EXPRISIONEROS POLÍTICOS
LILI JOHANA REYES BERNAL
GUILLERMO ARMANDO PEÑA QUIMBAY
ASESOR
DIEGO HERNÁN ARIAS GÓMEZ
UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN
MAESTRÍA EN EDUCACIÓN PARA LA PAZ
BOGOTÁ, DICIEMBRE DE 2019
Tabla de contenido
Introducción…….……….……… 3
Capítulo 2: Antecedentes de investigación………..…10
Estado del Arte ………..………..10
Capítulo 3: Estructura de la investigación ………...28
Marco Teórico………..28
Contextualización y problematización………...51
Objetivos………..…59
Diseño metodológico………...59
Capítulo 4: Trayectoria biográfica, educativa y formadora………….………....68
Datos biográficos y personales……….…68
Entorno educativo y comunitario……….…81
Capítulo 5: Contextos sociopolíticos y procesos populares. ………...………99
Bases ideológicas de líder social ………...100
Trayectoria política comunitaria………109
Contextos y dinámicas sociopolíticas………120
Capítulo 6: Experiencia penitenciaria y carcelaria……….139
Conclusiones ...………...176
Bibliografía……….188
Tabla de anexos No. 1 Tabla matríz guía de entrevistas ……….….………..………...65
No. 2 RAE- Resúmenes analíticos base……..………..……...193
No. 3 Matrices de tendencias y tensiones para los antecedentes……….……….….199
No. 4 Matrices de filtración y saturación de categorías………..…...204
No. 5 Matrices de análisis y triangulación de conceptos………..…...207
Introducción:
La presente investigación se enmarca en la línea de cultura política y educación, que
forma parte de la Maestría en Educación para la Paz de la Universidad Distrital Francisco
José de Caldas, como una apuesta académica por entender las tensiones y las resistencias
locales que generan los procesos de educación popular y política en las que se mueven los
actores sociales que lideran o participan de distintas iniciativas y movimientos sociales,
regionales y populares. Con el fin de delimitar los marcos de análisis y de exploración, el
actor social tiene la profundidad y el abordaje de líder social ya que este concepto abarca una
connotación social, política y cultural decisiva para las comunidades colombianas.
Teniendo en cuenta que la Maestría en Educación para la Paz maneja distintas áreas
de análisis dentro de las mismas líneas, se proyecta que esta investigación se adhiere a la
categoría Política con el eje de análisis “procesos políticos y construcción de paz”
(Macroproyecto, S.F., p. 17) en la medida en que el trabajo le apunta a la comprensión y el
reconocimiento de la educación política de líderes/as sociales judicializados/as, tratados e
imputados/as como prisioneros/as políticos/as del país. Para ello se tendrán en cuenta sus
relatos de vida ya que su papel y su trayectoria en los territorios y en las comunidades que
representan se han visto afectados por las dinámicas políticas nacionales. De igual manera, se
pretende comprender y esclarecer frente al tratamiento que el Estado está dando al respeto
por la oposición, por la pluralidad, el pensamiento diverso y deducir cómo el silenciamiento y
la tergiversación a estos actores sociales está poniendo en juego la esencia misma de la
democracia, vista como un modelo de participación y de inclusión de las apuestas
ciudadanas, y que incide sustancialmente en la cultura política colombiana.
El foro “Colombia entre rejas: En búsqueda de un camino para la paz”, realizado en el
conclusión la evidente existencia de prisioneros políticos (de guerra, de conciencia y víctimas
de montajes judiciales), por un número que ya excede en el país los 7.500, situación que debe
ser reconocida expresamente por el Estado colombiano. Los testimonios presentados dejan
ver la grave situación humanitaria por la que atraviesan aquellos reclusos en las cárceles del
país, una sistemática violación a los Derechos Humanos –DDHH– de los internos que hacen
parte de una política estatal de presión y persecución a los dirigentes y lideresas de
movimientos políticos sociales y populares, coartando las garantías para el ejercicio sindical
y social del pueblo colombiano.1
En términos porcentuales, según el informe del Foro, la mayor parte de las personas
judicializadas, procesadas y condenadas por el delito de rebelión corresponden a líderes y
lideresas sociales, principalmente activistas agrarios, estudiantes, trabajadores defensores de
los Derechos Humanos no alzados en armas, miembros del movimiento social y popular y
expresiones populares de resistencia, que están en las cárceles por discernir del régimen
político colombiano que las entiende y maneja bajo la lógica del “enemigo interno”.
Le sigue el grupo de personas que habitaba en zonas de conflicto, y que fueron, o son
judicializadas por "colaborar con estructuras armadas", ser presuntos financiadores,
logísticos, entre otros; y finalmente el grupo lo completan alrededor de 3.500 prisioneras y
prisioneros de guerra, que hacen parte de estructuras armadas insurgentes, como las guerrillas
de las FARC2, el ELN3 y el EPL4.
1Foro "Colombia entre rejas" publicado el lunes 5 de marzo de 2012 en la Agencia prensa rural. Disponible en: 2 Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo fueron una organización guerrillera insurgente y
terrorista de extrema izquierda, basada en la ideología y los principios del Marxismo-leninismo.
3 Ejército de Liberación Nacional, es una organización guerrillera insurgente de extrema izquierda que opera en Colombia.
Se define como de orientación marxista-leninista y pro-revolución cubana. Es un actor del conflicto armado colombiano desde su conformación en 1964.
4 Ejército Popular de Liberación, llamada su disidencia por el gobierno colombiano como Los Pelusos, es una organización
Esta particular composición es resultado de la Sentencia C-456 de 1997 de la Corte
Constitucional, que desnaturalizó y desapareció en la práctica el delito político, al punto de
que sea imposible en Colombia argumentar ante los tribunales que las conductas de los
imputados corresponden a lógicas ideológicas. En el ámbito del delito político, la
Constitución de 1991 constituyó un avance en relación con su antecesora pues son varios los
artículos que se refieren al respecto, entre otros el 35, 150-17, 179-1, 2, 3, 201-2, 232-3, 299
y el artículo transitorio 18 argumentando que "el trato favorable a quienes incurren en delitos
políticos está señalado taxativamente en la propia Constitución. Por lo mismo el legislador
quebranta ésta cuando pretende legislar por fuera de estos límites e ir más allá de ellos"
(Corte Constitucional, 1997).
Para el Movimiento Nacional Carcelario y las organizaciones de Derechos Humanos
acompañantes, la realidad colombiana de las prisiones refleja la ausencia de una serie de
garantías reales para el ejercicio de la oposición política, y la desigualdad en términos de
oportunidades para la gran mayoría de hombres y mujeres que se encuentran en centros
penitenciarios del país (Zuleta, 2015).
No en vano, ejercer y mantener el liderazgo social en distintos territorios de Colombia
implica un alto compromiso por estar al frente del cumplimiento y la implementación de los
acuerdos de paz que se han adelantado con las FARC, lo que se traduce en ser un actor que
promueve una atmósfera armoniosa y pacífica para su comunidad y para las generaciones que
le presidirán y que recibirán una formación consciente con las exigencias e intereses de las
mismas comunidades.
Frente a la premura o las dudas de qué significa ser líder y cuál es el impacto que
tiene en la esfera social y política, desde la Comisión de la Verdad se han venido recogiendo
un defensor del territorio”, “alguien que es amado por muchos y odiado por otros” o
“aquellos que claman por justicia e igualdad social-territorial”, pero como se verá a la luz de
los cinco relatos de vida de los líderes y lideresas entrevistados, ser líder también indica que
esa persona tiene la capacidad de “influir en los demás para alcanzar un objetivo o una visión
determinada y deseada”, lo cual conlleva a sostener unas redes de apoyo y mantener un
equipo consolidado.
Las cualidades del líder y su papel en los movimientos sociales y en las
transformaciones a la que le apuntan las minorías étnicas no solo tienen que ver con una
reivindicación de derechos, o el reconocimiento de los derechos humanos en sus distintas
tipificaciones, sino que se generen unas capacidades, oportunidades y acciones en función del
fortalecimiento comunitario y del tejido social colectivo que ha permitido identificar las
tendencias y las tensiones históricas en las que se ha perpetuado la violencia política y
armada en los distintos sectores atravesados e impactados por el conflicto interno
colombiano.
A la luz de las discusiones regionales, locales y nacionales sobre la estrategia política
represiva, se puede generar un acercamiento a la trayectoria histórica que han tenido distintos
representantes comunitarios, rurales o colectivos para la esfera pública, los cuales por sus
ideales y acciones han gestado o apoyado procesos de educación popular. Teniendo en cuenta
que algunos de estos líderes en Colombia han estado en un centro penitenciario por asuntos
de orden político y han recibido un tratamiento indigno como consecuencia del régimen
gubernamental, emerge como pregunta directriz de la presente investigación: ¿De qué
manera se puede visibilizar y analizar la educación territorial, social y política en la vida de
estos líderes sociales-comunitarios que han sido imputados y judicializados como
De esta manera, el estudio comprende la reflexión y las voces de líderes o lideresas
sociales, que hayan estado en un centro penitenciario y hayan sido imputados como
prisioneros políticos del Estado. En el documento, se presentan los aportes que estos actores
sociales han realizado en clave de fortalecer procesos educativos (vista como un conjunto de
apuestas y pedagogías que nutren la formación que se da en las comunidades que integran
una nación y guardan unas tradiciones culturales, lenguas, costumbres y fueros propios o
autóctonos, la cual debe estar ligada al ambiente, al proceso productivo, a los procesos
sociales-culturales manteniendo el respeto a sus creencias y tradiciones5) y populares con
grandes alcances territoriales (los contextos y los espacios comunitarios que dan cuenta de la
variedad cultural) y que a su vez son en gran medida participativos (para potenciar acciones,
dinámicas propias, y con enfoque inclusivo y diferencial), los cuales tienen sus
aproximaciones de acuerdo con cinco testimonios diversos por los actores escogidos y
abordados: un líder indígena Nasa de Coconuco, Cauca; un líder de la milicia de las
FARC-EP; una lideresa afrodescendiente de Arenal, al sur de Bolívar; un líder campesino de
Sumapaz, localidad 20 de Bogotá; y una lideresa LGBTI de Soacha, Cundinamarca6.
Así las cosas, el segundo capítulo de este trabajo comparte los antecedentes de la
investigación, en el cual se da a conocer el estado del arte, con los referentes del material
consultado, llegando a las tendencias, las recurrencias y los vacíos de la investigación, El
tercer capítulo, va en sintonía con este apartado y se enfoca en la estructura de la
investigación, abordando los planteamientos problémicos, el marco teórico y el diseño
metodológico. En esta línea, el trabajo se sustenta a partir de las categorías educación
5 La noción acerca de educación y su relación con asuntos étnicos juega un papel vital para el estudio y el análisis de los
proyectos comunitarios y alternativos, la cual fue tomada por el Ministerio de Educación Nacional bajo la Ley General de Educación de 1994, en la que se hace énfasis en este tipo de educación para promover y rescatar la ancestralidad y el sello cultural de los grupos étnicos.
política, experiencia carcelaria, socialización política y actores sociales, las cuales buscan
brindar unas bases en asuntos relacionados con la represión, el control, la resistencia, el saber
popular y la pedagogía crítica, a la luz de los autores expertos que son indispensables para
hacer una comprensión más profunda del entorno y la trayectoria que estos actores han
tenido.
Sobre la ruta metodológica, el enfoque principal radica en la investigación cualitativa
con una perspectiva histórico-hermenéutica, dando prelación a la perspectiva, los sentidos y
los significados que hacen las personas a partir de sus experiencias de vida; como
herramienta de recolección de información se diseñó una entrevista semiestructurada y se
aplicó a los cinco líderes contactados; y como estrategia de interpretación se hizo la filtración
y el análisis de contenido que explora y brinda una pauta para organizar la información en
términos de lograr codificarla, categorizarla e inferirla y así lograr un metatexto a la luz de
los relatos de los líderes sociales.
El cuarto capítulo, consta de los primeros hallazgos y diálogos de la investigación, en
donde se aborda la trayectoria biográfica, educativa y formadora de los líderes sociales y
comunitarios entrevistados, aquí se resaltan los determinantes familiares, se reconocen los
logros y se identifican las “huellas imborrables” que han generado hitos y acontecimientos en
el recorrido de estos sujetos sociales. Así mismo, hay una prelación del entorno educativo y
formativo, ya que el pasado escolar, la formación política juvenil y los criterios sobre las
apuestas educativas han tenido unas repercusiones visibles en su subjetividad política y en la
construcción de ese liderazgo comunitario.
El quinto capítulo del documento, da cuenta de la mirada a los contextos
sociopolíticos y los procesos populares, haciendo un engranaje entre el capítulo anterior y los
detonantes ideológicos y las bases con las cuales constituyen sus liderazgos, la trayectoria
comunitaria en términos de los proyectos colectivos y los movimientos populares que
representan, y en vislumbrar el contexto político represivo como una estrategia de Estado que
incide y afecta en sus agendas territoriales y comunitarias.
El sexto capítulo se enfoca en la experiencia carcelaria de los líderes, y permite
aterrizar los aspectos y las razones políticas por las cuales fueron judicializados e imputados
como prisioneros7 políticos, contemplando también la atmósfera que se da dentro de las
cárceles, las dinámicas de convivencia y las apuestas por resistir conjuntamente desde la
privación de la libertad y desde la burocracia institucional penal.
Y como último apartado, se comparten las conclusiones con sus aportes centrales, que
sintetizan los hallazgos encontrados como ejes discursivos y narrativos de acuerdo con los
aportes brindados por los líderes, también se plasman las cuestiones pendientes que no
alcanzó a profundizar esta investigación, con la intención de que futuros proyectos u otros
investigadores retomen y les den alcance, debido a la pertinencia académica y sociopolítica
que representa este trabajo, tanto para las comunidades como para la comprensión de la
complejidad histórica colombiana.
7 En este punto se hace válido hacer la distinción entre preso y prisionero, ya que el preso es la persona que
Capítulo 2: Antecedentes de investigación
Como parte de los antecedentes se presentan primero las investigaciones, artículos y
textos que se han revisado sobre el tema, aspectos que forman parte del estado del arte para la
presente investigación y dan nociones a los estudios en centros penitenciarios, derechos
humanos y represión política, las cuales son los conceptos más recurrentes en los trabajos
consultados. Las tendencias evidenciadas dan cuenta de lo cruel y controlador que se tornan
los centros de reclusión, llegando a ser deshumanizantes y represivas, en donde es importante
explorarlos para generar memorias en torno a lo sucedido, pero, como vacío académico, no se
ha encontrado una profundidad sobre la trayectoria educativa y su relación con los procesos
de educación popular y políticos.
2.1 Estado del Arte
Dentro de la búsqueda para esta investigación se seleccionaron y consultaron
testimonios, experiencias y relatos tanto de presos políticos como de líderes sociales a nivel
nacional, regional e internacional, los cuales por su ideología política o por su activismo han
sido afectados por las dinámicas de Estado, teniendo en cuenta estos referentes, la literatura
que se revisó tuvo en cuenta trabajos de grado, artículos de investigación, libros y
publicaciones académicas, entre otros.
A partir de las investigaciones y los hallazgos identificados se encontraron 30
documentos en total relacionados con el tratamiento a presos políticos o a líderes sociales
como actores que generan un impacto en la agenda política de sus territorios a nivel nacional
e internacional. Los marcos de exploración y de consulta se hicieron en diferentes niveles,
que forman parte de América Latina, y siete a nivel del resto del mundo. Así mismo, una vez
identificado el objetivo, resultados y alcance cada estudio, se detectaron cinco tendencias de
investigación las cuales surgieron a partir de la saturación temática y de las conclusiones
abordadas por estas investigaciones o proyectos, que presentan los siguientes balances
mostrando desde la que tiene más recurrencias hasta la que menos: en la tendencia de
atmósfera penitenciaria hubo nueve textos, en la de actores sociales hubo ocho, en la
tendencia represión política hubo seis, para derechos humanos, cinco, y la última es
propuestas pedagógicas con dos textos académicos encontrados. A continuación, se describe
cada agrupamiento con sus respectivas investigaciones.
Atmósfera penitenciaria
Son nueve textos de investigación relacionados con el entorno o la atmósfera
penitenciaria de los cuales cinco son del nivel nacional, dos de regional y dos del
internacional. Sobre los nacionales se habla del ambiente carcelario como sistema represivo y
como argumento para resistir en un Estado de excepción. A nivel regional los dos libros que
se rastrearon toman relatos de presos políticos en cuanto a sus experiencias dentro del sistema
penitenciario, y cómo este contexto sórdido influyó en los vejámenes que se viven
ocultamente en la legalidad. Ambos muestran como son amenazados con perder la cordura y,
en cuanto al nivel internacional, los dos artículos muestran un panorama del preso vs
memoria, por un lado cómo los presos son deshumanizados, tratados como residuos,
prácticamente muertos en vida y por el otro la importancia patrimonial de ciertos lugares
históricos ligados a funciones represivas.
Aguilera (2006) desarrolla un artículo en el cual discute el problema del delito
político en el siglo XIX en Colombia, examinando el tratamiento que se le daba a los presos
actos bárbaros cometidos. Uno de los hitos más destacados que aborda el autor está
relacionado con el canje de presos de guerra que solo podían ser privados de su libertad por el
tiempo que durara el conflicto, sin llegar a ser judicializados con la pena de muerte.
Adicionalmente, uno de los factores espirales de la violencia tiene que ver con la retaliación
que generaron las represalias dirigidas a los presos en combate pero que llevó a generar
acciones de solidaridad cuando el escenario de los presos políticos llegaba a escalar como
debate público. No obstante, los hallazgos reflejan que el tratamiento que recibían los
“delincuentes políticos” en los encierros penitenciarios era más violento que el que recibían
los delincuentes comunes, aspecto que llevó a afianzar mecanismos de resistencia y a
fortalecer tanto su organización como su ideología política.
Por su parte, Alvarado (2012) reflexiona y ahonda sobre el tratamiento penitenciario
que reciben los presos políticos, enfatizando que es especialmente represivo en comparación
con el tratamiento que reciben los otros presos sociales, y resalta, que la situación carcelaria
en Colombia revela una de las problemáticas fundamentales del Estado que no se soluciona
con más penales sino con estrategias reales para la prevención del delito, además porque los
prisioneros políticos reciben un trato acorde a la percepción y a la opinión política
gubernamental y social que se tenga de estos, que en muchas ocasiones está representada bajo
la implementación del derecho penal como enemigos, y porque las tensiones exploradas se
dan por los términos de eficiencias y garantías que no tienen augurios de humanismo crítico.
Más adelante, Arango, Marín y Arroyave (2015) generan unas discusiones que
alimentan los planteamientos anteriormente expuestos y que se sustentan en la percepción de
los presos políticos frente a las condiciones jurídico-penitenciarias vividas en los
establecimientos penitenciarios del Valle de Aburrá (Medellín-Colombia), en donde los
periodo que fueron recluidos. De la mano de esto, está el hecho de que la institucionalidad
no los reconoce como actores o interlocutores decisivos para la construcción de país, ya que,
en varias ocasiones se les identifica como terroristas y esto trae unas implicaciones
conceptuales muy complejas para ser reconocidos como actores sociales legítimos, y porque
quedan indefensos ante algunas prácticas de políticas criminales del Estado.
En estudios más recientes, Hincapié (2017) aborda el problema central que se
concentra en los procesos de acusación y defensa y propone además un acercamiento al rol
que jugó la ideología en diferentes procesos, en donde la discusión sobre el significado del
delito político tiene que ir más allá de los márgenes jurídicos y que tiene que ser un
compromiso y un interés de Estado. Según el autor, las instrucciones y la recolección de
pruebas estuvo lejos de los procedimientos contemplados por la justicia ordinaria, pues las
torturas, las amenazas y la confesión se emplearon como elementos estratégicos durante la
violencia armada con la intención de generar desarticulación de los movimientos sociales, así
como desmoralización por parte de los militantes; y se tornó en el instrumento de
procedimiento judicial y que afirmó a Colombia en un estado de excepción (Hincapié, 2017,
p.139).
Y también está, Hernández (2018) el cual analiza las condiciones de vida en prisión,
así como el funcionamiento del tratamiento penitenciario con miras a establecer si aquellos
son aptos para alcanzar el principio de la mal llamada “resocialización”, en donde determina
que en muchas ocasiones tanto la infraestructura como el personal destinado para atender a
los prisioneros y generar estos procesos, son insuficientes o no están debidamente
capacitados ya que en varias ocasiones los mismos disidentes tienen que suplir la ausencia de
necesarios no son los más recursivos y los programas ofertados no son los más apropiados
para preparar su retorno a la libertad.
A nivel regional, Garaño y Pertot (2007) muestran la vida de detenidos aparecidos,
refiriéndose a aquellas presas y presos políticos que sobrevivieron al terrorismo de Estado.
Hacen el recorrido de los presos por las cárceles argentinas entre 1972 y 1989, en las cuales
“se les garantizaba su existencia física, pero no su salud mental” (Garaño y Pertot, 2007, p.
19), donde se muestran las infra-condiciones a las que eran sometidos y el manejo
psicológico que se les daba para acabar con su cordura. A través de testimonios de algunos de
los detenidos, se reconstruye la organización colectiva de los militantes revolucionarios
dentro de los penales, que les permitió construir una cadena de solidaridad para sobrevivir.
Beguán (2006), por su parte, hace un emprendimiento colectivo con 112 relatos de
mujeres nacidas entre 1945 y 1955 en Argentina. Muestra el largo camino de la realización
social y política, una suma de acciones de lucha de una generación de argentinos que desde
finales de los años 60 se propusieron construir un mundo solidario, que fue derrotado en el
intento. Cruelmente se muestra la realidad que el penal encerraba en una dicotomía: en lo
formal era una cárcel con celdas cuidadosamente pintadas de celeste y personal que trataba a
las reclusas de “señoras” y de “usted”. Pero en realidad, se trataba de un sórdido y persistente
régimen opresivo cuya máxima expresión fue la sentencia de las autoridades del Servicio
Penitenciario Federal cada vez que les afirmaban: “de aquí saldrán muertas o locas” (p. 21).
En cuanto a estudios no latinoamericanos, Simon (2000) hace una reflexión de
diferentes investigaciones enfocadas en la sociología de la prisión, genera un acercamiento y
unas posturas frente al orden y a las dinámicas de construcción social. Muestra gran
preocupación por el aumento sin precedentes de la población en las penitenciarías, ya que es
centran en la aparición de la modalidad de encarcelamiento “supermax” o “maxi-max” en
muchos sistemas penitenciarios estadounidenses. Estos términos generalmente se refieren a
panópticos modernos de acero inoxidable, en los cuales los reclusos son mantenidos en
aislamiento casi total, con sólo una hora de tiempo fuera de la celda en un día en particular.
(Simon, 2000), lo que lleva a comprender que en los sistemas de depósitos los presos son
definidos totalmente como peligrosos y tóxicos.
Ortiz y Martínez (2014), para el caso español, presentan una reflexión sobre la
importancia patrimonial de ciertos lugares históricos ligados a funciones represivas. Acá
abordan el análisis del complejo penitenciario de Carabanchel y su importancia para la
memoria individual y colectiva de su pasado más reciente. En los numerosos ámbitos en que
dicho pasado se está poniendo en cuestión en las últimas décadas en España, uno de los más
evidentes es el que afecta a las importantes huellas materiales dejadas por la guerra de 1936 y
la dictadura del general Franco en el paisaje natural y en la construcción urbana y
monumental del territorio.
Actores sociales
Esta categoría de actores sociales es clave para el abordaje de textos que tienen que
ver con las historias de vida, los testimonios y las memorias que dichos sujetos han brindado
o dejado en procesos históricos para visibilizar realidades y situaciones en las que miedo ha
sido instrumento de clase, la repercusión en la narración cronológica de los países, plasmando
las condiciones en que estos actores se lograron hacer escuchar y los costos que esto ha
tenido. Se localizaron ocho investigaciones con contenido importante sobre el tema, seis a
nivel nacional y dos a nivel regional, que brindan un panorama general.
Iniciando el contexto nacional, tenemos a Paz (2016), trabajo de grado construido en
prisionera política y asilada política acusada del delito de rebelión en Colombia en los años
2003 y 2011. Fue detenida en ambos momentos en los que se ejecutaba la Política de
Seguridad Democrática (2002-2010), sucesos que le llevaron a su propia defensa jurídica. La
investigación indaga en diversas etapas, cuyo proceso de socialización y grupos de referencia
intervienen en el interés de transgredir roles y expectativas familiares en relación con el
género. Asimismo, su relato de vida se conecta con antecedentes de participación política no
convencional y la defensa de los derechos individuales y colectivos en Colombia, lo cual
contribuye a visibilizar la participación política de las mujeres en el país.
En segundo lugar nacional está Osorio (2017), quien cuestiona el discurso que
construyen los medios de comunicación al respecto de los asesinatos a líderes y lideresas
sociales y defensores de derechos humanos. El mapeo se hizo teniendo en cuenta los 20 casos
registrados por el Sistema de Información sobre Agresiones a Defensores y Defensoras de
Derechos Humanos de la organización Somos Defensores en el primer trimestre del año
2017. A partir del análisis de titulares de portales digitales de medios nacionales, se intenta
dar cuenta, por un lado, de la importancia de velar para que el periodismo se ejerza de manera
independiente y, por otro lado, de la necesidad de que los receptores asuman una actitud
crítica ante la información.
Pasando al tercer lugar nacional se encuentra Matta (2002), con la historia de un
crimen que conmueve a la conciencia humana con el genocidio realizado a la Unión
Patriótica. Conceptualiza y analiza el terrorismo de Estado y la guerra sucia, mostrando el
origen del terrorismo, sus fuentes y características. Tiene un componente fuerte en la
psicología del miedo como instrumentos de clase, lleva a la reflexión sobre si el terrorismo y
muestra como las crueldades del terrorismo de Estado constituyen un problema histórico en
Colombia.
Para el cuarto lugar nacional se ubica a Cepeda (2006), aquí el autor, al igual que el
estudio anterior, presenta un análisis del exterminio sistemático del movimiento político
colombiano Unión Patriótica y la búsqueda de verdad y justicia por parte de víctimas y
familiares. Señala tres rasgos centrales de la persecución sistemática e intencional sufrida
durante dos décadas por este movimiento y que son la base para proponer que sea tipificado
como genocidio por razones políticas. A partir de la documentación de la verdad jurídica e
histórica de este caso (realizada por las víctimas, sus familiares, sobrevivientes del
movimiento político y organizaciones de derechos humanos) se da cuenta del orden y el
sentido de la criminalidad masiva contra líderes, afiliados o simpatizantes, y de la impunidad
en la que permanecen las graves violaciones a los derechos de los miembros del grupo.
Se halla en quinto lugar nacional a Barreto (2017), que presenta una disertación sobre
cómo los riesgos que enfrentan lideresas sociales con ocasión del conflicto armado
colombiano se constituyen como un problema de política pública. Para ello, se interpreta el
papel político de estas mujeres, las relaciones de poder y la identificación de ventanas de
oportunidad política que han abierto la posibilidad para que este problema sea incluido en la
agenda del Ministerio del Interior y se busque desarrollar un Programa de Garantías para
Lideresas. Se realizaron entrevistas y grupos focales a 18 lideresas en Sucre, Antioquia,
Nariño, Cundinamarca y Bogotá, quienes en su mayoría se encuentran amenazadas o trabajan
en zonas de conflicto. Este ha sido el principal argumento con el que las mujeres han insistido
en la necesidad de una línea de política pública específica que aborde dichas particularidades.
La discusión aún permanece en fase de agenda a pesar del agravamiento de las agresiones a
Se culmina el contexto nacional con Boada, Duarte y Moreno (2016), investigación
sobre los diferentes procesos participativos de una muestra de la comunidad de líderes
sociales de las diferentes localidades de Bogotá, entendiendo la participación ciudadana como
el involucramiento activo de los ciudadanos y ciudadanas en aquellos procesos en donde se
toman las decisiones públicas, las cuales repercuten en sus vidas, además pretende avanzar y
reconocer la comprensión de los conocimientos, discursos y prácticas que dichos líderes
sociales, tienen acerca de cuál es el significado de la participación ciudadana, sus
mecanismos y retos que este abarca.
En el contexto regional está Bustos (2009), que maneja en América Latina conceptos
clave como testigo, testimonio, acto de memoria. La enunciación del testimonio ha brindado
voz pública a quien carece de ella, sea por razones de exclusión política o debido a la
marginación del ámbito alfabetizado. Mujeres, indígenas, guerrilleros, marginados y otros
que han sufrido alguna clase de confinamiento pudieron expresarse por medio de este
mecanismo. Según el autor, al escudriñar la pretensión de fidelidad respecto al pasado que
alega el testimonio, se debe salir necesariamente del territorio de la memoria e internarse en
la crítica histórica. Entre el derecho a recordar y la afirmación del valor de verdad de un
recuerdo no hay una equivalencia automática.
Se da término al contexto regional con Torres (2014), quien desarrolla una reflexión
sobre el régimen militar y civil que ocupó el poder en Brasil desde 1964 hasta 1985. Las
entrevistas de historia de vida realizadas a los expresos políticos, sometidos a torturas,
constituyen una parte fundamental en la documentación investigada. Los periódicos y las
revistas de la época y los documentos oficiales del gobierno militar también fueron
investigados y contribuyeron a los análisis históricos. El memorial que se organizó con esos
silencio y la extinción de registros sobre una de las experiencias históricas más entrañables y
traumáticas de la historia de Brasil en pleno siglo veinte.
Represión política
Son seis las investigaciones que dan cuenta de la represión como tendencia de
investigación, en textos que están poniendo la lupa de análisis en discusiones internacionales
y regionales y que dan amplitud a la discusión de las oposiciones como elemento que polariza
y que divide a las sociedades. Esta represión se define como el conjunto de acciones,
situaciones, expresiones y escenarios donde la soberanía política de un país, o de un Estado,
llega a imponerse o a limitar el devenir de una población o de un sector social, empleando la
violencia de manera recurrente.
En el contexto internacional Ciechanowski (2015) centra su análisis sobre los campos
de concentración europeos, en donde se hacen evidentes las condiciones y los mecanismos
poder para fortalecer los procesos de represión, enfocado en la enemistad que existe entre los
actores sociales y los gobiernos de turno, llegando inclusive a tipificar la represión en
distintos grados y en poner como acción central el exterminio propio que se dio en estos
campos. En el eje central de los hallazgos de este trabajo reposa el papel de la memoria y la
recordación de estos eventos, y de los actos represivos con los cuales eran extorsionados y
torturados los opositores sociales no tanto para apelar las emociones sino para rememorar y
generar cargas simbólicas frente a las experiencias generadas en Dachau, Auschwitz,
Ravensbrück, entre otros.
Por su parte, Abad (s.f.), indaga sobre el quehacer de las mujeres de presos políticos,
el cual refleja que como resultado de la fuerza que tuvo la represión franquista en la Guerra
Civil española, muchas de las mujeres, esposas y familiares de los presos políticos decidieron
solidaridad, lo que les permitió superar el “olvido generalizado” y organizarse para las
movilizaciones políticas, y también a generar y promover otras alianzas locales pero esto no
evitó que se convirtieran en víctimas indirectas de las dinámicas represivas.
Ahora bien, en el contexto latinoamericano, existen varios proyectos en los que se
hacen más recurrentes los relatos y los testimonios de los actores afectados por las dinámicas
polarizantes y segregadas por la maquinaria política y social que puso al Estado como el
centro y el precursor de los contextos sociales que se presentaban, y que fueron notoriamente
visibles en países como Cuba, Chile y Argentina.
Saumell (1995) trabaja con artículos dedicados a testimonios escritos por prisioneros
o exprisioneros de regímenes derechistas, los cuales rodean los relatos sobre la cárcel en
Cuba y están muy hermanados con las obras de quienes sufrieron encierros y torturas bajo las
tiranías de Latinoamérica y el Caribe, en especial desde 1959 hasta la fecha. El estudio de las
migraciones forzadas, de la desaparición de actores y la segregación de sectores sociales
conlleva a sortear una serie de obstáculos que son propios de las discusiones encontradas. Los
estados neo-fascistas y neo-stalinistas cuando no aniquilan físicamente a sus oponentes,
acuden a la práctica del desequilibrio mental de estos, para imponerles una reeducación
forzosa y obligarles a emitir señales de docilidad y de obediencia. Es por eso que, para el
autor, los testimonios sobre la cárcel contienen numerosos relatos donde los torturadores
fracturan la resistencia de las víctimas.
Por su parte Eidelman (2009), investigador de la trayectoria suramericana, aborda
sobre la lucha por la libertad de los presos políticos, trabajo que tiene en cuenta la represión
política de la militancia revolucionaria en medio del régimen militar y la problemática de
dichos presos en la etapa 1971-1973 en Argentina. Para el autor la actividad más impactante
el peso del aparato represivo estatal, fue la consolidación de una comisión de familiares que
logró actuar en marcos legales y permitió el desarrollo de varias iniciativas que congregaron
masas de la población, y abogó por la mejoría en la situación de los detenidos, y
posteriormente por su liberación.
En esta misma dirección, Faúndez y Cornejo (2013) destacan por los estudios de
represión y mecanismos de polarización, sobre los cuales, se generan resistencias a partir de
los testimonios y la memoria como un dispositivo político. En este escenario, el proyecto
contó con la participación de 14 jóvenes con un promedio de 21 años de edad de las regiones
Metropolitana y de La Araucanía y está delimitado en la transgeneracionalidad del trauma
psicosocial en la sociedad chilena que contó con la participación de los nietos de los presos
políticos, víctimas de la dictadura militar chilena de Pinochet. Se destacó la descripción de la
imagen construida por los nietos en torno a la escena de detención de sus parientes, llegando
a poner de manifiesto otros referentes con cargas sociales y psicológicas para comprender el
hecho represivo como una realidad que impacta y atraviesa las dimensiones individuales y
subjetivas de las personas, y de los actores mismos que se tornan en sujetos decisivos y
partícipes para los territorios y las naciones que representan.
Finalmente, el trabajo realizado por Andújar (2015) sobre los exiliados bolivianos, genera
aportes y consideraciones sobre la existencia de redes de apoyo que se activan contra
respuesta a la represión imperante y que logra tener resultados satisfactorios, como el
fortalecimiento de la denominada Revolución Universitaria que tuvo una efectividad
inmediata al introducir en 1970 medidas para la obtención de mayores recursos, establecer
una paridad entre docentes y alumnos en las decisiones institucionales, y erradicar la
corrupción. Además, el autor confirma que mientras los bolivianos residentes en la Ciudad de
país, en otras ciudades de América Latina, como Lima y Santiago de Chile, también cobraron
relevancia los pronunciamientos.
Derechos humanos
Se categorizó derechos humanos ya que frente a este tema se hallaron cinco escritos
de interés para esta investigación, dos de ellos son a nivel nacional, y tres a nivel
internacional. Los aspectos comunes de estas investigaciones radican en que se sustentan en
el tratamiento de derechos humanos y lo emplean no solo como una herramienta de análisis
académico, sino que se vuelve un foco de denuncia para el contexto en el que están inscritos
los actores y los prisioneros políticos en su gran mayoría.
Comenzando por el contexto nacional, Sáenz (2013) en un artículo busca demostrar
de qué forma el autodenominado Comité de Presos Políticos que actúa en el establecimiento
Penitenciario y Carcelario de Alta y Mediana seguridad de Cómbita, Boyacá, construye su
pensamiento filosófico en busca de obtener la visibilización como grupo y su incursión en la
reivindicación de los derechos humanos como conceptos olvidados de exclusión legal y
fundamentación constitucional. En el año 2006, el Comité genera un precedente importante
en la reivindicación de derechos a través de la primera huelga que tiene una duración de 17
días, logrando con ello la negociación con el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario –
INPEC-, y así se establecen los pabellones 6, 5 y 1 para quienes se denominan prisioneros
políticos, los cuales representan un sector minoritario que cumplen un papel fundamental, y
obtienen de manera articulada con las organizaciones defensoras de Derechos Humanos,
romper el ocultamiento y el silencio generado históricamente por el Estado.
Para cerrar el contexto nacional, el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos
(FCSPP, 2018) publica una cartilla orientada a visibilizar las protestas sociales que recogen la
por la Campaña Defender la Libertad un asunto de todos, y aspira ser una herramienta
pedagógica para el impulso de estas en todo el territorio nacional, donde se generan balances
y principios para proteger los derechos colectivos y las apuestas de los pueblos.
A nivel internacional, los proyectos realizados reflejan un componente social que se
vuelve no solo una mirada crítica frente al escenario humanitario, sino que destaca los
aspectos más relevantes de la situación política y penitenciaria de los continentes y regiones
que abordan. Por su parte, Devalle (1994), comparte que las discusiones que se dan en el Sur
de Asia son una muestra de la maquinaria global en el plano económico y que por ende
favorece el desarrollo de una visión politizada, que en muchas ocasiones resulta también ser
deshumanizante con los prisioneros políticos y con los que cometen un delito social, y en
últimas, las intervenciones humanitarias resultan abordando los derechos humanos como un
asunto que se vuelve un dispositivo para instrumentalizar a las personas y para seguir
replicando dentro de los centros penitenciarios un fenómeno que la autora sustenta como
“regateo humanitario”.
Ahora bien, los estudios realizados en África por Sarkin (2008), quien realiza estudios
en gran parte de Sudáfrica y del resto del continente, explora y examina el desarrollo
histórico de las cárceles de África desde la época colonial y considera el legado del
colonialismo en las prisiones del continente, de igual manera rescata el aporte invaluable que
hace la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, por mejorar las
condiciones de vida de los prisioneros. Para el abogado, la raíz colonial es clave para
sustentar que la problemática no solo es social sino estructural, y que la gama de dificultades
que presentan las cárceles incluye la privación de libertad sin juicio previo, el hacinamiento,
la escasez de recursos y la deficiente gestión de los asuntos carcelarios, la situación de las
Por último, en calidad de derechos humanos y estudios internacionales Guerrero
(2016) comparte un trabajo de grado sobre la Teoría de Redes de Apoyo Transnacionales, la
transformación del discurso institucional y la transición del discurso político del gobierno del
rey Hassan II de Marruecos, en materia de derechos durante el periodo 1971 - 1997. En este
“la falta de garantías y las acciones impunes que rodean a los presos muestran que el discurso
político circula en un estado de transición ya que es un discurso que no logra acoplarse a las
discusiones de las instituciones en DDHH” (p. 34); de ahí que la investigación confirmó que
algunos actores gubernamentales como no gubernamentales que propendían por la protección
de los derechos humanos, ejercieron influencia paulatina sobre el gobierno del rey Hassan II,
con la finalidad de cambiar su postura y accionar frente al trato que se le daba a los
prisioneros políticos de la cárcel de Tazmamart.
Propuestas pedagógicas
En las investigaciones relacionadas con las apuestas o propuestas pedagógicas se
hallaron solo dos textos ubicados en el contexto nacional, orientados a brindar luces y
claridades de los procesos formativos en los entornos penitenciarios. Ambas lecturas abordan
la dimensión crítica como una pieza fundamental para fortalecer procesos en escenarios
donde los actores pueden estar limitados o suspendidos por razones de Estado, y de igual
manera, si la educación no se realiza de una manera crítica y consciente, no logra aterrizar los
ideales transformadores a los que se le apuesta.
Por un lado, Torres y Arias (2011) generan discusiones y aportes que giran sobre el
modelo educativo carcelario, sin descuidar la condición individual y el libre desarrollo del
ser, teniendo como periodo de referencia la primera década del 2000, y brindando tanto
cárcel de mujeres El Buen Pastor donde consolidaron procesos de lectura, diálogo y discusión
entre las presas políticas, sin llegar a descuidar la realidad propia de la cárcel.
Con el trabajo realizado, las prisioneras de El Buen Pastor lograron establecer un
currículo para formarse políticamente y generaron compromisos de autoformación. En ese
sentido, para los autores, logra ser un proceso liberador y hace que lo pedagógico sea más
político, y viceversa; y estas relaciones se constituyeron en una experiencia real de
resistencia, en sus palabras “la resocialización carcelaria al plantearse la educación como
herramienta para la intervención terapéutica en los sujetos desviados de la senda de
normalidad simplifica en exceso el acto educativo (…) sin embargo, desde una perspectiva
pedagógica crítica, todo espacio educativo es un escenario político, económico y social”
(Torres y Arias, 2011, p. 40).
Por otro lado, Perdomo y Polo (2012) en su artículo sobre las reflexiones ante el
sistema penal como táctica de guerra, la existencia de presos políticos y la búsqueda de
soluciones políticas del Conflicto Armado, abordan con precisión el camino de la educación
popular, tomándola como una herramienta de construcción constante, que se rehace
permanentemente a través de la crítica y el intercambio de saberes, impulsando la acción, la
toma de posición y la decisión de actuar para cambiar las realidades que afectan. En esta, los
autores manejan la horizontalidad como principio fundante de su dinámica, demanda técnicas
de aprendizaje incluyente, lúdico y de permisividad total para el pensamiento individual, se
renuncia a la cátedra como medio de aprendizaje, de imposición de un saber burgués sobre el
otro, y con varios ejemplos locales y de trascendencia política prefieren optar por métodos
que incentiven la construcción de conocimiento colectivo.
Un claro ejemplo es la Escuela Popular De Paz Para Los Presos(as) Políticos(as) en
la Fundación Comité de Solidaridad con los Presos(as) Políticos(as) –FCSPP–, pretende ser
un espacio de co-construcción, en donde estos, asumen la discusión referente a cuál es el
carácter del conflicto, de cara a interpretar y reconocer cuáles son sus causas de origen y
continuación, cuáles son las propuestas de resolución y cuáles son sus reclamaciones y
contraprestaciones.
Para finalizar esta sección, se puede apreciar como constante de investigación que en
la recolección y el manejo de testimonios y relatos de presos políticos se muestran las
falencias y tratos indignos dados por las entidades del Estado, las cuales son responsables de
impartir sanciones. De igual manera, con respecto a las categorías establecidas, los ambientes
carcelarios y la represión política reflejan la posición del Estado como ente autoritario que
judicializa y que genera tensiones sociales entre sujetos, instituciones y comunidades.
También, muestran cómo las cárceles se han deshumanizado, tratando al preso como un
residuo, y tanto la infraestructura como su normatividad siguen acogiendo este aspecto
cotidiano veraz. Los presos políticos son referentes en el plano latinoamericano y colombiano
para identificar y reconocer de qué manera el sistema penitenciario y penal impartía justicia
por medio del maltrato, el terror o la tortura, las cuales son también constantes históricas y
culturales.
Ahora, respecto a los vacíos en investigación se notó que los testimonios y relatos
leídos dan cuenta de las historias de vida de los actores sociales y los procesos sociohistóricos
del momento, generando memorias, pero llegan hasta ese punto, y su alcance no permite una
injerencia en la toma de decisiones o próximas políticas públicas. La gran mayoría de textos
dan cuenta de que los centros penitenciarios no están ejerciendo su labor de educar y
socializar, dejando a su suerte a los presos después de cumplir sus condenas; es por eso que
posteriori de lo que ocurre con estos actores. Igualmente, no hay una profundidad frente a la
educación política, la formación y la trayectoria que tienen los actores o líderes sociales, y
además, no se encontró una investigación que relacione los procesos de educación popular
con las dinámicas y las estrategias de represión para imputar o encarcelar a una persona que
sea establecida o definida como prisionera política, justamente en esta última premisa se
encuentra el interés particular para impulsar esta investigación social.
Capítulo 3: Estructura de la investigación
Luego de haber explorado el Estado del Arte con sus aproximaciones y acercamientos
de investigación, es fundamental dar a conocer las bases y la estructura del proyecto, a partir
del marco conceptual y teórico, que da tratamiento a las categorías centrales mencionadas
anteriormente; luego sigue la contextualización que ubica el tema en su plano referencial y
actual; le siguen los objetivos de investigación, y termina, con el diseño metodológico para
exponer la ruta que se trazó para alcanzar dichos propósitos académicos.
3.2 Marco Teórico
A continuación, el marco teórico de la presente investigación desarrolla las cuatro
categorías en las cuales se sustenta la labor académica que se ha venido realizando. Bajo estas
premisas nos interesa presentar las bases epistemológicas que dan cuenta del papel
sociopolítico que han tenido los actores que han sido judicializados en centros penitenciarios,
qué se debe tener esclarecido a la hora de hablar de líderes comunitarios o actores sociales y
qué relevancia cobran en dichos actores tanto la educación como la socialización en sus
entornos y labores territoriales. En esta dirección la primera categoría, experiencia
penitenciaria, se cimenta bajo los estudios y teorías del sociólogo David Garland
(1999-2001); socialización política está amparada en la psicóloga Sara Victoria Alvarado (2012),
educación política fundamentada en el crítico cultural Henry Giroux (1990-2004) y actores
sociales apoyada en el sociólogo Alain Touraine (2006).
3.2.1 Experiencia penitenciaria en clave de castigo y control
David Garland (1999), sociólogo norteamericano, es uno de los expertos mundiales en
el campo de la criminología y la teoría social. Sus trabajos son una referencia al nivel de
Durkheim, entre otros. Por este motivo se tomó como autor para la base conceptual frente a la
categoría de experiencia penitenciaria.
Los análisis del autor se refieren sobre todo a la situación de Gran Bretaña, Estados
Unidos y Canadá, esto sin excluir los manejos penitenciarios que se dan a nivel mundial. Se
debe recordar que el fenómeno definido como “castigo” es de hecho un conjunto complejo de
procesos e instituciones interrelacionados, más que un objeto o un hecho uniforme.
Garland (1999), parte de la consideración del castigo:
Como el procedimiento legal que sanciona y condena a los transgresores del
derecho penal, de acuerdo con categorías y procedimientos legales específicos. Este
proceso, complejo y diferenciado, se conforma de procesos interrelacionados:
legislación, condena y sentencia, así como administración de las sanciones. Involucra
marcos discursivos de autoridad y condena, procesos rituales de imposición del
castigo, un repertorio de sanciones penales, instituciones y organismos para el
cumplimiento de las sanciones y una retórica de símbolos, figuras e imágenes por
medio de las cuales el proceso penal se representa ante los diversos estratos de la
sociedad. (p. 33).
Iniciando este postulado, Garland toma dentro de la sociología del castigo cuatro
perspectivas teóricas de este concepto, tres de ellas ya consolidadas y la cuarta en la etapa de
surgimiento. Para el autor, la tradición durkheimiana hace hincapié en las raíces morales y
socio-psicológicas del castigo, así como en los supuestos efectos de solidaridad a los que da
lugar. Los estudios marxistas destacan el papel del castigo como un proceso de regulación
económica y social basado en la división de clases. Además, según el autor, Foucault
argumenta que el castigo disciplinario actúa como mecanismo de poder-conocimiento dentro
inspirado a escritores como Spierenburg a ubicar el castigo dentro de un análisis del cambio
cultural en la sensibilidad y la mentalidad. Todas estas interpretaciones de gran valía,
reclaman nuestra atención porque señalan algo importante acerca del objetivo de estudio.
El castigo como estrategia de Estado absoluto
Garland (1999) señala de manera particular y reveladora a Montesquieu en El espíritu
de las leyes, los vínculos entre la estructura y la fe que unieron las formas de castigo con las
formas de autoridad, para el sociólogo “sería fácil probar que en todos, o prácticamente todos
los gobiernos de Europa, los castigos han incrementado o disminuido en la medida en que
dichos gobiernos favorecen o desalientan la libertad” (p. 26). Sobre esta base delineó la
dinámica política y sicológica que generan estos vínculos, dando a sus conclusiones un matiz
tanto normativo como sociológico, es por eso que sostiene que “la severidad del castigo es
más acorde con los gobiernos despóticos, cuyo principio es el terror, que con una monarquía
o una república, cuyo principio son el honor y la virtud” (Garland, 1999, p. 27).
Para este pensador, gran parte de la sociología del castigo actúa como si los problemas
clave siempre involucraran los determinantes históricos y sociales del castigo, preguntándose
cómo moldean las disposiciones penales su contexto histórico y social. Al autor le parece que
esto no aborda el problema de manera íntegra. Garland (1999) subraya cómo el entorno social
determina la penalidad y viceversa, en sus palabras,
las sanciones o instituciones penales no son simplemente variables dependientes al
final de alguna línea limitada de causación social. Al igual que las instituciones
sociales, el castigo interactúa con su ambiente, formando parte de la configuración de
elementos que abarca el mundo social. Todos los trabajos sociológicos clásicos, desde
Durkheim hasta Foucault, son muy claros a este respecto, y dicha dialéctica deberá
estudio sociológico del castigo. Nos dice cómo reaccionamos ante las personas que no
se apegan al orden legal y ante las amenazas al orden social, aunque también, lo que
resulta de gran importancia, revela algunas maneras como se construye el orden
personal y social. (Garland, 1999, p. 38)
El castigo como educación moral es precisamente el mismo que su papel en la
sociedad en general, la expresión y el reforzamiento de la moralidad social, de manera que su
análisis del castigo en el aula puede considerarse una extensión de la teoría que desarrolló en
su trabajo previo. Para el autor, un aspecto importante de la teoría durkheimiana es que la
moral laica moderna (que está abierta a una discusión racional y no depende del misticismo
ni de la fe ciega característica de las religiones) se percibe sin embargo como "sagrada" y
"trascendental" en cierta manera. Incluso en la sociedad moderna “el dominio de la moral está
como cercado por una barrera misteriosa que la protege de los profanadores, así como el
dominio religioso está fuera del alcance del profano. Es éste un dominio sagrado” (p. 47).
Este sentido de lo "trascendental" es, conforme a Durkheim, la autoridad de la sociedad y de
las convenciones sociales tal como las experimenta el individuo, aunque no es menos
poderosa por reconocerse "hecha por el hombre" en vez de divina.
Dice Garland que Durkheim insiste en que esta reafirmación del orden moral es la
función primordial del castigo, tanto en el aula corno en los tribunales. Sin embargo, es
consciente de que tal efecto funcional en el nivel del sistema es, en cierto sentido, automático,
y no siempre bien comprendido por los administradores del castigo, sean maestros o jueces.
Es por eso que en los estudios más recientes,
Las nuevas criminologías consideran el delito como parte de la interacción
social normal, como algo explicable en función de patrones motivacionales comunes.
calculado, o como un accidente que debe ser evitado, más que como una aberración
moral que necesita ser especialmente explicada. (Garland, 2001, p. 217).
Para fundamentar la importancia del castigo como agente cultural, nuestro autor
señala cómo se representa la autoridad social en el castigo. En las leyes e instituciones de
castigo el Estado (o cualquier élite gobernante) constituye su propia imagen pública y, en
parte, su propia realidad. En conjunto, las formas que adquieren los castigos, los símbolos
mediante los cuales se legitiman, los discursos con los que representan su significado, las
formas y recursos de organización que emplean, tienden a describir un determinado estilo de
autoridad, una caracterización definida del poder que castiga.
Tanto Foucault como Durkheim, según Garland, señalan las formas en que el Estado
absolutista se representa y recrea a sí mismo como “absoluto” en el acto de castigar mediante
el despliegue aterrador de la fuerza militar, con una invocación de derecho y autoridad
divinos. En este contexto político el ejercicio del castigo es una de las múltiples ceremonias
en que se evalúa la distancia entre el soberano y sus súbditos y en que se revela el dominio de
la autoridad.
La tendencia del control cultural en las prisiones
Ahora bien, respecto al campo del control, el delito involucra actividades de
producción de orden social de las autoridades y también de las actividades de actores y
agencias privadas, con sus propios hábitos y su propia vida. Es por eso que al transformarse
el carácter de la vida cotidiana, dice Garland (2001) los hábitos y las rutinas cambiantes
producen de manera frecuente consecuencias en la estructura de los controles informales, los
cuales pueden llegar a generar problemas para el debido funcionamiento y la efectividad de
El autor también ha hecho importantes intentos por replantear cuestiones silenciadas
por los manejos institucionales, como el papel de la víctima y la responsabilidad de la
comunidad en motivar o evitar la delincuencia, y han resurgido los argumentos morales que
sostienen que las medidas punitivas en oposición a las correctivas son una forma adecuada y
defendible de reacción ante el delito.
Para Garland (2001), la imagen común del delincuente como un sujeto necesitado y
desfavorecido, que debe merecer ayuda y está en condiciones precarias ha desaparecido en la
actualidad. En cambio, las imágenes conjuradas para acompañar la nueva legislación tienden
a ser
descripciones estereotipadas de jóvenes ingobernables, depredadores
peligrosos y delincuentes de carrera incorregibles. Sumado a esto la retórica que
responde a los nuevos discursos de la política criminal invoca sistemáticamente a un
público lleno de ira, cansado de vivir con temor y que exige medidas fuertes de
castigo y de protección. (p. 45).
Dicho sentimiento es el gestor de un enojo colectivo y una exigencia moral de
retribución en lugar del compromiso por buscar una solución justa y de carácter social. Visto
en otros términos, los cambios estructurales han sido decisivos para conceptualizar y
controlar tanto política como socialmente a los actores cautivos. De ahí que
la prisión se reinventa al ser utilizada actualmente como una especie de
reserva, una zona de cuarentena en la que se segrega a individuos supuestamente
peligrosos en nombre de la seguridad pública (…) una serie de campos de trabajo y
prisiones diseminadas por todo un vasto país que alberga a dos millones de personas,
la mayoría de las cuales pertenecen a clases y grupos raciales que se han vuelto
Adicionalmente, lo que no se tiene en cuenta es que los delincuentes que son liberados
y vuelven a vivir “en comunidad” son sometidos a un control mucho más estrecho y son
reingresados de manera frecuente en lugares custodiales por no haber cumplido con las
condiciones que terminan por seguir restringiendo su libertad. Adicionalmente el trabajo, la
asistencia social y el apoyo familiar que solían los recursos factibles con los cuales estos
sujetos eran reintegrados a la sociedad, se han ido reduciendo y debilitando
considerablemente, razón por la cual el encarcelamiento llega a durar mucho más tiempo y
luego de este periodo, los individuos tienen pocas posibilidades de volver a una libertad que
no es supervisada.
3.2.2 Actores sociales, referentes y luchadores del quehacer histórico
En el terreno de lo social y lo comunitario, la categoría de actor social emerge como
una apuesta política e histórica que marca un precedente para definir y explorar otros sujetos
que generan un impacto en la historicidad estatal y en las dinámicas locales. Touraine (1987;
2006), sociólogo francés, es uno de los exponentes y críticos que aborda esta
conceptualización desde la arista de las conductas colectivas, las luchas sociales, la carga
ideológica, así como de la conformación de los movimientos sociales, populares y culturales
que buscan una transformación real y contundente del panorama que los rodea.
Para empezar a hablar de actor social es indispensable hacer una aproximación al
desempeño que tienen los sujetos en clave de comprender los conflictos y los malestares que
se presentan en las sociedades y de qué manera intervienen o participan de dichas tensiones.
Es por eso, que cuando las acciones conflictivas tratan de transformar las relaciones de
dominación social ejercidas sobre los principales recursos culturales como la producción, el
conocimiento, las reglas éticas, Touraine habla de lo actores organizados en términos de
De la misma manera, una parte importante de la intervención puede ser vista como
una acción sindical consiste en defender calificaciones y remuneraciones contra las
consecuencias de un cambio técnico, de una modificación del mercado o de una decisión
estructural. Estos ejemplos muestran que los campos de semejantes conductas son
constantemente históricos, altamente diversificados, y por consiguiente, llegan a un grado de
homogeneidad e integración a tal punto que tienden a renovar la flaqueza de las sociedades
llamadas tradicionales (Touraine, 1987). Por su parte, en las sociedades industriales las
acciones colectivas se definen más a menudo por un esfuerzo para dominar el cambio y
orientar el porvenir, que por una voluntad de conservación o de vuelta al pasado, siendo este
un aspecto que realza su papel en la historicidad anteriormente mencionada.
Adicionalmente, los terrenos de intervención e interacción pueden tornarse en luchas,
en el instante en que adquieren mayor importancia cuando tratan de acceder en forma más
directa al poder de decisión, y
se asocian más estrechamente con los partidos políticos. Por tal motivo, en
varios países industriales la socialdemocracia (tanto su rama revolucionaria como la
reformista) asoció íntimamente las luchas sociales con la acción política y de hecho
las subordinó a esta última, ya que su objetivo fundamental era la toma del poder.
(Touraine, 1987, p. 3)
De ahí que el autor denomine como lucha a “todas las formas de acción conflictivas
organizadas y conducidas por un actor colectivo contra un adversario por el control de un
campo social” (Touraine, 2006, p. 13), y de ahí por supuesto que un movimiento social sea el
tipo particular de lucha más importante al que se deben organizar y preparar dichos actores.
aun si, como suele ocurrir a menudo, el adversario es definido en términos más abstractos y
llegar a ser el capitalismo o el Estado mismo.
Bajo esta premisa, continúa el autor, un país que olvida rápido el rol que el Estado y las
guerras jugaron en su historia, puede llegar a caer en la posición legítima de establecer a su
población, sin pretenderlo o sin darse cuenta de ello, en una imagen puramente civil de los
movimientos sociales, aunque la forma en que haya pretendido organizarse sea para estar
equipada y enlistada para la revolución o para una guerra social. Este es otro aspecto que
acentúa la historicidad de los actores en tanto es importante recordar que la sombra como la
claridad, el proyecto pero también la ruptura, la esperanza y la rebelión, la guerra tanto como la
libertad, son los hijos de estas apuestas y procesos sociales.
Para Touraine, otro atributo clave del actor social, permeado por el dinamismo del
movimiento social, es el ideológico. La ideología es para el autor una representación de sus
relaciones sociales; el cual puede producir también una utopía por la cual se identifica con la
opción de combate a la historicidad de ella misma, pero esta no puede integrar ambas
cosmovisiones o interpretaciones. La ideología se opone a la sociología como la visión que
tiene el actor de la relación que es opuesta al conocimiento del actor a partir de dicha
relación.
Por ejemplo, la utopía de la clase obrera es el socialismo, es decir, la sociedad de los
trabajadores,
la clase obrera y el progreso no hacen más que destruir los obstáculos
irracionales que el beneficio y los privilegios privados dirigen sobre la ruta del
progreso colectivo. Toda ideología de clase dominante tiende a imponerse como
ideología dominante, a hablar en términos universales, disponiendo de un poder