CAPÍTULO I: MARCO TEÓRICO
O DE APLICACIÓN DE LA ESCALA Escala de
1.2. LA MUERTE Y EL PROCESO DE MORIR DESDE LA PERSPECTIVA ENFERMERA
1.2.3. Validación de diagnósticos enfermeros
La planificación de los cuidados parte de la valoración de la persona y del diagnóstico de sus necesidades. Diagnosticar significa, según el DLE, “recoger y analizar datos para evaluar problemas de diversa naturaleza”; una segunda acepción relaciona íntimamente el concepto con el ámbito de la medicina: “determinar el carácter de una enfermedad mediante el examen de sus signos” (DLE, 2017).
Tradicionalmente se ha reconocido que la actividad diagnóstica está relacionada con la enfermedad, remontándose a las tribus primitivas, concretamente a la figura del chamán-brujo-hechicero-sacerdote (Colliere, 1996; Valls Molins, 2007). De hecho, el diagnóstico de enfermedades desde una perspectiva científica tiene su origen en los médicos hipocráticos, quienes fueron capaces de establecer cuáles debían ser las características para la formulación del mismo: 1. El nombre o la etiqueta utilizada ha de seguir un razonamiento crítico; 2. El medio por el cual la persona llega a una conclusión diagnóstica ha de ser consciente y debe ser aceptado; 3. La definición del diagnóstico ha de ser precisa para que todos los colegas de profesión puedan entenderlo sin confusiones (Laín-Entralgo, 1981). Por el contrario, en el contexto de la disciplina enfermera se han utilizado, tradicionalmente, hipótesis poco comprobadas o nominaciones cuasi-diagnósticas con poca evidencia científica (Aimar, Videla, & Torre, 2006).
Lynda J. Carpenito15 tuvo una gran repercusión, sobre todo a nivel académico, cuando
describió el término DxE como “una respuesta humana de un individuo o grupo, que la enfermera puede identificar legalmente y para el cual puede ordenar intervenciones definitivas con el objetivo de mantener el estado de salud o reducir, eliminar o prevenir alteraciones”. Desde entonces se ha entendido el concepto de DxE como un juicio clínico sobre las respuestas del individuo, de la familia o de la comunidad, a problemas de salud o procesos vitales, reales o potenciales, que proporciona la base para la selección de intervenciones de enfermería oportunas para conseguir unos resultados de
15 Lynda Juall Carpenito es reconocida a nivel mundial por su aportación del modelo bifocal en la enfermería para diferenciar entre aquellos problemas que las enfermeras detectan y resuelven desde un rol autónomo, de aquellos que, pese a que son detectados por las mismas enfermeras, éstas los abordan desde un rol de colaboración.
los que se considera responsable a la propia enfermera (Renpenning, SozWiss, Denyes, Orem, & Taylor, 2011).
De este modo, y en comparación con la disciplina médica, mientras que el DxE describe una respuesta humana, física, psicológica, sociocultural o espiritual a una enfermedad o cualquier otra situación relacionada con la salud de un individuo, familia o comunidad, el diagnóstico médico se centra solo en respuestas fisiopatológicas específicas. De lo que se deduce que un DxE es dinámico y puede variar a medida que cambia la respuesta de aquella persona, pese a que la patología sea la misma; el diagnóstico médico, en cambio, persiste en el paciente en tanto que dura el proceso patológico (Berman et al, 2008).
El DxE tiene similitudes con el diagnóstico médico, pues ambos buscan una estandarización que permita nombrar la realidad de una manera similar a partir de una etiqueta (Alfaro-LeFevre & Luis Rodrigo, 2014;Laín-Entralgo, 1981). Pero de manera articular, los DxE ofrecen importantes ventajas, permitiendo centrar el ámbito de actuación, disminuyendo la variabilidad, evitando ambigüedades, y permitiendo una mejor evaluación de la eficacia de la atención prestada (Clancy, Delaney, Morrison, & Gunn, 2006; Gómez Arcas & Terol Fernández, 2003; Jones, Lunney, Keenan, & Moorhead, 2010; Thoroddsen, Ehnfors, & Ehrenberg, 2010; Tirado Pedregosa et al., 2011).
La clasificación NANDA-I 2015-2017 incorpora más de 230 DxE que se encuentran en continua revisión para garantizar su rigurosidad y precisión. De hecho, son cada vez más numerosos los estudios sobre DxE diseñados con el objetivo de valorar su validez, es decir su aplicabilidad en el ámbito asistencial, y determinar su nivel de evidencia
(Juvé Udina, 2012; Levin, Krainovitch, Bahrenburg, & Mitchell, 1989; Linch et al., 2015; Lopes et al., 2013; Paans et al., 2011; Pehler, 2016).
Uno de los principales objetivos para lograr esa rigurosidad en investigación es asegurar un nivel de evidencia científica adecuado, entendiendo que el nivel de evidencia expresa la fortaleza del diseño de la investigación. Si bien existen distintas escalas para determinar los niveles de evidencia que se quieren adquirir en un estudio de investigación, una de las más difundidas es la propuesta por el Oxford Centre for Evidence-Based Medicine (OCEBM), que se puede consultar en la tabla 1.15 (Manterola & Zavando, 2009).
Tabla 1.15. Niveles de Evidencia del OCEBM
NIVEL DESCRIPCIÓN
A/1a Revisión sistemática de ensayos clínicos aleatorizados, con homogeneidad
A/1b Ensayo clínico aleatorizado con intervalo de confianza estrecho
A/1c Práctica clínica
B/2a Revisión sistemática de estudios de cohortes, con homogeneidad
B/2b Estudio de cohortes o ensayo clínico aleatorizado de baja calidad
B/2c Estudios ecológicos
B/3a Revisión sistemática de estudios de casos y controles, con homogeneidad
B/3b Estudio de casos y controles
C/4 Serie de casos o estudios de cohortes y de casos y controles de baja calidad
D/5 Opinión de expertos sin valoración crítica explícita, o basados en la fisiología
No obstante, como este estudio está enmarcado en los DxE de la terminología NANDA- I, era necesario explorar cuáles son sus directrices para describir los niveles de evidencia que se pueden alcanzar. Dicha clasificación jugó un papel relevante a partir de los años 70 en el desarrollo de la terminología de DxE estandarizados (Wong, 2008) y durante los años 90, profesionales inquietos por hacer avanzar la profesión trabajaron e investigaron sobre la validación y utilización de los DxE en la práctica asistencial para
aumentar esos niveles de evidencia (Fehring, 1987; Gordon, 2003; Ohrt, 1990; Ríos, Delaney, Kruckeberg, Chung, & Mehmert, 1991).
Así, NANDA-I tiene descritos tres niveles (Tabla 1.16), siendo el tercero el que aporta mayor evidencia por contemplar la validación clínica de los DxE aplicados en pacientes y, en consecuencia, confirmar su utilidad en la práctica asistencial (Herdman et al., 2015).
Tabla 1.16. Niveles de Evidencia Científica de NANDA-I, edición 2015-2017 (Herdman et al., 2015)
NIVEL DE