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SU TRANSICIÓN AL ORIENTE ETERNO

CAPÍTULO IV Nota Del Autor:

SU TRANSICIÓN AL ORIENTE ETERNO

Estoy fumando un cigarrillo Parliament largo, en la puerta de La funeraria Cueto en la Avenida Roca. Mirando hacia la vereda contraria, del edificio lo que fuera unos años atrás la concesionaria

Fiat de tractores Gandini. Pensando

como actuaría ante el cadáver del viejo soldado alemán, Teniente coronel, o simplemente Mayor de las fuerzas de Comandos Del 3º Reich, En mi

portafolio envuelta en un paño de

gamuza estaba la Luger de él, la clásica pistola que sólo los oficiales del Reich tenían derecho a usar y que dos años atrás había sacado de sus manos en un intento de suicidio. Prometí que esa arma iría con él en el cajón de muerto, sería su compañero hasta que su cuerpo entrara en total descomposición, y seguramente quizás después de 10, 15 o 20 años más tarde caería en la fosa común del cementerio de La ciudad. Sabía que debería inutilizarla, tarea

difícil debido a que no entendía nada de armas, ya era tarde para conseguir un taller mecánico donde con la ayuda de una morsa poder torcer el caño de esa joya de arma. Era una reliquia por ser perfecta como también lo era por quien la utilizó. La solución que encontré fue la de pedir una maza de albañil. Cuando buscaba al Indio Cueto (propietario de la empresa funeraria), un grupo de productores de Cervantes se acercaban para pedir información de cómo sería el entierro, todos sabían de mi relación con el alemán nacido en México que luchó por la Alemania y que en nuestro país había defendido a los fruticultores y vinicultores de todas las crisis

póstumo de envergadura. Los tranquilicé diciendo que aguardaría la llegada de más amigos y productores donde leería como quería él que fuese su entierro. Yo, más preocupado por inutilizar ese arma, ya que por mi juramento de Hermano que había prometido en su momento de locura senil, la dejaría en su cajón de muerto. Ubiqué a Cueto, y le pedí una sala para poder hablar con la gente presente en el Velorio. Solícito, me ofreció su propia oficina que era amplia para que 20 personas pudieran escuchar su Testamento de Entierro. Aproveché que estábamos en su oficina y mostré la Luger que debía de

inutilizar, pidió tenerla en las manos, cosa que no negué. Al devolvérmela me

dijo —por un amigo como usted y esa persona muerta vamos a los fondos. Fueron 10 mazazos los que aplicamos antes de colocarla en la morsa, no era el deseo de Cueto y sí mi voluntad de

destruirla. Ya más tranquilo ahora, era el momento de reunir a los preocupados productores y comunicarles el último deseo del alemán.

El reloj marcaba las 9 y media de la noche de ese mes de octubre de 1986. El portero de la casa funeraria fue

llamando a los indicados en una lista escrita en la máquina de escribir. Sin erros ortográficos y por orden alfabética estaban 30 nombres. La suerte que en ese momento sólo 18 personas estaba presentes, ya reunidos la oficina leí

como sería el entierro.

… El cortejo saldría en dirección al cementerio de la ciudad de General Roca, a las 10 de la mañana, donde debería ser depositado en el panteón de la asociación española de socorros mutuos, junto al de su esposa Berta, fallecida cinco años atrás, mostré la carpeta donde estaban los documentos de la compra del espacio mortuorio. Pedía que si alguno, quisiera hablar que fuesen breves para no cansar aquellos otros que seguramente estarían presentes por una tradición y que si alguno de los presentes quería anotarse para realizar un discurso. Sólo el vice presidente de la Cámara agraria de Cervantes, que practicó, sacó del bolso de su campera

el discurso, pasándolo a mí para que diera el visto bueno. Sólo atiné a guardarlo para leerlo más tarde. El alemán, pidió en su testamento de entierro que se evitaran coronas de flores y que ese dinero fuese donado a una institución de bien público,

encargado de eso quedó el Sr. cueto (propietario de la funeraria). Que esas 30 personas indicadas estaban invitadas al almuerzo que se realizaría en el

restaurant del A.C.A. (Automóvil Club Argentino) Mostré el recibo firmado por el dueño del restaurant, un tal Felipe Miño, y aproveché para que una o dos personas presentes me acompañaran hasta el restaurant para hacer la reserva. La invitación decía que debería ser a

partir de las 12,30 hs. del mismo día del entierro y que no debería pasar de las 14,30 hs ya que mucha gente que estaría presente tendría otros compromisos más importantes.

Con esa invitación quería despedirse de aquellas personas que compartieron parte de su vida. Sólo quería al final un brindis a una vida mejor para el mundo convulsionado (ironía de quien participó de un genocidio, ¿sería un mea culpa? nadie nunca lo sabrá, excepto yo...) De vuelta del restaurante donde con un productor amigo, aprovechamos todo para cenar ya que según el propietario estaba incluido en precio final. A media noche donde sólo 5 personas estaban en el velorio decidimos cerrar el mismo,

hasta la mañana siguiente a partir de las 7,30.

Fue el momento que aproveché para realizar el ritual fúnebre, tenía en mi poder una cartilla que había utilizado en la Transición al eterno Oriente de mi padre. A igual que esa vez, debía

realizarla solo, no tenía ningún Hermano Masón, que me acompañara. Fue rápido y breve. La suerte que Boehme murió en octubre, las acacias ya tenían pequeñas hojas.

Consideré que éste sería el párrafo correcto, estaba la palabra “errante”, porque así fue la vida de Albrech Alvaro Boehme. “En la tumba

depositamos tu cuerpo, mientras tu alma desaparece en el infinito. Dignarte

GRAN ARQUITECTO DEL

UNIVERSO, dígnate en tu misericordia, determinar que su alma inmortal disfrute de gloria perdurable que ofreces a los buenos y a los justos desde el principio de los siglos” di tres vueltas alrededor del cajón, deposité dentro de su traje la pequeña rama de acacia y concluí. “El Gran Arquitecto del Universo. Es nuestros Juez y nuestro guía de la vida a los mundos con un soplo de Tu

omnipotencia. Sin tu voluntad el Universo sería Profundidad y Caos” “Enséñanos el camino de la virtud en todos los instantes de nuestra vida errante y danos fuerzas para continuar con resignación”

número de amigos y conocidos y hasta una delegación del Ejército Argentino se hizo presente, Boehme fue despedido como vivió, rodeado de mucha gente, pero solo y así quedó en el Cementerio de General Roca. Ya tenía una

experiencia previa en velorios, ya que con la muerte de su esposa me había confiado a mí todo lo referente al mismo. Ahí finalizaba la vida de un Ex Mayor del Ejército Alemán que

combatió en la 2º Guerra Mundial, que inmigró a la Argentina destacándose en la fruticultura valle taña, sea como un activo productor o como dirigente gremial.

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