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La “toma” paramilitar en la Universidad de Córdoba (UNICOR)

3. El paramilitarismo y la Universidad (seguimiento de prensa)

3.1 La “toma” paramilitar en la Universidad de Córdoba (UNICOR)

Primero, la toma paramilitar se le nombra a los desafortunados eventos que ocurrieron en los años noventa y principios del 2000, en el más importante claustro universitario del departamento de Córdoba. En aquel entonces, la orden paramilitar era detener a todos aquellos que se opusiera al orden administrativo de la Universidad y reprimir las organizaciones de izquierda, estudiantiles y sindicales. “Temerosos, los profesores decían que nadie podía evitar lo que todo mundo comentaba en las esquinas de Montería, que el poder de las armas de derecha se terminara de tomar la universidad. Había erradicado del plantel todo aquello que le sonara a izquierda, y había sometido al clientelismo enquistado allí desde hacía años” (“La toma de la Universidad de Córdoba”, 2013)

A mediados del año 2000, la comunidad educativa vivía una de sus mayores crisis, pues habían sido asesinados tres profesores, varios representantes estudiantiles se habían exiliado y los que aún quedaban estaban totalmente intimidados por la ola de violencia que vivía el claustro. Como se ve, tal tensión era resultado de una ofensiva que habían comenzado las AUC en la mayoría de universidades de la costa atlántica; tanto Carlos Castaño y Salvatore Mancuso disponían de toda la logística armamentista para intimidar y violentar especialmente a profesores, estudiantes y directivos que bajo la perspectiva paramilitar guardaban vínculos con la guerrilla.

Al parecer, el miedo de Castaño y Mancuso, ambos comandantes de las autodefensas era según sus versiones libres brindadas por este último era de mantener a la Universidad alejada de toda propaganda comunista y de izquierda, detener las relaciones, vinculaciones y organizaciones que tenía la guerrilla en la “Unicordoba”. En su artículo para Verdad Abierta Eder Caycedo afirma:

Mancuso en sus versiones libres confesó que entre 1990 y 2000 los asesinatos selectivos realizados contra profesores, líderes sindicales y estudiantes de la Universidad de Córdoba, hubo apoyos de efectivos de la policía.

Varios funcionarios de la universidad en sus distintos niveles, (Rectores, Profesores, etc.) fueron nombrados por el jefe paramilitar.

Aún así, las elecciones a rector de la universidad estaban próximas a realizarse y no había un marco de garantías. Para ese entonces, Eduardo Gonzáles Rada era el rector de la universidad, el candidato “pupilo” de Juan Manuel López Cabrales, líder político de la región, con el aval de máximo líder liberal local se suponía una segura reelección. No obstante, el hasta entonces rector retira su candidatura después de ser obligado a reunirse con los paramilitares en Ralito. También es cierto, se creía que en tal reunión los comandantes de las AUC (Castaño y Mancuso) le reclamaron a González Rada sobre los escándalos de corrupción durante su administración. Y así resultó para los paramilitares una justificación para entrar de manera total a la Universidad.

Ahora, Hernández que era de ideología liberal no fue el candidato a la rectoría patrocinado por López Cabrales, no obstante, Víctor Hugo Hernández ganó la contienda y fue nombrado por el Consejo Superior como nuevo rector de la Universidad de Córdoba. Lo que se comentaba en los pasillos del claustro era que con la llegada del nuevo rector los asesinatos, persecuciones y las amenazas por parte de las autodefensas se frenarían, lo que al final no ocurrió y el problema no cesó. Después de todo, Mancuso tenía decidido que Hernández debía ser el

próximo rector de la Universidad, a causa de esto recurrió a la amenaza de la miembros del Consejo para persuadir en la votación.

Según declaraciones del mismo ex rector (Víctor Hugo Hernández) su administración se llevó a cabo bajo la presión de Mancuso, es decir toda su gestión en la UNICOR fue siguiendo órdenes del jefe paramilitar y por el riesgo que corría su vida no pudo oponerse a las órdenes del paramilitar jefe.

Cabe señalar que la incursión paramilitar no sólo acaparó lo administrativo, por el contario, infiltraron personal universitario 17 que hacían parte del Consejo Estudiantil o paramilitares quienes mantenía a Salvatore Mancuso al tanto de todas las reuniones, los temas que se debatían en el ámbito académico y quiénes eran los líderes estudiantiles y no estudiantiles etc. “De allí logró espiar a profesores y estudiantes; el objetivo de su investigación era suministrar información a los ‘paras’ sobre posibles víctimas y presuntos guerrilleros infiltrados” (“Los crímenes de Mancuso en la Universidad de Córdoba”, 2015)

Tenemos en consecuencia que a raíz de la sensación de inseguridad percibida, el Movimiento Estudiantil se acabó en la UNICOR en los años posteriores. Mientras tanto que el poderío paramilitar crecía en la Universidad. Hernández cómo rector no duró mucho a pesar de ser en un primer momento el candidato elegido por Mancuso para llegar a la rectoría, esto se debió a su negación en temas como la administración de la bolsa de empleo de la Universidad. Y a raíz de ello, Mancuso le ordena su renuncia, la cual el rector acta inmediatamente aduciendo problemas personales.

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César Bedoya y Carlos Buelvas fueron esos estudiantes reclutados para brindar información a las AUC, según versiones libres de Carlos Andrés Palencia alias “Visaje” encargado por órdenes de Mancuso del “orden” en el claustro. Está información fue tomada del artículo del Heraldo (2010, 10 de Septiembre), “Al que señalaban en la U se moría: dice alias “visaje” “ [en línea], http://www.eluniversal.com.co/monteria-y-sincelejo/sucesos/“al-que-senalaban-en-la-u-se-moria”- dice-alias-visaje, recuperado: 15 de Mayo 2015

Eventualmente, a causa de la renuncia de Hernández y como lo explica en su versión libre en el año 2008 el “Mono Mancuso” fue reemplazado por Claudio Sánchez Parra quien era de su confianza, el cual “fue designado como rector por el Consejo Superior Universitario tras la renuncia de Víctor Hugo Hernández Pérez, el 4 de junio de 2002. Para aquel año ya era un secreto a voces que la agenda universitaria era trazada por Mancuso desde su finca La Capilla” (“Santa Fe de Ralito: La otra rectoría de la Universidad de Córdoba”, 2014).

Es decir, así Mancuso escogía a dedo las personas para cargos administrativos, también escogía a dedo a quiénes había que quitar del panorama rápidamente. En este orden de ideas, el comandante paramilitar eligió al menos 12 personas que tenían con él algún tipo de relación familiar o amistad. Según reportes del sindicato de la Universidad la Universidad de Córdoba era dirigida en general por una red manejada por Mancuso, tal lo demuestra el artículo del periódico El Tiempo (2007).

En resumen, fue toda una década que los paramilitares liderados principalmente por Mancuso encontraron en la Universidad de Córdoba un espacio para perpetrar todo tipo de delitos y forzar al exilio a una gran cantidad de estudiante y profesores, teniendo como discurso justificativo su compromiso con una administración más justa. Sin embargo, su plan de “sanear” la universidad era autodestructivo para la misma academia, al contrario, la UNICOR se hunde en una crisis institucional que hasta estos días está tratando de reponerse.

Tabla 1. Cargos en la Universidad de Córdoba de familiares de Mancuso.

Nombre Cargo Parentesco

Emma Paola Gómez Jefe de Bienestar Universitario

Prima

Alina Gómez Jefe de Archivo y Correspondencia

Prima

Claudia R. De Dereix Administradora de cafeterías

Esposa de Jorge Dereix (tío de ex esposa de Mancuso) Carlos Castaño Puentes Trabajador sede Berástegui Cuñado de Doménico

Mancuso (Primo ) Manuel Troncoso Unidad Administrativa

Especial de Salud

Cuñado

Manuel Anichiárico Jefe de Relaciones Internacionales

Amigo

Tabla elaborada con base a articulo periodístico del Tiempo 18

Ya hemos visto como en tabla 1 queda clara la manera como se distribuían los puestos administrativos en la universidad. En primer lugar, los familiares cercanos a Salvatore Mancuso eran los que disponían del control y manejo de recursos. Además, se tiene evidencia de la bolsa de empleo que manejaba la contratación de los empleados estaba bajo las manos de Eleonora Pineda y Miguel de la Espriella. Se podría decir que lo que ocurría en cierta manera en la Universidad de Córdoba era la presencia de una “mafia” familiar que cooptaba la institución y no dejaba el libre funcionamiento de la misma, por el contrario se desarrollaba todo un clima de corrupción alrededor y dentro de la Universidad, dejando en evidencia los reales objetivos de la inserción paramilitar en los espacios académicos.

Tabla 2. Asesinatos ordenados por Mancuso en la Universidad de Córdoba (acercamiento)

Nombre Cargo Año

Hugo Iguarán Cotes Candidato a Rector 2000

Francisco Ayazo Estudiante 2000

Nelson Narváez Trabajador y estudiante 2000

Iván Garnica Ex Rector 2001

Rene Cabrales Sosa Sindicalista 1996

(atentado)       

18  El articulo hace hincapié en las ordenes que se dictaban desde Ralito y cuales eran los beneficiados principalmente de dichas ordenes. El Tiempo ( 2007, 14 de Mayo) “Hay 9 fichas de Salvatore Mancuso en la Universidad de Córdoba, dice sindicato de la entidad” [en línea] . http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-3556952, recuperado : 13 de mayo 2015

Francisco Aguilar Madera Profesor 1995

Alberto Álzate Patiño Profesor 1995

Misael Díaz Urzola Profesor 1998

Esteban Manotas

Olascoaga

Estudiante 2000

Sheyla María Olascoaga Estudiante 2000

Merly María de la Osa Estudiante 2000

Tabla elaborada con base a articulo periodístico del El Heraldo 19

Observemos como en la tabla 2 se reportan varios de los asesinatos selectivos que se realizaron a estudiantes, profesores y trabajadores de la Universidad. Parece perfectamente claro que el año 2000 fue el más difícil en cuestión de “supervivencia” por parte del cuerpo de docentes y estudiantes de la universidad. Alrededor de seis muertes y varias desapariciones se produjeron y en su gran mayoría estos casos continúan siendo desconocidos por la ciudadanía monteriana. Precisa advertir, que el primer asesinato de la “ola de terror” fue en enero del año 1995 el homicidio del profesor Francisco Aguilar, posteriormente en 1996 el profesor Alberto Álzate, y en 1998 fue también asesinado su colega Misael Díaz Urzola quien se desempeñaba como docente y representante del Consejo Superior.

Para mediados del año 2000, la facultad de Ciencias Sociales fue la que más sufrió el uso de la violencia por parte de las AUC. Concretamente un catedrático y dos estudiantes se sumaron a la lista de víctimas de los paramilitares. En el 2001 se presenta el asesinato más mediático, y fue el del profesor y ex candidato a rector Hugo Iguarán Cotes, ese mismo año, Francisco José Ayazo estudiante de Agronomía y trabajador de Bienestar Social es asesinado en el norte de Montería.       

19  El articulo del Heraldo nos expone los diferentes asesinatos a profesores y estudiantes en manos de los paramilitares en las universidades de la Costa Caribe. El Herealdo (2013, 3 de Noviembre) “La danza de la muerte en las universidades públicas” [en línea], disponible en, http://www.elheraldo.co/judicial/la-danza-de-la-muerte-en-las-universidades-publicas-130823, recuperado: 13 de mayo 2015  

A manera de síntesis, la seguridad que decían vivir las elites económicas de la región con la llegada, configuración y expansión del proyecto paramilitar, era sólo una “cortina de humo” para justificar y cubrir otras realidades. Por ejemplo, es notable la culpabilidad de las autoridades policiales y políticas de la ciudad en denunciar los hechos que no sólo ocurrían en el claustro sino también en los barrios suburbanos. Por otro lado, si bien el patrocinio de los grupos paramilitares se da con el propósito de evitar la incursión guerrillera a la ciudad y así no caer en un profundo caos de muerte y atropellos contra lo sociedad civil, las soluciones que estaba proponiendo las AUC estaban lejos de brindarla a la ciudad un entorno de seguridad y paz.

Entonces, el problema radica en el miedo que existía de hablar y denunciar y también en la indiferencia del liderazgo monteriano por la grave situación de orden público que padecía la ciudad. A saber, el apoyo institucional estaba porque había presencia de la Policía Nacional, del Ejercito Nacional, DAS, Fiscalía y había una clase política fuerte que permitió la consolidación de las ACCU posterior AUC para el beneficio de un reducido grupo ganaderos, finqueros, empresarios y familias conocidas en la ciudad con alto poder adquisitivo.