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1. PRIMER CAPÍTULO.

2.3. La traducción de la obra literaria

Para Borges, otro de los males literarios de su época, se asocia a la traducción67. Generalmente, suele decirse que éstas, poseen siempre cierto distanciamiento hacia la idea original del autor y la obra. Borges lo empieza a explicar con la “Oda de Brunanburh” y la traducción que le hace Tenyson. Dice:

63 En este punto, en “El arte de contar historias”, Borges plantea al autor a modo de interrogante acerca de la analogía de dos géneros como lo son, la narrativa épica y la narrativa literaria. Concurriendo la primera como manifestación del héroe y la exaltación de las virtudes que se desarrolla interiormente en la victoria. Y la segunda, se muestra como una degradación del hombre, del personaje dentro de su frustración o fracaso. 64 Esa compleja y armoniosa estructura de la epopeya, y que han hecho históricamente los pilares de la narración épica, que hacen de ella misma su esencia.

65 Es claro el vínculo que tiene Borges con la tradición filosófica. Como se ve, conoce las nociones griegas sobre la poesía al ver al escritor como un hacedor de la literatura.

66 Cfr. Borges, Jorge Luis. 2001. “El arte de contar historias”. Arte poética. Seis conferencias. Traducción de Justo Navarro. Editorial Crítica. Barcelona. P.p. 72-74

67 Tema que se desarrolla en la conferencia “La música de las palabras y la traducción”, que hace parte del libro Arte poética.

66 Esta oda fue compuesta a principios del siglo X para celebrar la victoria de los hombres de Wessex sobre los vikingos de Dublín, los escoceses y los galeses. […] En el original, encontramos algo que reza más o menos así: “sunne up aet morgentid maere tungol”68. Es decir, “el sol en el curso de la

mañana” o “el sol en las horas de la mañana”, y luego “esa famosa estrella” o “esa imponente estrella”, aunque aquí “famosa” sería una traducción mejor (maere tungol). El poeta, a continuación, llama al sol “godes candel beorht”: “brillante candela de Dios”. (Borges, 2001, p. 76).

Siguiendo la idea planteada por Borges, mientras la Oda es un evidente producto de la emoción de la victoria, buscando exaltar el triunfo sobre los vikingos, rindiendo tributo a las hazañas de los guerreros, la traducción de Tenyson posee un evidente corte teológico al introducir el elemento “Dios” en el verso. Esto sin duda, no sólo cambia el sentido en que se entiende el texto como conjunto, sino que también traiciona en cierto modo aquella impresión propia del autor y que busca transmitir al lector.69 Dentro de esta problemática, cabe añadir la cuestión sobre si una traducción debe de ser totalmente literal al texto o debe ofrecer la impresión del autor, aun cuando la traducción no sea del todo fiel a las líneas y palabras escritas. En relación a esto, Borges ofrece un ejemplo claro y práctico al exponer el término “good morning”, que en el idioma español se traduce como “buenos días”. Ello es así, si se atiene a la intencionalidad de la expresión, mas no a su sentido literal, cuya traducción sería “buena mañana”, alejándose levemente del saludo con que se suele expresar las personas por las mañanas.

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Cabe recordar que estas conferencias fueron realizadas en inglés en la Universidad de Harvard, y solo mucho tiempo después fueron traducidas al español. Es por eso que la mayoría de los ejemplos que da Borges son del idioma inglés.

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Cfr. Borges, Jorge Luis. 2001. “La música de las palabras y la traducción”. Arte poética. Seis conferencias. Traducción de Justo Navarro. Editorial Crítica. Barcelona. P.p. 81-83

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Para Borges, las traducciones literales pudieron haber tenido un origen de corte teológico, es decir, con la traducción de textos como la Biblia. Éste libro fue reconocido desde la antigüedad como “obra y palabra” de Dios. Por tanto, debía respetarse cada palabra en su sentido más estricto y cuyo ejemplo más inmediato es la traducción inglesa de “the song of song”. Que literalmente traduce a “el cantar de los cantares”, conservando una belleza literaria propia a pesar de su aparente tosquedad.70

En este punto, bajo la idea de que una traducción literal puede llegar a ser bella en relación a la obra original, Borges (2001) plantea que: “Si los hombres se preocuparan por la belleza, no por las circunstancias de la belleza. Entonces tendremos traducciones no solo tan buenas sino tan famosas como el Homero de Chapman71 […]” (p. 95). Se puede inferir que, las traducciones no siempre fieles a sus obras, pueden poseer un grado de belleza plasmado por el traductor que, en su ejercicio literario y lingüístico, consigue transmitir un estilo propio que le permite asombrar al lector. Más aun, quizás con el tiempo convertirse en una obra cuya belleza radica en sí misma.

En las traducciones, las palabras no sólo guardan un significado literal y Borges, ejemplifica esta idea a través del término “thunder” (Trueno en español). Así mismo, ésta es una variante del término sajón “tunor”, el cual se refiere al fenómeno del trueno; como también, al dios sajón del trueno. Esta palabra no se vinculaba totalmente a estos dos significados, sino que, dentro de la cultura sajona, era percibido como ambas cosas a la vez. En este sentido, la poesía no tiene como finalidad tomar palabras cotidianas y darles un sentido extraordinario y estético como se piensa, sino que nos remite a su principio nativo, a la idea originaria de cada palabra72.73

70 De esta manera, son claras las dificultades a las que se enfrenta un traductor a la hora de buscar fidelidad y estética a la poesía traducida.

71 La traducción que hace Chapman de la Iliada y la Odisea de Homero, no fue posible encontrarla para hacer la referencia.

72 Si se sigue la idea de Borges, más allá del sentido fonético o morfológico correspondiente a las palabras, hay que buscar la fuente originaria de estas. Esto es, lo que representaban cuando fueron creadas y el sentido

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Por otra parte, Borges resalta que el significado y belleza que puede tener, por ejemplo, un verso, es algo que cada quien por sí mismo atribuye, esto se antepone a todo, incluso mucho antes que el significado mismo. Es decir, puede que una palabra o un verso aluda simbólicamente a representar otra cosa, pero en un primer momento cada quien, sin profundizar, ni meditar sobre su significado o alusión, ve la belleza en él. Aun cuando carezca de sentido, no para el sentido común, pero sí para el sentido imaginativo.74

Un ejemplo muy acertado de esta aseveración, se puede encontrar en el fragmento del poeta de origen boliviano Ricardo Jaimes Freyre,75 citado por Borges (2001). Dice: “Peregrina paloma imaginaria que enardeces los últimos amores, alma de luz, de música, de flores, peregrina paloma imaginaria.” (p. 106). A través de este fragmento, Borges coloca en manifiesto algo tan evidente como la falta de sentido y coherencia del verso de Freyre. Pero que, a su vez a través de su aspecto enigmático, arroja una leve impresión de belleza en sí mismo que produce aquel asombro propio de una buena poesía.76 Las definiciones, los significados ofrecidos por los diccionarios, hacen, según Borges, que las palabras se agoten en sí mismas y se encierren en significados definidos si las examinamos en el sentido semántico.

de su uso. La palabra invierno tenía el poder de transmitir la sensación del frio, de la oscuridad de extensas noches, del ambiente inhóspito, etc. Con el tiempo su uso se reduciría a simplemente transmitir una idea en sentido fonético, morfológico y semántico la estación del año ubicada entre diciembre y marzo.

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Cfr. Borges, Jorge Luis. 2001. “Pensamiento y poesía”. Arte poética. Seis conferencias. Traducción de Justo Navarro. Editorial Crítica. Barcelona. P. 100

74 Cfr. Borges, Jorge Luis. 2001. “Pensamiento y poesía”. Arte poética. Seis conferencias. Traducción de Justo Navarro. Editorial Crítica. Barcelona. P. 105

75 Los versos pertenecen al poema “Siempre” del libro Castalia bárbara de Freyre, R. J. Aparece en varias antologías se puede encontrar, ente ellas: en la compilación de Sofía Stella Arango Restrepo Fundamentos

estéticos de la crítica en Colombia: finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Borges cita la Antología de la poesía española e hispanoamericana de Federico de Onís, y la Antología crítica de la poesía modernista hispanoamericana de José Olivio Jiménez.

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Cfr. Borges, Jorge Luis. 2001. “Pensamiento y poesía”. Arte poética. Seis conferencias. Traducción de Justo Navarro. Editorial Crítica. Barcelona. P.p. 108-109

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Lo cual, puede acabar con aquella estética propia de la poesía, y es este quizás uno de los mayores errores a la hora de abordar un poema o traducirlo en su sentido más básico. Bien establece Borges (2001) cuando menciona que “[…] la idea de que las palabras fueron mágicas en un principio y son devueltas a la magia por la poesía, es, […], verdadera.” (p. 113). En síntesis, la poesía suscita todo tipo de emociones estéticas y expresiones de belleza, basta con que se pueda ser capaces de interpretar esa emoción que el autor quería expresar a través de los versos o las prosas. En este sentido, es necesario evadir caminos tan triviales, como buscar una significación de las palabras o expresiones presentes, o estudiar y profundizar en el contexto en las que se escribieron. Práctica que Borges ha tachado en ocasiones de irrelevante. La esencia de la poesía está en aquella emoción que emana de esta misma; emoción plasmadas por un autor y que tiene el propósito de ser percibida y admirada por el lector.