DEBERÍA SER
SOCIALES AMBIENTALES
4.6 Educación para el desarrollo
4.6.4 La UNESCO y la educación para el siglo
La expresión “aprender a aprender” no es nueva; se introdujo al lenguaje pedagógico hace 30 años, cuando surgieron los sistemas abiertos de enseñanza, y provino probablemente de tres orígenes: Las teorías cognoscitivas que hacían énfasis en la construcción gradual del conocimiento y de sus estructuras, la conciencia de que los cambios tecnológicos y sociales obligaban a un aprendizaje continuo y la convicción de que la
educación debía ser conducida con independencia por el propio educando. Latapí (1999b:45).
En congruencia con la visión de que la humanidad se encamina inexorablemente hacia la “sociedad del conocimiento”, aflora en las discusiones la propuesta de que el principal objetivo de los sistemas de educación debe ser que los alumnos “aprendan a aprender”; más que dominar determinados conocimientos, importa que adquieran la capacidad de aprender por sí mismos. Latapí (1999b:45).
“Aprender a aprender” requiere una mínima exégesis, que desafortunadamente casi nadie hace; pocos se percatan de que la expresión esconde, tras su atractivo semántico, una propuesta educativa revolucionaria, no menos que muy serios problemas irresueltos. Para empezar, en la expresión mencionada el verbo aprender se emplea en dos sentidos bastante distintos. La primera se refiere al desarrollo de una capacidad, la segunda a su aplicación. Se quiere decir que la escuela debe hacer énfasis en el desarrollo de las capacidades de aprendizaje de los alumnos con el fin de que puedan aplicarlas después a la comprensión de otros contenidos. Lo paradójico es que, aunque este enunciado pretende destacar el primer verbo “aprender”, los educadores subrayan la importancia del segundo: El autodidactismo, o sea la capacidad de seguir aprendiendo en el futuro, y pasan por alto las implicaciones del primer tipo de aprendizaje. No basta el propósito general de estimular el desarrollo de la inteligencia de los estudiantes y de proporcionarles algunos métodos para que sigan aprendiendo por su cuenta. Hace falta que los alumnos (sobre todo de bachillerato) experimenten en su interior dos transformaciones profundas y absolutamente insustituibles: La apropiación de su conciencia racional y la familiaridad con las diversas operaciones de su inteligencia. Latapí (1999b:45).
Todas las personas mínimamente educadas y habituadas a pensar en su vida cotidiana podrán recordar cuándo y cómo experimentaron lo primero: Hubo un momento en su adolescencia en el que tomaron conciencia de que “conocían” , comprendieron lo que era la intelección como un acto personal y empezaron la tarea de “entender el entendimiento”. Hecho eso empezaron a identificar (y es el segundo proceso) las diversas operaciones de su inteligencia, a asombrarse de ellas y a familiarizarse con su funcionamiento; así empezaron a controlar conscientemente su vida intelectual y sus capacidades. Estas dos experiencias dejan en todo hombre o mujer educados lo que podría llamarse un hábito heurístico al ejercitar su inteligencia; han descubierto que conocen, aprenden, relacionan, sistematizan, intuyen, verifican, contrastan, inducen y deducen, imaginan hipótesis, dialogan consigo mismos e integran gradualmente todo lo que van aprendiendo. Esto es lo que significa el primer “aprender”, cuando se logra aprender a aprender; y este es el aprendizaje que requiere la sociedad del conocimiento a la que nos encaminamos. Los países que logren generalizar en su población esta manera de aprender sobrevivirán; los que no, no. Latapí (1999b:45).
El núcleo esencial del Informe de la Comisión Internacional de la UNESCO sobre la educación para el siglo XXI, expone las orientaciones que la educación debiera adoptar ante los retos del futuro: “aprender a conocer, a hacer, a convivir y a ser”; los cuatro pilares de una educación renovada. Cumple así la Comisión con su encargo de “proporcionar los mapas de un mundo complejo en continuo movimiento, y simultáneamente la brújula que permita encontrar el camino”. Latapí (1996c:38).
Tradicionalmente los sistemas educativos se han centrado en enseñar a conocer y en menor medida –particularmente en sus ramas vocacionales– en enseñar a hacer; lo novedoso de la concepción educativa propuesta está en tres cosas: insistir en la importancia de estos cuatro dominios de la
formación humana, desentrañar las implicaciones de cada uno de ellos y presentarlos como integrados; la educación queda así visualizada como una experiencia total, prolongada a lo largo de la vida, “que descubra y enriquezca el potencial creativo de todo individuo y revele el tesoro que hay dentro de cada uno de nosotros”. Latapí (1996c:38).
Aprender a conocer no significa solo asimilar conocimientos o saber manejar información y recurrir a sus fuentes, ni siquiera solo aprender a aprender, que ya sería meta distante para muchas escuelas actuales. Implica desarrollar los “instrumentos de la comprensión”, las capacidades fundamentales de nuestra inteligencia: analizar y sintetizar, razonar con lógica, deducir e inferir, relacionar, ordenar, plantear y resolver problemas, ponderar argumentos, descubrir otros enfoques, intuir, prever consecuencias, comunicar con claridad, y otras varias destrezas de la mente que los clásicos llamaban enseñar a pensar y que han estado presentes en muchas tradiciones pedagógicas. Latapí (1996c:38).
En la visión del desarrollo cognoscitivo que presenta la comisión destacan otros aspectos que solemos pasar por alto: insiste, por ejemplo en la función esencial de la memoria en el desarrollo del pensamiento (advirtiendo sobre el peligro de la actual reacción antimemorista), en el papel del método científico para disciplinar la mente, en el cultivo de una actitud de “amistad con la ciencia” y en el valor formativo –y no solo instrumental– de los idiomas extranjeros porque ayudan a dominar la propia lengua y nos abren a otras culturas. Latapí (1996c:39).
Nuevos son también los horizontes que abre la Comisión respecto a aprender a hacer. Mas allá de los problemas de la capacitación del trabajo y de las didácticas que subrayan la aplicación de lo que se aprende, invita a explorar las capacidades humanas que serán necesarias para las futuras formas de producción. En las sociedades más avanzadas, el trabajo se está
volviendo más inmaterial, no solo por el predominio de los servicios sino por el apoyo que prestan las “máquinas inteligentes”, la exigencia de mayor calidad en los productos y la valoración de innovaciones; el conocimiento y ciertas actitudes sociales han adquirido mayor peso como factores de producción. En esas sociedades ya se están operando cambios en los enfoques pedagógicos: se pretende formar competencias generales transferibles más que habilidades vinculadas a oficios concretos, promover en los futuros trabajadores las capacidades de asimilar métodos, de imaginar soluciones diferentes, de asumir riesgos calculados, así como de trabajar en equipo y resolver conflictos. La Comisión trata también de las capacidades específicas que requerirá el trabajador en los países en desarrollo, cuyos mercados laborales son más heterogéneos y segmentados; señala que en países como el nuestro el aprendizaje no deberá limitarse al trabajo sino responder al objetivo más amplio de participar en el desarrollo formal o informal, y con frecuencia debe ocuparse de destrezas sociales no menos que ocupacionales. Latapí (1996c:39).
El aprendizaje de la convivencia es calificado como una de las cuestiones más importantes en la educación de hoy. Dos orientaciones, según la Comisión, ayudarán al aprendizaje de la convivencia: el descubrimiento del otro y el comprometerse en proyectos compartidos. Para lo primero se sugiere revalorar algunas asignaturas como la geografía humana, la historia de las religiones y las civilizaciones, la literatura y las lenguas extranjeras; para lo segundo revisar la organización de las escuelas, las formas como en ellas se ejerce la autoridad, y fomentar el deporte y los proyectos colectivos que permitan descubrir las cualidades de los demás. Latapí (1996c:40).
Conocer, hacer y convivir convergen en aprender a ser, que significa crecer en humanidad, llegar a ser personas más autónomas, libres y responsables, avanzar en lo esencial. Más que nunca, el papel esencial de la educación parece ser dotar a la gente de la libertad de pensamiento, del juicio, del
sentimiento y de la imaginación que se requieren para desarrollar sus talentos y mantener, hasta donde sea posible, el control de sus vidas. Latapí (1996c:40).
La complementación entre la teoría y la práctica, a través de una docencia creativa y humanista, métodos de enseñanza que propicien el aprendizaje y la producción, el uso de la extensión como una actividad formadora que analice los problemas y las necesidades para buscar soluciones reales al interior de la escuela, con lo cual se retroalimenta el currículo puede hacer posible que lo educativo esté al servicio de lo productivo, es decir enseñar y aprender produciendo; sin perder de vista que la única razón de la producción y con ella de la productividad, su medida y su fin, es el mejoramiento de la existencia humana: de las personas y las sociedades. Lacki y Zepeda (1994:11–13) y Benavides (1996:38).
4.7 Antecedentes de la vinculación entre las instituciones educativas y