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BLOQUE III: MARCO TEÓRICO

5.1. El discurso postmoderno: las tecnologías como control social

5.1.4. Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman (2012) se incorpora a los autores seleccionados en este apartado al hacer un análisis detallado de la Sociedad de la Información, enfatizando especialmente los efectos que la modernidad tiene en la estructura social. Bauman detalla cómo la introducción de las tecnologías altera conceptos tales como el espacio y el tiempo, que, a la vez que permiten incrementar el poder económico y control de determinadas elites sociales, hace disminuir la organización social de base de los estamentos más populares.

La modernidad líquida es el término con el que Zygmunt Bauman (2012) define la sociedad contemporánea. Esta nueva modernidad tiene su origen en la consecución de mayores libertades por parte de los individuos y es consecuencia de las revoluciones sociales acontecidas a lo largo de los siglos XVIII y XIX.

En oposición al período anterior, sólido y rígido; la actual sociedad se caracteriza por su fluidez, por su liquidez:

La extraordinaria movilidad de los fluidos es la que los asocia con la idea de “levedad” (…). Asociamos “levedad” o “liviandad” con movilidad e inconstancia: la práctica nos demuestra que cuanto menos cargado nos desplacemos, tanto más rápido será nuestro avance. Estas razones justifican que consideremos que la “fluidez” o la “liquidez” son metáforas adecuadas para aprehender la naturaleza de la fase actual -en muchos sentidos nueva- de la historia de la modernidad. (Bauman 2012:8)

En la transformación a esta nueva modernidad, y con la disolución de las lealtades, derechos y obligaciones propias del Antiguo Régimen, sólo queda el orden económico para dominar la totalidad de la vida humana, haciendo irrelevante e inefectivo cualquier otro aspecto.

El origen del incremento del poder económico dentro de la actual modernidad es consecuencia directa de la consecución de mayores libertades por parte de los individuos. Esta idea, que en principio marca el inicio de una nueva modernidad y que ha sido el leitmotiv de las teorías claves dentro de la sociología clásica -Marx, Durkheim, Weber- y contemporánea -Offe, Beck, Giddens- es, para Bauman, un cuchillo de doble filo que se vuelve en contra de los propios individuos.

Por un lado, porque la consecución de mayores libertades tiene como efecto más importante la disolución de las acciones colectivas, fuerzas que podrían mantener el orden económico supeditado al control por parte del hombre. Según Bauman:

Los sólidos que han sido sometidos a la disolución (…) son los vínculos entre las elecciones individuales y los proyectos y las acciones colectivas –las estructuras de comunicación y coordinación entre las políticas de vida individuales y las acciones políticas colectivas-. (Bauman 2012: 11-12)

Por otro lado, y al eliminar el poder de las acciones colectivas, desaparece también la fuerza de los “grupos de referencia”, tan necesarios en los procesos de socialización e interacción. La consecuencia directa es la pérdida en la capacidad de

elección individual o, como Bauman afirma, es el final de la vida del individuo (Bauman 2012:13). Al carecer de referentes y referencias, es el propio individuo el que se ve obligado a construir sus propias pautas y referencias, lo que puede conducir tanto al éxito como al fracaso individual, pero ambos bajo la única y sola responsabilidad del propio individuo:

La individualización concede a un número cada vez mayor de hombres y mujeres una libertad de experimentación sin precedentes –pero (…) también acarrea la tarea sin precedentes de hacerse cargo de las consecuencias-. (Bauman, 2012: 43)

En la desaparición del individuo que, como hemos visto, facilita el poder dado al orden económico actual propio de la modernidad líquida, hay un atributo cuya alteración es clave para entender el por qué de toda esta transformación: la relación entre espacio y tiempo.

Al igual que otros autores postmodernos, vistos y analizados en esta sección (Baudrillard, Virilio o Sartori), Bauman indica que la modernidad empieza cuando el espacio y el tiempo se separan de la práctica vital y entre sí, y pueden ser teorizados como categorías de estrategia y acción mutuamente independientes.

En esta separación, las tecnologías juegan un papel clave. Con las tecnologías, la velocidad de movimiento permite la transgresión no solo del espacio (recordemos el concepto de la velocidad de la luz) sino también da acceso a una mayor movilidad, lo que hacen del tiempo el principal instrumento de poder y dominación.

Para Bauman, las tecnologías facilitan una mayor capacidad y velocidad de movimientos. Como consecuencia, el poder se vuelve extraterritorial; es decir, ya no depende o está supeditado necesariamente a tener que estar en un espacio físico determinado desde el que ejercer el poder. Actualmente, por ejemplo, con los teléfonos móviles se puede dar una orden y controlar sus efectos independientemente del lugar desde el que se está ejecutando esa orden.

Pero además de la extraterritorialidad del poder, el control del tiempo también facilita la huida, el escurrimiento, la elisión, la capacidad de evitar, el rechazo concreto de cualquier confinamiento territorial, lo que origina que ese poder sea absolutamente inaccesible:

La elite global contemporánea sigue el esquema de los antiguos “amos ausentes”. Puede gobernar sin cargarse con las tareas administrativas, gerenciales o bélicas y, por añadidura, también puede evitar la misión de “esclarecer”, “reformar las costumbres”, “levantar la moral”, “civilizar” y cualquier cruzada cultural. El compromiso activo con la vida de las poblaciones subordinadas ha dejado de ser necesario. (Bauman, 2012:19)

Esta nueva forma de ejercer el poder puede verse analizando la estrategia militar empleada en las algunas de las guerras acontecidas: Guerra del Golfo, Yugoslavia, etc. Todas ellas responden al mismo patrón para Bauman:

Ya no la conquista de un nuevo territorio, sino la demolición de los muros que impedían el flujo de los nuevos poderes globales fluidos; sacarle de la cabeza al enemigo todo deseo de establecer sus propias reglas para abrir de ese modo un espacio –hasta entonces amurallado e inaccesible- para la operación de otras armas (no militares) del poder. (Bauman 2012:17)

La extraterritorialidad y la volatilidad del poder redefinen también la división social clásica del trabajo y tienen como consecuencia que deba repensarse el nuevo orden económico mundial. Mientras en la división del trabajo clásica analizada por Durkheim o Weber existía una interdependencia entre trabajo y capital, en el nuevo modelo esta mutua dependencia ha sido unilateralmente cortada: mientras que la capacidad de trabajo continua siendo incompleta e insatisfecha si se deja al margen del capital, éste puede viajar rápido y liviano por todo el planeta, causa de incertidumbre y, a su vez, el origen de la dominación actual para Bauman:

El capital puede viajar rápido y liviano, y su liviandad y motilidad se han convertido en la mayor fuente de incertidumbre de todos los demás. En esta característica descansa la dominación de hoy, y en ella se basa el principal factor de división social. (Bauman 2012: 130)

El resultado de la aplicación de estas nuevas formas de poder implica la desintegración de la trama social y el desmoronamiento de la acción colectiva y de la comunidad. Para Bauman, para que el poder fluya no debe existir ningún entramado ni comunidad, especialmente si esta tiene una fuerte presencia territorial; por lo que una de las primeras cosas que el poder se encargará de destruir es, precisamente, la existencia de estas redes sociales que son de referencia para los individuos. La consecuencia es que el individuo, al perder esos elementos de referencia, se vuelve

más frágil y vulnerable al poder, lo que hace que Bauman afirme que el individuo desaparezca:

Un efecto de las comunidades de guardarropa/carnaval es impedir la condensación de las “genuinas” (es decir, duraderas y abarcadoras) comunidades a las que imitan y a las que (falsamente) prometen reproducir o generar nuevamente. En cambio, lo que hacen es dispersar la energía de los impulsos sociales y contribuyen así a la perpetuación de una soledad que busca –desesperadamente pero vanamente- alivio en los raros emprendimientos colectivos concertados y armoniosos. (Bauman 2012: 212)