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Una olvidada écriture du jour de Josep Pla

Josep Pla:

Hacerse todas las ilusiones posibles y otras notas dispersas

Edición de Francesc Montero Traducción de Ana Ciurans Destino, Barcelona, 2017

224 páginas, 20.00 € (ebook 8.99 €)

tauración de la monarquía en España a finales de 1975, reflexiona con un tono acostumbrado en su prosa: «El progrés, el progrés moral, històric, racionalístic, el pro- grés polític, jo no l’he vist mai enlloc en el curs de la meva vida. Més aviat he vist una intolerància, una incomprensió, un retorn a la bestialitat pura i simple» (Obra com-

pleta, t. xxxv, p. 13). Estas palabras convie-

ne que las tenga presente el lector de estas nuevas notas inéditas, escritas, en gran par- te, a finales de la década de los cincuenta y comienzos de los años sesenta: es la mejor carta de navegación para este proyectado libro del universo Pla, titulado –eligiendo una de las meditaciones más amargas aga- villadas en las presentes páginas– «Lo ideal es hacerse todas las ilusiones del mundo y no creer en ninguna. Decepcionante, depri- mente, qué se le va a hacer».

El calendario de las notas se distribuye desde 1957 a 1966. Más o menos una de- cena de años que los textos atestiguan con puntuales referencias de exacta cronología, tanto en la vertiente histórica, política y so- cial como en la dirección personal y memo- rialista. De la primera faceta, pueden servir de ejemplo las dos siguientes acotaciones: «En este momento de crisis económica tan aguda (mayo de 1959), los observadores políticos cometen, a mi entender, un error. Creen que esta crisis afectará a la situación política y perjudicará gravemente la situa- ción [de] Franco. Creo que exageran. Los países pobres cuentan con una gran ven- taja para resistir las crisis» (p. 64); o bien, la que escribe en diciembre de 1974: «En este momento, las dos personas más impor- tantes del país son Manuel Ortínez (director regional del Banco de Bilbao) y el ingenie- ro Durán Farell, de la Catalana de Gas, la Maquinista, etcétera. Los dos hacen políti-

ca, pero creen que la manera más eficaz de hacer política, para el país, es hacer econo- mía» (p. 133).

Las referencias cronológicas de dimen- sión autobiográfica son abundantísimas (es un lugar común de la escritura del maes- tro catalán). Baste con señalar las referidas al semanario Destino: «Hoy, 24 de febre- ro de 1962, ha hecho veintidós años –día tras día– que escribo en Destino» (p. 123). Pla se detiene, a esa altura, comienzos de 1962, en varias consideraciones que ata- ñen a su andadura personal y a la vida del semanario del que fue firma señera duran- te muchos años, en compañía de Camilo José Cela, Álvaro Cunqueiro o Josep Maria de Sagarra. La primera consideración es ta- xativa: «De Destino, elaborado en Burgos durante la Guerra Civil como órgano de la Falange Catalana, no tengo la menor noti- cia» (p. 121). La segunda atañe al inicio de sus trabajos y sus días en dicha publica- ción, con la importante anécdota de la visi- ta a Demetrio Carceller, jefe de la Falange barcelonesa, en la que Pla acompañó a Josep Vergés e Ignasi Agustí, en busca de una subvención anunciada y nunca cum- plida. Acontecimiento que vuelve a nutrir la narración más precisa de un texto de 1980, «La revista Destino», incluido en el tomo xliv de su Obra completa, titulado

Darrers escrits. Ahora, en 1962, escribe:

«Los chicos que entraron en el despacho de Carceller animados y falangistas salieron antifalangistas y acojonados» (p. 122). El semanario marchó adelante gracias a la te- nacidad de Vergés: Pla, su fichaje estrella, inició su colaboración a razón de «setenta y cinco pesetas por artículo» (p. 122). La ter- cera consideración va de crematística. En las notas ahora publicadas se dice: «Cobro quinientas pesetas por número. Quinientas

pesetas son veinte de antes de la Guerra Civil» (p. 123). Mientras que, un poco más adelante, nos informa de que «Al empezar el año 1940 cobraba setenta y cinco pese- tas por artículo. Ahora cobro cuatrocien- tas. La disminución es evidente. La mone- da vale diez veces menos» (p. 124). Como el atinado lector entenderá, lo importante es la queja económica del mayor activo del semanario. Por último, el texto de 1962 re- cuerda la fundación de la editorial por par- te de Vergés y Joan Teixidor y subraya que tres libros suyos fueron la base inicial de la aventura editorial: Historia de la Segunda

República española (1940-1941), Costa Brava. Guía general y verídica (1941) y Viaje en autobús (1942).

Al dar cuenta de la temática de las no- tas, y al margen de algunas inexactitudes o de algunas opiniones en franca contradic- ción con otros textos más cuidados del ge- nial ampurdanés, creo que al menos cuatro líneas temáticas tienen presencia notable en el fragmentarismo de esta genuina escri- tura. La primera trata del carácter catalán y de sus presencias histórica, política y so- cial en las vidas contemporáneas española y europea. Con la inconfundible influencia del pensamiento de Jaume Vicens Vives y el acompañamiento de la lectura meditada de la correspondencia entre Joan Maragall y Miguel de Unamuno, Pla, quien escribe desde su atalaya de observador inteligen- te de la vida cotidiana –«Nunca he habla- do de política […]. En los tiempos que me ha tocado vivir, no podía hacer nada más. Nunca he sido un héroe» (p. 165)–, adivina justamente lo contrario: la desagradable sa- turación política que le ha embargado mu- cho tiempo de sus quehaceres. Desde este enclave anfibio escribe sobre la España franquista con un tono intensamente áci-

do, en especial, entre el capital y el trabajo: «Habrá sido un periodo deslumbrante des- de el punto de vista del trabajo no pagado» (p. 61). Durante esta etapa las burguesías de Barcelona y de Bilbao y la clase política parasitaria de Madrid han obrado con ple- no acuerdo, beneficiándose, sobre todo, Madrid, «capital del latifundio andaluz y meca del militarismo español» (p. 63), con la bendición de la Iglesia católica.

En el ámbito de su catalanismo, su diag- nóstico sobre el «alma colectiva» de los ca- talanes (que, como acertadamente ha vis- to el profesor Xavier Pla, bien puede ser un autorretrato) nos presenta al catalán de hoy (comienzos de los sesenta del siglo pasa- do) como un hombre que «tiene miedo de ser él mismo» (p. 54) y que no quiere pen- sar en su país, pero, al mismo tiempo, «no puede dejar de ser quien es» (p. 54), y de ahí que, a menudo y «en realidad, nos ha- llamos ante un dualismo irreductible –do- loroso, lacerante, enfermizo–» (p. 57), que genera, de un lado, lo que Pla llama «la en- fermedad catalana»: «La permanencia pro- longada en este estado ha creado un ser de escasos sentimientos públicos positivos, es decir, un hombre sin patria, incapaz de unirse a otros o compartir intereses, hiper- crítico, irónico, individualista, frenética- mente individualista, negativo: un hombre enfermizo, sombrío, desconfiado, tortuoso, escurridizo, displicente, solitario, triste. La enfermedad catalana yace en el subcons- ciente del país» (p. 54).

Y, de otro, que el catalán, pese a ser «un hombre de la civilización industrial, esto es, un liberal burgués» (p. 55) o «un europeo puro» (p. 193), acaba por ser un fugitivo: «A veces huye de sí mismo y otras, cuando sigue dentro de sí, se refugia en otras cul- turas, se extranjeriza, se destruye; escapa

intelectual y moralmente. A veces parece un cobarde y otras un ensimismado orgullo- so. A veces parece sufrir manía persecuto- ria y otras de engreimiento. Alterna de for- ma constante la avidez con sentimientos de frustración enfermiza. Aspectos todos ellos característicos de la psicología del hombre que huye, que escapa. […] La careta que lleva puesta toda su vida le causa un febril desasosiego interno. Es un ser humano que se da –que me doy– pena» (pp. 57 y 58).

Esta primera y principal temática que Pla expone con una crudeza extraordinaria deja tiempo y espacio en su écriture du jour a las meditaciones desde sus lecturas, al relato de sus encuentros y relaciones y al ensimismamiento sobre el paso del tiempo, su conducta, su envejecimiento, el alcohol y el sexo.

Sus lecturas de literatura catalana con- temporánea –«durante estos años de perse- cución franquista, la literatura catalana ha dado un paso de gigante» (p. 89)– descu- bren un cuadro de honor en el que figuran Soldevila, Sagarra y Gaziel como memo- rialistas; Carner, Riba y Garcès como poe- tas; Vicens Vives como historiador y Joan Fuster como ensayista. Lectura frecuen- te de esos años que ven alumbrar la déca- da de los sesenta es el Journal littéraire, de Paul Léautaud, a quien acusa de horizontes limitados y de carecer de curiosidad, polo opuesto de la personalidad y la obra de Pla. Muy interesantes son las breves notas so- bre ese libro «inusual» y «extraordinario» que es El doctor Zhivago, de Pasternak. Pla las escribe en 1965, cuando se publica la traducción de la novela al catalán, tenien-

do muy presentes los apuntes críticos de Antonio Vilanova en Destino durante el oto-

ño de 1958, año en que Pasternak obtuvo el Premio Nobel.

También son apasionantes las diferen- tes referencias a Carner a lo largo de estas «notas dispersas». Carner «no tiene nada de superfluo» (p. 99), «es sabido que des- de Provenza a Alicante se intenta que Carner obtenga el Premio Nobel de Literatura» (co- rre el año 1952; p. 159). O, incluso, «lo mu- cho que se esfuerza a veces Josep Carner para no decir nada. Lo que no quiere decir que no está muy bien escrito» (p. 180).

No son tan frecuentes como en La vida

lenta las referencias a su relación senti-

mental con Aurora Perea y, sin embargo, tienen una intensa particularidad. Desde el insomnio y el alcoholismo –«El alcoholismo es algo muy productivo, pero hace un daño terrible, devasta a la gente. Lo sé por expe- riencia» (p. 143)–, a menudo de una pre- sencia perpetua, la única manera de salir «del cul-de-sac es escribir una carta por- nográfica a A.» (p. 157). Carteo pornográ- fico que le parece «la única forma de co- rrespondencia que concibe con una señora casada» (p. 157).

Los textos de Pla son fascinantes, aun- que sean borradores silvestres. Curiosidad, tino mental, escepticismo y distancia se amalgaman para forjar una escritura que fundamenta el consejo de Josep Maria de Sagarra a su hijo Joan, según ha revela- do éste en La Vanguardia (4 de marzo de 2018): «Si vols saber el que és la prosa ca- talana, la millor prosa catalana d’aquest se- gle, llegeix a Pla».

Por mucho que estemos distraídos con otras mil cuestiones, no se puede escribir un libro sobre un tema más importante que éste. Dejando a un lado a los negacionistas –que, aunque presidan Gobiernos podero- sos, y por mucho daño que puedan hacer, no son tomados en serio más que por otros negacionistas–, es cada vez más evidente para el público informado que el tiempo se nos ha echado encima, que ya no podre- mos evitar algunos de los efectos dañinos del cambio climático y que, si no nos to- mamos en serio este asunto, el futuro de la civilización global peligra. Y no es sólo el cambio climático; es también la explota- ción insostenible de los recursos naturales, la superpoblación, particularmente, en de- terminadas zonas del planeta, la contami-

nación por plásticos y otras sustancias no- civas para los seres vivos, como el nitrógeno y el fósforo, la cada vez más angustiosa e injusta gestión del agua y el deterioro irre- versible de muchos ecosistemas, con una gran pérdida de biodiversidad, provocada por la rápida extinción de numerosas espe- cies biológicas.

Precisamente, la asunción clara de que el impacto de la actividad humana es ya de- tectable a escala planetaria fue la razón de que, en el año 2000, en un congreso cientí- fico en Cuernavaca (México), tuviera buena acogida la propuesta del premio Nobel de Química Paul Crutzen de considerar nues- tra época como una nueva era geológica, el Antropoceno, con características diferen- ciales. El Antropoceno, como nos explica

La democracia