Alejandro López, Daniel Link, Gustavo Romano: internet y el territorio de la lengua
1. Lo grande, lo trivial
“¿De qué está hecha la ocasión actual?”
(Gilles Deleuze) El eje principal de Kerés cojer? = Guan tu fak de Alejandro López pasa por los chats que un travesti mantiene con su prima radicada en Paraguay y se completa con distintas discursividades fragmentadas (mails, desgrabaciones de escuchas telefónicas, recortes de diarios, fotos e incluso videos subidos a la web) que arman una historia policial en la que se cruzan la marginalidad y el delito. La ansiedad de Daniel Link, en otro tono, también recurre a discursos fragmentados que remedan una composición tecnológica del lenguaje, sobre todo a partir de mails y chats que diagraman un itinerario gay de discotecas y que derivan en una historia relativamente tradicional de desamor. En este caso el relato se completa con fragmentos de obras teóricas que establecen un juego con la alta cultura, por lo que el término “marginalidad” responde más bien a una idea de minoría sexual. Mi deseo es tu deseo de Gustavo Romano, por su parte, cita una lengua electrónica y fugaz, proveniente de la recopilación de mensajes privados en un sitio de citas online. La obra-proyecto se compone de dichos mensajes, en inglés y en castellano, recibidos por dos rostros de personas inexistentes que fueron generados por computadora (una mujer y un varón) y puestos en perfiles públicos. Más
allá de las diferencias temáticas, lo que nos interesa en las novelas de López y Link –y, por extensión, en la obra entre literaria y plástica de Romano– es analizar los imaginarios, según Arlindo Machado, en tanto “metalenguajes de la sociedad mediática” (2007:16).209 En esta línea, el problema que abordamos y que atraviesa los textos es la construcción de una lengua, en principio social pero que se vuelve literaria a partir del gesto reproductivo que analizamos en el capítulo anterior como un tipo de escritura “en grado cero”.
La clave teórica que sirve de marco para abordar la serie gira en torno a la idea de “acontecimiento” en su doble valencia, es decir, como gran suceso (en la acepción de Mauricio Lazzarato –2006–) y como aquello que desde el centro de la época se muestra mucho menos resonante (la que sigue el sentido que le da Gilles Deleuze –1987–). La idea de Lazzarato refiere a una “potencia de producción de lo nuevo” (2006:39), pero sobre todo a una “mutación de la subjetividad, es decir, de la manera de sentir” (ibídem, 43).210 El advenimiento de las nuevas tecnologías –la aceleración del proceso de modernización tecnológica que traspasa las capas de lo cotidiano– puede ser leído bajo este concepto que las novelas de López y Link recrean en términos literarios. Decimos “acontecimiento”, en esta primera acepción, porque así como la modernidad consistió en un modo de experiencia vital,211 desde finales del siglo XX a esta parte hubo un cambio en lo referido al avance tecnológico,212 una “nueva distribución de los posibles y
209 La traducción es nuestra, así como el resto de las citas del libro.
210 En este mismo sentido, Derrida –cuando analiza el ambiente analógico digital– afirma que “se produjo
una gran crisis, una puesta en duda generalizada, comparable a lo que había acontecido en Grecia en relación con la lengua (la era crítica de la relación con el lenguaje que dio como resultado la lógica, la filosofía, la ciencia, etcétera)” (1998:197).
211 Perry Anderson cita a Marshall Berman: “Existe un modo de experiencia vital –la experiencia del
tiempo y el espacio, de uno mismo y de los demás, de las posibilidades y peligros de la vida– que es compartido hoy por hombres y mujeres de todo el mundo. Llamaré a este conjunto de experiencias ‘modernidad’” (2004:108).
212 Particularmente en Argentina este cambio se da desde mediados y fines de la década del noventa a
de los deseos [que] abre a su vez un proceso de experimentación y de creación” (Lazzarato, 2006:44). En este nuevo orden, que según Lazzarato caracteriza la última revolución técnica, resuena la idea clásica de Rancière de distribución y redistribución de los espacios y los tiempos, lo visible y lo invisible, los lugares y las identidades que conforman “el reparto de lo sensible” (Rancière, 2011:16).
Pero también, decíamos, queremos pensar el acontecimiento en un sentido extendido, tal como lo plantea Deleuze. Es decir, ya no sólo para definir la situación de avance tecnológico y sus efectos en cuanto a la redistribución en el reparto de lo sensible, sino como dispositivo que facilite abordar las situaciones banales y cotidianas que se inscriben dentro de esa mutación de la subjetividad que refiere Lazzarato. Sin perder de vista la noción de acontecimiento como “lo que es notable” (Lazzarato, 2006:41) ya que sirve para analizar estas novelas tecnológicas,213 queremos ampliar la posibilidad del término hacia una dimensión filosófica en la cual, en términos de Deleuze, “todo es acontecimiento” (1987a: s/n): “la producción de una manera de ser es acontecimiento” (y aquí se replican Lazzarato y Rancière), pero sobre todo “un acontecimiento”, en esta segunda acepción, “no es simplemente ‘un hombre es atropellado’, sino ‘la vida de la gran pirámide durante cinco minutos’” (Deleuze, 1987b: s/n):
Adán –sostiene Deleuze y nos sirve para entender las dos nociones de acontecimiento– estaba en un jardín y pecaba, cometía un pecado. Pecar, evidentemente, es un acontecimiento, hace parte de lo que todo el mundo llama un acontecimiento. Pero el jardín mismo es igualmente un acontecimiento. Una flor es un acontecimiento (…) ¿Y la silla? La silla es un acontecimiento, no sólo la fabricación de la silla. ¿En qué –se pregunta Deleuze– la gran pirámide es un acontecimiento? En tanto que dura, por ejemplo, cinco minutos.
(Deleuze, 1987a:4)
213 Hablamos de “novelas tecnológicas” para referirnos a una narrativa que incorpora explícitamente el
Según esta perspectiva, en la novela de López el acontecimiento no pasa por donde pasaría si tuviéramos un enfoque periodístico, es decir, por el hecho policial que reconstruye la historia. Al igual que en las obras de Link y de Romano se trata de la imitación de una estética y de una ética de la sociedad mediática y tecnológica. Si esto puede pensarse como el gran suceso que refiere Lazzarato, el acontecimiento como mera duración según Deleuze remite a la serie de sobrantes que son las conversaciones vía chats,214 tan triviales como los seres que hablan del presente “en su máximo grado de presencia y lleno de rasgos sublimes” (Hugo von Hofmannsthal, 1990:4), en aquella famosa carta de Lord Chandos.215
2. Construcciones lingüísticas en una cartografía digital (Alejandro López,