“Definición del propósito es el punto de partida de todo logro. “ W. Clement Stone
Gillian Lynne a la edad de 8 años, ya tenía grandes problemas en la vida. Sus profesores decían que era un desastre. Nunca entregaba la tarea a tiempo, su caligrafía era horrorosa apenas aprobaba alguna asignatura.
Pero no sólo era eso, sino que Gillian era muy nerviosa, alborotaba a sus compañeros de clase y el profesor tenía que interrumpir la lección constantemente para que ella prestara atención.
Para ella era normal, de hecho, no entendía cómo sus compañeros podían permanecer tanto tiempo quietos; además, ya estaba acostumbrada a que los mayores le llamasen la atención, así que no le preocupaba ni tenía la sensación de estar haciendo algo malo.
Todo esto pasó en la década de los años 30. Actualmente la hubieran diagnosticado de TDAH (trastorno de déficit de atención) o hiperactividad, pero en aquella época, todavía no se conocía, así que sus profesores decidieron que Gillian tenía un problema y que quizás sería mejor que fuese a un colegio para niños con necesidades especiales.
Los padres de Gillian recibieron una carta del colegio con gran preocupación y enseguida se pusieron en acción para solucionarlo.
Llamaron a uno de los mejores psicólogos de la ciudad y concertaron una cita. Cabe decir que los padres estaban muy preocupados. El colegio quería deshacerse de su niña por mal comportamiento y falta de rendimiento, no interesaba que una oveja negra estropeara el rebaño. Sus padres no dejaban de temer por su futuro. Sabían que Gillian tendría los mismos problemas de adaptación fuese al colegio que fuese.
Por fin, llegó el día de la cita con el psicólogo. La madre de Gillian visitó a la niña con sus mejores galas, ella hizo lo propio, tenían que causarle buena impresión si querían un buen informe y que no echaran a su niña del colegio.
Cuando entraron por la puerta del despacho, Gillian se encontró de frente con un hombre alto, buena apariencia y rostro serio. Cuando las vió entrar, saludó cordialmente a su madre y luego acompañó a Gillian para sentarse en un sofá de piel que había al fondo de la habitación. Luego acompañó a su madre a la silla enfrente
de su escritorio, y mientras observava a Gillian, preguntaba a su madre acerca de los problemas del colegio y sus dificultades de aprendizaje.
A pesar de su juventud, tan sólo 8 años, Gillian ya sabía que esa entrevista era crucial en su vida. No quería ir a un colegio especial, sabía lo que eso comportaba y, al fin y al cabo, ella no consideraba que tuviera ningún problema, aunque todo el mundo se empeñase en que sí.
Puso sus manos debajo de las piernas y se sentó encima para evitar moverse mucho, cruzó las piernas y se reclinó. Tenía que dar buena impresión.
Después de unos minutos, el psicólogo y la madre de Gillian se levantaron. En ese momento se acercaron hacia ella y el psicólogo le dijo:
-Te doy las gracias y te felicito por tu comportamiento. Has sido muy paciente. Sin embargo, te pido un poquito de paciencia más. Necesito hablar con tu madre en privado y vamos a salir de la habitación. En unos momentos volvemos.
Cuando salió, encendió la radio y cerraron la puerta. El psicólogo se giró hacia la madre de Gillian y le dijo:
-Quédate quieta y observa lo que pasa…
Miraba a Gillian a través de la ventana del pasillo, desde dónde la niña no podía verles. De pronto, Gillian se levantó y comenzó a moverse al ritmo de la música. Ambos adultos observaban cómo esa niñita de 8 años movía su cuerpo al ritmo de la melodía y era obvio que tenía una gracia natural para hacerlo. Además, no sólo se movía bien, sino que parecía disfrutar mucho haciéndolo.
Al fin, el psicólogo miró a la madre y le dijo:
-Señora, su hija no está enferma, es bailarina. Llévela a una escuela de danza.
Resumiendo la historia, Gillian entró en una escuela de danza de personas como ella. Personas que tampoco podían estarse quietas y que amaban la música. Por fin sentía que estaba en el lugar adecuado. Iba a la escuela dos veces por semana y poco a poco fue aumentando sus clases.
Con los años, Gillian formó su propia compañía de teatro musical y produjo obras de gran éxito internacional, entre ellas CATS y EL FANTASMA DE LA ÓPERA. La niñita de 8 años con problemas de aprendizaje y un futuro incierto, resulta que se convirtió en una de las coreógrafas más importantes de nuestro tiempo. Hizo disfrutar a millones de personas en todo el mundo con sus obras y ganó millones de dólares haciéndolo.
Y todo esto ocurrió porque cuando nadie creía en ella y todo el mundo estaba ya etiquetando su futuro, hubo alguien que sí creyó en ella. Cualquier especialista le hubiera recetado medicamentos y la hubieran atontado para que siguiera el rebaño y no fuera problemática.
Pero Gillian Lynne no tenía ningún problema, tan sólo necesitaba que la dejasen ser quien había venido a ser.
¿Te has sentido identificado en algún momento con Gillian?
¿Cuántas veces sentimos un deseo en nuestro corazón, pero quizás no parezca realista o correcto a ojos de nuestra sociedad, y abandonamos por miedo o por no llamar demasiado la atención por evitar la crítica?
Si pudieras valorar tu vida del 0 al 10, teniendo en cuentas todas las facetas: salud, familia, amigos, carrera profesional, ingresos y espiritualidad. Siendo 0 una vida horrible que te quieres morir y siendo 10 la mejor vida que jamás pudiste imaginar, aquella que te hace sentir que quieres vivir 100, no ¡200 años!, porque sabes que la vida que tienes es lo máximo. ¿Qué nota te pondrías?
Si te has puesto menos de 8, ¡entonces tienes un serio problema! ¿Por qué digo esto?
Porque sólo tenemos una vida, o al menos sólo tenemos una vida para hacer lo que vinimos a hacer, y además, sabemos que el tiempo pasa muy deprisa. La vida no es algo que podamos menospreciar y tampoco podemos dejar pasar el tiempo y ver si ocurre algo mientras continuamos infelices y por debajo del 8. La vida es un regalo demasiado especial como para infravalorarlo.
No hay nada de malo en llegar a tu lecho de muerte, mirar atrás y ver que has desperdiciado tus horas, minutos y segundos en cosas que no te aportaron nada, o que te rendiste porque no creías en ti y en tus posibilidades. No hay nada de malo en eso, salvo que, ¡es tu vida y sólo tienes una!
¡Es una locura hacer eso!
Cuando juegas a videojuegos, tienes varias vidas. Si mueres no ocurre nada, pues vuelves a empezar y haces las cosas mejor para no volver a caer en los mismos errores.
Si tuviéramos varias vidas, probablemente muchos de nosotros moriríamos para volver a nacer y hacer las cosas diferentes. ¿Te imaginas poder volver a empezar con lo que ya sabes ahora?
El problema es que eso no existe y que ya no podemos recuperar el tiempo perdido, lo que hiciste o lo que dejaste de hacer, ya pasó. Y tuvo sus consecuencias. Lo que sí podemos hacer es tomar diferentes decisiones y hacer las cosas mejor a partir de HOY.
Así que, si todavía no tienes un 10 de puntuación, ¿qué vas a hacer al respecto?
El primer paso para aspirar al 10, es definir qué es un 10 para ti. Independientemente de tu pasado, de la sociedad o de lo que te han hecho creer que eres, si pudieras elegir, ¿qué sería un 10 para ti?
No es tarea fácil, lo sé. Si en el colegio nos hubieran puesto una asignatura de “DEFINE TU IDEAL DE VIDA” y otra asignatura de “CÓMO LOGRAR EL 10 EN TU IDEAL DE VIDA”, creo que las cosas nos hubieran ido distintas, ¿verdad? ¿Imaginas que eso hubiera sido así? Cuando estabas tierno, sin límites, sin condicionamientos, imagina cómo hubiera sido si en ese momento te hubieran dado la oportunidad de definir tu vida, sin límites y que además hubieran habido personas a tu alrededor que te apoyasen en alcanzar esa vida 10.
Vamos a prepara primero tu AUTOIDEAL de vida y después buscaremos tus dones naturales y talentos ocultos para encontrar TU PROPÓSITO DE VIDA. Una vez tengas eso, podremos casarlos a los dos en una unión de mutuo acuerdo que perdure toda la vida y te aporte felicidad, éxito y abundancia. Ese es el CAMINO A TU BENDICIÓN. ¿Lo crees?