que no seas tú, no hay ni yo ni nada que no sea yo. En la esencialidad, en la
profunda comprensión de la naturaleza de las cosas, las ataduras desaparecen.
Mulla Nasrudin estaba enferm o. El m édico le exam inó y le dij o: « Bien, Nasrudin, m uy bien. Estás m ej orando, lo llevas m uy bien, estás casi bien del todo. Tan sólo queda una pequeña cosa; uno de tus riñones todavía no está bien. Pero eso no m e preocupa en absoluto» .
Nasrudin m iró al m édico y le dij o: « ¿Cree usted que si uno de sus riñones no estuviera bien y o m e preocuparía por ello?» . La m ente siem pre divide: el otro y y o. Y el m om ento en que divides en y o y el otro, el otro se convierte en enem igo, el otro no puede ser am igo. Esta es una de las cosas m ás básicas y que debe ser entendida profundam ente. Necesitas penetrar en ella. El otro no puede ser am igo, el otro es el enem igo. El hecho de que sea el otro hace que sea tu enem igo. Algunos son m ás hostiles, otros m enos, pero el otro siem pre es enem igo. ¿Quién es am igo? El m enos enem igo; en realidad, no hay nadie m ás. Am igo es aquel que es m enos hostil contigo, y enem igo es aquel que es m enos am istoso contigo, pero están en la m ism a fila. Los am igos están m ás cerca, los enem igos m ás lej os, pero todos son enem igos. El otro no puede ser am igo. Es im posible, porque con el otro tiene que haber com petición, celos, lucha.
Tú peleas tam bién contra tus am igos; por supuesto, de una m anera am istosa. Tam bién com pites con ellos, porque tus am biciones son las m ism as que las suy as. Quieres conseguir prestigio, poder; ellos tam bién quieren conseguir prestigio y poder. Te gustaría tener un gran im perio, a ellos tam bién. Estáis luchando por lo m ism o, y sólo unos pocos pueden tenerlo.
Es im posible tener am igos en el m undo. Buda tiene am igos, tú tienes enem igos. Buda no puede tener enem igos, tú no puedes tener am igos. ¿Por qué Buda tiene am igos? Porque el otro ha desaparecido, ahora no hay nadie que no sea él.
Y cuando este otro ha desaparecido, el y o tam bién desaparece, porque son dos polos de un m ism o fenóm eno. Aquí adentro está el ego y ahí afuera está el otro; dos polos de un m ism o fenóm eno. Si desaparece un polo, si el « tú» desaparece, el « y o» desaparece con él; si el « y o» desaparece, el « tú» desaparece.
Tú no puedes hacer desaparecer al otro, tan sólo puedes hacerte desaparecer a ti m ism o. Si tú desapareces no hay ningún otro; cuando se abandona el y o, no hay tú. Esa es la única m anera. Pero lo intentam os, intentam os j usto lo opuesto; intentam os m atar al « tú» . Al « tú» no se le puede m atar, al « tú» no se le puede poseer, dom inar. El « tú» siem pre seguirá en rebelión,
porque el « tú» está esforzándose en m atarte a ti. Am bos estáis luchando por el m ism o ego; él por el suy o y tú por el tuy o.
Todas las políticas del m undo consisten en cóm o m atar al « tú» para que sólo quede el « y o» y todo esté en paz. Porque cuando no hay a nadie m ás, cuando sólo estés tú, todo estará en paz. Pero esto no ha ocurrido nunca ni ocurrirá j am ás. ¿Cóm o vas a m atar al otro? ¿Cóm o vas a destruir al otro? El otro es inm enso, el otro es todo el Universo.
La religión trabaj a en una dim ensión diferente: intenta abandonar el y o. Y una vez que se ha abandonado el y o no hay otro, el otro desaparece. Por eso te aferras a tus quej as y tus rencores; porque ay udan al y o a perm anecer. Si el zapato te m olesta, entonces el y o puede existir m ás fácilm ente. Si el zapato no m olesta, se olvida el pie: entonces el y o desaparece.
La gente se apega a sus enferm edades, se aferra a sus quej as, se aferra a todo lo que m olesta. Y dicen: « Son heridas y nos gustaría curarnos» . Pero en el fondo ellos siguen haciendo las heridas, porque si se curan todas las heridas, ellos no estarán ahí.
Sim plem ente fíj ate en la gente; se aferran a sus heridas. Hablan de ellas com o si fuera algo de lo que m ereciese la pena hablar. La gente habla acerca de sus enferm edades, de sus defectos, m ás que de ninguna otra cosa. Escúchalos y te darás cuenta de que lo están disfrutando.
Yo he tenido que escuchar todas las tardes, he escuchado durante m uchos años. Mira sus caras, ¡lo están disfrutando! Son m ártires...: su enferm edad, su ira, su odio, sus problem as, su egoísm o, su am bición. Y obsérvalo: todo el asunto es una locura por que están pidiendo deshacerse de esas cosas, pero fíj ate en sus caras, lo están disfrutando. Y si realm ente desaparecieran, ¿entonces con qué disfrutarían? Si todas sus enferm edades desaparecieran y estuvieran com pletam ente sanos, no tendrían nada de lo que hablar. La gente va a ver a los psiquiatras para poder hablar acerca de ello, para poder decir que han visitado este o a ese otro psiquiatra, que han visitado a este o a ese otro Maestro. En realidad disfrutan diciendo: « Todo, todo el m undo ha fracasado conm igo. Todavía soy el m ism o, nadie ha podido cam biarm e» . Ellos lo disfrutan, es com o si estuvieran triunfando al dem ostrar que todos los psiquiatras son un fracaso, que todas las « terapias» han sido un fracaso.
He oído una historia acerca de un hom bre que era hipocondríaco, que hablaba constantem ente acerca de sus enferm edades. Y nadie le creía, porque le habían hecho toda clase de pruebas y exám enes y no habían encontrado nada. Pero todos los días iba corriendo al m édico, el cual estaba en serias dificultades.
Luego, poco a poco, el m édico se dio cuenta de que « cualquier cosa que oy era (si veía un anuncio en la televisión de alguna m edicina y se hablaba de alguna enferm edad), inm ediatam ente le venía esa enferm edad. Si leía acerca de una enferm edad en alguna revista, inm ediatam ente, al día siguiente, se presentaba en la consulta del m édico; enferm o, com pletam ente enferm o. Reproducía todos los síntom as» .
Así que el doctor le dij o una vez: « No m e preocupa dem asiado, porque y o leo las m ism as revistas que tú y veo los m ism os program as de televisión que tú. Y j usto al día siguiente aquí estás
tú con la enferm edad» .
El hom bre contestó: « ¿Qué se cree usted?, ¿el único m édico de la ciudad?» .
El hom bre dej ó de visitar a ese m édico, pero no abandonó su locura por las enferm edades. Un día se m urió (todo el m undo tiene que m orir algún día). Antes de m orir le encargó a su m uj er que escribiera una frase en la losa de m árm ol que cubriría su tum ba. Todavía está ahí. En su losa está escrito en letras grandes: « ¿Cree ahora que y o tenía razón?» .
La gente se siente m uy feliz por su desgracia. Tam bién y o m e pregunto algunas veces que, si toda su desdicha desapareciera, ¿qué iban a hacer? Estarían tan ociosos que sencillam ente se suicidarían. Y he llegado a esta conclusión: les ay udas a salir de una y al día siguiente se presentan con cualquier otra. Les ay udas a salir de algo, y y a se están preparando..., com o si tuvieran un gran apego a la desgracia. Sacan algo de todo esto, es una inversión; y dej a beneficios.
¿En qué consiste esta inversión? La inversión consiste en que cuando el zapato te está pequeño, te sientes m ás de lo que eres. Si el zapato se aj usta perfectam ente, tú sim plem ente te relaj as. Si el zapato se aj usta perfectam ente, no sólo se olvida el pie: el y o desaparece. No puede haber ningún y o con una consciencia de bienaventuranza; ¡im posible!
El y o sólo puede existir con una m ente desgraciada, el y o no es otra cosa que la com binación de todas tus desgracias j untas. Así que sólo si realm ente estás decidido a abandonar el y o, desaparecerán tus desgracias. De otra form a seguirás creando nuevas desgracias. Nadie puede ay udarte, porque estás en un cam ino derrotista, autodestructivo.
Así que la próxim a vez que vengas a m í con algún problem a, prim ero pregúntate en tu interior si te gustaría que se resolviera; porque, entérate: y o puedo resolverlo. ¿Realm ente estás interesado en resolverlo o sim plem ente quieres hablar de ello? Te sientes bien hablando de ello.
Ve hacia adentro e investiga, y te darás cuenta de que todas tus desgracias existen porque tú las apoy as. Sin tu apoy o nada puede existir. Existen porque tú les das energía; si no les das energía no pueden existir. ¿Y quién te obliga a darles energía? Hasta para estar triste se necesita energía, porque sin energía no puedes estar triste.
Para hacer que el fenóm eno de la tristeza ocurra, tienes que poner energía. Es por eso que después de la tristeza te sientes tan derrotado, agotado. ¿Qué ha ocurrido?; porque durante tu depresión no estabas haciendo nada, estabas sim plem ente triste. Así que, ¿por qué te sientes tan derrotado y cansado? Tendrías que haber salido de la tristeza pletórico de energía; pero no.
Recuerda, todas la em ociones negativas necesitan energía, te agotan. Y todas las em ociones y actitudes positivas son dínam os de energía; crean m ás energía, nunca te agotan.
Si eres feliz, de repente el m undo entero fluy e hacia ti con energía, el m undo entero se ríe contigo. Y qué razón tiene el refrán que dice: « Cuando ríes, el m undo entero se ríe contigo.
Cuando lloras, lloras solo» . Es cierto, absolutam ente cierto.
Cuando eres positivo, toda la existencia te da m ás, porque cuando tú eres feliz toda la existencia es feliz contigo. No eres una carga, eres una flor; no eres una piedra, eres un páj aro. Toda la existencia se siente feliz contigo.
Cuando eres com o una piedra, cuando estás sentado apático con tu tristeza, alim entando tu tristeza, nadie está contigo. Nadie puede estar contigo. Sim plem ente se abre un espacio entre tú y la vida. Entonces todo lo que hagas tendrá que depender de tu fuente de energía. Se agotará, estarás desperdiciando tu energía, te estarás agotando por tu propia estupidez.
Pero hay algo: cuando estás triste y negativo sientes m ás ego. Cuando estás contento, feliz, extasiado, no hay y o, el otro desaparece. Estás en contacto con la existencia, no separado; estáis j untos.
Cuando estás triste, enfadado, egoísta, m oviéndote solam ente dentro de ti m ism o, disfrutando tus heridas y viéndolas una y otra vez, j ugando con tus heridas, intentando ser un m ártir, hay un espacio entre tú y la existencia. Te quedas solo y ahí te sientes y o. Y cuando te sientes y o, toda la existencia se vuelve hostil contigo. No es que tu y o la haga volverse hostil; parece ser hostil. Y si ves que todos los dem ás son enem igos, te com portarás de tal m anera que todo el m undo tendrá que ser tu enem igo.