En el acompañamiento espiritual se revisan todos los aspectos de nuestra vida:
a) Nuestra relación con el Señor. Nos relacionamos con el Señor de manera
especial a través de nuestra oración personal y comunitaria.
El acompañante discernirá el tiempo que debemos dedicar cada día a la oración, una hora, media hora... más o menos tiempo, en relación con nuestra situación espiritual o llamada del Señor, nuestro ministerio y las condiciones que nos impone el trabajo y la vida de familia. No se puede pedir el mismo tiempo de oración a una persona que sale a las seis de la mañana para su trabajo y que regresa a casa por la noche, que a otra con un horario mucho más holgado y flexible.
También el acompañante verá cuál es el momento más adecuado para la oración, si por la mañana o por la noche antes del descanso.
Por supuesto su ayuda ha de servir también para encontrar o mejorar la forma de hacer la oración. Son muchos los hermanos de la Renovación que rezan las horas del Oficio Divino, que es la oración oficial de la Iglesia universal, y están llenas de inspiración y profundo contenido espiritual. Sí para alguno no es posible rezarlas todas completas, al menos la oración de la mañana, que son los Laudes, o la oración de la tarde, las Vísperas, o la oración de retirarse al descanso, las Completas.
b) Nuestra relación con los hermanos. En nuestro diálogo y transparencia con
el acompañante habrá que revisar también la relación con todos los hermanos del grupo o comunidad, sobre todo cuando las relaciones interpersonales se han deteriorado. El nos hará ver la necesidad de una pronta reconciliación y hasta nos puede ayudar.
Otro aspecto importante es nuestra asistencia al grupo e integración en los servicios y ministerios. Si, por ejemplo, estoy en el ministerio del canto, ¿acudo a los ensayos con puntualidad e interés?; si estoy en la acogida o en el ministerio de la Palabra, ¿acudo media hora antes del comienzo de la oración para acoger, o para preparar con oración la asamblea que tendremos momentos después?
Un aspecto que no se debería pasar nunca por alto es el del servicio. Hay hermanos que tardan en comprender esto y no prestan ningún servicio al grupo, es decir a los demás hermanos. Todos tenemos que tener la preocupación de servir en algo. Para esto he de procurar de no ser de los que siempre llegan tarde, cuando ya todo está preparado y hasta ya ha empezado la asamblea.
Revisaremos también nuestro compromiso económico con la comunidad. El acompañante deberá discernir cuál debe ser la aportación mensual para contribuir a compartir bienes en comunidad; puede ser una aportación fija, pero revisable de vez en cuando, ya que la situación económica puede variar de un mes a otro. En su revisión se han de tener en cuenta los ingresos de cada persona, pero también los gastos y la situación familiar, número de hijos, etc. Este compromiso nos va enseñando poco a poco, teniendo en cuenta las propias necesidades, a compartirlo todo y a practicar el desprendimiento evangélico y la sobriedad de vida. Nos enseña a dar, pero también a recibir y a pedir con humildad cuando nos haga falta. Cuando alguien está en dificultad económica, el acompañante deberá hablar con los dirigentes del grupo no solo para que sea liberado del compromiso de aportar algo, sino para que reciba de la comunidad la ayuda que necesita.
c) Aspectos de la propia vida. Con el acompañante debemos poner en común la
vida de cada día en los siguientes aspectos:
Nuestro Trabajo: ¿cómo marcha nuestro trabajo?, ¿es el que nos conviene para
dar testimonio de la presencia del Señor Jesús en nuestras vidas, o deberíamos cambiarlo si fuera posible?, ¿trabajamos con honradez y eficacia? Si somos empresarios, ¿se mueve nuestra empresa en un ambiente de justicia social?
Nuestra vida familiar o comunitaria: los matrimonios debemos examinar
cómo vamos creciendo cada día a nivel de pareja y cómo es nuestro diálogo, las relaciones con nuestros hijos y con los demás miembros de la familia, y qué oración familiar hacemos, etc...
El religioso o la religiosa debe revisar cómo van sus relaciones con la comunidad desde que se encuentra en la Renovación. ¿Estoy al servicio de los hermanos y soy asequible a todos?
Nuestra vida social. La sociedad está enferma y la situación socio-política de
cristianos que tengan el Evangelio como ideario, y que sean luz y esperanza para todos los hombres, especialmente para los más pobres y marginados.
¿A qué clase de acción socio-política nos llama el Señor? Quizá a colaborar activamente en la asociación de padres del colegio de nuestros hijos, quizá a comprometerme mucho más en la parroquia, quizá alguna forma de compromiso político. El acompañante deberá discernir nuestra situación en este aspecto.
A veces estamos absorbidos por demasiadas actividades y reuniones a la semana. Esto dificulta nuestro crecimiento espiritual, familiar y comunitario, y hasta puede poner en peligro nuestra salud. Con el acompañante hemos de discernir qué debemos dejar.
Naturalmente quedan más puntos que tratar. Este esquema que presentamos aquí debe ser adaptado a las situaciones concretas de cada comunidad, cuyos dirigentes debe discernir quiénes necesitan acompañante y quiénes pueden ejercer este ministerio. El acompañante y el acompañado deben poder actuar con gran libertad de espíritu, de forma que si conviene en algún momento se pueda pedir un cambio a los dirigentes, sin ninguna dificultad.