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EL CONCEPTO DE MUERTE EN ARTURO SCHOPENHAVER LICENCIATURA EN FILOSOFIA

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(1)

UNIVERSIDAD AUTONOMA METROPOLITANA

IZTAPALAPA

EL CONCEPTO DE MUERTE EN

ARTURO SCHOPENHAVER

LICENCIATURA EN FILOSOFIA

ASESORES: MTRA. GUADALUPE OLIVARES

LIC. JORGE

HERNANDEZ

PÁEZ

COLABORADOR: LIC. ADRIAN LOPEZ CABELLO

DIVISION DE: CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

DEPARTAMENTO DE: FILOSOFIA

MATRICULA: 94224032

(2)
(3)

AGRADECIMIENTOS:

A mis padres: Rosa y Roberto

Hermanos: Mary, Adry, Jorge y Rosa

(4)

ESQUEMA

INTRODUCCION

Capítulo 1. Definición del concepto de muerte y su relación con la voluntad de vivir.

1 .I Naturaleza e individuo

1.2 El presente como forma de la vida. 1.3 La muerte como mal aparente

1.4 Negación de la voluntad de vivir y su relación con la libertad de la voluntad.

1.5 Acerca del suicidio como afirmación de la voluntad de vivir 1.6 El homicidio

1.7 Muerte por inanición voluntaria

1.8 Sobre la injusticia: negación de la voluntad del otro.

1.9 La mutilación intencionada o la mera lesión del cuerpo del otro

1 .I

O

Venganza justa por la cual se sacrifica la vida

1.1 1 La beatitud de la muerte: un medio para mantenerse en la

1 . I 2 La vida se presenta como un deber

individuo y hasta un golpe son semejantes al homicidio

negación de la voluntad de vivir

Capítulo 2. Condiciones para hablar de la muerte en : Arturo Schopenhauer y

Emmanuel Kant.

(5)

Planteamiento: La tesina que está en vía de realización tiene como objetivo principal

abordar el concepto "Muerte" en la obra capital: N Mundo como Voluntad

y

Representación, de Arturo Schopenhauer, en sus correspondientes segundo y cuarto

libros dedicados a la voluntad.

La primera dificultad que se nos presenta para una realización consecuente de este

proyecto reside en la propia exposición de Schopenhauer sobre el concepto de muerte,

ya que no cuenta con una obra que integre todos los elementos relacionados con el

tema en cuestión: la muerte como mal aparente.

Justificación: La razón por la cual elegimos a Arturo Schopenhauer para llevar a cabo

nuestra investigación sobre el concepto de muerte se debe principalmente a su filosofía

de la existencia, que nos muestra una reflexión fenomenológica sobre el valor de la

vida humana fundada en una metafísica de la naturaleza bastante desarrollada, por lo

que nos reduciremos sólo al estudio del concepto que nos interesa, la muerte. El

análisis de tal concepto surge de la necesidad que existe por buscar una explicación

desde la perspectiva filosófica de Arturo Schopenhauer que nos ayude a entender más

sobre este tema: la muerte como mal aparente. Resulta digno de estudio el hecho de

que nos diga que la muerte no es y que forma parte de la vida, para poder ver hasta

qué punto es posible mantener éSta frase cuando al individuo se le ha despojado de

toda realidad y el principio de razón se ha desvanecido.

Objetivo específico inmediato:

1. El objetivo inmediato y fundamental consiste en realizar un análisis monográfico del

concepto abstracto "muerte" en Arturo Schopenhauer. Esto es, abordar la temática en

términos schopenhauerianos del sentido general del concepto como mal aparente; para

llegar al estudio de sus respectivas acepciones será necesario tomar en cuenta la primera consideración de Schopenhauer, en el desarrollo interno de la investigación: el

Mundo como Voluntad (Libro Segundo), consideración que será punto referencia1 para

(6)

entrar al estudio de la segunda consideración: el Mundo como Voluntad (Libro Cuarto),

que es donde será abordado especificamente el objetivo central de la tesis.

Objetivo específico secundario: Una vez ejecutado este análisis se persigue encontrar

algunas consecuencias de la asimilación del concepto schopenhaueriano de "muerte"

en la estructura de su noción ética en tanto "mal aparente" y la discusión que se puede

establecer con Kant. La filosofía kantiana será nuestro soporte para poder

respondernos la pregunta Les posible hablar de la muerte sin las condiciones de

posibilidad de la razón teórica kantianas? ¿Hasta qué punto existe un alejamiento entre

la ética de Schopenhauer y la ética kantiana? Se pretende presentar la disputa que

puede surgir frente a estas dos posturas éticas desarrolladas teóricamente; pero que al

ser trasladadas a situaciones concretas, encontramos, serias dificultades, como lo son

las temáticas del suicidio, la muerte por inanición, el desvanecimiento del ego, la

venganza justa por la cual se sacrifica la vida, temas insalvables a los que tendremos

que enfrentarnos al abordar la muerte como mal aparente.

CAPITULO 1. Definición del concepto de muerte y su relación con la voluntad de vivir.

En este capítulo daremos las definiciones que Arturo Schopenhauer nos ofrece en su

obra El mundo como voluntad y representación, particularmente en los apartados que

versan sobre las acciones humanas, ante la pregunta principal de esta investigación:

"¿qué es la muerte para Arturo Schopenhauer?" La muerte, nos dice, no existe:

Es verdad que vemos al individuo nacer y morir, pero el individuo no es

más que para el conocimiento sometido al principio de razón, que es

también el principium individuationis: para &te el individuo recibe la vida

como un don; sale de la nada, sufre luego por la muerte la pérdida de

aquél don y vuelve a la nada de donde salió.'

(7)

Con esto consideramos que Schopenhauer se está refiriendo al movimiento de los

fenómenos regido por el principio de razón en el individuo, que es la voluntad de la

existencia, reflejo, objetivación de la voluntad en sí, esencia de todos los fenómenos.

Aquí hacemos la distinción entre la voluntad en metafísica y la voluntad de la existencia representación de la primera; sin embargo Schopenhauer nos sorprende

cuando afirma que el nacer y el morir pertenecen al fenómeno de la voluntad en sí.

Esta voluntad aparece como un impulso ciego, inconsciente e irresistible en la

naturaleza que actúa sin ningún objetivo que alcanzar, así como también en el lado

vegetativo de nuestra vida, que corresponde a aquellas funciones de nuestro cuerpo

que no son guiadas por la conciencia, como lo son la digestión, circulación de la

sangre, secreciones, crecimiento, reproducción, y alcanza con la representación del

mundo, conciencia de su querer y de lo que quiere, en los grados más superiores en

que se manifiesta, específicamente en

los

hombres. Pero, ¿qué es aquello que quiere?

Sin duda, quiere la vida misma.

De esta manera al mundo fenoménico se le llama "su imagen", su objetividad, el

espejo en el que se refleja la voluntad en sí, que es contenido de las formas

fenoménicas; la vida es la manifestación de esta voluntad de manera representativa, la

voluntad de vivir es la voluntad en sí, habitante del mundo representativo: "La vida

acompañará a la voluntad tan inseparablemente como la sombra a los cuerpos. Allí

donde hay voluntad hay también vida."2

Schopenhauer parece alentarnos cuando nos dice que no debemos preocuparnos

por nuestra existencia, que mientras tengamos voluntad de vivir, nos está asegurada la

vida; de esto se sigue la afirmación de que ni siquiera debemos preocuparnos por el

espectáculo de la muerte. Pero, ¿cómo es posible que tengamos plena confianza en

que el miedo a la muerte pueda desaparecer? Porque ni la voluntad, cosa en de los

fenómenos, ni el sujeto del conocimiento, espectador de éstos son afectados por el

nacimiento ni por la muerte. A la vida le es esencial manifestar en individuos que nacen

y perecen como fenómenos efímeros representados en la forma del tiempo, lo que en

(8)

no conoce el tiempo, pero que es necesario manifestarse en el tiempo para lograr la

más elevada objetivación de su naturaleza:

"Nacimiento y muerte pertenecen por el mismo título a la vida y se

mantienen en equilibrio entre como condicionados recíprocamente o,

si se nos permite esta expresión, como polos del fenómeno total de la

vida."3

1

.l.

Naturaleza e individuo.

Diremos de la naturaleza, que éSta es el fenómeno o, la realización de la voluntad

de vivir; su forma está condicionada en tiempo, espacio, causalidad y en la

individuación, que es la que hace posible que el individuo nazca y muera; sin embargo,

la muerte de este individuo no afecta ni a la naturaleza entera ni a la voluntad de vivir.

Puesto que no es el individuo sino la especie lo que realmente le importa a la

naturaleza y a la que protegerá con todo su celo e instinto reproductor.

El individuo no tiene peso alguno en la naturaleza, puede ser sustituido por una

infinidad de individuos posibles:

"De aquí que siempre esté dispuesta a dejar perecer al individuo, el

cual no sólo se halla expuesto a perecer de mil maneras y por mil

causas sin importancia, sino que de antemano está ya condenado a

la desaparición y la misma naturaleza le empuja a la muerte en

cuanto ha cumplido su misión, que es conservar la e~pecie."~

3. Idem. p. 218.

(9)

Advertimos cuan vacuo es el significado de la existencia del individuo para esta

voluntad en (metafísica), que somete a todos los fenómenos del mundo existente que se reducen a cumplir su función: objetivar la conciencia de lo que quiere la

voluntad, representación de la vida misma que es voluntad de querer conservar la

especie según ideas y no según individuos:

"La individualidad de la mayoría de los hombres es tan miserable y

tan insignificante que nada pierden con la muerte: lo que en ellos

puede tener algún valor, es decir, los rasgos generales de

humanidad, eso subsiste en los demás hombres. A la humanidad y

no al individuo es a quien se le puede asegurar la d ~ r a c i ó n . " ~

Si le fuera permitido al hombre una vida eterna, seguramente, nos dice nuestro

autor, que se aburriría, tomando en cuenta que la rigidez inmutable de su carácter y la

limitación de su inteligencia, le provocarían un enorme disgusto y le llevaría a preferir la

nada: "Exigir la inmortalidad del individuo es querer perpetuar un error hasta el

Es precisamente de este error del que el hombre tiene que librarse. Aún cuando

éste crea que la felicidad puede encontrarse en algún lugar en el que sueñe verse

colocado, aún más si este lugar o mundo carece de penas y miseria, aparecerían el

tedio y nuevamente las penas, los tormentos, los sufrimientos. No basta ponerlo en un

mejor mundo, sino que es necesario transformarlo radicalmente, lograr que "no sea lo

que es y que sea lo que no es". Esta explicación la realiza la muerte, que adquiere en

este aspecto una necesidad moral. Ser colocado en otro mundo y cambiar totalmente

su ser, resultan ser la misma cosa.

Una vez que la muerte ha dado fin a una conciencia individual es conveniente que

ésta desease la paz para siempre, puesto que por lo general contiene un caudal de

ideas insignificantes, estrechas y terrenales.

Nos

dice nuestro autor:

5. Shopenhauer, A,. Metafísica de la muerte. p. 65.

(10)

"iCuán larga es la noche del tiempo ilimitado si se compara con el breve ensueño de la

vida!. 'I7

Esta cita nos muestra que entre el sueño y la muerte no existen grandes

diferencias, que ni el sueño ni la muerte, afectan la existencia de la especie.

Si nos detenemos a pensar en algún fenómeno como el ejemplo que ofrece

Schopenhauer con el perro, advertiremos que miles de ejemplares de nuestro modelo

escogido, han muerto antes de que éste que observamos naciera, sin embargo

podemos advertir que lo que la muerte ha destruido a través de millares de años no es

el ejemplar (el "perro", en el caso de Schopenhauer), pues la idea de éste se ha

mantenido sin detrimento alguno. La palabra idea se deberá entender en el sentido que

le dio Platón; Schopenhauer nos dice que cada idea es uno de los grados fijos y

determinados de objetivación de la voluntad en sí, que son con respecto a las cosas

particulares, como son las formas eternas. Por su persistencia absoluta, la materia

mantiene una indestructibilidad:

"Esta materia, que no es más que polvo y ceniza, disuelta muy

pronta en el agua, se va a convertir en un cristal, a brillar con el brillo de

los metales, a producir chispas eléctricas, a manifestar su poder

magnético

... a modelarse en plantas y animales, y a desarrollar en fin,

en

su seno misterioso cual vida cuya pérdida atormenta tanto a vuestro limitado espíritu.Il8

La vida o la muerte del individuo no importan a la naturaleza que expone la vida del

animal y la del hombre a constantes riesgos, sin intentar salvarlas. Basta ver los

insectos que cruzan nuestro camino, cuya vida o muerte dependen de la dirección de

nuestros pies, pero esto en nada afecta a la naturaleza que se mantiene indiferente

ante el riesgo de esos seres. Esta indiferencia presente en la naturaleza se mantiene

en la idea de que al perecer cada una de sus manifestaciones, regresa nuevamente a

(11)

sus entrañas en donde los tiene ocultos. La muerte es comparada como un retozo, un

jugueteo, un sueño.

Cabe destacar que Schopenhauer desmitifica la idea de muerte como último fin de

la vida, hemos visto que la muerte no suprime la vida, sino que aquélla le pertenece a

ésta. Lo que la muerte aniquila es el individuo, manifestación efímera y espacio-

temporal de la voluntad, no la voluntad en sí.

"Que el nacimiento y la muerte deben ser considerados como algo

perteneciente a la vida y esencial a este fenómeno de la voluntad, se

infiere de que representan la expresión más enérgica de lo que

constituye la vida entera. En efecto, ésta no es en sustancia más que

un cambio constante de materia, bajo la permanencia invariable de la

forma, y esto se expresa por la caducidad de los individuos y la

estabilidad de la especie. I19

Tenemos que sería absurdo querer perpetuar nuestra individualidad cuyo lugar es

sustituido por otros individuos, por lo que sería igual de insensato querer conservar

permanentemente la materia de nuestro cuerpo, que nos llevaría al embalsamiento de

cadáveres, y por lo tanto caeríamos en la ilusión de creer que la materia de un cuerpo sólo le pertenece a éI y no a la naturaleza misma en sus distintas manifestaciones.

1.2. El presente como forma de la vida.

Teniendo en cuenta que la muerte le pertenece a la vida, ahora es necesario

reconocer que la forma de la vida, o la forma del fenómeno de la voluntad es lo

presente; el futuro y el pasado sólo existen para la conciencia regida por el principio de

(12)

causalidad de la razón. El presente representa la verdadera vida, puesto que en el

pasado y el futuro no ha vivido nadie.

"El presente existe siempre con su contenido; ambos se ostentan firmes,

como el arcoíris en la cascada. Pues la voluntad posee la vida y la vida el

presente con posesión segura y cierta

...

nuestro propio pasado, el mismo

día de ayer, es sólo un sueño de la fantasía y lo mismo el pasado en que

vivieron tantos millones de seres.""

Lo Único que es y ha sido es la voluntad en sí, Único conocimiento libre de todo

querer y cuyo espejo en el que se refleja es la vida. El pasado y el porvenir son sólo

meros conceptos de la razón, por lo que el presente constituye la verdadera forma de la

manifestación de la voluntad.

"El presente es lo Único que existe siempre y permanece inmutable.

Sí, concebido empirícamente, es lo más fugitivo que pueda imaginarse,

desde el punto de vista metafísico que se eleva sobre las formas de la

intuición empírica, se nos revela como

lo

Único permanente. I11 1

El presente sustenta su contenido en la voluntad de vivir, que son los hombres

mismos. Aquello que constantemente deviene, y perece en tanto que ha sido o llegará

a ser, pertenece al fenómeno en cuanto está determinado por las formas que hacen

posible el nacer o el morir, dado que la vida es lo verdadero, para la voluntad, y para la

vida lo es el presente.

La voluntad considerada como la cosa en sí, y el sujeto del conocimiento que toma

conciencia de su querer, se encuentran emancipados del principio de razón. Por tanto,

no tenemos que preocuparnos por indagar el pasado anterior a la vida ni lo que

sobreviene a la muerte, puesto que es el presente la única forma en donde se

10. Idem. p. 220.

(13)

manifiesta la voluntad manteniéndose inseparables la vida del presente y el presente

de la vida.

Si aceptamos la vida tal como se nos presenta y reconocemos todas sus

manifestaciones, podemos llegar a afirmar que carece del fin último que es la muerte,

advertiremos que ésta no es más que una quimera surgida por un absurdo temor de un

tiempo sin presente, es un "mal aparente". Creer que la muerte nos quitará el momento

presente es comparable al temor de deslizarnos hacia la parte baja del globo terrestre

desde la altura en el que ahora felizmente nos encontramos.

"De aquí que cuando un hombre teme la muerte como si fuera la

destrucción, me parece como si el sol al ponerse gritase: ''¡ay!, voy a

perderme en la eterna noche!"12

El determinismo schopenhaueriano se hace patente: la naturaleza no se

equivoca; su marcha es segura, y cada uno de sus fenómenos se encuentra entero en

ella y ella en cada uno de sus fenómenos. En cada uno de los seres vivos tiene su

centro. Pero sólo el hombre tiene el concepto abstracto de muerte que, sólo le angustia

cuando algún suceso se lo trae a la imaginación. El concepto de angustia no fue muy

desarrollado por Schopenhauer, pero conviene decir que también intentó desmitificarlo

al igual que el concepto de muerte. El miedo a la muerte sólo puede desaparecer en la angustia superada.

Generalmente en el hombre como en el animal, que no desarrollan su intelecto,

se dice que éI mismo es la naturaleza, por lo que la idea de muerte, presente en su

conciencia, le impide que se aflija y pueda tranquilamente continuar con su vida, como

si esta no fuera a detenerse. Esta consideración nos conduce a la idea de que los

hombres no tienen la convicción completa de que van a morir, de otra manera sería

absurdo que prefirieran seguir viviendo, dado que no habría diferencia entre el estado

de ánimo de un hombre en general y de un condenado a muerte:

(14)

"Cada uno de nosotros posee, es cierto, esta convicción de una

manera abstracta y teórica, pero la deja a un lado, como hacemos

con muchas verdades teóricas jamás aplicadas en la práctica, y

jamás le da acceso en la conciencia viva."13

La voluntad en sí y el sujeto puro del conocimiento, se encuentran fuera del tiempo,

y no conocen la permanencia ni la destrucción. El individuo como manifestación de la

cosa en es voluntad y la muerte suprime esa ilusión que le hace creer que su

conciencia es diferente de la conciencia universal: aquí reside su eternidad.

"La ausencia de la muerte, propiedad exclusiva de la cosa en sí,

coincide, como fenómeno, con la duración del resto del mundo

Mientras se ame y se apetezca la vida, el temor a la muerte debe ser aniquilado; sin

embargo, cuando la muerte se nos, presenta en realidad o en imaginación, no es

posible apartar el temor a morir e intentaremos por todos los medios de conservar la

vida. Se advierte que no es el dolor lo que se teme en la muerte, pues éste está

presente siempre en la vida de los hombres, mismo que se ha tenido que soportar,

podríamos decir que con la muerte se podría acabar el sufrimiento o estar dispuesto a

soportar los peores dolores a una muerte rápida y sin complicaciones. Entonces, 'qué

es lo que nos infunde el temor a la muerte? Schopenhauer es contundente cuando nos

dice que es el aniquilamiento del individuo lo que nos provoca el miedo a la muerte, y

es éste individuo, que es la voluntad de vivir en su única objetivación, quien se resiste

incansablemente contra la muerte.

Cuando el sentimiento se aleja, la razón, recuperándose en parte a las situaciones

penosas, vuelve hacia nosotros, llevándonos a un punto de vista donde es lo general lo

que se percibe y no lo particular.

(15)

"El que adquiriera del mundo un conocimiento filosófico del grado del

que aquí estamos examinando, pero que no llegase más allá, podría,

aún desde este punto de vista, ayudar al hombre a vencer los

terrores de la muerte en la medida que, en un individuo dado, la

reflexión tiene el poder sobre el sentimiento inmediat~."'~

Aquél hombre que llegase a asimilar lo mencionado por Schopenhauer sobre el

dolor y la muerte, pero que no se dejase afligir por las adversidades que se le

presenten en sus experiencias, sino que por el contrario, estuviera satisfecho con la

existencia y, encontrándola de su agrado, querrá perpetuarla y reiniciarla sin cesar.

Estamos hablando de un hombre que amase lo suficientemente la vida para pagar con

tormentos y cuidados por sus placeres, pero aún cuando no se amase lo

suficientemente la vida, se querría prolongar la existencia pese a los dolores y

sufrimientos que ello implica, el hecho de que la existencia nos agrade o no, se

encuentra subordinado a la voluntad de vivir, impulso ciego de la voluntad en sí.

1.3. La muerte como mal aparente.

Tomando en cuenta todo lo anterior, la muerte es vista como una falsa apariencia,

como un mal aparente, como un fantasma que sólo es capaz de asustar a los débiles,

pero que no puede atemorizar a aquél que sabe que el es parte de esa voluntad de la

que el mundo es reflejo y objetivación y, además sabe que tiene una vida asegurada y

un presente eterno.

A éste individuo ya no puede atormentarle un pasado o un futuro indefinido en donde éI no se encontrase, pues tanto el pasado como lo venidero serían considerados

como un falso espejismo y, el temor a la muerte se disiparía del mismo modo en que el

"sol no se asusta de la noche".

(16)

Es

así como Schopenhauer cree que la muerte es una falsa apariencia, dado que sólo aniquila al individuo pero no a la voluntad en s i Esta consideración será

ponderada en capítulos posteriores.

1.4. Negación de la voluntad de vivir y su relación con la libertad de la voluntad.

A partir de este subcapítulo empezaremos el análisis de las distintas acepciones en que aparece el concepto de muerte. Veremos cuáles son las condiciones en las que es

posible hablar de muerte en Arturo Schopenhauer. Comenzaremos por el estudio de la

negación de la voluntad de vivir.

La negación de la voluntad de vivir adviene cuando el conocimiento suprime la

voluntad, los fenómenos de la percepción no actúan ya como estímulos sobre la

voluntad, sino que:

"En la concepción de las Ideas, que reflejan la esencia del mundo,

encuentra un calmante, un aquietador, que la serena y la impulsa a

anularse ella misma espontaneamente.Il l6

Podemos ver que en los fenómenos (considerados como las formas de conducta) se

manifiestan, tanto la afirmación de la voluntad de vivir en sus diversos grados como

también la negación de esta voluntad de vivir. Para llegar al estudio de tal dicotomía

será necesario mencionar que la Voluntad es completamente libre y autónoma, por lo

que dedicaremos un estudio a esta noción de libertad y su relación con la necesidad.

El hecho de que la voluntad sea libre reside en que es considerada como la cosa

en sl', como el contenido esencial de todo fenómeno. Este fenómeno sabemos que se

encuentra subordinado al principio de razón; todo

lo

que le pertenece al fenómeno, en

16. Idem p. 225.

(17)

tanto que es objeto para el sujeto del conocimiento en tanto que es individuo,

representa por un lado la causa y por otra parte el efecto; el fenómeno está

determinado por el efecto no pudiendo ser de otra manera:

El contenido entero de la naturaleza, todos sus fenómenos,

son, por lo tanto, necesarios, y la necesidad de cada uno de

ellos , o sea de cada parte, puede ser demostrada, puesto que

hay que buscar la causa de la cual cada fenómeno es el

efecto.” ”

Esta regla no permite omisiones, ya que está dada por la validez universal del

principio de razón. Por otra parte, la voluntad que no es ni fenómeno, ni objetivación

real, ni representación, sino cosa en si, está fuera del principio de razón, por lo que no

es efecto de una causa y no está regulada necesariamente, sino que es

verdaderamente libre

.

Tenemos que el concepto de Libertad niega la necesidad

fenoménica basada en la relación de la consecuencia y la premisa.

Es

preciso definir nuestra postura con respecto a la libertad, si bien la teoria de schopensahuer esta basada en un determinism0 donde se anila toda posibilidad

de libertad en el sentido kantiano, es necesario que esta se de por supuesta

para que sea posible la moralidad y asi, a aquel que haya incurrido en algun mal

se le pueda imputar el daño, de

lo

contrario, y siguiendo con la postura de

nuestro autor, no quedaria otra opcibn que esperar nuestro tragic0 destino.

.

Hemos visto que la necesidad es propia del fenómeno, en tanto que es

manifestación y objetivación de la voluntad, y que la libertad le pertenece a esta

voluntad ciega, incontenible, voluntad que está fuera de toda regulación

establecida por el principio de razón, pero nos preguntamos: ‘cómo pueden

aparecer de manera simultánea esto que se conoce como libertad y necesidad

(18)

"Y aquí encontramos ahora de una manera clarísima ante

nosotros el punto de unión de aquél gran contraste, la

conciliación de la libertad con la necesidad

...

todas las cosas

en cuanto fenómenos, en cuanto objetos están sometidas a

una necesidad absoluta, pero en son voluntad y esta es

completa y eternamente libre."'*

El fenómeno, el objeto, se encuentra inmerso en las relaciones de causa y efecto,

que no permiten excepción alguna, pero la existencia de ese objeto y su modo de ser,

es decir, la idea, que en el se muestra, su carácter, resulta una exteriorización de la

voluntad.

Cuando el individuo existente en este mundo fenoménico regido por el principio de

razón, logra superar al principium individuationis por el conocimiento de que las

manifestaciones de la voluntad son idénticas en el más alto grado, las diferencias

quedan eliminadas para este individuo; cuando el hombre participa de sufrimiento ajeno

y llega a sentir no sólo un sentimiento piadoso, sino que llega hasta el grado de querer

sacrificar su vida por la de otros; este hombre se reconocerá en todos los seres,

descubre su esencia intima en cada uno de estos y considera como propios los dolores

de los otros, haciendo suyo el dolor universal, de esta manera ningún sufrimiento le

será ajeno.

"Desde el punto y hora en que se emancipa, todo le conmoverá de igual

modo. Comprenderá el mundo, verá todos los seres destinados al

aniquilamiento total, a la lucha y al dolor sin descanso; donde quiera que

mire verá padecer al hombre, al animal; verá que el mundo se desvanece.

Todo ello le interesará tanto como al egoísta sus males persona le^."'^

Aquél hombre que alcance este conocimiento y no siendo esclavo del egoísmo,

llegará a comprender el mundo y la naturaleza de las cosas en sí, tendrá un control

18. Idem. p. 226.

(19)

para su voluntad y no concebirá las cosas sólo en relación a su persona, ni buscará

más motivos para incrementar su voluntad de vivir. Haciendo una distincion diremos

que, el conocimiento intuitivo es anterior al razonamiento y por lo tanto es superior,

porque la esencia de las cosas solo es percibida por la intuicibn inmediata, que tiene

por lo tanto, un verdadero valor de conocimiento. La cosa en sí sólo puede revelarse desde el interior, donde se da la experiencia de la intuición. Lo que le reprocha

Schopenhauer al conocimiento conceptual son sus límites, por lo que asegura que ni la

ciencia ni la filosofía pueden explicar el mundo, ouesto que no es desde el exteror que

se puede alcanzar la cosa en s i

"Purificado entonces, santificado en cierto modo, con un

sosiego y una felicidad inquebrantables, con una elevación

inaccesible renuncia a todos los objetos de sus deseos

apasionados y recibe la muerte con alegría. De la purificadora

llama del dolor brota repentinamente, cual pálida luz, la

negación de la voluntad de vivir, o sea, la libertad de este

mundo."20

Así, el hombre llega a un estado de renuncia voluntario, a la quietud absoluta, a la

resignación y a la total supresión de la voluntad, considerada como la negación de la

voluntad de vivir. Para aquellos que todavía se encuentran influenciados por el

principium individuationis, las desgracias personales o el dolor ajeno dado en su mayor

intensidad, se les presenta toda la vanidad y amargura de esta vida y que por un

momento hay una disposición a renunciar definitivamente a los deseos, y a todo

aquello que provoque dolor para tener acceso a la purificación y santificación; sin duda

volverán a ser hechizados por los encantos del mundo fenomenal y no encontrarán

soporte alguno para rechazar aquellos motivos que excitan su voluntad. Las promesas

de la esperanza, los placeres y voluptuosidades del momento, el bienestar, moradores

de un mundo lleno de miserias, volverán a dominarlos y nuevamente los colocarán en

(20)

el acaso y el error. En su obra, Aforismos Sobre la Sabiduría de la Vida, Schopenhauer

nos dice:

"Cuando miramos hacia atrás sobre el camino de la vida, y cuando,

abarcando su curso tortuoso y pérfido como el laberinto, se divisan tantos

gozos fallidos, tantas calamidades sobrevenidas, fácilmente se viene a

parar en la exageración de los reproches que uno se dirige a mismo.

Pues la marcha de nuestra existencia no es únicamente obra nuestra; es

el producto de dos factores, a saber: la serie de acontecimientos y la serie

de nuestras decisiones, que incesantemente se cruzan y se modifican

recíprocamente. 1121

Los hombres se deciden según circunstancias inmediatas, pero mientras tengan un

objetivo definido todavía, aún lejano, y la esperanza de acertar oportunamente en sus

decisiones venideras, se podrán guiar hacia tal objetivo.

Sólo el que haya superado el principium individuationis podrá ver la naturaleza tal

como es, y no permitirá ser seducido nuevamente por el aguijón de los placeres. Su

voluntad ya no se afirma a misma, sino que niega su esencia.

La esencia de la vida, no permite que los hombres puedan mitigar los dolores de la

existencia. Sólo queda un camino para abolir el deseo-de-vivir: la negación de la

voluntad de vivir. De otra manera, continuaría el dolor.

1.5. Acerca del Suicidio como afirmación de la voluntad de vivir.

En este apartado analizaremos cómo está concebido el suicidio (otra modalidad de

la muerte) por Schopenhauer. La pregunta es aquí: Les válido o no realizar este acto

cuando los dolores de la vida han aniquilado la ilusión por la existencia? Schopenhauer

nos responde así:

(21)

"Nada difiere tanto de esa negación de la voluntad de vivir, la cual

constituye el Único acto de su libertad que resalta inmediatamente en el

fenómeno como la arbitraria suspención de su fenómeno, el suicidio. Pues

nada puede hallarse más alejado que la negación de la voluntad que el

fenómeno de su más acentuada afirmación."22

Podríamos pensar que el suicida al no poder responder a los embates de la vida,

prefiere la muerte y que niega su voluntad de vivir pero, Schopenhauer nos responde

que esto no sucede así, el suicida desea la vida, lo que no desea es el malestar, de las

condiciones en las que vive; al aniquilar la manifestación individual sólo renuncia a la

vida pero no a la voluntad de vivir. Esta voluntad se encuentra atrapada entre

circunstancias tan desfavorables que no puede expandir sus esfuerzos por

mantenerse:

"Así pues, la voluntad de vivir se manifiesta en este darse muerte a uno

mismo (Siva), tan bien como en las delicias de la preservación personal

(Visnú) y en el placer de la procreación (Brahma)."23

La relación entre el suicida y la negación de la voluntad es semejante a la que hay

entre una cosa particular y la Idea, pues el suicida no niega la especie, sino al

individuo. Este acto aparece ante los ojos de Schopenhauer como estéril e insensato

puesto que sólo se anula la manifestación individual, pero no a la cosa en que

permanece inalterable.

La intensidad con la que se desea la vida y la lucha por enfrentar las adversidades,

hacen que surjan una serie de sufrimientos en el individuo, que le lleva a la

autodestrucción; por lo que la voluntad individual prefiere suprimir el cuerpo por medio

de un acto volitivo antes que su voluntad sea arrollada por el dolor. Así tenemos que el

22. Schopenhauer, Arthur. Metafísica de las costumbres. Clásicos del pensamiento. C.S.I.C. Ed. Debate, sep. 1993. p.185.

(22)

suicida al no dejar de querer, deja de vivir, como única forma de la afirmación de la

voluntad.

Nuestro autor compara al suicida con un enfermo que no termina una operación

dolorosa, ya iniciada para sanarle definitivamente, y que sin embargo prefirió seguir

enfermo. El sufrimiento nos acosa, dandonos la posibilidad de alcanzar la negación de

la voluntad, pero las insatisfacciones que el dolor nos produce hace que lo

rechacemos, haciendo que el suicida prefiera destruir la manifestación de la voluntad o

el cuerpo:

"El sentimiento de lo aquí expuesto es

lo

que conduce a toda ética, ya sea filosófica o religiosa, a condenar el suicidio, si bien, como hasta el

momento no podían pones bajo la luz del conocimiento el auténtico

fundamento de su condena, rebuscan penosamente argumentos harto

diversos que a veces son curiosos, pero nunca dejarán de ser

sofístiCos."24

Sólo si un hombre pudiera librarse de cometer el suicidio al que se ve inclinado por

razones puramente morales, el sentido de esta victoria sobre mismo habría de ser el

siguiente: ''no quiero sustraerme al sufrimiento para que este pueda suprimir a esa

voluntad de vivir cuya manifestación resulta tan lastimosa y me anime a profundizar en

el conocimiento del auténtico ser del mundo, a fin de que dicho conocimiento se

convierta en un aquietador de mi voluntad y me redima de una vez por todas."25

Y es que Schopenhauer nos dice que mientras no haga acto de presencia la

negación de la voluntad de vivir, se seguirá haciendo esa misma voluntad en cuya

manifestación se ha encontrado una existencia evanescente, una lucha vana y

frustrada, así como un mundo lleno de sufrimientos al que todos pertenecemos.

Mientras nuestra voluntad siga igual, el mundo seguirá siendo el mismo.

24. Idem. p. 186.

25.ldem. p. 186.

(23)

1.6. El Homicidio.

También se consideran aquellos casos en los que los padres matan a sus hijos, a

quienes aman, antes de suicidarse ellos mismos. Tanto la conciencia, como la religión y

todas las ideas tradicionales conciben el homicidio como el mayor de los crímenes y que

se repite este mismo crimen en el momento de morir sin ningún motivo egoísta, como lo

es el caso del padre que da muerte a sus hijos y por último se da muerte a mismo.

Cabe preguntar ¿cómo explicarnos esta conducta en donde no entra aparentemente

ningún motivo egoísta? Schopenhauer reconoce que la única explicación de esta

conducta es que el padre cree que sus hijos representan su propia voluntad y confunde

el fenómeno por una cosa en sí; agobiado por los dolores de la vida intenta aniquilar el

fenómeno exterior y su esencia, así como librarse para siempre de la vida y sus penas.

Esto es considerado como un error, puesto que una vez que se haya afirmado la

voluntad de vivir,

no

hay fuerza alguna que la quebrante, ya que el Único elemento metafísico es la cosa en sí, y la violencia sólo puede destruir al fenómeno, tal como

este aparece en un tiempo y lugar determinados. Entonces, ¿cómo puede ser destruida

la voluntad de vivir para alcanzar su negación y posteriormente la salvación? Sólo es

por el conocimiento nouménico dado por la intuición y no por el conocimiento

fenoménico que

sólo

percibe el exterior de las cosas, que es posible destruir la

voluntad de vivir.

"De aquí que el Único camino de salvación es que la voluntad se

manifieste libremente, a fin de que en esta manifestación pueda conocer

su propia esencia. Sólo en virtud de este conocimiento es como puede

suprimirse la voluntad y con ella también el dolor, que es inseparable de

su fenómeno; pero no por la violencia física, como a la destrucción de los gérmenes, o la muerte de los recién nacidos o el suicidio."26

(24)

1.7. Muerte por inanición voluntaria.

Por otro lado existen otro tipo de suicidios: el de ascetas que difiere notablemente

del suicidio ordinario pero, que no se tienen de ellos pruebas contundentes para

reprobarlos. Schopenhauer se refiere a los ascetas que una vez que logran el más alto

grado de la renuncia de sí-mismos, se dejan morir deliberadamente; sin embargo

resulta muy difícil advertir este tipo de casos, que por lo general son orientados por una

profunda excitación religiosa y por un gran cúmulo de supersticiones. Pero, podemos

observar que el abandono total de la voluntad ocasiona la eliminación de la parte

indispensable de esta para mantenerse por la alimentación, la vida vegetativa del

organismo, y que este tipo de suicidio está muy lejos de nacer de la voluntad de vivir,

porque el asceta ha rechazado todo tipo de querer. No hay para éI otra forma de vivir

que la mencionada, puesto que si intentara disminuir su sufrimiento, habría ya un grado

de afirmación de la voluntad.

"Entre esta muerte voluntaria del asceta y la habitual debida a la

desesperación puede darse toda una gama de grados intermedios; sin

duda es muy difícil de explicar, pero el espíritu humano tiene honduras,

oscuridades y complicaciones que plantean muchas dificultades para ser

desenmarañadas o iluminadas desde el exteri~r."~'

Cabe preguntarnos si cuando un individuo sufre en extrema pobreza, y deseando

la vida, muere por la falta de alimentación: supongamos que no

es

un ferviente

religioso, ni mucho menos pretende acumular riquezas, lo Único que quiere son

condiciones necesarias para mantenerse vivo, ¡es conveniente tacharlo de egoísta

cuando sólo se está preocupando por lo más inmediato que es su supervivencia?, ¿se

(25)

le puede llamar insensato aún sabiendo que es imposible que luche para poder vivir

ante la inevitable pobreza?, ¿se le puede juzgar de inmoral tan sólo por quererse éI

mismo?, aquí parece que las respuestas de Schopenhauer no son suficientes ante lo

que el mismo reconoce: el espíritu humano tiene grandes complicaciones como para

analizarlos desde fuera.

Aunque Schopenhauer intente superar el egoísmo es bastante claro que sería una

misión bastante difícil, ya que

lo

más inmediato con

lo

que contamos es con nosotros mismos, y esto no forma parte de ninguna ley ética, simplemente se da por el instinto

de supervivencia; si este aspecto se da en la Voluntad en de Schopenhauer, que

quiere la vida en un constante presente, ¿por qué los hombres no podrían tener esta

misma intención, sobre todo porque cuentan con el principio de razón? Este aspecto

será más desarrollado cuando lo analicemos desde la perspectiva de Kant, en

capítulos posteriores.

1.8. Sobre la injusticia: negación de la voluntad del Otro.

La primera y más simple afirmación de la voluntad de vivir es la afirmación del

cuerpo que representa a esta voluntad por medio de actos en el tiempo, es decir, es

esa misma voluntad sólo que en el espacio. Esta afirmación se expresa conservado el

cuerpo por medio del uso de sus propias fuerzas para este fin.

"Con ella se relaciona inmediatamente la satisfacción del instinto sexual y

puede considerarse como parte de ella, puesto que

los

órganos sexuales

forman parte del cuerpo. Por esto la renuncia espontánea y no fundada en

motivo alguno a la satisfacción de este instinto, es ya negación de la

voluntad de vivir, anulación de misma que hace la voluntad a

consecuencia de un conocimiento que obra como aquietador."28

28. Schopenhauer. MVR, p.260.

(26)

Con esto tenemos que de la voluntad de vivir resulta una contradicción para la

voluntad en y su fenómeno. Pero, jcómo se considera esta renuncia a la satisfacción

de los instintos sexuales? Sin duda, nos dice Schopenhauer, que la renuncia a la

satisfacción de los instintos sexuales es una victoria sobre mismo, muy difícil y

penosa de alcanzar.

El egoísmo, común a todos, logra que en un individuo se convierta fácilmente (la

voluntad que presenta la autoafirmación del cuerpo en muchos individuos) de mera

afirmación, en negación de esa misma voluntad manifestada en Otro:

"La voluntad del primero traspasa los límites en que se afirma la voluntad

del segundo, ya lesionando o destruyendo su cuerpo, ya ejerciendo

coacción sobre sus fuerzas para que sirvan a su propia voluntad en vez

de servir a las del cuerpo en que apare~en."~'

Así, este hombre le quita a la voluntad objetivada en un individuo, las fuerzas mediante las cuales éste se manifestaba; de esta manera al exteriorizar su voluntad

rebasa los límites de su cuerpo y niega la voluntad en Otro. Este tipo de actos ha sido

conocido por todos los tiempos con el nombre de injusticia.

El que sufre la injusticia siente la invasión dentro del ámbito de la afirmación de su

propio cuerpo, ocasionada por un individuo extraño que lo niega. El afectado siente un

dolor espiritual inmediato, completamente distinto del dolor físico que le ocasione el

daño. El que comete la injusticia cree que es éI en-sí la misma voluntad que se

manifiesta en el otro cuerpo, y que esta se afirma con vehemencia en uno de sus

fenómenos que, transgrediendo los límites y las fuerzas de su cuerpo, se convierte en

negación de esta misma voluntad; en otro fenómeno. Por

lo

tanto, al reconocerse como

voluntad en sí, siente que esta vehemencia en que se afirma la voluntad, lo pone en

lucha con éI mismo, en tanto voluntad en sí, y que esta despoja a su propio seno. Sin

embargo este conocimiento es pasajero porque se manifiesta en un sentimiento vago,

que es lo que Schopenhauer llama "remordimiento de conciencia", o en el caso

(27)

La injusticia se manifiesta en su forma más completa y acabada en el canibalismo

como "la imagen espantosa de la más aguda contradicción de la voluntad consigo

misma en el más alto grado de su objeti~ación."~~

Schopenhauer enfatiza su repudio a la transgresión de los limites de nuestro cuerpo

que puede conducir a la negación de la voluntad de otro cuerpo, como lo es el caso del

canibalismo, cabría preguntarnos: Les posible considerar "salvajes" a los que se

alimentan de otros hombres?, ¿y si estos caníbales no sienten el remordimiento que los

haga advertir que cometieron una injusticia?, resulta notable que a estos caníbales de

los que habla Schopenhauer no se les podría imputar algún mal moral porque si nos

respondieran que así es su forma de vida por lo que las ideas de Schopenhauer no

tienen cabida alguna; o pongamos otro ejemplo: el de aquellos hombres que se pierden

en lugares lejanos donde no hay posibilidades de sobrevivencia y lo que les resta por

hacer es alimentarse de los cadaveres de aquellos que no aguantaron las

adversidades, podría ser que alguien prefiriera suicidarse antes de tener que comer del

cuerpo de su padre para después no sentir dolor y arrepentimiento; y podríamos

enunciar miles de situaciones en las que los hombres se ven envueltos de

adversidades y donde lo Único que queda es la elección, pero, Schopenhauer nos dice

que el sufrimiento tiene que ser superado al negar la voluntad de vivir, que el individuo

tiene que conocer la esencia del mundo, que el fenómeno causante de sus problemas

no es la voluntad en y mucho menos lo es éI, comprenderá el mundo y la naturaleza de las cosas en sí. AI llegar el hombre a este estado de renuncia voluntaria de la

voluntad de vivir, se manifiesta la negación de la voluntad de vivir en la disposición de

renuncia definitiva a los deseos y a todo lo que provoque dolor; de este modo, sólo el

que llegue a superar el principium individuationis podrá ver la naturaleza tal como es.

Esto resulta atractivo: conocer la vida tal como es, donde la muerte no existe y

donde todo lo que nos representamos es manifestación de una voluntad en s i de una

fuerza ciega, eterna y libre de la que el hombre es su mayor objetivación. De pronto

aquello que resulta desconocido y angustiante, la muerte, se nos presenta como parte

de la vida. Sin embargo, a veces, cuando se crece entre gente que nos enseña que la

(28)

muerte es el final de la vida de un individuo, es difícil asimilar el análisis dado por

Schopenhauer acerca de la muerte.

Como hemos visto, el suicidio es reprobado por Schopenhauer, a excepción de los

ascetas que mueren por inanición voluntaria; y asimismo el canibalismo. Todos estos

casos son algunas de las manifestaciones en las que la muerte se presenta, pero como

bajo los supuestos de Schopenhauer la muerte no existe, entonces los casos del

suicidio y el canibalismo suceden porque no hay en

los

individuos que llevan a cabo

tales hechos, un verdadero conocimiento de su esencia.

1.7. La mutilación intencionada o la mera lesión del cuerpo de

otro

individuo y hasta un

golpe son semejantes al homicidio.

Estos casos, nos dice Schopenhauer, son semejantes al homicidio, en esencia, y

diferente de el en el grado. También son considerados como hechos injustos el acto de

esclavizar a otro hombre o atentar contra su propiedad.

"Y así mismo, la vida del hombre es un perpetuo combate, no sólo

contra males abstractos, la miseria o el hastío, sino contra los demás

hombres. En todas partes se encuentra un adversario. La vida es una

guerra sin tregua, y se muere con las armas en la m a n ~ ~ l . ~ ~

Así como se puede cometer una injusticia al atacar el cuerpo de otro, así también se comete injusticia al invadir algo que no se exprese por medio del cuerpo,

transgrediendo la esfera de la afirmación de la voluntad ajena, dado que las fuerzas y

el trabajo de ese otro cuerpo están unidas e identificadas como la cosa en

sí.

Con esto

tenemos que todo derecho de propiedad moral tiene su origen en el trabajo, donde al

que posee tal derecho, un poder tan ilimitado sobre las cosas como el que ejerce sobre

su propio cuerpo, y así poder transmitir su propiedad por cambio o donación, para que

estos puedan poseer la propiedad con "justo titulo como el transmisor".

(29)

La realización de una injusticia se puede dar por la fuerza o por la astucia, que en

términos morales, según nuestro autor son la misma cosa:

"En primer lugar, en el homicidio es indiferente que yo emplee el puñal o

el veneno, y lo mismo podemos decir de toda lesión corporal. Los demás

casos pueden reducirse a obligar a otro individuo a servir a mi voluntad en

lugar de servir a la suya, a obrar a mi capricho y no como éI quiera. Por la

violencia me sirvo de la causalidad física; por la astucia me valgo de

motivos, es decir, de la causalidad que obra en virtud del cono~imiento."~~

Por lo que se emplean los motivos simulados en los que, el individuo al que se le

obliga a servir nuestra voluntad, cree que se está haciendo su voluntad cuando en

realidad, se está haciendo la voluntad del que obliga. Y al encontrarse los motivos en el

conocimiento no se hace más que falsear el conocimiento del otro, que es lo que

representa la mentira que intenta inferir siempre en la voluntad ajena, como un medio

determinante de la voluntad.

"Pues mi misma mentira, que procede de mi voluntad, debe tener un

motivo, que no puede ser otro que la voluntad ajena y no el conocimiento

por mismo, que en tal concepto no podrá influir nunca sobre mi propia

voluntad, no puede moverla ni ser

un

motivo para sus aspiraciones; tal motivo es siempre la volición y los actos de otra persona, y sólo por ellos

puede llegar a ser motivo el conocimiento ajeno, por tanto, de una manera

i n d i r e ~ t a " . ~ ~

Esto último también corresponde no sólo a la mentira que es abiertamente

interesada, sino también a aquella que nace de la "maldad pura", que se vanagloria de

los disturbios que provoca.

32. Schopenhauer. MVR, p. 262.

(30)

Así, toda mentira, al igual que todo acto de violencia, es una injusticia cuyo fin es

extender el dominio de nuestra voluntad hacia otros individuos, por lo que se afirma la

voluntad propia negando la de los otros, y esto representa también la violencia.

Hemos visto que el contenido de la injusticia reside en un modo de obrar tal que el

individuo lleva la afirmación de su voluntad expresa en su cuerpo, hasta la negación de

la que se manifiesta en otros.

1.8. Venganza justa por la cual se sacrifica la vida.

-"Este mundo es campo de matanza, donde seres ansiosos y

atormentados no pueden subsistir más que devorándose los unos a los

otros; donde todo animal de rapiña es tumba viva de otros mil, y no

sostiene su vida sino a expensas de una larga serie de martirios

...

II 34

Schopenhauer nos ofrece otra forma en la que la muerte del individuo se hace

expresa: cuando un hombre sufre directamente una iniquidad o cuando es testigo de

ésta, y decide sacrificar su vida para tomar venganza del autor del mal. Así, este

hombre perseguirá a algún poderoso para asesinarle, posteriormente, subirá al patíbulo

y al recibir la muerte no intentará por ningún motivo salvar su vida, pues éSta resulta

ante sus ojos sólo como un medio para lograr su objetivo: castigar al causante del mal.

"Puesto que su fin es servir de escarmiento para lo porvenir, sin fin alguno

egoísta, ni por parte de la sociedad cuyas leyes protegen la seguridad: la

pena es aplicada en estos casos por un individuo y no por el Estado, ni

por la ley; siempre recae sobre un acto que el Estado o no pudo o no

quiso castigar y cuyo castigo condena".35

(31)

Este caso nos muestra hasta qué punto un hombre rechaza la conservación de su

propia vida sólo por cumplir su cometido que es castigar al culpable de su indignación.

Esto surge del conocimiento inconsciente que tiene de que éI es la voluntad de vivir

que se refleja todo el tiempo en todos los seres, y que por esto no puede ser

indiferente, ni al momento actual ni al más lejano futuro, simplemente porque cree que

también le pertenecen.

Siguiendo con este caso agregaremos que al pretender afirmar la voluntad de vivir,

el vengador exige que no se vuelva a repetir el mismo caso a lo largo de su vida, por lo

que intimidará a los malvados que ha de conocer con el ejemplo de una venganza

contra la que no existe defensa alguna, puesto que el miedo a la muerte no representa

ningún obstáculo para el que fue dañado.

Podemos ver que aunque se afirma la voluntad de vivir, esta no tiene relación

alguna con el individuo sino que es la ldea de la humanidad a la que se quiere liberar

de tan terribles calamidades. Sobre esto nos dice nuestro autor: "el sacrificio de la

individualidad en aras de la justicia es un rasgo sublime cuya verdadera naturaleza se

desconoce todavía."36

En este breve apartado sobre la venganza justa por la cual se sacrifica la vida,

observamos que Schopenhauer atenúa un poco el desconcierto que le provocó lo que

el llama la injusticia: transgredir los límites de nuestro cuerpo para negar la voluntad del

otro, en las formas antes vistas que fueron consideradas como injustas, a excepción

del los ascetas. Sin embargo, en el presente caso lo llama "venganza justa" y no

"venganza injusta", ¿por qué, si se le está privando la vida de otro no puede ser

considerada injusta?, esta pregunta ya ha sido respondida puesto que el vengador

aunque afirme la voluntad de vivir, no es su vida la que afirma sino la ldea de la

humanidad, y esto resulta sublime para Schopenhauer porque esta ldea sublime

representa el más alto principio de la Ley Moral.

Podemos entonces decir que Schopenhauer reafirma la noción de /&a, que es 10

que permanece, en este caso la ldea de humanidad y no el fenómeno de un individuo

determinado.

(32)

1.9. La beatitud en la muerte: un medio para mantenerse en la negación de la voluntad

de vivir.

Hemos llegado a la última modalidad de la muerte: la beatitud. Analizaremos las

reflexiones de Schopenhauer acerca de la beatitud en la muerte.

Continuando con nuestro estudio diremos que Schopenhauer piensa que aquél que

aún está sujeto al principium individuationis y que es esclavo del egoísmo, sólo concibe

las cosas particulares y las relaciones de esta con su persona, por

lo

que obtiene nuevos motivos para su volición. Sin embargo, aquél que alcance el conocimiento,

aquél que llega a controlar el mundo y lograr comprender la naturaleza de las cosas en

sí, alcanzará un límite para su voluntad, que de manera inmediata se aparta de la

existencia y reconoce que los goces representan la afirmación de la vida. Así, el

hombre llega a la renuncia voluntaria, a la resignación, al quietism0 absoluto y al total

aniquilamiento de la voluntad.

"Podemos comparar la vida a una vía circular cubierta, salvo algunos

espacios libres, de ascuas encendidas, vía que nosotros recorremos sin

tregua. El espacio frío que pisa por un momento o que divisa a su

alcance, le consuela; pero el que por haber superado el principium individuationis ve la naturaleza tal como es, no admite semejante

consuelo, pues se encuentra al mismo tiempo en todos los puntos de la

ruta y prefiere salir de ella"37

De este modo, la voluntad niega su propia esencia, ya no se afirma y reconoce que

el fenómeno no es más que el reflejo de la voluntad en sí. Así, el fenómeno por el cual

se revela esta transformación representa el paso de la virtud al ascetismo. Esto es, el

hombre virtuoso que se contenta con amar al prójimo como a mismo y que hace por

los otros lo que harías para sí, no sólo se detiene aquí sino que comienza a sentir un

horror hacia la voluntad de vivir, cuya expresión es su propia persona. Rechaza esa

(33)

esencia interior del mundo y reniega de su cuerpo y de los actos que provienen de la

voluntad de vivir. Huye de encariñarse con alguna cosa que pueda reafirmar su voluntad, y surge éI la indiferencia ante todo y por todo. AI renegar de toda voluntad

castiga su cuerpo que considera engañador, abstrayéndolo de toda satisfacción sexual.

La castidad completa y voluntaria es el primer paso hacia el ascetismo o negación de la

voluntad de vivir.

"La castidad es una negación de esta afirmación y anuncia que con la vida

del cuerpo cesará también la voluntad de que ese cuerpo es la imagen

exterior. La naturaleza, verdadera siempre e ingenua dice que si esta

máxima se generalizase el genero humano se extinguiría

AI llegar a este estado de renuncia voluntario siente todavía toda clase de

disposiciones para querer, pero las suprime deliberadamente. Se limita a no hacer

nada de lo que quisiera hacer y aún de lo que no quisiera hacer, por lo que no se

opondrá al daño que otro pudiera causarle, y aceptará todo de manera gozosa; de esta

manera podrá estar seguro de que su voluntad ya no se afirma. Soportará todo tipo de

humillación y dolor con paciencia y dulzura inagotables, pagando el mal de todos sus

actos anteriores, extinguiéndose así el fuego de la ira, así como también se extinguirá

la concupiscencia, logrando que su voluntad se contraríe. Pero, también atormenta a su

cuerpo, alimentándolo escasamente y con ayuda de maceraciones y flagelaciones,

privaciones y dolores, quebrantará cada vez más esa voluntad que considera el

tormento de su propia existencia y del universo.

Finalmente, cuando la muerte llegue a destruir la objetivación de la voluntad, que es

el cuerpo, se le recibirá con júbilo y alegría.

(34)

"Esta ficción nos lleva a pensar que el temor a la muerte no es tan

abstracto como se quiere decir y una vez acabado el vaso de vino, un

gusto tan amargo como extraño, nos enseña que algo ha pasado y que

hemos realizado un paso adelante hacia el abismo".39

Dado que la vida ascética es para Schopenhauer un medio para mantenerse en el

estado de la negación de la negación de la voluntad de vivir, nuestro autor nos da otro

camino que nos conduce al mismo resultado: el dolor en general, tal como el destino

nos lo depara, pudiendo decirse que la mayoría de los hombres llegan a la salvación

más que por este camino. Los dolores que nosotros sentimos y no los que vemos sentir

en los otros, serán los que nos guíen a la resignación más absoluta, sobre todo al

borde del sepulcro. Puesto que son muy pocos a quienes les es suficiente su

entendimiento para negar la voluntad y superar el principium individuationis; sin

embargo al alcanzar este estado, el conocimiento de la veradadera esencia de las

cosas, les comunica la bondad perfecta y el amor a la humanidad y termina por

hacerles reconocer como propios los dolores de todo el mundo.

Después de que se hayan sufrido todos los embates de las adversidades y de haber

estado a punto de quebrantarse a causa de la desesperación, llegará el momento de

reconcentrarse de pronto en mismo, reconocerse y reconocer al mundo, cambiar de

ser, elevarse por encima de uno mismo y de los dolores; y así, se alcanzará la

purificación y santificación, acompañadas por una paz inalterable, una beatitud y una

grandeza de espíritu que nada puede quebrantar, para así renunciar voluntariamente a todo aquello que se deseaba con tanta vehemencia. "Así como la función del metal se

anuncia por un resplandor, la llama del dolor produce en aquel hombre el destello de

una voluntad que se deshace"40

,

es decir, de la liberación.

Aún aquellos hombres que consideramos perversos por sus crímenes, al purificarse

por un gran dolor, logran cambiar y rectificar su conducta. En su conciencia ya no existe el tormento por sus crímenes pasados y ahora están dispuestos a pagarlos con

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