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CAPÍTULO 1 INTERNET: LA NUEVA ERA DIGITAL

1.5. USO DE INTERNET Y PROBLEMAS PSICOLÓGICOS

Desde la perspectiva de García, Hernández, Salesansky, Brito y Sánchez-Araña (2006), internet que comenzó siendo una tecnología de la información, hoy en día es concebida como una tecnología social donde los individuos satisfacen sus necesidades individuales y sociales. Para estos autores, el abaratamiento de los costes de conexión, las mejoras tecnológicas, la llegada masiva de los ordenadores a los hogares lo convierte en una herramienta para la investigación, el ocio y negocio. Permite crear grupos, asociaciones, comunidades virtuales, eliminando las barreras geográficas. Se trata de un instrumento globalizador que pone en manos de los usuarios un medio de proporciones inimaginables en el futuro.

Según Morales (2004), el internet socializó nuevos modos de comunicación y formas que estaban cayendo en desuso, tal es el caso de la comunicación epistolar que se recicló con el correo electrónico. Por consiguiente aunque se utiliza un lenguaje más informal y coloquial, las personas se comunican con gran

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rapidez y desenfado, lejos del cuidado sintáctico, gramatical y ortográfico de la escritura tradicional.

De manera particular para esta autora estas formas de comunicación presentan una gran atracción y hasta modalidades de adicción por intercambiar ideas con conocidos y desconocidos. El internet y sus vías de comunicación provocan cambios también de identidad, pues a veces es fácil aparentar y buscar u ofrecer identidades alternativas, acordes al interlocutor. En ocasiones, cuando se entra en este juego de múltiples posibilidades, puede establecerse una comunicación muy despersonalizada, pues se llega a un enmascaramiento y a una distancia no sólo geográfica, sino también emocional.

En esta línea de argumentación el uso de las tecnologías está ampliamente generalizado entre adolescentes y jóvenes: retrasan la hora de acostarse para chatear con sus amigos a través del Messenger, se levantan de la cama utilizando como despertador sus teléfonos móviles, andan por la calle aislados del ruido gracias a los auriculares de sus iPod, escuchando música que previamente han bajado de internet. Continuamente revisan su móvil para ver la hora, comprobar si han recibido alguna llamada perdida o algún mensaje, publican sus experiencias en un blog como si se tratara de un diario personal y con la misma naturalidad, publican sus fotos en un fotolog. Tienen un trato familiar con YouTube y MySpace, espacios a los que acuden para publicar sus videos o ver lo que han publicado otros. En suma, se trata de adolescentes y jóvenes que han incorporado las nuevas tecnologías con extraordinaria rapidez a su vida cotidiana (Espinar & González, 2008).

Para Elzo (2005), internet es una herramienta por la que sienten una gran fascinación los jóvenes. Las horas que por término medio se pasan enganchados son un buen indicador de esa atracción. La razón estriba en que es un medio con el que están familiarizados, pero al mismo tiempo, se les ofrece nuevas posibilidades por descubrir y controlar. Para manejarlo no tienen que estudiar, aprenden utilizándolo. Además se trata de una tecnología multiusos que les

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permite satisfacer gran parte de sus necesidades sin hacer el esfuerzo de salir de casa.

Desde la perspectiva de Espinar y González (2008), la habitación se convierte en un territorio privado para gran parte de los jóvenes pertenecientes a las clases medias y altas. Un búnker en el que cuentan con la tecnología suficiente para satisfacer sus necesidades de ocio y comunicación. Ordenador conectado a internet en el que también pueden escuchar música y ver películas que previamente han bajado de la red, teléfono móvil, reproductor de MP3, incluso televisión y videoconsola. Todo ello disponible en el reducido espacio de su habitación. Con tantos recursos a su alcance, no resulta extraño que el principal destino del tiempo libre haya pasado de los espacios a los ambientes familiares (la sala de estar en casa) y a los espacios privados (la habitación propia).

Los jóvenes viven en plena revolución tecnológica. En muy poco tiempo, el uso de las TIC´s se ha generalizado hasta tal punto, que la mayoría no concibe la posibilidad de vivir sin ellas. En sus discursos, destacan los cambios que las nuevas tecnologías han introducido en su vida cotidiana porque simplemente no se acuerdan de cómo era esa vida antes de la utilización del ordenador, el internet o el teléfono móvil (Espinar & González, 2008).

Por otra parte, el contacto con los otros y la inmediatez que les garantizan las nuevas tecnologías les permiten sentirse arropados, considerarse un miembro más del grupo y ocupan un lugar propio en su red de relaciones. Dicho en otros términos, el uso de unas herramientas utilizadas por todos permite al joven sentirse integrado y fomenta el desarrollo de una identidad grupal.

El uso de internet, junto con los videojuegos, es una de las actividades que gozan de mayor éxito entre los jóvenes. El potencial para un uso inapropiado y excesivo de ciertas aplicaciones ha dado lugar a una cierta preocupación por el impacto psicológico y conductual que puede tener internet en los individuos (Viñas, 2009).

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La descripción de alteraciones comportamentales asociadas a un uso excesivo de la red, tales como sentimientos de culpa, deseo intenso de estar o continuar conectado a internet, pérdida de control, pérdida del tiempo de trabajo o de las clases. Es evidente que tal uso de la red puede afectar negativamente su actividad escolar y que no posibilita el mantenimiento de unos buenos hábitos de sueño que faciliten el aprendizaje y que en consecuencia, permitan obtener un buen rendimiento académico (Gracia, Vigo, Fernández & Marcó, 2002).

Para Echeburúa, Pratarelli, Brown y Johnson (1999) los jóvenes que pasan mayor tiempo en internet se describen como introvertidos, emocionalmente inestables, poco amables y pesimistas o desesperanzados, un perfil de personalidad en el que predominan más bien las emociones negativas. Como señala Davis (2001), la pérdida de apoyo social ya sea de la familia o de los amigos favorece su búsqueda en las salas de chat. En otras palabras, los jóvenes utilizan internet para recibir de los otros usuarios respuestas más positivas de las que recibe en su entorno habitual, en un entorno que es percibido como no amenazador. Ello conlleva evidentemente a una preferencia por la comunicación en línea en detrimento de la interacción personal cara a cara (Caplan, 2002).

Se han identificado cuatro factores de riesgo para un uso elevado de internet: navegar por internet a partir de la media noche, navegar desde el propio ordenador, invertir en amigos íntimos y presentar desesperanza. Con respecto a invertir en amigos íntimos, se trata de acciones orientadas a buscar apoyo social, como reunirse o llamar a los amigos. Esta tendencia, junto con los rasgos de personalidad (introvertidos, inestables emocionalmente, desesperanzados) constituye una combinación perfecta para hallar en internet un canal donde abrirse al mundo exterior, ya que como señala Greenfield (1999), el uso excesivo de internet facilita lo que se denomina la intimidad acelerada. Dicho de otro modo, la persona siente junto con una mayor desinhibición y pérdida de los límites, una sensación de intimidad y de conexión social con el otro de una forma mucho más rápida de lo normal. De esta manera, el apoyo social obtenido a través de las

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salas de chat les permite disponer de ciberamigos o de una familia virtual difícil de encontrar en el mundo real dada su elevada timidez o dificultad para entablar relaciones en la vida cotidiana (Young, 1997).

Asimismo, se ha constatado que aquellas personas con identidades estigmatizadas por razón de sexo o ideología, que interactúan con otros en la red, ven incrementada su autoaceptación (Mackenna & Bargh, 1998). La sensación de pertenencia a una comunidad o sociedad virtual transmite al sujeto una seguridad que no obtiene en el mundo real. Simultáneamente a esta sensación de pertenencia, y por ende de seguridad, puede darse una dependencia de la red que conlleve a la aparición de nuevos hábitos como la necesidad de conectarse cada día. Este hecho puede generar un aislamiento de su entorno social y familiar real y la consecuente aparición de alteraciones emocionales y conductas asociadas a estas circunstancias.

Como señalan Kraut, Lundmark, Kiesler, Mukophadhyay y Scherlis (1998), no deja de ser paradójico que una tecnología social como internet pueda afectar negativamente a las relaciones sociales. Un mayor uso está asociado a la reducción de la comunicación del usuario con su familia, a la disminución del entorno y al incremento de la soledad y la depresión.

Las nuevas tecnologías han reestructurado las formas de interaccionar de los individuos modificando sus percepciones a través de medios de comunicación virtual en tiempo real (e.g. chat, web, telefonía, videoconferencias) y diferido (e.g. correo electrónico). Lo virtual sería la cualidad de este tipo de comunicación que alude a la ausencia de una proximidad física. La interacción que se establece a través de internet tiene características particulares: en el ciberespacio el usuario no necesita ver al otro para comunicarse, no existe la apariencia física, el tono e inflexiones de la voz, los gestos, etc. El internauta puede desconocer el país y la ciudad de donde proviene su interlocutor es lo que decide ser en cada momento (García, et al. 2006).

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En este marco, se han propuesto algunos mecanismos psicológicos que pueden favorecer la dependencia a la red: aplicaciones atractivas para el usuario (fundamentalmente el chat y los juegos [Multi User Dungeon [MUD]); el apoyo social y la rapidez a la hora de formar grupos en el ciberespacio, existiendo una pérdida de miedo al rechazo, la satisfacción sexual con interacciones eróticas reforzadas desde el anonimato y la desinhibición (sexo libre y seguro), la creación de personalidades ficticias como forma de afrontar las propias inseguridades personales, la expresión de aquellos aspectos reprimidos u ocultos que definen personalidades reveladas, el reconocimiento y el poder (García, et al. 2006).

Según García, et al. (2006), se han descrito factores de riesgo de vulnerabilidad psicológica como la introversión, la baja autoestima, el alto nivel de búsqueda de sensaciones nuevas, la susceptibilidad, la timidez y la fobia social.

En este sentido para Gutiérrez, Mora, García y Edipo (2001), la interacción social es una de las situaciones que genera mayores niveles de activación; en consecuencia los individuos con personalidad introvertida, prefieren actividades que puedan realizar en aislamiento, les gusta más leer que ir a fiestas, mientras que los sujetos con personalidad extrovertida buscan la interacción social.

El ritmo de interacción de las personas introvertidas es más lento que el de las extrovertidas. Una persona extrovertida no necesita tiempo para organizar su respuesta. Esto hace que en una situación de interacción grupal, el ritmo de la discusión sea marcado por personas extrovertidas. Cuando una persona introvertida está segura de lo que va a decir, el tema de la conversación ya ha cambiado.

Para Livingood (1995, citado por Gutiérrez, Mora, García & Edipo, 2001), una situación encontrada en la comunicación cara a cara y en tiempo real, puede ser distinta a la que aparece en contextos de comunicación asincrónica como los foros de discusión a través de internet. En este tipo de entorno, los participantes disponen de todo el tiempo necesario para procesar los mensajes y estructurar

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sus respuestas. La persona introvertida puede leer con calma un mensaje emitido por otro participante, pensar sobre su contenido, redactar una respuesta, repasarla y enviarla cuando esté seguro de lo que quiere decir. En consecuencia, en situaciones de comunicación cara a cara y en tiempo real los individuos extrovertidos intervienen con más frecuencia que los introvertidos, mientras que en las situaciones de comunicación asincrónica la frecuencia de mensajes es similar. Asimismo, las personas introvertidas encuentran en la comunicación mediada por el ordenador un entorno apropiado para la interacción social, debido a la ausencia de señales no verbales, así como un mayor control que puede ejercer sobre el ritmo de la interacción, adecuando éste mejor a su tendencia y a su baja impulsividad.

Finalmente, conviene mencionar que los efectos negativos de la comunicación establecida en la red son: el aislamiento social con empobrecimiento de las relaciones interpersonales, aislamiento familiar y laboral, alteración en los ritmos circadianos (e.g. alteración en los patrones de sueño, alteración en los hábitos alimenticios, reforzamientos de estados depresivos, irritabilidad y conductas agresivas).

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