Al cabo de casi quince años de haber sido enunciado por la Co-misión Europea y con un desarro-llo signado por su desigual adap-tación a modelos de política pú-blica que han fluctuado en su apuesta por las tecnologías info-comunicacionales en igual perío-do en los países de Occidente, el modelo de la Sociedad de la In-formación tal y como fuera adop-tado por los países centrales (Be-cerra, 2003) ya puede ser evalua-do a partir de algunas de sus consecuencias.
En particular, y si bien dicho mo-delo no fue concebido tomando como referencia la realidad de los países periféricos y tercer-mundistas, nos interesa explorar algunos de los efectos más
signi-ficativos que ha tenido la virtual importación de sus objetivos por parte de los países latinoameri-canos a partir de la segunda mi-tad de los años 90 y hasta el pre-sente. Conviene recordar, al res-pecto, que las ideas fuerza del modelo de la sociedad informa-cional remitían a políticas de libe-ralización (y su corolario, la priva-tización), de desregulación y de fomento a la competitividad glo-bal o, cuanto menos, concertada en ámbitos de gobierno supraes-tatal como la Organización Mun-dial del Comercio (OMC). Estos objetivos, enunciados como me-tas de la intervención pública (pa-radójicamente promoviendo la re-tirada de la intervención estatal) en los años 90, fueron
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Martín Becerra
Universidad Nacional de Quilmes y Con-sejo Nacional de Investigaciones Cientí-ficas y Técnicas (CONICET).
Guillermo Mastrini
Universidad de Buenos Aires.
Estructura de la Sociedad
Informacional latinoamericana
El presente artículo está basado, pues, en los resultados de la in-vestigación que realizamos sobre Estructura y Concentración de las industrias info-comunicacionales en América Latina y que, enmarca-da en un programa de la ONG Ins-tituto Prensa y Sociedad (IPyS), fuera publicada en 2006 (Mastrini y Becerra, 2006). Parte de estos resultados fueron publicados en el Nº 38 de esta misma revista (Becerra y Mastrini, 2005). Con ese trabajo, que está actual-mente en fase de actualización, pretendimos por una parte dar cuenta de la estructura de mer-cado de las industrias culturales y el sector de las telecomunica-ciones en los países sudamerica-nos y México, y por la otra esta-blecer un diálogo crítico, teórico y metodológico, con algunas de las principales y valiosas contri-buciones que se realizaron en el campo de los estudios de econo-mía de la comunicación en Amé-rica Latina en la década del 70 (Muraro, 1987; Becerra y Mastri-ni, 2006). Es importante aclarar que todos los datos que se expo-nen a continuación están referi-dos al año 2000.
Una de las primeras conclusio-nes de nuestra investigación es la gran dificultad existente para conseguir datos precisos sobre las industrias que conforman el sector infocomunicacional en América Latina. Esta situación se agrava si se trata de indagar so-bre los indicadores económicos y sobre la per formancede las em-presas que actúan en ellas. De esta forma, las empresas encar-gadas de, entre otras tareas, in-formar a la sociedad sobre acon-tecimientos sociales, políticos,
cas a la hora de informar sobre sí mismas. Existe en la región un mecanismo de clausura invocado por las empresas de medios cuando se indaga sobre su com-portamiento, disimulado bajo la consigna de que solicitarles ren-dición de cuentas a la sociedad es atentar contra la libertad de prensa. No deja de ser una cons-tatación paradojal en el marco de una proclamada Sociedad de la Información.
Contexto y estructura
En términos generales, puede se-ñalarse que, en la última década, las políticas predominantes se vincularon con el neoliberalismo y el denominado Consenso de Washington y que ese modelo, contemporáneo al de la Sociedad de la Información, no ha sido aún reemplazado definitivamente por un paradigma de políticas públi-cas de signo diferente. Esta afir-mación es válida si se atiende a la peculiar y direccionada apertu-ra de los mercados, la libeapertu-raliza- liberaliza-ción de los flujos financieros y la privatización de importantes acti-vos estatales, entre las principa-les medidas cuyos efectos se ex-tienden al presente. En el sector infocomunicacional durante la dé-cada del 90 se privatizaron nu-merosas empresas de medios de comunicación y de telecomunica-ciones y se expandió la iniciativa privada en el conjunto de las in-dustrias culturales.
En América Latina, y en relación con la estructura poblacional, la mayoría de los países no alcanza los 50 millones de habitantes, con la excepción de Brasil y Méxi-co. Debe considerarse además
vicios infocomunicacionales por cuestiones económicas, espe-cialmente de aquellos que impli-can pagos directos. De esta for-ma, la estructura económica del sector infocomunicacional ve re-ducido considerablemente su ta-maño por exclusión de una parte importante de la población. En este sentido, América Latina se halla en desventaja en relación con los países centrales donde se encuentran mercados de gran tamaño y de alto poder adquisiti-vo (como Estados Unidos, Alema-nia, o Reino Unido), o bien de muy alto poder adquisitivo de la población (Holanda, Dinamarca, Bélgica, Suecia).
Estructura del sector infocomunicacional
A continuación se presenta un panorama de la estructura eco-nómica de los diversos sectores relevados. Un aspecto que debe tenerse en cuenta es la presen-cia de la economía informal y la comercialización de productos por fuera de los circuitos oficia-les. Esta situación afecta espe-cialmente a la industria disco-gráfica y en menor medida a la editorial. En estos casos, el bajo nivel de consumo encontrado se ve relativizado en par te por la presencia de mercados que por su propia esencia no pueden ser identificados.
Dentro del sector infocomunica-cional, la industria del libro pre-senta una escala muy inferior a la mayoría y se asimila en los nive-les de facturación de la industria discográfica. La mayoría de los países registra un nivel de ventas de menos de un ejemplar por
sona por año. En cuanto a la fac-turación, un solo país latinoame-ricano superó en el año 2000 la barrera de los mil millones de dó-lares en la industria del libro: Bra-sil. El resto, con la excepción de México que facturó más de 576 millones, presentó una factura-ción inferior a U$s 150 millones, destacándose en este último gru-po Chile, Argentina y Colombia que superaron los 100 millones de dólares (Gráfico 1).
La industria discográfica enfrenta en América Latina, al igual que en otras latitudes, la competencia de formas alternativas de comer-cialización de los formatos de compact disc y cassettes. En par-ticular, la desigualdad estructural en la distribución de los ingresos en la región y el bajo nivel adqui-sitivo de la mayor parte de la po-blación, en todos los países lati-noamericanos, influye en la con-tracción de los circuitos comer-ciales legales y la consecuente expansión de los circuitos alter-nativos. Los datos de América La-tina procesados corresponden al circuito legal. El país que presen-ta un mercado discográfico más vigoroso es Brasil, en donde se factura más del 55 por ciento del total de los países analizados. No obstante, es en México donde se registra la mayor cantidad de discos vendidos cada 100 habi-tantes (68,73 por año, contra 61,37 discos cada 100 habitan-tes en Brasil) (Gráfico 2). La industria del cine es una de las que menos factura en los paí-ses relevados, en relación con las otras industrias culturales. Asimismo, el porcentaje de
parti-cipación de cine de producción nacional en cada país es muy exi-guo (en ningún caso supera el 20 por ciento de las películas
estre-nadas). Como plantea Sinclair (2000), en América Latina hay po-cos países con una industria au-diovisual consolidada y, en el
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países indica que sus habitantes compran una entrada de cine ca-da dos años (0,58 entraca-das ven-didas por año por persona) y sólo en Argentina y México se vende un promedio aproximado a una entrada anual (Gráfico 3). Si bien no resulta sencillo obte-ner datos sobre la facturación to-tal, no caben dudas de que la prensa escrita es una de las in-dustrias culturales que genera mayores ingresos. El volumen to-tal de facturación para el año 2000 en los países relevados (con excepción de Bolivia y Vene-zuela, donde no se obtuvieron da-tos fidedignos), ascendió a 2.557 millones de dólares Esto transforma a la prensa escrita en un sector fundamental en térmi-nos económicos dentro del entra-mado de industrias de la cultura, que acrecienta su tradicional im-portancia por su incidencia en el debate político, cultural, econó-mico y social de cada país, lo que repercute en su estratégica posi-ción en la construcposi-ción de sensos en cada sociedad. El con-sumo de la prensa es bajo si se lo compara con Europa o Estados Unidos (Gráfico 4).
En el caso de la radio la factura-ción de la industria se asemeja al nivel exhibido por la industria dis-cográfica y es casi un tercio com-parándola con la de la prensa es-crita. En general la radio, tiene un desarrollo local y hay pocas esta-ciones nacionales (Gráfico 5). La televisión constituye el sector económico más importante den-tro de las industrias culturales. El registro de la inversión publicita-ria volcada sobre la televisión abierta en los países analizados
permite advertir que la televisión abierta presenta un volumen de facturación que multiplica por 8 el de la radio; y duplica el de la prensa escrita, y es nueve veces mayor que el de la industria cine-matográfica. Pero además, la te-levisión muestra un alto grado de
penetración en los hogares lati-noamericanos y se ha transfor-mado sin dudas en el principal medio de entretenimiento y de in-formación. En este marco, Brasil es el país que concentra el mayor volumen de facturación publicita-ria televisiva, ya que el 41 por
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ciento del registro del conjunto es aportado por la televisión bra-sileña. Como en otras industrias culturales, el tamaño del merca-do brasileño influye en la dimen-sión económica de la industria te-levisiva abierta. Brasil es seguido por México, que cuenta con el 23% de los ingresos por publici-dad, por Argentina, que acapara el 14% del total, por Perú, que re-gistra el 9% y por Colombia, con el 8% (Gráfico 6).
La televisión de pago tiene un de-sarrollo muy desigual en América Latina, pues hay países en donde se han desarrollado potentes sis-temas de televisión por cable y se sitúan en la vanguardia mun-dial en porcentaje de hogares abonados (Argentina y Uruguay), pero en otros países el mercado de televisión arancelada, que co-mienza a formarse con vigor en la década del 80 del siglo pasado, ha crecido con más lentitud (Boli-via y Perú). Si se calcula una pro-porción de uno a cuatro habitan-tes con acceso (en función de que los abonos son por hogar), se calcula que más del 55 por ciento de los ciudadanos argenti-nos y uruguayos acceden a la te-levisión de pago. Chile es un ca-so intermedio entre los dos cita-dos y el resto de los países ana-lizados, de los cuales sólo Vene-zuela y México cuentan con más de dos abonos cada 100 habitan-tes (Gráfico 7).
El abordaje analítico del sector telefónico debe realizarse por separado del de las industrias culturales reseñadas anterior-mente por tratarse de un ser vi-cio (o un conjunto de ser vivi-cios) que tradicionalmente ha tenido
un desarrollo independiente y separado del de las industrias culturales. No obstante, los pro-cesos de convergencia de las actividades de información y co-municación plantean cada vez más ar ticulaciones e imbricacio-nes entre las telecomunicacio-nes, el audiovisual, la microin-formática y la industria gráfica. Una de las principales diferen-cias se obser va al analizar el vo-lumen de facturación y el acceso de la población a las diferentes modalidades del ser vicio telefó-nico difieren de las analizadas para otros sectores infocomuni-cacionales. Si se toma como re-ferencia para el ejercicio compa-rativo la facturación de la telefo-nía vocal básica, se adver tirá
que la mayor de las industrias culturales en facturación, la te-levisión abier ta, no llega a re-presentar siquiera el 20 por ciento de la facturación de la te-lefonía. En relación al acceso, si bien en la década del 90 la can-tidad de líneas instaladas se ha incrementado en forma sustanti-va, todavía los índices de pene-tración son muy bajos si se los compara con los de los países desarrollados. La telefonía fue uno de los sectores que se vio más involucrado en los proce-sos de privatización e interna-cionalización (Gráfico 8). La telefonía móvil en América La-tina tiene una impor tancia eco-nómica muy significativa, dada la cor ta historia del sector y se
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80 por ciento más que la factu-ración de televisión abier ta.
Consideraciones finales
La situación de las industrias in-focomunicacionales en América Latina presenta impor tantes contradicciones. Por un lado, desde la década del 90 se asis-tió a una transformación del sector que implicó que los Esta-dos Nacionales se desprendie-ran de activos, especialmente en las telecomunicaciones, y se consolidara el predominio del mercado en la producción y dis-tribución de bienes y ser vicios culturales y comunicacionales. De acuerdo a sus principales im-pulsores, la aper tura de los mercados facilitaría su expan-sión y estimularía el acceso de impor tantes franjas de la pobla-ción al consumo de tecnologías y bienes culturales que hasta entonces se hallaban fuera de su alcance. Por otro lado, las estadísticas reflejan que, en la mayoría de los países, los índi-ces de inequidad en la distribu-ción del ingreso se han agrava-do. En términos generales, se mantiene la exclusión del acce-so de amplios sectores de la po-blación al consumo de los bie-nes y ser vicios básicos. En rela-ción con el sector infocomunica-cional, cabe destacar que si bien algunos índices de acceso tecnológico mostraron creci-miento en los 90, se aprecia que la posibilidad de un consu-mo cultural diversificado queda limitada a una porción minorita-ria de la población.
Históricamente en América
Lati-una clara supremacía sobre el Estado en la producción y distri-bución de los productos del sec-tor infocomunicacional. Esta pri-macía derivó en una fuer te in-fluencia del financiamiento pu-blicitario de los medios masivos de comunicación. Por otra par-te, las ramas no vinculadas al sopor te publicitario mostraban un desarrollo sustantivamente menor. De esta forma se verifi-caba un consumo acotado a los medios masivos en las clases populares y un consumo de ma-yor diversidad en las clases más acomodadas. La expansión del mercado en la última década del siglo parece no haber variado esta situación.
La televisión abier ta y generalis-ta es la que recibe el mayor flu-jo de la inversión publicitaria se-guida por la prensa. Se constata una presencia impor tante de la radio en la mayoría de los hoga-res de la región, aunque la im-por tancia económica de la in-dustria radiofónica es claramen-te inferior. Las industrias cultu-rales vinculadas al pago directo de los consumidores como el li-bro, el disco, el cine y la televi-sión por cable presentan, en la mayoría de los casos (no en to-dos), bajos volúmenes de factu-ración y un acceso muy restringi-do. Finalmente, si bien el sector de las telecomunicaciones expe-rimentó un fuer te crecimiento en la década del 90, los índices de penetración del ser vicio son bajos en comparación con los de los países de Europa o Esta-dos UniEsta-dos.
En términos de acceso, se veri-fica un panorama diverso en la
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