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5. Cristianos y movimiento obrero

5.5. Valoración final

La participación de los cristianos, en este caso católicos, en el movimiento obrero de Barcelona durante el franquismo no se podría entender sin su contexto histórico. Éstos tenían un referente ideológico muy alejado de lo que representaba el movimiento obrero catalán y

357 . *. Ibídem. Pág. 562. Pese a estas diferencias, los testimonios orales de algunos militantes de la HOAC afirman que la revisión de vida formaba parte de la práctica habitual de los equipos sin que esto implicara que renunciasen a realizar el Plan Cíclico como elemento de formación.

358 . *. Emili Ferrando “Cristians i rebels….”. Págs. 165-166. La tesis de que fueron los sacerdotes los que dieron marcha atrás al proceso, sería defendida por testimonios de militantes de la HOAC que salen citados en esta obra.

359 . *. Ibídem. Pág. 566. Entrevista a Josep Sánchez Bosch, realizada en febrero de 1966. 360 . *. Ibídem. Págs. 567-568.

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estatal del siglo XIX y de una parte del siglo XX que fue el gran derrotado en la guerra civil. Una gran contribución de los movimientos apostólicos obreros fue la de romper con la tradición amarillista de las organizaciones obreras católicas anteriores a 1946, año de fundación de la HOAC. Así, los militantes obreros apostólicos evolucionaron desde el concepto de la caridad hasta el de la justicia y se implicarían en las luchas sociales para obtenerla.

La jerarquía eclesiástica creó estos movimientos con el fin de alejar a las masas obreras del marxismo y con la intención de acercarse al mundo obrero del cual históricamente estaban bastante alejados y enfrentados. Esta jerarquía que originó y propulsó a estos movimientos, se vería sobrepasada con el paso de los años, por los militantes de estas organizaciones que se fueron incorporando a las organizaciones obreras clandestinas, principalmente a partir de la segunda mitad de la década de 1960. Por lo tanto fueron inevitables las fricciones de estos movimientos con el régimen y con la jerarquía eclesiástica.

Una de las principales características de los movimientos fue su gran heterogeneidad, tanto en la fe como en el compromiso temporal concreto. Para estos últimos, evangelizar era ser consecuentes con la fe y dar testimonio de ella. La gran dificultad radicaba en conseguir el equilibrio entre la fidelidad a la clase obrera y a la iglesia. Esto creó una gran contradicción entre sus militantes que provocó el abandono de varios de ellos porque entre la evangelización y la liberación de la clase obrera optaron por la segunda. Otros intentaron cambiar desde dentro la iglesia confesional y al no obtener ningún resultado optaron por abandonarla. Esta heterogeneidad también se manifestó en el respeto a la pluralidad sindical y política de sus militantes que estarían presentes en la mayor parte del espectro político y sindical. Una gran parte compartió su militancia sindical y política con su pertenencia a un grupo cristiano.

Una de las principales aportaciones de las organizaciones apostólicas al movimiento obrero fue la formación. Era una educación integral donde se impartían conocimientos técnicos sobre sindicalismo y se inculcaban una serie de valores que estaban orientados a obtener la promoción colectiva de la clase obrera. El objetivo era formar a los militantes para participar y comprender la realidad en la que vivían y ser un instrumento para alcanzar el compromiso temporal. Se crearon escuelas de formación a las que acudían no sólo los militantes católicos, sino también militantes vinculados a diferentes organizaciones clandestinas. Esta formación fue difundida por los propios militantes en sus propios centros de trabajo. De esta manera se generó una nueva cultura obrera que paulatinamente incrementaría el nivel de conciencia de la clase obrera.

En los movimientos obreros católicos se forjaron militantes que se incorporaron a las organizaciones obreras clandestinas. De esta manera no se puede ignorar la presencia de estos miembros en la fundación de CCOO de Barcelona, como fue el caso de los militantes de la HOAC, Ángel Alcázar y Pere Rica y en el origen de los sindicatos USO y SOC. También fue importante el clero de base que estuvo al frente de parroquias claramente comprometidas con el movimiento obrero. Tuvo una clara importancia con la cesión de los locales para celebrar las asambleas de los obreros y los argumentos que utilizaban para justificar

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dicha cesión.

Otra aportación sería la presencia de las mujeres en los movimientos. En este sentido hay que resaltar el papel de la ACO que fue pionera en el carácter mixto y paritario de los equipos en todos sus órganos de decisión. Este hecho ayudaría a contribuir a iniciar la emancipación familiar y profesional de la mujer.

A partir de la segunda mitad de los años sesenta finalizaría el esplendor que tuvieron los movimientos apostólicos obreros de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta e iniciaron un periodo de profunda crisis, motivada básicamente, por el control que quería realizar la jerarquía sobre ellos. Esto provocó el alejamiento de la iglesia y el abandono de la fe de muchos militantes que se vieron impotentes en su intento de transformar la iglesia y que descubrieron que parar tener un compromiso con el movimiento obrero no era necesario, en absoluto, la fe. Los que no la abandonaron tuvieron la ocasión de continuar compartiendo la fe con otros militantes en grupos bastante alejados de la jerarquía.

Finalmente, se puede afirmar que la participación de los cristianos en el movimiento obrero le proporcionó a éste una mayor riqueza y un mayor empuje y el hecho de que no ocultaran su condición de cristianos, pero sin pretensión explícita de evangelizar, en las diferentes luchas obreras y sociales, contribuyó a ganarse el respeto y la admiración de sus compañeros no creyentes y que su condición de creyentes no fuera ningún obstáculo para compartir sus luchas. En cuando a los movimientos apostólicos, durante buena parte de la dictadura franquista se encargarían de realizar una labor de suplencia de actividades que tradicionalmente desempeñaban las organizaciones obreras antes de la guerra civil. Esta labor dejó de ser necesaria con la consolidación de las organizaciones obreras, por lo que estos movimientos pasarían a un segundo plano, con la inevitable integración de sus militantes a las organizaciones obreras.