El tiempo de permanencia de un subtítulo en pantalla es un factor importan- te dentro de la accesibilidad en subtitulación. Aunque se suele recomendar prolon- gar ligeramente el tiempo de exposición de los subtítulos para sordos con respec- to al subtitulado para oyentes, esta recomendación necesita estudios empíricos en nuestro país como los llevados a cabo en otros países [Jensema, 1998]; el autor, analizando la recepción de los subtítulos en televisión en EE UU -con más de 30 años de uso común- demuestra que los sordos en EE UU no leen más despacio. El autor concluye que "cuanto más oyen las personas, más lentos quieren los subtítu- los".
Sería poco realista exigir un mínimo de permanencia muy superior al de los oyentes, ya que el ritmo del diálogo de cada producto será el que determine en últi- ma instancia la velocidad a la que deberán sucederse los subtítulos. De lo contra- rio, se produciría un molesto desfase entre el texto del subtítulo y la información verbal y visual del filme, dificultando así la comprensión del mismo. Por lo tanto, consideramos que el tiempo mínimo de permanencia en pantalla del subtitulado para sordos debería atenerse, en la medida de lo posible, a las características del producto, aunque en un contexto ideal se puede recomendar un tiempo cercano a los dos segundos para los subtítulos monolineales y cercano a los cuatro segundos, en el caso de los bilineales.
Por otro lado, hay que recordar que tampoco es conveniente mantener un subtítulo en pantalla durante demasiado tiempo cuando no es necesario, especial- mente en el caso de los subtítulos cortos (de una, dos o tres palabras), porque el espectador (sordo u oyente) tiende a releer el subtítulo mientras este permanezca a la vista, distrayéndose de la imagen. Además, no olvidemos que el subtitulado supone de por sí una contaminación inevitable del componente visual que el subti- tulador debe minimizar, de manera que no suponga una intromisión innecesaria o excesiva en la imagen, sin dejar de tener en cuenta en todo momento las necesida- des específicas del colectivo al que va dirigido.
Siempre que el discurso verbal lo permita, es preferible reunir el contenido en un subtítulo bilineal y prolongar su permanencia en pantalla, antes que separar la información en dos subtítulos monolineales de proyección más breve. De esta manera, al igual que sucede en el subtitulado para oyentes, la vista del espectador no tendrá que desplazarse dos veces hasta abajo, al comienzo de cada línea, sino que dispondrá de más información y más tiempo de una vez para luego poder vol- ver a la imagen.
5.- CConclusiones
El presente trabajo ha pretendido exponer el análisis y debate sobre algu- nos de los aspectos propios de la práctica profesional y en la enseñanza de la sub- titulación inter e intralingüística desde la perspectiva de la accesibilidad y el diseño para todos. Sea cual fuere la opción que decidiera tomar un subtitulador para cada
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uno de estos aspectos del subtitulado, tres consignas deben prevalecer sobre todas las demás: primero, uniformidad y coherencia.
Ante todo, el subtitulado debe sustentarse sobre pautas técnicas coheren- tes y predecibles, que permitan al público comprender sin dudas ni sobresaltos a qué responde cada línea de texto, de ahí la importancia de no desviarse en los dis- tintos formatos de la norma que ya existe para el subtitulado en teletexto (UNE 153010). Debe ser un subtitulado acorde con la imagen, creíble y fiable, que no ins- pire ningún tipo de escepticismo o suspicacias respecto a la fidelidad del mismo. Por último, el subtitulado debe siempre respetar al máximo la integridad de la ima- gen para que el espectador, independientemente de sus necesidades especiales, pueda disfrutar del producto, y este es el objetivo último de la subtitulación.
El camino hacia la accesibilidad es más fácil si parte del concepto de diseño para todos. En este contexto de preparar subtítulos accesibles, el medio digital ofrece múltiples posibilidades para mejorar la situación actual. Algunas de las posi- bles vías serían la introducción de subtítulos en medios de uso cotidiano que hasta ahora no han sido objeto de la práctica subtituladora.
Por ejemplo, si se subtitularan los anuncios, todas las personas tendrían un aprendizaje intuitivo de los dobles sentidos; si se subtitulara la música, las perso- nas hipoacúsicas podrían disfrutar más de sus restos de audición. En cualquier caso, la necesidad de estudiar las necesidades, expectativas y recepción del subtitulado por parte de los distintos usuarios es un paso necesario que exige el desarrollo de estudios empíricos que aún son escasos en nuestro país.
6.- BBibliografía
- [Acceplan, 2003]. Acceplan. Libro blanco: por un nuevo paradigma, el Diseño para Todos, hacia la plena igualdad de oportunidades. 2003.
- [AENOR, 2003]. AENOR. Subtitulado para personas sordas y personas con disca- pacidad auditiva. Subtítulado a través del teletexto. Madrid: AENOR. 2003.
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- [Baker, Robert et al. 1984]. Baker, Robert. et al. Handbook for Television Subtitlers. Winchester: University of Southampton and Independent Broadcasting Authority. 1984.
- [Brasel, K. y Quigley, S. 1977]. Brasel, K. y Quigley, S. “The influence of certain lan- guage and communication evironments in early childhood on the development of language in deaf individuals”. Journal of Speech and Hearing Research, 20, 95-107. 1977.