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Los tumores del tejido óseo

Con relación a los tumores que afectan al esqueleto, estos son poco frecuentes y forman un gran grupo (alrededor de 30 tipos diferentes, entre benignos y malignos), con variedades derivadas del cartílago, del hueso, del tejido conjuntivo y de otras estructuras, los tumores generalmente presentan problemas graves de diagnóstico.

Entre los tumores más comunes se encuentran el condrosarcoma, el sarcoma osteogénico y el tumor de células gigantes. El condrosarcoma es el tumor maligno de tejido cartilaginosos, este tipo de tumor es más frecuente en el hombre, en edades que oscilan de los 40 y a los 60 años; casi siempre se deriva de tejido óseo normal y aparece en pelvis, costillas, fémur, húmero, tibia, vértebras y otros huesos. Evoluciona lentamente y puede alcanzar un gran tamaño. Este tumor tiene un buen pronóstico, en virtud de que la supervivencia es de más del 50 por ciento a los 5 años después del tratamiento quirúrgico radical (eliminación completa del tumor, también denominada “resección en bloque”, con márgenes amplios, o sea, se eliminan tejidos aparentemente sanos con el fin de evitar la recurrencia local.).

El sarcoma osteogénico es un tumor muy agresivo, se presenta en niños o jóvenes menores de 20 años de edad, predomina en el sexo masculino y es más frecuente en la metáfisis distal del fémur (cerca de la rodilla) y la proximal de la tibia (también cerca de la rodilla), aunque también se observa en otros huesos como húmero, vértebras, costillas y pelvis. Clínicamente se inicia con dolor, discreto aumento de volumen y mayor visibilidad de las venas superficiales, que rápidamente se acompañan de pérdida de peso y otras manifestaciones de ataque al estado general. Este tumor se disemina tempranamente por vía hematógena (sanguínea), dando metástasis sobre todo a pulmones y cerebro; el pronóstico es grave y la sobrevida a 5 años es menor al 5 por ciento.

El tumor de células gigantes aparece en individuos de 20 a 40 años de edad y tiene predilección por el tercio distal del radio (cerca de la muñeca) y del fémur (cerca de la rodilla), y el proximal de la tibia (también cerca de la rodilla), aunque también puede ocurrir en vértebras y en costillas; se caracteriza por aumento de volumen y dolor en la zona afectada, con la incapacidad funcional concomitante. Más de la mitad de estos tumores recurren después de extirpaciones quirúrgicas (resecciones en bloque) incompletas (márgenes quirúrgicos insuficientes), y cerca del 10 por ciento dan metástasis y muestran todas las características de neoplasias malignas; pero por desgracia no se distinguen microscópicamente de los que tienen un comportamiento más benigno.

Las células neoplásicas (o tumorales) difieren de las normales en un gran número de características anatómicas, funcionales y bioquímicas que permiten distinguirlas entre sí; no obstante, las características más sobresaliente de las células neoplásicas, desde un punto de vista médico-biológico es que las células afectadas muestran un comportamiento radicalmente distinto al de los elementos normales.

Las principales características de las neoplasias son los siguientes:

- Las neoplasias son trastornos en el crecimiento y diferenciación de las células.

La mayor parte de las células neoplásicas conservan suficientes características estructurales y funcionales para identificar su origen, lo que permite que se puedan identificar cuando se observan al microscopio (diagnóstico histológico) y la clasificación de los tumores.

- La velocidad de crecimiento de los tumores es excesiva. Esto es más evidente

en los tumores malignos. Ciertas neoplasias benignas permanecen sin crecer por largos periodos.

- El crecimiento tumoral es progresivo e ilimitado. Esta propiedad permite

distinguir a las neoplasias de otros trastornos del crecimiento, como hiperplasia e hipertrofia; los tumores crecen indefinidamente y nunca llegan a alcanzar un equilibrio o tope máximo.

- La alteración neoplásica incluye un cambio intrínseco y hereditario en la célula

afectada. La naturaleza íntima del cambio que transforma una célula normal en otra neoplásica es de una mutación. Por ser hereditaria la transformación neoplásica, el trastorno es independiente de la causa que lo produjo, por lo que la masa tumoral se deriva de una o unas cuantas células que originalmente sufrieron la mutación.

- El crecimiento neoplásico es autónomo. Esta es la propiedad más

característica de los tumores y determina, que aun aquellos mejor diferenciados, no se comportan de la manera altamente integrada e interdependiente en que lo hacen los elementos normales de un organismo multicelular.

Es importante destacar que la neoplasia, o tumor, es un trastorno del crecimiento y la diferenciación celular, caracterizada por un crecimiento excesivo, generalmente rápido y progresivo, debido a múltiples causas que probablemente inducen una mutación y que manifiesta diversos grados de autonomía de los mecanismos normales de regulación.

La célula tumoral capaz de alejarse del tumor primario y seguir creciendo lejos de él en otro órgano lo hace en tres etapas, las cuales son:

- Invasión, previamente mencionada

- Embolia o transporte, que representa el acarreo por linfa, sangre, líquido

seroso o secreción epitelial de las células neoplásicas hasta llegar a su destino final

- Multiplicación y formación de nódulo, que invade los tejidos vecinos y deriva de

ellos el estroma necesario para su subsistencia

Los principales caminos de diseminación metastásica son:

- Linfática, que es la más frecuente en los carcinomas y da como resultado las

metástasis en los ganglios de drenaje del sitio afectado.

- Hematógena, que es característica de los sarcomas, pero también se observa

en ciertos carcinomas, es responsable de las metástasis pulmonares, hepáticas y óseas.

- Linfohematógena, combinación de las dos anteriores.

- Transcelómica, casi exclusiva de carcinomas, consiste en la descamación de

un tumor en una cavidad serosa (peritoneo, pleura, meninges) con formación de nódulos independientes.

- Por conductos perforados y revestidos de epitelio, como ocurre con los

tumores de la pelvicilla renal, que pueden dar metástasis en el útero o en la vejiga urinaria.

Es importante tener siempre presente que los tumores se clasifican según su pronóstico en benignos y malignos. Una neoplasia benigna es aquella que dejada a su evolución espontánea no pone en peligro la vida del huésped y, en general, produce manifestaciones clínicas menores o poco graves. En cambio, una neoplasia maligna que evoluciona sin interferencias, generalmente resulta en la muerte del huésped, precedida de graves manifestaciones clínicas [6].