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TRASTORNOS DE ANSIEDAD

In document MIEDOS INFANTILES (página 41-46)

MARCO DE REFERENCIA

TRASTORNOS DE ANSIEDAD

Las manifestaciones de ansiedad en el niño plantean la cuestión, más genérica, de cómo puede haber angustia cuando la organización neurótica se construye precisamente para evitarla. Si se atiende al hecho de que el síntoma es un compromiso o transacción, se comprenderá el relativo fracaso de las defensas contra la ansiedad. Pero si se atiende igualmente al hecho de que, mediante el síntoma, el niño pasa a temer un sustituto del objeto realmente temido, se comprenderá el relativo éxito de la elaboración neurótica. En todo caso, en los estados de ansiedad aquí considerados, dicha elaboración neurótica no es tan compleja como en los cuadros neuróticos mas definidos de la fobia, la histeria o la obsesión. (Bayona,

López Matteo. 2001. Pág. 64)

Existe una pequeña porción de miedos infantiles que persisten y continúan durante mucho tiempo, llegando incluso hasta la edad adulta. Estos miedos

son los denominados trastornos de ansiedad, es decir cuando la respuesta de miedo es desproporcionada, exagerada, y acaba convirtiéndose en un problema para la familia y el propio niño.

El miedo se convierte en fobia infantil cuando el comportamiento no resulta apropiado a la situación:

1. Se evita el contacto de forma reiterada con el estimulo temido 2. Es irracional

3. Está fuera del control voluntario

4. Es intensamente desproporcionada la respuesta de miedo 5. No corresponde a la edad o estadio evolutivo

6. Dura largos periodo de tiempo (García, Jorge. s/año. 18/05/2009) LAS FOBIAS

La evolución de las fobias depende de la personalidad del niño y de la buena o mala relación de este con sus padres. En casos graves puede significar el principio de otros grandes cuadros, como la neurosis obsesiva, o bien un primer signo de psicosis. (Bayona, López Matteo. 2001. Pág. 55-

56)

Origen de una fobia

El origen de una fobia no es tan simple, y en general, se esta de acuerdo en que la condición fóbica de una situación, un ser o un objeto es debida a que se le ha asociado un monto de ansiedad. Más allá de la comprobación de que la ansiedad es el agente condicionante de la fobia, importa ver el origen de esta ansiedad, porque es ahí donde se genera la fobia y donde esta obtiene las condiciones de su persistencia. (Bayona, López Matteo. 2001.

Pág. 95-98)

Las causas de la aparición de una fobia en el niño son buscadas en algún acontecimiento real (traumático) que diera cuenta de porque el niño puede llegar a temer a un determinado objeto. Si un niño fue mordido por un perro,

temerá, en lo sucesivo, todo contacto con el o los perros por una simple respuesta condicionada. Pero puede suceder que esta experiencia aterradora no haya sucedido en realidad y solo fuese una creación de la imaginación del menor. (Bayona, López Matteo. 2001. Pág. 95)

El contacto con el objeto o situación fóbica desencadena en todos los casos un ataque de angustia. El niño, lógicamente, tiende a evitar entonces dicho objeto o situación. La ansiedad es entonces contenida, pero el niño fóbico, a cambio, debe constreñir su campo de acción, tanto externo como interno, puesto que también queda limitada o inhibida parte de su esfera de representación. (Ídem)

El niño buscara algo que pueda convertir en objeto antifobígeno para tranquilizarse y evitar la angustia. El objeto antifobígeno estaría relacionado con el objeto ideal-madre, que es la persona que puede calmar todas sus angustias. El objeto antifobígeno puede ser una cosa, una persona, o una situación. (Ibídem - 54)

Diagnóstico de una fobia infantil

El diagnostico de una fobia infantil tiene que considerar, el carácter extensivo del síntoma, puesto que, una fobia puede estar apuntando a una organización neurótica distinta, de tipo obsesivo a veces, como puede apuntar, en casos extremos a la aparición de una psicosis infantil. De ahí la necesidad de explorar la constelación familiar y escolar en la que el niño se desenvuelve, así como las formas del más temprano desarrollo evolutivo, a fin de poder ubicar correctamente en su cuadro nosológico el mecanismo de la fobia. Una dificultad que presenta el diagnostico de la fobia es la negación que hace el niño, sobre todo si es mayor, de su padecimiento; hasta el punto que este puede llegar a ser ignorado por los padres. (Ibídem – 98) MIEDO Y CRECIMIENTO

Los niños, a lo largo de su desarrollo, padecen y experimentan numerosos miedos. La mayoría son pasajeros. El miedo a la separación, a personas

extrañas, a la oscuridad, a la escuela y un largo etcétera, irán apareciendo y desapareciendo en determinadas edades y estadios evolutivos. Estos miedos les ayudarán a enfrentarse de forma adecuada a situaciones difíciles y amenazantes con las que se encontrarán a lo largo de su crecimiento.

La función del miedo en estos casos es proteger a la infancia de posibles daños. Los miedos son reacciones emocionales que forman parte del desarrollo y son constantes en la naturaleza humana. Es normal que los niños presenten miedos específicos. (García, Jorge. s/año. 18/05/2009) Los trastornos que pueden aparecer en esta edad con frecuencia son: miedos, rituales y automatismos, pesadillas y terrores nocturnos.

El niño experimenta el miedo y la angustia en forma combinada. Los miedos suelen ser bastante frecuentes entre los dos y los siete años, aunque no de forma persistente. (Bayona, López Matteo. 2001. Pág. 38)

Los recién nacidos muestran una conducta alterada y trastornada cuando tienen hambre, están cansados o nerviosos, antes que miedo propiamente dicho. En los primeros meses de vida el niño no responde con cautela ante estímulos novedosos pero si responde con gritos y lloros alertando a la madre en busca de protección cuando tiene hambre, dolor, frío o recibe una estimulación violenta. Se puede diferenciar diferentes tipos de llantos dependiendo si es llanto de hambre, de dolor o simplemente para llamar la atención o "falso" llanto. Las dos primeras semanas los bebes lloran cuando se les retira algún objeto gratificante como el chupete o se interrumpe la alimentación. Después el bebe empieza a prestar más atención a los estímulos novedosos que a los familiares mostrando interés y reacciones que pueden ser de aprensión y miedo. De los 8 a los 12 meses el niño es capaz de reconocer y diferenciar los estímulos familiares de los extraños y comienza a mostrar miedo a las personas desconocidas.

Cuando empieza a caminar las respuestas de evitación se hacen más patentes al poder exteriorizar el temor huyendo del estímulo atemorizante y corriendo al encuentro de su madre.

Durante los dos primeros años de vida los temores van aumentando. El niño puede explorar su entorno teniendo más probabilidades de encontrarse con situaciones peligrosas, desde las caídas sin importancia, sufrir sustos de personas extrañas, percances con animales como los perros, etc. (García,

Jorge. s/año. 18/05/2009)

Las fobias sirven para evitar el sufrimiento y el displacer; sin embargo, crea interferencias en la relación y en la vida diaria del niño, que se hacen extensivas a toda la familia. A los dos o dos años y medio, los niños tienen miedo a la oscuridad y a estar solos, requieren a menudo la presencia de la madre para tranquilizarse y conciliar el sueño. Hacia los tres años y medio, los miedos se concentran en los pequeños animales. Hacia el tercer o cuarto año, sus perseguidores son los personajes desconocidos. Temen a los fantasmas y a las brujas. Después de la angustia nocturna y de la fobia a los lugares oscuros, empiezan las fobias a los grandes animales domésticos. A los cinco años los temores se centran en los grandes animales. Más tarde aparecen miedos a los animales pequeños: ratones, mariposas, murciélagos, etc., cuyo contacto a distancia es causa de angustia. Hacia la edad de cinco años, pueden surgir manifestaciones agoró-claustrofóbicas y vértigos de altura. Estos miedos suelen calmarse con la presencia de los padres y acostumbran a desaparecer, sin llegar a constituir un problema importante, siempre que los padres traten de comprenderlos y tranquilice al niño para que este pueda sentirse protegido.

(Bayona, López Matteo. 2001. Pág. 38)

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