Andén de la Estación
Foto 36: Viajar “sentado” en el Metro.
Las 13:59 horas y en el vagón donde han retirado asientos, una joven se sienta en el suelo del carro mientras se dedica a revisar su celular… podría ser una estudiante… parece que es la hora de trasladarse, quizás salida o entrada a clases, porque hay varios estudiantes, especialmente escolares que permanecen en el vagón. Parece no importar que esté en el suelo, pese a las reiterados llamados por altoparlantes del conductor del tren sobre no realizar estas prácticas por el riesgo de caída para los otros pasajeros… consejo o advertencia que no sólo se escucha en este tren… recuerdo que es una práctica de Metro bastante habitual. (Recorrido fotográfico del miércoles 7 de noviembre de 2012 por la línea 5 del Metro de Santiago).
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Así parece ser cierto que la significación de los objetos, conferida de transacciones, atribuciones y motivaciones humanas, además requiere una visión mayor, donde también tenga cabida lo que el autor denomina su “trayectoria”, es decir, formas, usos, etc., como lo visto en las fotografías 31 a la 36, de modo que no es posible entender a los asientos aislados de esas micro-prácticas, dadas justamente por los individuos, que en este caso son los pasajeros.
El asiento preferencial y su señalética conlleva una trayectoria producto del uso, quizás histórico y evolutivo del asiento, y una señalización al interior de un medio de transporte público, bajo las condiciones en que actualmente se viaja, a diferencia de lo que era a lo menos unos seis años atrás. Incluso, más allá de la implementación del Transantiago, tomando en cuenta otros hechos sociales, como los propios cambios que la sociedad y los individuos han tenido. Esto quiere decir que tal vez ha habido una evolución o cambio en el uso y/o significación de ambos objetos, más allá que puedan estar rotulados como asientos preferenciales.
La entrevistada N°4 relata con una anécdota estas transformaciones: “Desde que se extendió a La Cisterna (el Metro) el tipo de gente que va en esa línea (línea 2) es de menor nivel educacional. Llámalo prejuicio, es lo que se ve. Hay más ‘flaite’ en el Metro, porque en la estación terminal La Cisterna pueden tomar hacia Los Morros. Los Morros, esas son poblaciones callampas, hay harta población callampa y bien peligrosa para allá. Para qué estamos con cosas, no nos hagamos los giles. En uno de esos momentos, había un grupo de ‘flaites’ ocupando el Metro, de una barra de fútbol, creo que eran de la Chile, no tengo nada contra la Chile, yo estudié en la Chile (risas). Ehhh, y entra una señora, que la señora era como pa’ agarrarla y abrazarla, tomarla en brazo y sentarla. La señora no tenía que andar en Metro a esa hora porque seguramente se subió en la Estación El Llano en donde está el Hospital Barros Luco, entonces seguramente la señora venía del hospital y tenía cara de enferma, ella estaba mal y era viejísima, entonces era como pa’ cualquier persona le hubiera dado el asiento. Las personas que estábamos paradas nos dimos cuenta e incluso que hicimos un canal para que la señora llegara
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a los asientos, y había un grupo de ‘flaites’ que no se dieron ni por aludidos con la presencia de la mujer, que era una señora que uno la veía y decía ‘no, esta señora necesita un asiento, señora por favor venga, venga, no, no, no, no, señora, le pongo una almohada’, daba esa sensación. Bueno, un tipo más envalentonado, bueno, todas las personas mujeres los mirábamos como ‘¡ya po!’, como ese gesto de sanción, como los ojos medios grandes, como cara de ‘na’ que ver lo que estás haciendo, ya po’ párate’, y va el tipo, un ropero de tres cuerpos que venía de la construcción, un hombre, y le dice ‘ya po’, ¿qué estay esperando? Párate po’ hueon, no veí que ta’ la señora, ya párate’. ‘Y qué te pasa retutatutata’. Y hubo un encontrón de palabras y a manotazos. Como el tipo que les llamó la atención era un ropero de tres cuerpos, lo pescó de un ‘ala’ y lo sacó, porque es un ropero de tres cuerpos. Lo pescó de un ala y lo sacó y dijo ‘señora, por favor siéntese’. ‘No, no es necesario’, la señora se estaba desarmando sola. ‘Siéntese señora por favor, que es peligroso que esté parada’, ‘Graaacias, hijo’. Listo, la señora se sentó. Pero el tipo empezó a tirar una cantidad de ‘fachotas’ (patochadas)”.
La misma entrevistada se refiera así al cambio de usuarios en el Metro: “…también el tema del tipo de usuario del Metro ha variado mucho, porque antes yo diría más bien, era para personas que tenían una cierta cantidad de recursos como para usar el metro, eran personas, quizás oficinistas, que tenían un estándar ya diferente, una educación diferente entonces quizás ellos son más considerados. Pero también el Metro se ha extendido a diferentes partes donde quizás la educación no es un tema y la educación social tampoco, entonces les da lo mismo”.
Por su parte, la entrevistada N°3 alude a la cantidad de pasajeros que se transportan por el Metro y cómo se refleja ello en la funcionalidad del asiento preferencial y su señalética: “Es tanta la gente que va en el Metro que a veces es difícil que tú incluso le puedas dar el asiento a una embarazada, que es como el caso que me ocurrió a mí, porque uno apenas puede entrar al carro, entonces como que puedas desplazarte para llegar a un asiento, hasta eso tú evitas porque te vas a pegar en la guata y todo el tema”.
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Sería interesante también que si los asientos en general nos han podido condicionar dentro de un medio de transporte público como el Metro (Bourdieu, 2002), como asientos que son, además han condicionado un tipo de socialización que, bajo el actual contexto del trasporte de pasajeros, lleva a la posibilidad de que sean vistos muchas veces como una aspiración o un anhelo de, por ejemplo, un descanso, por lo que son “buscados” al ingresar a los vagones, por supuesto una explicación con la que no se quiere generalizar pero sí visibilizar ciertas conductas.
En el diálogo con el primer entrevistado se sustrae esa percepción: “Entrevistado: … yo creo que los asientos del Metro como en las micros… tienen un valor ahora… Marlene: Ya. En qué sentido. Entrevistado: Intrínseco en las personas que utilizan los medios de comunicación público… los medios de transporte público”. Si nos centramos en la materialidad de las cosas, entonces debemos de inmediato estar frente a las diferentes formas de objetos que ellos representan, según la Cultura Material. Pues esas representaciones proceden de las personas que se relacionan con ellos, de una u otra forma, en una interacción directa o como observador secundario de la misma. Lo anterior se puede relacionar con lo dicho por Appadurai, respecto al papel que en las cosas tienen las transacciones, atribuciones y motivaciones humanas.
Podríamos decir que las representaciones de los asientos, cuya principal características común es que están dentro de los carros del Metro, y apoyándonos en las imágenes vistas anteriormente, tienen relación con quién los usa y cómo ese pasajero los significa: el joven suele descansar en él con la misma familiaridad con que lo haría con un asiento de su casa; para un trabajador implicaría tanto el descanso tras la agotadora jornada como un lugar donde dormir o hacer más rápido un largo trayecto de retorno a casa.
Al respecto, cabe destacar que Daniel Miller le da un papel fundamental dentro de esa relación con los objetos, a un cierto sentido estético de ellos. Por ejemplo, cuando se alude a las sensaciones o emociones que provoca un determinado artefacto en el espacio doméstico o lo que produce dicho artefacto en un espacio público.
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Se pone de pie la persona que está al otro lado del asiento preferencial ocupado por un menor, y una persona que estaba de pie frente a él, conversando con otra, se sienta casi de inmediato, pareciera un movimiento casi natural y continuo, tras desocuparse, y como si no se hubiera fijado antes en su existencia. No ha dejado de hablar con su acompañante en toda esa interacción. Pareciera que los pasajeros no miran los asientos, sin embargo, al desocuparse uno, “saltan” en actos automáticos para ocuparlos. Es una escena que observo en repetidas ocasiones con los asientos en general. (Registro del recorrido N° 4, del 3 de septiembre de 2012 en la línea 4 del Metro)
Así también la ansiedad que se puede evidenciarse cuando los pasajeros ingresan a un vagón vacío o casi desocupado, y con apuro buscan sentarse lo más rápido posible, en lo que parece una competencia por alcanzar un trofeo, es un tipo de comportamiento observable que denota un significado específico que le da ese pasajero al asiento, una micro-práctica que llama la atención pues convengamos que se produce en un espacio público y sería extraño siquiera imaginar una conducta así al interior de un hogar.
“Entrevistada: Sí, igual he visto en algunas estaciones que hay gente que se sube corriendo para tomar un asiento, como que nadie los saque de ahí. Marlene: O sea, entrando al tren y viendo que tiene asientos desocupados se lanzan, como se podría decir… Entrevistada: Y he visto que corren…”. (Entrevistada N°7)
Ahora bien, al intentar conocer las decisiones que llevan a un individuo a ocupar un asiento preferencial, sirve para ir desentrañando las posibles significaciones asociadas, y por lo tanto otras causas de la falla en la funcionalidad. Así, buscando la posibilidad de comprender si dichas decisiones están o no dadas por el asiento preferencial y/o su señalética; o por el contrario, influidas por la persona que decide usar o no el asiento preferencial. Cabe notar que esto es entendido en un contexto más general que apunta al individuo, sus experiencias pasadas, sus juicios y prejuicios. Y por qué no, todo lo que puede llevar al usuario a significar una situación y aceptarla o validarla, y si no anulando al menos interfiriendo con la funcionalidad del asiento preferencial.
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Esto quiere decir, por ejemplo, que si una radio va más allá de la caja material, concreta o sonora que ocupa un espacio dentro de la casa (Tacchi, 1998), entonces un asiento preferencial y sus adhesivos indicativos también pueden tener una presencia material de silencio dentro del espacio físico del vagón del Metro; en el espacio inmaterial de los diversos destinos de los usuarios, dado por las distintas causalidades de esos viajes, así como esos objetos, por las experiencias y vivencias que cada individuo trae consigo, pueden remitir a sensaciones y vivencias específicas pero distintas en cada uno de ellos, de forma que en el aparente silencio de dichos artefactos, su materialidad, el contexto y la historia del sujeto, configuran una relación donde cada usuario puede extraer distintos significados a partir de un mismo asiento preferencial y adhesivo indicativo. Es más, esos significados representados en las micro- prácticas respectivas pueden estar pre concebidos y venir como evocaciones en el momento en que están enfrentados a los objetos, o irse conformando en la medida que interactúan con ellos, así como con otros usuarios, lo que permite configurar nuevas experiencias durante esos desplazamientos.
En la estación de San José de la Estrella, desde donde inicio un nuevo recorrido, a 6 estaciones de la terminal Plaza de Puente Alto y ahora en dirección a la estación Tobalaba, subo al vagón R.4403, que corresponde al carro más central del tren. Una mujer anciana, más menos unos 70 años, sube delante de mí, camina apoyada de un bastón. Observo que una pareja sentada en asiento “normales o comunes” se para inmediatamente, como resortes, de sus asientos mientras la miran ingresar al carro. La mujer toma asiento en uno de ellos. (Registro del recorrido N°5, del 3 de septiembre de 2012 a través de la línea 4)
Con mayor precisión, al hablar de evocaciones en relación con estos objetos, pueden involucrar experiencias anteriores –positivas o negativas- tenidas respecto del uso dado a ellos, de la utilidad vista en cuanto a ellos, de la importancia asignada a ellos, y creo que incluso, de la visibilidad o invisibilidad material e inmaterial que éstos pueden tener dentro del espacio físico del carro. Esto es que, sean vistos no sólo como un objeto material determinado –asiento o señalización- sino que además signifiquen aquello vivido o experimentado con anterioridad. Asimismo, que su visibilidad material como objetos no derive
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hacia una invisibilidad no sólo del mismo sino de aquello que debiera significarnos de acuerdo a su funcionalidad (visibilidad o invisibilidad inmaterial).
La correcta operatividad como dispositivo podría darse no sólo hacia “el asiento” seleccionado como preferencial, sino que puede llegar a extenderse a otros asientos o a todos los asientos, que es lo observado en el relato de la observación anterior, lo que da cuenta que puede haber quienes apoyan la acción de ceder un asiento –cualquiera- a un pasajero que lo necesite más, es una conducta internalizada y aceptada.
“…no necesariamente es el asiento que está destinado para ellos el que se les otorga, es como, al final uno asume que esas personas necesitan un asiento pero se les da cualquiera, el que se paró primero que les entregan, que normalmente son los más jóvenes, que a los que miran más feo si se sientan…”, dice la entrevistas N°3, ejemplificando este tipo de situaciones.
Mientras algunos entrevistados se han fijado en estos comportamientos, durante los viajes de observación también pude ver micro-prácticas en que un pasajero se ponía inmediatamente de pie y entregaba su asiento, uno digamos no preferencial, a un adulto mayor o embarazada, especialmente. No obstante, que ocurriese esto con los asientos preferenciales no fue un hecho observable con habitualidad.
Respecta a las discusiones a las que hacen alusión los entrevistados, las mismas que me tocó presenciar tanto previo a la investigación como muy posteriormente –hasta la actualidad-, pueden evidenciar un trasfondo de irritabilidad y baja tolerancia con que parecen circular los usuarios del Metro. El pedir un asiento, exigirlo o demandarlo, presionando y llegando hasta discutir por ello, en otros casos incluso pelear por esa causa, no pueden ser considerados hechos aislados o colaterales a la gran saturación de pasajeros que se vive en gran parte del horario de funcionamiento de este medio de transporte. A la luz de esta investigación se han podido comenzar a develar una multiplicidad de factores que perturban la funcionalidad del asiento preferencial, algunas causas ya analizadas hasta ahora y otras por seguir descubriendo, como en la imagen que sigue.
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Foto 37: Invisibilidad de la señalética y la utilización de tecnologías como distracción,