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Ecuador Debate (REVISTA COMPLETA)

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1

PRESENTE

Y

FUTURO DE

LA

IZQUIERDA

• José Sánchez Parga • Adrán Bonilla

• Csrlos de la Torres Espinosa

• Wolfgang Schmldt • Michel Lowy • Regis Debray

Dos

años

de

Gobierno

deBorja:

CORTESANOS

EN PALACIO

Diego Cornejo Menacho

LOS LIMITES DEL

CONTINUISM O

Alberto Acosta

21

(2)

P.Z2-N

fa

ECUADOR O -i

DEBATE

2 1

Quito, Ecuador, octubre de 1990

O LITICA

ONOMIA

TEMA

ENTRAL

ANALISIS

Diego Cornejo Menacho. Dos años de gobierno de Borja: CORTESAN O S EN PALACIO /5 Rafael Guerrero.

LA CRISIS DE GUAYAQUIL Y LOS NUEVOS POPULISM OS /T 6

Alberto Acosta.

Dos años de gobierno de Borja: LOS U M IT E S DEL CONTINUISM O /23

José Sánchez Parga.

¿ES REFU ND AB LE LA IZQ UIER DA NACIO NAL? /48 Adrián Bonilla.

La izquierda ecuatoriana en los últimos 30 años: LA D IFICIL TAREA DE REDENCION /52 Carlos de la Torre Espinosa.

La crisis del marxismo:

¿ATRAPADOS SIN SALIDA? /64 Wolfgang Schmidt.

El fin del centralismo económico: LAS C ERTEZAS DERRUM BADAS /75 Michel Lówy.

8 TES IS SOBRE LA CRISIS DEL "SO C IA LISM O REAL" /86 Régis Debray

EL FUTURO DE LA IZQ UIERDA /90

Fredy Rivera V.

EL A G R O ECUATORIANO VISTO POR LAS CIENCIAS SO C IA LES: 1975-1990 /96

CRITICA

José Sánchez Parga. Lévi Strauss:

ENTRE ETNOCENTRISM O Y RACISMO /107

(3)

CONSEJO EDITORIAL: Francisco Rhon Dávila, José Sánchez Parga, Alberto Acosta, José Laso Ribadeneira, Simón Epinosa, Diego Cornejo Menacho, Manuel Chiriboga, Fredy Rivera.

DIRECTOR: José Sánchez Parga

EDITOR: Diego Cornejo Menacho

ECUADOR DEBATE es una publicación periódica del

Centro Andino de Acción Popular CAAP, que aparece

cuatro veces al año. La información que se publica es canalizada por los miembros del Consejo Editorial. Las opiniones y comentarios expresados en nuestras páginas son de excluisva responsabilidad de quien los suscribe y

no, necesariamente, de ECUADOR DEBATE.

SUSCRIPCIONES: América Latina US $16; ejemplar

suelto: US $5. Otros países US $18; ejemplar suelto

US $6; Ecuador S/. 4.500; ejemplar suelto 1.200.

ECUADOR DEBATE: Apartado aéreo 173-B, Quito, Ecuador. Redacción; Diego Martín de Utreras 733 y Selva Alegre, Quito.

Se autoriza la reproducción total o parcial de nuestra información, siempre y cuando se cite expresamente como fuente a ECUADOR DEBATE.

a

caap

Centro Andino de Acción Popular

CAAP

(4)

Cambio de perfil

EL NUMERO 21

EDITORIAL

La nueva fisonomía sobre el tratamiento de los contenidos nos

ha invitado a modificar el diseño de la revista. Con ello

pretendemos hacer más transparentes los textos y obtener una

escritura y una lectura más ágiles, que den cuenta de un

pensamiento más indagador, más polémico y más propositivo.

Al cabo de siete años y de vien­

te números publicados, lo que

representó un arduo alarde de

regularidad editorial para una

vista en nuestras latitu d es,

Ecuador Debate

ha decidido

cambiar de perfil.

Detrás hemos dejado una nutri­

da y variada serie de monografí­

as sobre la más diversa proble­

mática de la realidad nacional.

Estudios, análisis, investigacio­

nes, testimonios, experiencias y

debates han nutrido los números

de la revista, proporcionando a

las Ciencias Sociales y a los dis­

tintos intereses del país, públicos

y privados, una antología muy

representativa de la realidad

nacional durante la década del

80

.

Pero la aceleración de los cam­

bios ocurridos en los últimos

años en el país y en el mundo, la

heterogeneidad de fenómenos en

la que continuamente estalla y se

reduplica la realidad social, eco­

nómica, política y cultural, nos

ha obligado a un tratam iento

m últiple, más rápido y desde

enfoques más diferenciados, de

una problemática que también

requiere ser enfocada con mayor

actualidad. Responder al reto de

los nuevos escenarios y de las

nuevas formas de actuación de lo

social nos ha llevado a modificar

(5)

trabajar con otras intensidades,

otros ritmos y otras eficacias más

inmediatas, contenidos y proble­

mas de horizonte más cercanos.

La nueva orientación que busca

Ecuador Debate,

a partir de este

número 21, y en la perspectiva

de la próxima década, aligerará

el estilo monográfico de la revis­

ta. Mantendrá a un tema central,

siempre de actualidad, acompa­

ñado con artículos más coyuntu-

rales y con análisis y estudios de

interés misceláneo y sobre temas

diversos, concluyendo con una

sección de crítica bibliográfica.

Esta nueva fisonomía sobre el

tratamiento de los contenidos

también nos ha invitado a modi­

ficar la forma del diseño de la

revista. Con ello pretendemos

hacer más transparentes los tex­

tos y obtener una escritura y una

lectura más ágiles, que den cuen­

ta de un pensamiento más inda­

gador, más polémico y más pro­

positivo.

El tema que planteamos en este

número 21, "Presente y futuro de

la izquierda", tiene mucho que

ver con los cambios ocurridos

en los países socialistas durante

el último año, con la desapari­

ción en el horizonte internacio­

nal de referentes marxistas que g

durante tanto tiempo han nutrido

nuestras izquierdas, y con la

úrgencia de éstas para repensarse

dentro del zfarrancho político

ecuatoriano y de nuestra frágil

democracia.

Nuestra izquierda requiere

encontrar una nueva identidad,

visualizar los nuevos antagonis­

mos y las nuevas alianzas, rede­

finir posiciones y estrategias.

Esperamos que este primer

intento de cambio pueda ser

mejorado en lo sucesivo, y haga

de

Ecuador Debate

una revista

más interlocutora más accesible

y más interesante a más amplios

sectores del público nacional.

El director

(6)

» tfe c c A m a rna i *c)ü o a» ?«A8A¿B>SO»Bfc UfcUOA SAtSKAA Y OtHAm OU-t)

PUNTOS DE iNryntóACtON SOBRE LA CAMPABA

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Dos años de gobierno de Borja

CORTESANOS EN PALACIO

Diego Cornejo Menacho

POLITICA

La democracia ’’tridimensional” anunciada por Rodrigo Borja al

asumir el poder, ”la democracia de la era espacial, de la física nuclear,

de la cibernética, de la informática, de la bioquímica, de la genética,

que van conformando una nueva y sorprendente realidad social que

debe ser sintonizada por la teoría democrática del futuro”, asoma

ahora como una que no ha dejado de ser restringida, que sigue siendo

la misma, aquella inspirada por una concepción aristocrática de la

política, hábilmente disimulada en el lenguaje presidencial.

Una de las más severas acusaciones que hay que hacerle al presidente Rodrigo Borja, y a su gobierno, es que permitió que se esfumara la gran movi­ lización nacional que significó su victo­ ria de 1988.

Borja se impuso en las dos vueltas electorales de ese año, después de una larga campaña política que duró más de una década. El 5 de mayo de ese año venció a la candidatura populista de Abdalá Bucaram Ortiz (PRE) con más

Diego Cornejo Menacho es sociólogo y periodista. En la elaboración de este texto contó con opiniones de Alfredo Castillo (LN) y Antonio Rodríguez (ID). Rodríguez fue vicepresidente del Congreso Nacional en el periodo 1988-1989 y Castillo primer candidato de su partido en las elecciones legislativas de junio de 1990.

de 250 mil votos.1 II,

Por tal manera el Ecuador se liberó de un gobierno violento y autoritario, el de León Febres Cordero, caracterizado por la perm anente violación a la Constitución y a los derechos humanos y políticos.

La decisión del electorado significó organizar la crítica y el rechazo a la ges­ tión de la derecha, y eludir los cantos de sirena entonados por el populismo. Para

I. En la primera vuelta electoral, del 15 de enero de 1988, se emitieron 3 millones 40 mil 750 votos válidos. Rodrigo Boija (ID) obtuvo el 24,48%; Abdalá Bucaram (PRE) el 17,61%; Sixto Duran (PSC) el 14,72%; Frank Vargas (APRE) el 12,63% y Jamü Mahuad (DP) el II, 57%. La definición de la segunda vuelta admitió 3 millones 147 mil 954 votos válidos. Borja obtuvo 1

(8)
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El presidente Rodrigo Borja asume el poder, tras una cam paña de más de una década (página contigua).

muchos fue la sabia decisión de un electorado que optó por el mal menor, entre las alternativas que le presentaba la democracia restringida vigente.

En agosto Borja recibió una econo­ mía con saldos rojos, un ambiente polí­ tico estropeado por la intensa campaña electoral y, sin embargo, también, la extraordinaria posibilidad de controlar todos los poderes, debido a la fuerte cuota legislativa de su partido —incre­ mentada por la alianza política con la Democracia Popular (DP) y el Frente Amplio de Izquierda (FADI)2— y un importante número de concejales muni­ cipales y consejeros provinciales.

A pesar de esas condiciones, su gobierno no pudo evitar que con el transcurrir del tiempo se desdibujaran las condiciones políticas favorables a la centro izquierda en los sectores popula­ res. Conspiró para ello el gradualismo neoliberal de su política económica, que frustró las expectativas de un pue­ blo hambreado por la crisis y, en lo pro­ piamente político, un estilo de "hacer” gobierno nítidam ente cortesano, de espaldas a los votantes y a las masas populares, impreso por su ministro de Gobierno, Andrés Vallejo.

Las consecuencias de estos dos erro­ res estructurales en el ejercicio, se mos­ traron en toda su dimensión en las elec­ ciones legislativas de 1990, con el triunfo electoral de la derecha y el

2. La ID colocó 30 diputados en el Congreso de 1988. Dos el FADI y siete la DP.

populismo.

Voceros gubernamentales prefirieron justificarlas por un deterioro "inevita­ ble” que proviene del ejercicio del poder, entre tanto algunas fuerzas de la oposición la explicaron por lo que lla­ maron "febresborjismo", la "nueva derecha" expresada en el gobierno de Rodrigo Borja.

Con la perspectiva que dan los dos primeros años de gobierno socialdemó- crata, la democracia "tridimensional" anunciada por Borja al asumir el poder, "la democracia de la era espacial, de la física nuclear, de la cibernética, de la informática, de la bioquímica, de la genética, que van conformando una nueva y sorprendente realidad social que debe ser sintonizada por la teoría democrática del futuro",3 asoma como una que no ha dejado de ser restringi­ da, que sigue siendo la misma, aquella inspirada por una concepción aristocrá­ tica de la política, hábilmente disimula­ da en el lenguaje presidencial.

"Dialécticamente considerada —dijo Borja al asumir el mando— la demo­ cracia que proponemos no es lo contra­ rio de la democracia formal, sino su complemento. Debemos ir hacia la inte­ gración de las libertades formales y materiales para estructurar la democra­ cia completa por la que luchamos. De lo contrario, seguiremos viviendo regí­ menes que en realidad son la combina­ ción de democracias políticas con abso­ lutismos económicos, es decir, sistemas que, detrás del ritualismo democrático, suelen imponer la autocracia de

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ñas minorías privilegiadas".4 Un ritua­ lismo que jamás pudo ser superado en los hechos.

Aquel agosto Borja añadió su convo­ catoria a la concertación nacional y anunció un gobierno caracterizado "por el más profundo respeto a las prerroga­ tivas de la persona humana", pues "el respeto de ellos (los derechos humanos) no es tan solo la ausencia de represión política, sino también la implantación de la justicia social, la equidad econó­ mica y la acción dinámica de prestacio­ nes sociales a favor de los sectores desafortunados de la colectividad".5

Un mundo diferente

En 1988 el panorama internacional sufrió profundas modificaciones. No tomarlas en cuenta puede conducir a una crítica equivocada de la política nacional en estos dos años.

El cambio de la correlación de fuer­ zas en el mundo y la transformación del sentido de la historia universal, cuando el tránsito al socialismo fue excluido de la política para ser recluido en la utopía, colocaron al Norte y al Sur en los extre­ mos de las más hondas contradicciones del globo.

El fortalecimiento de la Comunidad Europea y el desmoronamiento de los regímenes pro soviéticos en la Europa del este, así como los movimientos nacionalistas en los países soviéticos, anunciaron el desplazamiento de los núcleos de poder mundial.

La "occidentalización" de la Unión

4. Boija, Rodrigo, Ibid., p. 8 5. Ibid., p. 36

Soviética y su sorprendente marcha hacia una economía de mercado, fue­ ron animando la organización armónica de los países industrializados —donde se incluye, por supuesto, al nuevo país de Gorbachov—, con la exclusión de un Tercer Mundo empobrecido, agobia­ do por conflictos políticos, con expre­ siones integracionistas comparativa­ mente muy limitadas.

En este mundo que rompe el cascarón se oye una sola voz: la del capitalismo de los países altamente industrializados, la prueba viviente del futuro de la humanidad, cuya organización política es el paradigma de la democracia uni­ versal.

En América Latina se consolidaron poderes comunes, expresión de sectores especulativos financieros —con excep­ ción de Cuba y Nicaragua— que deja­ ban de expresarse a través de las Fuerzas Armadas y de la derecha políti­ ca, y lucían un nuevo ropaje, más "racional", socialdemócrata, demócrata cristiano, inclusive populista.

Los "actores políticos de vocación democrática", entre tanto, se encontra­ ron realizando movimientos erráticos ante gobiernos civiles, surgidos de mandatos electorales, que se asumen como la solución al autoritarismo, aun­ que "los usos de la formalidad demo­ crática" no sean condición suficiente para el fortalecimiento y profundiza- ción de la democracia.

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inseguridad y el miedo que generan los viejos flagelos —más dramáticamente visibles que nunca: las condiciones pre­ carias de ingreso y empleo de las gran­ des mayorías— y las dinámicas que son capaces de desencadenar algunas de las nuevas presencias del escenario políti­ co, sin que aparentemente nada ni nadie pueda controlarlas, guerrilla y narcotrá­ fico, claramente".6

Un "tiempo de guerra" en que la supervivencia de la gobemabilidad civil está sitiada no solo por las FFAA, sino además por la corrupción del narco poder, por el desprestigio o la bancarro­ ta del aparato del Estado "y la posibili­ dad —avisorable— de que el ejercicio del poder político no signifique real­ mente ostentarlo desde y a través del Estado (...) es la amenaza de que el lugar de las decisiones sobre la econo­ mía, sociedad y política, ya no sea ni la sociedad ni el Estado, sino una serie de estructuras (informales) y grupos para­ lelos, que ni el Estado ni la sociedad civil tendrán la posibilidad de controlar, como nuevas formas de dependencia que se agregan a las ya acumuladas his­ tóricamente". 7

Durante los 80, además del Ecuador, en otros países de América Latina alcanzaron el poder partidos de la Internacional Socialista, o que proponí­ an programas socialdemócratas: Acción Democrática, en Venezuela, con Carlos Andrés Pérez; el APRA, en el Perú, con

6. Menéndez-Caraón, Amparo, Democracias pendien­

tes y representaciíon política en América Latina: dile­ mas y posibilidades (algunas ideas en voz alta), docu­

mento del Seminario "Estrategias para el desarrollo de la democracia", xeroxcopia, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1989, p. 12.

7. Ibid., p. 13.

Alan García; la Unión Cívica Radical, en la Argentina, con Raúl Alfonsín.

Todos ellos terminaron imponiendo políticas de ajuste, liberación de pre­ cios, contención de salarios, represión social, etc., echando al cesto el cielo prometido de la política económica antimonopolista que superara el neoli- beralismo, de una fuerte intervención del aparato estatal, de control de las relaciones económicas de sus respecti­ vos países en el ámbito internacional, de incremento de salarios, etc., con lo se ahondaron las contradicciones socia­ les y los enfrentamientos políticos.8

Este fenómeno tuvo su origen en la crisis internacional de los años 81-82, que golpeó fuertemente a las economías cuyas políticas neoliberales habían bajado la guardia ante el movimiento financiero internacional.

Tomás Amadeo Vasconi cree que esto afectó profundamente a los regímenes autoritarios en la medida en que —tal vez con la excepción de la dictadura militar chilena— no hallaron respuestas adecuadas a la nueva situación, lo que se sumó al progresivo agotamiento que como orden político venían sufriendo frente al renacer de las luchas democrá­ ticas, que fueron incrementándose cada vez más desde fines de los 70 y princi­ pios de los 80.

Un accidente histórico, este de las socialdemocracias neoliberales en el poder, si acaso las condiciones estructu­ rales de América Latina hacen imposi­ ble la implantación y desarrollo de

8. El fracaso de la socialdemocracia latinoamericana puede ser profundizado en Vasconi, Tomás Amadeo,

Socialdemocracia irrealizable, en "Nueva Sociedad",

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auténticos proyectos socialdemócratas, al menos de aquellos definidos por la práctica y el pensamiento europeos de esta opción política.

Entre los impedimentos se anotan el agotamiento de anteriores patrones de reproducción del capital, la crisis de transformación del capitalismo interna­ cional y la redefinición de la división internacional del trabajo, la existencia de una deuda externa impagable que dificulta la acumulación nacional de capital y que restringe la autonomía de los gobiernos.

En lo social, las sociedades latinoa­ mericanas están distantes de las socie­ dades capitalistas modernas y en algu­ nos casos mantienen conflictos ances­ trales con etnias y pueblos indios.

En lo institucional, "no existe aún un aparato estatal realmente moderno en condiciones de cumplir con las funcio­ nes que la aplicación de un programa socialdemócrata exigiría de él".9

Además, en los países que se vieron sometidos a dictaduras militares las Fuerzas Armadas conservan intactas la ideología y aún los organismos antide­ mocráticos en su interior, con un com­ portamiento corporativo que dificulta cualquier proceso de ampliación de la democracia. Por fin, la carencia de una tradición democrática, como compo­ nente de su cultura política, completa el panorama de dificultades para esta "irrealizable utopía".

Realidad y fantasía

El año en que Boija leyó su mensaje

"de trabajo y optimismo", el Ecuador padecía la degradación de la calidad de vida del pueblo, además de su pauperi­ zación. Un estado de "perdida de espe­ ranza", que evidencia una "renuncia a la búsqueda colectiva del cambio, por la individual"10 *, en medio de una franca descomposición de las relaciones políti­ cas.

Una pérdida de coherencia de la "ideología ambiente" y la transforma­ ción de los tradicionales referentes de verdad, que consolidaron el carácter inapelable de la ideología liberal domi­ nante, que reivindicaron los límites "naturales" de la dominación. Un todo que se sintetiza en la reducción del poder de convocatoria de los proyectos políticos con sentido histórico.

Alfredo Castillo piensa que Rodrigo Borja simboliza la realidad y la fantasía del panorama descrito en las líneas anteriores.

Su Presidencia debió continuar con la integración de la economía ecuatoriana a un sistema mundial único, ante el que declinaba el socialismo. Para ello sus políticas económ icas, form alm ente menos traumatizantes que las de su antecesor, siguieron en la línea de des­ trucción del viejo aparato productivo y la creación de condiciones para susti­ tuirlo con el concurso de nuevas inver­ siones externas. En el fondo, asegura el dirigente de Liberación Nacional, "ha cumplido con la tarea de consolidar la alianza del poder del capital financiero especulativo, tanto nacional como inter­ nacional".11

10. Entrevista con el autor, septiembre de 1990. - j Q ll.Ib id .

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Desperdicio y fecundidad

Los errores de su gobierno conduje­ ron a que la socialdemocracia ecuato­ riana desperdiciara una oportunidad histórica única. No fue capaz de dar una forma orgánica a toda aquella moviliza­ ción nacional que se expresó en las urnas, y tampoco fortaleció a su parti­ do, la Izquierda Democrática (ID).

Aunque Borja fue parco en los ofreci­ mientos electorales, las condiciones de la campaña presidencial crearon expec­ tativas que algunos califican de "exage­ radas", por lo que pronto se transforma­ ron en decepción.

Compartiendo una característica de todos los partidos políticos, llegó al poder a improvisar un Gabinete presi­ dencial. Y, si bien la mayoría legislativa presentó dentro del esquema doctrinario de la ID, el partido como tal no entregó ningún proyecto a consideración del Parlamento.

El presidente sustituyó a los organis­ mos del partido por un reducido grupo de hombres de confianza, dirigido por el "super ministro" Vallejo, llegando al extremo de prescindir de su bloque legislativo para la toma de decisiones fundamentales.

Esto ocasionó el acentuamiento de contradicciones al interior de ID lle­ gando, inclusive, al veto de los proyec­ tos legislativos propuestos por su pro­ pio partido.

Hay socialdemócratas que creen que lo que se produjo fue un dominio de la "derecha" del partido en el gobierno. Una tendencia neoliberal que acentuó el temor presidencial de enfrentarse a los grupos de poder y a los super organis­

mos del Estado. De ese modo no se produjeron reformas estructurales en las FFAA ni en la Policía Nacional, entre tanto poder de los grupos monopólicos y financieros, por ejemplo, nunca fue tocado.

Con la ausencia de oposición legisla­ tiva, no obstante la ausencia de diálogo y el no aprovechamiento de un bloque "leal" y de una mayoría congresil suma­ mente cómoda, que permitió pensar, inclusive, en reformas constitucionales profundas, "este ha sido el periodo más fecundo en materia legislativa" , según Antonio Rodríguez.12

Durante cinco años, entre 1979 y 1984, el Congreso promulgó 183 leyes; entre el 84 y el 86, 51; entre el 86 y el 88, 53. En el lapso que va desde el 88 al 90, fueron aprobadas 107 leyes.

El ex legislador destaca la Ley de Petroecuador, la Ley de Control del Gasto Público, la Ley de Régimen Tributario Interno, la Reforma Tri­ butaría, la llamada Ley Antidrogas, la Ley de Contratación Pública, la Ley de Defensa del Consumidor, la Ley de Desarrollo Provincial, la Ley del Fondo Nutricional Infantil, la Ley R efor­ matoria al Código Civil, entre otras.

A pesar de ello, el balance no entu­ siasma a nadie.

La política laboral fue inexistente, acompañada de la mencionada política económica neoliberal y el impulso de leyes como la del Trabajo Compartido, rechazado por el sindicalismo ecuato­ riano, repudiada por la ID mientras fue un proyecto de León Febres Cordero. En esta materia, el mayor cambio se

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La conducta del gobierno frente al levantamiento indígena fue de un progresivo encapsulamiento,

produjo cuando el Congreso transfirió al Ejecutivo la facultad de diseñar la política salarial.

Según Antonio Rodríguez, y si divi­ dimos al mundo por ministerios, los saldos son negativos en salud, en alfa­ betización, en cultura, en fomento al deporte. Un "fracaso" en agricultura, en bienestar social, en industria y en co­ mercio. Las políticas tributaria y aran­ celaria son, junto a la política exterior y a la creación de Petroecuador y al con­ trol nacional del consorcio Texaco-Pe- troecuador, lo más positivo, según él.

A ello habría que añadir una posición poco firm e del gobierno ante el Citibank, que en mayo de 1989 "retu­ vo" 80 millones de dólares del Ecuador. Su incapacidad de luchar contra la inflación: ya en octubre de 1989, a los trece meses de gobierno, se redujeron a trece los productos vitales sujetos a fija­ ción de precios, mientras se producían veinticinco elevaciones. Frente a ello, las llamadas ferias libres pudieron hacer muy poco para sostener el alza de precios de los artículos de primera necesidad.

Y las denuncias contra altos funcio­ narios del gobierno de la "reconstruc­ ción nacional", que finalmente conduje­ ron a sobreseimientos e, inclusive, absoluciones por parte de la Función Jurisdiccional: el caso más patético fue aquel de los 150 mil dólares dispuestos por el presidente Febres Cordero, en contante y sonante, de fondos del Banco Central, para "actividades anti­

terroristas".

Nace un nuevo sujeto político

Entre el 1988 y 1990, el Ecuador pudo respirar un ambiente político más oxigenado y notoriamente menos con­ flictivo que el impuesto por el gobierno anterior.

El apego a la Constitución y las leyes demostrado por el gobierno borjista sig­ nificó un sensible cambio a lo vivido los cuatro años anteriores, bajo el febrescorderato. También contribuyó para ello la autorización para que QRTEL saliera al aire con su señal tele­ visiva (agosto 88), la declinación en la compra de 50 tanques de guerra argen­ tinos (septiembre 88), las restauración de relaciones diplomáticas con Nica­ ragua (septiembre 88), el otorgamiento de la Ley de Gracia a los ex comandos de Taura (octubre 88) y el acuerdo del gobierno con A lfaro Vive Carajo —AV C— (febrero 89).

Es indudable que esta condición general permitida por el nuevo gobier­ no posibilitó un refrescamiento de las organizaciones populares, especialmen­ te indígenas, y una sensible disminu­ ción de violaciones a los derechos humanos.

Pero, a la vez, el borjismo privilegió el instrumento ideológico sobre el represivo, para el control estatal de los sectores populares, en circunstancias que la caída del socialismo sumía en una irremediable crisis al pensamiento y a las políticas que han animado histó­ ricamente los gremios de trabajadores y que constituyeron su retaguardia ideo-

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Las tres huelgas nacionales organiza­ das por las centrales sindicales, durante los dos primeros años del gobierno socialdemócrata,13 terminaron por des­ figurar la presencia de los trabajadores en la escena política. Pusieron en evi­ dencia su debilidad frente a la "solven­ cia" ideológica y a la fuerza político- institucional del gobierno, aunque las principales reivindicaciones planteadas estuvieron dirigidas a la recuperación del salario de los trabajadores, a contra­ rrestar el deterioro de su nivel de vida, a combatir las políticas económicas fondomonetaristas y a fortalecer la organización sindical.

Pero si por un lado el gobierno logró el fracaso de las huelgas nacionales, por otro no pudo someter a su control ideo­ lógico a las asociaciones étnicas.

Su ideología liberal, como la del con­ junto del Estado ecuatoriano, se mostró insuficiente para controlar la constitu­ ción de un sujeto político nuevo, con el inicio del levantamiento de los pueblos indios en junio de 1990. Un nuevo pro­ tagonista que enfrenta profundamente los límites de la organización social y la estructura estatal, que reivindica a las etnias que integran el pueblo ecuatoria­ no y que, paradójicamente, emerge al compás de la declinación del pensa­ miento y las organizaciones políticas de índole marxista, que se han considerado representantes "naturales" de todos los sectores populares, sin excepción.

"Me sorprendió mucho el levanta­ miento del 4 de junio —dijo Borja en

13. Las huelgas nacionales se dieron en las siguientes fechas: 24 de noviembre de 1988,14 de julio de 1989, 11 de julio de 1990. En esos días, como es ya tradicio­ nal, la represión de la Policía fue la misma de siempre.

su informe del 10 de agosto de 1990— , si bien quedó claro que no fue contra un gobierno sino contra un sistema de explotación que ha durado siglos. Estoy convencido de que allí hubo maniobras de agitación que pretendieron aprove­ charse de la legítima y milenaria insa­ tisfacción de los indígenas. No permiti­ remos que estas maniobras disociadoras continúen. Estamos abiertos al diálogo con todos los grupos indígenas". Y aña­ dió: "Les hemos dicho, sin embargo, que algunas de sus propuestas no son aceptables, ya porque están fuera de la realidad, ya porque contrarían el orde­ namiento jurídico del Estado... ”14

La conducta del gobierno frente al levantamiento fue de un progresivo encapsulamiento en las razones del orden, en medio de una radical actitud negativa de los sectores terratenientes y aun de las FFAA.

Aparentemente resultó intolerable el protagonismo de los indios en las nego­ ciaciones con los comisionados del gobierno, de modo que éste respondió endureciendo su posición los primeros días de agosto de 1990.

Aquello ocurrió después de que en el país circulara un documento reservado, atribuido al Departamento de Inteligen­ cia del Comando Conjunto de las FFAA, el mismo día en que la cúpula de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) man­ tuvo su primera reunión con el nuevo ministro de Gobierno, César Verduga y otros funcionarios.

El documento militar asevera que el

14. Borja, Rodrigo, Mensaje de trabajo y optimismo, SENAC, Quito, 1990, p. 27.

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movimiento indígena está infiltrado y financiado por el comunismo interna­ cional; que sus principales dirigentes han recibido preparación militar en Cuba y otros países; que el levanta­ miento de junio persiguió objetivos que los indios no dejan de reivindicar: la creación de un Estado paralelo y el rompimiento de las fronteras naciona­ les, entre otros. Que el levantamiento fue tramado por el lejano terrorismo de ETA ("Euzkadi ta Askatasuna", "Patria vasca y Libertad") y que, el año pasado, un misterioso etarra visitó el Ecuador para concertar, con un millón y medio de indios, el boicot a la fiesta española de los 500 años de descubrimiento y conquista de América.

El documento demuestra la pervi- vencia de un conmovedor desconoci­ miento de la realidad ecuatoriana por parte de los grandes propietarios de la tierra y de quienes elaboraron el supuesto informe.

Sin embargo, fue un papel que el gobierno usó soterradamente para des­ prestigiar la movilización indígena ante la opinión nacional y para buscar la división interna de las organizaciones y dejos pueblos indios. Y también para definir una postura "dura", en la que combinó el diálogo con argumentos estrechamente emparentados con la Doctrina de la Seguridad Nacional. Y que deja intacto un conflicto que dura ya 500 años.

Tortura e impunidad

Por lo demás, "aunque muchos aspec­ tos de los derechos humanos parecen haber mejorado considerablemente

desde que el presidente Rodrigo Borja asumió el poder en agosto de 1988",15 según denuncias formuladas por orga­ nismos nacionales e internacionales, ta­ les derechos siguieron siendo violados, persistiendo la práctica de la tortura durante los interrogatorios policiales. Llegó a tal punto la situación que, se­ gún Amnistía Internacional, inclusive las autoridades penitenciarias "han hecho pública su protesta por el estado físico en que llegan algunos detenidos después de haber sido sometidos a inte­ rrogatorios por la Policía".16

Una crítica severa ha sido añadida por la Comisión Ecuménica de De­ rechos Humanos (CEDHU). Según tal organismo, la falta más grave cometida por el gobierno de Borja es la impu­ nidad que favorece a sujetos a los que se comprobaron tales violaciones, y a aquellos responsables de la desapari­ ción de los hermanos Restrepo (desde enero de 1988), de la desaparición, tor­ tura y muerte de la profesora Consuelo Benavides (diciembre de 1985), de la detención, tortura y muerte de Juan Carlos Acosta (agosto de 1985), entre otros casos.

Por el caso Benavides el ex jefe de la Marina debió comparecer ante una comisión parlamentaria que, finalmen­ te, determinó claras responsabilidades.

La CEDHU asegura que ningún caso de tortura presentado a las autoridades por ese organismo, o por parientes de las víctimas, han dado lugar a una con­ dena. •

15. Amnistía Internacional, Ecuador: la tortura conti­

núa, Informe de 1989, Londres, 1990, p.3.

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LA CRISIS DE GUAYAQUIL Y

LOS NUEVOS POPULISMOS

Rafael Guerrero

La crisis económica y financiera

genera una contradicción entre el ciudadano y el Estado. El discurso

populista interpela precisamente a este ciudadano que es víctima de

las prácticas arbitrarias del Estado. Los discursos populistas

están cargados de llamados al pueblo guayaquüeño para rescatar la

ciudad de las garras de la burocracia

(19)

Los resultados de las últimas eleccio­ nes de diputados, consejeros y conceja­ les reactualizan, una vez más, la cues­ tión de los movimientos sociales y las ideologías populistas en Guayaquil y en la Costa ecuatoriana.

Como se conoce, el Partido Social Cristiano (PSC) obtuvo el 43 por ciento de los votos del electorado de la ciudad de Guayaquil y de la provincia del Guayas, seguido del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) y del Partido So­ cialista Ecuatoria­

no (PSE), que ob­ tuvieron, respecti­ vamente, el 25 y el

10 por ciento de la votación.

Con estos resul­ tados se puede a- firmar que Guaya­ quil y la provincia del Guayas son espacios domina­ dos por el populis­ mo. Pero, para a- ceptar esta propo­ sición, primero hay que admitir que, al

menos en Guayaquil y en la provincia del Guayas, el PSC y el PSE son parti­ dos populistas.

En lo que se refiere al PSC, se ha ha­ blado de su carácter populista desde la campaña electoral de 1984, cuando se consolida en el partido la dirección de León Febres Cordero y su equipo políti­ co.

El PSE acaba de sufrir en Guayaquil una transformación profunda. No se trata solamente del crecimiento del electorado controlado por el partido,

León Febres Cordero, PSC

17

el cual se eleva de 13 mil votos en 1988, a 88 mil 639 en 1990. A esto hay que agregar el hecho de que ya se habla de la nueva connotación populista que rodearía al partido en Guayaquil.

Esto no solamente altera la composi­ ción ideológica y política tradicional de la ciudad (dominada por populismos de derecha), sino que obliga a considerar de nuevo el concepto de populismo.

Nuestro punto de partida será la crisis de Guayaquil.

Guayaquil y el Estado

Una de las caracterís­ ticas del discurso popu­ lista en Guayaquil, sea éste el discurso del PSC, del PRE o del PSE, es su constante referencia a la crisis que soporta la ciudad. Como verem os más adelante, esto es impor­ tante porque ayuda a determinar las interpe­ laciones constitutivas del discurso populista en Guayaquil.

El pum o soporta, en efecto, una cri­ sis urbana profunda, la cual se mani­ fiesta sobre todo en el deterioro de los servicios de la ciudad. Se puede decir que la cobertura de la mayoría de los servicios es iiouuciente y la calidad de

.os mismos baja.

(20)

fSP

desperdicia debido al mal estado de las redes de distribución.

Una cosa similar hay que decir del servicio de aseo de calles. De acuerdo con las investigaciones existentes, la ciudad necesita alrededor de 200 reco­ lectores de basura, pero apenas cuenta con 40.

Aunque esta información es muy des­ criptiva, es importante mencionarla porque la baja calidad y la escasa cobertura de la oferta

de servicios urbanos, permiten afirmar que la crisis de Guayaquil obedece al hecho de que el Estado y el Municipio ya no pue­ den asumir roles que venían desempeñan­ do hasta ahora. Esto es clave para com ­ prender tanto la crisis actual, como lo espe­ cífico de los nuevos populismos.

La crisis de Guaya­ quil nos remite nece­ sariamente al tipo de

Estado que estuvo vigente hasta ahora en el Ecuador: el Estado intervencionis­ ta.

En el Ecuador, el Estado intervencio­ nista se desarrolló por oposición al mer­ cado, para corregir las desigualdades sociales producidas por éste. El merca­ do no reconoce estas desigualdades. En el mercado todos los sujetos son igua­ les, como propietarios de mercancías. Es el ámbito privilegiado de desarrollo de la racionalidad formal.

Por aquella oposición, el Estado

Jaime Nebot, PSC

intervencionista asume como finalidad el bienestar social del pueblo. El pueblo es —como ocurre también en el Estado liberal tradicional— el sujeto del Estado. Pero, en el discurso ideológico que funda el intervencionismo, el pue­ blo ya no es una categoría puramente política, que haría referencia exclusiva­ mente a un sistema de derechos y debe­ res políticos.

En dicho discurso, el sujeto del Estado está dividido, constituido por gru­ pos privilegiados y mayorías oprimidas. El discurso ideológi­ co en mención trans­ formó las categorías políticas del discur­ so liberal tradicional en un nuevo sistema de diferencias socia­ les: los privilegios que combate el Es­ tado intervencionista ya no son los privi­ legios políticos de la oligarquía política, sino los privilegios económico-sociales.

Podemos entender este discurso ideo­ lógico como un código que constituye un sistema de compromisos entre la sociedad y el Estado, especialmente entre éste y las clases populares. La generación de servicios estatales forma­ ba parte, precisamente, de ese sistema de compromisos. La legitimidad del Estado intervencionista dependía, pues, de la posibilidad de cumplir con estas obligaciones.

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desa-rrollo de los servicios públicos en Gua­ yaquil, significó que el Estado y el Municipio establecieran una relación inmediata con el ciudadano. La vida privada quedó m ediatizada por la empresa pública.

Ahora bien, lo que caracteriza la situación actual de Guayaquil es la im­ posibilidad de las empresas públicas para proseguir con la generación de los servicios urbanos. El Estado y el Municipio de Guayaquil sufren una aguda crisis financie­

ra que impide cubrir eficientem ente las necesidades de la ciu­ dad.

Guayaquil ha pasa­ do de 700 mil habi­ tantes, en 1970, a cerca de 2 millones al empezar la década de 1990. Esto contrasta con la tendencia de las finanzas munici­ pales a reducir sus ingresos. El gasto municipal por habi­ tante descendió de

mil 376 sucres en 1972, a 775 en 1982. El patrimonio municipal presenta la misma tendencia: entre 1974 y 1982 se redujo de 2 mil 856 sucres por habitan­ te, a 636. El patrimonio municipal por hectárea urbana descendió de 505 mil sucres a 83 mil sucres para el mismo período.1

La mala calidad de los servicios y la baja cobertura de los mismos, nos está hablando de una crisis del Municipio 1

1 Véase, Villavicencio, Gaitán, El desfase del proceso

urbano en el caso guayaquileño, Guayaquil, 1989.

como institución social, pues la direc­ ción del Cabildo no está asumiendo sus roles. Esto equivale a decir que, en los hechos, se está alterando toda la estruc­ tura de roles y que se están cambiando las reglas que hasta ahora rigieron la relación del Municipio y el Estado con la sociedad local.

Abandonar roles no es solamente afectar los derechos de los miembros de la institución; más profundamente, es violentar las reglas que rigen la vida social, provocando una crisis de identi­ dad.

En el caso concre­ to que nos ocupa, la crisis de la empresa pública frustra las expectativas del ciu­ dadano, que ya no puede reconocerse a sí mismo en el Mu­ nicipio y en las insti­ tuciones del Estado.

Los nuevos populismos

Lo que caracteriza a la nueva situa­ ción histórica por la que atraviesa Guayaquil y, en general, algunas pro­ vincias de la Costa, no es solamente —como podría creerse equivocadamen­ te— el dominio de los movimientos e ideologías populistas. Afirmar esto sería presuponer una continuidad sin cambios entre los populismos actuales y los de la década del 70. Esta continui­ dad no existe.

Al contrario. Lo que caracteriza al discurso populista actual, es el hecho

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de vertebrar un nuevo sistema de oposi­ ciones sociales, cuyo eje es la oposición pueblo/Estado. Este es un hecho ideoló­ gico y político nuevo, que no existía hace diez o quince años atrás. Entonces, el discurso populista estaba estructura­ do en tomo a la oposición pueblo/oli- garquía.

Es posible que esta proposición encuentre aceptación. Pero seguramente será más difícil admitir que esta oposi­ ción especifique la

ideología populista; y sin embargo, esto es lo que hace de los populismos ideologí­ as con competencia para generar identida­ des colectivas profun­ das y poderosas.

Como hemos visto, la crisis económica y financiera genera una contradicción entre el ciudadano y el E s­ tado. El d iscu rso populista interpela precisamente a este ciudadano que es

víctima de las prácticas arbitrarias del Estado. Los discursos populistas están cargados de llamados al pueblo guaya- quileño para rescatar la ciudad de las garras de la burocracia.

Esta interpelación al ciudadano, al guayaquilefio, no es una simple cons­ trucción artificial, sino que se funda en la identidad efectiva de la población como habitante de Guayaquil, como ciudadanos que realizan cotidianamente la experiencia de lo que es la empresa

pública. 2 0

Raúl Patlño, PSE

Si se quiere comprender la realidad de la oposición pueblo/Estado y la efi­ cacia de la interpelación populista, es fundamental incorporar el análisis del concepto de institución como un orden convencional, que define privilegios y obligaciones sociales. El discurso popu­ lista interpela al habitante de Guayaquil como ciudadano, que exige del Estado el cumplimiento de sus deberes y com­ promisos.

En efecto, el prin­ cipio organizador de los discursos ideoló­ gicos del PSC, del PRE y del PSE, es el mismo: la interpela­ ción al consumidor, al usuario, y al gua- yaquileño, sujetos estos que se encuen­ tran enfrentados, por diversos motivos, al Estado.

Es importante ad­ vertir que las interpe­ laciones populistas, subsumen otros lla­ mados, como es el caso, por ejemplo, de las convocatorias de clase. Los mencionados discursos no interpelan a los habitantes de Guayaquil como sujetos que ocupan una posición en la estructura social de producción de la ciudad. No se apela al guayaquileño como obrero o empresario capitalistas. Igualmente, las demandas de la pobla­ ción respecto de los servicios públicos, no son demandas de clase.

Esto significa que las interpelaciones propias de los discursos populistas lle­

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soda-les pluriclasistas, es decir, constituyen movimientos populares, cuyo sujeto es el pueblo.

Lo que venimos sosteniendo implica que, para comprender lo que es el popu­ lismo, es necesario hacerlo con las identidades no clasistas. Así como la identidad del obrero y el empresario se constituyen en y a partir de la empresa capitalista, las demás identidades no clasistas del sujeto se constituyen a par­ tir de otras instituciones sociales, como la familia, la iglesia, el municipio, etc.

Esto revela que el individuo posee una pluralidad de identidades porque pertenece, al mismo tiempo, a diversos órdenes institucionales, con privilegios y obligaciones específicos en cada uno. Este conjunto de identidades e institu­ ciones, aunque están vinculados entre sí, no pueden ser reducidos los unos a los otros.

Para volver al análisis de las interpe­ laciones del discurso populista en Guayaquil, el usuario y el consumidor se constituyen a partir de la estructura específica del mercado, la cual no puede ser reducida a la estructura social de la producción. Lo mismo hay que decir de las estructuras municipa­ les y estatales, lugar de constitución de la ciudadanía política.

Como hemos dicho, actualmente las ideologías de los tres partidos mencio­ nados están vertebradas en tomo a la oposición pueblo/Estado. En el caso del PSC, la interpelación al ciudadano y a la iniciativa individual es lo que organi­ za el discurso neoliberal. En Guayaquil, el neoliberalismo es un populismo.

En el discurso del PSE en Guayaquil, Raúl Patiño es el defensor del usuario ^

y el consumidor, lo cual le ha permitido al partido abrirse hacia universos socia­ les muy amplios, que rebasan los lími­ tes de las estructuras de clase. Un ejem­ plo de esto es el Frente de Usuarios, que es una organización popular pero no una organización de clase.

En el mismo sentido debe ser inter­ pretada la decisión del PRE, de privati- zar algunos de los departamentos del Municipio de Guayaquil, como es el caso de Aseo de Calles, Alcantarillado y otros. Además, como veremos ense­ guida, la crítica de los servicios públi­ cos no es más que una de las formas de interpelar al pueblo por oposición al Estado. El PRE ha desarrollado algunas otras.

Como señaló Laclau,2 el discurso ide­ ológico posee un principio organizador, a partir del cual es posible el análisis del mismo. La ideología posee unidad, pero ésta no proviene de la coherencia lógica del discurso, sino de la capaci­ dad que tienen ciertas interpelaciones para evocar otras, es decir, de su fun­ ción simbólica.

El siguiente texto muestra la forma en que se articulan entre sí interpelacio­ nes locales y regionales; interpelaciones económicas con interpelaciones políti­ cas, etc.

"(...) históricamente Guayaquil es caudillista, cuna de corazones indepen­ dientes, de un individualismo marcado, de imaginación fecunda y de profesión trabajadora. Sus habitantes han vivido alejados si no de las altas esferas del gobierno, ciertamente sí de la burocra­ cia dorada. Guayaquil es liberal y por

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tanto mentalmente capitalista. Su aho­ rro está relacionado con el trabajo inde­ pendiente; no forja militares, curas ni tampoco burócratas. Quito, en cambio, amigo de la entente, de la minga, tiene tinte socialista ( . . . ) " . 3

Este texto merece todo un análisis. En este artículo sólo podemos destacar la estructura de interpelaciones que lo caracteriza. La importancia del texto radica en la capacidad que tiene para evocar todo un sistema de oposic ones, las cuales, en realidad, constituyen interpelaciones opositivas. El texto puede ser representado de la siguiente manera: Guayaquil vs Quito = indivi­ dualista vs colectivista = trabajador vs burócrata = productivo vs improductivo = liberal vs intervencionista = capitalis­ ta vs socialista.

Se puede decir que el texto contiene la estructura de la ideología neoliberal en Guayaquil.

Se trata de un código connotativo, donde cada oposición evoca otra, de modo que, partiendo de la oposición Guayaquil/Quito, se busca una oposi­ ción ética, luego una oposición econó­ mica; después una oposición política, y finalmente, otra oposición económica.

Se trata de una cadena de asociacio­ nes, cuyo fundamento no es necesaria­ mente la consistencia lógica, sino el poder de condensación de ciertas unida­ des. Por ejemplo, no todos los indivi­ dualistas son capitalistas. Esto debería ser obvio. Sin embargo, de esa determi­ nación ética se infiere la mentalidad capitalista de todos los guayaquileños.

De la lectura del texto se puede con- 3

3 Raad, H., Del coloquio con O. Hurtado, diario "El Telégrafo".

cluir que el neoliberalismo no interpela solamente a los capitalistas y a los libe­ rales, sino a grupos sociales mucho más amplios: los guayaquileños, e incluso, los costeños, pues, en el texto, "Gua­ yaquil” tiene connotaciones regionalis- tas.

El regionalismo también es caracte­ rístico de la prédica del PRE. El PSE no ha desarrollado interpelaciones regiona­ les, aunque la lucha por Guayaquil asoma ya en el discurso socialista como la punta de un iceberg. Por supuesto, la estructura de la ideología socialista es diferente a la ideología socialcristiana. Decimos esto para no dar lugar a malos entendidos.

Pero el problema de fondo no es si es legítimo que un partido político desa­ rrolle interpelaciones regionales, reli­ giosas o de otro tipo.

Plantear así el problema es suponer equivocadamente que las unidades de un discurso pueden tener un significado determinado, tomadas independiente­ mente las unas de las otras.

Esto no es así. Por ejemplo, el nacio­ nalismo no es nada si se lo considera en sí mismo, fuera de la estructura del discurso. Lo mismo ocurre con las interpelaciones regionales u otras.

El nacionalismo, el regionalismo, el antiestatismo que desarrolla actualmen­ te la población, no son ideologías de clase. Son ideologías populares, consti­ tuidas a partir de prácticas sociales que no pueden ser reducidas a relaciones sociales de clase.

(25)

Dos años de gobierno de Borja

LOS LIMITES

DEL CONTINUISMO

Alberto Acosta

ECONOMIA

Los monopolios y los oligopolios emprenden moderados

procesos de expansión ante una demanda afectada por las políticas

restrictivas, con lo cual se producen índices reducidos

de inversión y bajos niveles de productividad.

Así, la cuestión de la apropiación de los beneficios

se resuelve con una mayor concentración de la riqueza, dentro

de un esquema de mayor liberalidad y apertura, complementado

y orientado con la activa intervención del Estado.

1. Un difícil punto de partida

El gobierno socialcristiano concluyó con enormes desórdenes económicos y grandes movimientos especulativos, con una administración entrampada entre la necesidad de revisar su manejo económico y el deseo de mantener un modelo con el que se había ofrecido la solución de los problemas del país.

A más de los crecientes problemas sociales y políticos que caracterizaron a ese régimen, la crisis, que se había ini­ ciado en 1982, colapso la economía, y el desorden se convirtió en el marco rector de las relaciones.

Entonces, cuando el clamor de los mismos sectores em presariales, muchos de ellos auspiciantes y benefi­

ciarios del régimen socialcristiano, se había convertido en una presión insoste­ nible y mientras la población evidencia­ ba su disconformidad ante el deterioro del nivel de vida, el gobierno de León Febres Cordero, poco antes de concluir, comenzó a desmontar parte del paquete económico liberalizador en ciertas áreas demostrando, en la práctica, las limita­ ciones de esta política económica.

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administrativa se había convertido en regla. El atropello y el irrespeto desde el Estado eran insistentes.

Para visualizar esta situación, se pue­ den destacar los siguientes indicadores: la desocupación abierta era de casi 14% (1982, 6%; 1984, 9,8%). Mientras que la subocupación superaba el 50 % de la población económicamente activa. La inflación se desbordó ese año. Luego de que alcanzó una variación anual de 29,5% en 1987, comenzó a subir acele­ radamente: el primer trimestre de 1988 llegó a 36,2% y el segundo a 47,1% logrando, en agosto, una variación anual de 62.9%. Los salarios, a pesar de los sucesivos reajustes, habían caído en términos reales a los niveles más bajos de la década; la deuda externa, cuyo servicio a la banca privada había sido suspendido en enero de 1987, era supe­ rior a los 10,5 mil millones de dólares; la Reserva M onetaria Internacional (RMI) aparecía con un valor negativo de 320 millones de dólares.

En medio de este marcado descon­ cierto económico se inició, en agosto de 1988, la gestión de la socialdemocracia ecuatoriana, apoyada por un notable respaldo popular manifestado en las urnas, que le permitió cristalizar coinci­ dentes mayorías en los tres poderes del Estado —ejecutivo, legislativo y juris­ diccional— , así como en la mayor paite de los gobiernos seccionales, a más de contar con una marcada expectativa favorable luego del desgobierno ante­ rior.

Un criterio generalizado era que "el nuevo gobierno se encuadra en un pro­ yecto eminentemente reformista, con los límites y alcances que esto pueda

No se redlistribuyó el peso de la c ris is , com o se esperaba... La pobreza afecta a ios ecuatoria­ nos (página contigua)

implicar".1 Pero esta expectativa, que debió contribuir para el triunfo electoral de la Izquierda Democrática (ID) sobre el "populismo" —en una elección en que salió aventajado "el mal menor" para un grupo importante de electo­ res—, empezó prontamente a desvane­ cerse.

El partido socialdemócrata buscó desde la primera hora ampliar su base p olítica en una alianza con la Democracia Popular (DP), pero sin que estuviera en discusión el diseño y la aplicación de una política económica alternativa a la desarrollada desde 1982. Una política que, se creía, redistribuiría algo el peso de la crisis y ampliaría ciertos espacios democráticos. Espe­ ranza que se originaba en los ofreci­ mientos de la prolongada campaña electoral de la ID, partido con el cual aun se creía posible la novedad y la audacia en el manejo de los principales problemas nacionales.

Pero, desde un principio, el equipo financiero y monetario del gobierno, dominado por personas vinculadas a los círculos del capital financiero, y que tuvieron una destacada actuación en regímenes anteriores, volvió a transitar por los senderos impuestos por las mis­ mas políticas de ajuste de corte neolibe- 1

1. Ver Menéndez- Camón, Amparo, La democracia en

el Ecuador: desafíos, dilemas y perspectivas, documento

de trabajo N° 3, Flacso, Quito, 1988, pp. 17-27. Vale la pena reconocer que en el Plan Nacional de Desarrollo se incluyeron algunos planteamientos audaces y coinciden­

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ral. Un manejo que ratificó la concep­ ción aperturista y liberalizadora que, por su esencia concentradora y exclu­ yeme, mantiene ausentes a los sectores mayoritarios de la sociedad de los pro­ cesos de definición de las grandes deci­ siones nacionales.2

En el Ecuador, pasado el impacto ini­ cial de la crisis, comenzó a hacerse visi­ ble la orientación de las políticas eco­ nómicas seguidas que, con diversos matices, han aceptado la via transnacio- nalizadora de integración en el mercado mundial como la única posible, recha­ zando, de antemano, la potencial apli­ cación de otras estrategias que conside­ raran una forma programada y más soberana de reinserción en la economía internacional, y que utilizaran el poten­ cial existente para un desarrollo auto- centrado en diversas regiones del país.

2. La evolución de la política económica

Ante la gravedad de los problemas económicos, la respuesta del gobierno socialdemócrata se enrrumbó con una estrategia definida de corto plazo, hacia la solución de los principales desequili­ brios macroeconómicos. En el Plan de Emergencia Económica Nacional fue fácil identificar la orientación impuesta por su acercamiento a las conocidas condiciones de los organismos financie­ ros multilaterales.

Este programa coyuntural, con un

2. En el gobierno socialdemócrata, al igual de lo sucedi­ do en los dos gobiernos anteriores, el modelo neoliberal se ha aplicado dentro de limitaciones y expresiones pro­ pias del país, sin que se pudiera llegar a afirmar que este esquema haya sido instrumentado en una forma riguro­ sa en ningún caso.

esquema bastante ortodoxo de ajuste y estabilización, olvidó, en la práctica, los aspectos de política social. Unicamente se quería restablecer algunos criterios de racionalidad para alcanzar una mayor coherencia entre la praxis y la teoría aperturista y liberalizadora, mientras que las esperadas alternativas reformistas —según decían entonces voceros gubernamentales— quedaban a la espera de la reactivación económica.

2.1. Una respuesta de corto plazo ante la emergencia económica

El 30 de agosto de 1988, el gobierno expidió el m encionado Plan de Emergencia, con el ’’propósito inmedia­ to de iniciar el proceso de enfrenta­ miento y corrección de los más urgen­ tes desequilibrios económicos”.3 A par­ tir de entonces se estructuraron las medidas económicas, para recuperar "el ambiente y las condiciones de estabili­ dad que han existido históricamente en la economía nacional. Asimismo, (...) la credibilidad de la política económica ...”4 Se trató de una política de genera­ lizada aplicación en casi toda América Latina, en la cual se destaca el manejo monetarista, destinado especialmente a contener la inflación, puesto que se sobrevaloró el efecto de la demanda como causante de dicho problema.5

3. Ver carta del presidente de la Junta Monetaria al presi­ dente de la República: Registro Oficial, número 14, del 30 de agosto de 1988, pag. 2.

4. Ibid., p. 3. El 13 de mayo de 1982, el presidente de la Junta Monetaria envió una carta de similar contenido al presidente de la República.

5. El Banco Mundial considera la reducción de la infla­ ción como "un objetivo mínimo para el primer año de la

(29)

En un análisis de las primeras medi­ das económ icas adoptadas por el gobierno se puede ver la utilización de las mismas recetas anteriores, con el objetivo de conseguir los equilibrios señalados. Así, por ejemplo, se dispuso el incremento de los precios de los combustibles, la eliminación del subsi­ dio al trigo, el mantenimiento de la flo­ tación de las tasas de interes, la macro- devaluación y las minidevaluaciones —mecanismo que ya fuera utilizado durante el gobierno de Osvaldo Hurtado Larrea—, la política de austeri­ dad fiscal y, en particular, la política monetaria y crediticia restrictiva. En esta oportunidad se produjo un cambio formal en cuanto al manejo de la eco­ nomía, que había sido ya liberalizada en algunos rubros, mientras que el resto se movía de acuerdo a decisiones de las autoridades económicas, puesto que se volvió a la táctica gradualista, que no afecta en el fondo la estrategia apertu- rista y liberalizadora. Por lo tanto, hay que reconocer la existencia de un hilo conductor en las políticas iniciadas con la década del 80, a pesar del manejo económico desordenado y poco ortodo­ xo con que terminó el gobierno de Febres Cordero.

2.2. Negociaciones con los organismos multilaterales y renegociación de la deuda externa

Al iniciar su mandato el presidente Rodrigo Borja Cevallos, sobre la base de lo que habían sido las posiciones programáticas de su partido y sus pro­ pias declaraciones electorales, recono­

ció que "no se trata de que no queremos pagar la deuda, se trata de que no pode­ mos hacerlo en las condiciones en que nos la quieren cobrar nuestros acreedo­ res".6

Sin embargo, apenas se inició el gobierno empezaron las conversaciones con la banca internacional y, poco des­ pués, se resolvió refinanciar el pago de los intereses de la comisión de riesgo cambiario, ampliando de alguna manera los subsidios a los sectores privados que se endeudaron en el extranjero y que fueron beneficiarios de la "sucreti- zación", que se inició en 1982—83, cuando la DP estaba en el poder. Aunque se tiene que reconocer que el gobierno no ha cedido a otras preten­ ciones de los beneficiarios de la "sucre- tización", y ha seguido con el cobrán­ dola como estaba previsto. Por otro lado, ante las presiones inflacionarias reinantes, y frente el manejo poco regu­ lar que se había dado poco antes del cambio de gobierno, se suspendió el mecanismo de compra de cuentas espe­ ciales en divisas, que benefició masiva­ mente al sector financiero y a una vein­ tena de empresas nacionales y extranje­ ras.

En los primeros meses del gobierno, de hecho, se mantuvo la moratoria de la deuda con los bancos privados, produ­ cida por la incapacidad financiera del país. Y nunca se trató de impulsar algún planteamiento alternativo, puesto que aun antes de la transmisión del mando, en forma informal, ya se habían reini­ ciado las conversaciones con los acree­

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dores y los organismos financieros mul­ tilaterales, con miras a entregar una nueva "carta de intención" al FMI, para restablecer las relaciones con la banca acreedora.

Esta resolución se cristalizó a princi­ pios de 1989, cuando se informó sobre la intención de reiniciar el pago de los intereses de la deuda privada, de acuer­ do "con las posibilidades, con los mon­ tos que le permite el programa de esta­ bilización" y con "el afán de buscar soluciones consensúales con los acree­ dores", según declaró el presidente de la Junta Monetaria. El gobierno justifi­ caba su decisión por la búsqueda de financiamiento externo para los prime­ ros dos años de gestión, proveniente del Banco Mundial y del BID.

La resolución casi coincidió con la presentación del Plan Brady, en marzo de 1989, cuyos potenciales beneficios se han convertido en el objetivo del gobierno ecuatoriano, que facilitó la adopción de nuevas condicionalidades de política económica. La indicada "Carta de intención" fue presentada en agosto de 1989 al FMI, con la cual se fijó el curso de lo que sería el manejo económico hasta principios de 1991, el mismo que sería ratificado y profundi­ zado con una nueva carta al mismo Fondo y una "Carta de Desarrollo" al Banco Mundial, enviadas a principios de 1990, las cuales consolidan la ten­ dencia anterior, que se mantiene inva­ riable, en términos generales, a pesar de los problemas surgidos en la renegocia­ ción de la deuda y, particularmente, luego de la incautación de 80 millones de dólares por parte del Citibank, en mayo de 1989.

Medidas económicas con las mismas recetas anteriores. Jorge Gallardo, ministro de Finanzas (página contigua)

El gobierno nacional, seguramente interesado en mantener el ambiente propicio para las conversaciones con los acreedores y por consideraciones de geopolítica, se contentó con protestas verbales que no han conseguido solu­ ción alguna frente a este atropello, que afectó a la RMI y que interfirió en el programa de pagos simbólicos de la deuda.

Una expresión adicional del alcance de la política económica fue esta prime­ ra "Carta de Intención" de la socialde- mocracia ecuatoriana. En esta carta, con absoluta claridad, se señalaba la búsqueda del objetivo final: "dentro de la estrategia de mediano plazo, el gobierno impulsará más la integración de la economía ecuatoriana a la econo­ mía mundial". En esa oportunidad, a la carta no antecedieron ni siguieron paquetazos traumáticos como en otras ocasiones, puesto que el "stand by" se consiguió como reconocimiento a los esfuerzos de ajuste gradualmente reali­ zados, que satisfacían en gran medida a los organismos internacionales.

En estas condiciones, a poco de ter­ minar 1989, una misión del Banco M undial entregó al gobierno una "Estrategia de Mediano Plazo-docu­ mento de discusión", en la cual, luego de señalar que "el programa de estabili­ zación del Ecuador (está) entre los más existosos de los programas reciente­ mente im plem entados en A m érica

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