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10 Sí, Venus misma ríe y las sencillas

In document Odas y Epodos - Horacio (página 193-200)

Ninfas y el cruel Deseo que sin tregua sus saetas afila en la sangrienta

aguzadera.

15

Toda una mocedad para ti crece; nuevos esclavos surgen; los primeros a su ama impía nunca dejan ni ante

las amenazas.

20

Por su hijo tú haces que la madre tema; tú al viejo parco asustas y a la pobre

recién casada, no cautive tu aura a su marido.

Dedicada a Valgio Rufo, a quien se le invita a cambiar el tema lúgubre y plañidero de su poesía — lamentación por la muerte de Mistes, sin duda un esclavo— , y cantar preferible­ mente los triunfos recientes de Augusto. Ejemplos negativos sacados del ámbito natural (estrofas 1 y 2 ) y ejemplos mitoló­ gicos, también negativos (estrofa 4), enmarcan la situación del destinatario (estrofa 3), premisa todo ello para el consejo

Non semper imbres nubibus hispidos manant in agros aut mare Caspium

vexant inaequales procellae usque, nec Armeniis in oris,

amice Valgi, stat glacies iners 5

mensis per omnis aut Aquilonibus querqueta Gargani laborant

et foliis viduantur orni. tu semper urges flebilibus modis

Mysten ademptum, nec tibi Vespero 10

surgente decedunt amores nec rapidum fugiente solem. at non ter aevo functus amabilem ploravit omnis Antilochum senex

annos, nec impubem parentes 15

Troilon aut Phrygiae sorores flevere semper, desine mollium tandem querelarum, et potius nova

cantemus Augusti tropaea

Caesaris et rigidum Niphaten, 20

Medumque flumen gentibus additum victis minores volvere vertices,

intraque praescriptum Gelonos exiguis equitare campis.

II 9

contenido en las dos últimas estrofas: desine... querellarum. C. Valgio Rufo fue muy amigo de Horacio; lo menciona el poeta entre sus buenos lectores en Sai. 110, 82; poeta elegiaco y épi­ co, gramático y traductor de la Retórica de Apolodoro; cónsul en el 12 a. C, Los triunfos recientes que aquí se mencionan de Octavio, ya con el título de Augusto (es decir, con posteriori­ dad al año 27), han de ser seguramente los de su campaña contra los cántabros (26-25 a.C.). La oda debe fecharse, en­ tonces, con posterioridad a esas victorias. Estrofas alcaicas.

No siempre manan lluvias de las nubes sobre los campos híspidos ni el Caspio

la voluble tormenta azota ni el hielo inmóvil meses enteros

queda en su orilla armenia, amigo Valgio, 5 ni ataca el Aquilón perpetuamente

los encinares del Gargano dejando viudos de hojas los fresnos. Mas tú no dejas de quejarte en flébiles tonos por Mistes muerto y no mitiga

tu amor el Véspero ni a su orto ni cuando al rápido sol va rehuyendo.

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No consagró el anciano su larguísima vida entera a llorar por el amable

Antíloco ni eterno el llanto 15

fue de los padres y hermanas frigias de Troilo. Deja esos lamentos mórbidos y los últimos triunfos del augusto

César cantemos y al Nífates

gélido y cómo ya el río medo 20

con su nación aherrojado fluye más humilde y por llanos menos vastos

los Gelonos cabalgan dentro de lo prescrito por nuevos amos.

II 10

Otra vez y de una forma más rotunda — no en vano ésta se ha convertido en una de las más famosas odas de Horacio— se aconseja el término medio como norma de vida, la aurea

mediocritas, que ya en la lírica griega habían aireado poetas

como Focílides (fr. 12 G.-P.) y Teognis (I 219-220, 330-331, 335-336), insistiendo este último sin cesar en la consigna del μηδέν α γ α ν («nada con exceso») que, según Aristóteles,

Rbet. 1389 b, remontaba a Quilón, uno de los siete sabios. El

poeta va alternando la expresión icónica con la conceptual simple y directa: metáforas marineras en la primera y última estrofa, aunadas a un lenguaje impresivo — en ellas se contie­ nen propiamente los consejos y la referencia a la segunda per­ sona— , construyen una estructura anular. El destinatario, Licinio, parece identificarse — siguiendo el título de algunos

Rectius vives, Licini, ñeque altum semper urgendo ñeque, dum procellas cautus horrescis, nimium premendo

litus iniquum.

auream quisquis mediocritatem 5

diligit, tutus caret obsoleti sordibus tecti, caret invidenda

sobrius aula.

saepius ventis agitatur ingens

pinus et celsae graviore casu 10

decidunt turres feriuntque summos fulgura montis.

sperat infestis, metuit secundis alteram sortem bene praeparatum

pectus, informis hiemes reducit 15

Iuppiter, idem

manuscritos— con Licinio Murena, hijo de L. Licinio Mure­ na, que había sido defendido por Cicerón en el 63 a. C. en un proceso por intrigas; fue adoptado por A. Terencio Varrón y llegó así a ser hermanastro de Terencia, la mujer de Mecenas, y de Proculeyo, el aludido en II 2 como prototipo de genero­ sidad por haber repartido sus bienes con sus hermanos; a raíz de su adopción recibió el nombre de A. Terencio Varrón Murena; como militar venció en el 25 a. C. a la tribu alpina de los salasios; pero acabó trágicamente sus días ya que cons­ piró contra Augusto en el año 22 y fue condenado a muerte por ello. Es evidente que la oda está escrita en momentos apurados para el destinatario (si male nunc, v. 15), tal vez en su crisis económica previa al reparto de bienes de Proculeyo (por tanto sería anterior a II 2, que fechábamos con posterio­ ridad al año 27) y naturalmente, antes de la conspiración. Es­ trofas sáficas.

Mejor, Licinio, vivirás si a la alta mar no te arrojas siempre ni, por miedo a las tormentas, mucho a la insegura

costa te ciñes.

Quien la mediocridad áurea prefiera, abrigado, mas libre está del sórdido techo ruinoso y sobrio a la envidiable

sala renuncia.

5

Al pino ingente más el viento azota; con más estruendo cae la torre insigne; el rayo suele herir las altas cumbres

de las montañas.

10

El alma bien dispuesta en los desastres espera y teme un cambio de la suerte cuando todo va bien. Júpiter feos

inviernos trae

summovet. non, si male nunc, et olim sic erit: quondam cithara tacentem suscitat Musam neque semper arcum

tendit Apollo. 20

rebus angustis animosus atque fortis appare; sapienter idem contrahes vento nimium secundo

turgida vela.

II 11

Olvido de los asuntos públicos, búsqueda de una vida pri­ vada y sin complicaciones,, son los consejos que el venusino ofrece esta vez, insistiendo en su prédica epicúrea, al amigo Quinctio Hirpino, del que, por cierto, no sabemos nada más. Y tras la constancia de la fugaz juventud y de la vejez presuro­ sa, ilustradas con imágenes de la estación y la luna cambiante, le deja entrever la inutilidad de las profundas cavilaciones, y culmina — como los preámbulos, ya tópicos en la lírica hora- ciana, nos harían adivinar— con la sugerida incitación al disfrute del momento presente, dum licet: paisaje ameno con

Quid bellicosus Cantaber et Scythes, Hirpine Quincti, cogitet Hadria

divisus obiecto, remittas

quaerere, nec trepides in usum

poscentis aevi pauca, fugit retro 5

levis iuventas et decor, arida pellente lascivos amores

canitie facilemque somnum. non semper idem floribus est honor

vernis, neque uno Luna rubens nitet 10

vultu: quid aeternis minorem consiliis animum fatigas?

y se lleva. Lo malo no es eterno. No siempre el arco tiende Apolo: a veces empuñando su cítara a la tácita

Musa despierta. 20

Sé valiente en lo adverso y animoso, pero recoger velas sabiamente

debes si demasiado favorable soplare el viento.

t osas, perfume y vino; porque, como ya sabemos por boca del poeta (cfr., p. ej., I 18, 4), el vino mata las penas; y con el vino vengan el copero y la cortesana que alegren la fiesta. Tapiz horaciano, pues, tejido con los hilos de costumbre. Véase cómo se pasa de la admonición inicial (estrofa 1) a las aseve- I liciones (estrofas 2-3), y de ahí a las interrogaciones (final de estrofa 3-4-5-principios de la 6), que formulan el carpe Ítem, para terminar de nuevo con la exhortación, variando así ar- I istícamente el modo de expresión. Por la alusión a las gue­ rras cántabras en ciernes (Quid bellicosus Cantaber... cogitet) hay <|ue fechar esta oda a fines del año 26 o principios del 25. Es- trófas alcaicas.

Qué trame, Quinctio Hirpino, el belicoso Cántabro, qué el Escita, al que tan sólo

separa el Hadria de nosotros, no te preocupe ni el cómo emplees

una vida que poco ya nos pide. 5

Huyó la tersa juventud y su encanto: la árida canicie rechaza el amor frívolo y el sueño fácil. No luce siempre igual la vernal flor

ni con la misma faz brilla la rubia 10

luna: ¿a qué fatigar tu espíritu si eternas leyes pueden más que él?

cur non sub alta vel platano vel hac pinu iacentes sic temere et rosa

canos odorati capillos, 15

dum licet, Assyriaque nardo potamus uncti? dissipat Euhius curas edaces, quis puer ocius

restinguet ardentis Falerni

pocula praetereunte lympha? 20

quis devium scortum eliciet domo Lyden? eburna dic age cum lyra

maturet in comptum Lacaenae more comas religata nodum.

II 12

Se desarrolla aquí, como ya en I 6 (Scriberis Vario fortis et hos­

tium) el tópico de la recusatio. Dirigiéndose a Mecenas, el poeta

le anuncia que no debe esperar de él que cante los grandes te­ mas propios de la épica (guerra de Numancia y demás episo­ dios de la lucha contra Cartago, Lápitas y Centauros, Gigan- tomaquia) o los combates librados por el César, en el ritmo muelle de la lira; este último tema —dice— , mejor lo desa­ rrollará el propio Mecenas en una obra historiográfica; Hora­ cio prefiere asuntos menos solemnes, tales como las virtudes de Licimnia; y la oda termina así, desviando su enfoque a la persona de esta atractiva mujer, según la ya vista técnica ho- raciana de esporádica morosidad descriptiva con que se clau-

Nolis longa ferae bella Numantiae

nec durum Hannibalem nec Siculum mare Poeno purpureum sanguine mollibus

aptari citharae modis,

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