Si uno de los objetivos del curriculum es generar posibilidades para la emancipación individual y social, tendremos que desarrollar un nuevo lenguaje y nuevas formas de racionalización para llevar a cabo semejante tarea. El compromiso de nuestra época no se diferencia en absoluto del compromiso al que actualmente debe hacer frente el campo del curriculum. Y este compromiso es tan atractivo como radical: establecer las condiciones que permitan a la humanidad descubrir su autocomprensión y sentido. El movimiento de la nueva sociología del curriculum nos proporciona una serie de posibilidades para el desarrollo de formas de curriculum más flexibles y humanizadoras.
Debemos desarrollar un tipo de curriculum que fomente el discurso teórico crítico acerca de la cualidad y metas de la enseñanza y en general de la vida humana. Necesitamos ampliar las perspectivas, de forma que éstas sirvan para enriquecer, más que para dominar, el campo. La teoría crítica del currírulum ha de tener en cuenta la situación. Debe analizar las diversas dimensiones de la pedagogía como parte de las coyunturas históricas y culturales en las que aquéllas acontecen. Y esto debe hacerlo con las herramientas que han ido poniendo a punto diversas disciplinas. Esto no significa que tengamos que convertirnos en politólogos o sociólogos para estudiar el curriculum. No es éste el caso, y hasta podría resultar equivocado intentarlo. Nuestro centro de gravedad es el curriculum, pero necesitamos enriquecer nuestra visión inspirándonos en los conceptos e instrumental que nos ofrecen otras disciplinas.
La fundamentación para un nuevo tipo de curriculum ha de ser tan profundamente histórica como crítica. De hecho, la sensibilidad crítica tiene que contemplarse como una extensión de la conciencia histórica. La génesis, desarrollo y despliegue de ideas, relaciones sociales y modos de búsqueda y evaluación, han de verse como parte de un desarrollo en curso de condiciones sociales complejas e históricamente relacionadas de formaciones.
El nuevo tipo de curriculum debe ser profundamente personal, aunque sólo en el sentido de que ha de reconocer el carácter único y las necesidades del individuo como parte de una realidad social específica. No se ha de confundir autoindulgencia con pedagogía crítica. Las necesidades individuales y sociales han de ir unidas y recibir la mediación de una perspectiva crítica vinculada a ideas de emancipación. Los modelos de curriculum deben aplicarse a experiencias personales concretas de grupos culturales y poblaciones específicos. Los educadores curriculares han de ser capaces de reconocer la relevancia y la importancia de aceptar y utilizar múltiples lenguajes y formas de capital cultural (sistemas de significado, gustos, visiones del mundo, estilo, etc.). Al mismo tiempo, los educadores deben reconocer que los alegatos en favor del pluralismo cultural son algo vacío si no se toma conciencia de que la relación entre grupos culturales diferentes sufre la mediación del sistema cultural dominante. En
este sentido, nuestra tarea consiste en desenmarañar estas relaciones respecto a grupos culturales diferentes con el fin de emanciparlos de los tipos impuestos de definiciones y sufrimiento emocional, de los que algunas minorías sociales y étnicas de este país han tenido cierta experiencia histórica.
El nuevo tipo de curriculum tiene que dejar de lado la pretensión ideológica de estar libre de cualquier clase de valor. El hecho de reconocer que las opciones que hacemos con respecto a todas y cada una de las facetas del curriculum y la pedagogía están investidas de valor nos libera de imponer nuestros propios valores a los demás. Admitirlos como tales — es decir, como nuestros valores— significa que podemos tomar como punto de partida la idea de que la realidad nunca debería tomarse como un dato inmediato, sino, más bien, como algo que debe cuestionarse y analizarse. En otras palabras, el conocimiento ha de cuestionarse y situarse en el contexto de unas relaciones sociales del aula que permitan el debate y las comunicaciones.
Finalmente, un nuevo tipo de racionalidad curricular deberá subordinar los intereses técnicos a consideraciones éticas. Las cuestiones relativas a los medios deben estar subordinadas a cuestiones que aborden las consecuencias éticas de nuestros afanes. Aunque estas sugerencias representan un enfoque teórico muy amplio, ofrecen de hecho un punto de partida para desarrollar nuevos tipos de indagación curricular. Por otra parte, las tradiciones un tanto dispares de la nueva sociología del curriculum han contribuido a que algunos de los grandes temas abstractos en torno a las metas y el significado de la instrucción escolar hayan cristalizado en problemas concretos acerca del curriculum y en guías para su posterior estudio e investigación.
Al comienzo de este capítulo señalaba yo que el modelo tradicional de curriculum estaba moribundo, política y éticamente. Quiero volver sobre esta afirma-ción y precisarla, para que nadie la entienda como una proclamación gratuita de optimismo. El paradigma del curriculum tecnocrático dominante tal vez esté envejeciendo, pero está lejos de convertirse en un residuo histórico. El esfuerzo consistente en reemplazarlo por principios y supuestos coherentes con la visión del movimiento curricular de la nueva sociología será sin duda costoso. Pero una cosa es cierta. La lucha en favor de un nuevo tipo de racionalidad curricular no puede enfocarse como una tarea puramente técnica. Ha de contemplarse
como una lucha social profundamente comprometida con lo que Herbert
Mar-cuse ha denominado atinadamente «la emancipación de la sensibilidad, de la razón y la imaginación en todas las esferas de la subjetividad y la objetividad».18 La nueva sociología del curriculum ha contribuido a hacer esta lucha un poco más fácil. El resto depende de nosotros.