:.
1
PRESENTE
Y
FUTURO DE
LA
IZQUIERDA
• José Sánchez Parga • Adrán Bonilla
• Csrlos de la Torres Espinosa
• Wolfgang Schmldt • Michel Lowy • Regis Debray
Dos
años
deGobierno
deBorja:
CORTESANOS
EN PALACIO
Diego Cornejo Menacho
LOS LIMITES DEL
CONTINUISM O
Alberto Acosta
21
P.Z2-N
fa
ECUADOR O -i
DEBATE
2 1
Quito, Ecuador, octubre de 1990
O LITICA
ONOMIA
TEMA
ENTRAL
ANALISIS
Diego Cornejo Menacho. Dos años de gobierno de Borja: CORTESAN O S EN PALACIO /5 Rafael Guerrero.
LA CRISIS DE GUAYAQUIL Y LOS NUEVOS POPULISM OS /T 6
Alberto Acosta.
Dos años de gobierno de Borja: LOS U M IT E S DEL CONTINUISM O /23
José Sánchez Parga.
¿ES REFU ND AB LE LA IZQ UIER DA NACIO NAL? /48 Adrián Bonilla.
La izquierda ecuatoriana en los últimos 30 años: LA D IFICIL TAREA DE REDENCION /52 Carlos de la Torre Espinosa.
La crisis del marxismo:
¿ATRAPADOS SIN SALIDA? /64 Wolfgang Schmidt.
El fin del centralismo económico: LAS C ERTEZAS DERRUM BADAS /75 Michel Lówy.
8 TES IS SOBRE LA CRISIS DEL "SO C IA LISM O REAL" /86 Régis Debray
EL FUTURO DE LA IZQ UIERDA /90
Fredy Rivera V.
EL A G R O ECUATORIANO VISTO POR LAS CIENCIAS SO C IA LES: 1975-1990 /96
CRITICA
José Sánchez Parga. Lévi Strauss:ENTRE ETNOCENTRISM O Y RACISMO /107
CONSEJO EDITORIAL: Francisco Rhon Dávila, José Sánchez Parga, Alberto Acosta, José Laso Ribadeneira, Simón Epinosa, Diego Cornejo Menacho, Manuel Chiriboga, Fredy Rivera.
DIRECTOR: José Sánchez Parga
EDITOR: Diego Cornejo Menacho
ECUADOR DEBATE es una publicación periódica del
Centro Andino de Acción Popular CAAP, que aparece
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a
caap
Centro Andino de Acción Popular
CAAP
Cambio de perfil
EL NUMERO 21
EDITORIAL
La nueva fisonomía sobre el tratamiento de los contenidos nos
ha invitado a modificar el diseño de la revista. Con ello
pretendemos hacer más transparentes los textos y obtener una
escritura y una lectura más ágiles, que den cuenta de un
pensamiento más indagador, más polémico y más propositivo.
Al cabo de siete años y de vien
te números publicados, lo que
representó un arduo alarde de
regularidad editorial para una
vista en nuestras latitu d es,
Ecuador Debate
ha decidido
cambiar de perfil.
Detrás hemos dejado una nutri
da y variada serie de monografí
as sobre la más diversa proble
mática de la realidad nacional.
Estudios, análisis, investigacio
nes, testimonios, experiencias y
debates han nutrido los números
de la revista, proporcionando a
las Ciencias Sociales y a los dis
tintos intereses del país, públicos
y privados, una antología muy
representativa de la realidad
nacional durante la década del
80
.Pero la aceleración de los cam
bios ocurridos en los últimos
años en el país y en el mundo, la
heterogeneidad de fenómenos en
la que continuamente estalla y se
reduplica la realidad social, eco
nómica, política y cultural, nos
ha obligado a un tratam iento
m últiple, más rápido y desde
enfoques más diferenciados, de
una problemática que también
requiere ser enfocada con mayor
actualidad. Responder al reto de
los nuevos escenarios y de las
nuevas formas de actuación de lo
social nos ha llevado a modificar
trabajar con otras intensidades,
otros ritmos y otras eficacias más
inmediatas, contenidos y proble
mas de horizonte más cercanos.
La nueva orientación que busca
Ecuador Debate,
a partir de este
número 21, y en la perspectiva
de la próxima década, aligerará
el estilo monográfico de la revis
ta. Mantendrá a un tema central,
siempre de actualidad, acompa
ñado con artículos más coyuntu-
rales y con análisis y estudios de
interés misceláneo y sobre temas
diversos, concluyendo con una
sección de crítica bibliográfica.
Esta nueva fisonomía sobre el
tratamiento de los contenidos
también nos ha invitado a modi
ficar la forma del diseño de la
revista. Con ello pretendemos
hacer más transparentes los tex
tos y obtener una escritura y una
lectura más ágiles, que den cuen
ta de un pensamiento más inda
gador, más polémico y más pro
positivo.
El tema que planteamos en este
número 21, "Presente y futuro de
la izquierda", tiene mucho que
ver con los cambios ocurridos
en los países socialistas durante
el último año, con la desapari
ción en el horizonte internacio
nal de referentes marxistas que g
durante tanto tiempo han nutrido
nuestras izquierdas, y con la
úrgencia de éstas para repensarse
dentro del zfarrancho político
ecuatoriano y de nuestra frágil
democracia.
Nuestra izquierda requiere
encontrar una nueva identidad,
visualizar los nuevos antagonis
mos y las nuevas alianzas, rede
finir posiciones y estrategias.
Esperamos que este primer
intento de cambio pueda ser
mejorado en lo sucesivo, y haga
de
Ecuador Debate
una revista
más interlocutora más accesible
y más interesante a más amplios
sectores del público nacional.
El director
» tfe c c A m a rna i *c)ü o a» ?«A8A¿B>SO»Bfc UfcUOA SAtSKAA Y OtHAm OU-t)
PUNTOS DE iNryntóACtON SOBRE LA CAMPABA
Dos años de gobierno de Borja
CORTESANOS EN PALACIO
Diego Cornejo Menacho
POLITICA
La democracia ’’tridimensional” anunciada por Rodrigo Borja al
asumir el poder, ”la democracia de la era espacial, de la física nuclear,
de la cibernética, de la informática, de la bioquímica, de la genética,
que van conformando una nueva y sorprendente realidad social que
debe ser sintonizada por la teoría democrática del futuro”, asoma
ahora como una que no ha dejado de ser restringida, que sigue siendo
la misma, aquella inspirada por una concepción aristocrática de la
política, hábilmente disimulada en el lenguaje presidencial.
Una de las más severas acusaciones que hay que hacerle al presidente Rodrigo Borja, y a su gobierno, es que permitió que se esfumara la gran movi lización nacional que significó su victo ria de 1988.
Borja se impuso en las dos vueltas electorales de ese año, después de una larga campaña política que duró más de una década. El 5 de mayo de ese año venció a la candidatura populista de Abdalá Bucaram Ortiz (PRE) con más
Diego Cornejo Menacho es sociólogo y periodista. En la elaboración de este texto contó con opiniones de Alfredo Castillo (LN) y Antonio Rodríguez (ID). Rodríguez fue vicepresidente del Congreso Nacional en el periodo 1988-1989 y Castillo primer candidato de su partido en las elecciones legislativas de junio de 1990.
de 250 mil votos.1 II,
Por tal manera el Ecuador se liberó de un gobierno violento y autoritario, el de León Febres Cordero, caracterizado por la perm anente violación a la Constitución y a los derechos humanos y políticos.
La decisión del electorado significó organizar la crítica y el rechazo a la ges tión de la derecha, y eludir los cantos de sirena entonados por el populismo. Para
I. En la primera vuelta electoral, del 15 de enero de 1988, se emitieron 3 millones 40 mil 750 votos válidos. Rodrigo Boija (ID) obtuvo el 24,48%; Abdalá Bucaram (PRE) el 17,61%; Sixto Duran (PSC) el 14,72%; Frank Vargas (APRE) el 12,63% y Jamü Mahuad (DP) el II, 57%. La definición de la segunda vuelta admitió 3 millones 147 mil 954 votos válidos. Borja obtuvo 1
El presidente Rodrigo Borja asume el poder, tras una cam paña de más de una década (página contigua).
muchos fue la sabia decisión de un electorado que optó por el mal menor, entre las alternativas que le presentaba la democracia restringida vigente.
En agosto Borja recibió una econo mía con saldos rojos, un ambiente polí tico estropeado por la intensa campaña electoral y, sin embargo, también, la extraordinaria posibilidad de controlar todos los poderes, debido a la fuerte cuota legislativa de su partido —incre mentada por la alianza política con la Democracia Popular (DP) y el Frente Amplio de Izquierda (FADI)2— y un importante número de concejales muni cipales y consejeros provinciales.
A pesar de esas condiciones, su gobierno no pudo evitar que con el transcurrir del tiempo se desdibujaran las condiciones políticas favorables a la centro izquierda en los sectores popula res. Conspiró para ello el gradualismo neoliberal de su política económica, que frustró las expectativas de un pue blo hambreado por la crisis y, en lo pro piamente político, un estilo de "hacer” gobierno nítidam ente cortesano, de espaldas a los votantes y a las masas populares, impreso por su ministro de Gobierno, Andrés Vallejo.
Las consecuencias de estos dos erro res estructurales en el ejercicio, se mos traron en toda su dimensión en las elec ciones legislativas de 1990, con el triunfo electoral de la derecha y el
2. La ID colocó 30 diputados en el Congreso de 1988. Dos el FADI y siete la DP.
populismo.
Voceros gubernamentales prefirieron justificarlas por un deterioro "inevita ble” que proviene del ejercicio del poder, entre tanto algunas fuerzas de la oposición la explicaron por lo que lla maron "febresborjismo", la "nueva derecha" expresada en el gobierno de Rodrigo Borja.
Con la perspectiva que dan los dos primeros años de gobierno socialdemó- crata, la democracia "tridimensional" anunciada por Borja al asumir el poder, "la democracia de la era espacial, de la física nuclear, de la cibernética, de la informática, de la bioquímica, de la genética, que van conformando una nueva y sorprendente realidad social que debe ser sintonizada por la teoría democrática del futuro",3 asoma como una que no ha dejado de ser restringi da, que sigue siendo la misma, aquella inspirada por una concepción aristocrá tica de la política, hábilmente disimula da en el lenguaje presidencial.
"Dialécticamente considerada —dijo Borja al asumir el mando— la demo cracia que proponemos no es lo contra rio de la democracia formal, sino su complemento. Debemos ir hacia la inte gración de las libertades formales y materiales para estructurar la democra cia completa por la que luchamos. De lo contrario, seguiremos viviendo regí menes que en realidad son la combina ción de democracias políticas con abso lutismos económicos, es decir, sistemas que, detrás del ritualismo democrático, suelen imponer la autocracia de
ñas minorías privilegiadas".4 Un ritua lismo que jamás pudo ser superado en los hechos.
Aquel agosto Borja añadió su convo catoria a la concertación nacional y anunció un gobierno caracterizado "por el más profundo respeto a las prerroga tivas de la persona humana", pues "el respeto de ellos (los derechos humanos) no es tan solo la ausencia de represión política, sino también la implantación de la justicia social, la equidad econó mica y la acción dinámica de prestacio nes sociales a favor de los sectores desafortunados de la colectividad".5
Un mundo diferente
En 1988 el panorama internacional sufrió profundas modificaciones. No tomarlas en cuenta puede conducir a una crítica equivocada de la política nacional en estos dos años.
El cambio de la correlación de fuer zas en el mundo y la transformación del sentido de la historia universal, cuando el tránsito al socialismo fue excluido de la política para ser recluido en la utopía, colocaron al Norte y al Sur en los extre mos de las más hondas contradicciones del globo.
El fortalecimiento de la Comunidad Europea y el desmoronamiento de los regímenes pro soviéticos en la Europa del este, así como los movimientos nacionalistas en los países soviéticos, anunciaron el desplazamiento de los núcleos de poder mundial.
La "occidentalización" de la Unión
4. Boija, Rodrigo, Ibid., p. 8 5. Ibid., p. 36
Soviética y su sorprendente marcha hacia una economía de mercado, fue ron animando la organización armónica de los países industrializados —donde se incluye, por supuesto, al nuevo país de Gorbachov—, con la exclusión de un Tercer Mundo empobrecido, agobia do por conflictos políticos, con expre siones integracionistas comparativa mente muy limitadas.
En este mundo que rompe el cascarón se oye una sola voz: la del capitalismo de los países altamente industrializados, la prueba viviente del futuro de la humanidad, cuya organización política es el paradigma de la democracia uni versal.
En América Latina se consolidaron poderes comunes, expresión de sectores especulativos financieros —con excep ción de Cuba y Nicaragua— que deja ban de expresarse a través de las Fuerzas Armadas y de la derecha políti ca, y lucían un nuevo ropaje, más "racional", socialdemócrata, demócrata cristiano, inclusive populista.
Los "actores políticos de vocación democrática", entre tanto, se encontra ron realizando movimientos erráticos ante gobiernos civiles, surgidos de mandatos electorales, que se asumen como la solución al autoritarismo, aun que "los usos de la formalidad demo crática" no sean condición suficiente para el fortalecimiento y profundiza- ción de la democracia.
inseguridad y el miedo que generan los viejos flagelos —más dramáticamente visibles que nunca: las condiciones pre carias de ingreso y empleo de las gran des mayorías— y las dinámicas que son capaces de desencadenar algunas de las nuevas presencias del escenario políti co, sin que aparentemente nada ni nadie pueda controlarlas, guerrilla y narcotrá fico, claramente".6
Un "tiempo de guerra" en que la supervivencia de la gobemabilidad civil está sitiada no solo por las FFAA, sino además por la corrupción del narco poder, por el desprestigio o la bancarro ta del aparato del Estado "y la posibili dad —avisorable— de que el ejercicio del poder político no signifique real mente ostentarlo desde y a través del Estado (...) es la amenaza de que el lugar de las decisiones sobre la econo mía, sociedad y política, ya no sea ni la sociedad ni el Estado, sino una serie de estructuras (informales) y grupos para lelos, que ni el Estado ni la sociedad civil tendrán la posibilidad de controlar, como nuevas formas de dependencia que se agregan a las ya acumuladas his tóricamente". 7
Durante los 80, además del Ecuador, en otros países de América Latina alcanzaron el poder partidos de la Internacional Socialista, o que proponí an programas socialdemócratas: Acción Democrática, en Venezuela, con Carlos Andrés Pérez; el APRA, en el Perú, con
6. Menéndez-Caraón, Amparo, Democracias pendien
tes y representaciíon política en América Latina: dile mas y posibilidades (algunas ideas en voz alta), docu
mento del Seminario "Estrategias para el desarrollo de la democracia", xeroxcopia, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1989, p. 12.
7. Ibid., p. 13.
Alan García; la Unión Cívica Radical, en la Argentina, con Raúl Alfonsín.
Todos ellos terminaron imponiendo políticas de ajuste, liberación de pre cios, contención de salarios, represión social, etc., echando al cesto el cielo prometido de la política económica antimonopolista que superara el neoli- beralismo, de una fuerte intervención del aparato estatal, de control de las relaciones económicas de sus respecti vos países en el ámbito internacional, de incremento de salarios, etc., con lo se ahondaron las contradicciones socia les y los enfrentamientos políticos.8
Este fenómeno tuvo su origen en la crisis internacional de los años 81-82, que golpeó fuertemente a las economías cuyas políticas neoliberales habían bajado la guardia ante el movimiento financiero internacional.
Tomás Amadeo Vasconi cree que esto afectó profundamente a los regímenes autoritarios en la medida en que —tal vez con la excepción de la dictadura militar chilena— no hallaron respuestas adecuadas a la nueva situación, lo que se sumó al progresivo agotamiento que como orden político venían sufriendo frente al renacer de las luchas democrá ticas, que fueron incrementándose cada vez más desde fines de los 70 y princi pios de los 80.
Un accidente histórico, este de las socialdemocracias neoliberales en el poder, si acaso las condiciones estructu rales de América Latina hacen imposi ble la implantación y desarrollo de
8. El fracaso de la socialdemocracia latinoamericana puede ser profundizado en Vasconi, Tomás Amadeo,
Socialdemocracia irrealizable, en "Nueva Sociedad",
auténticos proyectos socialdemócratas, al menos de aquellos definidos por la práctica y el pensamiento europeos de esta opción política.
Entre los impedimentos se anotan el agotamiento de anteriores patrones de reproducción del capital, la crisis de transformación del capitalismo interna cional y la redefinición de la división internacional del trabajo, la existencia de una deuda externa impagable que dificulta la acumulación nacional de capital y que restringe la autonomía de los gobiernos.
En lo social, las sociedades latinoa mericanas están distantes de las socie dades capitalistas modernas y en algu nos casos mantienen conflictos ances trales con etnias y pueblos indios.
En lo institucional, "no existe aún un aparato estatal realmente moderno en condiciones de cumplir con las funcio nes que la aplicación de un programa socialdemócrata exigiría de él".9
Además, en los países que se vieron sometidos a dictaduras militares las Fuerzas Armadas conservan intactas la ideología y aún los organismos antide mocráticos en su interior, con un com portamiento corporativo que dificulta cualquier proceso de ampliación de la democracia. Por fin, la carencia de una tradición democrática, como compo nente de su cultura política, completa el panorama de dificultades para esta "irrealizable utopía".
Realidad y fantasía
El año en que Boija leyó su mensaje
"de trabajo y optimismo", el Ecuador padecía la degradación de la calidad de vida del pueblo, además de su pauperi zación. Un estado de "perdida de espe ranza", que evidencia una "renuncia a la búsqueda colectiva del cambio, por la individual"10 *, en medio de una franca descomposición de las relaciones políti cas.
Una pérdida de coherencia de la "ideología ambiente" y la transforma ción de los tradicionales referentes de verdad, que consolidaron el carácter inapelable de la ideología liberal domi nante, que reivindicaron los límites "naturales" de la dominación. Un todo que se sintetiza en la reducción del poder de convocatoria de los proyectos políticos con sentido histórico.
Alfredo Castillo piensa que Rodrigo Borja simboliza la realidad y la fantasía del panorama descrito en las líneas anteriores.
Su Presidencia debió continuar con la integración de la economía ecuatoriana a un sistema mundial único, ante el que declinaba el socialismo. Para ello sus políticas económ icas, form alm ente menos traumatizantes que las de su antecesor, siguieron en la línea de des trucción del viejo aparato productivo y la creación de condiciones para susti tuirlo con el concurso de nuevas inver siones externas. En el fondo, asegura el dirigente de Liberación Nacional, "ha cumplido con la tarea de consolidar la alianza del poder del capital financiero especulativo, tanto nacional como inter nacional".11
10. Entrevista con el autor, septiembre de 1990. - j Q ll.Ib id .
Desperdicio y fecundidad
Los errores de su gobierno conduje ron a que la socialdemocracia ecuato riana desperdiciara una oportunidad histórica única. No fue capaz de dar una forma orgánica a toda aquella moviliza ción nacional que se expresó en las urnas, y tampoco fortaleció a su parti do, la Izquierda Democrática (ID).
Aunque Borja fue parco en los ofreci mientos electorales, las condiciones de la campaña presidencial crearon expec tativas que algunos califican de "exage radas", por lo que pronto se transforma ron en decepción.
Compartiendo una característica de todos los partidos políticos, llegó al poder a improvisar un Gabinete presi dencial. Y, si bien la mayoría legislativa presentó dentro del esquema doctrinario de la ID, el partido como tal no entregó ningún proyecto a consideración del Parlamento.
El presidente sustituyó a los organis mos del partido por un reducido grupo de hombres de confianza, dirigido por el "super ministro" Vallejo, llegando al extremo de prescindir de su bloque legislativo para la toma de decisiones fundamentales.
Esto ocasionó el acentuamiento de contradicciones al interior de ID lle gando, inclusive, al veto de los proyec tos legislativos propuestos por su pro pio partido.
Hay socialdemócratas que creen que lo que se produjo fue un dominio de la "derecha" del partido en el gobierno. Una tendencia neoliberal que acentuó el temor presidencial de enfrentarse a los grupos de poder y a los super organis
mos del Estado. De ese modo no se produjeron reformas estructurales en las FFAA ni en la Policía Nacional, entre tanto poder de los grupos monopólicos y financieros, por ejemplo, nunca fue tocado.
Con la ausencia de oposición legisla tiva, no obstante la ausencia de diálogo y el no aprovechamiento de un bloque "leal" y de una mayoría congresil suma mente cómoda, que permitió pensar, inclusive, en reformas constitucionales profundas, "este ha sido el periodo más fecundo en materia legislativa" , según Antonio Rodríguez.12
Durante cinco años, entre 1979 y 1984, el Congreso promulgó 183 leyes; entre el 84 y el 86, 51; entre el 86 y el 88, 53. En el lapso que va desde el 88 al 90, fueron aprobadas 107 leyes.
El ex legislador destaca la Ley de Petroecuador, la Ley de Control del Gasto Público, la Ley de Régimen Tributario Interno, la Reforma Tri butaría, la llamada Ley Antidrogas, la Ley de Contratación Pública, la Ley de Defensa del Consumidor, la Ley de Desarrollo Provincial, la Ley del Fondo Nutricional Infantil, la Ley R efor matoria al Código Civil, entre otras.
A pesar de ello, el balance no entu siasma a nadie.
La política laboral fue inexistente, acompañada de la mencionada política económica neoliberal y el impulso de leyes como la del Trabajo Compartido, rechazado por el sindicalismo ecuato riano, repudiada por la ID mientras fue un proyecto de León Febres Cordero. En esta materia, el mayor cambio se
La conducta del gobierno frente al levantamiento indígena fue de un progresivo encapsulamiento,
produjo cuando el Congreso transfirió al Ejecutivo la facultad de diseñar la política salarial.
Según Antonio Rodríguez, y si divi dimos al mundo por ministerios, los saldos son negativos en salud, en alfa betización, en cultura, en fomento al deporte. Un "fracaso" en agricultura, en bienestar social, en industria y en co mercio. Las políticas tributaria y aran celaria son, junto a la política exterior y a la creación de Petroecuador y al con trol nacional del consorcio Texaco-Pe- troecuador, lo más positivo, según él.
A ello habría que añadir una posición poco firm e del gobierno ante el Citibank, que en mayo de 1989 "retu vo" 80 millones de dólares del Ecuador. Su incapacidad de luchar contra la inflación: ya en octubre de 1989, a los trece meses de gobierno, se redujeron a trece los productos vitales sujetos a fija ción de precios, mientras se producían veinticinco elevaciones. Frente a ello, las llamadas ferias libres pudieron hacer muy poco para sostener el alza de precios de los artículos de primera necesidad.
Y las denuncias contra altos funcio narios del gobierno de la "reconstruc ción nacional", que finalmente conduje ron a sobreseimientos e, inclusive, absoluciones por parte de la Función Jurisdiccional: el caso más patético fue aquel de los 150 mil dólares dispuestos por el presidente Febres Cordero, en contante y sonante, de fondos del Banco Central, para "actividades anti
terroristas".
Nace un nuevo sujeto político
Entre el 1988 y 1990, el Ecuador pudo respirar un ambiente político más oxigenado y notoriamente menos con flictivo que el impuesto por el gobierno anterior.
El apego a la Constitución y las leyes demostrado por el gobierno borjista sig nificó un sensible cambio a lo vivido los cuatro años anteriores, bajo el febrescorderato. También contribuyó para ello la autorización para que QRTEL saliera al aire con su señal tele visiva (agosto 88), la declinación en la compra de 50 tanques de guerra argen tinos (septiembre 88), las restauración de relaciones diplomáticas con Nica ragua (septiembre 88), el otorgamiento de la Ley de Gracia a los ex comandos de Taura (octubre 88) y el acuerdo del gobierno con A lfaro Vive Carajo —AV C— (febrero 89).
Es indudable que esta condición general permitida por el nuevo gobier no posibilitó un refrescamiento de las organizaciones populares, especialmen te indígenas, y una sensible disminu ción de violaciones a los derechos humanos.
Pero, a la vez, el borjismo privilegió el instrumento ideológico sobre el represivo, para el control estatal de los sectores populares, en circunstancias que la caída del socialismo sumía en una irremediable crisis al pensamiento y a las políticas que han animado histó ricamente los gremios de trabajadores y que constituyeron su retaguardia ideo-
Las tres huelgas nacionales organiza das por las centrales sindicales, durante los dos primeros años del gobierno socialdemócrata,13 terminaron por des figurar la presencia de los trabajadores en la escena política. Pusieron en evi dencia su debilidad frente a la "solven cia" ideológica y a la fuerza político- institucional del gobierno, aunque las principales reivindicaciones planteadas estuvieron dirigidas a la recuperación del salario de los trabajadores, a contra rrestar el deterioro de su nivel de vida, a combatir las políticas económicas fondomonetaristas y a fortalecer la organización sindical.
Pero si por un lado el gobierno logró el fracaso de las huelgas nacionales, por otro no pudo someter a su control ideo lógico a las asociaciones étnicas.
Su ideología liberal, como la del con junto del Estado ecuatoriano, se mostró insuficiente para controlar la constitu ción de un sujeto político nuevo, con el inicio del levantamiento de los pueblos indios en junio de 1990. Un nuevo pro tagonista que enfrenta profundamente los límites de la organización social y la estructura estatal, que reivindica a las etnias que integran el pueblo ecuatoria no y que, paradójicamente, emerge al compás de la declinación del pensa miento y las organizaciones políticas de índole marxista, que se han considerado representantes "naturales" de todos los sectores populares, sin excepción.
"Me sorprendió mucho el levanta miento del 4 de junio —dijo Borja en
13. Las huelgas nacionales se dieron en las siguientes fechas: 24 de noviembre de 1988,14 de julio de 1989, 11 de julio de 1990. En esos días, como es ya tradicio nal, la represión de la Policía fue la misma de siempre.
su informe del 10 de agosto de 1990— , si bien quedó claro que no fue contra un gobierno sino contra un sistema de explotación que ha durado siglos. Estoy convencido de que allí hubo maniobras de agitación que pretendieron aprove charse de la legítima y milenaria insa tisfacción de los indígenas. No permiti remos que estas maniobras disociadoras continúen. Estamos abiertos al diálogo con todos los grupos indígenas". Y aña dió: "Les hemos dicho, sin embargo, que algunas de sus propuestas no son aceptables, ya porque están fuera de la realidad, ya porque contrarían el orde namiento jurídico del Estado... ”14
La conducta del gobierno frente al levantamiento fue de un progresivo encapsulamiento en las razones del orden, en medio de una radical actitud negativa de los sectores terratenientes y aun de las FFAA.
Aparentemente resultó intolerable el protagonismo de los indios en las nego ciaciones con los comisionados del gobierno, de modo que éste respondió endureciendo su posición los primeros días de agosto de 1990.
Aquello ocurrió después de que en el país circulara un documento reservado, atribuido al Departamento de Inteligen cia del Comando Conjunto de las FFAA, el mismo día en que la cúpula de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) man tuvo su primera reunión con el nuevo ministro de Gobierno, César Verduga y otros funcionarios.
El documento militar asevera que el
14. Borja, Rodrigo, Mensaje de trabajo y optimismo, SENAC, Quito, 1990, p. 27.
movimiento indígena está infiltrado y financiado por el comunismo interna cional; que sus principales dirigentes han recibido preparación militar en Cuba y otros países; que el levanta miento de junio persiguió objetivos que los indios no dejan de reivindicar: la creación de un Estado paralelo y el rompimiento de las fronteras naciona les, entre otros. Que el levantamiento fue tramado por el lejano terrorismo de ETA ("Euzkadi ta Askatasuna", "Patria vasca y Libertad") y que, el año pasado, un misterioso etarra visitó el Ecuador para concertar, con un millón y medio de indios, el boicot a la fiesta española de los 500 años de descubrimiento y conquista de América.
El documento demuestra la pervi- vencia de un conmovedor desconoci miento de la realidad ecuatoriana por parte de los grandes propietarios de la tierra y de quienes elaboraron el supuesto informe.
Sin embargo, fue un papel que el gobierno usó soterradamente para des prestigiar la movilización indígena ante la opinión nacional y para buscar la división interna de las organizaciones y dejos pueblos indios. Y también para definir una postura "dura", en la que combinó el diálogo con argumentos estrechamente emparentados con la Doctrina de la Seguridad Nacional. Y que deja intacto un conflicto que dura ya 500 años.
Tortura e impunidad
Por lo demás, "aunque muchos aspec tos de los derechos humanos parecen haber mejorado considerablemente
desde que el presidente Rodrigo Borja asumió el poder en agosto de 1988",15 según denuncias formuladas por orga nismos nacionales e internacionales, ta les derechos siguieron siendo violados, persistiendo la práctica de la tortura durante los interrogatorios policiales. Llegó a tal punto la situación que, se gún Amnistía Internacional, inclusive las autoridades penitenciarias "han hecho pública su protesta por el estado físico en que llegan algunos detenidos después de haber sido sometidos a inte rrogatorios por la Policía".16
Una crítica severa ha sido añadida por la Comisión Ecuménica de De rechos Humanos (CEDHU). Según tal organismo, la falta más grave cometida por el gobierno de Borja es la impu nidad que favorece a sujetos a los que se comprobaron tales violaciones, y a aquellos responsables de la desapari ción de los hermanos Restrepo (desde enero de 1988), de la desaparición, tor tura y muerte de la profesora Consuelo Benavides (diciembre de 1985), de la detención, tortura y muerte de Juan Carlos Acosta (agosto de 1985), entre otros casos.
Por el caso Benavides el ex jefe de la Marina debió comparecer ante una comisión parlamentaria que, finalmen te, determinó claras responsabilidades.
La CEDHU asegura que ningún caso de tortura presentado a las autoridades por ese organismo, o por parientes de las víctimas, han dado lugar a una con dena. •
15. Amnistía Internacional, Ecuador: la tortura conti
núa, Informe de 1989, Londres, 1990, p.3.
LA CRISIS DE GUAYAQUIL Y
LOS NUEVOS POPULISMOS
Rafael Guerrero
La crisis económica y financiera
genera una contradicción entre el ciudadano y el Estado. El discurso
populista interpela precisamente a este ciudadano que es víctima de
las prácticas arbitrarias del Estado. Los discursos populistas
están cargados de llamados al pueblo guayaquüeño para rescatar la
ciudad de las garras de la burocracia
Los resultados de las últimas eleccio nes de diputados, consejeros y conceja les reactualizan, una vez más, la cues tión de los movimientos sociales y las ideologías populistas en Guayaquil y en la Costa ecuatoriana.
Como se conoce, el Partido Social Cristiano (PSC) obtuvo el 43 por ciento de los votos del electorado de la ciudad de Guayaquil y de la provincia del Guayas, seguido del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) y del Partido So cialista Ecuatoria
no (PSE), que ob tuvieron, respecti vamente, el 25 y el
10 por ciento de la votación.
Con estos resul tados se puede a- firmar que Guaya quil y la provincia del Guayas son espacios domina dos por el populis mo. Pero, para a- ceptar esta propo sición, primero hay que admitir que, al
menos en Guayaquil y en la provincia del Guayas, el PSC y el PSE son parti dos populistas.
En lo que se refiere al PSC, se ha ha blado de su carácter populista desde la campaña electoral de 1984, cuando se consolida en el partido la dirección de León Febres Cordero y su equipo políti co.
El PSE acaba de sufrir en Guayaquil una transformación profunda. No se trata solamente del crecimiento del electorado controlado por el partido,
León Febres Cordero, PSC
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el cual se eleva de 13 mil votos en 1988, a 88 mil 639 en 1990. A esto hay que agregar el hecho de que ya se habla de la nueva connotación populista que rodearía al partido en Guayaquil.
Esto no solamente altera la composi ción ideológica y política tradicional de la ciudad (dominada por populismos de derecha), sino que obliga a considerar de nuevo el concepto de populismo.
Nuestro punto de partida será la crisis de Guayaquil.
Guayaquil y el Estado
Una de las caracterís ticas del discurso popu lista en Guayaquil, sea éste el discurso del PSC, del PRE o del PSE, es su constante referencia a la crisis que soporta la ciudad. Como verem os más adelante, esto es impor tante porque ayuda a determinar las interpe laciones constitutivas del discurso populista en Guayaquil.
El pum o soporta, en efecto, una cri sis urbana profunda, la cual se mani fiesta sobre todo en el deterioro de los servicios de la ciudad. Se puede decir que la cobertura de la mayoría de los servicios es iiouuciente y la calidad de
.os mismos baja.
fSP
desperdicia debido al mal estado de las redes de distribución.
Una cosa similar hay que decir del servicio de aseo de calles. De acuerdo con las investigaciones existentes, la ciudad necesita alrededor de 200 reco lectores de basura, pero apenas cuenta con 40.
Aunque esta información es muy des criptiva, es importante mencionarla porque la baja calidad y la escasa cobertura de la oferta
de servicios urbanos, permiten afirmar que la crisis de Guayaquil obedece al hecho de que el Estado y el Municipio ya no pue den asumir roles que venían desempeñan do hasta ahora. Esto es clave para com prender tanto la crisis actual, como lo espe cífico de los nuevos populismos.
La crisis de Guaya quil nos remite nece sariamente al tipo de
Estado que estuvo vigente hasta ahora en el Ecuador: el Estado intervencionis ta.
En el Ecuador, el Estado intervencio nista se desarrolló por oposición al mer cado, para corregir las desigualdades sociales producidas por éste. El merca do no reconoce estas desigualdades. En el mercado todos los sujetos son igua les, como propietarios de mercancías. Es el ámbito privilegiado de desarrollo de la racionalidad formal.
Por aquella oposición, el Estado
Jaime Nebot, PSC
intervencionista asume como finalidad el bienestar social del pueblo. El pueblo es —como ocurre también en el Estado liberal tradicional— el sujeto del Estado. Pero, en el discurso ideológico que funda el intervencionismo, el pue blo ya no es una categoría puramente política, que haría referencia exclusiva mente a un sistema de derechos y debe res políticos.
En dicho discurso, el sujeto del Estado está dividido, constituido por gru pos privilegiados y mayorías oprimidas. El discurso ideológi co en mención trans formó las categorías políticas del discur so liberal tradicional en un nuevo sistema de diferencias socia les: los privilegios que combate el Es tado intervencionista ya no son los privi legios políticos de la oligarquía política, sino los privilegios económico-sociales.
Podemos entender este discurso ideo lógico como un código que constituye un sistema de compromisos entre la sociedad y el Estado, especialmente entre éste y las clases populares. La generación de servicios estatales forma ba parte, precisamente, de ese sistema de compromisos. La legitimidad del Estado intervencionista dependía, pues, de la posibilidad de cumplir con estas obligaciones.
desa-rrollo de los servicios públicos en Gua yaquil, significó que el Estado y el Municipio establecieran una relación inmediata con el ciudadano. La vida privada quedó m ediatizada por la empresa pública.
Ahora bien, lo que caracteriza la situación actual de Guayaquil es la im posibilidad de las empresas públicas para proseguir con la generación de los servicios urbanos. El Estado y el Municipio de Guayaquil sufren una aguda crisis financie
ra que impide cubrir eficientem ente las necesidades de la ciu dad.
Guayaquil ha pasa do de 700 mil habi tantes, en 1970, a cerca de 2 millones al empezar la década de 1990. Esto contrasta con la tendencia de las finanzas munici pales a reducir sus ingresos. El gasto municipal por habi tante descendió de
mil 376 sucres en 1972, a 775 en 1982. El patrimonio municipal presenta la misma tendencia: entre 1974 y 1982 se redujo de 2 mil 856 sucres por habitan te, a 636. El patrimonio municipal por hectárea urbana descendió de 505 mil sucres a 83 mil sucres para el mismo período.1
La mala calidad de los servicios y la baja cobertura de los mismos, nos está hablando de una crisis del Municipio 1
1 Véase, Villavicencio, Gaitán, El desfase del proceso
urbano en el caso guayaquileño, Guayaquil, 1989.
como institución social, pues la direc ción del Cabildo no está asumiendo sus roles. Esto equivale a decir que, en los hechos, se está alterando toda la estruc tura de roles y que se están cambiando las reglas que hasta ahora rigieron la relación del Municipio y el Estado con la sociedad local.
Abandonar roles no es solamente afectar los derechos de los miembros de la institución; más profundamente, es violentar las reglas que rigen la vida social, provocando una crisis de identi dad.
En el caso concre to que nos ocupa, la crisis de la empresa pública frustra las expectativas del ciu dadano, que ya no puede reconocerse a sí mismo en el Mu nicipio y en las insti tuciones del Estado.
Los nuevos populismos
Lo que caracteriza a la nueva situa ción histórica por la que atraviesa Guayaquil y, en general, algunas pro vincias de la Costa, no es solamente —como podría creerse equivocadamen te— el dominio de los movimientos e ideologías populistas. Afirmar esto sería presuponer una continuidad sin cambios entre los populismos actuales y los de la década del 70. Esta continui dad no existe.
Al contrario. Lo que caracteriza al discurso populista actual, es el hecho
de vertebrar un nuevo sistema de oposi ciones sociales, cuyo eje es la oposición pueblo/Estado. Este es un hecho ideoló gico y político nuevo, que no existía hace diez o quince años atrás. Entonces, el discurso populista estaba estructura do en tomo a la oposición pueblo/oli- garquía.
Es posible que esta proposición encuentre aceptación. Pero seguramente será más difícil admitir que esta oposi ción especifique la
ideología populista; y sin embargo, esto es lo que hace de los populismos ideologí as con competencia para generar identida des colectivas profun das y poderosas.
Como hemos visto, la crisis económica y financiera genera una contradicción entre el ciudadano y el E s tado. El d iscu rso populista interpela precisamente a este ciudadano que es
víctima de las prácticas arbitrarias del Estado. Los discursos populistas están cargados de llamados al pueblo guaya- quileño para rescatar la ciudad de las garras de la burocracia.
Esta interpelación al ciudadano, al guayaquilefio, no es una simple cons trucción artificial, sino que se funda en la identidad efectiva de la población como habitante de Guayaquil, como ciudadanos que realizan cotidianamente la experiencia de lo que es la empresa
pública. 2 0
Raúl Patlño, PSE
Si se quiere comprender la realidad de la oposición pueblo/Estado y la efi cacia de la interpelación populista, es fundamental incorporar el análisis del concepto de institución como un orden convencional, que define privilegios y obligaciones sociales. El discurso popu lista interpela al habitante de Guayaquil como ciudadano, que exige del Estado el cumplimiento de sus deberes y com promisos.
En efecto, el prin cipio organizador de los discursos ideoló gicos del PSC, del PRE y del PSE, es el mismo: la interpela ción al consumidor, al usuario, y al gua- yaquileño, sujetos estos que se encuen tran enfrentados, por diversos motivos, al Estado.
Es importante ad vertir que las interpe laciones populistas, subsumen otros lla mados, como es el caso, por ejemplo, de las convocatorias de clase. Los mencionados discursos no interpelan a los habitantes de Guayaquil como sujetos que ocupan una posición en la estructura social de producción de la ciudad. No se apela al guayaquileño como obrero o empresario capitalistas. Igualmente, las demandas de la pobla ción respecto de los servicios públicos, no son demandas de clase.
Esto significa que las interpelaciones propias de los discursos populistas lle
soda-les pluriclasistas, es decir, constituyen movimientos populares, cuyo sujeto es el pueblo.
Lo que venimos sosteniendo implica que, para comprender lo que es el popu lismo, es necesario hacerlo con las identidades no clasistas. Así como la identidad del obrero y el empresario se constituyen en y a partir de la empresa capitalista, las demás identidades no clasistas del sujeto se constituyen a par tir de otras instituciones sociales, como la familia, la iglesia, el municipio, etc.
Esto revela que el individuo posee una pluralidad de identidades porque pertenece, al mismo tiempo, a diversos órdenes institucionales, con privilegios y obligaciones específicos en cada uno. Este conjunto de identidades e institu ciones, aunque están vinculados entre sí, no pueden ser reducidos los unos a los otros.
Para volver al análisis de las interpe laciones del discurso populista en Guayaquil, el usuario y el consumidor se constituyen a partir de la estructura específica del mercado, la cual no puede ser reducida a la estructura social de la producción. Lo mismo hay que decir de las estructuras municipa les y estatales, lugar de constitución de la ciudadanía política.
Como hemos dicho, actualmente las ideologías de los tres partidos mencio nados están vertebradas en tomo a la oposición pueblo/Estado. En el caso del PSC, la interpelación al ciudadano y a la iniciativa individual es lo que organi za el discurso neoliberal. En Guayaquil, el neoliberalismo es un populismo.
En el discurso del PSE en Guayaquil, Raúl Patiño es el defensor del usuario ^
y el consumidor, lo cual le ha permitido al partido abrirse hacia universos socia les muy amplios, que rebasan los lími tes de las estructuras de clase. Un ejem plo de esto es el Frente de Usuarios, que es una organización popular pero no una organización de clase.
En el mismo sentido debe ser inter pretada la decisión del PRE, de privati- zar algunos de los departamentos del Municipio de Guayaquil, como es el caso de Aseo de Calles, Alcantarillado y otros. Además, como veremos ense guida, la crítica de los servicios públi cos no es más que una de las formas de interpelar al pueblo por oposición al Estado. El PRE ha desarrollado algunas otras.
Como señaló Laclau,2 el discurso ide ológico posee un principio organizador, a partir del cual es posible el análisis del mismo. La ideología posee unidad, pero ésta no proviene de la coherencia lógica del discurso, sino de la capaci dad que tienen ciertas interpelaciones para evocar otras, es decir, de su fun ción simbólica.
El siguiente texto muestra la forma en que se articulan entre sí interpelacio nes locales y regionales; interpelaciones económicas con interpelaciones políti cas, etc.
"(...) históricamente Guayaquil es caudillista, cuna de corazones indepen dientes, de un individualismo marcado, de imaginación fecunda y de profesión trabajadora. Sus habitantes han vivido alejados si no de las altas esferas del gobierno, ciertamente sí de la burocra cia dorada. Guayaquil es liberal y por
tanto mentalmente capitalista. Su aho rro está relacionado con el trabajo inde pendiente; no forja militares, curas ni tampoco burócratas. Quito, en cambio, amigo de la entente, de la minga, tiene tinte socialista ( . . . ) " . 3
Este texto merece todo un análisis. En este artículo sólo podemos destacar la estructura de interpelaciones que lo caracteriza. La importancia del texto radica en la capacidad que tiene para evocar todo un sistema de oposic ones, las cuales, en realidad, constituyen interpelaciones opositivas. El texto puede ser representado de la siguiente manera: Guayaquil vs Quito = indivi dualista vs colectivista = trabajador vs burócrata = productivo vs improductivo = liberal vs intervencionista = capitalis ta vs socialista.
Se puede decir que el texto contiene la estructura de la ideología neoliberal en Guayaquil.
Se trata de un código connotativo, donde cada oposición evoca otra, de modo que, partiendo de la oposición Guayaquil/Quito, se busca una oposi ción ética, luego una oposición econó mica; después una oposición política, y finalmente, otra oposición económica.
Se trata de una cadena de asociacio nes, cuyo fundamento no es necesaria mente la consistencia lógica, sino el poder de condensación de ciertas unida des. Por ejemplo, no todos los indivi dualistas son capitalistas. Esto debería ser obvio. Sin embargo, de esa determi nación ética se infiere la mentalidad capitalista de todos los guayaquileños.
De la lectura del texto se puede con- 3
3 Raad, H., Del coloquio con O. Hurtado, diario "El Telégrafo".
cluir que el neoliberalismo no interpela solamente a los capitalistas y a los libe rales, sino a grupos sociales mucho más amplios: los guayaquileños, e incluso, los costeños, pues, en el texto, "Gua yaquil” tiene connotaciones regionalis- tas.
El regionalismo también es caracte rístico de la prédica del PRE. El PSE no ha desarrollado interpelaciones regiona les, aunque la lucha por Guayaquil asoma ya en el discurso socialista como la punta de un iceberg. Por supuesto, la estructura de la ideología socialista es diferente a la ideología socialcristiana. Decimos esto para no dar lugar a malos entendidos.
Pero el problema de fondo no es si es legítimo que un partido político desa rrolle interpelaciones regionales, reli giosas o de otro tipo.
Plantear así el problema es suponer equivocadamente que las unidades de un discurso pueden tener un significado determinado, tomadas independiente mente las unas de las otras.
Esto no es así. Por ejemplo, el nacio nalismo no es nada si se lo considera en sí mismo, fuera de la estructura del discurso. Lo mismo ocurre con las interpelaciones regionales u otras.
El nacionalismo, el regionalismo, el antiestatismo que desarrolla actualmen te la población, no son ideologías de clase. Son ideologías populares, consti tuidas a partir de prácticas sociales que no pueden ser reducidas a relaciones sociales de clase.
Dos años de gobierno de Borja
LOS LIMITES
DEL CONTINUISMO
Alberto Acosta
ECONOMIA
Los monopolios y los oligopolios emprenden moderados
procesos de expansión ante una demanda afectada por las políticas
restrictivas, con lo cual se producen índices reducidos
de inversión y bajos niveles de productividad.
Así, la cuestión de la apropiación de los beneficios
se resuelve con una mayor concentración de la riqueza, dentro
de un esquema de mayor liberalidad y apertura, complementado
y orientado con la activa intervención del Estado.
1. Un difícil punto de partida
El gobierno socialcristiano concluyó con enormes desórdenes económicos y grandes movimientos especulativos, con una administración entrampada entre la necesidad de revisar su manejo económico y el deseo de mantener un modelo con el que se había ofrecido la solución de los problemas del país.
A más de los crecientes problemas sociales y políticos que caracterizaron a ese régimen, la crisis, que se había ini ciado en 1982, colapso la economía, y el desorden se convirtió en el marco rector de las relaciones.
Entonces, cuando el clamor de los mismos sectores em presariales, muchos de ellos auspiciantes y benefi
ciarios del régimen socialcristiano, se había convertido en una presión insoste nible y mientras la población evidencia ba su disconformidad ante el deterioro del nivel de vida, el gobierno de León Febres Cordero, poco antes de concluir, comenzó a desmontar parte del paquete económico liberalizador en ciertas áreas demostrando, en la práctica, las limita ciones de esta política económica.
administrativa se había convertido en regla. El atropello y el irrespeto desde el Estado eran insistentes.
Para visualizar esta situación, se pue den destacar los siguientes indicadores: la desocupación abierta era de casi 14% (1982, 6%; 1984, 9,8%). Mientras que la subocupación superaba el 50 % de la población económicamente activa. La inflación se desbordó ese año. Luego de que alcanzó una variación anual de 29,5% en 1987, comenzó a subir acele radamente: el primer trimestre de 1988 llegó a 36,2% y el segundo a 47,1% logrando, en agosto, una variación anual de 62.9%. Los salarios, a pesar de los sucesivos reajustes, habían caído en términos reales a los niveles más bajos de la década; la deuda externa, cuyo servicio a la banca privada había sido suspendido en enero de 1987, era supe rior a los 10,5 mil millones de dólares; la Reserva M onetaria Internacional (RMI) aparecía con un valor negativo de 320 millones de dólares.
En medio de este marcado descon cierto económico se inició, en agosto de 1988, la gestión de la socialdemocracia ecuatoriana, apoyada por un notable respaldo popular manifestado en las urnas, que le permitió cristalizar coinci dentes mayorías en los tres poderes del Estado —ejecutivo, legislativo y juris diccional— , así como en la mayor paite de los gobiernos seccionales, a más de contar con una marcada expectativa favorable luego del desgobierno ante rior.
Un criterio generalizado era que "el nuevo gobierno se encuadra en un pro yecto eminentemente reformista, con los límites y alcances que esto pueda
No se redlistribuyó el peso de la c ris is , com o se esperaba... La pobreza afecta a ios ecuatoria nos (página contigua)
implicar".1 Pero esta expectativa, que debió contribuir para el triunfo electoral de la Izquierda Democrática (ID) sobre el "populismo" —en una elección en que salió aventajado "el mal menor" para un grupo importante de electo res—, empezó prontamente a desvane cerse.
El partido socialdemócrata buscó desde la primera hora ampliar su base p olítica en una alianza con la Democracia Popular (DP), pero sin que estuviera en discusión el diseño y la aplicación de una política económica alternativa a la desarrollada desde 1982. Una política que, se creía, redistribuiría algo el peso de la crisis y ampliaría ciertos espacios democráticos. Espe ranza que se originaba en los ofreci mientos de la prolongada campaña electoral de la ID, partido con el cual aun se creía posible la novedad y la audacia en el manejo de los principales problemas nacionales.
Pero, desde un principio, el equipo financiero y monetario del gobierno, dominado por personas vinculadas a los círculos del capital financiero, y que tuvieron una destacada actuación en regímenes anteriores, volvió a transitar por los senderos impuestos por las mis mas políticas de ajuste de corte neolibe- 1
1. Ver Menéndez- Camón, Amparo, La democracia en
el Ecuador: desafíos, dilemas y perspectivas, documento
de trabajo N° 3, Flacso, Quito, 1988, pp. 17-27. Vale la pena reconocer que en el Plan Nacional de Desarrollo se incluyeron algunos planteamientos audaces y coinciden
ral. Un manejo que ratificó la concep ción aperturista y liberalizadora que, por su esencia concentradora y exclu yeme, mantiene ausentes a los sectores mayoritarios de la sociedad de los pro cesos de definición de las grandes deci siones nacionales.2
En el Ecuador, pasado el impacto ini cial de la crisis, comenzó a hacerse visi ble la orientación de las políticas eco nómicas seguidas que, con diversos matices, han aceptado la via transnacio- nalizadora de integración en el mercado mundial como la única posible, recha zando, de antemano, la potencial apli cación de otras estrategias que conside raran una forma programada y más soberana de reinserción en la economía internacional, y que utilizaran el poten cial existente para un desarrollo auto- centrado en diversas regiones del país.
2. La evolución de la política económica
Ante la gravedad de los problemas económicos, la respuesta del gobierno socialdemócrata se enrrumbó con una estrategia definida de corto plazo, hacia la solución de los principales desequili brios macroeconómicos. En el Plan de Emergencia Económica Nacional fue fácil identificar la orientación impuesta por su acercamiento a las conocidas condiciones de los organismos financie ros multilaterales.
Este programa coyuntural, con un
2. En el gobierno socialdemócrata, al igual de lo sucedi do en los dos gobiernos anteriores, el modelo neoliberal se ha aplicado dentro de limitaciones y expresiones pro pias del país, sin que se pudiera llegar a afirmar que este esquema haya sido instrumentado en una forma riguro sa en ningún caso.
esquema bastante ortodoxo de ajuste y estabilización, olvidó, en la práctica, los aspectos de política social. Unicamente se quería restablecer algunos criterios de racionalidad para alcanzar una mayor coherencia entre la praxis y la teoría aperturista y liberalizadora, mientras que las esperadas alternativas reformistas —según decían entonces voceros gubernamentales— quedaban a la espera de la reactivación económica.
2.1. Una respuesta de corto plazo ante la emergencia económica
El 30 de agosto de 1988, el gobierno expidió el m encionado Plan de Emergencia, con el ’’propósito inmedia to de iniciar el proceso de enfrenta miento y corrección de los más urgen tes desequilibrios económicos”.3 A par tir de entonces se estructuraron las medidas económicas, para recuperar "el ambiente y las condiciones de estabili dad que han existido históricamente en la economía nacional. Asimismo, (...) la credibilidad de la política económica ...”4 Se trató de una política de genera lizada aplicación en casi toda América Latina, en la cual se destaca el manejo monetarista, destinado especialmente a contener la inflación, puesto que se sobrevaloró el efecto de la demanda como causante de dicho problema.5
3. Ver carta del presidente de la Junta Monetaria al presi dente de la República: Registro Oficial, número 14, del 30 de agosto de 1988, pag. 2.
4. Ibid., p. 3. El 13 de mayo de 1982, el presidente de la Junta Monetaria envió una carta de similar contenido al presidente de la República.
5. El Banco Mundial considera la reducción de la infla ción como "un objetivo mínimo para el primer año de la
En un análisis de las primeras medi das económ icas adoptadas por el gobierno se puede ver la utilización de las mismas recetas anteriores, con el objetivo de conseguir los equilibrios señalados. Así, por ejemplo, se dispuso el incremento de los precios de los combustibles, la eliminación del subsi dio al trigo, el mantenimiento de la flo tación de las tasas de interes, la macro- devaluación y las minidevaluaciones —mecanismo que ya fuera utilizado durante el gobierno de Osvaldo Hurtado Larrea—, la política de austeri dad fiscal y, en particular, la política monetaria y crediticia restrictiva. En esta oportunidad se produjo un cambio formal en cuanto al manejo de la eco nomía, que había sido ya liberalizada en algunos rubros, mientras que el resto se movía de acuerdo a decisiones de las autoridades económicas, puesto que se volvió a la táctica gradualista, que no afecta en el fondo la estrategia apertu- rista y liberalizadora. Por lo tanto, hay que reconocer la existencia de un hilo conductor en las políticas iniciadas con la década del 80, a pesar del manejo económico desordenado y poco ortodo xo con que terminó el gobierno de Febres Cordero.
2.2. Negociaciones con los organismos multilaterales y renegociación de la deuda externa
Al iniciar su mandato el presidente Rodrigo Borja Cevallos, sobre la base de lo que habían sido las posiciones programáticas de su partido y sus pro pias declaraciones electorales, recono
ció que "no se trata de que no queremos pagar la deuda, se trata de que no pode mos hacerlo en las condiciones en que nos la quieren cobrar nuestros acreedo res".6
Sin embargo, apenas se inició el gobierno empezaron las conversaciones con la banca internacional y, poco des pués, se resolvió refinanciar el pago de los intereses de la comisión de riesgo cambiario, ampliando de alguna manera los subsidios a los sectores privados que se endeudaron en el extranjero y que fueron beneficiarios de la "sucreti- zación", que se inició en 1982—83, cuando la DP estaba en el poder. Aunque se tiene que reconocer que el gobierno no ha cedido a otras preten ciones de los beneficiarios de la "sucre- tización", y ha seguido con el cobrán dola como estaba previsto. Por otro lado, ante las presiones inflacionarias reinantes, y frente el manejo poco regu lar que se había dado poco antes del cambio de gobierno, se suspendió el mecanismo de compra de cuentas espe ciales en divisas, que benefició masiva mente al sector financiero y a una vein tena de empresas nacionales y extranje ras.
En los primeros meses del gobierno, de hecho, se mantuvo la moratoria de la deuda con los bancos privados, produ cida por la incapacidad financiera del país. Y nunca se trató de impulsar algún planteamiento alternativo, puesto que aun antes de la transmisión del mando, en forma informal, ya se habían reini ciado las conversaciones con los acree
dores y los organismos financieros mul tilaterales, con miras a entregar una nueva "carta de intención" al FMI, para restablecer las relaciones con la banca acreedora.
Esta resolución se cristalizó a princi pios de 1989, cuando se informó sobre la intención de reiniciar el pago de los intereses de la deuda privada, de acuer do "con las posibilidades, con los mon tos que le permite el programa de esta bilización" y con "el afán de buscar soluciones consensúales con los acree dores", según declaró el presidente de la Junta Monetaria. El gobierno justifi caba su decisión por la búsqueda de financiamiento externo para los prime ros dos años de gestión, proveniente del Banco Mundial y del BID.
La resolución casi coincidió con la presentación del Plan Brady, en marzo de 1989, cuyos potenciales beneficios se han convertido en el objetivo del gobierno ecuatoriano, que facilitó la adopción de nuevas condicionalidades de política económica. La indicada "Carta de intención" fue presentada en agosto de 1989 al FMI, con la cual se fijó el curso de lo que sería el manejo económico hasta principios de 1991, el mismo que sería ratificado y profundi zado con una nueva carta al mismo Fondo y una "Carta de Desarrollo" al Banco Mundial, enviadas a principios de 1990, las cuales consolidan la ten dencia anterior, que se mantiene inva riable, en términos generales, a pesar de los problemas surgidos en la renegocia ción de la deuda y, particularmente, luego de la incautación de 80 millones de dólares por parte del Citibank, en mayo de 1989.
Medidas económicas con las mismas recetas anteriores. Jorge Gallardo, ministro de Finanzas (página contigua)
El gobierno nacional, seguramente interesado en mantener el ambiente propicio para las conversaciones con los acreedores y por consideraciones de geopolítica, se contentó con protestas verbales que no han conseguido solu ción alguna frente a este atropello, que afectó a la RMI y que interfirió en el programa de pagos simbólicos de la deuda.
Una expresión adicional del alcance de la política económica fue esta prime ra "Carta de Intención" de la socialde- mocracia ecuatoriana. En esta carta, con absoluta claridad, se señalaba la búsqueda del objetivo final: "dentro de la estrategia de mediano plazo, el gobierno impulsará más la integración de la economía ecuatoriana a la econo mía mundial". En esa oportunidad, a la carta no antecedieron ni siguieron paquetazos traumáticos como en otras ocasiones, puesto que el "stand by" se consiguió como reconocimiento a los esfuerzos de ajuste gradualmente reali zados, que satisfacían en gran medida a los organismos internacionales.
En estas condiciones, a poco de ter minar 1989, una misión del Banco M undial entregó al gobierno una "Estrategia de Mediano Plazo-docu mento de discusión", en la cual, luego de señalar que "el programa de estabili zación del Ecuador (está) entre los más existosos de los programas reciente mente im plem entados en A m érica