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Acerca de la violación sexual existe la creencia común y errónea que se trata de un impulso inevitable, que al cometer una violación el hombre es preso de sus propios instintos y que por tanto ésta resulta incontrolable. La violación sexual no es instintiva, no es un desborde de la naturaleza mas culina. La violación es una manifestación sexual de poder y de agresión. La in tención del violador es la de dominar, degradar, humillar y someter a la víctima. Además de ser falaz, esta idea refuerza el mito de que se trataron de actos individuales, sin una cadena de mandos que ordenó los hechos de violencia sexual. El acto sexual no es el objetivo central, sino que es un instrumento de poder:
La violación es un hecho de violencia que atenta contra los derechos po líticosociales de la mujer, no un acto sexual. Tiene que ver con un in tento de resolver problemas emocionales de poder; es un acto emitido direc tamente de un sistema socioeconómico llamado patriarcado que asume la su perioridad del hombre sobre la mujer que sostiene el autoritarismo en sí, que contempla el cuerpo de la mujer como mercancía y que se siente con el pleno derecho de usar autoritariamente ese cuerpo hasta el grado de asesinar física o psíquicamente con impunidad por medio de un acto que todavía debe ser probado y que el propio sistema jurídico plantea en sen tido inverso a cualquier delito. (Anderson en Lore Aresti, 1997: 11)
La violación sexual es una violencia con un enorme poder destructivo sobre las mujeres víctimas. Deja sus huellas tanto en su cuerpo como en su mente, y sus secuelas permanecen aunque el hecho violento haya cesado. Tie ne consecuencias muy negativas, como la pérdida del sentido de segu ridad, las dificultades de relación con los otros y su propio cuerpo. Tiene
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el poder de que las mujeres asuman una responsabilidad que no tienen, se sien tan avergonzadas y lleguen hasta a desear la muerte. Las personas que re presentan los vínculos más cercanos para ellas las culpabilizan rompiendo las relaciones sociales y profundizando su aislamiento. Asimismo, esta ex periencia las persigue y se manifiesta en miedo, pesadillas, angustia, sen timientos de soledad e incomprensión. Por estas razones en Guatemala el ejército la utilizó como una poderosa arma de guerra, para destruir a las mujeres y a través de ellas, a las comunidades. Las mujeres durante las gue rras son un objetivo importante debido a su posición dentro de la cultura de un pueblo. A través del uso del cuerpo de las mujeres, se busca humillar a los hombres del bando enemigo y demostrar el poder sobre el mismo. “En es te sentido, el cuerpo de las mujeres cobra en tiempo de guerra toda su di mensión simbólica como propiedad masculina. Es una lógica bélica en la que el cuerpo de las mujeres está visto como propiedad del enemigo que, co mo todas las otras, debe de ser destruida y expropiada para debilitar y des truirlo” (Aguilar, Ponencia, 2006).
En otras palabras “el cuerpo femenino se conquista por la misma razón que el territorio y (como) manifestación de la realidad de su conquista, una vic toria que está al alcance de la mano.” (Brigitte Terrasson, 2003: 315)
Radika Coomaraswamy, Relatora Especial de Naciones Unidas sobre Vio lencia contra la Mujer precisó al respecto en su Informe de 1998: “Más que el honor de las víctimas, el blanco de la violencia sexual contra las mu jeres es lo que se percibe como el honor del enemigo... Es un mensaje de cas tración y mutilación al mismo tiempo. Es una batalla entre hombres que se libra en los cuerpos de las mujeres”(E/CN.4/1998/54, Párr. 12. P.26).
El ejército utilizó la violación sexual como arma de guerra porque cul turalmente se conoce el impacto humillante y desmoralizador que tiene la misma sobre los hombres y los grupos sociales a los que pertenecen las muje res, así como las rupturas del tejido social y comunitario que desencadena. Fue una estrategia pensada y diseñada para ganar la guerra.7
En ese sentido, es necesario resaltar que la violencia de género está in mersa en el contexto socioeconómico y político de Guatemala, y es tanto la manifestación como el resultado inherente a las relaciones de poder exis tentes entre mujeres y hombres. Esta violencia se fundamenta en todas las estructuras sociales donde predomina el poder masculino, incluido el Es tado cuando ejerce un control jerárquico y patriarcal. Si bien esta violencia
7. Amnistía internacional, expresa: “Los cuerpos de las mujeres, su sexualidad y capacidad re productiva, se utilizan a menudo como campo de batalla simbólica y literal. Los patrones de violencia contra las mujeres en situaciones de conflicto no surgen de forma “natural”, sino que son ordenados, aprobados o tolerados como resultado del cálculo político. Más aún, estos crí menes son obra de individuos que saben que no serán castigados por agredir a mujeres y niñas. Estas fuerzas (militares, políticas, sociales o económicas) exacerban o manipulan cons cientemente actitudes estereotipadas o violentas hacia la mujer ya extendidas en la sociedad al considerar que esta estrategia de guerra les será beneficiosa”.
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es estructural, la coyuntura de los enfrentamientos armados la profundiza (cEH, Tomo III 1999).
Como explica Fulchiron: “El nivel de barbarie que se desató contra los cuer pos de las mujeres indígenas sólo se puede dar en un sistema ideológico do minante que deshumaniza a estas mujeres, que las desvaloriza, que las co sifica y las (transforma en objetos de placer masculino)8; en un sistema que legitima la violencia contra las mismas y la apropiación violenta de sus cuerpos; en un sistema que da valor superior a los hombres, a la fuerza y al do minio; por lo tanto, en un contexto social e ideológico marcado por una fuerte desigualdad entre mujeres y hombres, por un profundo odio hacia las mujeres, y un racismo arraigado. Los significados del cuerpo femenino y de lo indígena, histórica y socialmente construidos e interiorizados en las con ciencias colectivas e individuales, se trasladaron a la lógica de la guerra, ali mentando y exacerbando una ideología que permitía justificar el uso de la violencia sexual” (Ponencia, LASA, 2006).
En otras palabras, se trata de una violencia que se encuentra presente en la sociedad pero que se instrumentaliza durante la guerra.9
Por último, la violación sexual también se utilizó como sometimiento: las mujeres mayas fueron obligadas al sometimiento sexual prolongado en cuarteles y destacamentos militares. Así mismo muchas fueron obligadas a uniones conyugales con militares, comisionados militares y patrulleros, quienes actuaron con total impunidad. (cEH, Tomo III, 1999: 56).
Junto a estos fines la violencia sexual también fue parte del genocidio. A continuación se describen y analizan cada una de estas estrategias.
A.
l
A vIolAcIónsExuAl coMopolítIcA contRAInsuRgEntEPara analizar la violación sexual como estrategia contrainsurgente, es impor tante destacar algunas premisas:
Primera, el pueblo maya en Guatemala, está ubicado como grupo excluido que sufre explotación histórica, falta de acceso a servicios básicos y discriminación étnica. Las mujeres constituyen a su vez un grupo excluido, su
8. Cambio de la autora.
9. De acuerdo con el Informe Proyecto interdiocesano de Recuperación de la Memoria His tórica, REMHI, Informe Guatemala Nunca Más realizado por la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, la violencia sexual tuvo como propósitos: a) La violación cons tituyó una demostración de poder como parte de la estrategia de terror que pretendía de finir con claridad quién dominaba y quién debería subordinarse, b) Una victoria sobre los oponentes, en función no sólo de lo que representaban por sí mismas, sino en función de lo que representaban para los otros y como objetivo político para agredir a otros, c) Una mo neda de cambio en algunos casos como única forma de sobrevivir ellas mismas o sus hijos, d) Como botín de guerra, premio o compensación a los soldados por su participación en la guerra, e) Como tortura sexual extrema.
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situación debe ser entendida como la de un grupo triplemente excluido, lo cual per mite explicar que sean ellas quienes ocupan la posición de mayor opresión (étnica, genérica y de clase) dentro de la estructura social.
Segunda, las violaciones sexuales se dan dentro de la violencia de gé nero, la que tiene como base relaciones de poder desiguales entre mujeres y hombres. Esta violencia se fundamenta en estructuras sociales en las que predomina el poder masculino y se ejerce contra las mujeres para perpe tuar este dominio. Si bien esta violencia es estructural, la coyuntura de los enfrentamientos armados la profundiza, volviendo más vulnerables a las mujeres. La explotación, la opresión, la discriminación y la falta de opor tunidad se convierten en la raíz de la vulnerabilidad de las mujeres; esto aunado a la pertenencia étnica (cEH, Cáp. III, 1999: 25).
Tercera, como ya lo señalamos en la primera parte, la sexualidad ha si do un tema silenciado en las comunidades de donde provienen las sujetas de investigación. “A la sexualidad, se le suman valores morales y religiosas dua les, lo bueno y lo malo. Las mujeres internalizan y socializan sentimientos de temor y vergüenza, de culpa y pecado” (Chirix, 2003: 114).
Cuarta, en sus planes de campaña el ejército reconoció la violación se xual clasificándola como errores; sin embargo, los rituales de exterminio in cluían reglas muy claras y definidas. Para lograrlo se establecieron nor mativas específicas dentro del ejército. Estas estrategias comprendían la de nigración de la mujer en las comunidades a través de la humillación y el desprecio público.
1. La planificación militar
Según el REMHI, detrás de la tortura, la violación y las masacres, hay es tructuras y prácticas sociopolíticas. Quienes ejecutaban dichas prácticas eran cuidadosamente entrenados, bajo estrictos valores dominantes y formas de organización para evitar precisamente que los “instintos se apoderaran de las tropas y actuaran sin seguir las órdenes.10 Para comprenderlo hay que recordar que durante la mayor parte del conflicto el ejército se nutrió de soldados a través del reclutamiento forzoso (servicio militar de dos años).
Una condición básica para que funcione un organismo militar es la obediencia a una jerarquía claramente establecida. La obediencia a la au toridad permite evadir la confrontación moral y ética sobre la destrucción. También salva la imagen que la persona tiene de sí, mediante un mecanismo
10. En el caso de Guatemala, esa compleja red de cuerpos e instituciones estuvo bajo la direc ción del comando de inteligencia, integrado por el Presidente de la República, el ministro de la Defensa, el ministro de Gobernación, el director de Inteligencia Militar (G2), el jefe del Es tado Mayor Presidencial y el Jefe de la Policía Nacional (REMHI, Tomo II).
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de disociación en donde los funcionarios se valoran y premian en la medida que cumplen a cabalidad con las normas y la disciplina dentro del grupo. Otro elemento importante es la autorización; es decir, cuando los actos de vio lencia son explícitamente ordenados, tácticamente aprobados o, por lo menos, permitidos y legitimados por las autoridades.11 “...ustedes se que daron, se quedaron vivas, (dijo un general) eso no es culpa de nosotros, es la ley quien nos manda para que hagamos estos daños, es la ley quien nos man dó a matar esta gente...” (GAAV90805).
Testimonios suministrados por miembros del ejército fortalecen la con vicción que la violación sexual constituyó una práctica habitual e incluso sistemática, en la medida en que, en algunas ocasiones, fue ordenada por los mandos superiores en forma previa al ingreso a las comunidades, con instrucciones precisas acerca de la forma de perpetrarlas:
El oficial tiene sus grupitos de asesinos y les dice cómo tienen que ma tar. Hoy van a degollar o guindar con alambres, hoy violan a todas las mu jeres. Muchas veces las órdenes las dan antes... violaban a las mujeres... por una sola pasaban 20 ó 30 soldados. Si caía bien la mujer, la dejaban ir, a otras las mataba el último que pasaba con ella... (cEH, Capítulo III: 29)
La violación sexual, al igual que las masacres, estuvo ritualizada. Se realizaba antes de una masacre, separando a los hombres de las mujeres; o después de haber torturado y asesinado a los hombres, violaban a las mu jeres.
...se llegaron a meter en la casa, lo amarraron y... casi no quiero recordar, por que es... se lo amarraron con un palo y se lo llevaron. Me rodearon mi ca sa, entraron conmigo en la casa, no pude ya salir, yo me quedé en medio de los dos . Tu esposo no murió me dijeron, encontró una casa mejor, los que me violaron se llevaron a mi esposo, sacaron a mis hijos afuera y sólo a mí me dejaron encerrada juntamente a ellos adentro, me duele , todo lo que pasó es doloroso; quemaron mi casa, quemaron mis cosas en la casa... (GAAV13/09/2005)
Es necesario tomar en cuenta el empleo de estrategias psicológicas para ga rantizar la obediencia y el cumplimiento estricto de las órdenes por parte de la tropa. El sentimiento de grupo era de gran importancia para generar una nueva identidad que sustituyera a la precedente, tanto en lo individual co mo en lo social. Estimulaban en el grupo el sentido de pertenencia a un colectivo, lo que facilitó la asimilación de la tarea encomendada. El senti miento de identidad de grupo incluyó la exaltación de los valores viriles y machistas. Los integrantes tenían que probar al grupo que merecían ser parte
11. La cEH afirma que las violaciones sexuales contra las mujeres fueron la práctica in cluida en el entrenamiento militar. Los testimonios identifican como prostitutas a las mujeres que utilizaban para habituar al soldado a esta práctica; agrega que la desvalorización de la cual fueron objeto las mujeres resultó absoluta y permitió que elementos del ejército pudiera agredirlas con total impunidad porque se trataba de mujeres indígenas.
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de él y que esto les enorgullecía. Debían mantener un estado psicológico de tensión, alerta permanente y reactividad inmediata. Muchos victimarios con sideraron las violaciones sexuales como parte normal de su estrategia pa ra mantener el control psicosocial de los soldados.
Por muchos años, el servicio militar ha tenido una función simbólica den tro de la sociedad, en donde los jóvenes pasan por un proceso de adqui sición de la identidad masculina fortalecido por la mística de los uniformes. Estas ideas de masculinidad todavía son significativas para los ejércitos, ya que tener un rango militar provee una identidad conectada a las ideas de po der, control y dominio. Dichas ideas son igualmente importantes para la sociedad, que deposita en ellas la defensa a través de un cuerpo sólido in tegrado por grupos fuertes, valientes, viriles y capaces de defender a una nación.
En los nuevos integrantes del ejército se exaltaba la masculinidad, el sen tido de grupo y hay un minucioso proceso de incorporación a la nueva iden tidad, reforzada por valores de obediencia y disciplina. Dentro de esta for mación también se incluía el desprecio absoluto por los diferentes grupos étni cos y por las mujeres. Esto evidencia la responsabilidad del Estado en ca denas que propician impunidad (odHAg, Tomo I, 1998: 212).
De lo anterior podemos concluir que la violación no se realizó como un exceso de la tropa, sino que fue planificada desde el inicio.
2. Un modus operandi sistemático y generalizado en todo el país
Las características comunes del modus operandi según el que se cometieron las violaciones sexuales en las tres regiones de donde vienen las sujetas de investigación, revelan que se trató de un plan militar diseñado a nivel na cional, minucioso y sistemáticamente ejecutado en todo el país.
En las tres regiones emergen contextos y situaciones distintos para la ocurrencia de las violaciones sexuales: en casas, iglesias, escuelas o en des tacamentos militares; en contexto de masacres, de represión selectiva, de ocupación de la comunidad o de desplazamiento forzado. Las mujeres de Chimaltenango fueron en su mayoría violadas en sus casas, en ausencia de sus esposos. Las viudas q’eqchi’es fueron, en cambio, convertidas en es clavas sexuales en destacamentos militares, mientras que otras fueron vio ladas dentro del marco de la masacre de su comunidad, antes de huir a la montaña durante seis años para “salvar su vida”. Las violaciones en contra de las mujeres mames de Colotenango se inscribieron en una vo luntad clara de castigarlas por “dar de comer a los guerrilleros” y para rom per la resistencia guerrillera en la zona; mientras las mujeres chujes de Nentón, población base de la guerrilla, fueron violadas por ambos bandos. Finalmente, el camino hacia el refugio fue también marcado por
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his torias de violaciones sexuales para las mujeres de Huehuetenango que de cidieron huir de las mismas.
Las diferentes situaciones en las que se dieron las violaciones sexuales mar caron de manera diferente las historias de las mujeres, la mayor o menor es tigmatización social de las que fueron objeto, las posibilidades que tuvie ron para afrontar el evento traumático, así como las dinámicas más o menos cohesionadas de los grupos actuales.
a. Violaciones sexuales en ausencia del esposo en Chimaltenango
En 1981 el ejército intensificó las masacres en las diferentes comunidades, con virtiendo a Chimaltenango en escenario de secuestros, asesinatos de cam pesinos, robos, violaciones sexuales y masacres de aldeas enteras. En el departamento de Chimaltenango, la cEH registró un total de 62 masacres per petradas por fuerzas del Estado, en el período de 1978 a 1985 y una ma sacre en el período de 1985 a 1996. En febreromarzo de 1981 el ejército lan zó su primera campaña militar contra el centro de Chimaltenango, en la cual murieron 1,500 campesinos (Marta Gutiérrez, Tesis, 1999). Para ade lantarse a la guerrilla, el 1 de octubre de 1981 “el general Benny” lanzó una operación masiva de tierra arrasada en Chimaltenango, la cual estuvo a cargo de la Fuerza de Tarea Iximché que luego se trasladó a Quiché, en el norte y a Sololá en el occidente; En octubre de 1981 el ejército concentró tro pas bajo la Fuerza de Tarea Iximché que costó 35,000 vidas” (Schirmer, 2001: 84).
Las masacres perpetradas por los efectivos militares de la Fuerza de Tarea Iximché comenzaron en la zona norte del área de operaciones, en San Martín Jilotepeque, alrededor de 65 Km. al noroeste de la ciudad ca pital; prosiguieron en Joyabaj y Zacualpa; posteriormente fue lanzada una gran ofensiva sobre la carretera panamericana donde se registraron ma sacres desde Tecpán hasta Chichicastenango y, finalmente, fue atacada la población civil de la zona sur del departamento de Chimaltenango, con ma sacres en Pochuta y San Andrés Itzapa entre otras (cEH,1999, tomo III: 308). Una sobreviviente del grupo recuerda:
¡Ay dios! En la aldea, murieron 95 hombres, 41 mujeres y 47 niños, por el censo que sacaron es que se sabe la cantidad que murieron. Hay hom bres que los colgaron. A mi hermana que estaba embarazada solo le abrieron, sacaron al bebé y lo amarraron. Y hay quienes juntaron fuego y los pusieron asar. Y así asados los comieron, los que fueron se mancharon de sangre de los cadáveres, hay quienes los enterraron detrás de la escuela. Por eso fue duro. (GACH70806)
En San José Poaquil, todas las mujeres expresaban que a sus familiares “el ejército los llevó al destacamento y nunca más volvieron; todos entraron