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CENTRO INTEGRAL DE PSICOLOGÍA

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Academic year: 2019

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CENTRO INTEGRAL DE PSICOLOGÍA

C/ Maese Farfán, 2, 1ºD - 41018 SEVILLA

Tfnos: 954581963 - 678582077 E-mail: [email protected]

http://www.pueris.com

¡PELIGRO!, ADOLESCENTE A BORDO

Cuando ya creíamos que habíamos salido de pañales, biberones, caídas, llantinas, rabietas....; se nos vuelve a abrir otro campo de batalla.

Ahora nuestro hijo… miente más que habla, tiene la habitación como una pocilga, siempre quiere volver más tarde de lo que le permitimos, tiene una actitud agresiva, amenazante, irrespetuosa, no hace más que ver la tele, se lleva todo el día enganchado a Internet, cree que vive en un hotel donde su padre es el botones y su madre la camarera, ha convertido su habitación en un mini apartamento autónomo del que sólo sale para irse a la calle, los fines de semana, cuando vuelve a casa huele a tabaco y a alcohol, cada día viste más raro, de estudiar… poquito, sólo parece feliz con los amigos, en casa casi siempre está de malas pulgas…etc., etc. y muchos etcéteras más.

Acabamos de entrar en otra etapa como padres. Ya no tenemos un niño; ahora tenemos… otro niño… pero más alto.

Entonces empezamos a preguntarnos: ¿qué hacer ante este niño grande?, ¿debo ser autoritario?, ¿debo consentir, prohibir,… pasar?, ¿debo ser su amigo, su colega…?...

Debemos ser lo que somos: SUS PADRES (así, en mayúsculas).

Pero el manual de instrucciones que hasta ahora habíamos estado utilizando ya ha caducado. Es necesario reciclarnos y formarnos para afrontar esta nueva etapa evolutiva: deberemos seguir las pautas educativas adecuadas para controlar y evitar los conflictos, tenemos que leer mucho sobre la adolescencia. Hay que estar preparados para gestionar adecuadamente lo que se nos puede venir encima.

Si asumimos el rol de padres autoritarios, actuando de forma unilateral y sin el consenso con los hijos, éstos se alejarán de nosotros; ya sea por temor, por soberbia o por desprecio. Si somos demasiado rígidos, lo más probable es que su crisis de oposición sea mucho más grave. No olvidemos que el miedo no es educativo. Debemos enriquecer su personalidad, no anularla.

Si actuamos como padres superprotectores, tampoco les ayudaremos. Estaremos formándolos tímidos, inseguros, incapaces de tomar decisiones, con bajo umbral de frustración. Un exceso de control afectivo sobre nuestros hijos, no es más que una forma de chantaje emocional que ejercemos sobre ellos: ¿te vas a ir?, estaremos preocupados hasta que vuelvas, ten el móvil abierto…, además de la retahíla de recomendaciones y sermones que siempre les repetimos.

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enfrentarse al mundo con la responsabilidad y la formación adecuadas porque, en realidad, no han tenido padres.

Si ejercemos como padres permisivos, nuestros hijos se criarán sin límites y, cuando alguien se los ponga, vendrán los problemas: frustración, agresividad, inadaptación….

Entonces, ¿cuál sería el modelo que puede educar correctamente?, ¿qué postura es la más adecuada para un buen desarrollo psicológico, emocional, conductual e intelectual del adolescente?...

Lo más sensato es que seamos el tipo de padres más adecuado y adaptado a cada momento y circunstancia. No existen fórmulas mágicas, pero sí una serie de principios básicos que debemos tener siempre presente.

Las diez reglas de oro para convivir con adolescentes

y no sucumbir en el intento.

SISTEMATIZACIÓN. No debemos decir hoy una cosa y mañana otra. Lo mejor, concensuar las normas (primero entre padres y, luego, con los hijos), escribirlas y exponerlas. Recordemos que el policía o el guardia civil de turno no tiene que pensar la sanción al infractor, ya está escrita y es conocida por ambas partes.

FIRMEZA. Cuando se toma una decisión hay que mantenerla. Previamente hay que

meditarla, medirla, razonarla… pero una vez tomada, deberemos mantenerla cueste lo que cueste. Si nos hemos equivocado es porque ni meditamos, ni medimos, ni razonamos lo suficiente. En este caso rectificar no es de sabios, ya que toda modificación que hagamos es interpretada por nuestros hijos como una señal de debilidad y ahí empezaremos a perder la batalla. La próxima vez lo haremos mejor (el aprendizaje por ensayo-error funciona).

COHERENCIA. Sería muy injusto y nada educativo exigirles lo que no somos capaces de hacer nosotros. Mantengamos una congruencia de vida, no usemos dobles varas para medir, no seamos hipócritas (es dura la palabras, pero no encuentro otra que exprese lo que quiero trasmitir).

AUTOCONTROL. Es difícil en muchas ocasiones, pero debemos mantener la calma y el control. Si nos dejamos llevar por la ira, el enfado, el arrebato…, posiblemente tomaremos decisiones o actuaremos desacertadamente. El dominio de la situación es el primer requisito para una correcta intervención.

TOLERANCIA. Capote y mano izquierda, como dicen los taurinos. Si logramos ser tolerantes con asuntos menos trascendentes, (la ropa, unos minutos de más o de menos, el pendiente…); posiblemente tendremos autoridad moral exigir en los importantes.

ATENCIÓN. Aunque no lo parezca y traten de disimularlo, nuestros adolescentes

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PACIENCIA. Muchísima paciencia. No debemos olvidar que ellos tratarán de imponer sus criterios, aprovecharse de nuestras debilidades, de nuestras discrepancias, de nuestro cansancio… Si lo tenemos claro, debemos ser firmes sin perder la compostura y si nos vemos desbordados, no tirar la toalla (“haz lo que te dé la gana y déjanos tranquilo”) y daros un tiempo de descanso y volver a retomar la conversación más relajados.

POSITIVISMO. Tenemos la equivocada costumbre de valorar más lo negativo que lo

positivo. Si nuestros hijos actúan bien, no solemos valorárselos (“es su obligación”). En cambio, cuando lo hacen mal caemos sobre ellos como un tigre sobre su presa. Cumplir las normas, estudiar, ser colaboradores… cuesta trabajo; y a todos nos gusta y nos refuerza que ello sea percibido y valorado. Si nuestro hijo actúa adecuadamente y se lo valoramos, tendremos más autoridad moral para corregirle cuando actúe desacertadamente.

CONFIANZA. La confianza cuesta mucho lograrla y muy poco perderla. La confianza no es

algo que se establece unilateralmente, sino que es algo bidireccional. Si hemos educado a nuestros hijos bajo los principios de la confianza mutua, nuestros adolescentes tendrán confianza en sí mismos, adecuados niveles de autoestima e independencia y, además, confiarán en nosotros.

COMUNICACIÓN. Si hemos conseguido mantener con nuestros adolescentes la

comunicación fluida que teníamos antes con él, habremos puesto las bases de un clima familiar menos crispado durante esta etapa evolutiva. Una buena comunicación nos facilita el poder decir no cuando hay que decirlo, a dar los consejos, a conocerlos mejor, a poderlos ayudar si tienen problemas...

Si éstos fueran los diez mandamientos que estudiamos de pequeño en el catecismo, diríamos ahora: y estos diez mandamientos se resumen en dos. Bueno, en este caso no serían dos, sino tres: EMPATÍA (ser capaz de ponerse en el lugar del hijo, llegar a sentir como siente él),

SENTIDO COMÚN (ser lógicos, coherentes, consecuentes…) y AMOR (puro, duro e

incondicional)

Si pensáis que con estas normas no lo vais a conseguir y os gusta la cocina (y el buen humor); vamos a intentarlo, entonces, de otra forma.

Receta: Adolescente en su jugo

.

Ingredientes:

Toneladas de INFORMACIÓN:

Informemos a nuestro adolescente y mantengámonos informados. La adolescencia es, a menudo, una época para experimentar y a veces esto incluye comportamientos arriesgados. No eludamos los temas relacionados con el sexo, las drogas, el alcohol y el tabaco; conversemos con él abiertamente sobre estos temas, antes de que se vea expuesto a ellos; así aumentaremos las probabilidades de que actúe de forma responsable cuando llegue el momento.

Kilos de RESPETO A SU INTIMIDAD:

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mantengámonos al margen. Respetemos su espacio. Su habitación, sus llamadas telefónicas, mensajes, e-mails… deben ser algo privado y no hay necesidad de invadirlos.

Litros de SUPERVISIÓN, pero sin tercer grado:

Todos los niños, adolescentes o no, requieren supervisión de los padres. Tenemos el derecho y la obligación de saber dónde estará y qué hace. Pero no esperemos que nos dé todos los detalles ni que nos invite a irnos de marcha con ellos. Creemos la costumbre de que, antes de salir, nos diga con quién sale y dónde podríamos buscarle en caso de necesidad, que conteste si le llamamos al móvil o le ponemos un Whatsapp… Respetemos su intimidad y sus silencios, sin intentar hacerle hablar de algo que no quiera. No lo presionemos haciéndoles ver que estamos receptivos para que pueda contar siempre con el apoyo de sus padres.

Grandes cantidades de ESCUCHA ACTIVA:

Ya que estamos siempre quejándonos de que nunca nos cuenta nada, si reclama nuestra atención se la debemos dar sin esperas ni demoras. Cuando hablemos con él, concentrémonos en lo que nos dice, más que en lo que le queremos decir. Y sobre todo, nunca digamos “ahora no tengo tiempo”. Hablemos también de lo que les interesa a ellos y demos prioridad a los temas que nos interesan a nosotros.

Unos granos de…

…ESTABLECER LÍMITES DE ANTEMANO:

Aprendamos a ceder y a ser flexible. Si su hora de llegada no es la que el quiere, tratemos de negociar. Si cumple los horarios establecidos, aumentemos la hora de llegada de la próxima salida a modo de refuerzo. Tenemos que fijar normas y límites, pero a través del diálogo para que acepten y asuman los compromisos de buen grado. Las posibles sanciones deben estar previstas de antemano y conocidas por ellos (y, si son aceptadas, mejor).

…CRÍTICAS Y ELOGIOS:

Las críticas y las correcciones deben combinarse con el uso frecuente de elogios. Es decir, debemos ser capaces de ver también hace bien y decírselo. Por muy desastre que nos parezca, seguro que tiene muchos valores positivos que debemos reconocer. La corrección envuelta en comprensión y cariño es más efectiva. La crítica debe ser serena y ponderada, sin precipitaciones y sin apasionamiento. Cuidadosa, sin ironía, sin sarcasmo.... Actuemos como padres, no como inquisidores.

Una pizca de…

…TOMARLOS EN SERIO:

No debemos tratarlos como seres inferiores, aunque nos planteen asuntos de los que estamos de vuelta. Debemos posibilitarles para que ellos también adquieran la experiencia y la sabiduría que da el equivocarse.

…NO SERMONEARLOS:

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…NO HACER COMPARACIONES:

Es importante evitar, tanto cuando les hagamos propuestas, como cuando los censuremos, ponernos a nosotros mismos como modelos (A tu edad yo...) o poner como ejemplo a otras personas (Mira tu hermano como...). Es injusto, ofensivo y un camino seguro para conseguir su animadversión. En todo caso, si optamos por la comparación, debemos compararlo con él mismo (Seguro que lo conseguirás, como cuando hiciste...).

…LIBERTAD SEGÚN RESPONSABILIDAD:

A mayor responsabilidad, mayor autonomía, y ante faltas de responsabilidad, restricciones de autonomía. Si nos engaña o falta a sus compromisos, no le gritemos ni nos pongamos hechos una fiera. Le explicamos con toda la calma de que seamos capaz, que ha faltado a nuestra confianza, por lo cual ha perdido parte del crédito que tenía en su saldo, hasta que demuestre que es digno de confianza.

…EXPLICAR SIEMPRE LOS POR QUÉS:

Siempre que pidamos a nuestro hijo que haga algo, debemos explicarle los motivos que tenemos para hacerlo. Recurrir a expresiones como porque lo digo yo o porque sí, no nos proporcionan autoridad, sino que nos convertimos en autoritarios.

…NO DUDAR POR SISTEMA:

Dejemos que se explique. Demos crédito a lo que dice. Una vez que le hayamos escuchado, estaremos en condiciones de exigirle que nos escuche. Prediquemos con el ejemplo.

Espolvoree con…

…EL PERDÓN cuando sea necesario. Los padres podemos perdonar y también pedir perdón. Esta práctica no nos hace más pequeños ante sus ojos, sino más grandes.

…TIEMPO, para él y para nosotros. Compartir alguna actividad con ellos (acompañarles a un partido, ir juntos al cine, escuchar música, ir de compras, etc) nos ayudará a meternos un poco en su mundo y a conocerlos más y mejor (también a su entorno).

…COMPARTIR algunas de nuestras preocupaciones personales y familiares. Pedirle su opinión facilita la comunicación y la confianza, a la vez que nos hace más cercanos sin perder nuestro estatus de padres.

Preparación:

• Mezclar todos los ingredientes en un bol

(Léase: Ayudarles fomentando su independencia, su libertad, enriqueciéndolos sin

anularlos, estando al lado, y no encima)

• Meter en el horno hasta que esté dorado por fuera y tierno por dentro

(Léase: Asegurarle nuestra cercanía y afecto incondicional, independientemente de sus logros y comportamiento. El adolescente también necesita sentirse seguro y querido. No dé por supuesto que él lo sabe, se debe expresar también físicamente con abrazos o

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• Dejar enfriar

(Léase: Todos estos problemas, siempre que no se desborden, forman parte de su evolución, de su crisis de oposición, que como toda crisis es madurativa y cuya ausencia

es anormal)

• Servir

(Léase: Recordar que lo más importante es que nuestro hijo sea una persona feliz…y éste

debe ser nuestro primer objetivo como padres)

Maridaje:

• Este plato se puede regar con cualquier vino (tinto, rosado o blanco) y de cualquier denominación de origen, pero deben tener la graduación que dan los años de maduración

(Léase: La adolescencia es esa edad en la que todos juramos que seríamos distintos a nuestros padres, para acabar con el tiempo pareciéndonos absolutamente a ellos. Quizás, es por esto por lo que los padres no solemos comprender a nuestros hijos en esta edad; no nos acordamos de las riñas con nuestros padres por la hora de llegada, las amenazas de cortarnos el teléfono (el fijo, móvil no existía), los suspensos, los novios y las novias, las copas de más, la responsabilidad de menos, el egoísmo de creer que el mundo era nuestro y que todo debería estar a nuestra disposición, la incertidumbre ante el futuro, el no saber bien quiénes éramos, el cuestionar todos los valores de nuestros padres… No ha pasado

Referencias

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