• No se han encontrado resultados

Investigación e intervención social: viñetas reflexivas desde la universidad

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2017

Share "Investigación e intervención social: viñetas reflexivas desde la universidad"

Copied!
14
0
0

Texto completo

(1)

Flor Edilma Osorio y Jefferson Jaramillo1

Esta ponencia fue presentada en el XII Congreso "La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana", durante la segunda sesión del simposio sobre políticas de investigación y de innovación. 19 de septiembre de 2013.

Ante la invitación que nos hizo la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana hace ya un par de meses para reflexionar alrededor de las similitudes y diferencias entre la investigación y la intervención social como quehaceres centrales del ejercicio uni-versitario, decidimos orientar nuestras reflexiones en torno a cuatro interrogantes, que com-partimos hoy con ustedes, en el marco del XII Congreso “La investigación en la Pontificia Universidad Javeriana”.1

Esos interrogantes son: 1) ¿Cómo comprender la relación entre investigación e interven-ción social desde lo que conocemos y hemos hecho específicamente dentro y fuera del ámbito académico?; 2) ¿Cuáles son los alcances y límites de estos vínculos?; 3) ¿Qué lecciones de-rivamos de dichas experiencias? y 4) ¿Cuáles son los escenarios deseables, en tanto recogen los diálogos y desafíos centrales en la imbricación de estos dos quehaceres, que deberían potenciarse desde una universidad como la Javeriana?

Antes de comenzar a responder estas preguntas se hacen necesarias algunas claridades. Las reflexiones aquí expuestas no aspiran a recoger el universo y la totalidad de experiencias, retos, desafíos, limitaciones y alcances sobre el tema. Tampoco se trata de trazar rutas idea-les o adecuadas de actuación. Más bien buscamos posicionar en estos ejercicios de análisis la necesidad e importancia del lugar de enunciación desde el cual hablamos o el campo de experiencia en el que nos situamos.

Sobre esta base es importante reconocer que hablamos hoy desde nuestras opciones y en particular lo que ha representado pertenecer durante más de 20 años a la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales para Flor Edilma y durante siete años a la Facultad de Ciencias Sociales para Jefferson; pero también desde el patrimonio escolar que significa para ambos interactuar con otras facultades y otras instancias de investigación dentro y fuera de la Universidad Javeriana y sobre todo tejer conocimientos con los estudiantes de las carreras de ecología, sociología, antropología e historia, de las maestrías y el doctorado en estudios ambientales y del doctorado en ciencias sociales y humanas.

Pero también somos conscientes de que estamos situados desde nuestros acumulados re-flexivos, apuestas investigativas, biográficas y profesionales. Así, en el caso de Flor Edilma

1 Flor Edilma Osorio es profesora de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales. Trabajadora social,

magís-ter en Desarrollo Rural de la Pontiicia Universidad Javeriana y doctora en Estudios Latinoamericanos de la Université de Toulouse II-Le Mirail (Francia). Jefferson Jaramillo es profesor de la Facultad de Ciencias Sociales. Sociólogo y ma

(2)

lo que ha implicado volcar sus intereses a la comprensión de los impactos y problemáticas derivadas de la migración en general y del desplazamiento forzado en particular. De lo que significa seguir incursionando y aprender de las dinámicas territoriales rurales, buena parte de ellas marcadas por el conflicto armado y los despojos provenientes de intereses legales e ilega-les, en los que se evidencian dinámicas de dominación y de resistencia. En el caso de Jefferson, lo que ha representado analizar el impacto de las políticas públicas sobre la población despla-zada que llega a las ciudades o las fronteras sociales de la pobreza en ciudades como Bogotá o la construcción social y oficial de las memorias del conflicto armado y más recientemente las subjetividades ambientales campesinas y los imperativos del capitalismo verde.

Lugares de enunciación investigativos y docentes que, aunque diferentes, también evi-dencian confluencias para ambos, especialmente por el interés mutuo que ha despertado interrogarnos por la construcción y reconfiguración de identidades y luchas socioculturales, ambientales y políticas; por cómo juegan allí los procesos colectivos de resistencia y la cons-trucción de la autonomía territorial en el marco del conflicto armado. Como sugiere Mills (1987), estamos usando entonces nuestra experiencia vital en nuestro trabajo intelectual, re-examinándola e interpretándola. En ese sentido, cuando decimos que “tenemos experiencia” significa, entre otras cosas, que nuestro pasado influye en nuestro presente y lo afecta y que él define nuestra capacidad para futuras experiencias.

Las precisiones anteriores confirman que estas reflexiones son apenas prolegómenos para continuar pensando de manera más colectiva y compleja al respecto. Las ciencias sociales son un campo tan denso, extenso y dinámico como los muchos fenómenos, expresiones y relacio-nes sociales emergentes que nos atraviesan a diario como sociedad.

Habiendo expresado los ámbitos restrictivos de estas reflexiones, abordaremos ahora al-gunas respuestas, a modo de viñetas reflexivas, a los cuatro interrogantes ya mencionados.

¿Cómo comprender la relación entre investigación e intervención social desde lo que conocemos y hemos hecho especíicamente dentro y fuera del ámbito académico?

Distancias y proximidades entre investigación e intervención

El modelo de racionalidad científica dominante ha abierto una brecha enorme, por una par-te, entre conocimiento científico y conocimiento del sentido común, generando una cons-tante desconfianza de la experiencia inmediata, y por otra parte, entre la naturaleza y la persona humana, situando la primera como pasiva, eterna y reversible, merced al dominio y el control que el ser humano tiene a partir de la ciencia.2

En ese marco de cuestionamiento epistemológico profundo, en el cual no nos adentra-remos aquí, situamos la comprensión de la investigación en tanto actividad propia del ser humano que busca responder el por qué y el para qué de las cosas; una actividad que se

(3)

vuelve altamente especializada por medio de una serie de métodos desde los cuales se busca construir una verdad y que con frecuencia se asienta en la reducción de los fenómenos a datos.3 En una perspectiva amplia, se podría decir que la investigación en general, pero

par-ticularmente la investigación social, tiene algún grado de intervención, de impacto posible sobre la sociedad; es decir, tiene el potencial de incidir de alguna manera, ya sea sutil o di-rectamente, incluso aunque no constituya una pretensión expresa de quien investiga. Para el caso de las ciencias sociales, buena parte de sus metodologías sitúa a los investigadores como instrumentos fundamentales del estudio dado, proceso que pasa por la pregunta, la actitud, la escucha, la observación, el análisis, lo que se dice y lo que se calla.

De la misma manera, podría decirse que cuando deseamos intervenir, actuar para cam-biar o aportar a la resolución de un problema en un grupo o contexto social, se requiere de un mínimo de investigación; es decir, se parte de algún punto que supone que se sabe qué se quiere cambiar y hacia dónde se orienta ese cambio, así no esté realmente fundamentado o así los argumentos sean discutibles. Pero además, la intervención misma es un tema de investigación. Precisamente, como argumenta Alfredo Carballeda (2008, p. 7):

[…] la intervención en lo social básicamente se vincula con el conocimiento a posteriori, su saber proviene de la práctica cotidiana, la intervención se funda en el hacer y es desde allí de donde debe abrevar el conocimiento y especialmente las preguntas a otros campos de saber.

¿Esto quiere decir que investigación e intervención son la misma cosa? De ninguna mane-ra. Hay prioridades particulares en cada uno de estos caminos. El primero es conocimiento y el segundo transformación. Sin embargo, hay una serie de caminos intermedios que abogan, por ejemplo, porque el conocimiento tenga como propósito transformar y que ese conoci-miento parta de los sujetos mismos como agentes transformadores, como es el caso de la investigación acción participativa, legado del maestro Fals Borda. Quienes hemos transitado por ambos caminos, sabemos que tienen ritmos, énfasis y procedimientos un tanto diferen-tes, pero que pueden ser muy complementarios. A veces es necesario avanzar de manera simultánea, como nos ha ocurrido en la experiencia del Observatorio de Territorios Étnicos y Campesinos (otec), para hacer ambas cosas buscando compatibilizarlas.

Lo llamativo aquí es que no siempre para la universidad es posible intervenir, especial-mente cuando se trabaja en lugares fuera de Bogotá y en zonas con situaciones liminales de conflicto armado como ocurre en buena parte de los casos. Una opción interesante es la alianza con ong en las regiones, en donde universidad y ong hacen lo mejor que cada

uno sabe hacer, de manera coordinada y simultánea, en diálogos y aprendizajes recíprocos, teniendo como prioridad una transformación o una resolución de necesidades de una comu-nidad. Ese puente también se puede realizar con organizaciones comunitarias que tienen estabilidad y con las cuales se articulan y comprometen esfuerzos concretos para producir

(4)

conocimientos que les sean útiles. Tal es el caso de la Fundación San Isidro en Boyacá, con la que la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, en sus previas expresiones de Instituto de Estudios Rurales, por ejemplo, realizó actividades durante más de veinte años.

Sabemos que muchas ong que han optado por la intervención, difícilmente tienen

dispo-nibilidad, capacidad y posibilidad de hacer investigación, por más que se lo propongan. Una vía por explorar es juntar esfuerzos para que quienes hacemos investigación nos podamos encontrar y potenciar por esa vía el trabajo mismo, evitando intervenciones múltiples y des-articuladas y sobre todo generando un conocimiento útil para que las comunidades analicen su propia realidad, tomen decisiones, orienten sus acciones y sus demandas y aporten a una dinámica de formación en la acción.4 Las comunidades pueden gozar entonces del

acom-pañamiento, con los ritmos propios que ello exige y con las continuidades que lo requiere y los investigadores que difícilmente podemos mantenernos largos tiempos en las regiones podemos entrar y salir sin causar traumatismos. Este ejercicio requiere suficiente claridad en los propósitos, confianza entre los equipos y la construcción de una relación de alianza y complicidad en la que ninguna de las dos dimensiones (la intervención y la investigación) se asuman como superiores o subordinadas entre sí.

Dos entradas diferentes pueden sugerirse en el abordaje entre

investigación e intervención social

Una, es la entrada por o desde arriba, que se refiere al impacto que se quiere lograr con la investigación en las instancias decisorias; por ejemplo en las políticas del Estado o en los programas institucionales. Es decir, por medio de la investigación se busca incidir y dialogar con quienes toman las decisiones, con quienes tienen el poder, cualquiera sea la escala geo-gráfica. Aquí hay una apuesta por una intervención desde actores clave en las estructuras de poder que pretenden incentivar y direccionar los cambios. La otra entrada es desde abajo y pretende incidir en los procesos, prácticas, conocimientos, saberes y decisiones de las pobla-ciones y las comunidades, lo que algunos llaman las bases sociales. La intención es potenciar situadamente transformaciones y cambios que correspondan a estos intereses. En medio de estos dos extremos hay, por supuesto, un sinnúmero de gamas y combinaciones intermedias. Cualquiera de estas entradas es legítima y tiene sentido y justificación para las y los inves-tigadores. Sin embargo, cada una tiene lógicas, ritmos, alcances, metodologías y exigencias diversas que van configurando prácticas de investigación y de intervención diferenciadas.

4 Ese es un ejercicio que realizamos por ejemplo con el Servicio Jesuita a Refugiados, en el marco de una reciente convocatoria con el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio y en el que se articularon esfuerzos con la Corporación cds en la Costa Caribe, entre otros. También es algo que estamos tratando de potenciar en el

marco de este mismo programa varias facultades (Ciencias Sociales, Filosofía, Ciencia Política, Teología, Comunicación y Lenguaje, Ciencias Económicas y Administrativas e Ingeniería) en una reciente convocatoria de inanciamiento de proyectos sociales realizado por la Universidad Javeriana. Aquí se trata de sumar esfuerzos con el Observatorio de Paz Integral (opi) de la Corporación Desarrollo y Paz del Magdalena Medio y con el Servicio Jesuita a Refugiados (sjr), para

avanzar en las tareas de construcción del tejido de la memoria histórica con comunidades desplazadas y personas

(5)

Los impactos de la investigación y la intervención

Los usos y aplicaciones, así como los tiempos y actores que se apropian de los resultados de las investigaciones son un enigma sobre lo cual se sabe poco. Algunos estudios señalan que las propuestas que se hacen en términos de políticas públicas no se tienen muy en cuenta dado que los ritmos burocráticos son muy diferentes de los académicos (Weiss, 1999). In-cluso, es posible que estos impactos se muevan de manera diversa pese a las decisiones de quien investiga; es decir, que la información sea usada para fines contrarios a los previstos por actores impensados. En general, los usos y apropiaciones son muy diversos y sobre ellos los investigadores tienen poco o ningún control.

En el caso de las comunidades, a medida que la opción investigativa está más forjada en procesos participativos, se puede dar mayor intervención, no como una externalidad irreme-diable, sino como un propósito del estudio mismo. Así, mayor será la apuesta y la responsa-bilidad ética de las opciones teóricas y metodológicas que se empleen. La intervención más claramente definida, construida y prevista parece corresponder entonces a primera vista con metodologías participativas y con propósitos explícitos de construcción colectiva del conoci-miento, en el marco de actividades simultáneas de acompañamiento y asesoría. Sin embargo, tampoco es claro aquí el impacto, pues muchas veces estos procesos pueden parecer en algún momento irrelevantes y su uso aflora en otras situaciones o en otros momentos no previstos por el investigador o no necesariamente de manera inmediata. Quizá se puedan valorar algu-nos aprendizajes más técnicos pero muchos otros aspectos son mealgu-nos claros y están mediados por diversas circunstancias. Aun así, en el camino ocurren sorpresas interesantes.5

En este sentido, es probable que tanto la investigación como la intervención, no impli-quen ni quitar ni poner nada en una realidad, sino solo “hacer ver” aquello que el contexto, la historia o el escenario impiden visualizar y reconocer. Se trata de interpelar el orden del discurso en tanto instrumento de violencia simbólica, como han argumentado ya clásica-mente Foucault y Bourdieu. Quizá eso contribuya o permita, por ejemplo, que ese otro u

5 Al respecto mencionemos la experiencia de terapeutas populares de un programa de promotoras de vida y salud mental (en el que participó la Facultad de Psicología de la Javeriana) de donde se deriva su nombre de las Provisame, mujeres que acompañan los grupos de víctimas “donde podemos hablar sin secretos”. “Son mujeres que nos dan ánimo, nos enseñan, nos acompañan, nos dan cariño. Son mujeres que nos tratan bien, nos quieren y es

-cuchan” (Villa, 2007). Dado que la estrategia se basa en abrazos, las llaman también “las abrazadas”. Por otra parte, un recorrido por los 23 municipios del Oriente antioqueño, una región con un proceso muy fuerte de desplazamiento forzado y despojo, que hizo hace algún tiempo una colega con la que realizamos un estudio, permitió encontrar que este papel terapéutico mantiene un reposicionamiento de las mujeres en sus familias y comunidades en el proceso de recomponer sus vidas en medio de la guerra. Su participación en ese colectivo, ahora llamado organización de víctimas abre una ventana hacia lo político, hacia las reivindicaciones y la exigencia de derechos ante el Estado y la sociedad local. Las mujeres salen a marchar, hacen jornadas de la luz, trochas por la vida y plantones, para decir: “¡Aquí pasaron cosas y siguen pasando!”. Se trata de un tránsito de la vulnerabilidad que implica la condición de víctima –en solitario– a la posibilidad que conlleva lo comunitario para exigir reivindicaciones colectivas. Son en este momento casi las únicas que reconocen la importancia y sentido de hacer memoria, son las “guardianas” del proceso, de los monumentos, de las prácticas y expresiones de la memoria en cada municipio. Siguen cumpliendo una tarea muy activa con respecto al acompañamiento –desde su propia experiencia y la conianza que se ha construido en este tiempo– a otras muje

(6)

otros abandonen el banquillo de la sospecha, de la negación, de la inexistencia o del olvido, reconociendo la presencia de la historia en el presente (Carballeda, 2008).

Además, los impactos de la investigación sea cual fuere su puerta de entrada no pueden verse en el corto plazo ni al cierre de los proyectos, especialmente cuando estos cada vez son más cortos o incluso cuando estos ocurren mientras ciertos procesos sociales están aún abier-tos. La mirada valorativa sobre el aporte de estos esfuerzos debe verse desde una perspectiva histórica, de más largo aliento.

¿Cómo enseñamos a investigar-intervenir?

Los aprendizajes desde la cocina o trastienda de la investigación son aún bastante reservados. Son todavía implícitos que no hacemos públicos y de los cuales podríamos aprender mucho – en términos del manejo de las vicisitudes y de las dificultades– y desde allí situar unas prácti-cas de investigación que discutan y dialoguen con los manuales y las técniprácti-cas, las estrategias, los desafíos, las pequeñas y grandes lecciones. Cada investigación social trae su enseñanza epistemológica, ética y metodológica “debajo del brazo” y es nuestra responsabilidad hacerla explícita para compartirla y aprender de ella, no como un adicional vergonzante, sino como parte de la artesanía investigativa misma.

Es el caso por ejemplo de las exigencias y aprendizajes que surgen de investigar e inter-venir en contextos de conflicto armado, sobre temas y con sujetos directamente afectados por él. Las dinámicas, condicionamientos y metodologías tienen otras exigencias. Como lo discutimos con los colegas de la red de investigadores en desplazamiento forzado (redif) “la

palabra es un arma”, los silencios cobran sentidos más profundos y vitales. Si no compar-timos juiciosamente esos aprendizajes o hacemos reflexividad sobre los procesos y prácticas investigativas, todo ello quedará relegado al anecdotario y seguiremos pensando en remitir a los manuales metodológicos, en los que estas preocupaciones son vacuas o simplemente inexistentes (Bello, 2006). Precisamente, lo que se puede llamar “infidencias de la investiga-ción”, es en este semestre un tema que nos ocupa en un seminario del doctorado en estudios ambientales y rurales que se realiza en la facultad.

¿Cuáles son algunos alcances y límites de esta pareja de baile?

A partir de lo descrito anteriormente consideramos que existen unos alcances y límites del dúo dinámico entre investigación e intervención:

Ampliación del aporte de la interacción entre investigación e

intervención a procesos sociales en marcha

(7)

pues-ta en marcha de las pequeñas y grandes respuespues-tas. Es un aprendizaje realispues-ta que permite aterrizar, discutir y confrontar las teorías y modelos de cara a las causas y a las respuestas y a las relaciones entre poblaciones e instituciones. En un país en guerra como el nuestro, estos procesos colaborativos y comprometidos tienen profundas implicaciones en medio de la so-ledad de muchas comunidades que habitan los márgenes de las ciudades y el país.

Aprendizaje e interpelación continuos entre docencia e investigación

El aprendizaje no es solo de los profesores e investigadores, como lo hemos descrito en este texto. Es también parte de los estudiantes a quienes estamos formando, que pueden y deben incorporar una reflexión crítica y dialogada entre la teoría y la realidad compleja y diversa en la que viven. Pero además, en procesos colaborativos, como los que hemos enfatizado aquí, es necesario reconocer la importancia de la integración de otros maestros y estudiantes de las comunidades, que van interactuando y ofreciendo una gama mayor de conocimientos, perspectivas y valoración de las situaciones y de las soluciones. Desde esos diversos lugares y comprensiones, se pueden generar conocimientos no solo más amplios, diversos y enriqueci-dos, sino procesos de diálogo crítico y respetuoso, principios éticos, ante las situaciones coti-dianas mismas, facilitando una escuela de aprendizaje, de artesanía intelectual como sugiere el mismo Mills (1987) citado más arriba.

La investigación es solo una de las formas de intervención social que

puede realizar y realiza la academia

La asesoría, la capacitación, la gestión y la planificación son formas no excluyentes sino com-plementarias. Estas posibilidades se ven enriquecidas desde la universidad por la diversidad de conocimientos y de disciplinas que pueden entrar a interactuar, generando además apren-dizajes entre profesores y estudiantes desde esas diferentes disciplinas que con frecuencia no dialogan y que se ven como campos de saber absolutamente distantes e incompatibles. Las capacidades instaladas disponibles en las universidades y en concreto en la Javeriana, con frecuencia se desperdician o no se aprovechan completamente. Sin embargo, es importante resaltar que varias experiencias en la institución han hecho efectivos estos diálogos y que las capacidades instaladas se han utilizado, por ejemplo, en el programa de apoyo a pequeños municipios, la experiencia de Gámbita; el programa Vidas Móviles; la clínica jurídica en la Facultad de Ciencias Jurídicas; las prácticas sociales en la Facultad en Ciencias Sociales. Ade-más, hay que nutrir y revisar la secuencia permanente entre la intervención y la investigación que tienen los profesores en su vínculo continuo con las comunidades, también a partir de los ciclos de práctica y de los ejercicios de reflexividad que puedan realizar los estudiantes que rotan desde diversas facultades por distintas zonas del país.

(8)

pasos previos a la acción. En ese sentido, sea que los estudiantes se dediquen o no de manera especializada a la investigación en su campo, todo ello requiere de unos ejercicios mentales necesarios. Ahora bien, si la regla general obliga a realizar un trabajo de grado, que con diferente profundidad insiste en un ejercicio de investigación, deberíamos preguntarnos por los alcances, usos, frustraciones y posibilidades que ofrecen estos espacios para una práctica docente específicamente orientada a la enseñanza-aprendizaje en investigación. El campo de los trabajos de grado, sobre todo de los de pregrado, ha estado muy subestimado en la uni-versidad en general y tememos que la Javeriana no sea una excepción, al mantener el asunto en un nivel de requisito formal.

Y allí vemos un potencial importante, una oportunidad tanto para favorecer procesos de investigación/intervención, como de acompañamiento a las comunidades, aportando cono-cimiento útil, pertinente y muy fresco a procesos sociales en marcha dentro de ellas. Esto requiere de todas formas, favorecer procesos de docencia que permitan ajustes apropiados de la formación de los estudiantes, mediante ejercicios investigativos situados y con calidad, que propicien una relación teórico-empírica coherente y con sentido político, social y ético.6

Demandas de proyectos cortos y resultados rápidos, una gran limitante

Los ritmos y continuidades de la investigación y de la intervención suelen ser diferentes, si bien es evidente que cada uno de estos espacios cada vez está siendo condicionado por los financiadores para ser realizado en tiempos muy cortos. Ello impide o restringe la po-sibilidad de construcción de procesos sociales que faciliten la articulación más armónica y sintonizada entre investigación e intervención. Con frecuencia, la capacidad institucional de la universidad es escasa para asumir la intensidad y perspectiva de mediano y largo plazos que requieren con frecuencia estos procesos sociales. Como argumenta Gosselain (2011, p. 133): “la ciencia requiere de tiempo para leer, para equivocarse, para descubrir la dificultad de comprenderse, –sobre todo en ciencias humanas y en ciencias naturales–, para digerir las informaciones y para progresar”. Es decir, la relación entre investigación e intervención social, supone ante todo procesos y no únicamente proyectos en plazos muy cortos. Esta exigencia cada vez queda por fuera de los tiempos restringidos de los modelos institucionales de las universidades y de los entes financiadores. Pero además, va de la mano de una serie de imponderables y de ritmos que deben ajustarse a las dinámicas del lugar. Ello exige una va-loración institucional no solo de los productos, sino de las dinámicas de investigación, dado que ambas forman parte importante del conocimiento que se construye y de los aprendizajes que se adquieren.

6 No solo es importante la formulación del proyecto de investigación, al que a veces se dedica más tiempo que a la tesis misma. Lo es también y quizá con más fuerza el trabajo de campo, el tiempo para el análisis de los datos, para la retroalimentación con las comunidades y con los pares. Esos ires y venires entre los datos y la escritura deben además ser muy relexivos. Lo anterior no supone tampoco aumentar las exigencias y los tiempos de los trabajos de grado o de pregrado, más bien ser conscientes de que estos son excelentes laboratorios de aprendizaje para nuestros

(9)

Algunas lecciones aprendidas

A continuación plantearemos algunos aprendizajes que significan rupturas, en muchos ca-sos, con los marcos y prácticas usuales de investigación e intervención. Estos se derivan es-pecíficamente del trabajo acometido por los autores en torno a temáticas amplias y diversas dentro del marco del conflicto armado colombiano.

La investigación y la intervención social exigen toda una gama de

sensibilidades

Especialmente para escuchar, mirar, saber cómo decir en contextos de violencia diaria y aprender de los silencios. Es decir, la realidad de las regiones donde no es fácil hacer campo, requiere que los investigadores sean conscientes de los “puntos ciegos de la mirada y la escu-cha”, como dice Bateson (2001). Esto demanda del investigador ser poroso a toda una “gama de sentimientos” que se inscriben en la experiencia de lo cotidiano de las comunidades con las que trabajamos y que terminan impregnando nuestro oficio. Uno de los sentimientos que más nos ha costado entender, pero sobre el que es preciso llamar la atención aquí tiene que ver con aprender de los silencios deliberados de las otras personas, pero también de los del in-vestigador. La investigación y la intervención social deben comprender que no solo importa lo narrado o lo que se hace; el silencio y lo que no se hace son también formas de protección, ya sea ante las amenazas de una violencia vigente o ante la necesidad de preservar unas con-diciones psíquicas, morales o sociales alcanzadas con una historia personal que se narra sin hacer necesariamente nada más que callar o esperar (Aranguren, 2008).

Los contextos sociales y políticos en los que investigamos demandan

ejercicios de aprendizaje, desaprendizaje y reaprendizaje

(10)

comunidades, qué se extrae de ellas, cómo se compila en un informe, qué se pública o no en un documento, cómo se retorna un producto, cómo se discute en la escena pública.7

La investigación y la intervención social exigen una ética de la

colaboración

La “colaboración” implica desestructurar las relaciones que permiten en el ejercicio intelec-tual reproducir las jerarquías que separan a los “especialistas” de sus fuentes de información, casi siempre comunidades y voces plurales. Implica romper con la escala de privilegios aca-démicos, con la unidireccionalidad de la circulación de las ideas y con la preeminencia del capital simbólico o el estatus institucional del investigador. En tanto las comunidades no son homogéneas ni un universo cerrado y quieto, ellas nos están interpelando cada vez más sobre las cegueras que son tan constitutivas de una academia umbilicalmente conectada con el poder o preocupada por su posición institucional. El ejercicio colaborativo con ellas ha implicado el reconocimiento y la invitación de múltiples voces y subjetividades, según géneros, edades, liderazgos, pertenencias étnicas, labores, etc. Adicionalmente, la ética de la colaboración nos debe llevar también a reconocer y valorar las dimensiones del lugar y del territorio donde se ubican estas voces y subjetividades diversas, como dimensiones fundamentales en las dinámicas de violencia, de memoria, pero también de resistencia y de búsqueda de alternativas.

Los aprendizajes también nos señalan que podemos aprender,

compartir y complementar entre investigadores en ciencias sociales y

ciencias naturales sin que ello signifique unificar criterios con el mismo

rasero o generar jerarquías entre ella

De hecho, de esos complementos han resultado diálogos muy interesantes entre sociólogos, antropólogos y ecólogos en nuestros casos, que aportan además a procesos sociales localiza-dos y permiten ver lo posible y deseable del encuentro entre ciencias sociales y naturales.8 Sin embargo, asumimos sin vergüenza que no podemos ni queremos desde las ciencias so-ciales establecer leyes universales en virtud de que los fenómenos soso-ciales son históricamente condicionados y culturalmente determinados; que no se pueden producir previsiones fiables porque las personas modifican su comportamiento en función del conocimiento que sobre él se adquiere; que los fenómenos sociales son de naturaleza subjetiva y el científico social no puede liberarse, en el acto de la observación, de los valores que forman su práctica en general y, por tanto, también su práctica como científico (Nagel, citado por De Sousa Santos, 2009). Por lo mismo sabemos que debemos estar atentos a ser autocríticos, a ser humildes en

nues-7 Un debate ético muy delicado tiene que ver con qué publicar cuando la decisión, aunque sea del investi

(11)

tras pretensiones de conocimiento, a explicitar nuestro lugar de enunciación, a valorar las trampas de los estigmas y estereotipos que pululan en el ejercicio investigativo y de interven-ción, así como de nuestras propias cegueras, asumiendo que la realidad es mucho más de lo que podemos ver y reconocer, como ya hemos mencionado. Y ante esas realidades, creemos que el camino sensato que podemos tomar es el del optimismo trágico, que se soporta en la construcción de un conocimiento-emancipación, tomando distancia del conocimiento-regu-lación (De Souza Santos, 2009, p. 62).

¿Cuáles son los escenarios deseables, en tanto recogen los diálogos y desafíos centrales en la imbricación de estos dos quehaceres, que deberían potenciarse desde una universidad como la Javeriana?

En la actualidad, la educación en general y la universidad en particular están atravesadas por una fuerte tendencia a asumir políticas de tipo empresarial, orientadas a garantizar una mirada atractiva desde el exterior, en un marco altamente competitivo por el mercado de la educación. En ese sentido la ideología de la excelencia del capitalismo cognitivo, del cre-cimiento constante e ilimitado de la calidad, sitúan a la investigación, a la enseñanza y a la docencia al servicio exclusivo del crecimiento económico, otorgándole así una concepción utilitarista al quehacer universitario dentro de la sociedad. Todo ello afecta profundamente no solo qué se enseña sino cómo se enseña, olvidando que “las verdaderas competencias, aquellas que son la fuente del progreso, tienen una dimensión práctica y ética” (Gosselain, 2011). La exigencia competitiva también afecta qué y cómo se publica, disminuye los tiem-pos y procesos de las investigaciones y muchas veces las despoja del gusto, del placer y de la creatividad. Si eso se pierde ¿qué nos queda?, se pregunta Gosselain (2012, p. 1). Quizá convenga repensar con esta profesora que “los árboles que crecen lentamente alteran de ma-nera permanente su ambiente, a diferencia de las hierbas. La importancia de estas últimas no dura sino un tiempo, el de la estación” (Gosselain, 2011).

(12)

Uno de esos compromisos tiene que ver con ser más conscientes de las nuevas realidades del país, que demandan responsabilidades específicas de la universidad para investigar y para intervenir y reconocer la existencia de múltiples caminos, opciones y decisiones. Es decir, esta nueva misión asume que estamos ante procesos continuos y profundos de empobrecimiento y frágil democracia, en condiciones de conflicto armado prolongado y en el marco de opor-tunidades aparentes, que podemos y debemos hacer posibles y visibles desde la investigación y la intervención, por ejemplo, en torno a los daños, la restitución de tierras, las víctimas y la memoria, entre otros muchos. Esta misión nos parece es más consciente que en medio de la continuidad de la guerra, así como operan nuevas situaciones de despojo producidas por grandes proyectos minero-energéticos y agroindustriales, también se están generando continuamente expresiones de resistencia en muchas comunidades en el país. Además, en esta nueva misión la alianza y colaboración entre diversos campos de conocimiento se plan-tea como un desafío de enorme potencialidad, en especial al momento de resolver efectiva y oportunamente los problemas que no tienen que ver solo con resultados, con productos, sino con procesos situados desde y para las comunidades regionales. Y se plantea como un enorme reto por cuanto es el escenario propicio para constituir nuevos espacios de formación desde la práctica y desde lo concreto con nuestros estudiantes; para aprender y reaprender con ellos y para romper estigmas y reduccionismos de los campos de trabajo de los colegas.

Situándonos en este marco de discusión, y para cerrar esta participación, queremos for-mular algunos escenarios deseables para la Universidad Javeriana del presente y del futuro, en los que una de las mayores pruebas será la imbricación y puesta en práctica de estos dos horizontes sustantivos a su misión (la investigación y la intervención).9

1. Una universidad en la que el conocimiento científico, el saber tradicional, las crea-ciones discursivas y las artísticas sean el fundamento de la formación integral de la Pontificia Universidad Javeriana.

2. Una universidad que reconozca y respete la forma particular de producir, aplicar y profundizar el conocimiento en y desde las disciplinas científicas, las prácticas artísticas y sociales y los diferentes saberes.

3. Una universidad comprometida con las realidades sociales del país y con su papel en la transformación de las mismas, con voluntad y capacidad para incidir allí; por ello, el conocimiento resultado de la investigación y la intervención debe promo-verse desde una reflexión ética sobre sus consecuencias sociales.

4. Una universidad que reconozca la actividad investigadora y la intervención como parte integral de las comunidades, de la recuperación de memoria y de procesos individuales cuyas dinámicas y resultados usualmente no están formalizados. 5. Una universidad con una mayor sensibilidad a la investigación como un espacio

para conocer y aprender. Como un escenario para activar y construir relaciones más

(13)

sólidas y continuas entre los grupos de investigación y los estudiantes de pregrado, maestrías y doctorados. En la que tenga eco el papel de las tutorías y las asesorías a los trabajos de grado como un ejercicio docente fundamental e integrador entre teoría y realidad.

(14)

Referencias

Aranguren, J. P. (2008). “El investigador ante lo indecible y lo inenarrable (Una ética de la escucha)”. Revista Nómadas, 29, pp. 20-33.

Auyero, J. y Berti, M. F. (2013). La violencia en los márgenes. Una maestra y un sociólogo en el

conurbado bonaerense. Buenos Aires: Katz.

Bateson, G. (2001). Espíritu y naturaleza. Buenos Aires: Amorrortu.

Bello, M. N. (ed.). (2006). Investigación y desplazamiento forzado. Bogotá: redif y Colciencias.

Carballeda, A. (2008). La intervención en lo social, las problemáticas sociales complejas y las políticas públicas. Revista Margen, 48; p. 7. Recuperado de www.margen.org/suscri/ margen48/carbal.html.

Castillejo, A. (2009). Los archivos del dolor: ensayos sobre la violencia y el recuerdo en la Sudáfrica

contemporánea. Bogotá: Universidad de los Andes.

De Sousa Santos, B. (2009). Una epistemología desde el sur. México: clacso-Siglo XXI editores.

Espinosa, N. (2009). Etnografía de la violencia en la vida diaria. Aspectos metodológicos de un estudio de caso. Revista Universitas Humanística, 67, pp. 105-125.

Gosselain, O. (2011). “Slow Science et désexcellence”. Uzance. Recuperado de www.patrimoi- neculturel.cfwb.be/fileadmin/sites/colpat/upload/colpat_super_editor/colpat_editor/do-cuments/Documents_Pat/Publications/Uzance/N.1/8_Olivier_P__Gosselain.pdf Gosselain, O. (2012). Slow Science et désexcellence: quelques poches de résistance en Belgique.

Recu-perado depds.hypotheses.org/1968

Jaramillo, O. (2013). Informe de salida de campo. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana. Mills, W. (1987). La imaginación sociológica. México: Fondo de Cultura Económica.

Villa, J. D. (2007). Provisame. Entre pasos y abrazos. Las promotoras de vida y salud mental, Pro-visame, se transforman y reconstruyen el tejido social del oriente antioqueño. Sistematización

de la experiencia del modelo formativo 2004-2006. Medellín: ConCiudadanía, CINEP y

Asociación de mujeres del oriente antioqueño.

Referencias

Documento similar

Cancioneiro de Madrid. 1 Nunca espeiei de amor contentamiento. 5v) 2 Es en todo tan corta esta jornada. 6v) 3 Aquel camino larguo de mis daños. 8v) 5 El tiempo en toda cosa

95 Los derechos de la personalidad siempre han estado en la mesa de debate, por la naturaleza de éstos. A este respecto se dice que “el hecho de ser catalogados como bienes de

Fuente de emisión secundaria que afecta a la estación: Combustión en sector residencial y comercial Distancia a la primera vía de tráfico: 3 metros (15 m de ancho)..

He estado trabajando día y noche desde entonces para intentar acceder a sus entrañas, pero mucho me temo que no voy a ser capaz de hacerlo.. Y, sinceramente, no sé lo que nos

quiero también a Liseo porque en mi alma hay lugar para amar a cuantos veo... tiene mi gusto sujeto, 320 sin que pueda la razón,.. ni mande

Para ello, trabajaremos con una colección de cartas redactadas desde allí, impresa en Évora en 1598 y otros documentos jesuitas: el Sumario de las cosas de Japón (1583),

Pero la realidad se impone por encima de todo; la misma Isidora es consciente del cambio: «Yo misma conozco que soy otra, porque cuando perdí la idea que me hacía ser señora, me

d) que haya «identidad de órgano» (con identidad de Sala y Sección); e) que haya alteridad, es decir, que las sentencias aportadas sean de persona distinta a la recurrente, e) que