E! trabajo que sí es representado como tai, es el quo realiza ia mujer en el mundo de! mercado, de) contrato, en el ámbito público. En este trabajo la mujer está más relegada y hay diferencias con el
hombre y es uno de los espacios centrales de la opresión de la mujer. A causa de la reclusión en el trabajo invisible no se permite a la mujer incursionar en este ámbito. Sin embargo, cuando se requiere mano de obra barata o cuando se trata de funciones públicas de reproducción, o de trabajos inferiores se recurre a las mujeres.
El 23% de la fuerza de trabajo es femenina en México. Esta cifra es la expresión del trabajo invisible de las mujeres ya que no incluye el trabajo de reproducción, para fines estadísticos tampoco es conceptualizado como trabajo, y quienes lo desempeñan no son contabilizadas como fuerza de trabajo activa.
Trabajo público es el trabajo mediado por el contrato y por el pago (en dinero o en especie) aunque se haga en espacios del mundo privado. La diferencia entre el trabajo público y el privado está en el tipo de relación que tiene el ejecutante del trabajo con su objeto, las relaciones sociales que le anteceden y las que se desprenden de él, así como el espacio en que sucede.
Importantes ramas de la producción industrial se desarrollan en el capitalismo, a partir del trabajo de mujeres y niños. Sobre todo en los inicios del capitalismo, o en condiciones de extremo atraso y so'oreexplotación.10 Esto significa que la incorporación de la mujer a la industria ocurrió desde el principio. Sin embargo, conforme se fueron incorporando más y más hombres, las mujeres y ¡os nix'tos fueron exlcuidos de esos trabajos. El desplazamiento ocurre en crisis económicas como ia actual, aun en ramas "feme ninas" de trabajo (costura, alimentos, trabajo secretaria], cobros, etcétera), las mujeres son desplazadas per los hombres y ase trabajo os revalorizado económica y culturalmente por la presen cia masculina.
En México la sobreexplotación de mujeres y niños es una
En la investigación tebre el proceso de proleiarizícióu de un grupo étnico :n-xxano. Cazés y Laganie (1933 y 5984) encontramos que el fundamento dúl proceso i.iduslriúlizador en 1¿ región mazahua fue La incorporación del trabajo Irmtnino fc infantil indignna que permitió una elevada tasa de ganancia y la munición de la vida industrial en la reglón, ari comoei turjtiirueuln del proletariado —captando inicialmente a niñas y mujeres adultas, previamente desvalorizadas <-n«no IraUijadoras—. en un prooeso acelerado de acumulación originaria.
constante en empresas agroindustriales de productos de exporta ción. Las mujeres y los niños trabajan bajo el salario del jefe de familia que requiere del trabajo de todos para cumplir su cuota a destajo. Pero ocurre también en la industria. Muchas de ellas inician sus actividades con trabajadoras que laboran bajo pésimas condiciones de trabajo y salariales, y conforme la empresa se desarrolla y acumula, requiere trabajo más calificado, elevando los requisitos de adiestramiento previo y por lo tanto Incorpora hom bres y desplaza a las mujeres a los procesos técnicamente más atrasados o de plano las desecha.11
El 23 % de participación de las mujeres en la población eco nómicamente activa que incluye además del trabajo industrial, los catalogados como servicios, los profesionales, y otros, no es un indicador de un recorrido histórico lineal. Por el contrario, las mujeres se han incorporado a espacios de producción y trabajo de los que luego fueron arrancadas, ideológicamente, sin embargo, se construye la idea de que las mujeres son ajenas a la máquina, a la fábrica, a la producción, a la calle, al dinero y al salario. Nada más falso. Las mujeres siempre han trabajado productivamente.12
Han sido las clases dominantes las que han destinado en diferentes sociedades a pequeños grupos de sus mujeres a otras actividades distintas al trabajo, y las han erigido como el estereo tipo de la feminidad y de la mujer. Han vaciado sobre el conjunto
11 Alejandra Kollontai (1927) desarrolla una interpretación tic la historia cuyo ejs es el lu^ar ríe las mujeres en la producción y muestra cómo, en la mayor pa/ta de los morios de producción y de las clases sociales, la mayorfa de Ias mujeres siempre han trabajado tie manera productiva. Este análisis tiene Liiplidli la critica a tas interpretaciones históricas que no han torrado en cuanta asios hechos, han sido unilaterales o han distorsionado no sólo los hachos que cuir.jr:'xn de manen directa a La mujei, sino U historia, la 1 lis loria sucedida no puede comprenderse ni ser elaborada si se anula ia presencia de las mujeres on la prnduccióc y todo in que se desprende social y ¿uJ tura imante do ella.
12 lúas Nash (1982:301 lo explica de la siguiente manera:*. U incapacidad de establocer un valor de mercado para el ti abajo de Us mujeres an b reorodivjbóo y el mantenimiento de ia FDT, significa que su oonlribucóü a la producción se subvalora consistentemente... El bajo valorque te da al trebejo de Us mujeres puade traer consigo el efecto de socializar a la muiar oon respecto a su dependencia del hombre".
de la sociedad esta ideología sobre la feminidad centrada en el antagonismo entre mujer y trabajo.
El estereotipo femenino que permea todas las clases sociales, el ideal a alcanzar, es el de la mujer que no trabaja por un salario, para muchas mujeres se expresa en el deseo de encontrar un hombre que "las saque de trabajar". Esta contradicción entre mujer y trabajo es interiorizada por la mayoría de mujeres que están convencidas de que el trabajo doméstico no es trabajo.
La anulación del trabajo en las actividades domésticas se traslada a lo público: la mayor parte de los trabajos públicos de las mujeres son similares a sus actividades domésticas y de reproduc ción. Así, la sociedad y las mismas mujeres demeritan y devalúan doblemente su trabajo: por ser reaJizado por mujeres —seres inferiorizados socialmente—, y por consistir en actividades feme ninas, de antemano consideradas como naturales, tanto en lo público, como en lo privado. June Nash (1982) llama la atención sobre la influencia de la valoración de un trabajo en la valoración del otro, encuentra también que la dependencia femenina en relación a los hombres, tiene fundamento en la ínfravaioTación de su trabajo.13
Con todo y que la división genérica del trabajo no es natural ni eterna y que, en la sociedad contemporánea se borran los límites infranqueables en algunos aspectos entre la producción y la repro ducción, y entre público y privado, el trabajo femenino está mar cado por esos hechos. Desde esta perspectiva se divide en ei trabajo de reproducción y el trabajo de producción, en público y privado.
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tas opresiones racial, clasista, religiosa, genérica, comparten ua conjunto de características comunes. Julje! Milchel (1977) explica U similitud de las opre siones —racial, sexual, generacional— tamo fundamento de U alianza política y «I encuentro cultural, ocumóos entre estos grupos, en diversas sociedade# desde los sesqr.Us. Se lia concebido a este encuentro de identidades oprimidas uomo im encuentra en la construcción de un nuevo <ujelo histórico colectivo, de una nueva hegemonía, constituida por diferentes gnjpos sacíalas oprimidos y definidos en tomo a sus especificidades, de un lado, y del otre por su comunión en un proyecto que incluye la satisfacción de las necesidades de cada cual.
Identidad escindida
El mismo antagonismo que hace ajenos a mujer y trabajo está en el centro de la conciencia escindida de mujeres obreras o emplea- das, quienes aunque tengan muchos años trabajando, lo que esperan es que se "componga su situación” para salirse del trabajo y “regresar a la casa”. La identidad escindida de estas mujeres está en las enormes dificultades de constituir una conciencia que tenga como uno de los puntos centrales de identidad el trabajo. Pero ocurre lo contrario, las mujeres se sienten, es decir tienen concien cia de ser amas de casa que por fuerza trabajan. Esta escisión se caracteriza por su imposibilidad paTa aprehenderse como trabaja doras ya que el núcleo de su identidad es ser madresposas —-entes que por atributo sexual, no trabajan—, y por lo tanto su lugar en el mundo es su casa. No pueden integrar al trabajo en la aprecia ción subjetiva de sí mismas.
La conciencia social definida por la ideología de la naturaleza femenina contiene la idea de que lo relativo a la mujer es asunto de la naturaleza y no de la sociedad y la cultura, que se origina en los instintos, tan ajenos al trabajo y a las capacidades intelectuales. Esta ideología es uno de los elementos de compulsión extraeconó- mica que permiten la mayor explotación de las mujeres en relación con los hombres y en ese sentido una mayor opresión de ckise para ellas, pero también para la clase en su conjunto. Se expresa en salarios desiguales, en prohibiciones, exclusiones u obligatoriedad laborales, en sobrecspecíalización limitante, pero no es sólo eso. Es una especifica forma de explotación de las mujeres por su género. Es un fenómeno global y no sólo económico, por eso lo denomino opresión basada en una explotación genérica partícuiar.
Kenómenos como éstoe estén presentes en formas extremas de sxplotación a grupos raciales específicos, religiosos, étnicos nacionales. La justificación de! grado extremo de la explotación a las mujeres se encuentra en características previas al proceso de producción que definen de antemano a los productores y quo los valoran previamente, de manera discriminatoria.
La realidad es oirá: las mujeres se definen históricamente por el trabajo, aunque ellas mismas lu nieguen. Asi en su conciencia
y como parto do su identidad, es crucial el concepto ayuda, con trapuesto al concepto trabajo.
Las campesinas siempre han trabajado productivamente en la tiorra f a m ilia r o se han proletarizado en las ajenas, han comerciado sus productos y han elaborado con sus manos ropas, vasijas, telas, sombreros, muebles, etcétera. En circunstancias críticas, han sido las primeras en ser enviadas a “servir en la casa grande" en el régimen hacendario como cocineras, lavanderas, nodrizas, man daderas, sirvientas, nanas, oficios femeninos que han caracteriza do el último siglo del trabajo de las mujeres. Constituyen una tipología casi infranqueable: el trabajo de las mujeres es altamente especializado y por lo tanto presenta en algunas áreas escasas probabilidades de cambio.
Las mujeres continúan ocupándose en casas privadas para realizar estos trabajos bajo el rubro general de sirvientas. Lo inleresante es que la categoría sirvientas no hace referencia al trabajo, sino que ha fosilizado en ese nombre la opresiva situación de estas trabajadoras.
El concepto sirvienta es la denominación de un estatuto polí tico. Las sirvientas son esos entes inferiores, ajenas a las leyes que regulan el trabajo, ajenas al contrato: son quienes sirven en con diciones da subaltemidad a los otros; las he llamado madres-sier- vas para comprender en esta categoría dos hechos negados: son madres de los oíros, por sus funciones y siervas porque el tipo de mlacicn política es de servidumbre asalariada (ver capítulo Ma- (irpsposas), la subaltemidad es doble, de género y de clase, mujer y asalariada.
l-is sirvientas son ¡as trabajadoras de la reproducción domés tica Je !ns ulros-ajenos. Las hay especializadas como recamareras i hacen lo que se llama el quehacer), cocineras, nanas y lavanderas. Jü «ispcsiulixución está acorde con la clase a que pertenecen los nmploadore». En genera! una soia mujer realiza en cada casa y a vo*:tjs nn varias todas la¿ funciones y trabajos.
Ia* mujeres realizan esos trabajos domésticos especializados 'amhúin nn comercios públicos como fondas, restaurantes, hote- )m. taquarías, morunderos, cocinas económicas, comedores, mer- o.do#: ahí son cocineras, galrjpinas, fregonas, tortilleras, lavapla-
los, mandaderas y meseras. Producen y sirven la comida y realizan el conjunto de actividades de limpieza y compras que esto implica. En el mismo renglón de comida pueden trabajar por su cuenta o bajo el mando de alguien en puestos callejeros que proliferan en lodas ias ciudades, y que por la ampliación urbana son cada vez más necesarios.
De manera privada y persona!, muchas mujeres extienden su territorio domestico al zaguán, al palio, a la esquina o a la feria y trabajan haciendo toda clase antojitos: tacos, peneques, tlacoyos, quesadillas, sopes, garnachas, buñuelos, memelas. Otras com pran su bote y un anafre y se especializan en la hechura y venta de tamales de chile, do dulce, de mole, oaxaqueños, de frijoles, etcétera. Las hay que ni siquiera salen de la casa, eso no es para ellas. Esposos o hijos salen con el bote de tamales en su bicicleta a vender pregonando de casa en casa. Gran cantidad de madres solas mantienen a sus hijos y muchas de ellas a sus amantes eventuales.
Valoración del trabajo de. la mujer
Elú de Leñero (1986:95) considera que “...la situación conflictiva se agrava notablemente, porque su trabaje |de la mujer] es con vertido en causante de todo lo negativo que sucede en el hogar. Y lo más grave del caso no es que otros lo digan: ella misma !o cree así".
En efecto, para muchas mujeres el trabajo fuera de su casa es asociado subjetivamente con el dolor, con cl sufrimiento, con la frustración. Perc esta relación entre dolor y ti abajo no es casual. Muchas mujeres optar, por Iraba jar fuera de su casa o poreMrabajo remunerado dsntro o íuera do ella, debido al estaliido de crisis vitales. Es docir, en muchos casos al trabajo surge como algo obligatorio por la agudización de conlradiciciones sociales expre sadas y vividas —en general de manera negativa—, por esas mujeres concretas.
En esas circunstancias el trabaje es asumido en contra de la voluntad y de los valores de las mujeres, que han interiorizado una hostilidad al trabajo generada como mecanismo de rechazo, que afirma su pertenencia como madresposas a la casa.
Las mujeres casadas trabajan en genera] ante el apremio económico familiar que las obliga compulsivamente a salir de la casa o del mundo doméstico. Las casadas trabajan también por la pérdida de) cónyuge ya sea por abandono, por divorcio, o por viudez. Es decir, el hecho que impulsa o que impone el trabajo es irremediable, es más fuerte que las posibilidades de no hacerlo y, en general se asocia al abandono conyugal, a la separación y a la pérdida del cónyuge (pérdida social, económica, amorosa, erótica, etcétera).
La compulsión al trabajo que sufren estas mujeres está rela cionada también con el enfrentamiento de situaciones desconoci das, de lenguajes ignorados, códigos, valores y relaciones diferen tes.
Ante la crisis de identidad que significa para muchas trabajar, las mujeres buscan seguridad.14 Procuran reencontrar, en el mun do de) trabajo, núcleos de identidad femenina privada, y lo logran a través de las relaciones de poder en las formas de comporta miento y en lo que se espera de ellas. A la necesidad de afirmar la identidad genérica y el orden del universo se debe, en parte, que las mujeres y la sociedad reproducen en el trabajo formas domés ticas do la subordinación política de las mujeres a los hombres.
Se debe al poder el comportamiento de las mujeres como enemistad y competencia con las otras, contraparte de la aproba ción y adscripción incondicional a los hombres. El comportamien to seductor erótico de mujer-objeto es también producto del poder, así como la disposición de muchas mujeres a ser servilmente de otros, a pesar de las relaciones contractuales, o a realizar activida des domésticas en el trabajo.
Así, ¡as mujeres Hcvaii el ser femenino doméstico al ámbito publico, en un cstuerzo por pisar tierra, por no dejar de ser mujeres
t-i r reci-:tilc tim»qx>ración de la mujer al Lis la jo remunerado es vivida un tji'ifiiclo: ".. .su justifica siempre aduciendo rosones de necesidad econ5- m i.» familiar y lincit-ndit sentir que el hecho de trabajar no ha dependido de nn.i -Ifv iK .n jiriTjiía. sitio cjUb ha sido originado en una circunstancia ajena a su
v< JunUd. As», la mujer 1,-ati de defenderle en cierta medida del conflií.lo persoua) -I'vr’rgí'iif.'ü Wi*ru la norma y la ccnducta" (Elú dr leñero, 1986:95).
—posibilidad implícita en el hecho de trabajar, es decir, de realizar una actividad de hombres— en el espacio que identifica la esencia de la masculinidad: el trabajo público.
A pesar de los conflictos que conlleva el trabajo, el mundo de afuera y los otros no propios, cada vez más mujeres incorporan el trabajo como un elemento central positivo de su identidad. No sé imaginan la vida sin trabajar, se desarrollan en el trabajo y obtie nen de éste gratificaciones económicas que implican grados im portantes de autonomía y de independencia personal, aun en instituciones de dependencia colectiva como la familia.
Las mujeres pueden enfrentar poderes autoritarios patriarca les —de los adultos, de los padres, de los hermanos, de los cónyu ges, de los hijos, de los vecinos y de todos los detentadores perso nales del poder—, porque obtienen del trabajo medios, valores económicos y simbólicos, de independencia. Las mujeres ohtienen del trabajo, además de un salario y con ello la posibilidad de adquirir bienes v obtener mejores niveles de vida, autoridad sobre los otros (no la que emana de la maternidad o de la conyugalidad, o del grupo de edad) sino la más apreciada en la sociedad y que se reproduce a partir del trabajo. La independencia y la autoridad le permiten contrarrestar el poder do decisión de los otros sobre sus vidas; es más, les permite decidir sobre ella.
Mujeres independientes económicamente y dependientes psi cológicamente, o mujeres jóvenes que por el poder económico reciben —por delegación— parte del poder patriarcal sobre sus madres, hermanos, hijos, etcétera. Las combinaciones son infini tas, porque r:o existen relaciones mecánicas entre cl trabajo, la emancipación, ei cautiverio y la opresión.
El trabajo y el bien
El trabajo es un valoi positivo en mujeres de ciertos grupos deedad y en ciertas circunstancias. La valoración positiva del trabajo de las mujeres es, de hecbo, un pronlema de tiempo. Se valora positivo cuando ya pasó y se retribuyó a los otros: ‘sacó a sus hijos adelante. Es una mujer trabajadora".
En jóvenes solteras es valorado sobre todo porque no compite ni con ia conyugalidad ni con la maternidad, es decir, con el ser
social de la madresposa. Por el contrario, el trabajo se considera un atribulo positivo constituyente de una buena futura madrespo sa. Significa también la posibilidad de ingresos para la familia aunque sólo sea como manutención de la mujer trabajadora, o en el mejor de los casos cuando su salario o su ganancia ingresan (por la vía del autoritarismo patriarcal) al conjunto de la familia.
Con la ampliación del estudio para las mujeres, con ia dificul tad de reproducir a las familias con sólo el ingreso masculino, el trabajo do la mujer joven, incluso casada pero sin hijos, es bien visto. Las jóvenes y sus familias ven en el espacio público del trabajo un ámbito para la consecución desús fines de madresposa. Se trata de sitios y circunstancias ideales para relacionarse con hombres, establecer noviazgos (sin dejar de tener ingreso) y final mente casarse.
Las mujeres de los estratos más altos trabajan mientras se casan, y las de las clases populares lo hacen con la esperanza de dejar de hacerlo algún día. Sólo en ese lapso de juventud el trabajo es considerado un atribulo que no lesiona la identidad femenina. A