EL SENTIDO DE COHERENCIA EN LOS
ADOLESCENTES: UNA REVISIÓN SISTEMÁTICA
Francisco Rivera, Carmen Moreno, Irene García, Pilar Ramos, et al.
CONCEPTOS FUNDAMENTALES: SENTIDO DE COHERENCIA Y RECURSOS GENERALES DE RESISTENCIA
A partir de entrevistas con las víctimas de la discriminación, la pobreza, e incluso los campos de concentración nazi, Antonovsky (1979) decidió dedicar su carrera investigadora a estudiar el origen de la salud. En su enfoque “salutogénico”, Antonovsky se centra en dos aspectos esenciales para el estudio de la salud. En primer lugar, identifica los Recursos Generales de Resistencia (GRRs) que ayudan a las personas a enfocar su vida hacia la salud positiva. En segundo lugar, Antonovsky aisló un denominador común para explicar la capacidad de algunas personas para hacer frente a terribles experiencias; a este mecanismo o disposición lo denominó Sentido de Coherencia (SOC), siendo la combinación entre ambos el elemento principal de estudio de la Salutogénesis (Lindström and Eriksson 2005).
Los Recursos Generales de Resistencia (GRRs)
La teoría salutogénica ha identificado los GRRs como elementos cruciales en el desarrollo del SOC. Los GRRs se definen como cualquier característica de la persona, grupo, o contexto que pueden facilitar la gestión eficaz de la tensión o estrés. Es decir, son los recursos personales, interpersonales o contextuales a los que pueden recurrir los individuos en caso de necesidad. Antonovsky (1987) propone una clasificación de los GRRs en seis grandes campos:
1. Físicos y bioquímicos. Se incluye en este apartado las condiciones físicas de la persona que le ayudaría a hacer frente a los estímulos ambientales; tales como una adecuada salud física, un buen tono muscular, ausencia de enfermedades crónicas o limitaciones físicas.
2. Materiales. En este apartado tendría cabida todos los bienes materiales, entre lo0s que se encontrarían alimentos, ropa, alojamiento, dinero…
como un recurso fundamental de supervivencia y en el conocimiento como facilitador de una visión más amplia de la realidad, diversificando así las opciones de respuesta.
4. Valorativas o de actitudes. Se incluyen las estrategias de afrontamiento positivas (caracterizadas por la racionalidad, la flexibilidad y la previsión), la participación activa del individuo en la resolución de sus problemas y la gestión eficaz de las emociones.
5. Interpersonal-relacional, siendo el apoyo social uno de los recursos principales de supervivencia. Las personas que tienen estrechos vínculos interpersonales tienden a resolver la tensión con mayor facilidad que aquellos que carecen de esa calidad en sus relaciones. La simple certeza de que, en caso de necesidad, dispondríamos del apoyo social es a menudo suficiente para que esto ya sea considerado un componente eficaz de GRR.
6. Aspectos Macro-socioculturales. Aquí se contemplaría el componente cultural y social que rodea a la persona, dándole un lugar en el mundo y pudiendo actuar como promotores de salud. Estos GRRs se enlazan con el aspecto macrosistémico de la teoría ecológica de Bronfenbrenner.
De acuerdo con la definición antes mencionada, un GRR puede ser parte del sistema inmune, dinero, conocimiento o inteligencia, identidad del yo, racionalidad, flexibilidad… incluyendo además conceptos más generales como el apoyo social, la cultura y la religión. Sin embargo, la identidad propia y el apoyo social aparecen como los recursos más directos y usados (Antonovsky, 1979), resaltando precisamente la importancia del apoyo social como un recurso crucial para el afrontamiento de sucesos adversos. Antonovsky declara que la percepción de falta de GRRs para poder hacer frente a sucesos estresantes futuros, es ya considerado por si mismo un factor estresante para la propia persona. (Antonovsky, 1979)
“El grado en el que nuestras vidas nos proporcionan GRRs es un determinante importante para el desarrollo de un sentimiento u orientación generalizada, penetrante y
duradera de ver y responder a las situaciones que nos presenta el mundo, denominado Sentido
El Sentido de Coherencia (SOC)
Ampliando lo referido en el primer apartado, Antonovsky definió formalmente el Sentido de Coherencia (SOC) como:
“Una orientación global que expresa el grado en que la persona tiene una
penetrante y duradera, aunque dinámica, sensación de confianza en que, a lo
largo de la vida, los estímulos derivados de los entornos internos y externos están
estructurados, pudiendo ser predecibles y explicables, existiendo recursos que
están disponibles para compensar las demandas planteadas por estos estímulos,
siendo estas demandas desafíos, digno de esfuerzo y compromiso para ser
superados (Antonovsky, 1987 , p. 19)”.
A la luz de su investigación, Antonovsky afirma que el sentido de coherencia es un patrón cognitivo-motivacional, en el que podría identificarse tres subdimensiones: comprensibilidad, manejabilidad y significatividad. A partir de estas subdimensiones, se podría definir de forma más completa al SOC como una orientación global que expresa (1) comprensibilidad, o la medida en que la persona tiene la capacidad de percibir los estímulos internos o externos como información ordenada, consistente, estructurada y clara, y no como algo caótico, desordenado o inexplicable, (2) manejabilidad, o el grado en que la persona cree tener a su disposición los recursos adecuados para hacer frente a las demandas planteadas por la vida, y (3) significatividad, o medida en que la persona siente que la vida tiene sentido emocionalmente y de que, a pesar de los problemas y dificultades, merece la pena invertir energía y esfuerzo en ella (Antonovsky, 1987). Antonovsky hace hincapié en que este componente es la parte más importante, ampliando el concepto de significatividad como la percepción de la persona de que las experiencias adversas que le presenta la vida son retos en los que merece la pena implicarse, en vez de cargas de las que quisiera librarse. Cuando los participantes perciben que al menos algunos de los problemas o demandas de sus vidas merecen ser objeto de compromiso y participación, tienen un mayor sentido de significado, y por lo general un mayor grado en los otros dos componentes (comprensión y control).
Las experiencias vitales son consideradas principalmente una función y combinación
de factores tales como estructura familiar y social, cultura, ocupación, género, origen étnico y
componentes genéticos entre otros. Aunque estos factores determinan en cierto modo el
desarrollo del SOC y las respuestas a situaciones adversas, los individuos son capaces de
elegir y determinar sus propias opciones de respuesta, asumiendo un papel proactivo en su
propia vida (Antonovsky, 1987, 1996).
CONCEPTOS SIMILARES EN SU VISION DE LA SALUD
El enfoque para abordar el problema de la relación estrés-enfermedad desde una dirección diferente a la tradición biomédica no puede ser atribuida exclusivamente a Antonovsky. Otros enfoques, coetáneos con el desarrollo del concepto de Sentido de Coherencia, también han tratando de abordar esta cuestión, reforzando la verosimilitud y potencial de esta línea de investigación. Se tratarán con detalles cuatro teorías por su relevancia y similitudes con el concepto de Sentido de Coherencia: el concepto de la “personalidad resistente” formulada por Kobasa (1979, 1982), la teoría de "autoeficacia" por Bandura (1977), el “sentido de la vida” de Frankl (1967, 1978, 1985) y la teoría de la resiliencia (Rutter, 1985).
Aunque Antonovsky subrayó en repetidas ocasiones que el SOC y la orientación salutogénica fueron una perspectiva completamente nueva, una mirada más intensa a la literatura revela que esta perspectiva no es totalmente innovadora. Sin embargo, Antonovsky tiene el crédito de haber cohesionado y dado nombre a un completo paradigma de salud (salutogénesis), y haber generado una gran cantidad de investigación en torno a su teoría.
La teoría con mayor solapamiento conceptual con el SOC es la personalidad resistente de Kobasa (Kobasa, 1979, 1982). El problema que la llevó a formular el concepto era el mismo que para Antonovsky, es decir, la pregunta de por qué algunas personas se enferman de estrés y por qué otros no. Fueron identificadas tres dimensiones de la personalidad resistente (Kobasa, 1979, p. 3): (1) la creencia de que los individuos pueden influir de forma activa y controlar su entorno, que en el SOC está incluido en las dimensiones de “manejabilidad” y “comprensibilidad; (2) la capacidad de marcarse compromisos y considerar el comportamiento individual como camino para la consecución de esos objetivos propuestos, lo que estaría comprendido en la dimensión del SOC denominada “significatividad”; y (3) la evaluación del cambio como un reto y un estímulo para el desarrollo individual, que en el SOC estaría comprendido en los componentes de “comprensión "y" significatividad”.
través de varios instrumentos que fueron diseñados originalmente para otros fines (Kobasa, 1979). En su libro de 1987, Antonovsky discutió la relación del SOC con el enfoque de Kobasa, pero este acentuando sus diferencias a pesar de su claro solapamiento.
La teoría de Bandura sobre la autoeficacia tiene sus orígenes en la tradición del aprendizaje social y su formulación es más genérica que los conceptos desarrollados por Antonovsky, Kobasa y Frankl. La Autoeficacia tiene por objeto explicar la convicción de que uno es capaz de realizar ciertas conductas a fin de alcanzar metas, o bien para hacer frente a un factor de estrés (Bandura, 1977).
Según Bandura, las expectativas de dominio determinan el inicio y la duración de la conducta de afrontamiento. Esto también conlleva la tendencia a acercarse a determinadas situaciones y evitar otras que puedan sobrepasar las capacidades personales (Bandura, 1977). Las condiciones del desarrollo de la autoeficacia son la experiencia directa, la observación del comportamiento de los demás, la persuasión verbal por parte de los otros, y la propia activación emocional en situaciones exigentes. La fuerza de la autoeficacia, en lugar de abordarse como una disposición generalizada, se considera que depende de la percepción diferencial de las diferentes situaciones y las evaluaciones correspondientes de las habilidades de afrontamiento ante esos restos. Si los individuos con experiencias de éxito en un gran número de situaciones han adquirido las habilidades para dominar otras situaciones similares, la autoeficacia se acerca en gran medida al concepto de un alto SOC, aunque deberían considerarse conceptos diferentes. En efecto, si se analiza personas con bajo SOC y personas con poca o ninguna experiencia de éxito, se encontraría ante casi la misma tipología de individuo. Sin embargo, en la misma definición se encuentra una gran diferencia: la autoeficacia debe ser confirmada en repetidas ocasiones y con la misma experiencia va moldeándose y creciendo, mientras que el SOC se supone que es relativamente constante. Antonovsky no tiene en cuenta estas diferencias, viendo a los dos conceptos muy similares entre sí, aunque con orígenes conceptuales diferentes (Antonovsky, 1979).
Al observar a los elementos de la definición mencionada, queda patente la importancia del componente emocional y un cognitivo. El componente emocional alude a la “calidad de la existencia”, como una sensación de plenitud de que hay un sentido en el presente y el pasado la vida; mientras que el componente cognitivo se relaciona con el propósito de la existencia, relacionado con el hecho de tener metas en la vida, un sentido de direccionalidad, una creencia que da propósito a la vida(Shek, 1992).
El primer dato a explorar entre las similitudes entre los constructos de “sentido en la vida” y el “sentido de la coherencia” es que ambas construcciones surgió del estudio de las experiencias de personas que sobrevivieron a los sucesos traumáticos. Sin embargo, el principal parecido entre ambos conceptos es el componente de significado. Mientras que en Frankl (1967) toda su teoría gira en torno a este concepto, Antonovsky confiere una dimensión al significado, aunque adscribe otras dimensiones perceptivas y conductuales a su concepto de Sentido de Coherencia. Antonovsky (1987) hace referencia a Frankl varías veces en su apartado sobre significatividad, afirmando que el nombre de esta subdimensión se debe a un reconocimiento a los trabajos de Frankl en ese sentido.
Por último, la resiliencia (Rutter, 1985) se ha descrito como una característica personal que influye en la capacidad de recuperarse de las experiencias adversas, actuando igualmente como una fuerza protectora ante circunstancias potencialmente dañinas (Werner & Smith, 1982). En adultos, la definición con mayor aceptación describiría la resiliencia como la capacidad de adaptación ante circunstancias vitales desfavorables que podría activar y contribuir al mantenimiento de la independencia y el bienestar (Rowe y Kahn, 2000; Staudinger, Marsiske & Baltes, 1993).
En relación con la promoción de la resiliencia, Rutter (1985) afirma que esta no reside en la evitación de la tensión, sino más bien en el encuentro con el estrés en un momento y forma tal que permita el desarrollo de la autoconfianza y competencia social, incrementando así la capacidad y la propia responsabilidad en el cambio de las circunstancias desfavorables.
de riesgo, mientras que para conseguir el desarrollo del SOC no es necesaria la presencia de dichos factores. Este énfasis en los factores de riesgo llevó a Rutter (1985) a considerar el concepto de resiliencia dentro del modelo patogénico y, por tanto, sustancialmente diferente al SOC y al modelo salutogénico del que surge.
Con el objetivo de clarificar la cercanía entre conceptos tan parejos como los aquí descritos, Nygren et al. (2005) estudiaron la unión entre distintos conceptos como SOC, resiliencia y sentido de la vida. Estos autores encontraron una correlación de 0.35 entre SOC y resiliencia, medida esta última con la Resilience Scale (Wagnild & Young, 1993), y una correlación de 0.57 entre el SOC y el Sentido de la Vida, medido con el The Purpose in Life Test (Crumbaugh, 1968). Por tanto, el estudio concluyó que estos tres conceptos compartían una importante explicación común.
ESTABILIDAD DEL SOC
Según los primeros trabajos de Antonovsky (1987), el SOC se desarrolla durante la infancia y la adolescencia, y se mantiene relativamente estable durante la edad adulta. En teoría, el proceso dinámico a través del cual las experiencias vitales dan forma al SOC cesa en gran medida en la adultez temprana, aunque ya en la adolescencia el SOC adquiere una cierta estabilidad (Geyer, 1997). Después de esta etapa de la vida, el SOC se supone que debe convertirse en un rasgo relativamente estable que puede fluctuar ligeramente en reacción a la experiencia vital.
Sin embargo, algunos investigadores han sugerido con datos de investigaciones longitudinales que el nivel de SOC puede estar notablemente influido por los acontecimientos vitales normativos desarrollados durante la adolescencia y adultez (Flensborg-Madsen, Ventegodt, y Merrick, 2005; Smith, Breslin, y Beaton, 2003) En esta línea, cabe destacar la investigación de Nilsson et al. (2003), que con una muestra de 1.254 personas, y edades comprendidas entre los 45 y los 74 años, encontró que el SOC permanecía estable sólo para aquellos sujetos que presentaron inicialmente altos niveles de SOC. Para personas de nivel bajo o medio de SOC, las condiciones individuales y los cambios sociales influyeron en su nivel de SOC.
encontrándose una mayor estabilidad en el sentido de la coherencia en el grupo de mayor edad en comparación con el grupo más joven. De hecho, este estudio muestra que la edad no juega ningún papel en la estabilidad del sentido de la coherencia.
Todas estas investigaciones hacen necesario replantearse la teoría de Antonovsky sobre la estabilidad del SOC. En líneas generales, los resultados muestran variaciones del SOC a lo largo de todo el ciclo vital, no encontrándose mayor estabilidad en la fase adulta. Por otro lado, la investigación empírica ofrecido por estos estudios sí confirman la opinión de Antonovsky de que un fuerte SOC presenta una mayor estabilidad en comparación con niveles más bajos, que sufren mayores variaciones.
EL SOC EN LA ADOLESCENCIA
Si bien la investigación en adultos relacionada con el efecto del SOC en la salud y el estrés está ampliamente documentada, el papel del SOC en la salud infantil y adolescente está en gran parte inexplorado. En la formulación teórica original, Antonovsky (1987) hace hincapié en que el SOC es un constructo de desarrollo que se cristaliza a la edad de 30, sugiriendo una mayor fluctuación y un papel menos relevante del SOC en la salud del adolescente: " El adolescente, en el mejor de los casos, solo ha conseguido provisionalmente un nivel alto de SOC, que puede ser útil para predecir a corto plazo cómo va a afrontar los factores estresantes y su estado de salud". (Antonovsky, 1987, p. 107).
Contrariamente a la idea de un fluctuante y débil papel del SOC en los adolescentes, los estudios en esta etapa muestran, en líneas generales, que un “joven” SOC puede contribuir a un adecuado manejo del estrés y del afrontamiento, en la misma línea que se desarrolla en la población adulta, relacionándose con buenos indicadores de salud y bienestar.
MÉTODO
En este trabajo se revisan 51 artículos de un total de 574 publicados en lengua inglesa sobre salutogénesis y sentido de coherencia desde 1985 a la actualidad. Éstos han sido localizados por medio de una búsqueda sistemática empleando las bases de datos Proquest,PubMed, Ovid SP, Wiley Online Library e ISI Web of Knowledge, en la que se emplearon como palabras claves sense of coherence, salutogenesis, salutogenic, Antonovsky, SOC y OLQ.
Para la selección de aquellos artículos que estudian sentido de coherencia en la adolescencia se usó como referencia la aparición en el título, abstract o palabras claves del artículo de las palabras adolescents, adolescence, children, youth, students y school-aged. Mediante este procedimiento se identificaron 81 trabajos.
A continuación se hizo una criba entre los trabajos preliminarmente clasificados como de muestra adolescente, utilizando como criterio la edad de la muestra estudiada. Para el objeto de esta revisión se consideró muestra adolecente a aquélla que estaba integrada por participantes de entre 11 y 18 años de edad. En los casos en que el rango de edad era más amplio que el anteriormente indicado, se tomó como referencia la edad media de los participantes, incluyéndose aquellos trabajos en los que la edad media se encontraba dentro del rango teórico establecido y excluyéndose los trabajos en los que ésta estaba por encima o por debajo de dicho rango. En el caso de los trabajos que estudiaban población general y como parte de ella muestra adolescente se consideró un criterio de exclusión la no diferenciación entre grupos de edad en la presentación de los resultados. Cuando existía dicha diferenciación, el trabajo se incluía en la revisión pero restringiéndose su análisis a la información referente a la parte de la muestra con edades objeto de estudio. Los trabajos que estudian el sentido de coherencia únicamente en población universitaria fueron también excluidos.
RESULTADOS
Áreas de Publicación de los trabajos sobre el sentido de coherencia
El análisis de las áreas de publicación muestra que la investigación sobre sentido de coherencia en la adolescencia tiene un carácter multidisciplinar. De los 46 trabajos en revistas incluidas en ISI, el 39% se incluirían dentro de la categoría de ciencias médicas, el 33% en la de psicología y el 20% en revistas adscritas al área de salud pública.
Por otro lado, cuando se lleva a cabo un análisis similar pero teniendo en cuenta los 574 trabajos sobre sentido de coherencia identificados, independientemente de si tratan o no la temática adolescente, la publicación en revistas médicas supone hasta el 45% del total de investigaciones, disminuyendo la proporción de trabajos publicados en revistas adscritas a psicología (24%) o salud pública (14%). Igualmente, la cantidad de trabajos publicados en revistas incluidas en otras temáticas es mayor cuando se analizan la totalidad de los trabajos general (17%) que cuando el análisis se centra únicamente en las investigaciones enfocadas en la adolescencia (9%).
Con todo ello, y a pesar de la heterogeneidad de enfoques desde los que se aborda el sentido de coherencia, parece observarse una mayor presencia del campo de la psicología cuando se trata la temática adolescente, como puede observarse en la Tabla 1.
Tabla 1. Comparación del número de publicaciones sobre sentido de coherencia por área temática diferenciando entre trabajos centrados en la adolescencia y en población general.
Adolescencia Total Medicine 18 385
Psychiatry 9 82
Dentistry, Oral Surgery & Medicine 4 16
Nursing 3 62
Pediatrics 2 4
Psychology 15 210
Psychology, Social 5 33
Psychology, Developmental 4 11
Psychology, Clinical 2 47
Psychology, Multidisciplinary 2 86
Psychology, Applied 1 16
Psychology, Educational 1 5
Public Health 9 119
Public, Environmental & Occupational Health 7 99
Health Policy & Services 2 7
Others 4 146
Social Work 2 15
Education, Special 1 4
Social Issues 1 12
0 10 20 30 40 50 60 70
1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010
Adolescentes General
Evolución a lo largo del tiempo de las publicaciones sobre sentido de coherencia
Como se observa en la Figura 1, Los primeros artículos sobre sentido de coherencia se remontan a los trabajos de Antonovsky en 1985. Teniendo en cuenta el total de publicaciones sobre sentido de coherencia, en el intervalo desde 1985 hasta 1995 se habían publicado únicamente el 11.5% del total de las publicaciones sobre esa temática. Sin embargo, a partir de esa fecha, la producción científica sobre la materia experimentó un auge, publicándose en los cinco siguientes años (1996-2000) una mayor cantidad trabajos que en toda la década anterior (un 19% de las publicaciones provienen de esa fecha). De esta forma, en años posteriores continuó el aumento del material científico publicado sobre esta temática, hasta el punto de que un 27% del total de publicaciones sobre sentido de coherencia se publica entre 2001-2005 y el porcentaje es aún mayor, un 42%, en los cinco últimos años. Estos datos muestran el creciente interés de la comunidad científica en la temática del sentido de coherencia.
Si analizamos la evolución de las publicaciones sobre el sentido de coherencia en la adolescencia, comprobamos que su progresión ha sido bastante más tardía. De esta forma, casi el 50% de las publicaciones centradas en la etapa adolescente provienen de los últimos cinco años (2006-10), y un 32% fueron presentadas entre el 2001 y el 2005. En conclusión, teniendo en cuenta que sólo un 10% de las publicaciones sobre sentido de coherencia en la adolescencia son anteriores al 2000, se puede afirmar que el interés por el estudio de la salutogénesis en jóvenes es relativamente reciente y, por ello, aún quedan por explorar gran parte de las relaciones y efectos del SOC en los adolescentes.
Tipo de muestras adolescentes estudiadas
1. Total de muestra estudiada
Entre los 51 estudios revisados que abordan el SOC en la adolescencia, se han recogido datos de aproximadamente 63.500 adolescentes. Esta elevada cifra se debe a que gran parte de los estudios (más del 58%) superan los 500 sujetos y hasta el 36% del total de los estudios utilizaron muestras de más de 1000 sujetos.
En cuanto a las características de la muestra, 36 de los 51 estudios analizados están compuestos por muestras normalizadas, con un tamaño muestral en torno a 49.000 sujetos (un 77% de la muestra total estudiada). Las investigaciones restantes abordan muestras muy diversas, donde se incluirían muestras clínicas, como adolescentes con TDAH (Edbom, Malmberg, Lichtenstein, Granlund, & Larsson, 2010; Margalit, 1985)
, con trastornos de
ansiedad o depresión(Henje Blom, Serlachius, Larsson, Theorell, & Ingvar, 2010), de
conducta (Hansson, Olsson, & Cederblad, 2004)
,
pacientes con epilepsia (Räty,
Larsson, & Söderfeldt, 2003), con pérdida auditiva severa(Most, 2007) y problemas
digestivos (Jellesma, Rieffe, Terwogt, & Kneepkens, 2006), así como otro tipos de
muestras, tales como adolescentes que han cometido delitos y se encuentran en
centros de reclusión (Koposov, Ruchkin, & Eisemann, 2003), jóvenes expuestos a
ataques con misiles (Braun-Lewensohn, Sagy, & Roth, 2011), evacuados de
asentamientos judíos (Antonovsky & Sagy, 1986; Sagy, 2002), víctimas de maltrato
(Gustafsson, Nelson, & Gustafsson, 2010), beduinos del desierto expuestos a
quemaduras solares (Shani, Ayalon, Hammad, & Sikron, 2003) o adolescentes en
situaciones de riesgo de fracaso escolar(Bowen, Richman, Brewster, & Bowen, 1998;
Nash, 2002).
2. Países de procedencia
El estudio del sentido de coherencia se ha abordado en población procedente de 40 países diferentes ubicados en los cinco continentes no siendo, sin embargo, la distribución de estudios homogénea entre los distintos países.
Sin embargo, en el estudio de la población adolescente, los países que han publicado una mayor cantidad de trabajos son Suecia, Israel y Finlandia.
Es de destacar que, en España, únicamente se han publicado cuatro estudios sobre sentido de coherencia y salutogénesis, ninguno de ellos en población adolecente.
Tabla 2. Número de estudios con muestra procedente de cada país.
GLOBAL ADOLESCENTS
SUECIA 117 19,53% 15 29,41%
EEUU 79 13,19% 5 9,80%
FINLANDIA 73 12,19% 8 15,69%
ISRAEL 43 7,18% 9 17,65%
INGLATERRA 40 6,68% 0 0,00%
ALEMANIA 36 6,01% 0 0,00%
NORUEGA 33 5,51% 3 5,88%
CANADA 19 3,17% 0 0,00%
POLONIA 18 3,01% 1 1,96%
DINAMARCA 17 2,84% 2 3,92%
SUDAFRICA 17 2,84% 2 3,92%
JAPON 16 2,67% 0 0,00%
OTROS 91 15,19% 6 11,76%
Versión del test utilizada
En el análisis de las versiones utilizadas para abordar el estudio del sentido de coherencia en la adolescencia, cuyos resultados se presentan en la Tabla 3, se observa que la versión más utilizada ha sido el SOC-13, siendo ésta la versión elegida en un 54% de los estudios y mostrando en esta población buenos índices de fiabilidad (0.83 como promedio).
El segundo cuestionario más usado es el SOC-29, empleado en un 15% de estudios, y que presentan igualmente buenos indicadores de fiabilidad (0.88).
Tabla 3. Versiones del cuestionario utilizadas y fiabilidad en estudios con población adolescente
Fiabilidad
Estudios Media Rango Nivel
SOC-29 8 0,88 0,94-0,81 Buena
SOC-13 28 0,83 0,60-0,87 Buena
SOC-13 HBSC 2 0,85 0,85 Buena
CSOC 2 0,71 0,71-0,72 Aceptable
FSOC 3 0,75 0,73-0,76 Aceptable
SCHOOL SOC 3 0,65 0,64-0,66 Cuestionable
OTHERS 6 0,68 0,61-0,83 Cuestionable
Temáticas abordadas junto al sentido de coherencia
1. Variables sociodemográficas
Sexo
En 21 de los trabajos analizados se presentaron análisis, o bien información que permitía realizar dichos análisis, de la influencia de la variable sexo en las puntuaciones de sentido de coherencia. De ellos, un 72 %(n=15) encontraron diferencias significativas entre chicos y chicas, observándose mayores niveles de sentido de coherencia en los primeros que en las segundas. De estos 15 trabajos en los que se encontraron efectos significativos, en un 56%(n=9) aproximadamente el tamaño de efecto asociado a dichas diferencias fue pequeño, un 6,66% (n=1) encontraron efectos moderados y en un 40% no fue posible obtener un valor de tamaño de efecto.
Klaghofer, & Schnyder, 2001) y en daneses de 15 años de edad(Nielsen & Hansson, 2007). El sentido de coherencia en todos ellos había sido evaluado utilizando el SOC-13.
En cuanto al 28% de trabajos(n=6) en que no se encontraron diferencias significativas, el panorama es más diverso. Centrándonos de nuevo en poblaciones normativas, encontramos estudios que evaluaron sentido de coherencia utilizando instrumentos más variados: el SOC-29, SOC-13 y versiones modificadas del la escala de sentido de coherencia, así como adolescentes procedentes, con la excepción del trabajo de (Sollerhed, Ejlertsson, & Apitzsch, 2005), de países diferentes a los mencionados con anterioridad: Israel(Magen, Birenbaum, & Ilovich, 1992; Margalit & Eysenck, 1990), Hawaii (Glanz, Maskarinec, & Carlin, 2005) y EEUU(Marsh, Clinkinbeard, Thomas, & Evans, 2007; Nash, 2002).
Edad
En 15 de los 51 trabajos analizados se estudió la influencia de la edad en las puntuaciones de sentido de coherencia. Entre ellos se encontró únicamente un trabajo longitudinal(P.-L. Honkinen et al., 2008), en el que se encontró que no existían diferencias significativas(d =0,02) en el sentido de coherencia de adolescentes finlandeses entre los 15 y los 18 años.
En el caso del resto de trabajos, de carácter transversal, los resultados son dispares. Así, se encuentran trabajos que informan de la ausencia de diferencias significativas asociadas a la edad de los adolescentes estudiados(Jellesma, et al., 2006; Koushede & Holstein, 2009; Kristensson & Öhlund, 2005; Margalit & Eysenck, 1990; Moksnes, et al., 2010; Simonsson, Nilsson, Leppert, & Diwan, 2008).
Por otra parte, entre los trabajos que apuntan a la existencia de diferencias significativas asociadas a la edad, se encuentran tanto estudios que en los que menor edad se asocia con mayores puntuaciones de sentido de coherencia(Natvig, Hanestad, & Samdal, 2006; Nilsson, et al., 2007; Räty, et al., 2003) como trabajos en los que los adolescentes mayores muestran niveles de sentido de coherencia más elevados que los más jóvenes(Magen, et al., 1992; Zimprich, Allemand, & Hornung, 2006).
Nivel socioeconómico
Un primer dato a tener en cuenta es que de los 51 trabajos estudiados sólo en 5 se estudió el papel del nivel socioeconómico en los niveles de sentido de coherencia de los adolescentes, no aportándose además los datos necesarios para el cálculo de pruebas de tamaño de efecto.
De los anteriores, en cuatro trabajos se concluyó que no había diferencias significativas en el sentido de coherencia asociadas al nivel socioeconómico, si bien sólo dos de ellos fueron realizados con muestra normativa (Koushede & Holstein, 2009; Marsh, et al., 2007) y tanto en éstos como en el resto(Myrin & Lagerstrom, 2006; Nash, 2002) no se proporcionaron los datos concretos a partir de los cuales se extrajo dicha conclusión. En cuanto al trabajo que encontró diferencias significativas asociadas al nivel socioeconómico(Bowen, et al., 1998) pero este estudio, además de utilizar una muestra no normativa, de adolescentes en riesgo de fracaso escolar, empleó una medida para la evaluación del nivel socioeconómico de validez dudosa.
Por tanto, el dato más destacado respecto al estudio de la relación entre nivel socioeconómico y sentido de coherencia en la adolescencia es la escasez de trabajos que hayan abordado esta cuestión y la ausencia total de estudios que lo hayan hecho de una manera profunda y rigurosa en población adolescente normativa. En este sentido esta revisión identifica un vacío en la investigación sobre el papel de las desigualdades socioeconómicas en el desarrollo del sentido de coherencia, que futuras investigaciones deberían contribuir a eliminar.
2. Variables personales
Del total de trabajos revisados, 22 incluyeron un análisis de la relación entre sentido de coherencia y variables personales. De ellos 17 abordaron su estudio en adolescentes normativos, mientras que 5 centraron en poblaciones clínicas.
Un análisis de los trabajos realizados con muestra adolescente normativa nos muestra que el sentido de coherencia ha sido estudiado en relación con una amplia variedad de variables personales.
esta temática, lo que supone que un 60% de los trabajos que incluyeron en sus análisis del sentido de coherencia variables personales utilizaron alguna de las anteriores. La relación comentada entre sentido de coherencia y malestar y quejas psicosomáticas fue negativa(Buddeberg-Fischer, et al., 2001; Jellesma, et al., 2006; Modin, Östberg, Toivanen, & Sundell, 2011; Moksnes, et al., 2010; Myrin & Lagerström, 2008; Nielsen & Hansson, 2007; Simonsson, et al., 2008; Torsheim, et al., 2001), es decir, aquellos adolescentes con mayores niveles de sentido de coherencia tendían a experimentar menos malestares de ese tipo. En cuanto al papel del sentido de coherencia en la salud percibida de los adolescentes, se observó una asociación positiva, de manera que un fuerte sentido de coherencia se asociaba con una percepción más positiva de la propia salud(P. Honkinen, Suominen, Valimaa, Helenius, & Rautava, 2005).
Otras variables personales con las que el sentido de coherencia ha mostrado tener asociaciones positivas son extraversión y habilidades sociales (Margalit & Eysenck, 1990), habilidades de afrontamiento (Kristensson & Öhlund, 2005), la conciencia medioambiental (Anttila, Poikolainen, Uutela, & Lonnqvist, 2000) y la ética laboral y la actitud positiva hacia el trabajo(Axelsson, et al., 2005).
Por el contrario, los trabajos revisados informan de relaciones negativas entre sentido e coherencia y problemas comportamentales (P.-L. Honkinen, et al., 2009), tendencia agresiva (Kristensson & Öhlund, 2005), neuroticismo y psicoticismo (Margalit & Eysenck, 1990), sentimientos depresivos y preocupaciones relacionadas con la familia (Myrin & Lagerström, 2008).
En cuanto a la inclusión de variables clínicas en el estudio de muestra normativa está fue llevada a cabo únicamente por 3 de los trabajos revisados. En ellos se encontraron asociaciones negativas entre sentido de coherencia y depresión(Buddeberg-Fischer, et al., 2001), psicopatología en la infancia(Olsson, Hansson, Lundblad, & Cederblad, 2006; Ristkari, Sourander, Ronning, & Helenius, 2006) y problemas de salud mental(Ristkari et al., 2005).
Por otra parte, los trabajos que abordaron variables personales en muestra clínica se centraron en adolescentes con trastornos psicológicos (trastorno depresivo o de ansiedad y trastorno de déficit de atención por hiperactividad), con discapacidad auditiva severa, diagnosticados de epilepsia, adolescentes víctimas de maltrato y delincuentes retenidos en centros de detención.
1985), aunque con un enfoque diferente. Así, Margalit (1985) estudió las diferencias en el sentido de coherencia entre adolescentes hiperactivos y control de entre 10 y 13 años, encontrando que los adolescentes hiperactivos mostraban niveles significativamente menores de sentido de coherencia, siendo el tamaño de efecto asociado a las diferencias grande (d =0,91). Edbom et al. (2010), en cambio, estudiaron la sintomatología asociada al trastorno de manera longitudinal en adolescentes a los 16 y 21 años y observaron si había diferencias en la evolución de la misma entre aquellos adolescentes que a los 16 habían mostrado niveles altos de sentido de coherencia y los que mostraron niveles bajo. Los resultados de este trabajo mostraron que quienes a los 16 años contaban con niveles más altos de sentido de coherencia tendían a mostrar menor sintomatología a los 21 años, con lo que el sentido de coherencia parecía actuar como un factor moderador en la evolución de la sintomatología propia del TDAH.
En el caso de adolescentes con trastornos depresivos y de ansiedad, contamos con un único trabajo, que examinó a chicas adolescentes de entre 15 y 18 años que padecían dichas patologías(Henje Blom, et al., 2010). Tanto en éstas como en la muestra control se observaron fuertes asociaciones negativas entre las puntuaciones de sentido de coherencia y las obtenidas de la evaluación de síntomas ansiosos y depresivos mediante el Inventario de Depresión y Ansiedad de Beck (BDI y BAI).
Las aportaciones sobre el resto de muestras clínicas también corresponden a un único trabajo. Así, Most (2007) examinó el sentido de coherencia y los sentimientos de soledad en 19 adolescentes con discapacidad auditiva severa de entre 12 y 14 años, tanto en aulas especiales como integrados dentro de aulas ordinarias, observando que no existían diferencias significativas en el sentido de coherencia de estos adolescentes dependiendo del tipo de aula en que se encontraban. Otro resultado relevante de este trabajo es que encontró una fuerte correlación negativa entre sentido de coherencia y sentimientos de soledad. Unido a lo anterior se encontró que los adolescentes que estaban integrados en aulas ordinaria el grado en que su lenguaje era comprensible por el resto de compañeros era un factor crucial para su adaptación, ya que los que fueron evaluados con una mayor inteligibilidad en el habla mostraron mayores niveles de sentido de coherencia así como menores sentimientos de soledad.
Finalmente, se identificaron otros dos trabajos que estudiaron variables clínicas en muestras con características especiales: adolescentes víctimas de maltrato (Gustafsson, et al., 2010) y jóvenes delincuentes retenidos en centros de detención(Koposov, et al., 2003).
3. Contextos de desarrollo (en proceso de redacción)
Familia
En los primeros trabajos teóricos de Antonovsky (1987), el contexto familiar es definido como uno de los pilares básicos del desarrollo del sentido de coherencia durante la infancia y adolescencia. Por otro lado, el mismo autor reconocía un papel importante a las condiciones económicas y sociales de la familia en la formación del sentido de coherencia de los individuos, ya que estas condiciones favorecían que el niño y adolescente se enfrentara a una mayor gama de situaciones en las que las demandas contextuales podían ayudar a la conformación de un sólido SOC. Unido a lo anterior, el papel del contexto familiar en la construcción de modelos explicativos del mundo recogido en los planteamientos de Reiss (1981), a los que se hizo referencia en el apartado anterior, fue también destacado por Antonovsky (1987), que reconoció esta aportación como fundamental.
El modelo salutogénico plantea, por tanto, que las experiencias vitales de consistencia, equilibrio en las demandas y sentirse partícipe de los resultados son fundamentales para el desarrollo del sentido de coherencia (Antonovsky, 1987). La consistencia en las experiencias vitales, esto es, la percepción durante el crecimiento de que los eventos ambientales y el propio ambiente son ordenados y estructurados más que caóticos, promueve el sentido de comprensibilidad. Un balance adecuado entre las demandas planteadas y los recursos a la disposición del sujeto refuerza la percepción de que los estresores y demandas pueden ser resueltos razonablemente bien, es decir, fortalecen el componente de manejabilidad. Por último, la participación en resultados proporciona una percepción de que uno tiene un papel activo en su vida y su destino, dotándolo de motivación para hacer frente a los retos e implicarse en los distintos dominios de la vida (sentido de significatividad).
Sin embargo, a pesar del papel tan relevante otorgado por Antonovsky, la investigación del desarrollo del SOC en el contexto familiar es un campo aún bastante inexplorado, ya que de los 51 trabajos analizados, únicamente en 11 de ellos se aborda, al menos en parte, el contexto familiar.
y hasta una década después no se volvió a retomar el estudio de la familia en el trabajo de Sagy (2000). El resto de investigaciones, más del 50% de ellas, se situarían ya en los últimos 5 años.
Se pueden distinguir diversos enfoques en el estudio de las relaciones familiares en el desarrollo del SOC. De esta forma, ciertos trabajos han estudiado qué factores familiares pueden influir en un bajo desarrollo del SOC. En esta línea, las investigaciones se centran en la presencia de sucesos familiares estresantes, como enfermedad o muerte de un familiar (Ristkari, 2008), en el contexto familiar como fuente de estrés (Moksnes, 2010), en los conflictos familiares (Marsh, 2007) o la presencia de maltrato (Sagy, 2001); presentando todos estos aspectos relación negativa con el SOC en los adolescentes.
Por otro lado, otros autores abordan aspectos positivos del contexto familiar, como las conductas de apoyo (Margalit, 1985), estimulación de la familia para el crecimiento personal (Marsh, 2007) y el clima y las relaciones familiares (Olsson, 2006), comprobándose en todas estas investigaciones el papel relevante de la familia en el desarrollo de una percepción ordenada, coherente y estructurada del mundo, lo que conlleva una mayor solidez del SOC en esta etapa evolutiva.
(Bernabé et al., 2009). Este papel mediador del SOC está siendo una de las líneas actuales de investigación del modelo salutogénico en las desigualdades socioeconómicas en salud.
Escuela
Si bien otros estudios antes mencionados ofrecen evidencias preliminares de que el SOC puede ayudar a grupos de adolescentes de riesgo para hacer frente a las condiciones particulares de vida difícil, el impacto en la salud por parte del SOC puede ser incluso mayor impacto en las exigencias normativas durante el desarrollo normal adolescente. Con la visión de que la adaptación escolar tiene una influencia esencial sobre una amplia gama de resultados sociales, psicológicos y comportamentales, la evidencia empírica sobre el papel del SOC como moderador el estrés durante la adolescencia puede ofrecer, sobre todo, posibilidades de desarrollo de políticas de prevención (Torsheim, Aaore & Wold, 2001). De este modo, las demandas relacionadas con la escuela son consideradas, por un buen numero de autores, una fuente potente de estrés en los adolescentes normalizados (Eme, Maisak, y Goodale, 1979; Greene, 1988; Henker, Whalen, y O'Neil, 1995), demostrándose que los niveles elevados de estrés, son asociados a trastornos psicológicos (Wagner & Compas, 1990; Ystgaard, 1997) y quejas somáticas (Aaro et al., 1987; Garralda, 1996; Hurrelmann et al., 1988). Como la educación es obligatoria en la mayoría de los países, la exposición a las demandas de la escuela es un fenómeno normativo en la adolescencia. Por ello, la identificación de los recursos que pueden ayudar a prevenir los sucesos de estrés escolar, o moderar su impacto adverso sobre la salud, puede servir como un primer paso importante en el desarrollo de estrategias de prevención dentro de la población adolescente.
Por otro lado, autores como Sagy (2001), apuntan que los sentimientos de pertenencia en la escuela, el sentirse aceptado y respetado por otros así como la posibilidad de participar y recibir apoyo en las relaciones escolares puede favorecer el desarrollo de un adecuado SOC, permitiendo que la escuela, en el caso de existir experiencias adversas en otros contextos fundamentales, como la familia, pueda tener un potencial amortiguador o compensados de éstas.
En el ánalisis de las publicaciones relacionadas con la influencia de la escuela en el desarrollo y la interacción con el SOC en adolescentes, la escuela es el segundo contexto más estudiado, con un total de 9 publicaciones y la mayoría posteriores al año 2000.
objetos de estudio. Sin embargo, los resultados generales muestran a este contexto como un agente muy importante en el desarrollo del SOC y en el efecto mediador que puede adoptar el SOC ante dificultades en la escuela.
Iguales
Antonovsky(1987) consideró que el poseer redes extensas de apoyo informal, como el que proporcionan los iguales especialmente durante la adolescencia, podría tener una influencia positiva en el desarrollo del sentido de coherencia proporcionando por una parte acceso a una mayor variedad de experiencias vitales y por otra facilitando la percepción de las demandas de la vida como comprensibles manejables y significativas.
Sin embargo, el papel de las relaciones con iguales en el desarrollo del sentido de coherencia es un aspecto relativamente inexplorado hasta el momento, siendo claramente el contexto menos abordado en relación con el sentido de coherencia en la adolescencia, ya que sólo 2 trabajos de los 51 revisados incluyen en sus análisis alguna variable relacionada con este contexto (Evans, Marsh, & Weigel, 2010; Moksnes, et al., 2010).
Estos trabajos hacen un abordaje, además, poco profundo del contexto de iguales. Así, Moksnes et al. abordan el contexto de iguales únicamente como una posible fuente de estrés, encontrando que la presión del grupo de iguales, al igual que el estrés procedente del resto de contextos examinados, tiene un efecto negativo en el sentido de coherencia de los adolescentes. El trabajo de Evans et al. en un análisis de factores de riesgo y protección para el desarrollo del sentido de coherencia en adolescentes, analiza el apoyo de los amigos como posible factor protector o promotor del SOC y las influencias negativas de los amigos, el uso de armas por parte de éstos y el que mantengan actitudes positivas hacia el consumo de sustancia como elementos de riesgo.
4. Estilos de vida
Existen algunas investigaciones que han tratado de relacionar la consecución de diferentes conductas de salud o estilos de vida con el nivel de SOC de la persona, argumentando que un individuo con un fuerte SOC tiene menos probabilidad de percibir muchas situaciones de estrés como una amenaza (Antonovsky & Sagy, 1986). De hecho, algunos estudios han demostrado que el SOC presenta una fuerte covarianza con bajos niveles de ansiedad y con la capacidad de hacer frente al estrés(Bowman, 1996; Flannery, Perry, Penk, & Flannery, 1994; Gilbar, 1998) . A pesar de que el estudio de la relación entre estilos de vida y SOC ha sido estudiado con algo de extensión en la etapa adulta, no sucede lo mismo en el caso de la adolescencia. Así, de los 51 artículos que han analizado el SOC en la etapa adolescente, tan solo 10 de ellos incluyen alguna variable relacionada con las conductas de salud con la intención de conocer su relación con el SOC. A continuación se va a mostrar los principales resultados de esos 10 artículos, agrupados en función del componente de estilo de vida que tratan de estudiar.
Al hilo de lo que se encuentra en la literatura general relacionada con los estilos de vida en la adolescencia, en el caso de los trabajos relacionados con el SOC de nuevo se encuentra que las conductas relacionadas con el consumo de sustancias son las que más se estudian en comparación al resto de estilos de vida. En primer lugar, existen dos investigaciones que tratan de conocer si los estudiantes que fuman tabaco se diferencian en su nivel de SOC de sus iguales no fumadores (Myrin & Lagerstrom, 2006; Ristkari, et al., 2005). Mientras que en el estudio de Myrin y Lagerstrom los resultados no muestran diferencias significativas, en el caso del trabajo realizado por Ristkari y colaboradores los datos manifiestan que el nivel de SOC disminuye a medida que aumenta la frecuencia en consumo de tabaco. Ahora bien, es necesario advertir que la muestra de sujetos de este último estudio estaba compuesta únicamente por jóvenes varones de 18 años, por lo que los resultados no son fácilmente generalizables.
relaciones sexuales de riesgo, problemas con la policía, etc.). En concreto, el modelo que proponen estos autores muestra que la combinación de estos dos factores amplifica su fuerza considerablemente, de modo que los adolescentes con una fuerte SOC, a pesar de emborracharse con frecuencia, estaban protegidos en gran medida de dichos problemas relacionados con el alcohol. Por tanto, a pesar de que las diferentes investigaciones han demostrado la relación entre SOC y consumo de alcohol, es preciso realizar más investigaciones que profundicen en el tipo concreto de relación que se establece.
Por último, en lo que se refiere al consumo de hachís y otras drogas ilegales, tanto el estudio realizado por Ristkari et al. (2005) como el de Myrin y Lagerstrom (2006) encuentran que los jóvenes que consumían este tipo de drogas presentaban una puntuación más baja de SOC. Sin embargo, Myrin y Lagerstrom señalaban que dicha relación es especialmente significativa en el caso de los chicos varones y de los estudiantes pertenecientes a zonas de nivel socioeconómico alto.
Detrás de los estudios que tratan de conocer la relación entre consumo de sustancias y SOC en la adolescencia, los componentes de estilos de vida que las investigaciones tratan de relacionar con el SOC con más frecuencia en esta etapa evolutiva son la actividad física y la higiene dental.
En lo que respecta a la actividad física, las investigaciones demuestran que existe relación entre las puntuaciones de SOC y las actitudes positivas hacia la actividad física (Sollerhed, et al., 2005). En concreto, según los resultados encontrados por Myrin y Lagerstrom (2006), el valor medio de SOC es más alto en aquellos estudiantes que asisten a clases de actividad física o actividades deportivas, encontrando estas diferencias sobre todo en el caso de las chicas y de los jóvenes pertenecientes a zonas de nivel socioeconómico bajo. Para Bronikowski y Bronikowska (2009) una mejora en la actitud hacia la actividad física y una mayor frecuencia de Actividad Física Moderada-Vigorosa correlacionan con niveles más altos en SOC en una muestra de adolescentes de 13 años.
población rural de adolescentes con acceso limitado a la atención dental profesional. Por otro lado, según Dorri et al., puntuaciones más altas de SOC se asocian con mayor frecuencia de cepillado dental, pero esto solo sucede en el caso de las chicas. Por último, para Freire et al., los adolescentes con alto SOC visitan al dentista cuando tenían un problema con mayor frecuencia que aquellos con bajo SOC. Sin embargo, para estos autores otras medidas relacionadas con la higiene dental no tenían una relación estadísticamente significativa con el nivel de SOC.
Para terminar, tan solo algunas investigaciones han relacionado de manera excepcional el SOC en la adolescencia con variables como hábitos de alimentación, de sueño y frecuencia de actividades de voluntariado.
Han sido Myrin y Lagerstrom (2006) quienes se han centrado en el estudio de la relación entre el nivel de SOC y los hábitos de alimentación, por un lado, y la hora de irse a la cama, por otro (además de las relaciones con actividad física y el consumo de sustancias). En concreto, estos autores encontraron que el valor promedio del SOC era menor entre los estudiantes que rara vez o nunca desayunaba, especialmente en el caso de las chicas. Además, este estudio también ha mostrado que el valor promedio del SOC era más bajo entre las chicas que rara vez o nunca cenaban, lo que no ocurría en sus iguales varones. Asimismo, esta investigación demuestra que aquellos jóvenes que se van a la cama después de las 11 de la noche presentan valores de SOC más bajos, especialmente en el caso de los jóvenes pertenecientes a zonas de nivel socioeconómico alto. Hay que indicar que este estudio se realizó en Suecia, lo que ayuda a contextualizar la razón por la que los investigadores usaron como límite las 11 de la noche para diferenciar a los dos grupos, los que se acuestan tarde y los que se acuestan temprano.
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