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Las tres cruzadas o la historia de la des-legitimación de un liderazgo mundial

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Int roducción

En el t ranscurso de sesent a años (1941-2001), los EEUU realiza-ron t res grandes cruzadas a nivel global. La primera, f ort aleció sus capacidades hegemónicas mundiales y lo llenó de prest igio; la segunda, inició un prof undo proceso de desgast e polít ico que compromet ió su rol en el sist ema int ernacional; la t ercera, no sólo amenaza con aniquilar sus capacidades de liderazgo, sino incluso, con impedirle garant izar, adecuadament e, su propia seguridad int erior.

La primera f ue la cruzada cont ra el nazismo, se inició en diciembre de 1941 y signif icó su ingreso en la campaña más dest ruct iva de la Hist oria. Est a part icipación f ue sumament e exit osa pues le permit ió cont ribuir signif icat ivament e al t riunf o de las pot encias Aliadas y

negociar con ellas la diagramación del si st em a d e p o st -guerra. A part ir de ese momento, EEUU se convirt ió en el líder de

Occiden-t e, consolidando así su papel como poOcciden-t encia hegemónica mun-dial. La creación de la ONU y los acuerdos de Bret t on Woods f ueron algunas de las expresiones de est e nuevo orden creado a part ir de 1945; un orden f undado en principios democrát icos y liberales con los que Occident e habría de iniciar un nuevo proceso hist órico.

La segunda f ue la cruzada cont ra el comunismo soviét ico, se mat erializó a t ravés de la Guerra Fría e implicó el desarrollo de un conf lict o que duró más de 40 años y dividió al mundo en un

Las t res cruzadas o la hist oria

de la des-legit imación de un

liderazgo mundial

Pat ricia Kreibohm*

* M ag ist er en Relacio n es In t ern acio n ales, IDELA -Un iversid ad Nacio n al d e Tu cu m án . Prof esora de la Universidad del Nort e Sant o Tom ás de A quino (UNSTA ).

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sist ema bipolar, marcado por diversas et apas y caract eres. Est a cruzada f ue mucho menos exit osa y prest igiosa que la ant erior debido a que la polít ica int ervensionist a de Washingt on –mat eria-lizada en lugares como Viet nam, M edio Orient e, Áf rica y Lat ino-américa– le ocasionó un signif icat ivo desgast e, complicó severa-ment e su posición y mot ivó que, por primera vez, se pusiera en t ela de juicio la honradez de su accionar y la coherencia ent re sus p r i n ci p i o s y su co m p o r t am i en t o . Ef ect i vam en t e, l a p o l ít i ca implement ada por las administ raciones nort eamericanas en el III M undo conf iguró un modelo dist orsionado que, paulat inament e, f ue ganándose el rechazo de amplios sect ores de la Sociedad Int ernacional.

La t ercera es la cruzada cont ra el t errorismo; se def inió en sept iembre de 2002 e implica la art iculación de t odo un sist ema polít ico, est rat égico y milit ar dest inado a aniquilar las f uerzas del t errorismo int ernacional. Est a nueva def inición de la polít ica ex-t erior norex-t eamericana ha desencadenado -hasex-t a hoy- dos invasio-nes, dos complicadas post -guerras y la ocupación de una serie de regiones cuyos parámet ros cult urales, sociales y religiosos son diamet ralment e dist int os a los nort eamericanos. Est a cruzada es la menos legít ima de las t res; la que ha recibido la mayor cant idad de crít icas y la que ha hecho que se cuest ione, def init ivament e, el liderazgo mundial est adounidense. Es más, est a nueva campaña podría llegar a desart icular, de una vez y para siempre, la capa-cidad hegemónica de la gran pot encia.

Est e t rabajo pret ende examinar el it inerario hist órico de la hegemonía nort eamericana en los últ imos sesent a años; un it ine-rario que se inició de manera exit osa y que, sin embargo, parece haber alcanzado un punt o de inf lexión def init ivo. Para ello se analizarán las sucesivas et apas y las connot aciones part iculares de est a evolución hast a la act ualidad.

A los ef ect os de ordenar el plant eo y de sist emat izar el análisis, el t rabajo se ha dividido en dos part es: la primera -concept ual y t eórica- en la cual se examinan diversas cat egorías específ icas e indispensables para el est udio propuest o; la segunda, de t ipo hist órica, en la que se han desarrollado las t res et apas del proceso ant es mencionado.

Primera Part e: Cat egorías analít icas específ icas.

I. Hegemonía y Liderazgo.

En principio, el signif icado polít ico del t érmino hegemonía, hace ref erencia a la “ Su p r em acía d e u n Est ad o - Naci ó n o d e u n a co m u n i d ad p o l ít i co -t er r i t o r i al d en t r o d e u n si st em a d et er m i n ad o ”

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preponderancia milit ar, económica y cult ural que condiciona e inspira a los demás, en virt ud de dos f act ores: su prest igio y el despliegue de conduct as de int imidación y coerción a t ravés de los cuales se const ruye un modelo de dominio para las comunidades hegemonizadas.2

“ Lo m as car act er íst i co d e l a p r esen ci a y l a act u aci ó n d e l as g r an d es p o t en ci as es l a t en d en ci a a g en er al i zar ci er t as f o r m as o r el aci o n es d e d o m i n aci ó n y /o co o p er aci ó n , g r aci as a l as cu al es i m p o n en , a l o s r est an t es p aíses y a l a t o t al i d ad d el si st em a i n t er -n aci o -n al , u -n a ci er t a o r d e-n aci ó -n i -n st i t u ci o -n al j er ár q u i ca d e l a q u e el l as m i sm as so n p r i n ci p al es g ar an t es y b en ef i ci ar i o s” 3.

Sin embargo, y de acuerdo al análisis de Raf ael Calduch, est a capacidad hegemónica puede const it uir, el origen del desgast e o de la decadencia de la pot encia, pues su ejercicio provoca reaccio-nes de enf rent amient o y oposición, ya sea por part e de ot ras pot encias rivales o de los países que est án somet idos a su domi-nación.4 Derivado de est e concept o, se debe considerar asimismo

la cat egoría de hegemonisismo, la cual posee un signif icado po-lít ico-milit ar específ ico asociado a la suma de comport amient os, diplomát icos polít icos y milit ares, imput ados a la pot encia que los emplea.

En cuant o al concept o de liderazgo, exist en numerosas def ini-ciones del t érmino muchas de las cuales lo ident if ican con las act it udes propias de quien lo det ent a, es decir del líder. Como ejemplo se puede cit ar a R. M . M acIver y C. H. Page, quienes consideran al liderazgo como la capacidad de persuadir o dirigir a los hombres; una capacidad que se deriva de cualidades perso-nales, independient ement e del of icio.

Prof undizando en su análisis, ot ros expert os consideran que el liderazgo es una f unción que: a) Se desarrolla en un cont ext o especif ico; b) se pone de manif iest o a t ravés de las mot ivaciones del líder- quien posee det erminados caract eres de personalidad para manejar dicho cont ext o- y c) se present a ligado a las expect at ivas de sus seguidores,“ con sus recursos, demandas y sus act it udes” .

Por su part e, Gert h y M ills clasif ican la relación de liderazgo

1 Bobbio Norbert o; M at t eucci Nicola; Pasquino Gianf ranco, Diccionario de Polít ica Tom o I, ed. Siglo XXI , M adrid, 1998, pág. 746.

2 El diccionario de la Real Academ ia Española def ine prest igio com o “ ascendient e, inf luencia, aut oridad” .

3 Calduch Cervera, Raf ael. Relaciones Int ernacionales. Ciencias Sociales. M adrid, 1991.

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como aquella que se da “ ent re uno que guía y ot ro que es guiado” ; una def inición que nos acerca al concept o de inf luencia o de f orma espont ánea de aut oridad. Con respect o a est o, algunos especialist as señalan a la “ espont aneidad” como uno de los component es clave del liderazgo. Avanzando en est a idea, K. Lang señala que el liderazgo supone siempre una acción ef ect iva, y no solament e la posesión de prest igio. En est e sent ido, es necesario no descuidar la dist inción ent re el liderazgo det erminado por el papel y el líder que det ermina el papel. En ef ect o y con respect o a est e punt o, los análisis de H. Pert h y C. W. M ills dist inguen t res t ipos de líderes; una clasif icación que permit e observar la ínt ima relación que exist e ent re el cont ext o y el liderazgo.5

Por su part e, Lassw ell y Kaplan sost ienen que el rasgo dist int i-vo de personalidad común a t odos los lideres, es la acent uada demanda de valores de ref erencia, sobre t odo del poder y del respet o, y en menor medida, de la rect it ud y del af ect o. En cuant o a la relación ent re el Líder y sus seguidores, M . Conw ay dist ingue ent re los lideres que “ arrast ran a la muchedumbre” , los que “ in-t erprein-t an a la muchedumbre” y los que “ represenin-t an a la muche-dumbre” . Por su part e, Albert Casalmiglia sost iene que en el liderazgo exist e una corrient e de lealt ad que es de t ipo relacional y designa un vínculo que genera obligaciones e implica, simult á-neament e, una especial consideración por los int ereses de ot ra persona, grupo o inst it ución. La lealt ad no es necesariament e una virt ud y por lo t ant o, no cabe incluirla ent re concept os como la benevolencia, el pat riot ismo y la amist ad. Es un concept o que depende de una serie de valores: es normat ivo.

En def init iva, los aut ores concluyen que pueden reconocerse como líderes a quienes det ent an una posición de poder que les permit e inf luir en f orma det erminant e en las decisiones de carác-t er escarác-t racarác-t égico. Un poder que se ejerce accarác-t ivamencarác-t e, que se legi-t ima sobre delegi-t erminados valores y principios y que posee una prof unda correspondencia con las expect at ivas del grupo.

II. Pot encias, Grandes Pot encias, Súper-Pot encias y

Polít ica Ext erior:

Exist en numerosas def iniciones del concept o de pot encia int erna-cional. Para Smout s una pot encia sería: Aquel Est ado más o menos

poderoso que puede- de acuerdo a su capacidad- cont rolar las reglas

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del juego en uno o varios ámbit os claves de la compet ición int erna-cional y, según su agilidad, relacionarse en dichos ámbit os para alcanzar diversas vent ajas. Por su part e, y siguiendo a Gramsci, Silva M ichelena ent iende por grandes pot encias a aquellos Est ados que

det ent an la volunt ad de int ervenir o de amenazar- de manera direct a o indirect

a-a t odo el Sist ema-a Int ernacional 6.

Según Calduch, el concept o de gran p o t en ci a se def ine

mediant e una serie de cat egorías dinámicas específ icas que det er-minan sus capacidades. Est as cat egorías pueden agruparse en t res conjuntos fundamentales7: a) Pot encialidad mat erial o f uerza pot encial;

es decir: Riqueza mat erial, recursos demográf icos, desarrollo po-lít ico-administ rat ivo y t ecnológico, capacidad milit ar disuasoria, aut onomía y cont rol económico signif icat ivos int ernacionalmen-t e. b) Po t en ci a act i va o f u er za act u al : capacidad de int ervenir en

el sist ema int ernacional de acuerdo a los objet ivos y f ines de su polít ica ext erior y c) Vo l u n t ad p o l ít i ca o m o vi l i zaci ó n; es la

capa-cidad de un Est ado para ut ilizar t odos los recursos disponibles para alcanzar y mant ener una posición hegemónica y dominant e en el cont ext o int ernacional.

En el caso específ ico de Truyol y Serra, el aut or dist ingue ent re las grandes pot encias “ de f act o” y “ de iure” ; una dif erenciación que se f undament a en su capacidad para imponer sus est ruct uras ideológi-cas, sus valores y su orden polít ico-económico. En est e sent ido, serían est as grandes pot encias las que dict aminarían los denomina-dos “ Valores Universales”. Just ament e M ichael Hardt y Ant onio Negri

abordan est a cuest ión a t ravés de la hipót esis del Imperio, según la cual la act ual conf iguración del sist ema int ernacional responde al modelo imperial. Un Imperio que no conoce f ront eras y que ext ien-de su régimen en t odos los espacios civilizados:

“ El imperio no present a su dominio como un moment o t ransit o-rio dent ro del movimient o de la Hist oria, sino como un régimen que no t iene f ront eras t emporales y que est á mas allá de la Hist oria o en el f in de la Hist oria ... el dominio del Imperio opera en t odos los regist ros del orden social y penet ra hast a las prof undidades el mun-do social; no sólo gobierna a un t errit orio y a una población, sino que t ambién crea al mundo mismo que habit a”8 (pág. sig).

6 Silva M echelena af irm a que: “ ...Una gran pot encia sería un país que cuent a con los elem ent os necesarios, en la m edida de lo posible, garant izar la vict oria en caso de que se produzca un enf rent am ient o. O bien, el país que posea un pot encial de presión t al, que le perm it a obt ener, al m enos en part e los result ados de una guerra vict oriosa sin haber llegado a com bat ir” . Silva M echelena, J.A. Polít ica y bloques de poder. Siglo XXI, M éxico, 1976, pág. 20, Cit ado por Calduch, Raf ael Op. Cit .

7 Calduch Raf ael, Op. Cit . pág. 154-156

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Desde est a ópt ica, el Imperio es un hecho que impone su sello no sólo en las t ransf ormaciones en el derecho int ernacional, sino t ambién en el derecho int erno de ot ros Est ados-Naciones; un hecho que se expresa además mediant e las int ervenciones legit i-madas en u n est ad o p er m an en t e d e em er g en ci a, y just if icadas p o r l a ap el aci ó n a val o r es esen ci al es d e j u st i ci a 9.

En cuant o al concept o de súper-pot encia, no t odos los

especialis-t as lo reconocen; sin embargo, quienes lo sosespecialis-t ienen af irman que su origen deviene de la Segunda Guerra M undial debido a las nuevas condiciones de hegemonía y dominación que surgieron, a part ir de 1945, en el Sist ema Int ernacional. Por súper-pot encia se ent iende:

“ A q u el Est ad o co n cap aci d ad y vo l u n t ad d e ej er cer u n a h eg em o -n ía ab so l u t a e-n el m ar co d e u n a so -ci ed ad m u n d i al , m ed i an t e l a d i sp o n i b i l i d ad d e u n p o d er ío m i l i t ar d e n at u r al eza n u cl ear , su scep t i b l e d e p r o vo car u n a g u er r a d e d est r u cci ó n m asi va y si m u l t án ea, cap az d e p o n er en p el i g r o l a exi st en ci a d e t o d a l a Hu m an i d ad , así co m o u n a p o t en ci al i d ad eco n ó m i ca y t écn i ca q u e p er m i t a m an t en er e i n cr em en t ar d i ch o p o d er ío m i l i t ar n u cl ear al o b j et o d e g ar an t i zar su cap aci d ad d i su aso r i a” 10.

Los rasgos caract eríst icos que permit en ident if icar a una súper-pot encia son, sobret odo: Ext ensión t errit orial de dimensiones co n t i n en t al es;11 import ant es recursos demográf icos; dominio o

cont rol de recursos económicos, t ecnológicos y est rat égicos; cohe-sión y est abilidad polít ico-ideológica int erior y la acumulación de un pot encial nuclear -t ant o est rat égico como t áct ico y convencio-nal- que le permit a ejercer su capacidad disuasoria.

En cuant o a la cat egoría Polít ica Ext erior, nos int eresa dest acar

-sobre t odo- dos cuest iones: la primera es la idea de que, si bien la polít ica ext erior de un Est ado es diagramada por su Gobierno, es necesario ent ender que exist en ot ros órganos est at ales y/o sociales

8 Est os aut ores, adem ás, sost ienen que el sínt om a m as signif icat ivo de est a t ransf orm ación es el derecho de int ervención; el cual es ejercido por los est ados predom inant es del sist em a int ernacio-nal para prevenir o resolver problem as hum anit arios, garant izar acuerdos e im poner la paz. Hardt , M ichael, Negri, Ant onio. Im perio, Paidós, Buenos Aires, 2002, pág. 16.

9 Hardt , M ichael, Negri, Ant onio. Op Cit pág. 33

10 M edina, M; Las Organizaciones Int ernacionales; Alianza; M adrid; 1976, pág. 23; cit ado por Calduch Raf ael, Op. Cit .

11 Est a ext ensión debe superior a la de ot ros est ados por dos razones: para garant izar el abast e-cimient o de mat erias primas, recursos energét icos y product os aliment icios; de manera que asegure una suf icient e independencia económica- est rat égica, y que dicha ext ensión permit a la disposición de cent ros y arsenales de m ísiles of ensivos que im pida su dest rucción t ot al por part e de ot ra superpot encia.

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que t ambién desempeñan un papel import ant e en las relaciones con ot ros act ores de la sociedad int ernacional. En segundo t érmino, es f undament al reconocer el nexo que exist e ent re polít ica ext erior y polít ica int erior.12 Es por ello que adopt amos la def inición de

Calduch, la cual ident if ica a la polít ica ext erior como:

“ A q u el l a p ar t e d e l a p o l ít i ca g en er al f o r m ad a p o r el co n j u n t o d e d eci si o n es y act u aci o n es m ed i an t e l as cu al es se d ef i n en l o s o b j et i vo s y se u t i l i zan l o s m ed i o s d e u n Est ad o p ar a g en er ar , m o d i f i car o su sp en d er su s r el aci o n es co n o t r o s act o r es d e l a so ci e-d ae-d i n t er n aci o n al ”13.

Est a polít ica ext erior es de caráct er est at al, ya que son los Est ados los únicos act ores que reúnen los requerimient os indis-pensables para llevarla a cabo y los que poseen capacidad jurídica y polít ica para implement arla. Se corresponde con la polít ica int erior de un Est ado y por lo t ant o, se diagrama en f unción de sus f ines u objet ivos y se implement a a t ravés de los medios disponi-bles para alcanzarlos.14

Prof undizando el análisis, es import ant e examinar la posición de M arcel M erle, quien est ablece una clara vinculación ent re la polít ica ext erior de un Est ado y su sist ema de valores. Según est e aut or, exist e un “ f ondo común” –de caráct er nacional o naciona-list a- en el que los gobiernos se inspiran para diseñar su polít ica ext erior; en ot ras palabras, la polít ica ext erior responde a una

cu est i ó n i d en t i t ar i a que puede reconocerse en un código. Dicho

código le permit e resguardar la ident idad de su población, y dif erenciarla de ot ros grupos. Sin embargo, aclara M erle, la com-binación del sent imient o nacional y las realizaciones del aparat o

12 Halperin, M .H. y Kant er, A . “ Leadera versus Bureaucrat ics” . A RT, R.J. y Jervis, R. (Eds). Int ernat ional Polit ics, Anarchy, Force. Polit ical Econom y, and Decision M aking.1985. Edit . Lit t le Brow n & com p.: pág. 439.Cit ado por Calduch Raf ael, Dinám ica de la Sociedad Int ernacional. Edit orial Cent ro de Est udios Ram ón Areces. M adrid, 1993. pág. 2

13 Calduch Cervera, Raf ael. Dinám ica de la Sociedad Int ernacional. Op. Cit . pág. 4

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del Est ado son suscept ibles de múlt iples variables.15 El aut or

con-cluye que no hay polít ica ext erior que pueda prescindir de un soport e ideológico, y ent iende que los dirigent es est án obligados a proporcionar los element os que permit a just if icar su accionar f rent e a ot ros países.

Finalment e, en cuant o a los vínculos ent re la polít ica ext erior y la polít ica int erior, hoy exist e una t endencia generalizada a ver ent re ellas una ínt ima relación que las ent relaza de manera lógica y complement aria. Dicho de ot ra manera, exist e una verdadera int erdependencia -r ecíp r o ca y d i n ám i ca- ent re ambas polít icas.

Segunda Part e: La evolución del proceso hist órico.

1941-2001.

I. La primera cruzada: Los EEUU cont ra los regímenes nazi-f ascist as en la Segunda Guerra M undial.

En sept iembre de 1939 se iniciaba la Segunda Guerra M undial; una cont ienda que habría de marcar un hit o en el mundo cont em-poráneo y un punt o de inf lexión en las relaciones int ernacionales del Siglo XX, e incluso en las del Siglo XXI. Un año más t arde -en sept iembre de 1940 – los Est ados Unidos aprobaban la primera ley sobre servicio milit ar obligat orio en t iempos de paz y las f uerzas armadas empezaban a ref orzar sist emát icament e sus recursos y ef ect ivos. La indust ria nort eamericana empezaba a prepararse para la guerra y en agost o del 41, el 15 % de la producción indust rial se orient aba a sat isf acer las necesidades bélicas. Los preparat ivos eran visibles incluso en las escuelas y en las univer-sidades, donde se inició el dict ado de cursos sobre las causas, la hist oria, la psicología y los ef ect os de la guerra sobre la sociedad. En ese mismo mes, una encuest a de Gallup most raba que el 85 % de las personas consult adas creía que los EEUU serían arrast ra-dos al conf lict o y ot ro 68% ent endía que era f undament al que el país cont ribuyera a la derrot a alemana. Por su part e -y a pesar de su neut ralidad- desde la esf era del gobierno se manif est aba una clara volunt ad polít ica de colaborar con Gran Bret aña. El Acuerdo de Prést amo y Arriendo f ue el primer inst rument o que f acilit ó a Inglat erra la ayuda que necesit aba y en agost o de 1941, la Cart a del At lánt ico mat erializó una declaración conjunt a de los objet i-vos de seguridad colect iva para ambos gobiernos. En Diciembre de ese año, el at aque japonés a Pearl Harbour det erminó el ingreso de los EEUU en la guerra. Así se iniciaba un nuevo proceso que culminaría con la vict oria de 1945.

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“ No cab e d u d a d e q u e l o s am er i can o s esp er ab an en t r ar en g u er r a y d e q u e est ab an p ar ci al m en t e p r ep ar ad o s p ar a el l o ; au n q u e el m o d o en q u e em p ezó el 7 d e d i ci em b r e d e 1941 l es so r p r en -d i er a... A p ar t i r -d e ese m o m en t o , el g o b i er n o f u e au m en t an -d o su s p o d er es a f i n d e co n t r o l ar al m áxi m o el esf u er zo b él i co y m o vi l i -zar a l a p o b l aci ó n p ar a u n a g u er r a t o t al .” 16

Según la mayoría de los especialist as, el ingreso de los EEUU f ue decisivo en el dest ino de la cont ienda. En ef ect o, t ant o las acciones desplegadas, como el número de combat ient es y el po-t encial armamenpo-t íspo-t ico de la gran popo-t encia, f ueron f acpo-t ores depo-t er-minant es para prof undizar el desgast e alemán y obt ener el t riun-f o riun-f inal. En ot ras palabras: más que el desempeño de sus t ropas o la ef icacia de sus

desarrollos t áct icos, f ue la maquinaria bélica nort eameri-cana -f undada en su capacidad t ecno-lógica e indust rial-la verdadera art

í-f ice del éxit o. Est e element o habría de sent ar un precedent e sumament e signif icat ivo para Washingt on, quien muchos años después, repet iría el modelo operat ivo empleado en la Segunda Guerra M undial.

Una de las consecuencias más import ant es de est a vict oria f ue la conversión de EEUU de una súper-pot encia. Ef ect ivament e, el conf lict o, lejos de devast arla o agot arla, cont ribuyó a consolidar su pot encial. Sus pérdidas f ueron modest as y el crecimient o de su poderío vino aparejado al increment o de su prest igio int ernacio-nal y de su capacidad hegemónica. A part ir de 1946, EEUU habría de vivir una et apa de increíble desarrollo económico, una f ort a-leza que le permit ió, no solament e mejorar not ablement e la ca-lidad de vida de sus ciudadanos, sino t ambién convert irse en el cent ro cult ural, cient íf ico y t ecnológico más dest acado de la post -guerra. Las universidades y los cent ros de invest igación, unidos a los sist ema empresariales e inst it ucionales, pot enciaron el desa-rrollo de una increíble variedad de product os y servicios y conso-lidaron la presencia, el est ilo y el modo de ser nort eamericano en t odo Occident e. La revit alización de las let ras y las art es supuso la creación de museos y bibliot ecas, la adquisición de colecciones complet as y la dif usión de una nueva cult ura popular; por ot ra part e, el desarrollo de disciplinas como las Ciencias Polít icas y las Relaciones Int ernacionales, f avorecieron la revisión de los roles

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nort eamericanos, t ant o desde el punt o de vist o int erno como a n i vel i n t er n aci o n al .17 Así, New York se convirt ió en la nueva

capit al del mundo, la cual incluso, empezó a imponer la moda, los crit erios est ét icos y las valoraciones ét icas para el mundo occiden-t al de la posocciden-t -guerra; una occiden-t area que f ue admirablemenocciden-t e secunda-da por la indust ria ci n em at o g r áf i ca, cuyas producciones se convirt ieron en u n a h er r am i en t a propagandíst ica de gran impact o. En cuant o al clima int erior, los especialist as sost ienen que es dif ícil est ablecer cual f ue la reacción del pueblo nort eamericano f rent e a las nuevas exigencias de la polít ica ext erior de su país. Sin embargo, buena part e de la población consideraba que Rusia est aba t rat ando de convert irse en pot encia mundial y que los EEUU debía

“ hacer algo al respect o”.18 Indudablement e, est as preocupaciones

del pueblo no est aban mot ivadas exclusivament e por una act it ud alt ruist a o merament e ét ica. Desde la f inalización de la guerra, las inversiones de capit al, la creación de nuevos mercados y la radica-ción de indust rias nort eamericanas en diversas regiones del planet a, just if icaban la preocupación de muchos ciudadanos. Los int ereses est adounidenses se habían ext endido y de acuerdo a la lógica del poder, la cobert ura polít ica de los mismos era vit al para asegurar no sólo su permanencia, sino t ambién su crecimient o; f act ores que habrían de t raducirse, de manera direct a, en el sost enimient o de la prosperidad nacional.19 Est a sit uación explica el gran crecimient o

económico y el not able mejoramient o de la calidad de vida de los nort eamericanos; un mejoramient o que, durant e las décadas del 50 y el 60, dio origen al nacimient o de la denominada “ sociedad de la opulencia”.20

La p r o sp er i d ad eco n ó m i ca d e l a p o st g u er r a f o m en t ó l a t en -d en ci a a l a ar r o g an ci a y a l a au t o -co n f i an za. El m an -d at o -d e Ei n sen h o w er f u e u n a et ap a en l a q u e se co n so l i d ar o n l o s avan ces

17 El realism o nort eam ericano de la post -guerra f ue una de las corrient es t eóricas m ás im port an-t es de la disciplina y se nuan-t rió de los desarrollos y las hipóan-t esis de hom bres com o M orgenan-t hau, Gilpin y W alt z.

18 De acuerdo a los dat os proporcionados por Adam s, en 1946 est as ideas correspondían al 58% de la población. El porcent aje se increm ent ó al 77 % en 1948 después de la crisis checoslovaca y al 81 % en 1950 con el conf lict o de Corea. Est e ant icom unism o f ue in crescendo, t am bién a nivel int erno, lo cual explica la propagación del f anat ism o m acart ist a de los prim eros años de 1950.

19 Incluso durant e el desarrollo de la guerra de Corea el crecim ient o del PBI f ue m uy signif icat ivo, lo cual coincidió con una im port ant e dism inución de los índices de desem pleo.

20 Est a bonanza habría de desacelerarse recién a part ir de los prim eros años de la década del 70 con la devaluación del dólar (1971) y la crisis del pet róleo en 1973.

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d el p asad o , p er o t am b i én f u e t est i g o d e m u ch o s d e l o s p r o b l em as q u e se p l an t ear ían en el f u t u r o .” 21

En el plano ext erno, EEUU era la pot encia milit ar más poderosa del mundo. Había empleado la bomba at ómica para derrot ar a Japón y, hast a 1949, habría de mant ener el monopolio nuclear, lo cual le aseguraba

una preponderan-cia indiscut ible en est e campo. Desde la perspect iva in-t ernacional, la gue-rra de 1939-1945 modificó la relación de f uerzas: repre-sent ó el f in de la hegemonía euro-pea y el inicio del

dominio de las super-pot encias: los EEUU y la URSS. La nueva et apa -t al como la ent endían los líderes nort eamericanos- debía impedir el ret orno de la crisis económica mundial y est ablecer, def init ivament e, la seguridad colect iva, el t riunf o de la democra-cia y el ejercicio de derechos f undament ales: la libert ad, el bien-est ar y la just icia.

Est o explica que el papel de los EEUU en la organización de la paz, f uese clave. Una t area que se concret ó en 1945 pero cuyos ant ecedent es se remont an a la f irma de la Cart a del At lánt ico y de las dist int as conf erencias Int er-Aliadas.22 Est e diseño organizat ivo de

la post -guerra habría de culminar con dos creaciones sumament e signif icat ivas: el Sist ema M onet ario Int ernacional,23 est ablecido en

la Conf erencia de Bret t on Woods –que pret endía est ablecer un nue-vo orden económico y consagraba la superioridad nort eamericana mediant e la preeminencia del dólar– y la Organización de las Nacio-nes Unidas, la cual se inauguró con la Conf erencia de San Francisco en junio de 1945 y f ijó su sede en la ciudad de Nueva York.

“ Su p ar t i ci p aci ó n en el co n f l i ct o y en l a su b si g u i en t e el ab o r a-ci ó n d e l a p az, u n i d as a su f o r t al eza eco n ó m i ca y m i l i t ar , h acían i m p o si b l e l a vu el t a al ai sl aci o n i sm o d el p er ío d o d e en t r eg u er r as. So l am en t e l o s EEUU p o d ían l l en ar el vacío d e p o d er en el p an o

-21 Adam s, W illi Paul. Op. Cit . pág. 371-372

22 Las denom inadas “ Conf erencias Int er-Aliadas” ent re las que se dest acan: Casablanca, Teherán, Yalt a, Pot sdam y París t uvieron, com o principal objet ivo, acordar las est rat egias que conducirían al t riunf o bélico y regular la suert e del m undo una vez concluida la guerra. Cf : Aracil, Raf ael y ot ros. El M undo A ct ual. De la Segunda Guerra M undial a nuest ros días. Universit at de Barcelona. Barcelona, 1998. pág. 15-30

23 En principio, f orm aban part e de est e sist em a el Fondo M onet ario Int ernacional, el Banco M undial y el GATT.

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Relaciones Internacionales - Nº 28/2005 72

r am a p o l ít i co m u n d i al p r o d u ci d o p o r l a d i vi si ó n y el d eb i l i t am i en -t o d e Eu r o p a y l a ex-t en si ó n d e l as f r o n -t er as d e l a URSS; si n em b ar g o , l o s am er i can o s car ecían d e u n a cl ar a vi si ó n d e l o q u e si g n i f i cab a su n u evo p ap el en el m u n d o ” .24

En ef ect o y du-rant e los primeros añ o s d e l a p o st -guerra los EEUU se sint ieron llamados a cumplir con una nueva misión uni-versal. De alguna manera, t ant o su g o b i er n o co m o buena part e de la sociedad, ent endieron que el país no podía permanecer al margen de los acont ecimient os y –mient ras se iba def iniendo el proceso de conf ront ación con la URSS– Washingt on opt ó por ejercer un act ivo liderazgo, haciéndose cargo de sus

“ r esp o n sab i l i d ad es m u n d i al es”, part icularment e, sobre la porción

de Europa que había quedado dent ro de su esf era de inf luencia. En est e marco, la cont ribución nort eamericana a la reconst rucción europea -desarrollada a t ravés del Plan M arshall- y el diseño del Programa de los Cuat ro Punt os, dest inado a apoyar el desarrollo económico de los países del Tercer M undo, f ueron pasos concret os en la const rucción de una hegemonía mundial nít idament e calcu-lada.25 Un poco más t arde, su part icipación en la crisis griega y el

est ablecimient o del puent e aéreo para solucionar el bloqueo de Berlín (1948-49), pondrían de manif iest o que las ideas y los discur-sos presidenciales no eran sólo palabras sin cont enido sino que, por el cont rario, los EEUU est aban dispuest os a cumplir con sus compromisos y a sost ener sus proclamas con los medios y los recursos que f ueran necesarios. La polít ica de la cont ención se convert ía en una est rat egia global.

Hast a ese moment o, su imagen int ernacional era sumament e posit iva y los nort eamericanos eran vist os – en muchas part es del mundo – como salvadores y rest auradores de valores y principios. Además, cont ribuían económicament e con muchos Est ados, lo cual no hizo más que conf irmar que sus buenas int enciones est a-ban respaldadas por una volunt ad polít ica compromet ida, legít i-ma y solidaria. Sin embargo, el conf lict o Est e-Oest e iba t oi-mando f orma y su primera conf ront ación armada se produjo en Corea. A

Para los EEUU la Guerra Fría significó un

desafío político e ideológico que decidió

afrontar maximizando sus capacidades

de poder y desarrollando diversas

estra-tegias específicas que favorecieran

deci-didamente su posición

24 Adam s, W illi Paul. Op. Cit . pág. 351

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part ir de ent onces, Washingt on modif icó sus est rat egias y rediseñó su polít ica ext erior, inclinándola hacia un modelo de int ervensionismo.

II. La segunda cruzada: Los EEUU cont ra el

comunismo soviét ico. La Guerra Fría.

Una vez f inalizada la II G.M . los Est ados Unidos esperaban poder convert irse -def init ivament e- en la pot encia hegemónica global, liderando al mundo en el plano polít ico, económico, t ecnológico y cult ural. Sin embargo, la URSS surgió como un duro compet idor que aspiraba a ocupar est a misma posición. Esa riva-lidad de las dos súper-pot encias26 det erminó que el cont rol del

sist ema int ernacional se convirt iera en el cent ro de una pugna cuyo product o concret o se mat erializó a t ravés de la Guerra Fría; un conf lict o que puede ident if icarse como uno de los f enómenos más complejos y polémicos de la Hist oria Cont emporánea y que imprimió su sello en el mundo durant e casi 50 años, implant ando un paradigma de conf lict o ideológico, polít ico y est rat égico que inf luyó prof undament e sobre las generaciones que lo vivieron. 27

“ Una pugna ent re dos adversarios en el cual est á ausent e el conf lict o armado direct o pero que se caract eriza por un alt o nivel de host ilidad, mot ivado por las dif erencias irreconciliables de los cont endient es y por la búsqueda de objet ivos similares en el orden polít ico-est rat égico.” 28

Est a def inición de la Guerra Fría (en adelant e GF) explicit a la especif icidad del enf rent amient o que se ent abló ent re los Est ados Unidos y la Unión Soviét ica; un enf rent amient o f undado en un ant agonismo ideológico irreconciliable que acabó dividiendo al mundo en dos bloques de poder.29

26 Una rivalidad que según R. Aron corresponde a un paradigm a de Herm anos-Enem igos. Cf : Aron, Raym ond. Paz y guerra ent re las naciones. Revist a de Occident e, M adrid, 1963.

27 El t érm ino Guerra Fría f ue acuñado por el periodist a W alt er Lippm ann para ref erirse a est a conf ront ación en una serie de report ajes dedicados al análisis de la polít ica ext erior nort eam erica-na en 1947. Lippm ann em pleó est a expresión que ya había sido usada ant eriorm ent e por Herbert Sw ope. Cf .” La Guerra Fría y el t elón de acero” . En: García de Cort ázar, Fernando y Lorenzo Espinosa, José M aría. Hist oria del m undo act ual. 1945-1995. Vol. 2 Im ago M undi. Alianza, M adrid, 1996. Pp 17

28 Reglam ent o de t erm inología cast rense de uso en las Fuerzas Arm adas. Ejércit o Argent ino. Buenos Aires, 1971. pág. 203

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Cada uno de ellos creía que su modo de vida y su cult ura part icular eran no sólo válidos y verdaderos, sino que superaban ampliament e a los de su rival, que había adopt ado un modelo de convivencia social erróneo y perverso. Est e ant agonismo -el cual se f undó en el et h o s y en la praxis- condujo irremediablement e a

la absolut ización de ambas posiciones y generó una t endencia de las part es a buscar la eliminación o la neut ralización de su enemi-go, considerado como un obst áculo para su realización part icular y para el logro de su objet ivo f inal: la obt ención de la hegemonía mundial. Ambas post uras f ueron -durant e la mayor part e del t iempo- ant inómicas y reduccionist as y pusieron al rest o del mun-do en una dif ícil opción de alineamient o, adhesión y compromiso. Ef ect ivament e, dos concepciones ant it ét icas del mundo, dos mo-dos de vida irreconciliables, mo-dos f ormas de Est ado y de sociedad, conf iguraron los ext remos de una pugna que se manif est ó de manera más que cont undent e.30 Razones polít icas y sociales, mot ivos

est rat égicos y est ímulos económicos complet aron el cuadro y ayu-daron a conducir las acciones.31

1947 es el año que marca el comienzo de la GF; sin embargo, la modalidad de los vínculos ent re los Dos Grandes, experiment ó una serie de cambios -t ensiones y dist ensiones- a lo largo del período; cambios que jalonan las dif erent es et apas de la conf ron-t ación.32 Hacia f ines de la década del ‘80 se inicia su declive y, en

1991, culmina, con la caída del comunismo y la aut o-disolución de la URSS.33

Los alcances del conf lict o f ueron planet arios y af ect aron, de manera direct a o indirect a, a casi t odas las regiones del mundo; se mat erializaron en dif erent es ámbit os (polít ico-ideológico, so-cio-cult ural, est rat égico, económico, humano y psicológico), y condicionaron el cont enido, el t ono y el rit mo de las relaciones int ernacionales, int rarregionales e int raest at ales.34 Una g u er r a

p o l i m ó r f i ca de la que muy pocos habrían de librarse.35 En cuant o

a sus orígenes, pueden at ribuirse, f undament alment e, a razones ideológicas, geo-est rat égicas, hist óricas y de ment alidad.36

30 Est a act it ud de int ransigencia era- según Hobsbaw m - m ás peligrosa y virulent a en los EEUU ya que, por t rat arse de una dem ocracia, era necesario que los dirigent es ganaran los vot os del elect orado y el apoyo del Congreso. Est o hizo del ant icom unism o una herram ient a út il y t ent adora para los polít icos de t urno.”El ant icom unism o era, aut ént ica y visceralm ent e, popular en un país basado en el individualism o y en la em presa privada, cuya def inición nacional se daba dent ro de parám et ros exclusivam ent e ideológicos- am ericanism o – que podían considerarse práct icam ent e el polo opuest o al com unism o.” Hobsbaw m , Eric. Op. Cit . pág. 239

31 Según Hobsbaw m , a pesar del t riunf o f rent e al nazism o, los EEUU no est aban seguros de que el sist em a liberal-capit alist a est uviera asegurado; t em ían que la era de las cat ást rof es no hubiera f inalizado y por lo t ant o, veían com o im post ergable, ocuparse de la seguridad cont inent al f rent e a lo que podría ser la expansión del com unism o. Ibidem . pág. 235

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Para los EEUU la Guerra Fría signif icó un desaf ío polít ico e ideológico que decidió af ront ar maximizando sus capacidades de poder y desarrollando diversas est rat egias específ icas que f avore-cieran decididament e su posición. En est e paradigma ant agónico pueden dest acarse dos element os f undament ales: la “ f i j aci ó n d e l a i m ag en d e l a ag r esi ó n l at en t e”, que condicionó las

percepcio-nes37 y orient ó la ejecución de las acciones; y la“ d em o n i zaci ó n d el

o t r o” ; un element o psicológico clave t ant o en la producción de

las aut o-percepciones como en las del adversario. Así, los EE UU se sint ieron llamados a prot eger al “ m u n d o l i b r e” del peligro

comu-nist a y a desarrollar una “ m i si ó n m o r al ” de salvación universal.38

Para cumplir con sus met as, se ref orzaron los sist emas de seguri-dad e int eligencia, se implement aron polít icas y doct rinas especí-f icas y se desarrolló el complejo milit ar-indust rial.

En 1947 –y a raíz de la crisis de Grecia y Turquía en su lucha cont ra las guerrillas comunist as búlgaras– el president e Truman f ormuló la doct rina que lleva su nombre. Est a declaración est able-cía que, cualquier país que sint iera amenazada su libert ad o compromet ido su f ut uro polít ico por “ presiones ext ranjeras” po-dría solicit ar la ayuda mat erial y moral de los Est ados Unidos. A part ir de ese moment o, la doct rina se convirt ió en la herramient a f undament al que permit iría a las aut oridades de la Casa Blanca cumplir co n l a m i si ó n d e d ef en d er a t o d o s l o s p u eb l o s q u e d esea-r an p esea-r eseesea-r vaesea-r el esp íesea-r i t u , l as i n st i t u ci o n es y l o s val o esea-r es d e l a

33 “Los problem as polít icos y económ icos van est recham ent e unidos en est a preparación de una t ercera guerra m undial que cada uno de los bandos cree, o sim ula creer, a su adversario capaz de desencadenar. Ello proporciona a t odas las m anif est aciones de la civilización cont em poránea una nueva f isonom ía y una inest abilidad cada vez m ás crecient e que, al m ism o t iem po, aum ent a la desconf ianza m ut ua y agrava las ant iguas t ensiones” . García de Cort ázar, F. Y Lorenzo Espinosa, J M . Op. Cit . pág. 53. Según Hobsbaw m , la GF- conf lict o que f ue desde un principio desigual-acabó así, con dos cum bres- la de Reykjavik en 1986 y la de W ashingt on en 1987- y gracias a los esf uerzos de M . Gorbachov que pudo convencer a EEUU de que la URSS se ret iraba de la cont ienda, se t ransf orm aba e iniciaba un nuevo cam ino. Hobsbaw m , E. Op. Cit . pág. 253.

34 Lo que W ilhelm y ha denom inado “ esf eras de inf luencia” , es decir la delim it ación específ ica de un espacio ideológico, polít ico y geográf ico exclusivo para cada uno de los líderes m undiales y en el que cada una de ellos jugaría el rol preponderant e. Cf . W ilhelm y, M anf red. Op. Cit . pág. 288

35 Aron, R. Op. Cit . pág. 643

36 Tant o las f ricciones en Turquía y en Grecia, com o la im plem ent ación del Plan M arshall, f ueron sus disparadores concret os y los indicadores de que los ent endim ient os ent re am bas part es deberían ser post ergados para ot ro m om ent o.

37 El t érm ino percepción es t om ado aquí com o: “Capt ación y reconocim ient o concient e del objet o o del hecho present e, con sus cualidades y por su nom bre.” Im plica el est ím ulo sensible de un objet o o hecho; su t ransm isión por la vía sensible y su adecuada decodif icación, que lo conviert e en una im agen específ ica; f inalm ent e, su capt ación a nivel concient e, la cual perm it e su reconoci-m ient o y coreconoci-m prensión; procesos que dependen, a su vez, de la experiencia ant erior del sujet o, de su est ado de ánim o, de sus int ereses, t em ores y expect at ivas. La percepción puede ser ent endida com o la capt ación global de una t ot alidad. Cf . Labake, Julio César. Int roducción a la Psicología, Bonum , Buenos Aires, 1994. pág. 158-162

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Relaciones Internacionales - Nº 28/2005 76

d em o cr aci a. Desde ent onces, los EEUU asumieron su papel como

ref erent e ideológico y polít ico; como un modelo a imit ar por t odos aquellos para quienes el comunismo represent aba un riesgo concret o o, simplement e, un t emor hipot ét ico. Dicha declaración se complement ó con el diseño de la Polít ica de la Cont ención (cuyas bases t eóricas f ueron desarrolladas por George Kenann), conf igurando a part ir de ent onces un paradigma de polít ica ext e-rior que habría de implement arse a t ravés de diversas vías. En una primera et apa, las preocupaciones más import ant es se sit uaron en Europa, pero a medida que t ranscurrió el t iempo, quedó demos-t rado que el escenario f undamendemos-t al de la condemos-t ienda habría de est ablecerse en el III M undo, donde un cúmulo de nue-vos Est ados había accedido a la in-dependencia polí-t ica gracias al com-plejo y het erogé-neo proceso de la descolonización. En muchos casos, est as emancipaciones naciona-les se dieron por la vía de la f uerza, a t ravés de las “ guerras de liberación nacional” o “ guerras de los pueblos” , las cuales supu-sieron, en general, el empleo de mét odos de combat e no conven-cionales t ales como la est rat egia de guerrillas y el t errorismo.

En est e marco de sit uación, los Est ados Unidos ent endieron que debían desarrollar mét odos y doct rinas que les permit ieran int er-venir adecuadament e para prot eger sus int ereses y alcanzar sus objet ivos ideológicos, polít icos y geoest rat égicos. En 1961, y a f in de encont rar respuest as ef icaces para hacer f rent e a los nuevos compromisos armados, el president e Kennedy propuso modif icar el enf oque de los enf rent amient os, cent rados hast a ent onces en el paradigma de la guerra convencional.39 Est imulado por el f racaso

en la misión de Bahía de los Cochinos, Kennedy inst ó a sus cola-boradores a desarrollar acciones concret as que permit ieran a Was-hingt on t riunf ar en lo que el president e denominaba la “ guerra su b l i m i n al ” .40 Se desarrolló ent onces la Do ct r i n a d e l a

Co n t r ai n su r g en ci a, un programa est rat égico-milit ar dest inado a

proporcionar vent ajas operat ivas a las f uerzas est adounidenses en la lucha ant irrevolucionaria y cuyo objet ivo primordial era cont

e-39 Est a m odif icación habría de servir para hacer f rent e a los conf lict os no convencionales que se desarrollaban en Argelia, Indochina y Cuba.

40 Est o se llevó a cabo a t ravés de un discurso en el m es de m ayo al Congreso. En él, Kennedy plant eó las “ urgent es necesidades nacionales” y solicit ó el apoyo del legislat ivo para iniciar un cam bio en la polít ica ext erior. Klare, M ichael y Kornbluh, Pet er. Cont rainsurgencia, proinsurgencia y ant it errorism o en los 80. El art e de la guerra de baja int ensidad. Grijalbo, M éxico, 1990. Pp 38

Estimulado por el fracaso en la misión de

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ner el progreso de las revoluciones izquierdist as en el III M undo. Est a doct rina part ía de una premisa clave: uno de los f act ores impulsores más import ant es de la expansión comunist a en el III mundo -l a “ m ar ea r o j a”- se originaba en un conglomerado de

f act ores adversos: el at raso económico y social de sus poblaciones, el progreso de las ideas nacionalist as y socialist as y el avance de la propaganda y de las acciones soviét icas.

En un discurso pronunciado ant e el congreso, Kennedy plant eó las “ u r g en t es n ecesi d ad es n aci o n al es” y solicit ó el apoyo del

legislat ivo para int roducir cambios en la polít ica ext erior y en el diseño est rat égico-milit ar nort eamericano. Sin embargo, ni los polít icos ni el Pent ágono se most raron part idarios del proyect o. Est a sit uación llevó a Kennedy a crear, desde la presidencia, un

Gr u p o Esp eci al dirigido por el Gral. M arshall Taylor e int egrado

por el direct or de la CIA, un delegado del depart ament o de Def ensa y el M inist ro de Just icia (Robert Kennedy). Est e grupo h ab r ía d e i n i ci ar l o q u e se co n o ce co m o l a “ Er a d e l a co n t r ai n su r g en ci a”, y sus t areas f undament ales f ueron diseñar,

organizar y ejecut ar un programa de lucha cont ra la insurgencia en el Tercer M undo.41 Las primeras experiencias de observación y

asesoramient o se llevaron a cabo en Laos, Tailandia y Viet nam. M ás t arde se agregarían Colombia, Venezuela y Bolivia. Est e equi-po t rabajó sobre un esquema int egral, coordinado equi-por las dist in-t as agencias f ederales. Prein-t endía operar medianin-t e vías no violen-t as y minimizar la parviolen-t icipación del f acviolen-t or miliviolen-t ar, el cual sería ut ilizado como últ imo recurso. En principio, se t rat aba de implement ar una serie de planes y acciones de t ipo cívico-milit ar t endient es a demost rar la genuina preocupación social del gobierno y de sus f uerzas armadas, f ort aleciendo la imagen de los EEUU en el sist e-ma int ernacional. Est e equipo recibió, en su moment o, la denomi-nación de los “ int elect uales de la def ensa” .42

“ Tal es p o l ít i cas, t o m ad as en f o r m a co n j u n t a co n o t r as m ed i d as esp ecíf i cas, p o d r ían co n ven cer a g u er r i l l er o s y t er r o r i st as, en el m ed i ad o y l ar g o p l azo , d e q u e l o s co st o s d e at acar a l o s EEUU o a su s i n t er eses, er an m u ch o m ás al t o s d e l o q u e el l o s h u b i er an p o d i d o so p o r t ar .” 43

41 Una de sus t areas prim ordiales consist ía en crear, organizar y ent renar a un equipo de Fuerzas Especiales, desarrollar sist em át icam ent e labores de int eligencia, planif icar act ividades propagan-díst icas y de apoyo a f avor de la polít ica nort eam ericana, capacit ar personal t écnico y m ilit ar en operaciones no convencionales, y diseñar un sist em a de ayudas f inancieras para las regiones predet erm inadas. Con respect o a las SOF, debían est ar preparadas para af ront ar los desaf íos m ás dif íciles. Capacit ados específ icam ent e en logíst ica, int eligencia y operaciones com ando y de alt o riesgo, f ueron los m ejores inst rum ent os de conducción en est e nueva est rat egia de int ervención.

42 La doct rina de la cont rainsurgencia f ue t ransm it ida a las t ropas y el personal t écnico m ediant e una serie de m anuales, cursos e inst ruct ivos en los cuales se dest acaban los principios de la lucha ant iguerrillera, ant it errorist a y psicológica.

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Relaciones Internacionales - Nº 28/2005 78

En 1963 el conf lict o de Viet nam se agudizó. En 1965 la Resolu-ción del Golf o de Tonkin of icializó la part icipaResolu-ción nort eamerica-na en la cont ienda y las primera t ropas arribaron al t errit orio. El desarrollo de la guerra (por t odos conocido) y la derrot a f inal desest imularon la polít ica int ervensionist a. A part ir de 1973, t an-t o los gobiernos como la sociedad, vivieron condicionados por el denominado “ síndrome Viet nam” que llevó al president e Cart er a producir un giro considerable en la polít ica ext erior. Los EEUU abandonarían los compromisos nort eamericanos en el III M undo. Sin embargo, su sucesor –el republicano Ronald Reagan– deci-dió ret ornar a la polít ica int ervensionist a. En ef ect o, uno de sus objet ivos priorit a-rios f ue alcanzar la re-hegemonización de Occident e y del m u n d o , p ar a l o cual logró aumen-t ar si g n i f i caaumen-t i vam en t e el p r esu -puest o milit ar, revit alizó los proyect os milit ares y las hipót esis de conf lict o, lanzó el plan de la Guerra de las Galaxias (IDE) y est imu-ló a los est ados mayores a ret omar el problema de la insurgencia. En est e marco, el Pent ágono inició -en 1985- el Proyect o de la Doct rina de la Guerra de Baja Int ensidad. Un año más t arde se publicó una obra de dos volúmenes t it ulada Jo i n t Lo w -In t en si t y Co n f l i ct Pr o yect Fi n al Rep o r t .44. En ella se f ijan los concept os, la

est rat egia y las paut as de aplicación de la doct rina de combat e para el Conf lict o de Baja Int ensidad. En enero de ese mismo año, el Secret ario de Def ensa, Caspar Weinberger, inauguró la primera conf erencia del Pent ágono sobre la GBI, la cual se celebró en Fort Leslie M c Nair, Washingt on D.C. En f ebrero del 86, se est ableció el Comando Conjunt o del Ejércit o y la Fuerza Aérea para la GBI.45

“ El Co n f l i ct o d e Baj a In t en si d ad es u n a l u ch a p o l ít i co -m i l i t ar l i m i t ad a p ar a al can zar o b j et i vo s p o l ít i co s, so ci al es, eco n ó m i co s o p si co l ó g i co s. Es m u ch as veces p r o l o n g ad o y var ía d e p r esi o n es d i p l o m át i cas, eco n ó m i cas y p si co so ci al es h ast a el t er r o r i sm o y l a co n t r ai n su r g en ci a. El co n f l i ct o d e b aj a i n t en si d ad g en er al m en t e se l i m i t a a u n ár ea g eo g r áf i ca y m u ch as veces se car act er i za p o r co n st r eñ i m i en t o s en l as ar m as, t áct i cas y n i vel d e vi o l en ci a.” 46

El Pentágono inició -en 1985- el Proyecto

de la Doctrina de la Guerra de Baja

Inten-sidad. Un año más tarde se publicó una

obra de dos volúmenes titulada Joint Low

-Intensity Conflict Proyect Final Report

44 Analytical Review of Low -Intensity Conflict. Vol. 2: Low -Intensity Conflict, Issues and recommendations. 10 de agost o de 1986. Virginia USA.

45 La f orm ulación de est a doct rina im plicó, de algún m odo, el abandono de la doct rina de la disuasión y su reem plazo por una est rat egia de t ipo of ensiva, adapt ada a los nuevos t iem pos.

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A part ir de est e moment o, la doct rina del GBI f ue t ransf erida a los cuerpos milit ares operat ivos a t ravés de manuales de campo y f ollet os especiales. El objet ivo era proporcionar a las f uerzas est adounidenses los concept os, los procedimient os y las met as de la doct rina de combat e del GBI para el III M undo.

“ Es u n h ech o q u e EEUU est á en g u er r a...y en est a co n t i en d a se j u eg a n ad a m en o s q u e l a su p er vi ven ci a d e n u est r o p aís y d e n u est r o m o d o d e vi d a... Per o n o es u n a g u er r a en el sen t i d o t radicional...es necesario que t ant o el pueblo nort eamericano como l o s p o l ít i co s sean ed u cad o s en l as r eal i d ad es d e l a l u ch a co n t em -p o r án ea y co n l a n ecesi d ad d e o b t en er el éxi t o en est as -p eq u eñ as guerras” .47

En est a et apa, el prest igio int ernacional de los EEUU empezó a desgast arse severament e. Las int ervenciones en problemas int er-nos de ot ros Est ados, la manipulación de la inf ormación, las t areas clandest inas llevadas a cabo por las agencias especiales, las cons-piraciones polít icas diseñadas desde Washingt on y el dominio económico ejercido a t ravés de lo que se denominó el Neo co l o -n i al i sm o , desf iguraron los rasgos benévolos que muchos t enían de

la gran pot encia e iniciaron un complejo proceso de rechazo y resent imient o cont ra su polít ica, su gobierno y su sist ema de vida. Ef ect ivament e, f ue durant e la Guerra Fría que muchos pueblos y gobiernos percibieron una gravísima cont radicción ent re las pré-dicas y las práct icas nort eamericanas; cont radicción que mot ivó, por primera vez, el cuest ionamient o de la honradez de su accio-nar y la coherencia de sus convicciones.

III. La Tercera Cruzada: Los EEUU cont ra el Terrorismo

Int ernacional.

La caída de la URSS en 1991 det erminó, de hecho, la f inalización de la GF y del sist ema bipolar. A su vez, est os acont ecimient os produjeron una sust ant iva t ransf ormación en el cont ext o int er-nacional y est imularon a los EEUU a mat erializar -def init ivament e-el est ablecimient o de la supremacía nort eamericana. Sin embargo, est a hegemonía aún debía consolidarse, pues la capacidad de domi-nio ef ect ivo de los EEUU era hemisf érica y t endría que ser ampliada hast a est ablecerse a nivel global. Est a segunda oport unidad para la f ijación de un unipolarismo americano, f ue aprovechada por el ent onces president e -George Bush- quien no t ardó en proclamar el

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Relaciones Internacionales - Nº 28/2005 80

surgimient o de un Nuevo Orden M undial, libre de conf lict os y de ant agonismos. Un Nuevo Orden que concret aría ipso f act o, la

ins-t alación de la hegemonía global norins-t eamericana.

A f in de lograr sus objet ivos, los EEUU compromet ieron su par-t icipación en diversas operaciones a nivel global. Duranpar-t e la presi-dencia de Bill Clint on, su Secret aria de Est ado –M adeleine Albraight – lo señaló clarament e cuando inf ormó que t odo lo que sucede en el mundo es de int erés para los Est ados Unidos. En est e sent ido, su

act uación en la Se-gunda Guerra del Go l f o -o r d en ad a por la ONU– fue de-cisiva pues f ueron las tropas norteame-ricanas las que co-mandaron la coa-lición int ernacional. El t riunf o cont ra Sadam Hussein marcó el primer t riunf o of icial de países occident ales en M edio Orient e, permit ió el cont rol sist emát ico del Est ado iraquí y abrió la puert a a f ut uras int ervenciones regionales. Un poco más t arde – y a t ravés del inst rument o polít ico de la OTAN – EEUU of ició de mediador of icial en el conf lict o yugoslavo y el president e Clint on logró que la paz f uera f irmada en Dayt on. También durant e los 90, se desa-rrolló el Plan Colombia y se increment ó la ayuda a Israel en el conf lict o con los palest inos. Finalment e, en 1999 –y debido a la sist emát ica violación de los derechos humanos por part e de Serbia– la OTAN int ervino en los Balcanes mediant e un at aque aéreo cont ra Yugoslavia. El éxit o de la operación signif icó la dest it ución de M ilosevic y el inicio de un proceso de democrat ización del Est ado yugoslavo. En sínt esis, ent re 1992 y 2000, los EEUU procuraron consolidar su posición int ernacional y f ort alecer su liderazgo polí-t ico a f in de respolí-t aurar su imagen de mediador inpolí-t ernacional y de def ensor de las libert ades y los valores occident ales; libert ades y valores a los que ent endían como universales.

Sin embargo, los at ent ados del 11-S habrían de t rast ocar abso-lut ament e est e panorama, desencadenando una t ransf ormación planet aria que cont inúa en vigencia. Ef ect ivament e, dichos at a-ques hicieron evident e que exist ían grupos y organizaciones para los cuales EEUU era un odiado enemigo al cual est aban dispuest os a dest ruir. La ira, el resent imient o y la f rust ración cont ra la gran pot encia, quedaron plasmados, no sólo a t ravés de los caract eres, la magnit ud y la capacidad dest ruct iva de la operación, sino t ambién mediant e las muest ras de f ervor, alegría y regocijo con que muchos sect ores de la sociedad int ernacional recibieron la not icia de los brut ales at aques.48 No pasaría mucho t iempo para

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que los mismos nort eamericanos -o una part e de ellos- se cuest io-naran las razones por la cuales su país era det est ado en esa f orma. En algún sent ido, sost ienen los especialist as, los t errorist as de Al Qaeda se convirt ieron en los represent ant es de los agraviados y de los pobres, de los pisot eados y los oprimidos del mundo islámico y creyeron ver en los act os del 11 de Sept iembre una expresión de rabia y de rencor real. Part icularment e para Oct avio Ianni, los at aques del 11-S conf iguran un verdadero event o heuríst ico

que posee una serie de signif icados y connot aciones absolut amen-t e excepcionales y reveladores49

“ Est e aco n t eci m i en t o d escu b r e var i o s n exo s so ci al es, p o l ít i co s, eco n ó m i co s y cu l t u r al es q u e at r avi esan j u eg o s d e f u er zas so ci al es y o p er aci o n es g eo p o l ít i cas, l as cu al es se t o r n an m ás evi d en t es, vi si b l es, t r an sp ar en t es, en escal a n aci o n al , r eg i o n al y m u n d i al ... En p o co t i em p o , en t o d o el m u n d o , m u ch o s se d an cu en t a d e q u e m u ch as co sas se sal i er o n d e l u g ar , y q u e l o q u e p ar ecía est ab l eci -d o , q u i et o en su cal m a, se m u est r a -d esco n o ci -d o , i g n o t o y t em i b l e. De r ep en t e se i n st al a l a d i sco n t i n u i d ad , l a i n est ab i l i d ad , l a af l i c-ci ó n , el m i ed o , el t er r o r ” .50

Est e at aque -como t odas las acciones t errorist as- demost ró ser un act o polít ico que desencadenaría un proceso y una espiral de violencia; una espiral de violencia que se mant iene vigent e y que no parece poder resolverse en el cort o plazo. En ot ras palabras, est os at aques han demost rado básicament e dos cosas: en primer t érmino, que el liderazgo nort eamericano es f uert ement e resist i-do por ciert os sect ores del Sist ema Int ernacional y en seguni-do lugar, que exist en f uerzas dispuest as a impedir el est ablecimient o del poder hegemónico de los EEUU, es decir de la unipolaridad planet aria. A ellas las denominará “ El Terrorismo Int ernacional” y cont ra las cuales desencadenará su Tercera Cruzada.

Est a campaña se inició con la guerra cont ra Af ganist án; más específ icament e cont ra el gobierno Talibán af gano, acusado por Washingt on de cont ribuir con los t errorist as y de prest ar asilo y ref ugio al aut or de los sucesos del 11-S. El ult imát um nort eameri-cano f ue rechazado por est e gobierno y a part ir de ese moment o, se inició la operación “ Just icia Inf init a”; denominación que habría de modif icarse luego como “ Libert ad Duradera” . La guerra cont ra

48 Según Ianni, en el 2001 eran ya m uchos los que est aban cansados de la suprem acía de los EEUU en los asunt os m undiales. Un cansancio que venía acum ulándose desde hace décadas. Cf : Ianni, Oct avio. “ Sociología del Terrorism o” . En: López, Ernest o (Com p.) Escrit os sobre Terrorism o. Prom et eo, Buenos Aires, 2003. pág. 31

49 Con est e acont ecim ient o, dice Ianni, se abren posibilidades insospechadas para la int erpret a-ción de relaciones, procesos y est ruct uras de dom inaa-ción polít ica y apropiaa-ción económ ica, en escala nacional y m undial. Es por eso que est e acont ecim ient o posee un signif icado hist órico excepcional. Ibidem pág. 11-12

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Relaciones Internacionales - Nº 28/2005 82

Lo único que la campaña iraquí ha develado

es que la abrumadora capacidad militar

es-tadounidense es impotente frente a la

imprevisibilidad y la innovación terrorista

Af ganist án se es-t ruces-t uró sobre la base de una coali-ción int ernacional y cont ó con el be-n ep l áci t o d e l a Federación Rusa y de la República China. Desde el punt o de vist a de su implement ación t áct ica, la invasión rest auró el paradigma de la guerra convencional: cient os de miles de soldados, t oda la capa-cidad armament íst ica de la gran pot encia y el despliegue de la t ecnología más desarrollada, f ueron los pilares sobre los cuales se f undó el rápido t riunf o nort eamericano; un t riunf o incomplet o pues no pudo lograrse el objet ivo primordial: capt urar a Bin Laden. En 2002, la Tercera Cruzada se consolidó sobre una base doct ri-naria. En el mes de Sept iembre, el president e Bush dio a conocer la “Est r at eg i a d e Seg u r i d ad Naci o n al d e l o s Est ad o s Un i d o s d e América” ; un document o en el cual se rat if ica la lucha ant it errorist a,

se def inen las hipót esis de conf lict o, se ident if ican a los posibles enemigos51 y se f undament a la validez de un nuevo inst rument o

est rat égico: la g u er r a p r even t i va. Una nueva doct rina que int

en-t ará legien-t imar el inicio de una nueva campaña -esen-t a vez conen-t ra Irak- que generará un prof undo rechazo en muchos Est ados del mundo y cuya base de legit imación es ext remadament e débil.

Una de las int erpret aciones específ icas de est a Tercera Cruzada sost iene que la misma puede ent enderse como una operación geo-polít ica que ha procurado ef ect ivizar el dominio de la súper-pot en-cia; un dominio que, hast a ahora, era ejercido por un “ Imperio light ” -al decir de M ichael Ignat ief f - o un imperio sin conciencia

de serlo.52 Est a búsqueda de la hegemonía global -dest inada a

f ort alecer su liderazgo y a ordenar la const elación de Est ados y de mercados según sus int ereses- se ha mat erializado a t ravés del conf lict o y del poderío milit ar; sin embargo, no ha result ado suf i-cient e para garant izar su seguridad ni para desart icular la pot encia del enemigo. Por el cont rario, lo único que la campaña iraquí ha develado es que la abrumadora capacidad milit ar est adounidense es impot ent e f rent e a la imprevisibilidad y la innovación t errorist a y absolut ament e inef icaz para f rust rar la det erminación y la adap-t abilidad de las f uerzas de la guerrilla local. En oadap-t ras palabras, la maquinaria bélica nort eamericana y su empleo como f uerza milit ar masiva, corresponden a un modelo perimido que, si alcanza a t riunf ar, lo hará sobre la base de un cost o polít ico, económico y

51 Est os son los Est ados que, según W ashingt on, int egran el denom inado “ Eje del m al” : Corea del Nort e, Irán, Irak y Sudán, ent re ot ros.

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humano de increíbles dimensiones; t an increíbles que en el balance general de cost o-benef icio puede result ar def icit ario.

El d o m i n i o d el m u n d o co n o ci d o n o o t o r g a p az al esp ír i t u . A h o r a Est ad o Un i d o s si en t e l o s h o r r i b l es escal o f r ío s q u e el m u n d o an t i g u o d eb i ó sen t i r cu an d o Ro m a f u e saq u ead a p o r p r i m er a vez. En t o n ces, al i g u al q u e ah o r a, u n p u eb l o i m p er i al h a ab i er t o l o s o j o s f r en t e a l a am en aza d e l o s b ár b ar o s” .53

Indudablemente, los EEUU buscan cimentar una supremacía planetaria basada, no sólo en su capacidad económica y milit ar, sino sobre t odo en la f ort aleza de sus valores y en el reconocimient o de su superioridad polít ica, social y moral. En ot ras palabras, buscan est ablecer un dominio global f undado en el prest igio y reconocido a t ravés del ejercicio de un liderazgo indiscut ido. Sin embargo, est a pret ensión sea, probablement e, una de las dif icult ades más signif i-cat ivas que ha de af ront ar en los próximos t iempos.

A modo de conclusión.

¿Cuál ha de ser la vía que garant ice la cont inuidad de la hegemonía nort eamericana?. Según Edw ard Gibbon, los imperios sólo logran perdurar si sus gobernant es evit an ext ender excesiva-ment e sus f ront eras, pues est a ext ensión acarrea una prof unda desproporción ent re capacidades de cont rol y recursos por un lado, y demandas de cust odia t errit orial, demográf ica y cult ural, por el ot ro. Cuando est a desproporción se prof undiza, inclinándo-se hacia los déf icit s, el peligro aument a de manera def init iva.

“ Lo s o r g u l l o so s r o m an o s se p er m i t i er o n caer en el er r o r d e co n f u n d i r l a m o n ar q u ía r o m an a co n el g l o b o t er r áq u eo . Est a t íp i ca i l u si ó n d e l as p o t en ci as i m p er i al es, es u n a eq u i vo caci ó n f at al p u es co n f u n d e el p o d er g l o b al co n l a h eg em o n ía g l o b al . Lo s am er i can o s p o seen el p r i m er o , p er o n o l a seg u n d a, es d eci r , n o p u ed en d et er m i n ar co n t o t al cer t eza l o s aco n t eci m i en t o s en t o d as p ar t es, y cu an t o m ás l o i n t en t an , m ás se exp o n en a l o s m i sm o s r i esg o s q u e en u n m o m en t o d ad o acab ar o n co n l o s g r an d es i m p e-r i o s d e l a an t i g ü ed ad ” .54

Según Igant ief f , los imperios que desconocen sus propias limit a-ciones y que no son capaces de balancear el orgullo con la pruden-cia, no pueden sobrevivir. La guerra cont ra el Terrorismo t iene dos caract eríst icas especiales que la hacen part icularment e peligrosa: por un lado, es ubicua – se desarrolla en t odas part es – y como no t iene ni t errit orio ni f ront eras, obligará a la pot encia a desplegar un esf uerzo superior a sus f uerzas. Est e esf uerzo sólo cont ribuye a

53 Ibidem . pág. 13

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Relaciones Internacionales - Nº 28/2005 84

t ornarla más y más vulnerable. En se-gundo t érmino, los t errorist as no son un Estado y no pue-den ser disuadidos n i co acci o n ad o s co m o u n Est ad o . Por ot ra part e, las ideas, los valores y los principios del orden americano no han sido lo suf icient ement e convincent es o valiosos para ot ros pueblos y ot ras cult uras y la necesidad reit erada de imponer sus modelos (que ya se puso en práct ica en 1919 en Alemania, después de la derrot a y que se mat erializó en la Repú-blica de Weimar) no ha dado los result ados esperados, pues el paradigma occident al -o el Imperio Humanit ario como lo llama Ignat ief f - no parece const it uir un anhelo para pueblos como los musulmanes.55 Finalment e, la perseverancia ideológica de los EEUU

los ha llevado t ambién a comet er errores polít icos y t áct icos, alián-dose con élit es locales que muchas veces f ueron t an corrupt as e inmorales que se convirt ieron en los principales agent es del des-prest igio nort eamericano en una serie de pueblos somet idos a la pobreza, la marginación y el subdesarrollo.56

La guerra cont ra el t errorismo no concit a ya el apoyo de mu-chos de sus aliados ni at emoriza a mumu-chos de sus enemigos. Dicho de ot ro modo, los EEUU t ienen un poder considerable pero ést e no les ha servido para imponer sus ideas y prot eger sus int ereses; por el cont rario, el uso que cont inúan haciendo de ese poder amenaza con prof undizar su enemist ad con buena part e del sist ema mun-dial y con conducirlos a una posición de relat ivo aislamient o int ernacional. Según Ignat ief f , la región que mejor ilust ra est e problema es el Cercano Orient e y el problema parece est ar ext en-diéndose hacia la región int ermedia del corazón euroasiát ico, donde EEUU ha podido ganar las guerras, pero se ha most rado absolut ament e impot ent e para gest ionar la paz.57

Arrogancia, f alt a de creat ividad, dif icult ades para desarrollar ideas innovadoras y discapacidad para analizar e int erpret ar el mundo en el que viven, son algunos de los problemas que af ron-t an la sociedad y el gobierno norron-t eamericanos. Tal vez demasiado ocupados en disf rut ar del consumo de los bienes y servicios que producen, han disminuido su capacidad aut ocrít ica y se est án revelando incapaces de ejercer la empat ía con los ot ros. Y a pesar

Arrogancia, falta de creatividad,

dificulta-des para dificulta-desarrollar ideas innovadoras y

discapacidad para analizar e interpretar el

mundo en el que viven, son algunos de

los problemas que afrontan la sociedad y

el gobierno norteamericanos

55 La idea de dem ocracia, de Derechos Hum anos y de igualdad ant e la ley, no son – necesaria-m en t e – valo res d esead o s o d eseab les p ara o t ras co necesaria-m u n id ad es, las cu ales n i siq u iera est án convencidas de que sean llevados a la práct ica por el propio EEUU.

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