También tradicionalmente, se ha dotado a los colores de unos valores de peso según los cuales el color oscuro sería más pesado que el color claro, aunque se da la paradoja, como demostró Albers que 2/3 partes de los estudiantes que encuestó no podían percibir la cantidad de negro que está presente en un determinado color (Albers, 1979: 77)
4.6.5 Texturas
4.6.5.1 La textura como una propiedad del mundo visual
Gibson considera que una de las propiedades fundamentales del mundo visual es la de ser texturado (Gibson, 1974: 16), y que la textura, junto a otras propiedades como la solidez, la distancia, el contorno, la forma, etc., proporciona apariencia de realidad visual a determinadas imágenes fotográficas (Gibson, 1974: 17). En concreto, añade, parece probable que sea la tex- tura la que hace que percibamos una superficie como superficie y no como un mero color, ya que algunas cosas físicas que no poseen textura, como un firmamento claro, tampoco son vistas como superficies (Gibson, 1974: 79-80).
En el mundo visual podemos distinguir tres tipos de superficies: las frontales, son las perpen- diculares al suelo y las características de los objetos; las longitudinales como, por ejemplo, el suelo; y la pendiente, que se encuentra en algún punto entre estos dos extremos. Gracias a nuestra propia experiencia sabemos que la textura de diferentes superficies pueden variar de basto a fino de forma progresiva (Gibson, 1974: 98-100). Hemos de tener en cuenta que esta variación puede ser rápida, lenta, o bien que puede no producirse, como sucedería en el caso de la superficie longitudinal, de la superficie en pendiente o de la superficie frontal, respectiva- mente (Gibson, 1974: 104).
Gibson indica que hay superficies que no generan textura, bien porque son físicamente suaves o porque son químicamente homogéneas, como sucede con el cristal, aunque añade que en raras ocasiones se producen ambas características al mismo tiempo, como sucede con esta superficie. Así, si es químicamente homogénea pero es áspera, tendrá protuberancias y hundimientos; si es suave pero no es químicamente homogénea, es probable que difieran las reflectividades de las diversas partículas. En cualquiera de los dos casos la imagen de la superficie estará constituida por una agrupación de cambios de energía luminosa que nosotros experimentamos como varia- ciones de valor o tinte. Gibson indica que parece que estos ciclos constituyen el estímulo para la textura visual; y que tanto los ciclos como la textura resultante pueden ser de muchos tipos diferentes (Gibson, 1974: 117-119).
4.6.5.2 La textura como una dimensión de la percepción
y una propiedad de superfi cie
Las dimensiones de la actividad del sistema visual, la espacialidad, la textura y el cromatismo per- miten explicar la producción y la estructura de los preceptos elementales (Grupo µ, 1993: 70-71). La textura es una dimensión de la percepción que diferencia y analiza, específicamente, el Grupo µ porque considera que todos los fenómenos plásticos pueden ser descritos con la ayuda de for- ma, color y textura (Grupo µ, 1993: 37). Así, la forma puede aparecer gracias al contorno, gracias al contraste de color pero también gracias a un contraste de textura (Grupo µ, 1993: 61).
La palabra textura procede de una palabra latina que significa “tejido”, por lo que cuando hablamos aquí de textura nos referimos, metafóricamente, a la sensación táctil que se reconocemos visual- mente a través de un fenómeno sinestésico, pero nos referimos a la microtopografía del estímulo visual que está constituida por la repetición de elementos, por lo que se necesita la dimensión de los elementos y la ley de repeticiones, aspectos que nos permitirán describir el aspecto granuloso, liso, acuoso…(Grupo µ, 1993: 62). El Grupo µ considera que la textura es una propiedad de superficie tan válida como el color y que no constituye algo imposible de analizar (Grupo µ, 1993: 178)
Se podría cuestionar el hecho de que la textura no puede engendrar una forma de igual modo que lo hace el color o el contorno, porque la textura es, en sí mismo, una forma. El Grupo µ señala que no es una forma, ya que el elemento textural se caracteriza por una dimensión tan reducida que no puede hacer de ella una forma, ya que la percepción individual de estos ele- mentos no se puede realizar a partir de una cierta distancia, y esta percepción individualizada se reemplaza por una aprehensión global (Grupo µ, 1993: 178-179).
4.6.6 El movimiento
Aumont considera que diferenciamos el movimiento de los objetos porque poseemos una serie de índices que nos ayudan, entre los que podemos destacar la oclusión óptico-cinética de las superficies, la distancia de los objetos, etc. Pero la percepción del movimiento puede variar en función de las siguientes características (Aumont, 1992: 50-53):
. el tamaño, porque cuanto más grande es el objeto, mayor ha de ser su movimiento para que lo podamos percibir;
. la iluminación, se percibe mejor el movimiento cuando la iluminación y el contraste es mayor; . la presencia de puntos fijos en el entorno, que permite la percepción del movimiento.
4.6.7 Otros factores que infl uyen en el reconocimiento
Además de las reglas de la visión y de las constantes de la visión, autores como Luria (1978: 64-65 y 98-104), Guski (1992: 145-148), Lillo (1993: 4) o Parini (2002: 117-119) indican que hay otros factores que nos permiten percibir de forma concienciada los objetos y las situaciones del mundo visual como, por ejemplo:
. la tarea planteada al sujeto;
. el peligro que suponga el estímulo (si representa peligro, aumenta la exactitud de la percepción); . la experiencia que posea el observador (información sobre los objetos o sus usos);
. las diferencias individuales del receptor, como pueden ser sus emociones o sus condiciones sociales.
Parini señala que un problema que ignoró la teoría de la Gestalt, casi por completo, es que todo objeto se examina a través de una serie de miradas, y que esas miradas que no son producto del azar, sino de la acción y de la selección. De estas miradas activas y selectivas se desprende que lo que percibimos del mundo está determinado por los procesos que guían la fijación, y estos procesos dependen, a su vez, de la atención del observador y de sus intenciones perceptivas (Parini, 2002: 85). En este sentido, volvemos a destacar aquí los descubrimientos de Yarbus en los que la mirada del observador se detenía o pasaba por alto estos o aquellos elementos en función de las preguntas que recibía (Parini, 2002: 94-95).
Gibson, por su parte, señala respecto a los recorridos de la mirada sobre el objeto o situaciones, que es plausible la teoría según la cual la composición de un cuadro impone una secuencia par- ticular de fijaciones al espectador, pero añade que todavía no han sido descubiertas las posibles relaciones entre la composición pictórica y la secuencia de fijación, ya que las pruebas sugieren que la secuencia de fijaciones es más o menos al azar (Gibson, 1974: 216).
4.7 Fenómenos perceptivos: ilusiones ópticas,
percepción adaptativa y percepción subliminal
Cuando hablamos de percepción nos referimos, normalmente, a la percepción verídica de las figuras, pero hay casos en los que percibimos colores, formas o acciones que no corresponden a sus valores físicos. Se trata de una serie de “engaños” que son conocidos por todos nosotros60,pero quizás lo más sorprendente sea el hecho de que suceden aunque seamos conscientes del cómo y del cuándo se van a producir (Lillo, 1993: 5 y Eibl-Eibesfeldt, 1993: 54). Este tipo de casos demuestran que “el conocimiento de las características físicas de una parte de un estímulo no es suficiente información para predecir cómo se va a percibir dicha parte” (Dember y Warm, 1990: 283) y añaden, recogiendo la opinión de Gregory, que no deberíamos considerar que estas ilusiones son defectos del sistema perceptivo, sino que se trata de “soluciones imperfectas a las que llega el sistema cuando se enfrenta a la necesidad de determinar la naturaleza de los objetos a partir de imágenes ambiguas” (Dember y Warm, 1990: 287).
4.7.1 Ilusiones ópticas o geométricas
61Este tipo de engaños se producen cuando la percepción de la forma no es exacta, como sucede cuando algunos atributos del estímulo son distintos a los valores físicos que les corresponden (Dember y Warm, 1990: 280-281). Dember y Warm indican que su estudio puede proporcionar ideas importantes sobre los patrones de la percepción.
Estos autores clasifican las ilusiones geométricas en ilusiones de extensión y las ilusiones de forma y dirección (Dember y Warm, 1990: 281 y ss.), mientras que Lillo diferencia las ilusiones ópticas entre las que tienen que ver con el tamaño de los objetos, que podemos explicar a través de las claves pictóricas y la ley de Emmert62, y las ilusiones que tienen como protagonistas a los
colores (Lillo, 1993: 426-427). En este apartado seguiremos la clasificación de Dember y Warm porque nos ha parecido la más completa y mejor estructurada.
4.7.1.1 A partir del tamaño de los objetos, o las ilusiones de extensión
En las ilusiones de tamaño se producen condiciones en las que falla la constancia de tamaño, lo que hace que apreciemos de modo erróneo el tamaño (Dember y Warm, 1990: 216). Veamos algunos ejemplos.
a) Ilusión del pasillo
En esta ilusión el tamaño físico de los dos cilindros es el mismo, pero tanto la percepción de su tamaño como su localización espacial nos parecen diferentes (figura 13) (Dember y Warm, 1990: 216).