ta sesteecr 'que la necesidad, en lo tocante a esa cate
goría de escritor, de maniobrar sobre las pasiones de esa clase es mayor que nunca, si se considera la suerte de aquellos que en Jos últimos tiempos, se han permitido en frentársele (Zola. Hom ain R olland ). Además, la actual burguesía, aterrorizada por los progresos de la clase an tagónica. y no teniendo más preocupación que mantener lo que le queda de privilegios, tan sólo experimenta aver sión hacia los dogmas liberales, y el literato que busca sus favores está formalmente obligado, en caso que enarbole- algúna bandera política, a hacer flamear la que defiende el "orden". Desde este punto de vista es singularmente instructivo el caso de Barrés, quien habiendo comenza
do por un gran intelectualismo escéptico, víó centupli
car de grandeza a su estrella temporal, por lo menos en su patria, el día que se volvió el apóstol de “los prejuicios necesarios". T a le s consideraciones me hacen creer más y más que la moda política actual de los escritores france ses durará muy largo tkmpo. U n fenómeno que tiene por causa la inquietud de la burguesía francesa, no se halla, aparentemente, en trance de desaparecer.
A c a b o de recordar la suerte deparada, en estos úl timos tiempos, por la burguesía a los escritores que se atre vieron a contrariar sus pasiones. Ese no es más que un aspecto de novedad muy general y de supremo iuteiés para el objeto que nos guia: quiero decir la conciencia ‘de su soberanía que el rebaño laico adquiere hoy. y la re solución que demuestra de volverá la-razón al intelectual que.diga cosa distinta de lo que él quiere oír. E sta dispo
JU LIEN BENÜA
sición del profano xsó se ve sólo en sus relaciones con sua escritores {también con su prensa: un períódicq que no suministra a sus lectores el error exacto que le es caro, se ve inmediatamente pospuesto), sino, Jo que es más lamen table. ett sus relaciones con sus instructores propiamente clericales. cuya voz -les habla en nombre de Jo divino. Puédese afirmar que el oraxloc que, desde lo alto del pul pito cristiano, hostigara realmente la pasión nacional,- mortificara verdaderamente el orgullo burgués, no tarda rla, singularmente en Francia-, en ver dispersarse a sus ove/as, y que esc con/unto, al que no sujeta ya por el te mor de ninguna sanción, que no creyendo yo sino en ío real. s?. siente fuerte e importante de manera diversa a él, no consiente en inclinarse bajo su verbo sino a con dición de que éste halague, por no decir que santifique, todos los egoísmos que esa gente venera. La humanidad moderna entiende íener en los que se llaman sus docto res, no guías, sino sirvientes. Esto es lo que 3a mayee parte de ella ha. comprendido admirablemente bien (1).
Volviendo al escritor moderno y a las causas de su actitud política, agregaré que no sólo sirve a una bur-.
(1) AI final de la guerra da !a Sucesión de España, cuando la Invasión def Norte de Francia» Pendón pronunció varios sermo nes en los que presentó a esta, a Jos ojos de Jas poblaciones invadi das. como ua Justo castigo de sus pecados. Es de adivinar Ja aco-^ flida ai sermonero que» en agosto 19H. habiera usado tal Jen-» guaje con Jos franceses. Sobre la manera cómo !a Iglesia enseñada' trata hoy a b Iglesia enseñante si ésta no le dice lo que aqucllaf eutere escuchar, medítese en Ja acogida.tributada. h?ce treinta años» al sermón del P, 0!livi?r sobre las victima* de! incendio dei bazar de tu Candad.
LA TRAICION D E LOS INTELECTUALES 159
guesía inquieta, sino que ¿I también se ha convertido en un burgués, munido de toda la posición social y de toda la consideración que definen tal estado, ya que el litera to '‘bohemio" es una especie casi desaparecida, al menos entre aquellos que interesan a la opinión (1) ; que, en consecuencia, ha sido influenciado cada vez más por la forma de ahna burguesa, uno de cayos más conocidos rasgos es el de aparentar los sentimientos políticos de U aristocracia: adhesión a los regímenes autoritarios, a las instituciones militares y sacerdotales, desprecio hacia las sociedades fundadas sobre la justicia, la- igualdad cívica; •la religión del pasado, etc. ¡Cuántos escritores en Fran
cia, desde hace cincuenta años, cuyos nombres están en todos Jos labios, creen visiblemente ganar títulos de no bleza manifestando repudio hacia las instituciones demo cráticas! (Explico igual mente, en muchos de ellos, la adopción de la dureza y la crueldad, que les parecen tam bién atributos del alma de los grandes).
Las razones de ía- nueva actitud política de los lite ratos. según acabamos de ver, consisten en cambios so brevenidos en su estado social. Las que mencionaré aho ra se refieren a cambios sobrevenidos en la estructura de su espíritu', en sus voluntades literarias, en sus religiones
.(1) Pueden hacerse observaciones -scmelantej a propósito de los filósofos, cuya mayor parte hoy —y no los menos ¿¿Icbres— .rió viven ya como Descartes o Spinoza, sino que se han casado, tienen hijos, ocupan puestos y estía dzr.tro de la vida-, lo íjue me parece sin relación con el carácter "pragmático" de su enseñanza (Véase sobr-í este punto ínl obra "Sur le succés tlu Bergsonisme”, o. 207).