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TEORÍA DE LA LIBERTAD, ¿QUÉ ES LA LIBERTAD? (SELECCIÓN DE PASAJES)*

In document FilosofiaModuloIAlumno2005.pdf (página 34-42)

Kenjuro Yanagida

La libertad no puede suprimir la necesidad regular

El hombre dominó la naturaleza, pero no suprimió la regularidad objetiva de la naturaleza. La ley de gravedad ejerce un dominio absoluto en el mundo, lo mismo en nuestros días que antes de la aparición del hombre. Tampoco el progreso del conocimiento humano y el desarrollo de la libertad ejercieron influencia alguna, ni modificaron en nada, otras leyes naturales. Lo único que pueden hacer los hombres es tener un conocimiento cabal de estas leyes y actuar de acuerdo con ellas. Unicamente siguiendo a estas leyes de la manera más escrupulosa podemos utilizarlas, y dirigiéndolas, hacerlas concordar con nuestras necesidades vitales. Podemos conocer la necesidad y subordinarla a la libertad.

¿Acaso no podemos decir lo mismo con respecto a la sociedad? La anarquía de la producción engendrada por la propiedad privada de los medios de producción, la superproducción industrial, que surge en determinadas etapas del desarrollo de las fuerzas productivas –todos estos fenómenos son provocados por una determinada necesidad regular. Por voluntad propia no podemos suprimir esta necesidad regular como tal. Solamente cuando la hayamos conocido como verdad científica objetiva y actuemos de acuerdo con este conocimiento, podremos evitar las consecuencias negativas de su acción. Ahora bien ¿cómo actuar en estos casos? El hombre puede conjurar la manifestación dañina de la ley así como evita el daño del rayo instalando un pararrayos. No es posible suprimir la ley; solamente es posible modificar las condiciones de su manifestación.

La libertad es posible sólo en el. marco de la necesidad regular

Sin embargo, para eso no basta con sólo conocer la verdad. Es necesario, apoyándonos en este conocimiento, seguir estas leyes sin infringirlas; y ya sea modificando las condiciones de su acción, o creando nuevas condiciones que anulen la acción de las mismas, debemos estimular los aspectos benéficos para nuestra vida y anular los negativos, o modificar la acción de una ley dada con la acción de otras leyes. Allí reside la historia de la cultura del hombre y el sentido de nuestra libre actividad. Pero la libertad jamás sale del mundo de la necesidad y debe realizarse en él de acuerdo con sus leyes. Si por nuestra acción de carácter revolucionario conseguimos transformar radicalmente la sociedad capitalista y crear una sociedad totalmente diferente, entonces, la mayoría de las leyes que dominaban en la sociedad capitalista pierden su fuerza. Visto de esta manera, nuestra actividad sobrepasa los límites de las leyes. Sin embargo, no significa eso que después de la transformación nuestra actividad opere en una sociedad en que las leyes objetivas ya no actúan., Los hombres sólo pasan de una sociedad donde dominan ciertas leyes sociales a otra sociedad con leyes diferentes (siguiendo para ello las leyes generales del desarrollo social). La sociedad no sobrepasa los límites de la necesidad regular. ¿Puede un individuo aislado en cualquier momento crear a su arbitrio una nueva sociedad? No, no puede. En la transición del capitalismo al socialismo existe también una determinada regularidad. Es necesario que el sistema capitalista llegue en su desarrollo a rebasar determinado límite y que existan ciertas

premisas necesarias: por una parte, la aparición y desarrollo del capital monopolista y el advenimiento del imperialismo; por otra parte, el desarrollo de la conciencia internacionalista de la nueva clase, el proletariado. La fuerza rectora y organizada del proletariado, en posesión de la mencionada conciencia, se convierte en el centro y fuerza motriz de esta transformación. Por lo tanto, no es posible la revolución social en base a utopías y conspiraciones de pequeños grupos de intelectuales mientras el proletariado todavía no se hizo revolucionario; tampoco es posible dirigir de tal manera el desarrollo social que se marche del capitalismo a cualquier otro régimen social que no sea el socialismo. Tales cosas son irrealizables, por más que se forjen planes teóricos apoyados en nuestra libre voluntad. Así como el feudalismo sólo se pudo desembocar en el capitalismo, del capitalismo sólo se puede pasar al socialismo, o sea, a una sociedad basada en la propiedad social de los medios de producción. Pese a que decimos que las revoluciones sociales se realizan por la libre voluntas del hombre y a consecuencia de su actividad, es evidente que para lograrlo deben crearse, de acuerdo con la necesidad histórica, las condiciones objetivas que determinan ya sea el momento de su realización como su orientación.

Por supuesto, más de un camino lleva al socialismo. Además del camino por el que se desarrolló la revolución en la Unión Soviética, existen otros diferentes caminos: el de las democracias populares en la Europa Oriental y en China. Futuras revoluciones podrán marchar por otros caminos aún. Sin embargo, por diferentes que sean estos caminos no son elegidos por los individuos por voluntad propia, sino que están determinados objetivamente, de acuerdo con la necesidad, en consonancia con la realidad de un medio histórico determinado. Los líderes de la revolución pueden contar con la victoria, no cuando determinan por propio arbitrio el camino de desarrollo, sino cuando siguen el camino de la necesidad objetiva. En último término, esto nos conducirá inexorablemente al sistema socialista. Nuestra historia, en un sentido amplio de la palabra, siempre y en todas partes se mantiene dentro del marco de la necesidad, aun cuando en ciertos aspectos particulares nos parezca plena de libertad y casualidades. Únicamente coordinando nuestra acción con la necesidad regular tendremos la práctica de la libertad y el camino hacia la libertad.

*En teoría de la libertad, ¿Qué es la libertad?, Ed. Quinto Sol, México 1992, pp. 156-163.

Las irreales fantasías de las teorías idealistas

La libertad no suprime las leyes de la necesidad como tales, ni sobrepasa sus límites. Libertad significa que, en base al conocimiento de las leyes y a consecuencia de la actividad apoyada en ellas, podemos crear las condiciones necesarias para suprimir los aspectos de estas leyes que dificultan la felicidad humana y, por lo tanto, utilizarlas en beneficio de nuestros intereses vitales. En este caso el hombre ya no es esclavo de la naturaleza y de la sociedad, sino el dueño de éstas. Se convierte en sujeto que no se halla bajo el poder del medio, sino que lo domina. Con todo, no significa que se torne un espíritu todopoderoso colocado por encima del medio. Ciertas personas de pensamiento metafísico, dando a sus ideas la categoría de absoluto, propagan el ilusorio concepto de que, en base a una transformación ideal de la conciencia, semejante al “renunciamiento y disolución” de Buda, con la ampliación infinita de la libertad subjetiva y de los límites de lo trascendental, el hombre puede convertirse en un ser absolutamente libre, para quien las limitaciones y el acondicionamiento dejen desistir. Pero, para quien

contemple con objetividad científica la realidad, dialécticamente tales fantasías religiosas no son admisibles. En un mundo donde todo está relacionado mutuamente, sin exceptuarse el hombre, nada, ni nadie, puede liberarse de los vínculos del recíproco acondicionamiento. La idea de que el hombre, al modificarse a sí mismo mediante una emancipación del espíritu o por un despertar espiritual, modifica el mundo entero, no es otra cosa que ilusión religiosa, idealista, subjetiva en extremo.

Las cosas todas están en el mundo mutuamente ligadas; este hecho crea un vínculo omnímodo, en el cual las cosas mantienen su existencia. Allí donde no hay sujeto, no existe el medio; y donde no hay medio, el sujeto no existe. La libertad no condicionada por la necesidad, es semejante al movimiento de un par de alas donde no hay atmósfera.

Huir de la necesidad no es posible

Por lo tanto, aún cuando el hombre puede ir ampliando su libertad constantemente sobre la base del conocer y la acción, sin embargo, la ampliación no anula la acción de las leyes objetivas. Así como el dominio de la naturaleza fundado en nuestra libertad, no es un salir fuera del radio de acción de las fuerzas naturales, la liberación del hombre de los males sociales y humanos y su transformación en un hombre sobre quien ya no señorea el medio social, no significa su alejamiento a un templo o a las montañas, para liberarse de las relaciones sociales. Salvar el alma en un convento, permanecer en una inacción paradisíaca, alejarse de este mundo vano a un mundo de meditación, etc., todo esto es en apariencia una milenaria tradición religiosa; pero el mismo ambiente de los conventos y templos budistas atestigua hasta qué punto constituye esto algo fantástico e irreal. Al parecer, las personas que se recluyen en un templo o convento, la cabeza afeitada y vistiendo de negro, se alejan espiritualmente del mundo. Sin embargo, pese a eso, en la práctica se hallan dentro del marco del sistema económico y político de la sociedad capitalista y llevan una vida en cierta forma aún más mundana que el resto de las personas. Aun cuando vivan como ermitaños en el monte Shounshau,1 juntando helechos, no influirán en lo más mínimo en las leyes históricas de la sociedad, leyes que acondicionan al hombre.

Una liberación del dominio de la necesidad es siempre relativa

Desde luego, esto no significa que las necesarias leyes del medio no tengan su límite. Las leyes comunes a todos los organismos vivientes, por omnímoda que sea su acción sobre todo lo vivo y capaz de vivir, no se extienden a la naturaleza inorgánica. Las leyes de desarrollo de la historia humana, por total que sea su dominio sobre toda la vida nuestra, no gobiernan la vida de los animales y las plantas. De igual modo, la sociedad capitalista tiene las leyes propias y exclusivas de esa sociedad. Estas leyes actuarán mientras vivamos en las condiciones de la sociedad capitalista. Pero, no bien construyamos una nueva sociedad, acorde con el nivel más alto de las fuerzas productivas, las leyes del viejo sistema capitalista perderán su carácter de necesarias. Así pues, el hombre puede emanciparse, ya sea de la necesidad regular del mundo capitalista, como de la moral y normas jurídicas propias de este medio. He aquí por qué únicamente la revolución socialista significa la liberación del hombre.

No obstante, aunque edifiquemos una nueva sociedad, libre de las viejas leyes, también en la nueva sociedad actuarán leyes necesarias. No puede existir una sociedad donde quede abolida la necesidad regular. Por ello, la libertad del hombre es siempre relativa y la así llamada libertad absoluta jamás puede realizarse. La sociedad capitalista contemporánea, en comparación con sus antecesoras las sociedades esclavista y feudal, otorga al hombre muchas más libertades. Ahora bien; cuando nosotros transformemos esta sociedad capitalista y construyamos una sociedad donde los trabajadores no se hallen en una situación de esclavos asalariados y la miseria y la desocupación hayan desaparecido, entonces, nuestra libertad progresará y su esfera se hará considerablemente más amplia. Sin embargo, tampoco en este caso construiremos una sociedad libre de toda restricción y de la necesidad regular. En la nueva sociedad tendrán lugar una nueva moral y nuevas normas jurídicas, y también dominarán las leyes sociales de la necesidad histórica, fundamento de la nueva moral y de las nuevas normas.

La libertad no se crea de la nada

Si el hombre pudiera a su libre arbitrio y en cualquier momento transformar la sociedad existente y crear una sociedad ideal, esto significaría que posee una libertad absoluta y que se halla por sobre los vínculos con el medio. Sin embargo, en la práctica no es así. Se hace necesario que el tiempo para las revoluciones o transformaciones sociales madure. Aun cuando en el pensamiento hayan aparecido planes de sociedades racionales e ideales, será imposible crear una nueva sociedad hasta su debido tiempo. Probablemente haya gente que supone que, como el hombre pone en práctica su actividad partiendo de ideas y propósitos, puede crear de acuerdo con éstos una sociedad del tipo deseado. Si el hombre gusta de la monarquía puede implantarla; si en cambio gusta de la democracia puede establecerla. Tales razonamientos tienen un carácter netamente académico, nada tiene en común con la vida real. Cada país cuenta con sus tradiciones históricas y es imposible crear algo nuevo de la nada. También en esto la libertad se halla junto a la necesidad. La libertad humana, siempre y en todos los casos, se ve condicionada y limitada por la necesidad.

Las aspiraciones de los hombres particulares y que actúan a su libre arbitrio son realizables siempre que correspondan a la necesidad regular

En la Edad Moderna, el nacimiento de la sociedad burguesa de las entrañas de la sociedad feudal, y luego el nacimiento de la época del imperialismo, dominio del capital financiero monopolista, no se produjeron solamente por la libre voluntad de los hombre. Indudablemente, los hombres que actuaron en estas sociedades y crearon su historia, desplegaron su actividad en base a una libre voluntad y de acuerdo con sus propósitos. En particular, como la sociedad de la Edad Moderna es una sociedad donde el individualismo y el liberalismo dominan, todas las personas – libres de las ataduras del sistema jerárquico feudal- pueden elegir libremente y a voluntad una profesión y aplicar, también por propia cuenta y riesgo, sus aptitudes en las más diversas esferas de la actividad. En este sentido no los traba decreto ni ley alguna.

Sin embargo, de los innumerables choques de voluntades libres aisladas, surge algo que no puede sobrepasar los límites de una única dirección, perfectamente definida. Difieren la conciencia y la voluntad de cada hombre por

separado de las de los demás hombres, pero el problema de la dirección en que se moverá el conjunto de estas voluntades lo decidirá la correlación de fuerzas del momento dado. Aun cuando para eso, en apariencia, no existe una ley determinada, ni un rumbo impuesto por la necesidad regular, sin embargo, si lo examinamos en un amplio lapso, vemos que el conjunto lleva una dirección inevitable, completamente definida. No puede decirse que esté desvinculada en absoluto de la voluntad y actividad de los individuos particulares, pero tampoco constituye la realización de la libre voluntad de los mismos. En la época que transcurre entre la Edad Media y los tiempos modernos, tanto en Inglaterra, en Francia, en Norteamérica, como en el Japón, los pueblos crearon la historia de sus países aparentemente de acuerdo con su voluntad. No obstante, en todos estos países se fue desarrollando por igual el modo capitalista de producción, aparecieron en todos iguales problemas sociales y laborales, y en forma simultánea comenzó a manifestarse la tendencia hacia la concentración del capital y su transformación en capital monopolista. Finalmente, estos países, en su calidad de potencias imperialistas, cometieron iguales agresiones contra otros países y pueblos, e igualmente establecieron su dominio sobre éstos. Todo esto ocurrió no en uno solo, sino en cada uno de estos países. Sin duda laguna, en el fondo, actúa algo que podemos denominar una ley común a todos los países capitalistas.

De manera que queda perfectamente claro que, aun cuando el hombre como individuo puede decidir y actuar de acuerdo con su libre voluntad, en la marcha de la historia se produce solamente aquello que responde a las necesarias leyes del desarrollo. Somos libres para tomar posición reaccionaria a despecho de la época, incluso para ingresar en una organización terrorista de derecha, pero quien lo haga se hundirá en el Leteo, mientras que la historia proseguirá inexorablemente su movimiento de avance.

1

Monte en la parte sudoeste de la provincia de Chansi (China) donde se recluían, según cuentan antiguas leyendas los fanáticos de Confucio.

LECTURA 7

EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO (SELECCIÓN DE PASAJES) * Jean Paul Sartre

El existencialismo ateo que yo represento declara que si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto, y que este ser es el hombre, o como dice Heidegger, la realidad humana. ¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, tal como lo concibe la existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho. Así, pues, no hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla. El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal

como él se quiere y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo. Es también lo que se llama la subjetividad, que se nos echa en cara bajo ese nombre. Pero ¿qué queremos decir con esto sino que el hombre tiene una dignidad mayor que la piedra o la mesa? Porque queremos decir que el hombre empieza por existir, es decir, que empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es consciente de proyectarse hacia el porvenir. El hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor, nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será ante todo lo que habrá proyectado ser. No lo que querrá ser. Porque lo que entendemos ordinariamente por querer es una decisión consciente, que para la mayoría de nosotros es posterior a lo que el hombre ha hecho de sí mismo. Yo puedo querer adherirme a un partido, escribir un libro, casarme; todo esto no es más que la manifestación de una elección más original, más espontánea que lo que se llama voluntad. Pero si verdaderamente la existencia precede a la esencia, el hombre es responsable de lo que es. Así, el primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es, y asentar sobre él la responsabilidad total de su existencia. Y cuando decimos que el hombre es responsable de sí mismo, no queremos decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres. Hay dos sentidos de la palabra subjetivismo y nuestros adversarios juegan don los dos sentidos. Subjetivismo, por una parte, quiere decir elección del sujeto individual por sí mismo, y por otra, imposibilidad del hombre de sobrepasar la subjetividad humana. El segundo sentido es el sentido profundo del existencialismo. Cuando decimos que el hombre se elige, entendemos que cada uno de nosotros se elige, pero también decir con esto que al elegirse elige a todos los hombres. En efecto, no hay ninguno de nuestros actos que al crear al hombre que queremos ser, no cree al mismo tiempo una imagen del hombre tal

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