LOS MODELOS MACROECONOMÉTRICOS
3.1 TIPOS DE MODELOS ECONÓMICOS
En el capítulo anterior mencionamos la naturaleza de los modelos y también destacamos su enorme utilidad científica en el análisis económico. En este capítulo presentaremos los distintos tipos de modelos económicos que existen de acuerdo con el lenguaje y la sim- bología que utilizan. Queremos aclarar que el orden en que se presentan no significa que existe una asociación directa con su “grado de cientificidad”; sin embargo, debemos especi- ficar que por el carácter de este libro, consideramos que a medida que seamos capaces de plantear nuestros argumentos de manera formalizada y sistematizada a través de modelos, tendremos un nivel de abstracción más alto y, por tanto, también mayor capacidad de introspección.
Como ya hemos mencionado, la aproximación rigurosa exige desarrollar una forma de razonar compleja que se basa en la utilización del arsenal de conocimientos teóricos y empíricos que ofrece un paradigma determinado. No es aventurado afirmar que esta forma de razonar la realidad es propia del pensamiento económico,1 que requiere el paso del plan- teamiento abstracto al concreto y ello se consigue solamente como producto de pensar e interpretar la economía a través de modelos o en términos de éstos.
Lo que conocemos como teoría económica establece toda una serie de explicaciones de los hechos económicos o vinculadas a ellos, a partir de la propuesta de relaciones causa- les entre los agentes y las variables que componen un sistema económico. Es decir, la teoría económica se construye mediante la elaboración de modelos abstractos. En la medida que genera un marco descriptivo y explicativo de las partes y del todo, la teoría económica permite hacer introspecciones o especulaciones que superan dicho marco para llegar final- mente al campo de las recomendaciones de política que conducirán a la consecución de mejores desempeños de los elementos considerados en el sistema.
1 Entendido como la representación del mundo real, que se codifica y expresa a través de ideas, teorías y
doctrinas que sustentan las diversas relaciones sociales de producción.
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Econometría aplicadaEn ese sentido, por su propia naturaleza, la teoría económica es general y abstracta y pretende representar la realidad de una forma simple y ordenada. Utiliza necesariamente los procedimientos del método científico y se mueve en el terreno de las demostraciones axiomáticas que, en gran medida, están basadas en teoremas y relaciones definidas por las matemáticas puras.
De acuerdo con Intriligator et al. (1996: 31 y 35), la modelación2 puede clasificarse en varios niveles de acuerdo con el grado de abstracción, uso de lenguaje matemático y exteriorización (transmisión científica). En el nivel más simple se encuentran los modelos que Pulido y Pérez (2001: 27) llaman mentales, los cuales consisten en una primera (quizá rudimentaria) representación ordenada de la realidad, con muy baja abstracción de los fenómenos y variables que caracterizan a un sistema, por lo que difícilmente pueden expresarse o exteriorizarse con claridad para un interlocutor. Su mérito consiste en que ya hay una elaboración, aunque sea primitiva, de una realidad económica. Dicho en otros tér- minos, este nivel correspondería al sentido común. De acuerdo con Intriligator (op. cit.), en un nivel inmediatamente superior se encuentran los modelos verbales, cuya característica principal es que ya hacen elaboraciones congruentes de las relaciones causales que existen entre los elementos constitutivos del sistema. De igual modo, ya presentan generalizaciones sobre las interacciones del sistema con su entorno. Todas estas relaciones ya se exteriorizan con palabras y escritura de texto, mediante un sistema integrado de conceptos y categorías. De hecho, éste es el tipo de modelación que hicieron los clásicos de la economía (como Smith, Ricardo y Marx, entre otros). Su rasgo distintivo es que pueden explicar la historia, el presente y el futuro de un sistema económico, pero no utilizan lenguaje matemático –en ninguna de sus formas– para fundamentar y precisar sus ideas.
De ninguna manera estas observaciones desacreditan las enormes contribuciones que estos grandes pensadores realizaron a nuestra ciencia. Justamente la organización y la ordenación de los hechos económicos que ellos hicieron permitieron darle –más tarde– el estatuto científico a nuestra disciplina. Por otro lado, tampoco podemos desconocer que sus planteamientos son ordenados y congruentes entre sí al grado que han podido ser for- malizados mucho después.3 Esto fue producto de la crítica de la escuela histórica y de los institucionalistas, que influyeron para que los propios teóricos en la primera mitad del siglo XX se dedicaran a la tarea sistemática de construcción de la teoría en forma tal que ésta se pusiera en contacto inmediato con el material de observación.
Sin embargo, es incuestionable que en la medida que la realidad económica se tornaba más compleja, y a partir de los avances en las matemáticas en general y de los aportes de Newton en particular, desde el siglo XIX la economía comenzó a formalizarse rápidamente. La preocupación de Augusto Comte por dotar a las ciencias sociales de estatuto propio hizo que gran parte de la metodología de Newton se importara de manera casi directa (Bendesky, 1983 y Zea, 1968). Con ello se creó el positivismo para darle un carácter de ciencias exactas a las disciplinas sociales. El aporte de Comte fue crucial para entender a la sociedad y a la economía como sistemas basados en hechos y datos observables que eran sujetos de ser comprendidos a partir de regularidades que, a fuerza de repetirse, con el tiempo podrían convertirse en leyes. De aquí comenzó a surgir la opción o la conveniencia de exteriorizar y probar las aseveraciones de los modelos lógicos o verbales a través de símbolos y figuras abstractas, con el fin de simplificar y esclarecer sus argumentos así como elaborar nuevos planteamientos.
De acuerdo con Pulido y Pérez (op. cit.: 29 y 30): “Los modelos matemáticos consti- tuyen la forma más estricta de conocimiento científico de la realidad, sin que ello deba suponer que su utilización indiscriminada asfixie toda elaboración teórica no directamente matematizable o –lo que es al menos tan perjudicial– encubra bajo su halo protector un conocimiento falso de la realidad aunque estrictamente bien planteado. En la ciencia en
2 Entendiendo por ello a la actividad científica de construir modelos. 3 Entre otros por Adelman (1984).
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CAPÍTULO 3 Los modelos macroeconométricos en el análisis económico
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general, y en la economía en particular, siempre hay un límite a lo que podemos hacer con números, así como hay un límite a lo que no podemos hacer sin ellos”.
Hay otro tipo de modelos que en economía no se utilizan con frecuencia, pero que debemos tener presentes. Son los modelos físicos, que reproducen objetos, fenómenos y procesos a escala. Son los que habitualmente se conocen como prototipos. Estos modelos sirven para mostrar a nivel de los sentidos la naturaleza de fenómenos específicos y su interacción con otros fenómenos y sistemas.
Los modelos geométricos se emplean bastante en nuestra área porque utilizan curvas y rectas en espacios cartesianos para representar comportamientos y relaciones causales.
Los modelos algebraicos utilizan símbolos matemáticos para representar argumentos teóricos que originalmente se expresaron en los modelos verbales.