El virus de la diarrea viral bovina (vDVB) es un miembro del género Pestivirus, de la familia Flaviviridae (Lértora, 2003; Rondón-Barragán 2006). Son virus envueltos, esféricos, que miden de 40 a 60 nm de diámetro. Se componen de una cadena simple de ARN compactado por una cápside proteica, rodeada por una membrana fosfolipídica con tres glicoproteínas ancladas en ella (Lértora, 2003). Está considerado como un grupo heterogéneo de virus relacionados que presentan diferencias en su antigenicidad, citopatogenicidad y virulencia. Se reconocen dos genotipos diferentes (denominados tipo 1 y tipo 2), y dos biotipos dentro de cada genotipo, el biotipo citopático (CP), denominado así por inducir efectos citopáticos en cultivos celulares, y el biotipo no citopático (NCP), que induce infección persistente en las células infectadas sin manifestación de efectos citopáticos (Fenner, 2011). El biotipo NCP, que es el que frecuentemente se aísla del síndrome DVB, es considerado el biotipo predominante; el CP se aísla mayoritariamente de animales que sufren la enfermedad de las mucosas (EM), pero también se ha aislado de cuadros de DVB aguda (Celedon, 1997).
Epidemiología
La DVB produce una enfermedad enzoótica, de distribución mundial (Rivera, 2004) que afecta a bovinos y otras especies de rumiantes domésticos y silvestres, de importancia económica por las fallas reproductivas en sistemas productivos tanto de leche como de carne (Fenner, 2011). Afecta la salud de los rodeos ganaderos en general y de la hembra bovina en particular. Presenta elevada morbilidad y baja mortalidad en animales jóvenes y adultos, por el contrario, la EM afecta animales jóvenes, con baja morbilidad pero con una mortalidad del 100% (Rivera, 2004).
La principal fuente de infección y reservorio del virus en la naturaleza son los bovinos persistentemente infectados (PI). Eliminan en forma continua durante toda su vida al virus mediante la secreción nasal, saliva, orina, materia fecal, lágrimas, semen y leche (Lértora, 2003). Se estima que del 1 al 3% de los bovinos de un establecimiento ganadero presentan tal condición. Asimismo, si
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el PI es una hembra, ésta puede transmitir a su feto, dando una cría infectada y cerrando el ciclo de la enfermedad (Morán et al., 2006; Odeón, 2006). Los animales con infección aguda también son fuente de infección, aunque menos eficiente, ya que eliminan el virus en cantidades más bajas y por cortos período (Lértora, 2003).
El virus es transmitido por contacto directo o indirecto mediante fómites contaminados con secreciones oculares y nasales, materia fecal y líquido amniótico de los animales infectados, y también con semen de machos con infección aguda o persistente (Morán et al., 2006; Fenner, 2011). Los toros juegan un rol importante en la transmisión del virus. La infección de un toro con DVB puede deberse a una infección aguda o a una infección adquirida durante la gestación (congénita) de la que nace un animal portador (PI) de por vida. En ambos casos el virus está presente en el semen; mientras que en la infección aguda es temporaria, en el PI es constante. También es particularmente importante el contagio de la infección a través del semen cuando se trata del animal de una cabaña o un centro de inseminación artificial y se congela semen. Como el virus resiste la temperatura de congelación, el semen contaminado resulta en una fuente de infección y diseminación de la enfermedad a otros establecimientos. Por lo tanto, el control del semen para inseminación artificial, debe ser prioritario (Odeón, 2006; Morán et al., 2006).
Patogenia
La diseminación viral entre los animales puede ser por vía respiratoria, donde el virus replica primariamente en la mucosa nasal y posteriormente, por vía linfoide, puede llegar al intestino (Fenner, 2011).
El primer tejido de replicación viral son las células epiteliales de la mucosa oronasal, así como monocitos, macrófagos y células dendríticas que constituyen la primera línea de defensa innata, ocasionando úlceras en las mucosas y la subsiguiente salivación o secreción ocular-nasal. La distribución sistémica del virus es por vía sanguínea, en forma libre o asociada a linfocitos y monocitos/macrófagos, multiplicándose en diversas células pero principalmente en las del sistema fagocítico-mononuclear.
La presencia de niveles elevados del vDVB en el fluido folicular del ovario y oviducto evidencia el tropismo del virus por estos tejidos y sus efectos en el
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proceso reproductivo, sobre todo, en la tasa de concepción/gestación (Rivera, 2004).
La infección aguda altera la función ovárica y reduce la fertilidad. Es posible detectar el antígeno viral en los macrófagos y células del estroma ovárico, entre los días 6 a 60 post infección, y en células foliculares y oocitos en distintos estados de maduración. Además, las infecciones agudas ocasionan un retraso en el desarrollo de los folículos pre–ovulatorios durante dos ciclos estrales consecutivos, reducción de los niveles de estradiol durante la fase folicular y disminución o ausencia de las oleadas o retraso en el tiempo de pico de hormona luteinizante pre-ovulatoria (Lértora, 2003).
La transmisión vertical de este virus al embrión o al feto es un aspecto crítico de la infección, dado que dependiendo de la cepa viral infectante y el estadio gestacional pueden producirse diferentes patologías, como muerte embrionaria o fetal, teratogénesis, infección persistente o infección inaparente con desarrollo de la respuesta inmune (Fenner, 2011).
Una hembra bovina puede ser infectada con la cepa NCP durante cualquier etapa de la gestación. Así, dependiendo cuál sea, ocurrirá:
Etapa embrionaria (0-45 días): las infecciones de hembras susceptibles próximas al momento del servicio ocasionan muerte embrionaria y repeticiones de celo hasta que desarrollan una respuesta inmune. Se desconoce cómo la cepa NCP afecta al embrión. El virus no tiene efecto sobre el crecimiento y desarrollo de los embriones hasta el día 8-9, momento en que pierden la zona pelúcida y se vuelven susceptibles (Lértora, 2003; Valera, 2012). El resultado de la infección puede ser citolítico o no. Ambos terminan en muerte embrionaria, aunque la infección no citolítica también puede causar daño cromosómico, resultando en el desarrollo de malformaciones. Por otra parte, la replicación del virus en células oviductales puede alterar sus funciones biológicas, como la secreción de factores embriotrópicos que soportan el desarrollo embrionario (Lértora, 2003).
De 45 a 125 días de gestación: Este período comienza al finalizar la etapa embrionaria y culmina cuando el feto adquiere competencia inmunológica al vDVB (Lértora, 2003; Valera, 2012). El momento exacto en que el feto adquiere respuesta inmunológica al virus no está claro; se
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han detectado anticuerpos neutralizantes contra el virus en fetos infectados entre los días 100 y 135 de gestación. La infección con la cepa NCP antes que el feto sea inmunológicamente competente, resulta en el nacimiento de animales PI e inmunotolerantes. Durante este período el virus también puede causar muerte fetal, con momificación, o aborto meses después y teratogénesis (Lértora, 2003).
De 125 a 175 días de gestación: Este período representa el comienzo de la inmunocompetencia fetal y del estado de organogénesis, momento en el cual se presenta un gran porcentaje de alteraciones del desarrollo (Lértora, 2003; Valera, 2012). También se pueden producir abortos, pero éstos son más frecuentes en las etapas tempranas de la gestación. Se pueden observar distintos tipos y grados de malformaciones, tales como hipoplasia cerebelar, microencefalia, hipomielogénesis, hidrocefalia, atrofia o hipoplasia de timo, cataratas, microftalmia, degeneración de retina, hipoplasia y neuritis del nervio óptico, alopecia, hipotricosis, hipoplasia pulmonar, braquignatismo, artrogriposis, retraso general del crecimiento y deformidades esqueléticas (Lértora, 2003).
De 175 días de gestación en adelante: En esta etapa el feto se encuentra en un período de crecimiento general y es inmunológicamente competente. Las infecciones en este período resultan en el nacimiento de terneros seropositivos normales o débiles; mientras que los abortos son ocasionales.
Sin embargo, si la hembra se infecta con la cepa citopática durante la gestación, independientemente de la etapa en la que se encuentre, se producirá el aborto (Lértora, 2003; Valera, 2012).
Signos clínicos
Podemos clasificar a esta enfermedad en tres presentaciones, para comprender los signos que ocurren:
Infección pos-natal, bovinos no gestantes: estos animales desarrollan la diarrea viral bovina aguda, que es una infección post natal aguda, de severidad variable, en aquellos que son seronegativos e inmunocompetentes. La mayoría de las infecciones son subclínicas o de carácter moderado, con fiebre, descarga oculonasal, leucopenia
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transitoria, y presentan elevada morbilidad y baja mortalidad. Se desarrollan anticuerpos neutralizantes 14 a 28 días postinfección y consecuentemente la protección contra reinfecciones por cepas homólogas del virus es de por vida. Cuando fracasa la transferencia pasiva de anticuerpos, el virus participa en el complejo diarrea neonatal de los terneros y, al ser un virus inmunosupresor, pueden ocurrir infecciones oportunistas con otros patógenos, dando como resultado manifestaciones clínicas más severas. La infección aguda severa está asociada con virus de alta patogenicidad, caracterizada por fiebre elevada, signos respiratorios, diarrea, tormenta de abortos, caída en la producción de leche y muerte súbita. En otros casos, la exposición a cepas de alta virulencia ocasiona una enfermedad con signos clínicos y lesiones anatomopatológicas similares a la EM, como trombocitopenia, erosiones o úlceras en labios y cavidad bucal (Lértora, 2003; Fenner, 2011).
Infección en hembras preñadas: dependiendo de la etapa de la gestación en que se infecte la hembra, pueden ocurrir tres situaciones diferentes. Si la hembra se infecta con el virus NCP en el primer tercio de la gestación, puede que nazca un ternero PI que presenta viremia permanente y es seronegativo. Estos animales generalmente son pequeños al nacimiento, débiles, con escaso desarrollo y ganancia de peso, y con cuadros recurrentes de enfermedad respiratoria y digestiva; muchos de éstos no llegan al año de vida (Lértora, 2003; Fenner, 2011). Otros son clínicamente normales, siendo indispensable el laboratorio para su diagnóstico, como también puede ocurrir muerte embrionaria. Si la hembra se infecta durante el segundo tercio de la gestación con la cepa NCP nacerá un ternero con malformaciones, como también puede ocurrir el aborto. Mientras que si la hembra se infecta en último tercio de la gestación con la cepa NCP nacerá un ternero de aspecto normal y con anticuerpos frente al virus. En caso que la hembra se infecte con una cepa citopática, independientemente del tercio en que se encuentre, sufrirá muerte embrionaria o aborto (Lértora, 2003).
Animales PI: es aquel que fue infectado con el virus NCP. Puede sobreinfectarse, ya sea por infección externa o por mutación del propio
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virus con una cepa citopática, y desencadenar la enfermedad de las mucosas. Esta enfermedad cursa con fiebre, disentería, lesiones en la mucosa oral e interdigital, así como úlceras en distintas partes de la mucosa digestiva y lesiones, especialmente en las placas de Peyer. También pueden presentar signos clínicos como diarrea intermitente, neumonía, elevada incidencia de infecciones, retraso en el crecimiento. Sin embargo, la existencia de algunos PI normales, que incluso llegan a reproducirse, demuestra la inocuidad de algunas de estas infecciones persistentes (Astiz Blanco, 2014).
Diagnóstico
El diagnóstico de laboratorio para vDVB se basa en:
El aislamiento viral en cultivos celulares se realiza a partir de muestras de tejidos fetales o de terneros, leucocitos, suero, semen, ganglio mesentérico, pulmón entre otros. Es considerado el método de elección, pero las desventajas son el costo, tiempo, poca practicidad para trabajar muchas muestras, e interferencia por anticuerpos. Además, si bien su especificidad es de 100%, su sensibilidad depende mayormente de las células en la cual se realiza el aislamiento (Giraudo, 2000; Lértora, 2003; Rivera, 2004; Fenner, 2011; Valera, 2012).
Detección del virus o componentes virales: se puede realizar mediante varias pruebas, como la inmunofluorescencia a partir de tejido fresco (Giraudo, 2000; Rivera, 2004; Fenner, 2011). También, se puede realizar inmunohistoquímica a partir de tejidos fijados con formalina. Esta prueba puede detectar los PI. Otra prueba posible es el ELISA, a partir de muestras de sangre, y de tejidos (hasta aquellos que están moderadamente autolisados) también permite detectar los PI (Kirkland y McGowan, 1999, Giraudo, 2000; Lértora, 2003; Rivera, 2004; Valera, 2012). La prueba de PCR-RT es útil para detectar a partir de muestras de sangre o tejidos, el ácido nucleico del virus (Lértora, 2003; Rivera, 2004; Fenner, 2011; Valera, 2012).
Detección de anticuerpos: se utilizan la prueba tanto de ELISA, como la seroneutralización. Para esta última es necesario la toma de muestra pareada de suero, con un intervalo entre ambas de tres a cuatro
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semanas. Si presenta un título mayor a dos diluciones entre la primera y la segunda, da la idea de estar en una fase aguda de la enfermedad (Giraudo, 2000; Lértora, 2003; Rivera, 2004; Fenner, 2011; Valera, 2012)
Control
La vacunación es la principal herramienta de control, y el objetivo principal es prevenir el pasaje del virus al feto, para evitar las fallas reproductivas causadas por el mismo (Rivera, 2004). Las vacunas que se utilizan en nuestro país son a virus inactivado.
Un buen manejo del rodeo, incluye la inmunización de las vaquillonas antes del servicio con dos dosis de vacuna, con un intervalo de tres a cuatro semanas entre dosis, dando la segunda un par de semanas previo a la entrada de los toros. Al momento del tacto, realizar otra vacunación como refuerzo. Hay que tener en cuenta que tienen inmunidad limitada, por lo que pueden ocurrir infecciones a pesar de su uso, además de requerir revacunaciones anuales (Odeón, 2006). El uso de vacunas inactivadas de virus producidos en cultivo celular, ha reducido la enfermedad clínica, pero no las infecciones fetales. La identificación y eliminación de terneros con la presentación aguda de la EM y de los PI, es fundamental para la erradicación de la DVB en los rodeos, ya que estos animales eliminan el virus de por vida, facilitando la transmisión de la enfermedad y permanencia del agente en el rodeo (Fenner, 2011).
La implementación de prácticas sanitarias adecuadas y la disponibilidad de vacunas eficientes pueden conducir a la disminución de las formas clínicas y eventual control del virus. Además, es importante el control del semen para inseminación artificial, ya que es fuente de infección (Odeón, 2006).
La erradicación de la DVB a nivel de rodeo es posible manteniendo el mismo cerrado, mejora sustancialmente su salud y productividad. Las estrategias de erradicación dependen de la seroprevalencia, uso de vacuna, densidad poblacional y prácticas de manejo (Lértora, 2003).
En el ambiente el virus es inestable, ya que es fácilmente inactivado por calor y desinfectantes que contengan detergentes o solventes lipídicos (Fenner, 2011).
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