UNIDAD 2. La ética de la fundación universitaria claretiana, reflejo de la herencia
2.1. Un poco de historia: el contexto en el que nace la Uniclaretiana, su misión,
2.1.2. Texto del Convenio y análisis del mismo
“En el vastísimo territorio de la República de Colombia, denominado Chocó, hay un gran número de habitantes que, viviendo aún en la superstición e ignorando toda regla de moral, van errados del camino de la salvación eterna.
Por lo tanto la Santa Sede, anhelando proveer al supremo bien de esas gentes, ha decretado erigir dicha región en Prefectura Apostólica, encomendarla al cuidado de los Misioneros del Instituto de Hijos del Inmaculado Corazón de la Beatísima Virgen María”…
(Comienzo del “Decreto de erección de la Prefectura Apostólica del Chocó, en la República de Colombia” – Roma, Santa Sede, Audiencia del 28 de abril de 1.908)
De lo anterior podemos deducir lo siguiente:
a) El concepto en que tanto el Gobierno de Colombia como la iglesia oficial tienen a los habitantes del Chocó, indígenas y negros: “gran número de habitantes que viven en la superstición” (= ¿los indígenas?), “gran número de habitantes que ignoran toda regla de moral” (= ¿los afrodescendientes?)
b) A estos grupos “supersticiosos” e “inmorales” que van errados del camino de la salvación eterna, hay que ponerlos en el buen camino: el de la religión de los amos, con todo lo que esto significó, como ya lo conocemos por la historia: el bautismo
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acelerado, cuando no forzado, el desconocimiento de sus propios valores religiosos y de su propia ética, condenados a priori, como superstición e inmoralidad.
c) El trabajo de los misioneros ya venía señalado: introducir a indígenas y afrodescendientes a la práctica de la religión de los amos que se confundía con la religión oficial, en un modelo de gobierno de “Cristiandad”, que debe buscar, ante todo, la unidad en la religión, para que la unidad política no quede amenazada.
d) La pregunta que surge, después de cien años de evangelización realizada por los misioneros Claretianos, es ésta: ¿Cumplieron dichos misioneros con ese cometido? ¿Qué pasó en el camino, qué ellos terminaron haciendo otra cosa, por ejemplo, valorando sus culturas, recogiéndolas en sus escritos, en sus registros fílmicos (fotografías y películas), escribiendo libros (como los del P. Constancio Pinto), sobre la lengua, los mitos y leyendas, los usos y costumbres de los indígenas?
e) Seguramente que la cercanía con las personas y las comunidades, sus vidas amenazadas, su sencillez y su pobreza, su acogida y ternura, todos los valores humanos que se experimentan cuando se vive cerca a ellos, seguramente que todo esto fue marcando el alma misionera hasta hacerlos unos verdaderos apóstoles o “enviados” frente a sus “supersticiosos e inmorales” feligreses.
f) Lo anterior es un buen ejemplo de superación de la mentalidad colonialista. En la historia del siglo XX de la misión claretiana, no se debe pasar por alto ese convenio que la República de Colombia hizo con el Vaticano, fruto de una mentalidad que no sin grandes esfuerzos ha sido superada. En ese convenio de comienzos de siglo se catalogaba a los indígenas como “los que viven en la superstición” y a los afrodescendientes como “los que ignoran toda regla de moral”… Los años pasaron y los misioneros que vinieron con el fin de incorporar a la nacionalidad a indígenas y negros, en el contacto con los mismos fueron cambiando su mentalidad y sus métodos, e históricamente se han convertido no solo en defensores de las personas y pueblos afrodescendientes e indígenas, sino en promotores de sus organizaciones, de sus lenguas y sus culturas.
g) Los misioneros, paso a paso, y también -porqué no- con sus fracasos e irregularidades, supieron recoger un hecho antropológico que palpaban a diario: la capacidad de “resiliencia” de indígenas y africanos, o el nacimiento de la “afroamericanidad” (afrocolombianidad, afrochocoanidad, etc.). Los africanos negros que fueron traídos a la fuerza a nuestra América, se encontraron con sus respectivas historias y culturas rotas y destruidas por la esclavitud. Un hecho inmensamente positivo, que ha afectado y sigue afectando la historia de América Latina, es la gran capacidad que tuvieron estos grupos humanos esclavizados de reconstruir (no de reproducir) su historia, adaptándola a las culturas que encontraron en Nuestra América. De esa extraordinaria capacidad africana de repensar y recrear lo propio, de adaptarlo a las nuevas condiciones de América, es de donde nace lo que antropológicamente hoy llamamos la realidad “afroamericana”, sutilmente presente en miles de formas que hacen parte de nuestra herencia simbólica afrodescendiente. Este hecho, antropológicamente hablando, tiene proporciones históricas que aún no terminamos de valorar. Este gran fenómeno de lo “Afroamericano” (o
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afrocolombiano, o Afrochocoano, o Afroatrateño, o afroquibdoseño), refleja la inmensa capacidad de sobrevivencia y de creatividad que tuvieron nuestros antepasados africanos y que se constituye en un ejemplo histórico de resiliencia que tiene que afectarnos. En cada uno de los rincones de nuestra América donde nuestros ancestros africanos fueron obligados a vivir, ocurrió la maravilla de lo afroamericano, adaptado a cada rincón de América y, por lo tanto, de Colombia y del Chocó.
Estos procesos silenciosos se palpan cuando uno vive con quienes están construyendo su propia historia. Seguramente que este proceso de afirmación del propi ser y de la propia vida, lo vivieron los misioneros de ayer y lo siguen viviendo los misioneros de hoy que caminan cerca al pueblo, valorando su cultura, así a algunos les parezca esto infantil, desde la mirada de una antropología sin corazón y sin ternura.
En nuestro inconsciente quedaron esas semillas que hoy nos son de gran utilidad. Se trata de esa realidad “afrochocoana”, afroatrateña o afroquibdoseña que reposa en nuestro inconsciente, pero que no muere, y que es capaz de aflorar en momentos decisivos, como en el de la interculturalidad que estamos tratando de comenzar a vivir en Quibdó-MIA (mestiza, indígenas y afrodescendiente). Nos corresponde a nosotros avivar nuestra propia memoria histórica afrochocoana, herencia positiva de la esclavitud, reserva o material disponible para emprender hoy cualquier proyecto grande.
2.1.3.1. El comienzo de la actividad claretiana estuvo marcado
por las grandes dificultades que presentaba la zona y por el
inmenso sacrificio de vidas que hubo que hacer.
a) Sacrificios de vidas. En sólo 15 años (1909-1924), habían llegado al Chocó 62 misioneros claretianos; en 1924 quedaba sólo 12; 8 habían muerto por enfermedades propias de la zona; los 50 restantes habían tenido que abandonar la Misión por enfermedad. Esta historia se va a repetir, con el paso de los años, de una manera permanente, hasta que los claretianos nativos vayan también asumiendo la misión.
b) El punto de partida: una región con grandes dificultades. La situación en que los claretianos recibieron al Chocó era ésta: no había una sola carretera, sólo funcionaban dos líneas telegráficas y sólo al interior de la región: del Carmen de Atrato a Quibdó y de Quibdó a Istmina. El medio de locomoción era únicamente por agua, utilizando la canoa. No se conocía otro alumbrado que el de las velas y faroles. No había un solo edificio de cemento. Fuera de Quibdó, había falta absoluta de médicos y enfermeras. Antes de llegar los claretianos, sólo había cuatro sacerdotes para atender a todo el Chocó, y dos de ellos eran ancianos y enfermos. El Chocó tenía entonces 100.000 habitantes, distribuidos así: 70.000 afrodescendientes; 20.000 indígenas y 10.000 blancos.
e) De 1.909 a 1.991: dirigentes claretianos. Los dirigentes religiosos del Chocó, desde 1909 al 2001, fueron todos Claretianos:
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3 Prefectos Apostólicos (Rmos. PP. Juan Gil García, Francisco Gutiérrez y Francisco Sanz Pascual)
1 Vicario Apostólico (Mons. Pedro Grau Arola)
1 Obispo Diocesano (Mons. Jorge Iván Castaño Rubio)
2.1.3.2. Actividad evangelizadora de los Misioneros Claretianos.
a) De la zona geográfica de entonces han nacido 4 diócesis. Uno de los frutos más
palpables del trabajo evangelizador claretiano ha sido la creación de cuatro diócesis que han sido conformadas, a partir del territorio que dichos misioneros han evangelizado desde comienzos del siglo pasado. Estas cuatro Diócesis son: Diócesis de Quibdó, Diócesis de Istmina-Tadó, Diócesis de Apartado y Diócesis de Pereira. También está en proyecto una quinta diócesis, la de la Zona del Pacífico chocoano, evangelizada también por los Claretianos.
b) Al servicio de la etnoeducación afrochocoana. La actividad claretiana
especializada en educación en general, puso en marcha, desde los territorios afrochocoanos y a lo largo de muchos años, las siguientes obras educativas que tienen puntos y nombre concretos:
El Colegio Claret de Quibdó (fundado en 1956), en el que muchos de nuestros profesionales han hecho su bachillerato.
Veinte Hogares Infantiles del Medio Atrato, esparcidos en otros tantos caseríos olvidados de la zona.
Ocho centros de bachillerato para campesinos, llamados “Colegio Rural Claret” (Bajo Atrato) y “Centros ICEMA” (Medio Atrato), donde se experimentan métodos pedagógicos nuevos.
El Centro de Bachillerato ICRAF (Instituto Cooperativo Regional Alcides Fernández) de Gilgal, quien sigue un sistema educativo asambleario con excelentes resultados pedagógicos.
El Centro Educativo popular “Justa Victoria Sánchez” de Balboa, para diversas actividades de educación local y regional.
El “Centro Cultural Mama-ú”, donde existen seis escuelas permanentes de danza, música, teatro, canto, pintura, artes manuales y artes literarias, para niños y jóvenes de ambos sexos, procedentes de barrios marginados.
El Centro Universitario “Camino”, que ha trabajado la enseñanza de la Biblia a nivel popular, y ha preparado durante 16 años y en convenio con la Fundación Universitaria “Luis Amigó”, maestros de religión con énfasis en Biblia.
El Grupo de reflexión bíblico-pastoral “Palabra Misión” (década del 90), quien dejó como resultado 5 volúmenes de introducción a la lectura de todos los libros de la Biblia.
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c) Al servicio de la Etnoeducación indígena. Uno de los primeros trabajos apostólicos que recibieron los misioneros claretianos en el Chocó fue el de la atención a las comunidades indígenas wounán, embera-dóbida, embera-katío, embera-chamí y cunas o tule de todo el Chocó. Fundaron innumerables escuelas en territorios indígenas, además de 4 grandes centros educativos Indígenas (Purembará y Catrú en el Río Baudó; Aguasal y Lloró en la cuenca del río Atrato).
El claretiano P. Constancio Pinto escribió dos volúmenes sobre la cultura embera-katía, incluyendo en dichas obras una gramática de la lengua embera-katía (la primera en su tiempo), con dos tipos de diccionarios y prácticas dialogadas de la lengua. Estas dos obras han sido referencia obligada para los investigadores indígenas durante muchos años.
d) Impulsadores de la Etnoeducación afrochocoana. Vale la pena destacar dos procesos de Alfabetización, con su respectivo material didáctico, compuesto con y para los campesinos del Medio Atrato, todo según el método Freire. El último material de alfabetización está elaborado según las técnicas del método psicolingüístico. Ambas métodos fueron ilustrados con dibujos populares del pintor Maximino Cerezo, con óptimos resultados.
e) Promotores y acompañantes de las dos organizaciones sociales más fuertes del Chocó. Los Misioneros Claretianos pusieron toda su capacidad organizativa y todas sus posibilidades de respaldo en la puesta en marcha de dos organizaciones populares que en la actualidad son las más importantes del Chocó:
la Organización OREWA, (década del 70), que afilia a los indígenas embera-katíos y wounán de todo el Chocó
y la Organización COCOMACIA, (década del 80), (Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato), que afilia a las comunidades campesinas afrochocoanas de la cuenca del Río Atrato.
f) Colaboradores del etnodesarrollo social (Microempresas). Los Misioneros Claretianos han entendido la evangelización no sólo como factor religioso, sino también como factor social. Evangelizar es “humanizar al pueblo” y en la humanización no sólo cuenta la práctica religiosa, sino también la socio-económica y la socio-cultural. En este sentido anotamos una inmensa cantidad de pequeños proyectos que han tenido el principal papel de servir de escuelas para que el pueblo afroatrateño aprenda a manejar la economía solidaria y dé los primeros pasos en una posible organización económica que cada vez se ve más cerca. Destacamos, a lo largo de la cuenca del Atrato, la creación de: 7 talleres de carpintería; 5 trilladoras de arroz; 5 trapiches; 3 centros artesanales; 15 tiendas comunitarias; Promotores y recuperadores de los productos nativos, especialmente el arroz y la caña de azúcar.
g) Obras y publicaciones al servicio de la Cultura. El trabajo misionero entre las comunidades afrochocoanas ha contado siempre con la promoción y respaldo de la cultura nativa. En este sentido son innumerables las obras realizadas. Destacamos:
Creación del “Centro Cultural Mama-ú”, con su Escuela de Música y Danza con instalaciones, instrumentos y medios culturales propios, para la enseñanza de la música, la danza y el teatro, a partir de niños y jóvenes.
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Participación por dos veces, en el Festival “Petronio Álvarez” de Música negra del Pacífico (años 2003 y 2004).
Creación de una Biblioteca General, con énfasis en Filosofía, Religión, Biblia, Ciencias Sociales, Cultura, Literatura e Historia, con 25.000 volúmenes, única en todo el Chocó.
Revista cultural “Mama-ú”, con seis números ya publicados (1. La medicina tradicional en el Chocó; 2. El mundo de los secretos; 3. La tradición oral. 4. La comida tradicional chocoana, con recetas de culinaria de la región. 5. Tradición y cultura: las Fiestas de San Francisco de Asís (primera entrega). 6. Idem. Segunda entrega).
Publicación quincenal “La Aurora”, que evolucionó, en la década del 80, en la revista trimestral diocesana “Por la Vida”, en la que han colaborado permanentemente los claretianos.
Revista de pensamiento teológico-bíblico “Camino”, con 4 ediciones: 1. Hermenéutica femenina; 2. Hermenéutica urbana; 3. Hermenéutica simbólica. 4. La teología de la Misión compartida.
3 CDs. culturales: 1. El Alabao chococano; 2. Música tradicional cantada del Medio Atrato; 3. Canciones del 3er. Festival de Música joven chocoana.
7 Festivales de Danza y música Juveniles, realizados en Quibdó, a finales del mes de noviembre, a partir del año 2.002.
o Cada año cuatro pequeños festivales barriales, en diferentes barrios
marginales de la ciudad.
Publicación de 5 CDs. sobre chirimía chocoana, apoyando al grupo musical “Tanguí Chirimía”, creado con el apoyo de los Misioneros Claretianos del Medio Atrato.
Otros materiales pedagógicos, originales:
o El juego de la Memoria: temas culturales y sociales
o Lotería para enseñar el Derecho Internacional Humanitario
o El juego de la Escalera, para enseñar los Derechos Humanos
o El Centro Cultural (música y danza) hizo una representación significativa en
Bogotá, ante las Naciones Unidas y el Cuerpo Diplomático acreditado en Colombia, el día del refugiado, el presente año 2003.
Mama-ú ha logrado aunar la fuerza de las diversas corrientes y grupos culturales de Quibdó, con parte de los cuales se ha constituido la mesa departamental de cultura.
h) Obras y Publicaciones al servicio de las Ciencias, de la Biblia y de la Teología.
Desde la Misión del Chocó se han publicado, en forma popular, 43 módulos de estudio, (en el período 1.994-2.005), sobre las siguientes áreas: temas pedagógicos, 12 módulos; temas filosóficos, 1 módulo; temas introductorios al estudio de la Biblia en general, 6 módulos; temas introductorios al estudio del Antiguo Testamento, 2 módulos;
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temas de hermenéutica sobre libros del A.T., 10 módulos; temas introductorios al Nuevo Testamento, 2 módulos; temas de hermenéutica sobre libros del Nuevo Testamento, 8 módulos; temas de exégesis especial, 2 módulos.
i) Creadores de medios de Prensa.
En 1915: Los Misioneros Claretianos introducen la Imprenta en el Chocó. En 2 años se publicaron más de 150.000 ejemplares de Hoja Parroquial.
En 1918: dicha hoja parroquial se convierte en Boletín de 8 p., llamado “La Aurora”. Ambos, en 10 años llegan a publicar 500.000 ejemplares
En la década del 90, bajo el episcopado del claretiano Mons. Jorge I. Castaño se crea la Editorial Nueva Aurora.
j) Creadores de medios modernos de evangelización. Desde la década del 60 hasta la década del 80, los Misioneros Claretianos establecieron un sistema moderno de evangelización en el Urabá Chocoano: fueron fundadores y co-fundadores de poblaciones que hoy son significativas (Balboa, Gilgal, Santa María, Villa Claret, San Francisco, Peñalosa…) y establecieron y supieron emplear la aviación misionera, con dos pilotos (P. Alcides Fernández y P. Estaban Henao), cuyas avionetas se convirtieron en creadoras de campos de aterrizaje, en transportadoras de médicos, ingenieros y técnicos en general, lo mismo que de personas enfermas y necesitadas, tratando de llevar evangelización, progreso y bienestar a dicha región.