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Tipos de cofradías

In document Las Cofradías de Xalapa de 1750 a 1800 (página 47-53)

Después de conocer los instrumentos de identidad de las cofradías, el siguiente paso será ¿Cómo se clasifican estas corporaciones? De acuerdo a sus fines fueron piadosas, benefactoras, de un mismo grupo social y religioso-político.

En las cofradías piadosas se ubicaron las cultuales que tuvieron como centro a Cristo, a la Virgen María y otros santos. Otras llevaban el nombre de su parroquia como: La Inmaculada Concepción; Las Ánimas, otra sub clasificación fueron las piadosas, dedicadas a la muerte, al sufragio de los difuntos y a la Semana Santa.

Con relación a las cofradías benefactoras, su fin era auxiliar al cofrade en la enfermedad, tener un digno entierro y dar dote a las doncellas para el matrimonio.

En las Cofradías de personas pertenecientes a un mismo grupo social: se pueden distinguir las integradas por profesionales, como médicos o abogados. Las gremiales, integradas por personas que realizaban una actividad específica como los cereros, sastres, notarios, clérigos, caballeros hidalgos. Los integrantes de una misma etnia como negros o mulatos y los de una misma región. Las Cofradías religioso-políticas integradas por grupos donde destaca el poder que detentaban, como los militares y las órdenes religiosas. (Labarga García, 2000)

Una siguiente clasificación corresponde a la posición jurídica de las cofradías, misma que se estableció en el Concilio de Trento30 donde se mencionan dos clases: las eclesiásticas y las laicales.

30 El Concilio de Trento (1545-1563) fue una reunión ecuménica de indiscutible importancia tanto en el ámbito político como en el replanteamiento de las premisas teológicas de la iglesia católica; se orientó hacia

El Concilio de Trento aportó una novedad respecto a las cofradías; se trata de la distinción que realiza entre asociaciones eclesiásticas y asociaciones laicales, y que habría de entenderse, no en cuanto al estado de sus miembros, sino en razón de su constitución, es decir, que hay unas, las eclesiásticas erigidas por la autoridad eclesiástica, y otras, las laicales, instituidas por los propios fieles con idéntica finalidad espiritual. Tal distinción sería luego asumida y confirmada por la Rota Romana, la Congregación para el Concilio, y los más eminentes canonistas postridentinos.31

El catolicismo, con los acuerdos del Concilio de Trento, emprende una cruzada espiritual, centra su ataque en reafirmar lo que el enemigo rechaza: la necesidad del aparato episcopal para el bienestar espiritual, el derecho de preeminencia de la autoridad eclesiástica, la selecta interpretación de los textos bíblicos, la incapacidad de los fieles de encontrar por sí mismos el camino de la salvación, el otorgamiento de indulgencias para alcanzar la vida eterna, la necesidad doctrinal del culto a las imágenes, la administración de los siete sacramentos, la exaltación de María como modelo de abnegación, la reactivación de la vigilancia inquisitorial, del teatro, las ceremonias y las fiestas. También reconoce la necesidad de una reforma interna: más disciplina y sabiduría teológica para el clero, mayor labor pedagógica y trabajo misionero, acciones para recuperar la fe y la piedad e incorporación de ejercicios que intensifiquen la vida mística y espiritual. Pastor y Mayer (2000)

Con referencia a la tipología, las cofradías se distinguen en: religiosa de beneficencia, gremial, militar o caballeresca y de disciplina. La religiosa de beneficencia, tenía como objetivo la caridad; su preocupación fue auxiliar al cofrade durante su muerte, aseguraban a cada cofrade la mortaja, el cirio durante el entierro, la velada fúnebre, la misa y la música con asistencia de todos los hermanos cofrades.

Por otra parte, las cofradías gremiales integradas por miembros de un mismo oficio necesitaban agruparse para protegerse mutuamente en su vida social y profesional. La manifestación religiosa se acompañaba de una función de ayuda mutua como un mecanismo de socorro en el ejercicio de la profesión, como

la consolidación de los principios de la fe ante el ataque que suponía la reciente reforma protestante y, de hecho redefinió la agenda del catolicismo. Se celebró en tres períodos 1545-1547, bajo Paulo III; 1151-1552 bajo Julio III y 1562-1563, bajo Pío IV.

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en el caso de una enfermedad, de un accidente de trabajo, para asegurar la vejez, cuando se perdía el trabajo y para evitar la ruina del artesano. (Bazarte Martínez, 1989).

Los gremios contaban con santo patrono, y cuando llegaban las fechas de los festejos o fiesta, éstas se realizaban con grandes celebraciones. La finalidad era distinguirse mediante los convites, toros y fuegos de artificio que brindaban. (Sandoval, 1955)

Con relación a las devociones de los santos, se cultivaba la memoria de las personas que habían tenido una vida ejemplar, hacían que su biografía fuera materializada y accesible por medio de imágenes y reliquias. Ciertas devociones fueron impuestas y propagadas por las autoridades religiosas en Nueva España, algunas lograron difundirse, otras no gozaron de popularidad; algunos santos eran considerados más capaces que otros de escuchar las peticiones de la gente, realizar prodigios y actuar como mediadores ante Dios, lo que hacía que se corriera la voz entre la población con respecto a su eficiencia y su devoción se fortalecía. (Mancuso, 2007)

En la cofradía gremial las normas que debían aplicarse fueron selectivas y cerradas con relación al ingreso, tenían prohibiciones como no esclavos o no condenados por la inquisición, entre otras.

Se aseguraba la asistencia del artesano enfermo. Se reclamaba la ayuda del mayordomo por mediación del celador, quien lo visitaba en casa y quien le llevaba la cantidad de dinero de la caja común. Si moría el cofrade se pagaban los gastos de entierro y las misas de responsos. Si el difunto era maestro examinado, se pagaban las dotes de sus hijas casaderas.32

Es importante destacar el largo camino para ser un aprendiz, después oficial y alcanzar el grado de maestro. Entre los gremios era común el espíritu de solidaridad para protegerse ante la adversidad de la salud y la protección de la familia, hechos que muestran los antecedentes de la seguridad social.

El tercer grupo corresponde a la cofradía militar o caballeresca, instituida por Alfonso I, la cual tuvo como objetivo defender la plaza de Zaragoza,

conquistada a los árabes. Tenían privilegios en el aspecto jurídico y en el económico, fue confirmada como la más importante en el concilio de Burgos en 1336. (Bazarte y García Ayluardo, 2001)

Otro tipo fue la cofradía de disciplina, su característica fue el ascetismo, sus integrantes se reunían en los monasterios de las ciudades y se hacían notar especialmente en las procesiones de la Semana Santa por su fervor y oración.

Por otra parte, en la Nueva España, la clasificación de las cofradías fue entre otras, de ricos y pobres, cerradas y abiertas, rurales y urbanas. La primera se refiere a la cantidad de dinero y recursos disponibles tanto para su administración como para los préstamos a sus integrantes. Las cerradas y abiertas

se refieren a la selección para el ingreso de sus miembros.

Las cofradías rurales estaban adscritas a las parroquias de los pueblos e integradas por los habitantes del lugar, eran modestas en cuanto a los recursos que manejaban, en comparación con las urbanas, pero a nivel local tuvieron importancia económica porque constituían las cajas de ahorro, a partir de las cuales se financiaban los gastos colectivos de las comunidades, las fiestas religiosas, obras de infraestructura y el sostenimiento del culto. Asimismo eran la fuente de crédito en la región.

El papel relevante que el crédito desempeñó en la sociedad se debió a muchos factores, entre los cuales destacan la escasez de circulante y de medios de pago. Dicha escasez se derivaba de los problemas estructurales de la economía novohispana, entre los que se pueden mencionar la estrechez de los mercados, los desajustes entre la oferta y la demanda, la incomunicación entre diferentes regiones, el envío de grandes remesas de plata a la metrópoli y las crisis agrícolas periódicas.33

Otra característica de la cofradía rural fue la explotación de pequeñas unidades agrícola ganaderas con el fin de obtener ingresos adicionales. Las tierras sobre las cuales se asentaban y los hatos de ganado pertenecían a la cofradía, a la comunidad o eran arrendadas a la comunidad.

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Las cofradías del Señor San Miguel y Benditas Ánimas de la localidad de San Felipe de Ixtlahuaca, Metepec, tenían invertidos 200 pesos en préstamos a dos haciendas. En Otumba la cofradía de las Almas Benditas había concedido 650 pesos a diferentes prestatarios locales entre 1735 y 1805. En Chalco las cofradías hacían préstamos a los pobladores de la región, que se garantizaban mediante los recursos de pequeñas empresas, como criaderos de camarones y cocotales.34

Especialmente, las cofradías rurales no poseyeron propiedades de casas en forma extensiva, y al parecer las existentes las habían recibido como donaciones. Un rasgo peculiar fue la práctica de distribuir el capital entre los miembros, para la celebración de la fiesta del santo patrón y para mantener el culto.

El empobrecimiento de algunas cofradías rurales se explica en razón de la proliferación de las mismas que las hizo competir por los escasos recursos de las comunidades. Si bien estas cofradías participaban en los mercados locales con la producción de maíz, pulque o ganado, esto se traduce en una incipiente forma de capitalismo comercial a pequeña y mediana escala. (Lavrin, 1986)

Con relación a las cofradías urbanas, existían ejemplos tanto de pobres, como de ricos. Las primeras con recursos modestos e integrados por minorías étnicas y gremios artesanales; las ricas conformadas por miembros de la clase acomodada, que tuvieron gran poder económico y un papel relevante en el mercado crediticio, siendo las más importantes las de la Ciudad de México.

Destacaban por sus inversiones la archicofradía del Santísimo Sacramento y Caridad, adjunta a la catedral de México; la archicofradía de Nuestra Señora de Aránzazu de los vascos, adjunta al convento de San Francisco, la cofradía del Santo Cristo de Burgos de los Montañeses, también adjunta a San Francisco, la de San Pedro Mártir de la Inquisición, con sede en el convento de Santo Domingo; la archicofradía del Tercer Orden de San Francisco, la de San Pedro, en la iglesia de la Santísima Trinidad, y la de la Purísima Concepción, adjunta al Colegio jesuita de San Pedro y San Pablo.35

Algunas de las cofradías urbanas no ponían condiciones de raza, estado o actividad, se admitía a personas de ambos sexos, eclesiásticos o seculares, españoles, castas e indios. Se establecieron como únicas obligaciones piadosas de los cofrades el participar en la festividad titular, en las jornadas de semana

34 Idem, p. 96 35

santa y, finalmente, acompañar en las noches al viático en sus visitas a los moribundos. El sacramento de la comunión también llamado viático, se consideraba como una guía para el camino seguro al cielo.

Era costumbre que el tránsito del Divinísimo, desde la iglesia hasta la casa del moribundo fuera una solemne procesión, bajo de palio y anunciada con el sonar de la campana del templo con tres badajadas o toquidos, así como por una campanilla agitada por uno de los acólitos. Por ello si en la calle se escuchaba ese tintinear, era señal inequívoca de que algún cristiano estaba a punto de recibir auxilio para ingresar al reino de los cielos. La gente tenía la obligación de descubrirse y arrodillarse ante el Santísimo y acompañarlo, con lo que obtenía algunas indulgencias. Incluso se consideraba un acto especialmente piadoso el ceder a los sacerdotes un medio de transporte para cumplir con esta misión.36

Para los integrantes de algunas cofradías, resultaba difícil acompañar al viático las noches en que era solicitado por los enfermos fallecientes. Para ello decidieron asignar algunas inscripciones o patentes gratuitas a quienes aceptaban ésta obligación, que la mayoría de los cofrades no podían cumplir.

Como no es fácil que los hermanos estén asistentes al acompañamiento nocturno del Santísimo en todas las noches, principalmente las lluviosas, para evitar el que falten quiénes acompañen a su Divina Majestad, se darán hasta treinta y tres patentes de valde, con obligación precisa en los que las reciban de asistir todas las noches. Estos hermanos de farol tendrán igual derecho que los otros que contribuyen para que siempre haya los treinta y tres que acompañen, incluido el que ha de llevar el guión.37

La cita anterior muestra que los treinta y tres compañeros de farol debieron ser gente pobre, que al ingresar aceptaban las condiciones difíciles de trabajar por la noche, si bien recibían la satisfacción y seguridad que les proporcionaba pertenecer a una cofradía.

La ubicación urbana de las cofradías favoreció que se formaran bajo los auspicios de las clases acomodadas, con este patronazgo fueron sólidas fuentes de crédito y aventajadas propietarias. Sin lugar a dudas un elemento básico para su desarrollo fueron las donaciones de los miembros, ya sea en forma de limosna

36 Zárate Toscano, 2000:202 37

Idem p. 773

*La patente contenía información sobre el culto que deseaban extender y aumentar, insistiendo en las indulgencias con que contaba para sus potenciales cofrades y tratando de atraerlos. Al fallecer se les en terraba con la patente en el pecho a manera de reliquia o escapulario portador del santo o santa venerados.

pecuniaria, así como de propiedades, de animales o aún de trabajo. (Lavrín, 1986).

Para finalizar, con relación a la tipología de las cofradías en Xalapa, los documentos del APX y ANX, nos permiten afirmar que existieron cofradías de españoles, mestizos (Jesús Nazareno) y de naturales (Ecce Homo). Cofradías con advocación mariana (Nuestra Señora de Los Dolores, Señora del Carmen), dedicadas a Cristo (Jesucristo Nazareno, Patriarca Señor San José), además hubo cofradías que llevaron el nombre de la parroquia donde estaban adscritas (De las Benditas Ánimas, Nuestra Señora del Ingenio Chico).

In document Las Cofradías de Xalapa de 1750 a 1800 (página 47-53)