.

El trabajo del grupo de los 200 se desarrolló hasta 1973 como una fecunda elaboración teórica respecto a las líneas sacerdotales y su misión histórica en el proceso chileno. Esta coordinación fue fundamental a la hora del Golpe Militar, al establecer, ya no en términos teóricos, una visión del trabajo cristiano que implicaba vivir la fe a partir de la defensa de la vida y la libertad ante el sistemático abuso a los derechos humanos de miles de compatriotas.

28 Roberto Bolton. “Los 200” del libro “Crónicas de una Iglesia Liberadora” Editorial LOM Santiago de Chile 2000.