CAPITULO 4 ANÁLISIS DEL PROCESO DE ORDENAMIENTO TERRITORIAL EN EL
4.2. EN TORNO A LA FORMULACIÓN
A nivel central faltó divulgación e ilustración de las diferentes metodologías, lo que en cierto modo causó confusión entre el enfoque social y el físico que se planteaba desde el Gobierno. Por otra parte las directrices del Minambiente también colaboraron en la tardanza para la aprehensión de lo que debería ser un ―plan con visión holística y sistémica‖.
Esto se tradujo en sistemáticos incumplimientos por parte de los municipios que dio lugar a diferentes aplazamientos para a mediados del año 2000, la totalidad de los municipios colombianos hubiesen ejecutado el ejercicio ordenador.
En segundo lugar resalta que el proceso ordenador se dio mayormente desde la concepción de redefinir los usos del suelo, pero no se tuvo en cuenta los problemas políticos y financieros de los entes territoriales.
Por esta razón, Velásquez13, afirma que la situación se refleja en primer lugar en la crisis fiscal de los municipios y departamentos de finales del siglo 20 cuando se demostró la incapacidad por atender las necesidades de la población y puso en tela de juicio su existencia como entes territoriales, lo que dio lugar a la expedición de la ley 617 de 2000, el acto legislativo 01 de 2001 y la ley 715 de 2001, que obligaron a una gran cantidad de municipios y departamentos a reestructurar gastos de funcionamiento especialmente y al recorte en los gastos y servicios sociales.
Igualmente ni los legisladores ni los mismos alcaldes, entendieron en su momento la capital importancia del proceso. La lucha por los intereses de los más poderosos se empezó a vislumbrar con el manejo del concepto de la plusvalía y los planes parciales entre otros.
En muchos municipios, el ejercicio de la participación comunitaria, causó serios traumas por cuanto las comunidades ignoraban los alcances del POT. Sin embargo la figura de dicha participación , aunque disfrazada, en algunos casos quedó inserta en la totalidad de los planes del país.
Otro aspecto relevante, radica en el ―desconocimiento del territorio que se quería ordenar‖, toda vez que no existió la debida investigación sobre la conformación real del municipio, basándose para el ejercicio en una información desactualizada y falta de profundidad sobre las potencialidades y posibles debilidades propias frente a la funcionalidad como componente de una subregión (pobre y desactualizada información cartográfica).
La premura del tiempo por los requerimientos ante la amenaza de sanciones fiscales, se plasmó en muchos ejercicios ordenadores incompletos, faltos de visión y de coherencia.
Los equipos consultores contratados por las alcaldías en muchas ocasiones no orientaron el proceso con la integralidad requerida y el resultado se plasma en POT incompletos, con una muy pobre base informativa y con grandes vacíos en su estructuración, olvidándose
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en muchos casos del análisis del sector rural como complemento de lo urbano en el territorio.
Una situación que salta a la vista es el poco interés que han mostrado tanto el gobierno nacional como los gobiernos seccionales para superar los obstáculos en esta primera fase del proceso ordenador. Pareciera que la cultura inmediatista siguiera imponiéndose, en contra de una visión de planificación a futuro y largo plazo que indudablemente habría de recomponer las condiciones socioeconómicas y de utilización del territorio.
Es indudable que en los respectivos reajustes se han venido presentando algunas soluciones a los problemas planteados en torno a la estructuración de los POT, pero todavía subsisten situaciones de fondo los cuales es necesario citar y analizar (entre los cuales se destaca la definición de lineamientos y directrices departamentales).
Pero en general se evidencia el sesgo hacia lo urbanístico.
Reiterando un concepto expresado inicialmente, salta a la vista que la primera que debió haber sido aprobada era la ley Orgánica de Ordenamiento territorial- LOOT- que hubiera sido el marco y guía fundamental para los procesos locales municipales, pero esto no se dio en su momento en 1999 y para la fecha año 2009, tampoco se ha podido concretar, dados los diversos intereses politiqueros que no han permitido su promulgación ni mucho menos su aplicación.
Según Borja14,” los pivotes geopolíticos en los proyectos iniciales para definir la LOOT, continúan manteniendo la dualidad entre departamento y región, municipio y municipio-región, y entran también una serie de contradicciones administrativas que no posibilitan el reconocimiento de las territorialidades indígenas y negras. Igual suerte corren las zonas de fronteras, los territorios insulares, las franjas de colonización y los espacios de reserva ambiental y campesina…. Es como si la hegemonía cerrada al frente del poder temiera dar pasos adelante para adelantar la superación de la crisis que afecta los ordenes institucionales y sociales del presente.”
14 Borja Alarcón Miguel, El ordenamiento como una de las variables para la organización de un nuevo acuerdo social y político en Colombia. Esap, 1999.
Igualmente, afirma Fals Borda , que no se puede desconocer que la recomposición territorial del país implica una reorganización del poder político local y nacional, ajustes en las circunscripciones electorales,, redistribución de la riqueza producida a todo nivel y la asunción de la autonomía de cada unidad territorial dentro del marco unitario de la nación. Todos estos elementos deberían estar en la LOOT, como ejes articuladores de la política.15
En conclusión el debate es orden del día y las determinaciones que se tomen , han de enlazar la política de ordenamiento local municipal con la local nacional para que Colombia se adentre en los senderos de la modernización estatal que le permita competir en los espacios globales mundiales.