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Testimonio de una antropóloga Experiencias en cooperación internacional

Adriana Pastor • Antropóloga • Maestra de Un curso de milagros

Desde siempre mis intereses han sido los aspectos sociales, políticos y culturales del mundo en el que vivimos. Proyectos de voluntariado en diferentes países, participación en campañas de solidaridad tanto a nivel local como global y participación en proyectos de acción y transformación social. Y al mismo tiempo un trabajo de denuncia de situaciones injustas y de las políticas neoliberales totalmente depredadoras e insostenibles tanto a corto como a largo plazo que están afectando a toda la humanidad y al planeta entero.

Cuando estuve cooperando con la organización IPO (Observatorio Internacional de Paz) en Colombia en 2006, realizando tareas de acompañamiento a comunidades en resistencia, ya conocía Un curso de milagros. Mi trabajo consistía en acompañar a organizaciones sociales colombianas en sus procesos de autodeterminación y resistencia y denunciar las violaciones de derechos humanos cometidas por los grupos armados. Estar presente como observadores internacionales genera mecanismos de disuasión de la violencia. Al mismo tiempo realizábamos tareas para apoyar el proceso organizativo de las comunidades. Viví situaciones de mucho estrés, de mucha frustración, por lo que estaba viviendo. Era una situación de violencia estructural en medio de un conflicto armado, en la que la población civil era la parte más afectada: falta de alimentos y medicinas, extorsiones a los campesinos por parte de los grupos armados, asesinatos, impunidad por parte del Estado y, sobre todo, mucho miedo.

En este contexto, la aplicación sistemática de las lecciones de Un curso de milagros me mostraron a través de mi propia experiencia que yo era absolutamente responsable de lo que estaba viviendo, de lo que estaba experimentando, de lo que estaba sintiendo. La situación de la condición humana en la que me encontraba, de la que no me podía excluir, era totalmente insoportable. Ya estaba practicando Un curso de milagros, pero de alguna forma mi cotidianidad en Barcelona era muy cómoda y, a pesar de que trabajaba en una ONG donde gestionaba proyectos de cooperación internacional y formación para el desarrollo, consideraba que estos temas de la realidad político-social del mundo que vivimos no podían incluirse en mi transformación espiritual. Así que me encontraba en una situación incómoda: por un lado me gustaba mucho mi trabajo pero, por otro, no sabía cómo integrar el mundo que percibía con mi despertar espiritual.

Creía que mi profesión y mis experiencias en el mundo de la cooperación internacional estaban excluidas de lo que podemos llamar «el mundo espiritual». Ahora me doy cuenta de lo equivocada que estaba. Pensaba que eran dos cosas diferentes, pero, de hecho, no hay absolutamente nada que esté separado de mí. La práctica de las lecciones de Un curso de

milagros me está llevando a aceptar la responsabilidad de todas las ideas y pensamientos

que estoy teniendo. Porque el mundo tal y como lo percibo es la consecuencia directa de mi manera de pensar. Y ahora viene la parte más incómoda que muchas veces no quiero

aceptar: que el conflicto externo, las guerras, las ocupaciones, violencia, etc., en cualquier forma que se manifieste, es el reflejo directo de mi conflicto interno. No te puedes alejar de la condición humana, no puedes negar el dolor de tus hermanos, estén donde estén, porque de hecho se trata de tu propio dolor. Mi despertar está pasando por la toma de conciencia de que el miedo y la autoaniquilación forman parte de la condición humana, y que esta estructura está bien anclada en toda mi estructura celular y genética, que comparto con todos los seres humanos. Y, por tanto, es mi responsabilidad liberar de mi mente todas estas ideas de miedo.

Un curso de milagros me está mostrando que la única solución a todos los problemas de

la humanidad está en que me haga consciente de la responsabilidad que tengo en la fabricación de mi mundo particular y que despierte a la realidad verdadera de quién soy. Reconocerme en todos los seres, ver a Dios en todas las cosas. Seguramente puedo continuar realizando tareas de solidaridad y de cooperación internacional si así lo decido, pero la perspectiva ha cambiado radicalmente. Mi experiencia con Un curso de milagros está siendo muy práctica: puedo utilizar todos los conocimientos e intereses sobre la temática de la cooperación internacional para ir más allá de mi limitada percepción como ser humano, para ir más allá de mi limitada existencia.

Todas mis experiencias como antropóloga y en tareas de cooperación internacional están siendo incluidas en mi práctica de Un curso de milagros. Están siendo incluidas en mi despertar espiritual. Ya no tengo miedo de mirar de frente y claramente a ciertas ideas que antes eran demasiado incómodas para mirarlas cara a cara. Antes me era más cómodo criticar y culpar a los demás de la situación en la que me encontraba. Y por muy justas que sean las críticas a las políticas de los gobiernos y la situación mundial, mi estado de insatisfacción interna aumentaba. Buscando la solución a todos mis problemas fuera de mí misma solamente encontraba más dolor y frustración. Tenía que haber algo mucho más grande que mi mirada limitada. Lo que estoy haciendo en cada momento es traer hacia mí todas las ideas, no dejar nada fuera de mí. Aceptando la responsabilidad de que soy la causa de todo lo que veo, percibo y pienso. Por tanto, la solución está dentro de mí.