TRES SEMANAS DESPUES

In document La Reina Roja (Werty Dic10) Prologo (página 193-200)

Disfrutaban de una comida de lo más agradable. Al final, se había decidido y la había llamado, no era nada especial, una simple comida, pasar un buen rato y volver a casa, una salida sana, sin intenciones de nada más y la verdad, es que estaba resultado bastante divertido. Clara era muy amable, simpática, chistosa y dulce… se sentía bien con ella, sí, se sentía bastante cómoda.

E: Jajajaja – reía por una de las historias que le estaba contando - ¿Y tú qué hiciste?

C: ¿Yo? Bah… nada – contestó – simplemente le seguí el juego, le puse bastante… ya sabes, bastante caliente – Esther asintió – y luego le tiré la copa encima…

E: Jajaja, así se hace… - le dijo – porque hay algunos que… en serio… no sé como lo hacen pero no son nada originales a la hora de ligar…

C: También hay quien es gracioso ¿eh?

E: Sí, sí que los hay…

C: Va, cuéntame tú – le dijo interesada – cuál es la forma más original en la que han intentado ligar contigo…

E: Ehh… pues… - bebió de su copa mientras lo pensaba y su rostro cambió de expresión – hubo alguien que usó estadísticas – dijo bajando la mirada.

C: ¿Estadísticas? – sonrió interesada – esa es buena… ¿cómo fue?

E: La… la verdad es que no lo recuerdo demasiado bien – contestó mirándola un segundo – oye… ¿te apetece que vayamos a dar un paseo o al cine o…?

C: Claro – secundó Clara, sabiendo que había cambiado de tema descaradamente pero no queriendo ahondar más en ello… - ¿qué quieres ver?

Pagaron y salieron del local, comenzaron otra conversación en la que Clara hablaba y Esther reía. En un leve movimiento, Clara tomó la mano de Esther entre la suya… Esther quedó parada, miró sus manos unidas y simplemente sonrió para continuar andando juntas.

En el otro extremo de la calle, a unos cien metros, Maca bajaba la mirada, escondida en su coche, mientras una lágrima caía por su rostro al verla de nuevo y una estaca se clavaba en su alma por descubrirla acompañada…

Tras pensarlo mucho y rechazar la idea mil veces entró en aquel pub donde sabía que trabajaba la misteriosa acompañante de Esther. Sabía que no estaba haciendo lo correcto pero necesitaba verla, hablar con ella, saber con qué persona se estaba relacionando, era consciente de que posiblemente no estaba actuando con la cabeza, pero sentía que tenía que hacerlo.

Había entrado, desde que las viera, en una lucha encarnizada con sus celos y aunque se había calmado aún tenía la necesidad de comprobar cómo era aquella mujer, tenía que saberlo, porque no iba a permitir que nadie nunca más le hiciera daño al amor de su vida.

Al entrar, el buen ambiente, el olor a alcohol y la música bañaron sus sentidos. Miró a la sala donde ya había gente bailando a pesar de ser temprano aún. Anduvo un par de pasos hasta internarse del todo en aquel lugar y finalmente miró a la barra. Allí, con una sonrisa leve, aquella chica servía un par de copas a una pareja, se acercó y se apoyó en la madera quedando parada a la espera de que la atendieran.

Cl: Hola, ¿qué te pongo? – le preguntó quedando frente a ella.

M: Hola – la saludó – pues… ponme un whisky con hielo y una rodaja de limón.

Cl: Vale – contestó comenzando a preparar la copa.

De nuevo Maca miró a su alrededor, en la barra aún no había demasiada gente así lo que le permitía unos segundos más para hablar con ella. Guardándose su orgullo y sus ganas de decirle quién era, sonrió un tanto forzada.

M: Perdona – la llamó – Mejor no me pongas el whisky – hizo un gesto de disculpa – es que no me sienta muy bien, ponme una cocacola…

M: Es que… no sabes lo mal que me sienta – siguió hablando intentando comenzar una conversación – siempre termino haciendo alguna locura…

Cl: No eres la única – sonrió con amabilidad – aunque sí en eso de decir que te ponga otra cosa… hay gente que no sabe cuando parar…

M: Sí, supongo que estarás harta de aguantar borrachos… - Clara le puso el refresco – gracias.

Cl: De nada… y sí, bueno hay de todo también, no vayas a creer que solo hay borrachos… pero sí, a más de uno y de una he tenido que aguantar – volvió a sonreír.

M: Gajes del oficio, supongo – le dio un trago a su refresco.

Cl: Sí – sonrió una vez más.

M: Y… ¿Hace mucho que trabajas aquí? – quiso saber, al ver que la barra se había quedado vacía.

Cl: Pues… unos tres años y medio, creo – contestó guardando un par de vasos vacíos que habían ido dejando.

M: Mucho tiempo – contestó.

Cl: Sí, pero bueno, el sueldo es bueno… no es que sea un gran trabajo pero me vale para ir tirando hasta que encuentre algo de lo mío…

M: ¿Y qué es lo tuyo? – quiso saber.

Cl: Soy ingeniera – contestó con orgullo – aunque no encuentro trabajo por ningún lado así que…

M: Bueno; ya llegará – continuó – todo llega… tarde o temprano.

Cl: Sí – atendió a una chica que le pedía una copa y miró de reojo a Maca quien permanecía quieta en su sitio, terminó de servir y cobrar y se volvió hacia ella - ¿Y tú? ¿Has venido sola? – preguntó.

Cl: Entiendo… espero que no te aburras mucho – comentó.

M: De momento, estando aquí contigo, me estoy divirtiendo – dijo coquetamente.

Cl: Gracias – contestó a su halago – pero no voy a poder quedarme aquí eternamente, tengo que trabajar y en un ratito esto se llenará…

M: Bueno… siempre podemos quedar cuando salgas – soltó mirándola fijamente.

Cl: ¿Estás coqueteando conmigo? – preguntó directamente.

M: Tal vez… - dijo haciendo un gesto con los ojos - ¿crees que tengo posibilidades? – preguntó, queriendo saber hasta qué punto esa chica coquetearía con otras.

Cl: No – contestó con convicción – la verdad es que no… no me interpretes mal… eres una chica simpática y muy guapa pero…

M: Pero… - la invitó a seguir - ...con lo bien que nos lo pasaríamos… - añadió en un susurro con una sonrisa canalla.

Cl: Ya… mira, de verdad, no quiero líos con nadie – la atajó – intento comenzar algo con alguien y… no quiero estropearlo…

Y ante aquellas palabras, Maca encontró lo que buscaba, a su pesar, aunque le jodiera demasiado saber que Esther podría estar con otra persona, aquella chica le había dejado claras cuáles eran sus intenciones, así que, sabiendo que no podía hacer otra cosa, decidió echarse a un lado.

M: Entiendo – dijo súbitamente triste – pues… ha sido un placer… voy a darme una vuelta.

Dicho esto sin esperar respuesta, se alejó de la barra. Dio una vuelta por el local y cuando iba a salir de él pudo ver como Esther entraba, se escondió para no ser vista y quedó contemplándola… estaba tan hermosa…

E: Hola – saludó Esther al llegar a la barra.

E: Te dije cuando salimos del cine que intentaría pasarme – contestó.

Cl: Ya… pero no fue demasiado convincente – sonrió mientras le servía una copa que no le había pedido - ¿qué tal estás?

E: Bien… ¿y tú? – quiso saber - ¿Mucho trabajo?

Cl: De momento no – contestó – está todo muy tranquilo – sonreía abiertamente, Maca lo miraba todo desde su posición y sentía que los celos volvían a su cuerpo - ¿sabes qué? Acaban de intentar ligarme…

E: ¿En serio? – sonrió bebiendo de su copa - ¿Y no lo han conseguido?

Cl: No… y la verdad es que estaba muy buena ¿eh?

E: Vaya… - seguía sonriendo - ¿Y cómo es que no te has dejado ligar? Si tan buena estaba… podrías haber pasado un buen rato…

Cl: Ya, pero… prefería esperarte… - dijo mirándola intensamente. Maca tuvo que apartar la vista para no verlas.

E: Me alegro – afirmó - ¿y sigue por aquí esa que ha intentado ligarte?

Cl: Pues ni idea – dijo elevando la cabeza para intentar buscarla – no la veo…

E: Qué pena… podríamos haberle dado celos bailando… - siguió tonteando.

Cl: Bueno… también podemos bailar sin darle celos a nadie, espera – se alejó un segundo, pidiéndole a una compañera que la cubriera y salió de la barra tomándola de la mano para llevarla al centro de la pista – Estás muy guapa – dijo a su oído cuando comenzaron a bailar.

E: Y tú estás impresionante – contestó dejándose llevar por ella.

Disimuladamente, Maca salió de su escondite para marcharse de allí, con el alma en los pies y el corazón un poco más quebrado, antes de abandonar el local las miró un segundo, el tiempo suficiente para ver como aquella camarera besaba los labios de su chica…

Entró en el despacho con una leve sonrisa. La verdad es que hacía mucho tiempo que no se lo pasaba tan bien. La noche anterior había sido muy divertida y amena, Clara se había encargado de que así fuera, ni siquiera cuando tuvo que volver a la barra porque el bar se había llenado se había sentido mínimamente aburrida, y es que, Clara se había encargado de que no fuera así, había pasado la noche haciendo bromas, estando pendiente de ella y no había permitido que en ningún instante se sintiera incómoda.

Cuando salieron del bar, fueron juntas a un pub que aún estaba abierto, bailaron toda la noche, rieron, hablaron… y se besaron, se besaron durante horas, besos lentos, besos leves, otros más profundos, besaba muy bien, sí, le gustaba mucho cómo besaba. Sentada en su escritorio, sabía que tenía que comenzar a trabajar, pero no podía dejar de pensar en la noche anterior… hacía demasiado tiempo que no salía a divertirse… desde… desde que… hacía mucho tiempo que no se dejaba llevar de esa forma…

Clara era una chica estupenda, eso era más que evidente, pero esa noche se lo había demostrado aún más. No había intentado propasarse en ningún momento y había dejado que ella marcara el ritmo, y ni siquiera se lo había pedido.

Cuando consiguió dejar de pensar en esa noche decidió que había llegado la hora de trabajar, tenía que supervisar un par de prototipos y debía organizar el viaje de vuelta de uno de los testigos que debía asistir esa semana a un juicio. Iba a ser una semana complicada, todo debía salir perfecto, no iba a permitir que nada lo estropeara, ya tenían suficiente con lo que había pasado como para que algo volviera a salir mal…

Ese pensamiento le llevó una vez más a Clara… ¿Y si ésta también la estaba engañando? ¿Y si todo era una tapadera? Aquellas preguntas se internaron en su mente quitándole la poca ilusión que tenía… no podía confiar en Clara, después de todo lo ocurrido, no podía permitirse el lujo de volver a confiar en nadie. Cerró una carpeta que tenía abierta con algo de agresividad, se levantó, miró por la ventana y cerró los ojos intentando olvidarse de todo, sabiendo que no lo lograría.

Claudia estaba en su despacho, estaba revisando las ultimas pruebas de la nueva alarma, el informe decía que se habían encontrado un par de fallos que retrasarían el lanzamiento al mercado al menos un mes más. Aquello no era una buena noticia pero al menos habían encontrado el problema antes y no después. Estaba intentando pensar en la manera de solventar los errores cuando alguien llamó a su puerta.

C: Adelante – invitó.

- ¿Claudia Castillo? – dijo un mensajero asomando la cabeza por la puerta.

- Esto es para usted – continuó el chico adentrándose un poco más en el despacho – debe firmarme aquí.

C: Ya – se levantó y miró el paquete - ¿por qué no lo ha dejado en recepción? – quiso saber, pues todo el correo se dejaba allí.

- Me pidieron que lo entregara en mano a su destinatario – se excusó el chico mientras Claudia firmaba – gracias.

C: Sí, gracias – contestó prestándole atención de nuevo al paquete.

El chico salió del despacho y ella quedó mirando con algo de recelo lo que había traído. Se acercó y lo abrió por un costado, dentro había otro paquete más y un sobre a su nombre. Cogió el sobre obviando el contenido de aquella caja y lo volteó un par de veces intentando averiguar de donde provenía, sin embargo, en aquel sobre tan solo se podía leer su nombre.

Se sentó en la silla y lo abrió, sacó de él una hoja de papel manuscrita y comenzó a leerla al tiempo que su sorpresa se hacía cada vez mayor.

“Hazle llegar esto a Esther… supongo que lo va a necesitar. Dile que lo siento, que siento todo cuanto pasó… sé que a mí no me va a escuchar. Maca.”

C: ¿Pero qué…? – pronunció volviendo hacia la caja y abriendo todo el contenido. Encontrando, al fin, lo que tanto habían estado buscando, el maletín y los informes clasificados de Esther, aquellos que estaban en su piso, los que desaparecieron tras su secuestro y que pensaron, se los había llevado Raúl – Maca… - susurró con algo de pesar…

Cogió el teléfono y le pidió permiso a Esther para subir, cuando ésta le dio autorización y le desbloqueó el acceso a su despacho, cogió todo aquello y se dispuso a subir. Ya en la puerta del despacho de su jefa, se tomó un tiempo para buscar las palabras adecuadas. Sin saber muy bien qué le iba a decir entró y saludó con algo de preocupación.

E: ¿Pasa algo? – preguntó al ver que no hablaba mientras revisaba algo en su ordenador.

C: Ha llegado esto para ti – dijo enseñándole el paquete.

C: En realidad ha llegado para mí, pero es para ti – le explicó – creo que deberías verlo.

E: A ver…

Esther se levantó y se acercó a la caja que Claudia había dejado al otro lado de su mesa, comenzó a abrirla y sus ojos se abrieron como platos. Reconoció aquel maletín al instante y por supuesto, su ordenador portátil y todos los documentos, memorias USB e informes que tenía guardados. Los revisó uno a uno cerciorándose de que todo estaba bien y finalmente miró a Claudia.

E: ¿Dónde estaban? – quiso saber.

C: No lo sé – contestó buscando la manera de contarle cómo habían llegado hasta allí, lo ha traído un mensajero.

E: ¿Y quién coño lo envía? – inquirió.

C: Pues…

E: Espera – la cortó – hay algo más aquí dentro – terminó de decir, sacando algo al fondo de la caja; su cuerpo se quedó helado y sintió que le fallaba la respiración.

Con aquella figurita en las manos, miraba todos sus documentos sin entender ni poder creerse todo aquello. Era absurdo que Maca, tras todo lo que había pasado le mandar ahora aquella información tan valiosa y mucho más absurdo pensar que lo hacía desde la cárcel…

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