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VISIÓN ESTEROSCÓPICA NORMAL Y LA PERCEPCIÓN ARTIFICIAL.

In document Introduccion a La Fotogrametria (página 46-50)

2.6.1 –RECUBRIMIENTO Y PASADAS

3- VISIÓN ESTEREOSCÓPICA Y PARALAJE

3.1. VISIÓN ESTEROSCÓPICA NORMAL Y LA PERCEPCIÓN ARTIFICIAL.

Se denomina estereoscopía a la capacidad humana de percibir el relieve y la distancia, mediante la visión duplicada de los objetos que obtenemos con nuestros dos ojos. Se trata de una condición natural a la que habitualmente no se concede importancia, pero que tiene una gran trascendencia, porque condiciona la capacidad de cada especie animal para su desarrollo en la Naturaleza.

No es casual que el sistema de visión duplicada exista en la mayor parte de los animales, pero precisamente de la mayor o menor perfección que en cada especie alcanza, depende su género de vida y sus posibilidades de subsistencia. La visión duplicada no supone una repetición de imágenes percibidas, sino una asociación de dos imágenes muy próximas, pero distintas, ya que cada ojo ve el territorio desde su propia posición. Del contraste de las dos imágenes nace la capacidad de determinación estimada de la distancia: lo mismo ocurre con la doble percepción de los sonidos, pero siendo el Hombre un animal cuya vista está mucho más desarrollada que el oído, hace menor uso

de la localización por este sentido.

Como paso previo al análisis de la visión estereoscópica en el sentido en que afecta al objeto de este estudio, es interesante reflexionar sobre su efecto en distintas especies animales, para comprender hasta que punto el Hombre ha debido suplir sus insuficiencias naturales y ha tenido que recurrir a su inventiva para superarlas. Comparando las conductas y capacidades de acción de unos animales excepcionalmente bien dotados, con las de otros cuya capacidad estereoscópica es mediocre, se encuentra la explicación de sus modos de vida, de sus limitaciones y del modo en que las superan.

Es sabido que los monos arborícolas pueden salta de rama en rama, a veces a distancias muy largas, alcanzando siempre su objetivo. Indudablemente, la selección natural impone la muerte del animal cuyos músculos son deficientes, lo mismo que la impone si lo que falla es la vista.

El halcón, cuya capacidad visual es extraordinaria, y cuyo sistema de caza es la captura de aves en vuelo, no sólo distingue a sus presas en el aire a gran distancia y evalúa correctamente su posición sin disponer de referencias en el entorno, sino que durante la aproximación, que realiza a una velocidad enorme, corrige constantemente la distancia hasta reduciría a cero, controlando la colisión para no matarse también en el choque.

En ambos casos se trata de animales cuyos ojos son muy grandes y están situados en posición frontal, con un campo de visión común muy amplio.

Situación muy distinta es la de aquellos animales cuyos ojos están situados en posición lateral y tienen un campo de visión doble muy pequeño y con comienzo a alguna distancia de su cabeza. Es conocida la capacidad de las gallinas para distinguir comida a algunos metros y su dificultad para picarla cuando llegan sobre ella, porque el alimento situado ante su pico está fuera de su alcance óptico.

DOS ESpecies animales de gran tamaño son víctimas del hombre a causa de sus

deficiencias visuales; la ballena y el toro. A causa de su potencia, no tienen enemigos naturales y su alimentación no precisa de una localización exacta. En el caso de la ballena, la posición lateral y retrasada de sus ojos no dificulta su sistema alimenticio, ya que traga plancton filtrando el agua sobre la marcha, no tiene enemigos naturales de los que deba protegerse o a los que ataque; únicamente el hombre encuentra ventaja en esta deficiencia natural, que le permite aproximarse a ella hasta distancia de arponeo, aun corriendo el riesgo de ser alcanzado por un coletazo. En cuanto al toro, aunque normalmente no es un animal agresivo para el hombre, su posible embestida es muy peligrosa si comienza desde algunos metros de distancia, evaluando correctamente la posición, ya que su carrera en ataque es muy rápida; sin embargo su deficiente visión estereoscópica a corta distancia hace posible incluso la lidia, en la que sistemáticamente es engastado y muerto, pese a la desproporción de tamaño, tuerza y armamento.

monos o los halcones, pero satisface las necesidades naturales de la especie. La zona de visión conjunta empieza aproximadamente en la punta de la nariz, pero la distancia mínima de enfoque se encuentra a unos veinte centímetros de la cara; la distancia máxima en que la visión distinta de cada ojo permite evaluar diferencias supera los den metros, aunque sin precisión. Tanto para las necesidades de búsqueda de comida vegetal o animal, como para las de percepción de enemigos naturales ante los que sea precise huir, esta capacidad visual es suficiente para el desarrollo de la vida humana en estado natural.

Sin embargo, el hombre ha desarrollado un sistema de vida alejado de las condiciones naturales que ha producido unas necesidades imposibles de resolver con sus sentidos, y ha debido crear instrumentos capaces de mejorarlos. La óptica permite mediante el empleo de lentes apropiadas, ver objetos de dimensiones no perceptibles para el ojo, sea por su pequeñez o por su distancia; instrumentos óptico mecánicos, como los telémetros, permiten medir distancias mucho mayores que las naturales y además con evaluación exacta.

3.2. LA PARALAJE

La percepción de distancia, solo se realiza en la zona de visión común a los dos ojos, la diferencia de posición que para un mismo objeto encuentran ambos actuando por separado es lo que se llama diferencia de paralaje.

Analizando el mecanismo de la visión binocular se llega a establecer la existencia de una relación entre la percepción del relieve y la distancia y la doble visión. La separación que hay entre ambos ojos (distancia Jintei Buoijar), hace que los rayos visuales que parlen de ambos hacia un objeto situado en el infinite sean paralelos, pero converjan sobre objetos próximos. La distancia en que en la práctica deje de producirse la convergencia determinará el alcance útil del mecanismo visual para evaluar distancias, es decir situará la posición hasta la que el sentido de la vista tiene su pleno rendimiento.

Considerando el asunto con un planteamiento geométrico, la determinación de la distancia a un objeto aparece como función de la distancia interpupilar y el ángulo de convergencia de las visuales, llamado ángulo paraláctico. (Fig.)

Base y distancia

cerebro.

Suponiendo para simplificar, que el triángulo formado por las visuales y la distancia interpupilar es isósceles, el valor de la tangente del ángulo paraláctico es:

tg (α/2) = (b/2) / d y la distancia al objeto:

d = (b/2) / tg (α/2) = (b/2) * cotg (α/2)

Puede suponerse que el cerebro calcula las distancias partiendo del conocimiento de b (distancia interpupilar propia) y de la medición del ángulo a, que deduce de la

convergencia de las visuales. Cuando no sea capaz de medir, no podrá determinar distancias.

Es sabido que la visión estereoscópica humana tiene límites a los que ya nos hemos referido, pero más importante que la medida precisa de distancia es la percepción de diferencias de distancia, de la que nace la sensación de relieve. En la vida real, aparte de las conclusiones que a continuación se exponen, a la hora de calcular intuitivamente distancias acuden en ayuda del observador sus experiencias anteriores, las relaciones de tamaños aparentes, la percepción de detalles, etc. En cualquier caso, la capacidad de percepción es un factor personal, y hay individuos naturalmente mejor dotados que otros, es decir, con mayor agudeza visual, llamando así a la capacidad de percibir diferencias entre ángulos paralácticos y en consecuencia, de evaluar diferencias de distancia.

Suponiendo un incremento de distancia ∆d, sobre la distancia antes determinada, su valor puede expresarse como:

∆d = (b/4 + d2) ∆α

para cuyo cálculo puede prescindirse de b/4, ya que valdrá sólo unos pocos centímetros. Experimentalmente se conoce que los valores más frecuentes para α = 20", aunque hay individuos que alcanzan a distinguir diferencias de 5". Para un cierto observador, cuya b es constante, los valores de d necesarios para la percepción de ∆d, son cada vez mayores cuando d aumenta.

Supongamos un valor de b = 8 cm, que es mayor de lo normal, y una agudeza de 20"; para una distancia de 8 m :

∆d = (d2 / 8) * 1/6800 = 80000 / 6800 = 12 cm

Pero si la distancia aumenta a 80 m, ∆d = 1.200 cm = 12 m. El valor de ∆d, crece con el cuadrado de d, por lo que le supera pronto.

instrumentos ópticos, capaces de aumentar el valor de b. Utilizando un telémetro de 80 cm de separación entre visuales, el mismo observador de 8 cm de distancia interpupilar y agudeza 20", a la distancia de percibirá:

∆d = ( 20 + 7002 / 80) * 1 / 6800 = 9 mm

es decir incrementará la sensación de relieve en más de diez veces.

Lo mismo ocurre cuando se utilizan anteojos de aumento, con los que el efecto conseguido es el mismo que si disminuyera la distancia al objeto. Los aparatos destinados a mejorar el alcance de la visión (gemelos, prismáticos), o a medirla (telémetros, periscopios), combinan el aumento de base con la utilización de lentes de aumento y consiguen resultados muy favorables.

Sin embargo, estos aumentos de posibilidades encuentran pronto su límite en la práctica, a causa de problemas naturales o artificiales insalvables, tales como el humo, la bruma, o la calina, que imposibilitan la visión clara a distancias largas.

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